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ECONOMIA

El IPC actual subestima la inflación

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FEl cambio, que ajustará la ponderación de cada rubro, permitirá conocer recién en febrero los primeros resultados del nuevo índice (Foto: EFE)

La inminente modificación en la estructura del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que comenzará a regir en enero de 2026, plantea interrogantes sobre la precisión de las estadísticas oficiales en materia de inflación en Argentina. El cambio, que ajustará la ponderación de cada rubro, permitirá conocer recién en febrero los primeros resultados del nuevo índice. Mientras tanto, la medición de enero continuará utilizando la base de diciembre de 2025.

El principal problema del IPC actual radica en que su estructura responde a un patrón de consumo relevado en 2004. En más de 20, las costumbres de los hogares y el avance de la tecnología han modificado la composición del gasto familiar de manera profunda. Sin embargo, hasta el cambio previsto para 2026, las estadísticas oficiales seguirán atadas a una canasta desactualizada, lo que genera distorsiones en la medición de la inflación.

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La canasta que utiliza el Indec se construye a partir del análisis de los gastos de lo que denomina una “familia tipo dos”: un matrimonio heterosexual de 30 años con dos hijos pequeños

La canasta que utiliza el Indec se construye a partir del análisis de los gastos de lo que denomina una “familia tipo dos”: un matrimonio heterosexual de 30 años con dos hijos pequeños. Este hogar, según la metodología oficial, consume regularmente productos como carne, papas, fideos, ropa, medicamentos, utiliza transporte público, alquila vivienda y abona servicios como luz, gas y agua. Cada uno de estos rubros recibe una ponderación determinada, es decir, un porcentaje del gasto total mensual.

El problema central es que estos porcentajes, establecidos en 2004, no reflejan los cambios en los patrones de consumo ni la aparición de nuevas necesidades. Por ejemplo, el rubro Alimentos y Bebidas representa el 37,8% del IPC, pero dentro de él, carnes y sus derivados tienen un peso del 12% y pan y cereales, un 12,1 por ciento.

En 2004, el consumo anual
En 2004, el consumo anual de carne vacuna por habitante era de 63 kilogramos; en 2024, esa cifra descendió a 50 kilos (Foto: Revista Chacra)

En 2004, el consumo anual de carne vacuna por habitante era de 63 kilogramos; en 2024, esa cifra descendió a 50 kilos. La caída obedece, entre otras razones, a la pérdida de poder adquisitivo y a la sustitución por otras carnes como cerdo y pollo. Sin embargo, la ponderación de la carne vacuna en el índice sigue arrastrando datos antiguos.

Otro ejemplo es el alquiler de vivienda. Según el Indec, este gasto representa solo el 3,5% del presupuesto familiar mensual. Sin embargo, un departamento de dos ambientes en el Gran Buenos Aires difícilmente cueste menos de $400.000 al mes. Si se toma un ingreso mensual familiar de $1.600.000 (según el Ripte) y se asume que todo se destina al consumo, el gasto en alquiler asciende al 25% del ingreso, muy lejos del que reconoce la estadística oficial.

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Según el Indec, el alquiler representa solo el 3,5% del presupuesto familiar mensual. Sin embargo, un departamento de dos ambientes en el Gran Buenos Aires difícilmente cueste menos de $400.000 al mes

Una situación similar ocurre con los servicios de medicina prepaga. El Indec sostiene que la familia tipo destina el 3,2% de sus gastos mensuales a la cobertura médica. Sin embargo, una prepaga básica no baja de $200.000, lo que equivale al 12,5% del ingreso mensual bajo el mismo supuesto. El desfase entre la realidad y la ponderación oficial es evidente.

La obsolescencia del IPC se aprecia también en los consumos tecnológicos. En 2004, los teléfonos celulares carecían de acceso a internet y cámaras fotográficas; hoy son herramientas imprescindibles. El costo de los servicios asociados se ha incrementado y la forma de consumir información y entretenimiento ha cambiado: la lectura de diarios impresos cedió terreno a los portales digitales y las plataformas de streaming desplazaron a las salas de cine tradicionales.

