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ECONOMIA

El costo oculto que paga el Gobierno para contener al dólar: ya hay señales de freno en el crédito

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Si de algo se ha jactado el ministro de economía, Luis Toto Caputo, es de que bajo su gestión «los bancos volvieron a trabajar de bancos». En otras palabras, que la masa de dinero depositada por los ahorristas empezaba a canalizarse al crédito y no a estacionarse en la renta fácil de los pasivos del Banco Central o bonos del Tesoro. Según Caputo, el mérito era del superávit fiscal: como ya el sector público no necesitaba un flujo continuo de pesos para financiar sus gastos corrientes, entonces se había generado la posibilidad de que el crédito al consumo y a las empresas volviera a crecer.

Sin embargo, los analistas del mercado están viendo un posible punto de inflexión. A pesar de que las cuentas fiscales siguen dando superávit, el crédito empieza a sentir un freno. En parte por una saturación del mercado -algo que se refleja en la suba de los índices de morosidad de las familias- pero en parte, también, por la propia política económica, que induce a una gran suba de tasas de interés.

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Lo ocurrido en los últimos días es una prueba contundente de que, ante una turbulencia imprevista, el gobierno ha elegido qué objetivos priorizar y cuáles sacrificar. La inflación es el principal argumento electoral de Javier Milei -como quedó en evidencia por la euforia con que se celebró el IPC de 1,6% de junio-. Y, aunque no se lo admita en público, también quedó en claro que la estabilidad cambiaria es otro objetivo innegociable.

Prueba de ello es la contundente intervención del Banco Central en el mercado de futuros, donde llegó a poner contratos por hasta u$s2.700 millones en una sola jornada, con el objetivo de desinflar expectativas de una disparada del dólar. Por más que el discurso oficial del gobierno sostenga que la inflación es causada por el exceso de pesos y niega que exista el fenómeno del «pass through» -el contagio del dólar a los precios-, lo cierto es que, en la práctica, se ha comportado de la manera tradicional. Es decir, recurriendo al dólar como ancla, en un mercado donde las empresas remarcan sus listas de precios ante el menor atisbo devaluatorio.

Es un tema que ha motivado comentarios irónicos por parte de los analistas. Por ejemplo, Javier Okseniuk, de la consultora LCG, publicó un informe muy crítico sobre la política monetaria oficial y, alterando la frase de cabecera de Milei, escribió: «Para el Gobierno, la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno cambiario».

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La variable de ajuste

Si no se puede resignar ni la desinflación, ni la estabilidad cambiaria, ni el recorte del gasto ni la recaudación tributaria, alguna variable de ajuste tiene que quedar para el caso de que ocurra un shock imprevisto o que el público se ponga a la defensiva por la típica incertidumbre pre-electoral.

Y esa variable han sido las tasas de interés, que subieron a niveles difícilmente justificables -una tasa efectiva de 47% anual en una economía que prevé una inflación de 20% para los próximos 12 meses-. Semejante diferencial es típico de los momentos en que se desploma la demanda de pesos por la expectativa de una devaluación.

Lo mismo se refleja en las tasas de los bonos CER -que ajustan como la inflación- que está en un llamativo nivel de 14% anual.

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En el mercado se debate sobre si estos niveles de tasa serán apenas temporales -hasta que se disipe el temor generado por el «shock de liquidez» tras el desarme de las LEFI- o si será la tónica de los próximos meses.

En todo caso, la consecuencia de tasas muy altas y de menor liquidez bancaria es el de un empeoramiento en las condiciones para el crédito. En aras de llegar a las elecciones sin turbulencia financiera, el gobierno está dispuesto a sacrificar, como variable de ajuste, lo que consideraba uno de sus principales logros.

Para peor, esta situación se da en el marco de una serie de defaults privados, que hacen temer por una nueva ola de incumplimientos ante la imposibilidad que encuentran las empresas de «rollear» sus vencimientos a una tasa aceptable.

