ECONOMIA
¿El dólar está atrasado o es competitivo?: estas son las proyecciones del tipo de cambio para 2026

Con un dólar a la baja, tasas reales positivas y un flujo de divisas que sostiene la oferta, el esquema actual reabre un debate clásico: el nivel del tipo de cambio real, el rol del carry trade, la sostenibilidad de la acumulación de reservas y el rendimiento relativo de las inversiones en moneda fuerte. Esa tensión entre estabilidad y competitividad será uno de los ejes centrales del escenario hacia fin de año.
La discusión sobre si el dólar está «atrasado» o si el tipo de cambio es competitivo puede responderse observando el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), que compara el precio relativo de Argentina frente a sus principales socios comerciales.
En enero de este año, el ITCR multilateral se ubicó en 93,6 puntos y el bilateral con Estados Unidos en 103,9.
Con los datos actuales, es posible afirmar que el tipo de cambio real se encuentra apreciado respecto de buena parte de los períodos en los que Argentina operó con un tipo de cambio holgado, aunque lejos de niveles extremos como los de la convertibilidad. En enero de 2026, el ITCR multilateral se ubica en 93,6 puntos y el bilateral con Estados Unidos en 103,9.
Las diferencias de diagnóstico dependen del punto de comparación. Frente a mínimos históricos como 2001, cuando el ITCRM rondaba 66-73 puntos, el nivel actual no luce tan bajo. Sin embargo, si se lo contrasta con períodos donde el tipo de cambio real fue más alto y los márgenes exportadores resultaron más amplios, el nivel actual sí aparece apreciado. No se trata de una contradicción, sino de una diferencia sobre qué se entiende por equilibrio o competitividad suficiente.
Un punto central es que, si el dólar nominal se mantiene bajo durante demasiado tiempo en un contexto donde la inflación aún persiste relativamente alta, el tipo de cambio real tiende a apreciarse. Eso encarece la economía en dólares y, gradualmente erosiona la competitividad de los sectores transables. En el corto plazo, este efecto no necesariamente se refleja en cantidades exportadas, ya que la canasta exportadora argentina está dominada por productos primarios y condicionada por ciclos productivos, infraestructura y precios internacionales, por lo que el tipo de cambio real opera primero sobre márgenes más que sobre volúmenes. En cambio, el impacto suele ser más visible del lado importador, porque un dólar relativamente barato incentiva las compras externas y, de sostenerse, puede deteriorar el saldo comercial.
No existe un nivel único y universal de tipo de cambio real de equilibrio, pero la evidencia histórica sugiere que valores en torno a 105-120 puntos se asocian con un mayor margen de competitividad. En términos generales, un tipo de cambio real alto favorece la producción transable y la generación de divisas, aunque con costos sobre precios internos y poder de compra. Un tipo de cambio real bajo ayuda a contener inflación y abarata importaciones, pero reduce competitividad y presiona sobre el balance externo. En este marco, el riesgo no necesariamente es un salto inmediato, sino el desgaste que genera sostener un tipo de cambio real apreciado durante demasiado tiempo.
El carry trade volvió a ser protagonista
En este contexto, el carry trade volvió a ganar protagonismo. La estrategia consiste en vender dólares, posicionarse en instrumentos en pesos con tasas altas y volver a dolarizarse más adelante. Mientras el tipo de cambio se mantenga estable o baje, la ganancia proviene de la tasa; pero si el dólar sube con fuerza, el rendimiento en pesos no alcanza a compensarlo y el resultado se revierte.
Los datos de 2025 muestran que la estrategia fue rentable: midiendo el rendimiento en dólares CCL, el carry acumuló una ganancia de 9,36% en el año. El resultado fue positivo, aunque lejos del desempeño excepcional de 2024, cuando el carry había arrojado retornos cercanos al 40% en dólares.

