ECONOMIA
El gran objetivo de Milei: que el pacto Mercosur-UE ayude a acelerar su ambiciosa agenda de reformas

Solo hay un punto en el que todos están de acuerdo sobre el tratado comercial entre el Mercosur y la Unión Europea: se trata de una instancia «histórica». A partir de allí, empiezan las desavenencias sobre si será beneficioso o perjudicial para la economía, y si implica un refuerzo al esquema global de multilateralismo o, por el contrario, debe ser considerado un avance contra las burocracias internacionales.
Como botón de muestra, el mismo día en que el presidente brasileño Lula da Silva anunciaba el acuerdo junto a Úrsula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, volvían a producirse protestas violentas de agricultores en España y Francia, que se quejan de que productos sudamericanos, como la carne vacuna, no cumplen con los estándares sanitarios europeos.
También hubo quienes desde Europa destacaron el hecho de que, el mismo día, la automotriz china BYD compró una planta en Brasil, lo cual despertó temores de que el acuerdo sirva como método de «triangulación» comercial desde China hacia la UE.
Mercosur – UE y un choque de discursos
Mientras, en Argentina, la Unión Industrial celebró el acuerdo, pero advirtió que implicará la necesidad de que el gobierno garantice una mejora de la competitividad a las empresas locales que ahora enfrentarán la competencia europea. Todos entienden el mensaje entrelíneas: no habrá forma de que los industriales argentinos compitan sin una baja de impuestos y sin un peso menos apreciado.
Si bien esas advertencias de los industriales locales son permanentes, el «timing» de este acuerdo parece particularmente incómodo: justo se acaba de conocer el dato del uso de capacidad instalada en el sector fabril, y el 57,7% confirmó que se está en uno de los peores registros de la historia reciente. En casos particularmente sensibles, como el rubro textil, el desplome llega al 29,2%.
El discurso oficial presenta el acuerdo como una oportunidad: el canciller Pablo Quirno destacó que ahora habrá acceso a un mercado de 450 millones de consumidores, con un alto ingreso per capita y que produce un 15% del PBI mundial.
La proyección oficial es que las ventas del Mercosur hacia Europa crecerán un 39%, mientras que las importaciones lo harán un 17%. De todas formas, los expertos advierten que la apertura será gradual -el cronograma de desgravación arancelaria para algunos productos llega a 10 años- por lo que no debe esperarse un impacto comercial inmediato.
El campo argentino, con cautela frente al acuerdo con la UE
Lo llamativo es que incluso quienes se encuentran en el sector «ganador» del acuerdo -los agricultores y productores ganaderos- se muestran cautelosos. «Si para cumplir una cuota miserable de carne hay que prohibir OGMs (organismos genéticamente modificados) o fitosanitarios, el negocio es pésimo», advierte José Antonio Álvarez, uno de los productores más influyentes en las redes sociales.
Y esos temores no se limitan a los agricultores, sino que también entre economistas y diplomáticos hay quienes comparten esas advertencias. Por caso, Martín Redrado, ex vicecanciller, consideró que el acuerdo «tiene más valor simbólico-político que económico». Contra el discurso oficial, argumenta que en el rubro agrícola no sólo no habrá libre comercio sino que cada producto tendrá cupos de exportación y que, además, se agregará la práctica inédita de que la UE se reserve el derecho de levantar salvaguardias.
La referencia es a la cláusula que le permite a la UE suspender de inmediato importaciones del Mercosur si se produce una desestabilización del mercado agrícola europeo. Y para que se active esta salvaguarda, que implica un arancel del 5%, no es necesario que se vote por mayoría en la UE, sino que alcanza con que un solo Estado miembro la solicite. Es un punto que tiene casi nombre propio: Francia, que lideró el bloque minoritario que votó en contra del acuerdo y teme una crisis política por las protestas de sus combativos agricultores.
Peor aun son los temores sobre que el acuerdo implique la imposición de regulaciones en materia de pesticidas, alimentación animal y uso de antibióticos, que se aplican en UE y se podrían exigir al Mercosur como «medida espejo». Los productores locales creen que bajo esa bandera de cuidado sanitario puede esconderse un retroceso que afecte la productividad del campo argentino.
Acuerdo Mercosur – UE y la batalla por la interpretación política
Pero, más allá de las discusiones sobre la letra del acuerdo, el otro gran debate es la significación geopolítica. Y tampoco en ese punto hay consenso. Para el brasileño Lula lo que se está firmando representa un triunfo del multilateralismo contra el aislacionismo. Es decir, todo lo opuesto a la visión geopolítica de Donald Trump y sus aliados.
