ECONOMIA
El consultor más influyente alerta sobre los desafíos del Gobierno para octubre

En medio de un contexto de alta volatilidad e incertidumbre, la economía argentina se enfrenta a constantes desafíos derivados de decisiones políticas y movimientos del mercado. El economista Pablo Goldín, director de Macroview, compartió su visión sobre la coyuntura actual y las perspectivas a futuro.
El dólar y su comportamiento hacia fin de año
Consultado sobre el tipo de cambio, Goldín señaló en el streaming Ahora Play: «Yo miro el mercado cambiario y, de acá a la elección de fin de año, está pesado. La demanda está brava y la oferta no sé si va a tener que correr de atrás».
El especialista explicó que la situación es delicada y que, más allá de los mercados de pesos, créditos y tasas, «uno se puede imaginar un mercado de oferta y demanda de dólares donde habrá que amacarse bastante».
Además, resaltó que el tipo de cambio actual, ubicado en el techo de la banda establecida por el ministro de Economía, Luis Caputo, está «adecuado» a una economía con cepo cambiario.
Goldín agregó que es el propio Gobierno el que impulsa un tipo de cambio más alto, debido a las medidas aplicadas recientemente: «Suena a que el tipo de cambio tiene que ser más alto. ¿Qué sería lo ideal? Ir llegando gradual y ordenadamente con una ayuda del Banco Central y el Ejecutivo, para manejar la situación».
Finalmente, cerró diciendo que «es un dato» que el dólar aumentará en el próximo año en Argentina.
La crisis del crédito y sus consecuencias en la economía
El economista también analizó la crisis crediticia que atraviesa el país: «La gente no tiene capacidad de consumo porque la inflación es altísima, porque los sueldos no alcanzan y, además, vos tenés este tema de la tasa de interés, que es una tasa altísima, que hace que la gente no pueda acceder a crédito, que hace que las empresas no puedan acceder a crédito, que hace que las empresas no puedan, digamos, invertir».
Goldín también cuestionó la ausencia de un plan definido por parte del Palacio de Hacienda para afrontar la crisis, lo que contribuye a una sensación generalizada de incertidumbre en la economía y en la sociedad.
¿El dólar seguirá dentro de la banda?: esto prevén los expertos de la City para los próximos meses
Los economistas encuestados por el REM que acaba de publicar el Banco Central, esperan cierta tendencia en ascenso para el precio del dólar previsto para fin de año.
La mediana de las proyecciones de tipo de cambio nominal se ubicó en $1.315 por dólar para el promedio del corriente agosto.
En tanto, para el Top 10 de analistas consultados por el Banco Central, el tipo de cambio nominal promedio esperado para agosto es $1.304.
Al respecto, en el mercado de futuros y opciones del Matba-Rofex se negocia una cotización más alta para el tipo de cambio, en torno a los $1.360 para fines de agosto. Es decir, hasta 56 pesos más de lo que esperan los economistas.
Para diciembre de 2025, el conjunto de participantes del REM pronostica un tipo de cambio nominal de $1.405, lo que representa una variación interanual esperada de 37,6%. Es decir, un incremento de 7,9 puntos porcentuales respecto del informe previo.
Respecto a las proyecciones de inflación para los próximos meses, por el momento no se visualiza un impacto en el incremento que tuvo el dólar semanas atrás.
En el séptimo relevamiento del año, quienes participaron del REM estimaron una inflación mensual de 1,8% para julio, apenas 0,1 punto porcentual más que en el REM previo.
«Quienes mejor proyectaron esa variable en el pasado (Top 10) reportaron una inflación de 1,8% mensual para julio, 0,1 punto porcentual más en relación al informe anterior», detalla el Banco Central.
Respecto del IPC Núcleo, el conjunto de participantes del REM ubicó sus estimaciones para julio en 1,8%, la misma cifra que el REM previo. Mientras que el «Top 10» estimó una inflación núcleo de 1,9% mensual para julio, también sin cambios respecto del relevamiento anterior.
Para los meses siguientes, se proyecta una baja generalizada de las proyecciones de inflación, «manteniéndose los guarismos mensuales siempre por debajo del 2%», afirma el BCRA.