El carry trade acumuló una ganancia de 9,36% durante el 2025
La tabla mensual refleja que el retorno estuvo dominado por el comportamiento del dólar financiero. Los mejores meses fueron abril (+13,75%) y octubre (+6%), explicados por una caída del CCL. En cambio, los peores fueron marzo (-5,10%), julio (-8,49%) y septiembre (-8,30%), cuando el CCL subió fuerte y expuso el principal riesgo de la estrategia, que es la fragilidad ante una devaluación rápida.
El breakeven de la estrategia coincide con la tasa mensual: con rendimientos típicos de 2%–4% mensual, el carry funciona si el dólar no se deprecia por encima de ese umbral. Cuando el tipo de cambio supera ese nivel, el retorno en dólares se vuelve negativo.
Además, el carry tiende a retroalimentarse porque para entrar, se venden dólares, lo que aumenta la oferta y presiona el tipo de cambio a la baja. En paralelo, el Banco Central absorbe parte de esa oferta y acumula reservas, reforzando la expectativa de estabilidad cambiaria y alimentando nuevas posiciones.
Para el desempeño de 2026 conviven dos miradas: una sostiene que la ventana del carry sigue abierta si se mantiene la estabilidad del tipo de cambio y continúa la oferta de divisas (cosecha, energía y financiamiento); la otra advierte la vulnerabilidad del esquema, porque depende de que no haya un salto en dólar y porque los capitales de corto plazo pueden salir rápidamente ante cualquier señal de tensión, en un año con vencimientos relevantes en pesos. La contracara macro es que, si domina el carry, el peso tiende a apreciarse y la economía se encarece en dólares, lo que puede afectar a la competitividad y la dinámica importadora.
Mientras tanto y en línea con lo anterior, las proyecciones de tipo de cambio para fin de 2026 muestran un mercado relativamente alineado en un escenario de estabilidad, aunque con dispersión. El consenso de consultoras y bancos ubica el dólar mayorista en torno a $1.729 para diciembre, con una mediana cercana a $1.700. La estimación implica una suba anual aproximada de 19%, por debajo de la inflación esperada para 2026 (en torno al 25%), lo que sugiere que el escenario base sigue siendo de apreciación real del peso. En otras palabras: el mercado no está anticipando un salto abrupto, sino un deslizamiento moderado del tipo de cambio.
El Presupuesto 2026 aprobado es más optimista y proyecta un tipo de cambio de $1.423 a fin de año. En el otro extremo, el mercado de futuros y opciones (Matba-Rofex) y el REM lo ubican por encima, en torno a $1.750–$1.766. Incluso entre quienes esperan un dólar más alto, el escenario dominante no es el de crisis cambiaria, sino el de un dólar controlado y una corrección gradual.

Las proyecciones de tipo de cambio para fin de 2026 muestran un mercado relativamente alineado en un escenario de estabilidad, aunque con dispersión
La pregunta entonces pasa a ser por qué el dólar está a la baja hoy, aun en un país con historia de tensión cambiaria. La explicación principal está en la dinámica de oferta y demanda. Del lado de la oferta, se combinan flujos de exportaciones, ingresos de capital vía colocaciones corporativas y financiamiento externo, y operaciones vinculadas a deuda (incluyendo emisiones provinciales), que aumentan la disponibilidad de divisas en el mercado. Del lado de la demanda, la tasa en pesos y la expectativa de estabilidad cambiaria reducen el incentivo a dolarizarse, lo que deja al dólar con menos presión compradora.
En ese equilibrio, el rol del Banco Central también es relevante ya que, al comprar divisas para reservas, actúa como «piso» para que el tipo de cambio no caiga de forma más pronunciada. De hecho, sin esa demanda oficial, el dólar podría bajar más en el margen. Este esquema refuerza la estabilidad: más oferta de dólares y menos demanda privada tienden a mantener la cotización contenida, lo que a su vez retroalimenta la estrategia de hacer tasa en pesos.
Esta baja del dólar no es neutra para la economía real. Un tipo de cambio que se atrasa en términos reales puede ayudar a sostener la desinflación y abaratar transables, pero también encarece la economía en dólares y erosiona la competitividad, especialmente para sectores exportadores.
