ECONOMIA
El dólar se desploma en el mundo: por qué Caputo celebra mientras los vecinos se preocupan

Todos están hablando del dólar. Pero, a diferencia de lo que ocurre habitualmente, el billete verde más tema de conversación en el resto del mundo que en Argentina. Con la abrupta caída del valor, hay analistas que se animan a pronosticar el fin de una era, la de la dominancia del dólar como moneda de comercio y de reserva mundial.
Y esto pone a Argentina en una situación paradójica: justo ahora que por fin el gobierno de Javier Milei empezó a hacer lo que el mercado financiero le venía reclamando a gritos –que acumulara dólares como reserva en el Banco Central-, empiezan a surgir voces que ponen en duda que comprar la moneda estadounidense resulte un buen negocio.
No es una crítica disparatada, por cierto. A final de cuentas, cuando Donald Trump asumió la presidencia, un año atrás, un dólar valía lo mismo que un euro, mientras que ahora se necesitan u$s1,20 para comprar la divisa europea. Todavía es una cifra lejana al récord de u$s1,60 por euro que se registró durante la crisis financiera de 2008, pero los reflejos de los inversores indican que se teme un debilitamiento adicional.
Es por eso que, mientras en todo el mundo se revalúan las monedas locales frente al dólar y los inversores salen a buscar otro tipo de activos, en Argentina se reaviva el debate: ¿hace bien el gobierno en comprar dólar ahora que están «baratos»? ¿O más bien debería capitalizarse con otro tipo de activos nominados en otras divisas, o en metales como el oro?
Si se lo considera desde el punto de vista de un inversor, no hay duda posible: quien haya guardado dólares bajo el colchón, perdió en un año 4,5% medido en términos de poder de compra en Argentina. Y, si el cálculo se hace en términos de comparación internacional, el índice del dólar marca una pérdida de 11%.
Cambio de flujo
Sin embargo, desde el punto de vista de Toto Caputo, las cosas se ven diferentes, entre otras cosas porque debe hacer frente a un pesado calendario de pagos nominados en dólares -la estimación de los economistas es de unos u$s32.000 millones hasta el fin del mandato de Milei-.
Y lo cierto es que, en este momento de dólar débil, el ministro de Economía tiene varios motivos para festejar.
Para empezar, un mayor flujo de dólares hacia economías emergentes. Cuando el dólar se debilita, los fondos de inversión van a otros lugares donde vean más rentabilidad y seguridad. Y mientras Trump celebra que mejorará la capacidad exportadora de Estados Unidos, los economistas se alarman por una posible suba de la inflación a nivel mundial.
No es la primera vez que ocurre, por cierto. Uno de los presidentes que más se benefició de esa situación fue Néstor Kirchner, quien convivió con el período presidencial de George W. Bush, en el que Estados Unidos acumuló una inflación de 25% mientras, como contrapartida, se producía un alza en los precios de las materias primas, del que Argentina se benefició con el boom sojero.
En aquel momento, Argentina estaba en default, por lo que no obtuvo tanto beneficio del crédito global, como sí lo tuvo el resto de la región.
Pero ahora la situación es diferente. Y hay datos que ya muestran el potencial del nuevo escenario, como por ejemplo que en apenas en lo que va de enero ya entraron a Brasil capitales equivalentes al 85% de todo lo que había ingresado durante el 2025, según un reporte de la consultora brasileña Macro Investimentos. Hablando en plata, entraron en enero unos u$s4.200 millones.
Y, esta vez, Argentina no se queda atrás, como lo demuestra la ola de emisiones de deuda de empresas privadas. Un informe de Romano Group indica que desde noviembre hasta mediados de enero, se había emitido Obligaciones Negociables por u$s6.900 millones. Luego de esa fecha, se concretó la colocación de un título a ocho años por u$s550 millones por parte de YPF, que obtuvo crédito a una tasa de 8,1%.
Cómo devaluar sin devaluar
Pero, acaso lo mejor de la situación para Caputo es que un dólar más débil tiene todos los efectos positivos de una devaluación y ninguno de sus efectos negativos. Es decir, la economía argentina gana competitividad porque el resto de las monedas se revalúan. Y esto genera un efecto político positivo, justo en pleno debate sobre el perjuicio de la apertura comercial sobre la industria nacional.
