ECONOMIA
El dólar espera esta condición clave para «flotar»: la señal de reservas que puede cambiarlo todo

El dólar oficial opera este miércoles 28 de enero a $1465, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negocia a $1442,50. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1509, y el MEP se ubica a $1462. Por último, en el segmento informal, el blue se negocia, a $1.485
El tipo de cambio dejó de ser un simple «número» para convertirse en un examen diario de coherencia entre reglas, señales y resultados. Con un régimen que incorpora más flexibilidad cambiaria, el mercado ya no mira solo el precio del tipo de cambio: sigue la arquitectura completa que lo sostiene. En esa arquitectura, tres ejes definen el humor de la City: bandas, reservas y liquidez. Si uno falla, los otros dos se tensionan.
El Banco Central, en paralelo, busca fortalecer el frente externo a través de un ritmo de compras que ganó protagonismo. La acumulación de reservas no es un detalle técnico: para el mercado es una prueba de fuego. Cuando el balance externo mejora, cae la necesidad de cobertura y el dólar se calma. Pero cuando las compras se aceleran en un contexto que coincide con debilidad del peso, la lectura se vuelve más ambigua: ¿se está acumulando «con viento a favor» o en medio de una transición que aún no consolidó anclas?
El marco macro no se agota en el corto plazo financiero. La economía también muestra un reordenamiento de fondo: sectores que empujan exportaciones y divisas, y sectores que sufren más el cambio de etapa. Con ese telón de fondo, el dólar «espera» una condición clave para flotar con menor fricción: que el orden monetario sea lo suficientemente consistente como para que la flexibilidad no se transforme en volatilidad.
Bandas y flexibilidad: el lado B del ancla cambiaria
Desde Adcap señalaron que los vientos de cola globales están respaldando al peso argentino y le dan soporte al nuevo marco. En ese contexto, sus analistas pusieron el foco en una idea central: más flexibilidad cambiaria es la contracara de poner en juego uno de los anclajes de la economía.
Los especialistas del bróker detallaron que la combinación de políticas apunta a una apreciación del peso en términos reales (ajustada por inflación). Esta lectura es clave para entender por qué el debate no se reduce al «dólar de hoy», sino a la trayectoria del tipo de cambio en términos de competitividad y precios relativos.
Para Adcap, el punto es que la flexibilidad cambia la forma en que el mercado interpreta el «piso y techo» del dólar. Con anclas más relativizadas, el tipo de cambio queda más sensible a señales de consistencia: si el esquema se percibe sólido, la flexibilidad ayuda a amortiguar; si se percibe frágil, la flexibilidad puede amplificar movimientos.
Sus analistas apuntaron que el mercado, en este régimen, tiende a reaccionar menos a declaraciones y más a datos: reservas, compras, liquidez, y el modo en que se ordenan las expectativas. En esa lógica, cada jornada se vuelve una mini auditoría de credibilidad del marco.
Reservas: la señal que puede «cambiarlo todo»
Desde Adcap señalaron que el Banco Central está acelerando el ritmo de compra de reservas. En su diagnóstico, este capítulo es decisivo porque el mercado interpreta la acumulación como un refuerzo del «colchón» que reduce vulnerabilidades del esquema.
Sus analistas destacaron además que un objetivo de acumulación de reservas por u$s10.000 millones «parece alcanzable». Más allá del número, la señal de fondo es que una meta concreta y plausible puede mejorar expectativas si el mercado ve consistencia entre ritmo de compras y sostenibilidad del proceso.
Los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que el Banco Central anunció compras por alrededor del 5% del volumen operado en el mercado cambiario. Ese dato actúa como referencia para dimensionar la intensidad de la estrategia y su peso relativo dentro del mercado.
Pero en el mismo análisis aparece una advertencia relevante: desde Adcap apuntaron que el aumento de las compras de divisas se correlacionó con una mayor debilidad del peso argentino. Por eso, la señal de reservas puede «cambiarlo todo» en dos direcciones: si se interpreta como acumulación ordenada y sostenible, fortalece; si se asocia a tensión persistente sobre el peso, abre interrogantes sobre el equilibrio.
La condición clave para «flotar»
Desde Adcap señalaron que el equilibrio de la liquidez es el capítulo más fino para anticipar el comportamiento del dólar. En su lectura, el tipo de cambio debería flotar cuando coincidan la base monetaria amplia y la base monetaria tradicional.