Por el lado de los metales preciosos, el oro fue el gran termómetro del poder de compra del dólar a nivel global. En 2025, la onza pasó de u$s2.609 a u$s4.337 entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, lo que puede interpretarse como que el dólar perdió un 66,23% de poder de compra medido contra el activo de refugio por excelencia. En lo que va de 2026, el movimiento continuó y la onza subió a u$s4.972 en enero, lo que marca un incremento adicional del 14,64% respecto del cierre de 2025. En términos acumulados desde diciembre de 2024, el oro aumentó un 90,57%. Más que una cuestión local, el dato se conecta con un escenario global donde el dólar se mostró más débil.
Rendimientos en dólares
A pesar de ese contexto, en 2025 hubo instrumentos que ofrecieron retornos positivos en dólares para los inversores. Entre las opciones más destacadas aparecieron los bonos dollar-linked (+24,6% medido al CCL) y el S&P 500 (+17,2%), seguidos por bonos soberanos en dólares como el AL30 (+11,9%). Vía tasa en pesos, el plazo fijo tradicional rindió en torno a 9%-10% en dólares. En contraste, otras alternativas que subieron en pesos no necesariamente lo hicieron en moneda dura, como el Merval que cerró con una caída del 3% medido en dólares.

A pesar del contexto, en 2025 hubo instrumentos que ofrecieron retornos positivos en dólares para los inversores.
El escenario cambiario de 2026 se sostiene hoy sobre una combinación de oferta de divisas, tasas reales positivas y un mercado que, al menos por ahora, descuenta continuidad en la estabilidad.
Al mismo tiempo, esa calma convive con tensiones estructurales: un tipo de cambio real que se aprecia si la inflación no baja al mismo ritmo, una estrategia de carry trade rentable pero frágil ante cualquier evento cambiario, y un país que se encarece en dólares mientras intenta recomponer reservas. La cuestión no es elegir dólar o pesos, sino entender el funcionamiento de la rueda actual y el riesgo que supone acumular desequilibrios si el esquema se estira demasiado tiempo.
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ECONOMIA
Productividad récord, salarios en retroceso: la paradoja de la era de la IA

Hace unos días leí un ensayo provocador titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”, publicado por CitriniResearch junto a Alap Shah. No es una predicción, sino un ejercicio mental. Pero como todo buen ejercicio estratégico, no intenta adivinar el futuro: intenta obligarnos a pensar lo impensable.
La pregunta central es incómoda: ¿qué pasa si la inteligencia artificial cumple todas las expectativas optimistas… y eso mismo termina siendo bajista para la economía?
Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores. La máquina de vapor desplazó artesanos, pero expandió la industria. La electrificación transformó fábricas, pero multiplicó la productividad. Internet eliminó agencias de viajes, pero creó gigantes como Amazon y Google.
Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores
Sin embargo, todas esas revoluciones compartían un supuesto silencioso: la inteligencia humana seguía siendo el recurso escaso.
Hoy ese supuesto está en revisión.
Empresas como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta están desarrollando sistemas capaces de escribir código, diseñar productos, analizar mercados, estructurar estrategias y optimizar operaciones a una velocidad y escala inéditas. Jensen Huang, CEO de Nvidia, habla abiertamente de una nueva era industrial basada en “fábricas de inteligencia”. Satya Nadella sostiene que la IA será la electricidad del siglo XXI.
La productividad está aumentando. Los márgenes corporativos mejoran cuando el costo laboral cae. El mercado celebra. Pero la pregunta incómoda es: ¿qué ocurre si esa eficiencia no se traduce en nuevos empleos humanos sino en sustitución estructural?
El ensayo de Citrini plantea un escenario donde se activa un bucle sin freno natural:
La IA mejora → las empresas reducen plantilla → reinvierten en IA → la IA mejora aún más.
Desde el punto de vista individual de cada empresa, la decisión es racional. Desde el punto de vista sistémico, puede ser disruptiva.