Tambien el peso argentino se revaluó, pero en mucho menor medida que en los países vecinos. Así, mientras en el mercado cambiario argentino el dólar cayó menos de 2% en un mes, en el brasileño se desplomó un 7%.
«Está costando muy caro quedarse en dólares cash», advierte Andrés Reschini, analista de la consultora F2 quien elaboró un ranking de 25 divisas de economías medianas y grandes, en el que el peso argentino ocupa el puesto 15 de las que más se apreciaron en lo que va del año. Por encima figuran el peso chileno, el mexicano, el yen, el euro y otras monedas europeas.
Apenas cinco divisas se depreciaron contra el dólar, y la principal es una moneda de la que se suele hablar poco en Argentina, pero que en los últimos días cobró un inusitado protagonismo gracias a la polémica por la licitación del gasoducto: la rupia de India, que se abarató 2,3% ante la divisa estadounidense.
¿Qué implica el hecho de que, en términos relativos, la moneda argentina sea más barata que la del resto de la región? Para empezar se atenúa el fenómeno de los últimos dos años, esa diferencia de precios que hacía que se produjeran los tours de compras a Chile y Paraguay.
Pero, sobre todo, en el plano financiero implica una mejor chance para Caputo de emitir deuda en pesos y que resulte atractiva a inversores extranjeros. Después de que el secretario del US Treasury, Scott Bessent, se jactó de haber hecho un buen negocio al invertir en el peso argentino cuando nadie creía que eso fuera posible, ahora hay más fundamentos para que se incremente la demanda de títulos de deuda soberana, que muestran un rendimiento atractivo, al tiempo que baja el índice de riesgo país.
Petróleo potenciado
Otro efecto clásico de un dólar débil suele ser un aumento en los precios de las materias primas. La regla general es que ambos varían en sentido contrario, aunque no en todas las ocasiones ocurre así. Pueden surgir factores geopolíticos -sobre todo, en lo referente al petróleo, sensible a situaciones bélicas- o puede haber cambios en la demanda de China, que alteren el equilibrio en los commodities agrícolas.
Hasta hace pocas semanas, no había dudas entre los analistas, en el sentido de que 2026 no mostraría precios altos en los rubros a los que Argentina está apostando fuerte: petróleo y soja. La intervención de Trump en Venezuela generó expectativas de una baja en los costos del crudo, mientras que los altos niveles de producción agrícola llevaron a pensar en precios a la baja también para el agro.
En compensación, una mejora en los volúmenes producidos mantenía el optimismo. Es así que Caputo mostró a inversores extranjeros en Davos una proyección según la cual ingresarán u$s10.000 millones netos en la balanza comercial energética, lo que implica una suba de 25% en un año, gracias a los avances productivos de Vaca Muerta.
Sin embargo, esas expectativas iniciales sobre una baja del petróleo empezaron a ser cuestionadas, y hasta se comienza a apreciar una tendencia alcista, un fenómeno en el que la debildad del dólar también está influyendo.
Es por eso que ese objetivo de Caputo quizás podría quedarse corto, dado que cuando se proyectaron esas cifras el petróleo cotizaba debajo de u$s60 el barril, mientras ya está en u$s64 y hay analistas que ven potencial de una suba hasta los u$s70.
Dólar para abajo, ¿soja para arriba?
En cuando al potencial de entrada de dólares por la exportación agrícola, hay más incertidumbre. La campaña de soja, el principal producto «made in Argentina», fue buena en términos históricos, aunque un con un 5% menos de volumen que la del año pasado, por efecto de la sequía en algunas regiones. De todas maneras, esto se compensaría con un aumento de los rendimientos en otros rubros, tal como se está notando en el trigo, que produjo un 37% más que el año pasado.
La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario es que el total de la campaña de granos suba un 11,8% interanual, medida en volúmenes.
Y en cuanto a precios, la situación no está clara. Como explica Marianela de Emilio, técnica del Inta, en diciembre había una expectativa de precios al alza de la soja, por el acuerdo entre EE.UU y China, pero el paso de las semanas sin avances concretos hizo que los inversores actuaran con cautela. Además, está el efecto Brasil: nuestro vecino tuvo otra campaña con rendimientos superiores a los esperados, y tiene volumen suficiente como para incidir a la baja en las cotizaciones.