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¿Un punto de inflexión?

Las cifras empiezan a dar cuenta de un cambio de humor en el mercado. En junio, los préstamos del sector bancario tuvieron un crecimiento mensual real de 2,6%, lo cual implica una ralentización respecto de los meses anteriores, cuando el crecimiento venía a una velocidad de 3,9%.

Son cifras que lucen pequeñas en comparación con las de hace un año, cuando el financiamiento a las empresas crecía de volumen a un ritmo de 17% real mensual, mientras que el consumo subía a una velocidad de 10% real. Claro que en aquel momento había razones de peso para que se viera semejante crecimiento: en primer lugar, que se estaba en recuperación de un escenario previo de muy bajo crédito; y en segundo lugar, que había una agresiva política oficial de baja de las tasas de interés.

Ahora, ya hay indicios de un punto de inflexión. Un informe de Julián Muntane para la consultora Di Stefano señala que, desde julio, los préstamos por tarjeta están cayendo a un ritmo de 7,1% mensual, mientras que también disminuyen los depósitos, aunque a un ritmo menor, de 1,4%.

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«Por lo tanto, está comenzando un doloroso proceso de cancelación de deudas caras, que en su momento se tomaron a mansalva y sin conciencia. La primera mitad del 2025 puede decirse que no hubo emisión primaria, pero sí emisión secundaria, que es la que se da a través de la creación de dinero ‘de la nada’ a través de los bancos, prestando dinero proveniente de depósitos en cuenta corriente y cajas de ahorro», señala el reporte.

Y la percepción que predomina en el mercado es que esa tendencia se profundizará en los próximos meses. «Posiblemente el gobierno apunte a menores tasas reales hacia adelante, para impulsar crédito y actividad económica, pero que no querría ver, al menos hasta las elecciones, una baja muy significativa», observa un informe de la gestora de fondos SBS.

Medidas que restan liquidez

Por lo pronto, las últimas medidas de política económica refuerzan esa percepción de un freno al crédito. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, justificó medidas que obligarán a los bancos a «un manejo más eficiente de su liquidez», una frase que implica que se fomentará la alocación de pesos en títulos de corto plazo, y que no habrá ayuda del BCRA en forma de colocaciones «overnight» -ni pases pasivos ni las LEFI que pagaban intereses diariamente-.

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Y ahí aparece una de las críticas que en el mercado se le hace al gobierno. Tras el levantamiento del cepo, el Banco Central no sólo anunció la muerte de esos pases pasivos, sino que, además, se dejó de ofrecer los llamados «pases activos» -préstamos de efectivo a los bancos en caso de necesidad-. En teoría, esa medida se enmarcaba en la política deliberada de retirar liquidez de la plaza para controlar la inflación y, además, para inducir al uso de los «dólares del colchón».

Pero hubo efectos colaterales: al perder la asistencia de su «prestamista de última instancia», el gerente del banco no puede arriesgarse a tener poco efectivo en caja, porque si ocurre un imprevisto no puede responder ante sus clientes. Y eso lleva a que en el sistema se empezó a juntar liquidez «por las dudas».

Es decir, al revés de lo que argumentaba el gobierno, no toda la captación de depósitos estaba destinada a la expansión del crédito, sino a una previsión por retiros. En la medida en que se consolide un proceso de disminución de depósitos, esa necesidad de liquidez a la mano será más grande. Y en situaciones así sufre el crédito, porque más pesos van a colocaciones financieras de corto plazo.

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¿Quién detiene al spread?

En esa misma línea se inscribe el aumento de los encajes para las billeteras electrónicas. Es cierto que, como dice Bausili, había un trato desigual a estas entidades y a los bancos, que permitía que las «fintech» tuvieran el atractivo de remunerar a sus usuarios con tasas promedio de 25% anual.