Estados Unidos es, ante todo, una economía de servicios profesionales. Los trabajadores “white collar” no solo representan una porción relevante del empleo, sino que concentran la mayor parte del consumo discrecional. El 20% de mayores ingresos explica aproximadamente dos tercios del gasto en sectores como vivienda, educación privada, turismo, tecnología y bienes durables.
Si esos ingresos se comprimen estructuralmente, el impacto macroeconómico puede ser desproporcionado.
No estamos hablando de un escenario subprime como 2008. No es un problema de crédito otorgado irresponsablemente. Es un problema potencialmente más complejo: hipotecas concedidas a profesionales con FICO alto, 20% de anticipo y empleo estable… cuyo ingreso futuro deja de ser previsible porque la naturaleza del trabajo cambia.
El artículo menciona casos de deterioro en mercados como San Francisco, Seattle y Austin, donde la concentración tecnológica es alta. No es casualidad. Cuando el motor de ingresos se redefine, el activo financiero más apalancado del sistema —la vivienda— reacciona.
La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa
Pero el fenómeno no se limita al mercado laboral.
La intermediación, ese conjunto de fricciones que durante décadas justificaron comisiones y márgenes, está siendo comprimida por agentes autónomos. Plataformas SaaS, modelos de suscripción, intermediarios inmobiliarios, sistemas de pago tradicionales como Visa, Mastercard o American Express enfrentan una realidad nueva: cuando el consumidor es un algoritmo que compara todo en tiempo real, la fidelidad de marca pierde peso y la fricción desaparece.
El margen se reduce.
El sector de private equity y private credit tampoco es inmune. Durante la última década, gigantes como Blackstone, Apollo y KKR construyeron estructuras complejas donde aseguradoras financiaban préstamos privados respaldados por flujos “recurrentes” de empresas tecnológicas. Si la recurrencia se ve afectada por automatización acelerada, el supuesto financiero cambia.
La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa. Sin embargo, esta vez el activo que se vuelve abundante es la inteligencia misma.
Y eso obliga a una reflexión estructural.
Los sistemas fiscales modernos se basan en gravar ingresos laborales. Si la productividad se desplaza hacia capital computacional y no hacia salarios, la base tributaria se erosiona. Ya se discuten propuestas que van desde impuestos a la inferencia computacional hasta fondos soberanos vinculados a infraestructura de IA.
El debate político apenas comienza.
Como ingeniera y empresaria que trabaja en tecnología y energía, no veo este escenario como fatalista. Lo veo como una advertencia estratégica.
Primero, no toda automatización es sustitución permanente. La historia muestra que nuevas categorías emergen, aunque no siempre al mismo ritmo que la destrucción inicial. Segundo, la adopción tecnológica real suele ser más lenta que la narrativa. Tercero, la regulación, los incentivos y el diseño institucional pueden moldear resultados.
Pero ignorar la magnitud del cambio sería ingenuo.
Estamos frente a la primera revolución tecnológica donde el factor productivo más valioso —la capacidad cognitiva— deja de ser exclusivamente humano. La pregunta no es si la IA continuará avanzando. Lo hará. La pregunta es cómo rediseñamos los sistemas que asumían su escasez.
El ensayo termina con una frase potente: el canario todavía está vivo.
Estamos en una etapa donde los mercados aún celebran máximos históricos y las inversiones en infraestructura de datos crecen exponencialmente. Pero las decisiones que tomemos hoy —en educación, en política fiscal, en diseño corporativo y en regulación— determinarán si transitamos una transición ordenada o una corrección desordenada.
La inteligencia abundante no es una amenaza en sí misma. Es una herramienta poderosa. Pero toda herramienta que multiplica productividad sin un diseño institucional adecuado puede amplificar desigualdades y tensiones.
La verdadera batalla no es contra la tecnología. Es contra el tiempo.
Tiempo para adaptar marcos regulatorios, para reentrenar capital humano y rediseñar sistemas fiscales.
Tiempo para construir una economía donde el valor generado por la inteligencia —sea humana o artificial— circule y no se concentre.