De todas formas, la creciente debilidad del dólar puede todavía jugar una carta a favor de Argentina. Sobre todo, si se termina reflejando en una apreciación del yuan chino y de otras divisas asiáticas que importan la producción local.
Gracias, oro
Finalmente, hay otra consecuencia del dólar débil que está beneficiando a Argentina. O, mejor dicho, al balance del Banco Central: es la suba en el precio del oro, que recuperó su reputación de activo de reserva y es furor a nivel internacional.
Las cifras son de una elocuencia arrolladora: hace tres meses, las tenencias de oro del BCRA valían menos de u$s8.000 millones, mientras que hoy están en torno de u$s10.300 millones.
Esto, junto a la compra de u$s1.100 millones en el mercado cambiario y a la obtención de nuevos préstamos, ayudó a que las reservas brutas del Central superasen los u$s46.000 millones, y que se esté muy cerca de eliminar el déficit de las reservas netas -según estimó el economista Federico Machado, falta apenas u$s48 millones, frente al rojo de u$s1.561 millones de fin de año-.
En definitiva, estos puntos llevaron a que la debilidad del dólar en el mundo resulte una buena noticia para Argentina, al menos en el corto plazo. Pero eso abre nuevos debates: el primero es si hay que vender el oro, aprovechando el alto precio global. El segundo, si finalmente llegó el momento de pasar a una flotación pura del tipo de cambio, aprovechando que el monstruo verde está anestesiado.
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ECONOMIA
El dólar rozó los $1.400 y se aleja del techo de las bandas cambiarias, mientras el BCRA compró otros USD 42 millones

El dólar volvió a acentuar la tendencia a la baja de las últimas semanas, en un marco casi óptimo para que el Banco Central continúe con sus compras diarias de contado, en medio de un sostenido volumen de oferta privada.
El tipo de cambio mayorista recortó diez pesos o 0,7% este martes, a $1.406 para la venta, luego de tocar un mínimo en el día en $1.401, precio que no se daba desde el 18 de noviembre ($1.400), casi tres meses atrás.
El Banco Central fijó en $1.580,27 el techo de las bandas cambiarias, lo que dejó al dólar mayorista a 174,27 pesos o 12,4% del límite superior de libre flotación. No se registraba una distancia tan amplia desde hace casi seis meses, en el 12,5% del 20 de agosto último.
El dólar al público restó 15 pesos o un 1% en su precio de venta, a $1.425 en la ventanilla del Banco Nación. El dólar minorista cae 55 pesos o 3,7% en 2026, mientras que el mayorista recorta 49 pesos o 3,4% en el breve recorrido del año.
El precio del dólar blue recortó otros cinco pesos o 0,3% este martes, a $1.425 para la venta, un mínimo desde el 21 de noviembre. El blue se viene desplomando 105 pesos o 6,9% en 2026.
Un reporte de Wise Capital destacó que la serie compradora de divisas del BCRA “llevó a que las reservas internacionales vuelvan a superar los USD 45.000 millones, en un contexto en el que la misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) está en el país para continuar la segunda revisión del programa económico y el Gobierno se apresta a discutir el cumplimiento de metas y un posible waiver debido a que algunas metas de reservas no se alcanzaron».
“En 2026 se estará testeando la capacidad del programa económico para compaginar satisfactoriamente el ‘trilema’ de incrementar las reservas del Banco Central, retomar el proceso de desinflación, que se interrumpió desde setiembre pasado, en simultáneo con la superación del estancamiento del nivel de actividad, que lleva tres trimestres consecutivos y amenaza con extenderse a este primer trimestre de 2026″, evaluó Jorge Vasconcelos, economista del IERAL de la Fundación Mediterránea.
Con la instrumentación de la ley bautizada como “Inocencia Fiscal”, el Gobierno busca incrementar los depósitos en dólares en base a sumas no declaradas previamente, con la idea de que la medida ayude a reactivar la economía.
El último informe de Balanza de pagos, posición de inversión internacional y deuda externa del INDEC, al cierre del tercer trimestre de 2025, daba cuenta de que los argentinos tenían en su poder USD 251.210 millones en efectivo, de los cuales solo USD 31.389 millones correspondían a depósitos privados en efectivo en moneda extranjera en el sistema financiero.