Ahora, al tener que alojar más liquidez obligatoriamente en encajes, esas financieras tendrán que retirar pesos de los fondos de money market. Estos fondos manejan un volumen de $39 billones, y se estima que más de un 10% de ese monto corresponde a los depósitos de las billeteras virtuales.

¿Cómo reaccionarán los pequeños ahorristas? Es difícil suponer que utilicen las alternativas más sofisticadas, como los bonos del Tesoro. Por lo que sólo hay dos opciones: o se resignan a un premio menor por sus depósitos, o directamente cancelan para refugiarse en dólares.

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En todo caso, lo que se está previendo es una mayor distancia entre las tasas que los bancos les cobran a los tomadores de crédito y la que pagan a los ahorristas -el «spread de tasa», en la jerga financiera-.

Los créditos para el consumo pueden llegar a niveles de 160% de costo financiero total, mientras la remuneración de plazos fijos para los ahorristas llega, en los depósitos más largos, al 30% efectivo anual.

En el sector corporativo las tasas son menores, pero aun así muy por encima de la inflación prevista. El rubro agrícola, por ejemplo, que suele obtener mejores tasas por su condición de exportador, se puede obtener crédito al 50%, pero sigue siendo un monto que los productores ven como caro, dada la disminución de sus márgenes de rentabilidad.

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ECONOMIA

Caputo lanza «operativo surtidor» para evitar disparada de la nafta y reducir impacto en IPC

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El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió suspender la actualización prevista para abril del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (CO2), en una medida que busca mitigar el impacto en el surtidor del incremento del petróleo crudo internacional.

Con la nueva determinación oficial, el Palacio de Hacienda busca evitar alimentar más aún la suba en las estaciones de servicio que desde el 27 de febrero ya escaló un 20% promedio, de acuerdo a distintas estimaciones privadas, a raíz de la crisis de oferta generada por la guerra en Medio Oriente.

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Según datos de la consultora Economía & Energía (EyE), esta postergación no es gratuita para las arcas públicas, y solo en marzo la decisión de no aplicar la alícuota plena significó una pérdida de recaudación estimada en u$s147 millones, acumulando unos u$s429 millones en lo que va del primer trimestre del año.

La normativa vigente establece que estos tributos deben actualizarse trimestralmente en función de la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Sin embargo, el Decreto 116 del 26 de febrero de 2026 ya había determinado un aumento parcial para marzo, postergando el grueso del ajuste pendiente para abril.

El impacto de la guerra en los surtidores

El contexto internacional jugó un rol determinante en esta estrategia, explicaron desde la cartera económica. Debido a los conflictos bélicos globales, el precio de los combustibles registra alzas mucho mas pronunciadas en todo el mundo, pero la delicada situación social y el esfuerzo por contener la infación al menos por debajo del 3% mensual obligan a una transición ralentizada.

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Esta presión externa se suma a un retraso estructural en los precios locales respecto a lo que ocurre con el Brent que en lo que va del mes ya aumentó más de un 45% desde los u$s72,50 del viernes 27, el día previo al primer ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán, a los u$s106 en que cerró esta semana.

En ese aumento escalonado de la nafta y el gasoil, con aumentos diarios que pasaron en principio disimulados por tratarse de pequeños saltos mejores a los $100 por litro, permitieron evitar el maletar social más amplio, pero se hace imposible de disimilar al momento de cargar.

Desde las empresas se admite que es la mejor alternativa que tienen disponible para no retrasar en demasía los valores de los combustibles respecto al crudo que ingresa a la refinerías, pero a a vez alertando que esta escalada tendrá un efecto a la baja en el consumo tal como ya ocurrió en febrero, aún antes del cisne negro de la guerra.

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En ese desafío resultó vital el rol de YPF en el mercado que apelando a la política e micropricing que adoptó a mediados de año, logra los saltos abruptos en las carteleras y en los títulos de los diarios que suele reflejar el clima social.