Los especialistas del bróker detallaron que esa convergencia funciona como condición para que el mercado tenga una lectura más clara de cuánta liquidez «real» está en juego y cómo se transmite al sistema. Cuando las definiciones se desalinean, se distorsionan señales y aumentan las probabilidades de sobrerreacción.
Sus analistas apuntaron que el Banco Central está actualizando las proyecciones de los agregados monetarios, un proceso que busca recalibrar el mapa monetario. Para Adcap, esto es central: si la liquidez se ordena y se vuelve predecible, la flexibilidad cambiaria puede operar como mecanismo de absorción, no como fuente de ruido.
En términos prácticos, esta es la «condición clave» que el dólar espera: un marco monetario consistente que permita que el tipo de cambio se mueva sin convertirse en el canal automático de cobertura ante cualquier duda. Sin esa consistencia, incluso con reservas creciendo, el mercado tiende a exigir más premio por riesgo.
La otra capa del dólar
Desde Econviews señalaron que el debate sobre industria y empleo se intensificó con la nueva etapa política, pero que limitar la explicación a una estrategia coyuntural puede dejar afuera la profundidad del fenómeno. Para sus analistas, lo que está ocurriendo no sería solo un cambio de modelo, sino una transformación estructural que el país venía postergando.
Los expertos de la consultora explicaron que los datos de actividad empiezan a dibujar «las dos Argentinas«. Por un lado, sectores con ventajas comparativas genuinas muestran crecimiento robusto: agroindustria, energía (Vaca Muerta), minería y servicios basados en el conocimiento.
En contrapartida, desde Econviews describieron a la industria manufacturera como más dependiente de la protección estatal y, por eso, con un panorama más complicado, aunque heterogéneo. Esta dinámica importa para el dólar porque reordena expectativas sobre generación de divisas y sobre qué sectores pueden sostener el ingreso de dólares.
Sus analistas también marcaron que la reconfiguración se refleja en el sector externo: exportaciones de productos primarios y combustibles crecen, mientras las MOI se mantienen estancadas. En esa lectura, el dólar se vuelve un precio que condensa el cambio de etapa productiva: lo que entra, lo que sale y lo que el mercado cree que puede sostenerse.
Empleo, «sinceramiento» productivo y el riesgo de una transición con fricción
Para Econviews, no se está necesariamente ante una crisis generalizada, sino ante un sinceramiento productivo. La economía reasigna recursos hacia sectores más competitivos, pero ese movimiento no es lineal ni socialmente neutro.
Los expertos de la consultora explicaron que los sectores dinámicos de esta etapa —como agro y energía— son intensivos en capital y no en mano de obra. Generan valor agregado, pero absorben empleo a un ritmo menor que la construcción o la manufactura, lo que genera fricción en el mercado laboral.
Sus analistas señalaron que esa fricción laboral influye en la estabilidad del programa económico: si la transición no logra absorber trabajo en tiempos compatibles con la tolerancia social, aumenta el riesgo de recalibraciones que el mercado suele «pricear» primero en el dólar.
En ese marco, el tipo de cambio no se mueve solo por un dato financiero. También responde a la percepción de si la transición productiva puede administrarse sin derivar en una dualidad permanente entre sectores ganadores y perdedores.
Qué puede descarrilar el proceso
Desde Econviews advirtieron que la transición no está exenta de riesgos. El primero es la velocidad de la corrección: describieron que la apertura comercial ocurre en simultáneo con un tipo de cambio real relativamente apreciado, combinación que puede acelerar el impacto sobre sectores transables menos competitivos antes de que otros maduren para absorber empleo.
El segundo factor, según sus analistas, es el contexto global: señalaron que esta reconfiguración ocurre bajo la amenaza de la desindustrialización prematura (concepto popularizado por Dani Rodrik), con el riesgo de que la industria pierda peso antes de que el país alcance niveles de ingreso más altos.
Además, desde Econviews sumaron una fuente de incertidumbre: el sector servicios, que fue gran empleador en otras transiciones, enfrenta hoy un riesgo adicional porque su empleo está amenazado por la Inteligencia Artificial. Eso debilita la idea de un «reemplazo» automático del empleo industrial.
Finalmente, sus analistas destacaron la tolerancia social como variable decisiva: la rigidez del mercado formal fue amortiguada por informalidad y cuentapropismo, pero el equilibrio es delicado. Si cambia el humor social y la percepción de futuro, puede verse afectada la viabilidad política del proceso, y el dólar suele reaccionar con rapidez ante ese tipo de señales.