Esto implica que en medio de la fuerte dolarización de carteras cerca de las elecciones legislativas de octubre último, había unos USD 219.821 millones en billetes en manos de los argentinos que se encontraban fuera del sistema financiero local. Mucho de este efectivo constituye depósitos en el exterior que están declarados, mientras que otra parte se encuentra “en el colchón” o en cajas de seguridad, dentro del país pero fuera de los bancos. Buena parte de estos fondos no está declarado.
El ministro Luis Caputo fue explícito al convocar a los ahorristas: “Ahora sí, todos a llevar sus ahorros al banco”, escribió el titular del Palacio de Hacienda, en una arenga que buscó reforzar la confianza en el nuevo marco legal. “Esto aceleraría fuertemente el crecimiento económico; podríamos bajar más rápidamente los impuestos, ser más competitivos, aumentar el empleo y que haya mejores salarios”, afirmó el jefe del palacio de Hacienda.
La recientemente reglamentada normativa busca incentivar el ingreso al circuito legal de los dólares fuera del sistema. El esquema establece que si el contribuyente cumple con la presentación y pago de impuestos en tiempo y forma, se presume exactitud por defecto y se hace foco en la facturación y no así en el patrimonio.
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ECONOMIA
Polémica por el IPC INDEC: para Caputo, suba de bonos CER confirma la confianza en la medición

Más polemista que nunca, el ministro de economía, Luis Caputo, respondió a sus críticos que la suba en los precios de los bonos CER -es decir, los que ajustan por la inflación- es una demostración irrefutable de que el mercado confía en el Gobierno, y que las discusiones sobre la metodología del INDEC para medir la inflación no incidieron en el humor del público.
Y, efectivamente, estos títulos tuvieron una mejora en su cotización la semana pasada. De hecho, la tasa de interés en el mercado secundario -que se mueve en sentido inverso al precio del bono-, que rondaba el 8,5% para los vencimientos a dos meses, cayó un punto al entorno de 7,5%.
Y el ministro se enojó porque su interpretación no fue compartida por los analistas del mercado. En referencia al controvertido índice del Indec, protestó: «Imagino que si lo hubiéramos cambiado y los bonos hubieran caído de precio, los mismos periodistas estarían titulando: ‘El mercado no le cree al nuevo índice de inflación’».
Sin embargo, para mayor enojo del ministro, hay economistas que hacen el razonamiento inverso: es decir, que si hay mayor demanda de bonos ajustables por CER, es porque la inflación esperada subió y entonces el mercado está buscando cobertura.
«Y si hubieran usado el nuevo índice, la inflación hubiera sido aun mayor y los precios de los bonos también», apuntó Carlos Rodríguez, ex viceministro de economía, que durante la campaña electoral comandó el equipo de asesores de Javier Milei y ahora se erigió en uno de sus principales críticos.
De hecho, la suba de estos bonos coincidió con una revisión al alza que hicieron la mayoría de los economistas sobre la inflación esperada para los próximo meses, como se evidenció en la encuesta REM del Banco Central.
Vuelve el fantasma de la inflación
El argumento de Caputo tiene el objetivo de responder a las comparaciones con Guillermo Moreno en el gobierno de Cristina Kirchner, cuando la falsificación del IPC tenía, entre otros objetivos, la finalidad de abaratar el costo fiscal del pago de intereses de deuda.
Según ese razonamiento, si alguien cree que el IPC no reflejará la inflación real, no se arriesgaría a comprar un bono que toma como indexador, precisamente, al índice del Indec. Es, por cierto, un argumento discutible. Si los inversores compran bonos ajustables por CER es, en todo caso, porque no dudan de que se pagará puntualmente, sin riesgo de «reperfilamiento». Pero la inversión no dice nada en sí sobre la credibilidad del índice: simplemente, el mercado mira dónde hay mayor potencial de retorno.
Por otra parte, el ministro tuvo mala suerte como el «timing», dado que, justo cuando estaba planteando su argumento basado en los bonos CER, se publicó el índice de inflación de la Ciudad de Buenos Aires, que arrojó un preocupante 3,1%. En paralelo, el IPC nacional de enero también se aceleró un poco y cerró en 2,9%.