«La interdependencia es una necesidad y una realidad. Sólo el trabajo conjunto entre estados y bloque puede promover la paz, prevenir atrocidades y hacer frente a los peores efectos del cambio climático», escribió el presidente en un artículo difundido en la prensa argentina.
Es una interpretación que contrasta con la de Javier Milei, quien en la última cumbre presidencial de Foz do Iguazú, lejos de abogar por un refuerzo del Mercosur, se quejó de la excesiva burocracia del bloque regional, e insinuó que se ha desvirtuado su sentido original, al punto que se transformó en un mecanismo de proteccionismo comercial.
Y, tras señalar el triunfo de gobiernos liberales en países como Chile y Bolivia, advirtió a sus colegas: «O el bloque comienza a acompañar esta nueva realidad o quedará atrapado en una inercia que el mundo ya dejó atrás».
Para Milei, el Mercosur debe adoptar una estrategia de apertura, que no impida a sus países miembros avanzar en otros acuerdos de manera individual. Como, de hecho, está haciendo Argentina con Estados Unidos.
Mercosur: un bloque cerrado
El cierre del Mercosur sobre sí mismo ha sido criticado por los expertos. El bloque tiene un ratio de comercio exterior de menos de 30% del PBI, mientras que el promedio latinoamericano es de 47%, el mundial es 58% y el europeo es 86%.
«El Mercosur ha fomentado hasta hoy el comercio entre sus miembros pero logró escasa vinculación fuera del mismo con terceros (Brasil y Argentina, sus principales miembros, son desde hace varios años unos de los 15 países comercialmente más cerrados del planeta). La alta escala arancelaria del bloque ha fomentado quietud internacional», apuntó Marcelo Elizondo, uno de los consultores más escuchados en materia de comercio exterior.
Lo cierto es que, más allá de los discursos de satisfacción por el final de una negociación de 25 años, sigue predominando cierto escepticismo. Todavía faltan pasos formales, como las aprobaciones de cada parlamento nacional. Y, en lo que respecta a Brasil, donde hay un poderoso lobby industrial, no parece fácil que la apertura se produzca sin resistencias.
Milei, entre Trump y la «agenda woke»
¿Qué rol juega Milei en esta instancia? En lo formal, su discurso es de respaldo total al acuerdo, al que presentará como una victoria de las ideas liberales sobre el proteccionismo de inspiración keynesiana.
De hecho, en estas horas hubo peleas por llevarse el mérito del acuerdo. Por caso, simpatizantes de Mauricio Macri argumentaron que el verdadero punto de inflexión fue el pre acuerdo de 2019, que dejó la recordada escena del canciller Jorge Faurie con la voz entrecortada por el llanto, informándole a Macri sobre el acuerdo.
De todas formas, la fecha que quedará en la historia será la del 17 de enero de 2026. Y el hecho de que Lula esté ausente en la firma de Asunción le dejará a Milei un lugar de protagonismo como líder de una región que se está volcando hacia la derecha en el arco político.
Es una situación no exenta de riesgos políticos para el presidente argentino: debe elogiar el acuerdo con la UE pero, al mismo tiempo, mantener su postura crítica hacia la burocracia de los organismos multilaterales, el proteccionismo ambientalista y la «agenda woke».
Y, por cierto, no puede quedar atado a posturas que siembren la duda sobre su alineamiento total con la política exterior de Trump, algo que abarca desde la intervención militar en Venezuela hasta la suba de aranceles de manera discrecional.
El mensaje para el público argentino
Además de cuidar las señales que serán observadas desde Washington, Milei tiene el desafío de presentar el acuerdo como algo beneficioso para la población argentina, justo en un momento en el que la oposición está viendo en el desempleo industrial una veta para explotar el malhumor social.
Algunos sectores del peronismo tradicional han recelado históricamente del acuerdo con la UE. Tanto que Alberto Fernández, en 2019, lo utilizó como argumento de campaña electoral, argumentando que afectaría al trabajo argentino.
Otros sectores peronistas se muestran más proclives a avanzar en las tratativas con Estados Unidos, al tiempo que se desestimule el comercio con otras potencias.