La crisis de 2028 puede no ocurrir exactamente como la describe CitriniResearch. Pero el ejercicio cumple su objetivo: obligarnos a cuestionar los supuestos invisibles sobre los que construimos nuestras inversiones, nuestras empresas y nuestras políticas públicas.
Porque si la inteligencia deja de ser escasa, el verdadero activo estratégico no será la capacidad de calcular.
Será la capacidad de anticipar.
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ECONOMIA
Créditos hipotecarios sin UVA: cómo son los préstamos de bancos que no ajustan por inflación

Dos bancos rompieron el molde y ofrecen créditos hipotecarios sin UVA: es decir, que las cuotas no ajustan por inflación. La noticia sorprendió y generó revuelo en redes sociales: se trata del Banco Provincia y el Credicoop.
Sin dudas el 2025 fue el año del gran regreso de los créditos hipotecarios al mercado inmobiliario argentino: se entregaron unos 44.000 préstamos para viviendas, lo que lo ubicó como el mejor año desde 2018. Se estima que alcanzaron un volumen total de u$s3.300 millones.
Sin embargo, con la aceleración en la inflación de los últimos meses, bajó la ebullición y se registró cierto amesetamiento. Es en es contexto que dos entidades ofrecenlos créditos hipotecarios cuyo capital no ajusta por UVA.
Crédito hipotecario sin UVA: qué ofrece Banco Provincia
El crédito hipotecario que ofrece el Banco Provincia
Una de las entidades que ofrece esta línea de créditos hipotecarios tradicionales para vivienda es el Banco Provincia. En el ejemplo que muestra en su sitio web, detalla que por cada $100.000 que se pida a 20 años, la cuota inicial será de $2.849,50.
Y cuenta con una tasa nominal anual vencida variable que es actualmente del 39,17% y se calcula con una tasa de encuesta promedio del plazo fijo a 30 días más 4 puntos porcentuales.
Al respecto, el economista Federico González Rouco, de Empiria y especializado en mercado inmobiliario, analizó los créditos luego de que se viralizaran en redes. Aclaró que los del Provincia tienen ya algunos meses, y analizó: «Son a cuota variable con tasa variable. Hoy la tasa es variable y arranca en 39%. Hoy el Provincia tiene la cuota inicial más alta del mercado, más del doble que la del banco con crédito UVA a mayor tasa, y casi 6 veces la del banco con tasa más baja. La diferencia es abismal, por algo no los tomó casi nadie».
El monto máximo que presta es el equivalente en pesos a u$s250.000 y el plazo de la línea es hasta 240 cuotas mensuales.
Entre los requisitos para acceder figuran ingresos formales y comprobables, que pueden provenir de relación de dependencia, actividad autónoma o monotributo. Además, el banco establece una relación cuota-ingreso máxima del 40%, lo que busca evitar que el peso de la deuda exceda la capacidad de pago del solicitante.
La línea está dirigida tanto a clientes que acreditan haberes en la entidad como al público general, incluidos jubilados, pensionados y trabajadores independientes.
Cómo son los créditos hipotecarios del Banco Credicoop

Banco Credicoop también lanzó créditos hipotecarios sin UVA
En tanto, el Credicoop ofrece créditos hipotecarios para comprar una vivienda familiar de uso permanente o no permanente, en hasta 20 años de plazo.
Según detalla en su página web, el monto máximo en pesos es hasta $200 millones, es decir unos u$s140.000 al tipo de cambio actual.
«Con tasa de interés variable en forma cuatrimestral, aplicándose a partir de cada variación la tasa Badlar Bancos Privados con más 4 puntos básicos: tasa de interés inicial vigente para cuotas de marzo a junio 2026: TNA 38,41%», detalla.
Se puede financiar hasta el 70% del valor de tasación para primera vivienda y el 50% para segunda vivienda. No se financia adquisición de lotes o terrenos.
La relación cuota-ingreso no puede superar el 25% de los ingresos netos del solicitante y, en su caso, de su conviviente/cónyuge, que deberá constituirse en codeudor del crédito.