Para gran parte de la
Para gran parte de la población, el índice oficial no refleja el encarecimiento que perciben en sus bolsillos (Foto: Reuters)

La consecuencia directa de mantener un IPC antiguo es la subestimación sistemática de la inflación real. Por eso, para gran parte de la población, el índice oficial no refleja el encarecimiento que perciben en sus bolsillos. Esta brecha alimenta la desconfianza en las cifras oficiales y genera un desfasaje en la percepción social sobre el verdadero costo de vida.

La distorsión también impacta en la medición de los salarios reales. Si se observa la evolución del índice de sueldos del sector privado formal, ajustado por el IPC, la estadística muestra que para octubre de 2025 (último dato disponible), el salario real estaba en niveles similares a los de noviembre de 2023.

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Según estos datos, tras una caída hasta marzo de 2024, los salarios habrían experimentado una fuerte recuperación, para luego acompañar la inflación informada por el Indec.

Si se observa la evolución
Si se observa la evolución del índice de sueldos del sector privado formal, ajustado por el IPC, la estadística muestra que para octubre de 2025 (último dato disponible), el salario real estaba en niveles similares a los de noviembre de 2023 (Foto: Reuters)

Sin embargo, la sensación generalizada es que el dinero alcanza cada vez menos. Esto se explica porque el IPC subestima la inflación, y como resultado, el aumento nominal de los salarios supera al índice, sin que ello se traduzca en una mejora real del poder adquisitivo.

La mayor proporción de los ingresos se destina a cubrir gastos ineludibles como vivienda, servicios públicos, transporte y salud, dejando un margen cada vez menor para alimentos, vestimenta o esparcimiento. Por eso, el consumo no repunta y la recuperación salarial resulta, en los hechos, insuficiente.

La sensación generalizada es que
La sensación generalizada es que el dinero alcanza cada vez menos. Esto se explica porque el IPC subestima la inflación
Fuente: Elaboración propia en base a Ripte e Indec

El impacto de un IPC desactualizado se extiende al análisis del tipo de cambio real. Si la inflación está subestimada, el tipo de cambio ajustado por el IPC muestra un peso más fuerte de lo que es en realidad, lo que puede llevar a interpretaciones erróneas sobre la competitividad de la economía. Esto se traduce en una combinación de salarios reales más bajos y un tipo de cambio distorsionado, que afecta el consumo, la actividad y la supervivencia de las empresas.

Entre noviembre de 2023 y agosto de 2025, cerraron 15.050 empresas, golpeadas por la pérdida de competitividad y el encarecimiento relativo de los costos internos.

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La introducción de un nuevo IPC en enero de 2026 supone una mejora, aunque parte de una base atrasada

La introducción de un nuevo IPC en enero de 2026 supone una mejora, aunque parte de una base atrasada: la canasta de bienes y servicios se actualizará con una demora de diez años. Si bien es preferible a continuar con el esquema de 2004, el índice de 2016 tampoco refleja por completo los cambios más recientes en los hábitos de consumo.

En definitiva, la falta de actualización oportuna del IPC genera cifras que no logran captar la dinámica real de los precios, distorsionan el análisis macroeconómico y afectan la credibilidad de los datos oficiales. La consecuencia es una brecha entre la estadística y la experiencia cotidiana, que erosiona la confianza y dificulta la toma de decisiones tanto en el ámbito familiar como en el empresarial.



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ECONOMIA

ANSES: quiénes cobran hoy, jueves 15 de enero

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Las personas con jubilaciones y pensiones mínimas cuyo DNI termina en 4 acceden hoy a sus pagos, tanto por depósito bancario como en sucursales habilitadas de ANSES

La Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) continúa con el pago de jubilaciones, pensiones y asignaciones sociales según su calendario de pagos. Millones de beneficiarios en Argentina acceden a estos ingresos organizados de acuerdo con la terminación de su Documento Nacional de Identidad (DNI), con montos actualizados para cada prestación.

Cobran los titulares de jubilaciones y pensiones que no superan la jubilación mínima, con DNI finalizado en 4 (cuatro). El pago se puede recibir mediante depósito bancario o en las sucursales habilitadas, según la preferencia del beneficiario.

