ECONOMIA
El mercado espera más claridad sobre cómo se acumularán reservas y el riesgo país no logra aún perforar los 600 puntos

REUTERS/Agustín Marcarian
Luis Caputo tuvo que salir a aclarar a finales de esta semana que “nunca hablamos con los bancos de un rescate, ni de USD 20.000 millones”.
El ministro habló incluso de una “operación con la sola intención de generar confusión”. Sin embargo, en las semanas previas a las elecciones ningún funcionario de su equipo había desmentido la versión. Todo era de ayuda en ese momento de incertidumbre política para dar la idea de un gran respaldo norteamericano, tanto del Tesoro como de las principales entidades.
Las versiones sobre una nueva ayuda financiera están relacionadas con el vencimiento de USD 4.300 millones de capital e intereses de bonos en dólares que debe enfrentar el Gobierno el próximo 9 de enero. No hay dudas sobre el cumplimiento de este compromiso, pero no está claro cómo se afrontará. Ahora la posibilidad más clara es un nuevo “repo” con bancos internacionales. Esto es, financiamiento garantizado con bonos en dólares. El Gobierno ya recibió USD 3.000 millones por esta vía en lo que va de 2025. Sería el modo de afrontar el vencimiento de enero.
Mientras tanto, el Tesoro empezó a comprar dólares en la última semana, llevando la cotización del oficial de 1.420 a 1.450 pesos. Por ahora son compras menores, pero no cabe descartar una aceleración en la medida que no generen un salto significativo en el tipo de cambio.
La posibilidad de volver a los mercados voluntarios de deuda luce cada vez más cerca, sobre todo luego de la última colocación del Bono Tango por parte de la ciudad de Buenos Aires. Se pagó una tasa de 8,1% anual por una duración promedio de siete años. Pero el diferencial es favorable para el distrito porteño, que no defaulteó su deuda en 2002 ni en 2020, cuando el gobierno nacional optó por reestructurar con fuertes quitas.
La turbulencia que afectó a Wall Street en las últimas dos semanas complicó, o al menos demoró, el objetivo del Gobierno de recuperar el acceso al mercado de financiamiento voluntario.

EFE/EPA/JUSTIN LANE
En los próximos días quedará claro si se trata de una simple toma de ganancias tras la fuerte suba de acciones de empresas vinculadas a la Inteligencia Artificial o de una tendencia bajista más profunda. En todo caso, los inversores decidieron ser más cautelosos y alejarse de activos de riesgo. Así bajó fuerte el Bitcoin, pero también sufrieron acciones y bonos argentinos, con el consiguiente repunte del riesgo país.
El equipo económico sigue sin dar mayores precisiones sobre cómo piensa acumular reservas. La compra de dólares por parte del BCRA, con la consiguiente emisión de pesos, no parece ser una opción a corto plazo. Incluso Milei le puso paños fríos hace una semana: “Si recuperamos el acceso a los mercados no precisaríamos recurrir a la compra de dólares”, explicó.
Es indudable que el “Talón de Aquiles” del Gobierno sigue pasando por la falta de reservas netas en el Central. Esto expone más la economía a los vaivenes del mercado internacional (como sucedió en los últimos días) y a cualquier ruido interno.
Argentina quedó muy cerca de volver a los mercados a principios de este año, cuando el riesgo país cayó hasta 560 puntos, pero no lo logró. Ahora se presenta una segunda oportunidad, que parece incluso más cercana que hace casi un año. Ahora la situación política es más holgada para el oficialismo, con mayor cantidad de legisladores propios para avanzar con reformas estructurales. A eso se suma un apoyo inédito del gobierno de EEUU. Incluso el tipo de cambio luce mucho más adecuado.
En lo que no se logró avanzar es en fortalecer al Central con reservas propias. El Gobierno todavía está USD 7.500 millones debajo de la meta de reservas netas que debe cumplir con el FMI para fin de año. Es muy difícil llegar a ese objetivo entre nuevo financiamiento de bancos (vía repo) y compras paulatinas del Tesoro en las próximas semanas.
La reactivación de la economía es otro tema que habrá que monitorear de ahora en más y es una de las prioridades de Economía. El BCRA viene induciendo una fuerte baja de tasas y el jueves definió una importante reducción en los encajes diarios que exige a los bancos, pasando del 95% obligatorio a solo el 75%. De este modo libera pesos y se avanza de a poco en la remonetización de la economía.
REUTERS/Agustin Marcarian/
Pero el camino viene con algunos obstáculos, porque la inflación viene subiendo por cinco meses consecutivos y en noviembre mantendría la tendencia alcista. Las principales consultoras ya estiman que el mes podría finalizar en niveles de 2,5 por ciento. Hubo fuertes subas en la carne y también aumentos en combustibles, boletos de colectivo y tarifas de luz y gas. A eso se le suma la búsqueda de las empresas de recomponer márgenes de rentabilidad perdidos a lo largo del año. Un indicio: en octubre por primera vez en casi seis meses la inflación minorista superó a la mayorista.
El aumento de los insumos importados por la suba del dólar a lo largo del año no se había podido trasladar ante la imposibilidad de trasladar esos aumentos al consumidor, en medio de la caída de ventas. Por eso, el proceso de expansión monetaria para acompañar la recuperación de la actividad deberá ser cuidadoso para evitar un rebrote inflacionario mayor.
Tanto la recuperación del nivel de reservas como de la actividad económica despuntan como los grandes temas que definirán la agenda económica del 2026. Y muy probablemente los que marquen la fortaleza del Gobierno para evitar la “crisis del tercer año” que en su momento aquejaron a Cristina Kirchner en su segundo gobierno, pero también a Mauricio Macri con la fatídica crisis cambiaria de 2018 y luego a Alberto Fernández en un 2022 que incluyó varios recambios en el equipo económico.
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ECONOMIA
Cuánto gana una empleada doméstica en marzo 2026