Qué mirar desde ahora
Para Adcap, la primera pantalla es el régimen de bandas y la señal implícita de credibilidad: más flexibilidad implica que el mercado evaluará día a día si el ancla sigue operando o si se relativiza demasiado. El dólar se moverá en función de esa lectura.
La segunda pantalla son las reservas: ritmo de compras, participación relativa y la posibilidad de cumplir una meta relevante. Pero con un matiz clave que el bróker remarcó: el mercado también mira si esas compras conviven con debilidad del peso, porque ahí cambia la interpretación del proceso.
La tercera pantalla es la liquidez: el dólar espera su condición para flotar sin sobresaltos, y esa condición es que la base monetaria amplia y la tradicional converjan, con proyecciones claras y agregados monitoreados. Sin orden monetario, la flexibilidad puede convertirse en volatilidad.
Para Econviews, el trasfondo productivo y laboral es el contexto que decide cuánto dura el equilibrio: si la transición sectorial genera divisas pero deja fricción social sin compensación, aumentan los riesgos de cambios de política. Y cuando el mercado huele recalibración, el dólar suele ser el primer reflejo.
En síntesis, el «test» del dólar no depende de una sola variable. Se define en la coherencia entre flexibilidad cambiaria, acumulación de reservas y orden monetario, atravesadas por una economía que se reconfigura. Si esas piezas encajan, el dólar puede flotar con más normalidad; si se desalinean, cualquier señal —por mínima que parezca— puede cambiarlo todo.
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ECONOMIA
La respuesta oficial para volver a la desinflación: la base monetaria se contrajo en casi $800.000 millones

Aunque la caída de la tasa de inflación mayorista de enero fue celebrada por e el gobierno (la destacó en redes sociales el propio presidente Javier Milei), lo cierto es que la inflación minorista (esto es, la de los precios que pagan los consumidores) lleva a enero 9 meses en ascenso y casi se duplicó del 1,5% de mayo de 2025 al 2,9% del mes pasado. La única excepción fue la repetición del 1,9% de variación mensual entre julio y agosto del año pasado.
En ese contexto y para volver al proceso de “desinflación” que el gobierno sigue reafirmando (según Milei, la tasa de inflación mensual debería ser en agosto inferior al 1%), el gobierno, además de sostener el equilibrio fiscal como meta irrenunciable, empezó a aplicar una política monetaria más astringente, a pesar incluso del proceso de acumulación de reservas internacionales por más de USD 2.200 millones que lleva adelante el Banco Central (y que implican la emisión de pesos con los que se compran esos dólares).
Se inició una política monetaria más astringente, a pesar incluso de la acumulación de reservas, que implican inyectar pesos para comprar dólares
Economía recurrió a un apretón monetaria y a una retracción de casi $800.000 millones en la Base Monetaria (dinero en poder del público y depósitos en pesos de las entidades bancarias en el Banco Central).
“Expansiones de oferta de base monetaria sin contrapartida de mayor demanda pueden generar dificultades adicionales para lograr el objetivo de quebrar la tendencia de los últimos meses (…) nos encontramos ante la implementación incipiente de un esquema de roles en el manejo de la acumulación de reservas y de interacción en materia monetaria entre el BCRA y el Tesoro”, dice al respecto un informe de la consultora Quantum, que precisa que entre el último día de 2025 y el 10 de febrero pasado la base monetaria se contrajo en $779.000 millones, algo que consideró “un movimiento esperable considerando la estacionalidad en la demanda de dinero, que requiere una expansión de la oferta a fin de cada año para evitar alteraciones en la tasa de interés”.
Sin embargo, matiza el infome, el nivel y volatilidad de las tasas de interés de fines de 2025 y principios de 2026 refleja alteraciones en el mercado monetario, con señales de demanda excedente. Y nota al respecto que aunque las tasas de interés se fueron “acomodando, siguen siendo altas al compararlas con las del promedio de diciciembre 2025. La tasa promedio de la rueda simultánea (SIMU, operaciones de corto plazo donde participan el BCRA y las entidades financieras1) de febrero 026 está en niveles de 27,4% nominal anual, contra 20% de 2025, la TAMAR (tasa mayorista que mide el costo de fondeo de los bancos) pasó de 27,5 a 31,7% nominal anual y las tasas activas, como las de los adelantos, clave para las empresas subieron n 526 puntos básicos (esto es, 5,26 puntos porcentuales” en relación al promedio de diciembre.