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Reciben su haber quienes perciben pensiones no contributivas y tienen documentos terminados en 8 (ocho) y 9 (nueve). Esta modalidad incluye prestaciones por invalidez o vejez y sigue el criterio de terminación del DNI.

Quienes cobran pensiones no contributivas
Quienes cobran pensiones no contributivas por invalidez o vejez reciben su haber si su documento finaliza en 8 o 9, siguiendo el orden asignado por la ANSES

Los titulares de la Asignación Universal por Hijo y Asignación Familiar por Hijo con documentos terminados en 4 (cuatro) pueden disponer de los fondos en sus cuentas para su retiro.

Las beneficiarias de la Asignación por Embarazo con DNI finalizado en 3 (tres) reciben el pago correspondiente, según el calendario habitual.

Acceden al pago las titulares de asignaciones por prenatal y maternidad cuyos documentos finalizan en 2 (dos) y 3 (tres), de acuerdo con la lógica de distribución establecida por ANSES.

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El monto de la jubilación
El monto de la jubilación mínima en enero 2026 alcanza $419.299,32 gracias al bono extraordinario de $70.000 previsto por el Decreto 274/2024

Durante enero, la jubilación mínima es de $349.299,32. A este monto se suma un bono extraordinario de $70.000, por lo que el ingreso total llega a $419.299,32 para quienes perciben el mínimo. El haber máximo vigente para jubilados es de $2.293.796,92.

La Pensión Universal para el Adulto Mayor se determina en $279.439,46. Con el bono extraordinario, el pago total asciende a $349.439,46. Las pensiones no contributivas por invalidez o vejez tienen un haber base de $244.509,52. Sumando el bono extraordinario, el monto a cobrar es de $314.509,52.

Todos estos valores se fijan según el Decreto 274/2024, que regula los montos y el mecanismo de actualización.

La Pensión Universal para el
La Pensión Universal para el Adulto Mayor suma un total de $349.439,46 en enero, incluyendo el bono extraordinario otorgado por la ANSES (ANCCOM)

La Asignación Universal por Hijo se fija este mes en $125.518 por niño. Para beneficiarios con discapacidad, el monto asciende a $408.705 mensuales.

En la Asignación por Embarazo, el monto es de $118.454,32 por hijo. El ochenta por ciento se abona mensualmente y el veinte por ciento restante queda condicionado a la presentación anual de la libreta.

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La Asignación Familiar por Hijo para familias del primer rango de ingresos es de $62.765. Otros grupos familiares reciben valores que oscilan entre $13.800 y $28.000, según la situación. Para las asignaciones por prenatal y maternidad, el pago mensual para titulares que cumplen los requisitos es de $28.000.

Todos estos importes se ajustan automáticamente cada mes según la movilidad y el Índice de Precios al Consumidor. El sistema de actualización periódica, establecido en la normativa vigente, mantiene la protección y previsibilidad de los ingresos para quienes dependen de estas prestaciones sociales.

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ECONOMIA

Obligaciones negociables: una inversión segura con altos rendimientos de hasta 10% en dólares

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En un escenario donde el ahorrista argentino sigue buscando alternativas para proteger su capital en moneda dura, las obligaciones negociables (ON) vuelven a ganar protagonismo como una de las inversiones más atractivas del mercado.

Emitidas por empresas privadas, con rendimientos en dólares que superan ampliamente a los instrumentos tradicionales y con un riesgo acotado, las ON se consolidan como una opción cada vez más elegida tanto por inversores sofisticados como por pequeños ahorristas.

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Las obligaciones negociables son títulos de deuda corporativa mediante los cuales las empresas se financian en el mercado de capitales. A cambio, se comprometen a pagar intereses periódicos y a devolver el capital al vencimiento. A diferencia de las acciones, no otorgan participación en la compañía, pero sí ofrecen previsibilidad en los flujos y una rentabilidad conocida desde el inicio.

Desde Balanz sostienen que «es un instrumento que se comercializa en el mercado de capitales tanto local como internacional».

A lo anterior, agregan: «Es un activo de renta fija, ya que representa una promesa cierta de repago futuro tanto de su capital como del interés».

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En lo que hace a los fundamentos de las mismas, «son una fuente de financiamiento para la empresa emisora y una posibilidad de inversión para los inversores», concluyen.