En concreto, para el actual agosto se espera que la inflación sea 1,7%, proyección que se repetiría para septiembre y octubre que viene.
En cuanto a los pronósticos para todo 2025, la mediana arrojada por los analistas es que la inflación en el año sería de 27,3%, lo que implica un avance de 0,3 punto porcentual respecto al informe del mes pasado.
En el Relevamiento de Expectativas de Mercado se difunden los resultados de la encuesta efectuada entre los días 29 y 31 de julio pasado, en plena escalada del precio del dólar, y se tomaron en cuenta los pronósticos de 41 participantes, entre quienes se cuentan 31 consultoras y centros de investigación locales e internacionales, y 10 entidades financieras de Argentina.
En el mercado de futuros las operaciones convalidan un billete mayorista más alto, en torno a los $1.500,5 para fin de año.
Como referencia, en el Presupuesto 2026, que se acaba de enviar al Congreso, las previsiones son de un dólar a diciembre del año que viene de $1.229 y una inflación de 22,7%. Es decir, datos que ya están siendo superados en el mercado.
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ECONOMIA
Reaparece la discusión sobre cómo ponerle un piso al dólar en la previa a la liquidación de la cosecha gruesa

Aunque el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ayer compró otros USD 140 millones, esta intervención en el mercado no logró sostener el tipo de cambio. Como consecuencia, el dólar minorista volvió a caer 15 pesos desde $1.420 a 1.405 pesos. La misma tendencia se observó en los dólares financieros.
El tipo de cambio mostró en el cierre de marzo la misma tendencia declinante que durante todo el primer trimestre. A pesar que las familias compraron alrededor de USD 5.000 millones sumados enero y febrero, tampoco esta demanda logró impulsar la cotización.
A eso se le suman los ya más de USD 4.300 millones que lleva comprados el BCRA en lo que va del año para fortalecer el nivel de reservas. Se estima que en el segundo trimestre el ritmo de compras será bastante superior para aprovechar la liquidación de la cosecha gruesa por parte de las cerealeras. Históricamente, es el período de “vacas gordas” en materia cambiaria para el país.
Sin embargo, la oferta de dólares en esta primera parte del año fue bastante superior a la que esperaba el mercado. Hubo una fuerte liquidación de divisas por parte de las empresas que realizaron colocaciones de deuda en el exterior. Aunque no de manera inmediata, las regulaciones las obligan a liquidar esas divisas cuando deben afrontar el primer pago de intereses.
El tipo de cambio real volvió a apreciarse y algunos cálculos como el de la consultora LCG indican que ya está en el mismo nivel que durante el gobierno de Mauricio Macri. Vuelve con fuerza, por lo tanto, la discusión respecto a si el dólar está o no atrasado.
En el equipo económico prefieren no entrar en esa discusión de lleno. Luis Caputo enfatizó que “sin las compras del Central, el dólar hubiera caída a $ 1.200 o menos”. El ministro de Economía da a entender así que los esfuerzos del Gobierno para acumular reservas sirvieron solo parcialmente para evitar una caída del dólar, que de otra manera hubiera sido todavía mayor.
Por otra parte, el viceministro de Economía, José Luis Daza, aclara en cada presentación que le toca que “la academia económica ya dejó de calcular cuál es el tipo de cambio real de equilibrio de cada país porque es imposible”.
En los últimos meses la economía argentina volvió a tener nuevamente una fuerte inflación en dólares. Es decir otra vez el país vuelve a estar relativamente caro en dólares, aunque depende mucho de cada sector.
En ese contexto, vuelve el debate sobre la posibilidad de eliminar los controles cambiarios. En el equipo económico por ahora lo consideran contraproducente. Y recuerdan que hace pocos meses fue necesaria la ayuda del Tesoro norteamericano para que el tipo de cambio no se dispare, en las semanas previas a las elecciones legislativas.
Las dudas apuntan a lo que podría suceder en 2027, por una razón sencilla: una vez que se elimina el cepo, no se puede volver atrás. Ya le pasó a Mauricio Macri, cuando en 2019 en plena corrida tras las elecciones presidenciales que ganó el kirchnerismo se vio obligado a imponer una restricción de compra de divisas de USD 200 mensuales.