Estarán a cargo del Banco:
- Seguro de Vida
- Tasación
- Honorarios por escritura hipotecaria y levantamiento de hipoteca. El sellado y restantes impuestos son cargo del solicitante.
- Vivienda familiar y de uso permanente: intereses exentos de IVA o deducibles en Impuesto a las Ganancias.
La Ciudad de Buenos Aires lanzó nuevos créditos hipotecarios
Este miércoles, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Jorge Macri, anunció el lanzamiento de una nueva línea de créditos hipotecarios destinada a la clase media, con financiamiento del Banco Ciudad y foco en el acceso a la vivienda propia.
El esquema contempla préstamos a 20 años en UVA + 7,5% anual, aunque con un subsidio del Gobierno porteño de dos puntos porcentuales, lo que reduce el costo financiero efectivo para quienes tomen el crédito.
Para acceder, se exige un ingreso familiar mínimo de $3.200.000, aunque se permite sumar un garante para alcanzar ese piso, lo que amplía el universo de beneficiarios.
La línea está orientada tanto a la primera vivienda como a vivienda única y permanente, una condición que apunta a priorizar a quienes buscan resolver su necesidad habitacional y no a inversores.
El plan establece restricciones para focalizar el crédito en un segmento específico del mercado:
- La propiedad no puede superar los 80 metros cuadrados
- El valor máximo por metro cuadrado es de u$s2.800
Cuotas estimadas y cómo acceder
El presidente del Banco Ciudad, Guillermo Laje, precisó que la cuota inicial se ubica en torno a $80.000 cada $10 millones financiados. De esta manera, un crédito de $100 millones implicaría una cuota cercana a $800.000.
Los interesados podrán iniciar el trámite en sucursales del Banco Ciudad o a través de canales digitales, como la web oficial y el asistente virtual Boti, que funciona dentro del ecosistema de servicios del Gobierno porteño.
El lanzamiento se da en un contexto de reaparición del crédito hipotecario en la Argentina, con esquemas ajustados por UVA y participación estatal para facilitar el acceso en un escenario de ingresos todavía ajustados frente al valor de las propiedades.
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ECONOMIA
Qué produce y exporta a EEUU la pyme que Caputo usa de ejemplo a seguir en plena crisis industrial

En un contexto donde la industria manufacturera nacional registra un uso de apenas 53% de su capacidad instalada y la agenda pública se concentra en cierres, suspensiones y despidos, TTE Transformadores emerge como una excepción en el mapa productivo argentino. La empresa, fundada en Córdoba bajo el nombre de Tubos Trans Electric, enfoca el 95% de sus ventas en el mercado estadounidense y proyecta una facturación anual de USD 300 millones en base a pedidos ya comprometidos hasta 2029. El año pasado, la firma cerró su ejercicio con ingresos por USD 200 millones, un salto que la posiciona como la mayor exportadora argentina de transformadores eléctricos y una de las más relevantes del sector en América Latina.
La presidenta de la compañía, Trinidad Tizado, viajó recientemente a Nueva York y conversó allí sobre el presente y futuro de la empresa con el ministro de Economía, Luis Caputo. El funcionario nacional luego utilizó el caso de TTE como ejemplo de industria competitiva y exportadora, en contraste con el panorama general del sector fabril argentino, durante una presentación en un congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).
La historia reciente de TTE Transformadores se vincula directamente con una apuesta estratégica por la internacionalización y el desarrollo tecnológico. La empresa, presidida por Trinidad Tizado -en la que también trabaja Javier Tizado (h), ex funcionarios ocupó cargos técnicos en las gestiones de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal-, pasó de ser un emprendimiento familiar a duplicar su capacidad productiva tras una inversión de 30 millones de dólares. El salto exportador se consolidó a partir de 2018, cuando la compañía identificó una oportunidad en el mercado estadounidense, marcada por la transición energética, la expansión de los centros de datos y la demanda de nuevos equipos eléctricos.