Un programa puesto a prueba

Los límites del programa económico se pusieron a prueba tras la escalada del conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz, eventos que empujaron el precio del barril de petróleo Brent por sobre los u$s 100. Esta volatilidad externa generó una presión inmediata en los costos de refinación local en la Argentina, sumando un nuevo foco de tensión sobre la dinámica de precios internos en un momento crítico de la macroeconomía.

La preocupación por el impacto de la energía en la inflación no es exclusiva del ámbito local, sino que se convirtió en una señal de alarma global. En las principales economías, el fortalecimiento del petróleo amenaza con retrasar las metas de desinflación de los bancos centrales, forzando un escenario de tasas altas por más tiempo y una salida de capitales de mercados emergentes, lo cual complica aún más el panorama financiero para la región.

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En la Argentina, este incremento actúa como un arma de doble filo que condiciona las metas oficiales. Si bien el salto en la cotización del crudo mejora sensiblemente la rentabilidad de las exportaciones proyectadas desde Vaca Muerta, su contracara es un encarecimiento directo en el surtidor y en la importación de GNL necesaria para cubrir el pico de demanda durante el próximo invierno.

El peso de los combustibles en la estructura del Índice de Precios al Consumidor (IPC) es determinante, con una ponderación exacta del 3,8% dentro de la canasta. Bajo esta métrica, se estima que por cada 10% de aumento efectivo en el precio final de venta al público, la inflación general recibe una presión directa de 0,38 puntos porcentuales, sin contar los efectos de segunda ronda, de acuerdo a estimaciones de la consultora EcoGo.

La política de no intervención

La decisión de la Secretaría de Energía es no intervenir en la decisión de las empresas de aumentar o no sus combustibles, pero decidió apelar a las pocas herramientas que le quedan para incidir en dos componentes del precio de un litro de combustible como lo son el fiscal y los biocombutibles para el corte obligatorio.

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De acuerdo con la proyección de EyE, en ese sentido el atraso impositivo es significativo. Para abril de 2026, el monto pendiente de actualización por ICL y CO2 se sitúa en $212,5 por litro para las naftas y $89,4 por litro para el gasoil. De haberse aplicado el esquema tributario completo, el salto en las estaciones de servicio habría sido drástico, alejando los precios de los objetivos de convergencia que se trazaron a principios de año.

Como complemento a la tregua fiscal, el Gobierno oficializó hoy un cambio en las especificaciones técnicas de los combustibles, permitiendo un mayor porcentaje de corte de bioetanol. Esta medida, negociada con las empresas del sector, tiene como objetivo sustituir una mayor porción de derivados del petróleo por biocombustibles de origen nacional. Al aumentar la participación de los renovables, se logra amortiguar el impacto del encarecimiento del crudo Brent en la estructura de costos de las refinadoras. 

Esta convergencia hacia una mayor tasa de biocombustible representa un alivio económico. Al elevar el corte, el país reduce la dependencia de las importaciones de combustibles terminados en un momento de volatilidad cambiaria y geopolítica. Para las petroleras, esta modificación técnica permite absorber parte del incremento de costos internacionales sin trasladarlo íntegramente al precio final pagado por el consumidor en la manguera.

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La volatilidad es la única certeza

El mercado observa con cautela la sostenibilidad de estas medidas. Si bien la suspensión del impuesto actúa como un «ancla» temporal para el IPC, el costo fiscal genera más presión al cumplimiento de las metas de equilibrio presupuestario, ya acosadas por la baja de recaudación interanual. No obstante, desde el entorno del ministro Caputo consideran que el beneficio de estabilizar las expectativas de inflación en el corto plazo compensa la pérdida transitoria de ingresos tributarios.

En cuanto a lo que prevé el mercado para las próximas semanas, los analistas coinciden en que la volatilidad seguirá siendo la norma. El precio del barril de petróleo continúa sensible a las noticias del frente externo, lo que mantiene en alerta a las empresas como YPF, Shell, Axion y Puma que dominan más de 95% del mercado. El consenso es que, si bien el Gobierno evita un incremento adicional en abril, la presión por una actualización de precios persistirá si el crudo no retrocede.