Peor aun, como recién en febrero se empezará a notar el impacto de las subas tarifarias, la expectativa es que una canasta actualizada reflejaría un IPC mayor a 3% en febrero y marzo.
¿Qué dice el mercado de capitales que mira Caputo? La previsión tácita de inflación -que surge de comparar el rendimiento de los bonos CER con los de tasa fija– indica una expectativa de inflación en torno de 2,3% mensual hasta junio próximo.
Esto ocurre en un contexto de debate sobre si el propio gobierno está provocando una crisis inflacionaria de mediano plazo, cada vez que el BCRA inyecta pesos para comprar dólares, y luego el excedente es reabsorbido por el Tesoro, que emite bonos convalidando tasas de interés elevadas.
La polémica sobre el exceso de pesos
La crítica que se está escuchando por estos días es que, contrariamente a lo que afirma el gobierno, no se está produciendo una suba en la demanda de pesos por parte del público. Un informe del economista Santiago Bergese afirma que la compra de dólares por parte del BCRA tuvo como contracara un aumento del volumen en la cuenta del Tesoro, que se logró, con la transferencia de $2,4 billones desde la banca pública, además de los $2 billones que Caputo absorbió en la última licitación de deuda.
Es lo que lleva a que muchos analistas pongan en duda la vigencia efectiva a un «ancla monetaria».
Un informe de la Fundación Mediterránea indica que, si bien la base monetaria medida «punta a punta» en el mes de enero tiene una leve contracción -de 0,3% nominal y 2,7% real-, el panorama luce diferente cuando se mide el promedio mensual. En ese caso, se observa una expansión nominal de 6% -un crecimiento de 3,1% descontando el efecto inflacionario.
«Este indicador refleja que, a lo largo del mes, la economía operó efectivamente con niveles de re-monetización más elevados que en diciembre», agrega el reporte, que destaca la compra de divisas por parte del sector público como el principal factor que llevó a la expansión de dinero.
El test de la licitación
En todo caso, el test para el ministro de economía se dará en la próxima licitación del miércoles cuando vencen títulos de deuda por unos $9,6 millones -de los cuales, aproximadamente $7 billones están en manos de inversores privados-.
En el «menú» ofrecido por la Secretaría de Finanzas hay bonos ajustables por CER, otros a tasa fija y también dólar linked. Si se repitiera la tendencia observada en los últimos meses, la mayor parte del «rolleo» se centrará en los vencimientos de más corto plazo -hay Lecap a abril y Boncer pagadero a junio-.
¿Qué estrategia adoptará Caputo si no se produce mucha demanda por bonos CER? Probablemente esa situación sería aprovechada por sus críticos para responderle a sus afirmaciones sobre la confianza del mercado. Es por eso que, más que nunca, la lupa de los analistas estará puesta en las tasas de interés que convalide el ministro.
Es una situación que hace recordar a otros momentos en los que Caputo interpretaba el comportamiento del mercado a su favor. El año pasado, si las licitaciones de bonos dólar linked quedaban desiertas, lo interpretaba como un indicador de confianza en la estabilidad cambiaria. Sin embargo, al mismo tiempo la demanda de dólares por parte del público minorista se disparó al punto que se dolarizó la mitad de la base monetaria.
Por esos días, también había demanda por los bonos en pesos, pero Caputo debía convalidar tasas muy altas y la mayoría de los inversores se concentraban en los vencimientos de cortísimo plazo.
Es decir, el «rolleo» de deuda no era precisamente una señal de confianza: en primer lugar, porque resultaba inducido por el propio gobierno, que forzaba a los bancos a tomar títulos públicos, pero además, porque el Banco Central intervenía fuerte en el mercado de futuos. Así, se generaba lo que en la jerga financiera llaman «tasa sintética», que consiste en invertir en un título en pesos y, simultáneamente comprar un contrato en el mercado de futuros, una especie de «seguro anti devaluación». Para que esa operación tenga sentido, la tasa que paga el bono tiene que ser mayor que el costo de la cobertura en futuros.
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ECONOMIA
La inflación de enero fue de 2,9% y acumuló 32,4% en los últimos doce meses

La inflación en enero de 2026 alcanzó 2,9%, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), lo que implicó una variación interanual de 32,4 por ciento. El dato se publicó en medio de los cuestionamientos tras la salida de Marco Lavagna del organismo y la decisión de postergar la nueva fórmula, que significaba la actualización de la canasta de consumos prevista para este mes.