“Ganamos mercado porque vimos la oportunidad y desarrollamos el mercado con profesionalismo y visión”, señalan en TTE, ante la consulta de Infobae. La firma decidió fortalecer sus procesos industriales y de calidad para cumplir los estándares técnicos más exigentes a nivel internacional. Su cartera de productos incluye transformadores de potencia y de distribución, bienes de alta complejidad tecnológica que pueden tener un valor unitario de entre 1 y 5 millones de dólares y demandan entre uno y dos años de ingeniería y fabricación.

Desde la compañía explicaron a este medio que el 95% de su producción tiene como destino Estados Unidos, donde abrieron una oficina comercial en Houston hace dos años: justo con la llegada al gobierno de Javier Milei, inicio de un período de retroceso de la actividad industrial y, más recientemente, también peleas con algunos de sus líderes. En la oficina texana trabajan cinco personas, dos de ellas argentinas, quienes se encargan de gestionar la relación con clientes y coordinar la logística de entrega de equipos.
El salto en la dotación de personal acompañó la expansión internacional: en los últimos cuatro años, la cantidad de empleados creció un 30% hasta llegar hoy a 255 empleados. La compañía sostiene que la ingeniería argentina sigue siendo el motor de su desarrollo tecnológico y subraya el valor agregado de los bienes que exporta. Para competir en el mercado estadounidense, indican en TTE, resulta imprescindible “estar en la vanguardia tecnológica”, lo que obliga a invertir de manera constante en ingeniería, procesos y talento especializado.
La coyuntura económica local impacta en el funcionamiento de la empresa, aunque la compañía identifica matices respecto de los problemas que afectan al resto del sector industrial argentino. El intento de normalización macroeconómica y el acceso a insumos importados resultan favorables, según fuentes de TTE, dado que muchos de los insumos que utilizan no se fabrican en el país. La flexibilización de regulaciones también permitió a la empresa realizar, por primera vez, una exportación directamente desde planta sin tener que trasladar el producto a un depósito fiscal. “Este mes logramos nuestra primera exportación en planta sin tener que llevar el transformador a un depósito fiscal. Eso genera mucho ahorro de costo y tiempo”, afirman desde la compañía.

Los problemas estructurales del sector manufacturero no están ausentes en la agenda de TTE. Ante la consulta sobre los obstáculos que enfrenta la industria, las fuentes de la empresa remarcan que “lo que más nos importa es ser productivos y competitivos y todos los factores que mencionas en menor o mayor medida afectan”. Una de las principales preocupaciones pasa por la acumulación de crédito fiscal debido a la alícuota quebrada del IVA: los insumos se abonan con una tasa del 21%, mientras que las ventas tienen una alícuota del 10,5%. Este desbalance genera saldos a favor que el Estado demora en devolver y que se devalúan, lo que según explican desde la empresa, podría destinarse a nuevas inversiones si se resolviera con mayor agilidad.
La competencia en el segmento internacional incluye a gigantes del sector como Hitachi, Siemens y GE. TTE sostiene que su estrategia de posicionamiento global se basa en la anticipación de tendencias y la adaptación a las exigencias técnicas de los mercados desarrollados. El modelo de negocios de la firma prioriza la exportación, con ventas al exterior que representan el 95% de su facturación total.
La integración de insumos locales e importados depende de la disponibilidad en el país. “Mucho en la medida que se pueda, pero muchos insumos no se fabrican en Argentina”, admiten desde TTE. La empresa busca encadenamiento con proveedores nacionales y provinciales siempre que sea posible, aunque reconoce que la escala y la complejidad tecnológica de los productos que fabrica requieren componentes que sólo se consiguen en el exterior.
La experiencia reciente de TTE aparece como referencia para el debate sobre el futuro de la industria argentina. El caso de la firma cordobesa fue citado por el ministro Caputo para ilustrar el potencial exportador del sector en un contexto de crisis industrial. El contraste entre la expansión de TTE y la baja utilización de la capacidad instalada en el resto del sector expone la diversidad de realidades dentro del entramado manufacturero argentino.
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