Las cámaras empresariales del sector bioenergético recibieron de manera positiva el incremento en los cupos de corte, viendo en ello una oportunidad para dinamizar la industria regional. Sin embargo, desconfían de la receptividad de las petroleras a la nueva medida luego de años de disputas y controversias en torno a un resistido incremento del corte obligatorio de nafta y gasoil.

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ECONOMIA

Por qué multinacionales y cámaras de comercio de EEUU celebran la derrota del fondo que litigó contra la Argentina por YPF

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Logos de importantes multinacionales como ExxonMobil, Bayer, AT&T, Comcast, Lilly, FedEx, Verizon, Zurich y Abbott, representados en un entorno urbano que simboliza su vasta influencia global, a menudo en el foco de firmas como Burford.

Aunque en la Argentina el gobierno de Javier Milei y el kirchnerismo cruzaron acusaciones sobre méritos y deméritos en el juicio de Burford Capital contra el Estado argentino por la expropiación de YPF, en Estados Unidos tanto el gobierno de Donald Trump como el mundo corporativo estaban firmemente unidos en el rechazo al estudio inglés, cuya práctica como “financiador de litigios” repudian activamente.

Si bien no se conocen aún reacciones específicas al fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York que ayer anuló el fallo de la jueza Loretta Preska que exigía al Estado argentino pagar más de USD 18.000 millones a Burford y un par de demandantes, una frondosa coalición de cámaras de comercio, asociaciones y grandes empresas norteamericanas ya había señalado su repudio a la práctica del estudio inglés fundado en 2008 por Christopher Bogart, CEO de la empresa, cuya capitalización cayó como un piano al conocerse la sentencia, que consideró “decepcionante”.

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Burford sopesa nuevos recursos legales, incluida la posibilidad de llevar el caso al Ciadi, un Tribunal de arbitraje que funciona en el ámbito del Banco Mundial. De todos modos, anticipó que reconocerá una disminución del valor de sus activos al presentar el balance del primer trimestre del año.

Lo cierto es que en 2025, en un comunicado difundido por la US Chamber of Commerce, la más amplia representación corporativa norteamericana, varios centenares de cámaras de comercio de localidades, condados y estados norteamericanos, desde Alaska hasta Wyoming, y de empresas medianas, grandes y muy grandes, desde laboratorios como Abbott, pasando por gigantes de las comunicaciones como AT&T, Comcast y Verizon, farmaceúticas como Bayer y Eli Lilly, petroleras como ExxonMobil y el propio American Petroleum Institute y aseguradoras como Liberty Mutual y Zurich apoyaron expresamente un proyecto de ley de un grupo de legisladores republicanos para “transparentar” la industria de “financiación de litigios por terceros”, especialidad que creó y en la que se destaca Burford.

¿En defensa del chiquitaje?

El bufete inglés dice que lo suyo es defender al chiquitaje (little guys) contra estados, empresas e individuos “abusivos”, pero su práctica es asimilable a lo que en EEUU llaman ambulance chasers (perseguidores de ambulancias, en busca de damnificados en cuyo nombre demandar sumas exorbitantes) y en la Argentina simplemente “caranchos”.

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Fachada del histórico edificio de la US Chamber of Commerce en Manhattan REUTERS/Andrew Kelly
Fachada del histórico edificio de la US Chamber of Commerce en Manhattan REUTERS/Andrew Kelly

El proyecto de los representantes republicanos Darrell Issa (California), Mike Collins (Georgia), Scott Fitzgerald (Wisconsin), Charles Fleischmann (Tennessee), Claudia Tenney (Nueva York), Jeff Van Drew (Nueva Jersey) y Garland Barr (Kentucky) busca transparentar y controlar la financiación de litigios civiles por terceros como Burford, obligándolos a revelar la existencia de acuerdos y la identidad de cualquier persona o entidad que tenga derecho a recibir pagos condicionados al resultado del litigio.