«La política exterior está a la deriva. Vamos a tener problemas con los americanos: Trump ya advirtió que el libre comercio con China es un límite», protestó el diputado Miguel Pichetto, corriendo «por derecha» al gobierno tras la noticia de el arribo de un barco con 7.000 autos eléctricos de origen chino.
El propio ministro de economía, Toto Caputo, se vio obligado a aclarar que esa importación había sido acordada con las automotrices locales, que las compras a China no pasará del 50% del total de autos eléctricos, y que se está impulsando proyectos para fabricar aquí camionetas de ese tipo.
Pero acaso el punto que más afecta a Milei sea el de los temores industriales. Y se abre una oportunidad política: el acuerdo con la UE implica una obligada mejora en la competitividad de las empresas argentinas. Algo que el presidente quiere que le ayude a imponer su agenda de reformas en los planos laboral, impositivo y regulatorio, cuya consecuencia, según la visión oficial, será una baja en los costos de producción y un menor riesgo a la hora de tomar crédito, invertir y contratar personal.
Para el presidente, la estrategia es que el nuevo escenario le sume apoyo empresarial al debate que se está por definir en el Congreso.
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ECONOMIA
Argentina puede surfear la tensión global pero hay que ser selectivo: cómo invertir

Cuando todo hacia presumir que le mercado tomaría rumbo a nuevos máximos, hemos vuelto a los precios del año 2025, y el volumen de negocios comienza a mermar con inversores que se sienten desilusionados por este retroceso.
Los bancos no solo retrocedieron de precio, sino que están con balances en rojo; el mix de tasas muy altas en pesos activó una suba de la mora en las carteras, y mayor financiamiento en dólares, en donde la brecha de tasas es muy baja, y no alcanzó a que las entidades puedan mostrar resultados positivos.
La tenencia de bonos no reportó ganancias importantes en los últimos meses. En este contexto las acciones cayeron un promedio del 30%, desde el máximo alcanzado post elecciones legislativas del año 2025.
Qué pasa con las acciones y bonos en medio del clima de tensión global
En materia energética, las acciones de este rubro lograron una muy buena performance, si bien no perdieron dinero, el avance de las utilidades no fue de acuerdo con lo esperado. En lo que se refiere a resultados, las acciones se mantuvieron muy cerca del máximo de noviembre de 2025, con Vista siendo la acción insignia del sector, no solo porque gano más dinero, sino porque adquirió más activos, emitió acciones y mejoro notablemente la productividad y eficiencia.
Los bonos soberanos en dólares vuelven a rendir más del 9,0% en todas sus versiones, mientras que la tasa de retorno de los bonos del tesoro de Estados Unidos a 10 años rinde el 4,2% anual, el riesgo país volvió a aumentar, y a estas tasas es atractivo invertir con estos rendimientos.
Argentina tiene vencimientos de deuda de capital e intereses por una suma de u$s31.000 millones hasta diciembre del año 2027, cuenta con dos swap para activar por una cifra mayor a esos vencimientos (el swap de China y Estados Unidos), a eso hay que sumarle el resultado fiscal, la capacidad de tomar deuda en el mercado interno, la venta de activos que haga el Estado y su posterior aplicación para pagar deuda, y las compras de dólares que haga el BCRA, mientras el mercado demanda los pesos que emitió por dichas compras.
El Gobierno no emitirá deuda en el exterior, al menos, mientras las tasas que tenga que pagar sean más altas que la suma del crecimiento del país y la tasa de interés internacional, para que el gobierno tome deuda, deberían ofrecerle dinero a una tasa inferior al 8,0% anual, algo que no esta disponible a corto plazo.
En los últimos días se habló de que Argentina exploraría la posibilidad de buscar financiamiento directo de otros países, citándose el caso de Estados Unidos, Israel, e Italia entre otros.
El mercado ha comenzado a recalcular las proyecciones financieras para el año 2026, el conflicto bélico entre Iran, Israel y Estados Unidos, está cambiando el mapa de los negocios.
La Reserva Federal difícilmente baje la tasa de interés de corto plazo, con lo cual se pondrá más pesado el financiamiento a los mercados emergentes. Además, la tasa de inflación a nivel mundial suba por el shock de precios del petróleo y el gas. Por otro lado, una suba de estos productos impulsará también a los sustitutos como los bio combustibles, en el caso argentino se vería favorecida por la suba de la soja, el maíz y azúcar. Aunque deberíamos destacar que los costos de siembra de estos productos también van a aumentar por los derivados de petróleo que se utilizan.