Quien salió nuevamente a pedir un cambio de régimen fue Domingo Cavallo, reinstalando la polémica. “La fuerte liquidación actual de divisas de exportación provenientes del agro y del petróleo que se espera que aumente en los próximos meses, brinda una excelente oportunidad para eliminar todos los controles de cambio y aumentar rápidamente la acumulación de reservas netas”, señaló el ex ministro de Economía.
Y agregó: “Debería aspirarse no sólo a que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para pagar los intereses de su deuda externa sino, también, que se llegue a fin de año con 10 mil millones de reservas netas adicionales en el Banco Central”.
Para el Gobierno también representa un desafío la fuerte compra de dólares que viene llevando adelante porque emite pesos como contrapartida. Esto exige extremo cuidado monetario para impedir que esa expansión de dinero genere inflación. Por eso, tanto el Tesoro como el Central vienen absorbiendo los excedentes para que el índice empiece a bajar a partir de abril. Se espera que en marzo se ubique por encima del 3 por ciento.
ECONOMIA
Frigorífico del creador de las hamburguesas Paty se presentó en concurso con una deuda millonaria

Frigorífico General Pico, una de las firmas históricas de la industria cárnica argentina y vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores y pasó a integrar la lista de compañías que en lo que va del año terminaron judicializando su crisis financiera para intentar reordenar pasivos y preservar la continuidad operativa.
La decisión fue comunicada este 31 de marzo por sus directivos, Ernesto «Tito» Lowenstein y Alan Lowenstein, luego de varios meses en los que la empresa intentó sostenerse con actividad mínima, suspensión de personal y la búsqueda de una salida empresaria para evitar un deterioro mayor. En ese recorrido, la firma exploró distintas alternativas, entre ellas la posibilidad de vender el frigorífico, ceder la explotación de la planta o avanzar con algún esquema de alquiler de largo plazo, pero ninguna terminó de cerrarse.
El deterioro financiero que empujó esa decisión quedó reflejado en los registros de deudores del BCRA. Según la actualización al cierre de marzo, la compañía acumula 1.152 cheques rechazados por un total de poco más de $15.800 millones, mientras que su deuda bancaria asciende a alrededor de $24.300 millones.
Dentro de ese pasivo financiero, unos $2.500 millones figuran en situación 2, es decir, con seguimiento especial, y otros $16.100 millones aparecen en situación 3, la categoría que el sistema financiero asigna a deudores con problemas de cumplimiento. Sólo entre esos dos grandes rubros, la empresa ya exhibe compromisos por más de $40.000 millones, sin contar otras obligaciones comerciales, laborales y financieras.
La foto actual muestra un agravamiento claro frente a la que exhibía la firma apenas dos meses atrás. En enero, Frigorífico Pico ya cargaba con una deuda bancaria de $22.771 millones, más de 1.000 cheques rechazados por casi $11.700 millones y pagarés emitidos en el Mercado Argentino de Valores por otros $1.770 millones, con vencimientos concentrados en el segundo trimestre. En ese momento, además, el sistema financiero todavía la ubicaba bajo seguimiento especial. Ahora, una parte relevante del pasivo ya pasó directamente a la categoría de deudores con problemas.
La sociedad se dedica a la producción y al desarrollo de mercados locales e internacionales de carne vacuna, menudencias y subproductos, y toda esa operatoria se apoya en sus dos plantas frigoríficas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico.
De una planta de escala a una operación mínima
La crisis financiera vino acompañada por un derrumbe operativo y laboral que ya se había vuelto inocultable desde comienzos de año. En enero, la compañía había suspendido a unos 450 trabajadores y prácticamente frenado la actividad en sus plantas, que quedaron reducidas a una guardia mínima de mantenimiento.
El contraste con su capacidad reciente es fuerte. Hasta hace dos años, Frigorífico General Pico faenaba alrededor de 600 cabezas diarias, con planes de escalar a 800. Incluso durante el año pasado todavía había procesado más de 96.000 animales, pero la falta de liquidez, el peso del endeudamiento y la pérdida de ritmo comercial terminaron por desarmar esa estructura.