El objetivo principal es evitar que fondos de inversión, entidades o fondos soberanos extranjeros participen secretamente en demandas a cambio de una parte del fallo. Según los autores del proyecto, la falta de transparencia permite a financiadores como Burford influir indebidamente en las estrategias legales y en la resolución de los casos, promover litigios especulativos y facilitar que actores extranjeros utilicen el sistema judicial de EEUU con fines estratégicos o económicos. En parte, fue esta última preocupación lo que también motivó, semanas atrás, la decidida intervención del Departamento de Justicia de EEUU en la causa, apoyando al gobierno argentino.

Tres “riesgos” de la especialidad

En octubre pasado, además, el Instituto de Reforma Legal de la US Chamber of Commerce publicó una investigación en la que listó tres grandes riesgos de la industria creada y desarrollada por Burford.

En primer lugar, señaló, los financiadores “ejercen control significativo sobre los litigios”, poniendo en riesgo la independencia profesional de los abogados y la lealtad hacia sus clientes. Al respecto, cita el caso de Burford Capital y Sysco Corp, un gran distribuidor de alimentos.

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Burford Capital
Christopher Bogart, CEO y cofundador de Burford Capital
(Crédito: Burford Capital)

En segundo lugar, afirmó que la práctica entraña “riesgos para la seguridad nacional” y que hay “actores extranjeros que usan esta financiación para perjudicar intereses de EEUU, acceder a información sensible o evadir sanciones”. Al respecto, citó un caso en el que una firma vinculada a oligarcas rusos sancionados financió demandas en EEUU y Reino Unido y otro sobre la participación de firmas chinas en litigios estadounidenses.

Por último, la investigación señaló que la industria creada por Burford para supuestamente defender al chiquitaje se queda con la parte del león de los acuerdos o sentencias, “reduciendo considerablemente lo que reciben los demandantes después de descontar honorarios legales”. Y menciona el caso de los carteros británicos, quienes recibieron menos del 20% del acuerdo por la intervención de financiadores y abogados.

Política y derecho

En definitiva, la intervención de la administración Trump en el caso estuvo en línea con los intereses del mundo corporativo norteamericano, a lo que se sumó en la etapa final un zurcido político, diplomático y jurídico con el gobierno argentino.

Del lado jurídico, la Universidad Austral destacó la “decisiva labor del equipo de la Procuración del Tesoro de la Nación, el organismo máximo de abogados del Estado federal, integrado por los Subprocuradores Juan Ignacio Stampalija, Julio Pablo Comadira y Santiago Castro Videla, bajo la conducción del Procurador Sebastián Amerio“. Los tres, subrayó la alta casa de estudios, ”hicieron su carrera de Abogacía en la Universidad Austral y siguieron vinculados a ella como profesores de grado y posgrado en distintas disciplinas del Derecho».

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ECONOMIA

Milei ganó la batalla judicial por YPF pero el kirchnerismo reivindica la «gesta» de la expropiación

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A la victoria judicial que obtuvo Javier Milei por el caso YPF en Estados Unidos, le falta ahora la parte más difícil: que también se convierta en una victoria política. Esa fue la motivación tras la conferencia de prensa dada por el presidente el viernes, pero todavía no está claro quién saldrá ganador en este nuevo capítulo de la «guerra de relatos».

La expropiación de YPF fue una de las medidas más criticadas por el ámbito empresarial y el mercado financiero y, simultáneamente, uno de los mayores logros políticos de Cristina Kirchner. Las encuestas de 2012 eran bien elocuentes al respecto: más del 80% aprobaba la «recuperación» de la petrolera, que estaba ligada a valores de orgullo nacionalista.