En el plano financiero, el Relevamiento de Expectativa de Mercados (REM) mostró para los próximos 12 meses una suba probable de la tasa de inflación, y un dólar más calmo. La tasa de inflación a 12 meses vista se espera en el 22,3%, mientras que la tasa de devaluación se ubicará en el 24,1%, el valor del dólar estaría en torno de los $ 1.750 y tendríamos una deflación en dólares del 1,5%.
El dólar sigue sin ser negocio: en qué invertir en este contexto
El dólar seguiría sin ser objeto de deseo, ya que podría subir el 24% anual, cuando una letra en pesos a un plazo similar rinde el 32% anual, o si fuera una letra que ajuste por inflación, rinde inflación más 6,0% adicional.
Las exportaciones seguirán siendo más elevadas que las importaciones, y el país crecería en torno del 3,0% para los próximos 2 años, con lo cual la mejora en la actividad sería importante, ya que vamos a concatenar subas de PBI por 3 años consecutivos, 2025, 2026 y 2027. No lo digo yo, lo dice el Relevamiento de Expectativas de Mercado que informa el Banco Central República Argentina en el que participan más de 50 consultoras del país.
Los bonos soberanos en dólares con rendimiento superior al 9,0% anual son una buena opción de inversión a largo plazo, no creemos que la guerra en medio oriente se extienda en el tiempo, y en algún momento de los próximos 12 meses, deberá ceder la inflación y la tasa de interés internacional.
En acciones hay mucha selectividad, y tensión entre accionistas versus los grupos de control. Los segundos desean invertir grandes sumas de dinero ante el inicio de la carrera tecnológica que te impone la Inteligencia Artificial, sin embargo, los accionistas prefieren más dividendos.
Esto derivó en una baja de los índices de acciones en todo el mundo, en la medida que termine la guerra, se van a alinear los incentivos y creemos que las acciones volverán a tener un gran recorrido alcista, pero a corto plazo, esta tensión y el contexto mundial juegan en contra de los inversores.
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ECONOMIA
Qué pasará con los contratos de trabajo antiguos tras la entrada en vigencia de la reforma laboral

Tras la promulgación de la reforma laboral, muchos trabajadores buscan saber de qué manera impactarán las nuevas reglas en quienes ya están empleados bajo la normativa anterior. Entre los aspectos que concentran mayor atención se encuentra la aplicación de cambios en la contratación, los despidos y el registro de personal en las relaciones laborales vigentes, debido a que estos puntos impactan tanto en la estructura de gastos de las compañías como en los derechos consolidados de los empleados efectivos.
La ley de Modernización Laboral extiende las nuevas pautas a los contratos preexistentes, especialmente en lo referente a la finalización de la relación laboral. Aunque la regla general es que las leyes no son retroactivas y no alteran situaciones previas, en el ámbito laboral existen particularidades cuando los contratos siguen vigentes y quedan efectos pendientes de ejecución.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, lo sentenció en términos contundentes: “La reforma laboral es para todos los empleos, no para los nuevos”. De este modo, ratificó que los cambios contemplados alcanzarán tanto a los contratos previos como a los que se celebren después de la promulgación de la ley.
Uno de los focos de discusión es la transformación del régimen indemnizatorio. La ley abre la posibilidad de reemplazar el sistema tradicional de indemnizaciones por fondos de cese laboral o modelos de capitalización, similares a los del sector de la construcción. De este modo, para las relaciones laborales previas, la fecha de entrada en vigor de la reforma es determinante: si la desvinculación ocurre después de la promulgación, el cálculo se realizará bajo las nuevas reglas.

Abogados laboralistas y previsionalistas consideran que la chance de impugnar la aplicación inmediata de estos cambios es escasa. El fundamento es que, aunque la relación laboral haya nacido al amparo de otra ley, el hecho generador —el despido— acontece bajo la nueva normativa. Por lo tanto, los nuevos criterios para calcular indemnizaciones, la eliminación de recargos por empleo no registrado y los topes fijados por la reforma serán aplicables a quienes ya estaban contratados, lo que podría reducir los montos a pagar por finalización de la relación.
El texto también amplía el período de prueba, que pasará de tres meses a seis u ocho meses, según el tamaño de cada empresa. En este punto, la distinción entre contratos anteriores y posteriores es nítida: quienes ya hayan superado el período de prueba mantienen su estabilidad laboral, derecho adquirido que no puede ser revertido por la reforma sin entrar en conflicto con la Constitución.