La faena se desplomó luego a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen incompatible con los costos fijos de una planta de ese tamaño. En paralelo, se retiraron incluso los equipos de faena kosher, una unidad clave para la exportación a Israel, lo que terminó de mostrar hasta qué punto se había deteriorado la operación.
A ese cuadro se sumó el frente laboral. La empresa ya arrastraba aportes previsionales y de obra social impagos desde octubre del año pasado, mientras intentaba amortiguar el conflicto con el pago de una suma fija mensual y la entrega de carne. Pero con el correr de las semanas la situación se agravó todavía más y la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros 400 quedaron sujetos a la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y el eventual cobro de salarios e indemnizaciones.
Venta, alquiler y una salida que no llegó
Antes de presentarse en concurso, los dueños de la compañía venían buscando una alternativa que permitiera sostener el activo industrial sin avanzar hacia una liquidación. En ese marco, la planta de Trenel aparecía como el principal activo a preservar dentro de una estructura que, aun deteriorada, conserva valor por escala, habilitaciones y ubicación.
Sobre la mesa hubo distintas variantes: desde una venta total del frigorífico hasta la posibilidad de que un tercero tomara la explotación de la planta bajo otro esquema. En las últimas semanas, además, la propia empresa había dejado trascender que mantenía conversaciones con un grupo empresario de origen europeo, al que definía como uno de los actores con interés en participar de una solución para la continuidad operativa.
Ese interés, sin embargo, nunca terminó de traducirse en una salida concreta. Según explicó la compañía en su comunicación más reciente, las tratativas no avanzaron lo suficiente como para cerrar una operación y, en paralelo, siguió creciendo la presión de acreedores financieros y no bancarios.
En el propio comunicado, la empresa señaló que se analizaron alternativas para sostener la planta, entre ellas «propuestas de terceros que contemplaban esquemas de explotación de la planta en el largo plazo», incluida una opción «cercana a los u$s40 millones mediante un esquema de leasing a ocho años». Ninguna prosperó.
También apuntó contra «un determinado grupo financiero que reviste simultáneamente la condición de accionista y acreedor«, al que acusó de haber «obstaculizado de manera reiterada las distintas alternativas presentadas por la empresa para asegurar la continuidad de la operación», al priorizar «el recupero de su crédito y contrariando el interés social».
En ese contexto, el concurso aparece ahora como la herramienta para ordenar acreencias, frenar el deterioro y ganar tiempo. No se trata de un dato menor en un sector que ya viene golpeado por consumo interno deprimido, caída de exportaciones, menor dinamismo de China, hacienda cara y costos fijos elevados, una combinación que dejó particularmente expuestas a las plantas más endeudadas.
Pese al cuadro crítico, Frigorífico General Pico intenta sostener un argumento central: que todavía conserva valor industrial y potencial de continuidad. En su comunicado, la empresa remarcó que cuenta con «activos productivos relevantes, inversiones recientes y habilitaciones internacionales», y sostuvo que la planta de Trenel mantiene «un importante potencial operativo y comercial». También aseguró que continuará trabajando para «reactivar en el corto plazo la operación y preservar las fuentes de trabajo».
La incógnita ahora es si ese paraguas judicial servirá para facilitar una salida empresaria para una de las plantas históricas del negocio cárnico pampeano o si terminará administrando una crisis que ya dejó suspensión de personal, despidos, deuda creciente y una cadena regional cada vez más golpeada.
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ECONOMIA
Cavallo insistió con la eliminación del cepo cambiario y advirtió que dos factores impiden la baja del riesgo país

La actual liquidación de divisas provenientes del sector agropecuario y del petróleo, junto con la proyección de mayores ingresos en los próximos meses, representa una oportunidad para levantar los controles de cambio y aumentar las reservas netas del país. Así lo sostuvo Domingo Cavallo, ex ministro de Economía, quien advirtió que el contexto de alta liquidez en divisas permite avanzar hacia una reforma profunda del sistema monetario y cambiario sin la presión de un salto brusco del tipo de cambio.
En un posteo en su blog, Cavallo consideró que el momento es propicio para que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para el pago de intereses de la deuda externa y para que, hacia fin de año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sume al menos 10 mil millones de dólares en reservas netas adicionales.