Uno de los principales atractivos de las ON es su rentabilidad en dólares. Mientras los plazos fijos en moneda extranjera pagan tasas de interés que en el mejor de los casos llegan al 5,5% anual, las ON hoy ofrecen retornos que pueden llegar al 10% anual en dólares, e incluso más en algunos casos puntuales. Este diferencial explica por qué crecieron con fuerza en las carteras conservadoras y moderadas.

A esto se suma que la mayoría de estas emisiones corresponden a empresas líderes, con ingresos dolarizados o vinculados a sectores estratégicos como energía, petróleo, gas, telecomunicaciones y agroindustria. Compañías como YPF, PAE, Vista, Tecpetrol, Telecom o Arcor han recurrido en reiteradas oportunidades al mercado para financiar proyectos de expansión, lo que refuerza la percepción de solidez detrás de estos instrumentos. A manera de ejemplo, a continuación se menciona algunas de ellas con la tasa de interés anual, que por lo general pagan en forma semestral:

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  • Mastellone Clase G: 10,9%
  • Edenor Clase 3: 9,75%
  • Telecom Clase XXI: 9,7%
  • Pampa Energia Clase 9: 9,13%
  • Vista Energy: 8,5%

Cómo se invierte en ONs

Desde IOL aportan que «se puede invertir en las suscripciones que participe IOL tanto para nuevas Obligaciones Negociables como para reaperturas de ONs que ya fueron emitidas. Se debe tener en cuenta que tienen fechas límite, pero se puede conocer de antemano toda la información como el monto mínimo, la tasa de interés y el riesgo de la empresa».

Pero, además, agregan que «se puede comprar y vender Obligaciones Negociables en el mercado secundario cualquier día hábil con pesos o dólares en horario de rueda, para lo cual es conveniente seguir de cerca como evolucionan las cotizaciones y la liquidez». 

Qué las diferencia de otros instrumentos

Otro punto clave es la seguridad relativa que ofrecen frente a otras alternativas en dólares. Si bien ninguna inversión está exenta de riesgo, las ON cuentan con mayor respaldo que los bonos soberanos y, en muchos casos, incluyen cláusulas de protección para el inversor, como garantías, fideicomisos de pago o prioridad de cobro frente a otros acreedores. Además, al tratarse de deuda corporativa, su desempeño está más vinculado a la salud financiera de la empresa que a la volatilidad política o fiscal del país.

Desde el punto de vista operativo, las ON también resultan accesibles. Se pueden comprar y vender en el mercado secundario a través de un bróker, en pesos o en dólares, y algunas emisiones permiten ingresar con montos relativamente bajos. Esto democratizó el acceso a un instrumento que durante años estuvo reservado a grandes inversores institucionales.

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En términos de liquidez, si bien no todas las ON tienen el mismo volumen de operaciones, las más negociadas permiten salir antes del vencimiento sin mayores inconvenientes. Esto les da flexibilidad frente a otros instrumentos de renta fija que obligan a inmovilizar el capital durante largos períodos.

El contexto macroeconómico también juega a favor. Con un escenario de mayor estabilidad cambiaria, expectativas de inflación estable o en el mejor de los casos a la baja y una reconfiguración del mercado financiero local, las ON aparecen como un puente ideal para dolarizar carteras sin necesidad de recurrir al dólar billete ni asumir riesgos excesivos. Para muchos inversores, representan un equilibrio atractivo entre seguridad, rendimiento y previsibilidad.

No obstante, los especialistas recomiendan analizar cada emisión en particular: evaluar el perfil crediticio de la empresa, el plazo, la tasa, la moneda de pago y las condiciones legales. Diversificar entre distintas ON y sectores también es clave para reducir riesgos.

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En síntesis, las obligaciones negociables se posicionan como una de las mejores alternativas para quienes buscan invertir en dólares, con rendimientos altos y un riesgo controlado, en un mercado que vuelve a ofrecer oportunidades para el ahorrista argentino. En tiempos de incertidumbre, la renta fija corporativa vuelve a ocupar un lugar central en las estrategias de inversión.