La normativa incorpora la figura del “banco de horas”, que permite que las horas extra se compensen con días libres en vez de pagos adicionales. Para quienes ya están empleados, la adopción de este sistema dependerá de acuerdos entre empleador y trabajador, y no será automática.

En cuanto a la responsabilidad solidaria en esquemas de subcontratación, la normativa limita la posibilidad de reclamar a la empresa principal solo en casos de fraude o negligencia grave. Así, la protección de quienes trabajan para empresas tercerizadas se verá restringida una vez que la ley entre en vigor, sin importar la antigüedad del vínculo.
La reforma laboral también modifica la situación de quienes trabajan en plataformas digitales de reparto y transporte, excluyéndolos de la Ley de Contrato de Trabajo y reconociéndolos como independientes con un régimen especial. Esto dificultará futuros reclamos por reconocimiento de relación de dependencia.
En el plano de la informalidad, la ley busca promover el registro de trabajadores no declarados, ofreciendo a los empleadores la condonación de deudas y sanciones. No obstante, la regularización se realizará bajo un esquema que facilita la desvinculación, en comparación con el régimen anterior.
En definitiva, la reforma laboral no se restringe a las nuevas contrataciones, sino que establece nuevas reglas para la resolución de conflictos, despidos y organización de los vínculos laborales, abarcando también relaciones laborales iniciadas en el pasado y bajo un esquema más flexible para las empresas.
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ECONOMIA
Lado B de la disparada del petróleo: el campo sufrirá una fuerte suba de precios de insumos

Una vez más, se produce la paradoja argentina de que, con los precios de las materias primas subiendo a la velocidad, en el campo se teme a una pérdida de rentabilidad. Había ocurrido durante la invasión rusa a Ucrania, y vuelve a repetirse ahora con la guerra en Medio Oriente.
Claro que hay una gran diferencia entre ambas situaciones: antes Argentina era un importador neto de energía, al punto que las compras de petróleo y de gas licuado una inédita cifra de u$s12.868 millones. Es un número similar al que ahora se espera que deje la balanza energética, pero como superávit y no como déficit.
Sin embargo, una primera reacción de euforia entre los economistas afines al gobierno rápidamente se empezó a disipar: la suba del precio del petróleo no necesariamente garantizará una lluvia de dólares para la economía argentina. Primero, porque no está claro que este pico de precios sea sostenible en el tiempo, al punto de favorecer el precio del crudo que se produce en Vaca Muerta.
Pero, además, porque Argentina sigue teniendo muchos costos productivos que están ligados a la cotización del petróleo y del gas. El más obvio es el de la logística internacional, dado que no sólo encarece el combustible sino que se alteran las rutas marítimas tradicionales.
«Los gigantes del transporte marítimo (Maersk, MSC, Hapag-Lloyd) han desviado sus flotas hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza, rodeando África. Esto dispara las tarifas de flete a máximos de seis años y anticipa una nueva presión inflacionaria global por los retrasos en la cadena de suministros», plantea un reporte de Damián Vlassich, líder de estrategia de inversión en IOL.
Pero, además, hay un dato que es crucial para Argentina y suele quedar opacado por el precio del petróleo: es el gas natural licuado, del cual el país sigue siendo importador. Desde el estallido del conflicto en Irán, el gas ha subido al triple de velocidad que el petróleo, dado que se teme por el abastecimiento de Europa, sobre todo después del cierre de la producción en Quatar, que representa un 20% de la oferta mundial.
El gas sube, el agro tiembla
Los expertos están previendo para este invierno la llegada de unos 15 cargamentos de GNL, menos de la mitad de la cifra de hace dos años, pero aun así un costo importante.
Y el precio del gas, que se disparó hasta los u$s17 por millón de BTU para el mercado europeo, enciende alarmas por un tema que afecta directamente al campo argentino: los insumos y fertilizantes que se utilizan en la siembra, particularmente la urea y el fosfato diamónico, son derivados del gas natural.
El antecedente de la guerra de Ucrania alcanza como para que se genere preocupación: en aquel momento, la relación de precios entre la tonelada de urea y la tonelada de soja llegó a un nivel de tres a uno, lo que implicaba para los productores una duplicación del costo de la urea en términos de cosecha.