El informe asocia esos movimientos de tasas a la decisión de absorber base monetaria en parte para para revertir el aumento estacional de fin de año y en parte para lograr la desaceleración de precios e incentivar la entrada de divisas. Para eso, explica, “e principal instrumento usado fueron fondos del Tesoro que tenía depositados en el BCRA. También tomar fondos en el mercado por montos superiores a los vencimientos de deuda en las últimas licitaciones”.

En datos precisos, la contracción de base monetaria (al 10 de febrero) se dio dio del siguiente modo:
- El BCRA la expandió en $2,43 billones por compras de divisas en el mercado de cambios.
- La absorción por compras netas de divisas que le hizo el Tesoro Nacional al BCRA, por $5,17 billones equivalentes. Ello está relacionado fundamentalmente al pago de los servicios de la deuda con el sector privado en enero ($3,4 billones) y el pago de intereses al FMI en febrero ($1,13 billones).
- Expansión por la baja de los depósitos del Tesoro en el BCRA, originados en la “distribución de utilidades” en 2025, por 1 billón de pesos
- Expansión por otros factores asociados a la cancelación de operaciones pasivas entre el BCRA y los bancos por otro billón de pesos.
De este modo, la compra de divisas por parte del BCRA y la esterilización de fondos excedentes del Tesoro –vía emisión de deuda superior a los vencimientos- definieron un sesgo monetario contractivo. Según Quantum, desaparecido el efecto estacional, se podría esperar expansión de la base por efecto de las compras de divisas que haga el BCRA. Las formas y contención de ese aumento de oferta dependerán de la evolución de los movimientos entre el BCRA y el Tesoro. De yapa, concluye, a estimular el aumento en la demanda de dinero también contribuirán tasas en pesos superiores a las expectativas de devaluación, con efecto en el tipo de cambio que se aprecia.
Esa receta podría revertir el ascendo de la inflación mensual, aunque complicar otro objetivo, por ahora postergado: reactivar el nivel de actividad económica.
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ECONOMIA
Las recomendaciones del FMI para medir mejor la inflación y seguir de cerca los datos de la economía

El contexto económico de Argentina ha vuelto a poner en el centro del debate la precisión y la metodología de las estadísticas oficiales. Recientemente, el Gobierno nacional tomó la decisión de postergar de manera indefinida la implementación de la nueva fórmula para calcular el Índice de Precios al Consumidor (IPC), una medida que estaba prevista para entrar en vigencia con los datos de enero.
Esta determinación, que llevó a Marco Lavagna a renunciar a la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), se fundamentó en la intención oficial de esperar a que el proceso de desinflación se consolide, pero según la mayoría de los economistas generó un “ruido” innecesario en torno de los datos estadístics oficiales y en particular sobre los de inflación
En este escenario de postergaciones técnicas por motivos de oportunidad política, un análisis de la economista Rebecca Riley en la revista Finanzas & Desarrollo del Fondo Monetario Internacional (FMI), advierte los peligros de no modernizar las mediciones. Las estadísticas tradicionales, sostiene, están perdiendo la capacidad de captar la realidad de una economía reconfigurada por la tecnología y los activos intangibles, lo que sumerge a los responsables de las políticas en una peligrosa ceguera informativa.
La tesis central de Riley apunta a que las evaluaciones actuales de las economías mundiales podrían estar omitiendo billones de dólares en actividad económica. Según la experta, los parámetros para calcular el PIB y la inflación no logran adaptarse a la vertiginosa evolución de los modelos de negocio. Al respecto, el artículo es tajante: “Sin información precisa sobre el verdadero estado de la economía, las autoridades económicas se verán sumidas en la incertidumbre, sin saber cuándo pisar el acelerador para enfrentar una recesión o cuándo pisar el freno para ralentizar la inflación”.

Esta falta de precisión no es un detalle técnico menor, sino que afecta directamente la capacidad de los bancos centrales y las autoridades fiscales para guiar el crecimiento. La economista advierte que, aunque el mundo digital ofrece una abundancia de datos nuevos, los sistemas oficiales siguen anclados en conceptos antiguos. “Básicamente, los avances tecnológicos han reconfigurado nuestra economía, pero nosotros estamos tardando en reconfigurar nuestras estadísticas económicas, y eso crea un enorme punto ciego para quienes deben tomar decisiones”, señala la autora.