Entre las categorías analizadas, Alimentos y bebidas no alcohólicas encabezó los aumentos del mes, con una suba del 4,7 por ciento. Restaurantes y hoteles registraron el segundo mayor avance, con un 4,1% más.

Dentro del análisis regional, Alimentos y bebidas no alcohólicas tuvo el mayor impacto en la variación mensual, impulsado sobre todo por incrementos en Carnes y derivados, así como en Verduras, tubérculos y legumbres. Por el contrario, las menores subas en el mes correspondieron a Educación, con un 0,6%, y Prendas de vestir y calzado, que registró una baja del 0,5%.
En cuanto a la clasificación por tipo de precios, los Estacionales presentaron el mayor aumento, con un 5,7%, seguidos por el IPC núcleo (2,6%) y los precios Regulados (2,4%).

En efecto, el dato se difundió en medio de un debate sobre la metodología del Indec. La semana pasada se comunicó la suspensión de la nueva fórmula de cálculo que debía aplicarse en enero. Lo que implicaba un cambio de la canasta de consumos de 2004 por la de 2017/2018, y con ello, que los servicios tengan más peso que los bienes. El Gobierno justificó la postergación al afirmar que la modificación se implementará cuando se consolide la desaceleración de precios. Proyectan que esto ocurrirá en julio o agosto.
“El cambio debía realizarse una vez terminado el proceso de desinflación”, dijo el ministro de Economía, Luis Caputo. A la vez, el funcionario nacional explicó que hubo diferencias sobre el momento adecuado para avanzar con la modificación. “Marco (Lavagna) consideraba que para enero eso ya podía estar”, señaló.

Economistas coinciden en que la actualización de los ponderadores con la encuesta de 2017/2018 daría mayor peso a los servicios. “Si esperamos más aumentos de servicios, como ocurrió en el último tiempo (la inflación de 2025 en bienes fue 26,5%, en servicios 43,1%, y la general 31,5%), la corrección del índice a uno que pondera más los servicios habría dado un IPC levemente mayor que el actual”, indicó Florencia Iragui, economista de LCG. Y agregó que si se estanca el proceso de desinflación, el nuevo índice podría dificultar la reversión de la tendencia.
El día anterior se había conocido el dato de inflación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), que fue 3,1% en enero. El acumulado interanual llegó a 31,7%. El registro porteño superó el de diciembre, que había sido de 2,7%. El organismo local atribuyó la suba a alimentos, bebidas, transporte y servicios varios, que incidieron sobre el costo de vida.
Consultoras privadas estimaron que la inflación de enero rondó entre 2,4% y 2,6%. Equilibra calculó una suba de 2,2%. Analytica estimó un promedio mensual de 2,4%. Libertad y Progreso proyectó un avance de 2,6%. Econviews relevó una suba acumulada de 2,8% en supermercados del Gran Buenos Aires. Los pronósticos coinciden en que el proceso inflacionario sigue firme pese a los intentos oficiales por contenerlo.
El informe de Equilibra resaltó que los principales aumentos correspondieron a alimentos y bebidas no estacionales (2,6%) y a precios regulados como tarifas de servicios públicos (2,4%). Analytica registró una desaceleración en la segunda mitad del mes, aunque alimentos y bebidas superaron el promedio general. El aumento de productos básicos afectó especialmente a los hogares de menores ingresos, que destinan la mayor parte de su presupuesto a alimentos.
Libertad y Progreso había proyectado una inflación interanual de 32,1%. La variación mensual estimada de 2,6% resultó apenas inferior al 2,8% de diciembre. Algunas consultoras reportaron señales de moderación en las últimas semanas del mes.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) indicó que los analistas esperan una inflación de 2,4% en enero, 2,1% en febrero y 2,2% en marzo. Para abril proyectan una baja a 1,9 por ciento. Las estimaciones prevén una tendencia descendente, con 1,7% en mayo, 1,6% en junio y 1,5% en julio. Estas proyecciones dependen de la evolución de los precios regulados, la política cambiaria y los acuerdos salariales.
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