Ante una situación así, los productores con menores márgenes de rentabilidad pueden verse forzados a disminuir la fertilización de los cultivos, con lo cual se podría reducir el rendimiento de los campos para la campaña próxima, si la situación de Medio Oriente se extiende durante varios meses.
Un reporte de Marianela de Emilio, experta del Inta y Agroeducación, alerta que ya hubo una reacción inicial en los mercados internacionales. Aunque todavía no hay certeza de cuáles serán los precios para los productores argentinos, ya se registró un aumento de los productos en el embarque de exportación. El fosfato diamónico en Nueva Orleans ya subió un 6%, mientras que la urea desembarcada en los puertos brasileños viene con sobreprecio de 20% respecto de su nivel previo al bombardeo en Irán.
El campo revisa las cuentas
Lo cierto es que en este momento los productores están reconsiderando su estrategia comercial, y revisando al alza el cálculo de costos. Hasta la semana pasada, contaban con que la urea les costaría 1,7 toneladas de soja, mientras el fosfato de amonio demandaría 2,7 toneladas. Y súbitamente esos números quedaron viejos.
Es cierto que en las últimas semanas también subieron las cotizaciones de las materias primas agrícolas en el mercado global. Así, la soja cotiza en Chicago a u$s433, un precio inesperadamente bueno si se lo compara con el nivel de u$s370 que promedió el año pasado.
El precio es llamativo, además, si se considera que para esta campaña se vienen registrando volúmenes récord de producción: Brasil llegará a 180 millones de toneladas mientras que Estados Unidos -según la estimación del Departamento de Agricultura (USDA)– cosechará 121 millones de toneladas de soja, un volumen 4,4% superior a la última cosecha.
A primera vista, estos precios parecerían poco justificados, pero hubo situaciones geopolíticas que se impusieron a los fundamentales del mercado. Primero, que la especulación sobre el acuerdo entre China y Estados Unidos, sumada a la decisión de la Corte Suprema -que rechazó las subas arancelarias de Donald Trump– llevaron a los fondos de inversión a la compra masiva de futuros de soja, con lo cual se presionó la cotización al alza.
Y ahora, sobre un mercado que ya tenía precios altos, se agrega la tensión del conflicto en Medio Oriente, que pone una cuota extra de presión.
Mientras tanto, en Argentina, los funcionarios se entusiasman con los excelentes números de la cosecha: la Bolsa de Comercio de Rosario prevé 48 millones de toneladas de soja-levemente por debajo de los 49,4 millones obtenidos el año pasado-, que sumadas a las excelentes campañas de maíz y trigo, totalizarían un volumen récord de 140 millones de toneladas.
Es así que se especula con una liquidación de granos en el orden de u$s40.000 millones, una cifra que no se veía desde 2022, cuando el conflicto ruso-ucraniano llevó la cotización de la soja por encima de u$s630.
El dilema de los productores
Sin embargo, el humor en el campo argentino está lejos de la euforia. A pesar de que el nivel de retenciones volvió a recortarse -está en 24% para la soja, una notable mejora respecto del 33% con el que empezó la gestión Milei- todavía las cuentas siguen sin cerrar.
Ocurre que, en el mercado local, no se están reflejando los mismos precios que se ven en las pantallas de Chicago. Más bien al contrario, se sigue verificando una tendencia a la baja de los precios, lo cual opera como un desincentivo para que los productores cierren acuerdos de exportación.
El precio en Rosario está en $460.000, lo que equivale a u$s326, mientras que en la semana previa a la crisis de Irán la cotización era de u$s330. Lo cierto es que abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la «inviabilidad» del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja.
Pero, sobre todo, el nuevo temor es que, aun cuando el precio de los granos tuviera una reacción alcista como consecuencia del escenario global conflictivo, la expectativa es que ninguna suba del precio podrá compensar al aumento en el costo de los insumos y fertilizantes. En otras palabras, petróleo y gas caro matan a suba de la soja.
Bajo estas circunstancias, el entusiasmo inicial por la gran campaña agrícola se transformó en una sensación de crisis. Y los productores se enfrentan a una disyuntiva: la primera opción, aconsejada por los consultores, es fijar precios ahora -aun sabiendo que no son atractivos- porque en el futuro se puede agravar la relación insumo/producto. La segunda es más tradicional: esperar con el producto en los silobolsas, con la expectativa de que suba el dólar o que Toto Caputo otorgue un nuevo incentivo impositivo.
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impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
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