Uno de los pilares del análisis de Riley, y que resuena con especial fuerza en el debate argentino, es la necesidad de innovar en los índices de precios al consumidor. El método tradicional, basado en encuestas presenciales y seguimiento minorista, presenta signos de agotamiento. Riley destaca que “se trata de una labor costosa y cada vez más difícil porque las personas muestran menos disposición a responder a las encuestas”.
Ante esta realidad, la propuesta del FMI se centra en integrar fuentes de datos que ya existen en el sector privado pero que no siempre son aprovechadas por los organismos estatales. La economista detalla cómo la tecnología de consumo diario puede convertirse en la base de la estadística moderna:
“El mayor uso de códigos de barras y escáneres en los comercios minoristas y la prevalencia de datos en línea están cambiando las reglas del juego. Durante el último decenio, los organismos de estadística de los Países Bajos, Australia y el Canadá han incorporado gradualmente los datos de los puntos de venta en los índices de precios al consumidor”.

Para Riley, la incorporación de estos datos de escáner permite medir la evolución de los precios de una forma “más puntual y exacta”. Además, subraya que este enfoque ayuda a captar de mejor manera las experiencias heterogéneas de los consumidores en distintos puntos del país y con diversos niveles de ingreso, superando las limitaciones de los promedios generales que suelen ocultar realidades económicas divergentes.
El análisis de Riley también profundiza en por qué el PIB real y la productividad parecen estancados en muchas regiones a pesar de la innovación constante. La respuesta reside en la creciente importancia de los activos intangibles, como el software, las bases de datos y la cultura organizacional. En muchas economías avanzadas, la inversión en estos rubros ya iguala a la de bienes físicos, representando cifras que llegan a los billones de dólares. Sin embargo, “los cálculos oficiales de productividad y PIB no reflejan completamente esos activos intangibles”, afirma la autora.
A esto se suma el desafío de los servicios digitales gratuitos. El uso de motores de búsqueda, plataformas sociales y software de código abierto tiene un costo monetario nulo para el usuario, pero un valor económico inmenso. Riley cita investigaciones preliminares realizadas en el Reino Unido que sitúan el valor de estos servicios digitales de recreación en un 8% del PIB nominal. Al no haber una transacción monetaria, estos aportes al bienestar y a la actividad quedan fuera de las cuentas nacionales, distorsionando la percepción de la riqueza real generada por la sociedad.
La economista del FMI remarca que la economía de hoy, caracterizada por la abundancia de datos, requiere una reconfiguración total de las estadísticas para reflejar las nuevas realidades de la globalización y la digitalización. Aunque este año se espera una actualización del Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) —la primera desde 2008—, el camino hacia la implementación efectiva es complejo debido a la necesidad de grandes inversiones iniciales y capacidades técnicas superiores.

Riley hace hincapié en que la obtención de estadísticas valiosas requiere superar la resistencia burocrática y financiar la modernización de los sistemas. “Es posible que se esté erosionando nuestra capacidad para vigilar la economía y tomar decisiones fundamentadas porque quizás hay billones de dólares de actividad económica que no se están contabilizando o que se están contabilizando sin suficiente detalle”, advierte.
La propuesta final es un llamado a la colaboración transnacional y multisectorial. Riley argumenta que los organismos estadísticos no pueden resolver estos vacíos por sí solos; necesitan acuerdos de intercambio de datos con el sector privado y marcos jurídicos actualizados. En conclusión, el artículo del FMI subraya que el rigor estadístico, la transparencia y el acceso igualitario a la información son las únicas herramientas capaces de disipar el “ruido de los datos” y permitir una gestión económica eficiente en el siglo XXI. Sin este esfuerzo coordinado, las autoridades seguirán operando con mapas obsoletos en un territorio económico que ya ha cambiado por completo.