El exfuncionario recordó que en condiciones normales, un giro de este calibre en la estrategia monetaria suele desencadenar una depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, Cavallo evaluó que la elevada oferta de divisas en el mercado local limitaría ese efecto y resultaría menos riesgoso que demorar la decisión hasta acercarse a las elecciones.
De esta manera, insistió en que el Gobierno debe “abocarse de inmediato a legislar la reforma monetaria, cambiaria y financiera”, una iniciativa que, según su visión, contribuiría a mitigar riesgos inflacionarios y a consolidar la expectativa cambiaria como pilar de un plan de estabilización. A la vez, destacó la importancia de combinar este esquema con el equilibrio fiscal, para lograr tanto una baja sostenida de la inflación como una pronta recuperación de la demanda interna.
En su análisis, Cavallo cuestionó el carácter contradictorio de los controles de cambio. Explicó que, si bien suelen instaurarse para frenar la salida de capitales en situaciones de crisis externa, cuando se prolongan “desalientan el ingreso de divisas” y encarecen el costo del capital, afectando tanto la inversión en activos fijos como en capital de trabajo. Sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el ex ministro de Economía planteó que el Gobierno reconoce esta distorsión al permitir que quienes invierten bajo ese marco dispongan libremente de las divisas generadas por exportaciones. “Para quienes inviertan protegidos por el RIGI se les asegura que no existirán controles de cambio”, explicó.
No obstante, marcó que el resto de las empresas continúa enfrentando fuertes restricciones para administrar sus excedentes en moneda extranjera y para acceder a financiamiento externo. Esta situación, alertó, termina elevando el costo del capital y desincentivando la inversión.
Respecto al riesgo país, el padre de la Convertibilidad expone que la permanencia de controles de cambio para las compañías fuera del RIGI y el bajo nivel de reservas netas del Banco Central mantienen el indicador por encima de los 600 puntos básicos, a pesar de los resultados fiscales positivos. Según el ex ministro, las dificultades del BCRA para acumular reservas por temor a la emisión monetaria alimenta la percepción de que la estabilidad cambiaria es frágil y que una depreciación abrupta podría desatar nuevas presiones inflacionarias. “Si el Banco Central acumulara más reservas, aún a costa de admitir una depreciación temprana del tipo de cambio, la expectativa de depreciación futura disminuiría”, sostuvo.
Cavallo también consignó que los controles de cambio fomentan la informalidad, ya que muchos exportadores y prestadores de servicios optan por ingresar divisas a través del mercado informal en lugar de liquidarlas en el circuito oficial. El ex titular del Palacio de Hacienda argumentó que, sin restricciones, la disponibilidad de dólares para pagos y financiamiento internos sería mucho mayor que la que permite el régimen de “inocencia fiscal”, al que calificó como “necesariamente transitorio y legalmente inseguro”.
El ex ministro propuso que, una vez eliminados los controles, el Banco Central autorice a los bancos a utilizar los depósitos en dólares para financiar inversiones, ya sea a través de créditos o mediante la compra de obligaciones negociables del sector privado. Además, consideró que la expansión del crédito en dólares bajo un régimen de controles resulta riesgosa, porque la inestabilidad cambiaria y las altas tasas en pesos incrementan el peligro de incobrabilidad.
Domingo Cavallo concluyó que la eliminación de los controles de cambio y la liberalización del mercado cambiario acercarían a la Argentina a un modelo más competitivo, alineado con la idea de una economía sin Banco Central, como la que promovió Javier Milei durante la campaña presidencial. En tal sentido, ejemplificó con el caso peruano al señalar que la Constitución de Perú prohíbe el financiamiento monetario al Tesoro y los controles cambiarios, lo que permitió al país alcanzar una estabilidad de precios destacada pese a la inestabilidad política.
“Es muy difícil que se pueda avanzar hacia la despolitización de la economía, es decir a sacar al Estado de la intermediación entre vendedores y compradores en los mercados de bienes y servicios, si en materia monetaria, cambiaria y financiera impera la discreción por arriba de las reglas”, cerró su análisis.
economía (general)
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