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Lo más importante para Cristina, además, era que con la expropiación logró que una crisis energética se transformara en una gesta épica. Bajo la gestión operativa de Repsol, se había producido un bajón en el nivel productivo de la empresa, debido a la falta de inversión. Y eso implicaba que Repsol YPF tuviera que demandar divisas por casi u$s10.000 millones al año para importar petróleo.

Pero el hecho que más se le criticaba a Cristina era que esa crisis en la producción de petróleo había sido inducida por una medida de Néstor Kirchner. En 2008, por iniciativa del ex presidente, el grupo Petersen -propiedad de la familia Eskenazi- ingresó como «socio nacional» a YPF, y en compras escalonadas se quedó con el 25% del capital-.

El método de compra fue inédito: los compradores, que no tenían experiencia alguna en el negocio petrolero y cuyo mérito consistía en ser «expertos en mercados regulados» ingresaron sin poner dinero. Para la compra obtuvieron un crédito de un grupo de bancos, que se pagaría con los propios dividendos de YPF. Básicamente, es como si Repsol hubiese financiado la venta de su 25%, pero el costo terminó siendo una brusca disminución en las inversiones de la compañía.

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Los críticos del kirchnerismo apuntan a que esa fue una compra espuria, en la que los Eskenazi actuaron como testaferros del poder político, y que el verdadero costo de esa operación lo pagó la sociedad argentina. Es decir, comparten la idea de que no merecían una compensación como la que recibió Repsol.

El embrollo retórico ante la expropiación

Sin embargo, Milei no hizo mención alguna a que el derrotado en los tribunales neoyorquinos, el «fondo buitre» Burford, le había comprado los derechos del juicio al grupo Eskenazi. De esa manera, dejó pasar una inmejorable oportunidad política para vincular al kirchnerismo con la corrupción.

En cambio, se centró en celebrar la pericia del personal jurídico del gobierno. A primera vista, no parece que haya sido la mejor estrategia política. Para empezar, porque el propio Milei le «bajó el precio» a la victoria jurídica al insinuar que, en realidad, el fallo favorable a Argentina se debía principalmente a su alineamiento político incondicional con Estados Unidos y a su afinidad personal con Donald Trump.

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Es, como suelen afirmar los analistas en comunicación política, el riesgo de carecer de «filtro» en las redes sociales. Milei no resistió la tentación de escribir desde su cuenta que sus viajes a Estados Unidos, su decisión de asistir a reuniones diplomáticas vestido con el mameluco de YPF y otras actitudes criticadas fueron, en definitiva, lo que inclinaron la balanza.

Es una argumentación rara para un político que en los foros internacionales aboga por la independencia de la justicia y que, además, ha hecho un credo del respeto a la propiedad privada. Sin ir más lejos, en el discurso brindado en enero en el célebre Foro de Davos -donde le tocó hablar a continuación de Trump-, Milei había hecho una vehemente proclama en defensa del derecho de propiedad. Y enfatizó en que esa postura no obedecía a una cuestión de oportunismo coyuntural sino a una convicción filosófica de su gobierno.

Después de esa declaración, y justo cuando está tratando de convencer a los inversores para que hundan capital en el país -como ocurrió en la reciente gira Argentina Week-, Milei no podía aparecer como si estuviera festejando la expropiación de YPF.

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Y esa situación lo dejó en un lugar incómodo: el de celebrar el resultado del juicio pero, al mismo tiempo, cuestionar «el desastre» generado por Cristina y por el entonces ministro Axel Kicillof y calificar la expropiación como «aventura suicida».

Eso fue lo que llevó al presidente a anunciar un proyecto de ley que otorga un mayor blindaje judicial contra expropiaciones a los inversores extranjeros.

El kirchnerismo contraataca

El kirchnerismo entendió rápidamente el problema argumentativo de Milei, y por eso no dudó en pasar a la ofensiva. Kicillof, el blanco preferido de los insultos del presidente, se jactó de haber tenido razón desde el inicio respecto de que la expropiación no dejaría al país expuesto a condenas judiciales.