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ECONOMIA
Antes de anunciar el cierre de Fate, la otra empresa del grupo Madanes había decidido usar el predio para un contrato que le adjudicó el gobierno

Aunque el gobierno desconociera de antemano la oportunidad de la decisión del grupo Madanes de cerrar la fábrica de neumáticos de Fate situada en San Fernando, tuvo al menos indicios de que eso podía suceder cuando el 1 de septiembre del año pasado adjudicó a Aluar, la otra empresa del grupo familiar, un contrato de USD 4,5 millones en el marco de la licitación AlmaGBA de la Secretaría de Energía, encabezada por María Tettamanti, para la instalación de grandes Baterías Estacionarias (conocidas como BESS, por su sigla en inglés: Battery Energy Storage System) que contribuyan a estabilizar el sistema de generación eléctrica en el Gran Buenos Aires reforzando las redes de Edenor y Edesur.
De hecho, Aluar instalará esas baterías en una fracción del terreno de Fate en San Fernando y poco antes del anuncio de cerrarla había informado a la Comisión Nacional de Valores (CNV), una transacción por USD 27 millones para la compra de una parte menor del predio donde está instalada la planta de fabricación de neumáticos. La suma permitirá a Fate pagar las indemnizaciones y todos los costos asociados a su cierre.
A ese indicio se sumaban las cada vez más fuertes y explícitas declaraciones públicas del principal dueño de Fate y Aluar, Javier Madanes Quintanilla, por los conflictos sindicales con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático de la Argentina (SUTNA), uno de los más duros del país, de orientación trotskista, y la durísima competencia de los neumáticos importados chinos, que se intensificó con la política cambiaria de los últimos dos años, con el precio del dólar corriendo a la zaga de la tasa de inflación, y la reducción del 36 al 16% del arancel a la importación de neumáticos.
Aluar participó de la licitación AlmaGBA y ganó un contrato por 30 MW en el nodo San Fernando, para abastecimiento de Edenor, a un valor de USD 12.590 por MW-mes.
La licitación inicial, anunciada por Resolución 67 de la Secretaría de Energía en febrero de 2025, era por 500 MW, pero dado que algunos precios ofrecidos eran hasta más del 10% inferiores al precio base se adjudicaron finalmente 667 MW a través de diez contratos adjudicados a Aluar, Central Puerto, Coral Energía, Genneia, MSU Green Energy, Rowing e YPF Luz, con una inversión total prevista de unos USD 540 millones en un plazo de 12 a 18 meses.

Los resultados se conocieron, como se señaló, el 1 de septiembre de 2025, hace casi seis meses. Siete contratos, por 500 MW de capacidad, fueron adjudicados para instalar baterías de abastecimiento a Edenor (incluido el de Aluar por 30 MW) y tres para abastecer centrales de Edesur por 167 MW.
En su balance 2025 Aluar informó la asignación de desembolsos de capital por USD 20 millones para ese proyecto, al que dedicará poco más de una hectárea de lo que eran instalaciones de Fate. Como el contrato es por potencia, más allá de cuánta se use, le generará a Aluar ingresos anuales por USD 4,5 millones, con lo que al cabo de diez años recibirá USD 45 millones, precisó el sitio especializado Post Energético.
El precio que Aluar cobrará por la energía de las baterías BESS superará largamente los USD 26 por MWh que cobra por la represa de Futaleufú, cuya concesión vence en junio de este año. Se trata de la central en la provincia de Chubut que abastece a la planta de aluminio emplazada en Puerto Madryn, a un precio diferencial por ser la producción de aluminio un proceso continuo y ultra-intensivo en consumo energético. En Futaleufú están asociadas Aluar y Genneia, la principal empresa de energía renovable de la Argentina, de la familia Brito.
Más aún, el gobierno lanzará una nueva licitación (ahora llamada AlmaSADI) para la instalación de baterías de almacenamiento en todo el país, cuyas condiciones están a cargo de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico SA (Cammesa). La nueva licitación sería por 700 MW de capacidad, según reportó en su momento Econojournal, otro sitio especializado, para reforzar nodos saturados del Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Las baterías BESS ayudan a cubrir picos de consumo y pueden servir también como back up o reemplazo en caso de apagones masivos por fallas en las redes de transmisión o distribución.
En los últimos años, estas baterías se sumaron al boom de los vehículos eléctricos para contribuir a la demanda mundial de litio, lo que permitió que en la segunda mitad del año pasado el precio del mineral, del que la Argentina es el quinto productor mundial, pero en los próximos años podría escalar al tercer o segundo lugar en el ranking internacional de producción, saliera de un período de valores muy bajos que se prolongó desde fines de 2022 y principios de 2023, cuando el precio mundial había llegado a niveles récords y se puso de moda referirse al litio como “oro blanco”.
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