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ECONOMIA

Cambios en la tarjeta de crédito: se usa menos para financiar compras y más para llegar a fin de mes

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«La tarjeta deja de ser un instrumento de conveniencia para convertirse en una herramienta defensiva. Se usa para llegar, no para crecer», enfatizó el estudio

El uso de la tarjeta de crédito por parte de los consumidores argentinos tiene más relación con la necesidad de llegar a fin de mes ante aprietos económicos que con su intención de mejorar sus consumos. El hábito de tarjetear, de esa manera, es una señal de alarma en la “situación financiera desgastada” antes que un signo de optimismo, según un informe de D’Alessio IROL.

La morosidad en el financiamiento con tarjetas alcanzó el 8% y eso, asegura el reporte, “es una señal temprana de fatiga económica en una clase media que sigue pagando, pero cada vez con menos margen de error. En este contexto, la tarjeta deja de ser un instrumento de conveniencia para convertirse en una herramienta defensiva. Se usa para llegar, no para crecer».

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Pagar con plástico, de esa forma, se volvió “una forma de administrar el límite y estirar el mes. Cuando el ajuste se prolonga, esa estrategia empieza a mostrar desgaste”.

El Estudio Sistemático de Medios de Pago elaborado por D’Alessio IROL revela que en 2025 el 35 % de los argentinos enfrenta dificultades para afrontar las deudas crediticias, las de tarjeta de crédito en particular, un fenómeno que afecta especialmente al grupo de entre 35 y 45 años que recién comienza a formar familia, sin distinción de nivel socioeconómico. Además, el informe detalla que 2 de cada 10 encuestados destina el 75 % de sus ingresos al pago de deudas.

La investigación indica que 6 de cada 10 personas observan cada vez más obstáculos para “mantener su economía personal en la calidad de vida respecto al año anterior”, y que el ajuste económico ”dejó de ser coyuntural para volverse parte de su vida cotidiana“. Y en lo que hace al dinero plástico destacó que, según datos oficiales, el 90,7% de las operaciones con tarjeta se hacen en un solo pago. Por ello, el uso de la tarjeta como vía de financiamiento para el consumo se ve reducido a atrasar el pago para transitar el fin de mes con mayor holgura.

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Frente a este panorama, el estudio afirmó que el 81% de los argentinos ha modificado sus hábitos de consumo para adaptarse a la coyuntura, con estrategias que combinan de planificación, flexibilidad y búsqueda activa de ahorro. A la hora de comprar, el 44 % opta por la adquisición semanal en supermercados, mientras que el 36 % alterna compras grandes con pequeñas transacciones, eligiendo entre supermercados y comercios chinos, motivados por la búsqueda de promociones y descuentos.

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Este escenario se enmarca en un contexto en el que, según la investigación de D’Alessio IROL, un 61% de los encuestados dijo en diciembre pasado que su situación económica personal es peor que un año atrás mientras que solamente el 34 aseguró estar mejor.

En base a estos datos, el estudio concluyó que en la Argentina actual la tarjeta de crédito funciona como puente de liquidez y no como motor de crecimiento de la economía personal.

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“El riesgo ya no es solo la morosidad, sino la fatiga financiera silenciosa. El crédito no se usa para crecer, se usa para llegar a fin de mes”, señaló el estudio.

Destacó además que la utilización de tarjetas de crédito alcanza una presencia dominante en todos los niveles socioeconómicos de la población argentina, con porcentajes elevados en todos los casos de usuarios que informan haberlas utilizado para compras en el último mes, de acuerdo con el Estudio Sistemático de Medios de Pagos de D´Alessio IROL.

Una tendencia reflejada es la multiplicidad de opciones: solo el 10% de los usuarios utiliza un único medio de pago, mientras que, en promedio, cada persona dispone de al menos 5 alternativas para pagar y utiliza de manera habitual 4 de ellas. Este panorama marca un giro fundamental en la relación con el sistema financiero, “donde se privilegia la evaluación constante de cada medio de pago sobre la exclusividad de un solo proveedor».

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El 89% de los usuarios consultados en la investigación dijo no abandonar su medio de pago principal, aunque sólo el 30% lo prioriza frente a otras alternativas. Lejos de atarse a la fidelidad de una determinada tarjeta o aplicación, las múltiples opciones dieron paso a una elección continua en cada transacción.

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