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Mientras sus militantes llenaron las redes sociales con mensajes que afirmaban «Kicillof tenía razón», el ahora gobernador de Buenos Aires aprovechó para reivindicar su rol de expropiador. Recordó que, mientras él había diseñado la recuperación de la petrolera, Milei se había opuesto a esa medida y que argumentaba «en favor de los fondos buitres».

Y Cristina, con astucia, felicitó por la victoria judicial no a los funcionarios argentinos, sino a los abogados del bufete estadounidense Sullivan & Cromwell.

«De esta manera, queda más que claro que la expropiación con fines de utilidad pública de YPF se hizo conforme a derecho», afirmó la ex presidente, quien además argumentó que la decisión de la expropiación fue estratégica para el país, porque permitió el desarrollo del yacimiento Vaca Muerta.

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«Hoy podemos decir con orgullo que Argentina tiene superávit de miles de millones de dólares en la balanza energética», agregó Cristina. Debe haber disfrutado al escribir esa frase, porque implica arrebatarle al ministro Toto Caputo un logro del que suele jactarse. De hecho, desde que estalló el conflicto en Medio Oriente, el ministro de Economía no deja de repetir en foros y entrevistas que, si no fuera por el recuperado autoabastecimiento, Argentina estaría en shock, como ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania en 2022.

Kicillof también se tomó revancha política. Recordó que, al inicio de su gestión, Milei había propuesto que se creara un impuesto a los combustibles, llamado «tasa Kicillof», con el cual pagar el juicio por u$s 18.000 millones que, en primera instancia, había ganado el fondo Burford.

«Ese impuesto nunca fue más que una operación: un coro de voces que repitió durante años los argumentos de los buitres», sostuvo el gobernador y pre-candidato presidencial del peronismo.

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«No se trataba de atacarme a mí, sino de cuestionar una decisión soberana y de defender intereses extranjeros. La derecha nunca la habría nacionalizado. Trabajaron siempre para los buitres, pero paradójicamente hoy su modelo no colapsa por falta de dólares gracias a YPF», argumentó Kicillof, también adjudicándose el mérito del superávit de la balanza comercial energética.

Oportunidad perdida para Milei

De momento, la argumentación de Milei ha sido más débil que la del kirchnerismo. Dejó pasar argumentos que sí había planteado la gestión de Mauricio Macri. Por ejemplo, que el desarrollo de Vaca Muerta no estaba frenado por el hecho de que YPF estuviera bajo el control de Repsol, sino por falta de inversiones.

Además, Milei olvidó mencionar que Kicillof había argumentado que la expropiación no le costaría ni un dólar al país -y hasta insinuó que se podría cobrar una reparación-, pero finalmente Repsol terminó cobrando u$s5.000 millones en bonos emitidos por el propio Kicillof. Y que, por el diseño del acuerdo, que implicaba un mayor pago si esos bonos perdían valor en el mercado secundario, la indemnización terminó siendo de u$s6.300 millones.

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Pero, sobre todo, lo que Milei dejó pasar fue el hecho de que el juicio Burford versus Argentina no estaba vinculado a la expropiación en sí, sino a la cuestionada «venta» del 25% de la empresa al grupo Eskenazi.

Así lo explica el economista Nicolás Gadano, experto en mercado energético: «La carátula del fallo histórico de hoy, como las de todos los fallos previos, pone de manifiesto algo que CFK, Axel y Cia siempre intentan soslayar. ¿Quiénes son los demandantes contra la República Argentina? Las empresas Petersen del grupo Eskenazi. ¿Cómo y cuándo llegaron a YPF? Por obra y gracia del kirchnerismo, en 2008, en la primera presidencia de CFK».

La batalla por el relato de YPF todavía no terminó, y en los próximos días las encuestas revelarán si la opinión pública atribuye el mérito a Milei o a Cristina y Kicillof. Pero, de momento, lo que los analistas vieron fue un primer round mejor aprovechado por el kirchnerismo.

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