El acuerdo confirmado por el Gobierno consiste en una suba del 3% desglosada en dos meses. También añade una suma extra según las horas trabajadas
01/03/2026 – 08:36hs
El esquema salarial para el personal de casas particulares experimentará una actualización clave durante las próximas semanas, tras la reciente resolución de la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP). En un contexto donde la actualización de ingresos es vital para el sector, las autoridades definieron un incremento que impactará de manera directa en los haberes de febrero y marzo para las empleadas domésticas. Esta medida busca recomponer, al menos parcialmente, el poder adquisitivo de miles de trabajadores y trabajadoras que desempeñan diversas tareas en hogares de todo el país.
El aumento, formalizado por la Secretaría de Trabajo bajo la órbita del Ministerio de Capital Humano, introduce además un componente adicional: sumas no remunerativas. Este beneficio extra se diseñó de forma escalonada, lo que significa que el monto a percibir dependerá estrictamente de la carga horaria semanal cumplida por el personal. De esta manera, el Gobierno y los representantes del sector buscan dar una respuesta inmediata a la necesidad de liquidez, estableciendo un cronograma de pagos que las familias empleadoras deberán contemplar para cumplir con la normativa vigente.
Empleada doméstica: escalas salariales y nuevos valores por hora
La actualización confirmada del 3% se divide en dos tramos acumulativos: un 1,5% aplicado sobre los sueldos de febrero y un 1,5% adicional que se percibirá en marzo de 2026. Al desglosar estos porcentajes en las categorías más frecuentes, los valores por hora para el personal de tareas generales —la categoría que abarca la mayor cantidad de empleados del sector— se fijaron en $3.298,88 para quienes trabajan con retiro y $3.546,66 para el personal sin retiro. Estas cifras sirven de base para el cálculo de los haberes mensuales de quienes cumplen jornadas completas.
En el caso de las categorías especializadas, los montos muestran una diferencia proporcional. Por ejemplo, quienes realizan tareas de supervisión verán sus haberes por hora elevarse a $3.953,99 (con retiro), mientras que el personal dedicado a la asistencia y cuidado de personas pasará a percibir un mínimo de $3.546,66 por hora. Es fundamental que los empleadores revisen en qué categoría se encuentra encuadrado su personal, ya que cada rubro tiene un piso salarial específico que debe ser respetado para evitar sanciones administrativas o reclamos laborales.
El bono extra para empleadas domésticas: montos según la carga horaria
Una de las novedades más relevantes de este último acuerdo es la inclusión de sumas fijas no remunerativas. A diferencia de los aumentos porcentuales, estos bonos no se computan para el cálculo de aportes jubilatorios, vacaciones ni aguinaldo, pero representan una inyección de dinero necesaria para el bolsillo del trabajador. La escala de cobro se segmentó en tres niveles: aquellos que trabajen menos de 12 horas semanales recibirán $8.000; para quienes cumplan entre 12 y 16 horas, el monto será de $11.500; y quienes superen las 16 horas semanales de trabajo percibirán $20.000 adicionales.
Esta gratificación extraordinaria se abonará tanto en febrero como en marzo, funcionando como un puente económico hasta la próxima revisión paritaria, prevista para el mes de abril. Es importante recordar que estos montos deben figurar en el recibo de sueldo bajo el concepto de suma no remunerativa. Con este panorama, el sector de empleadas domésticas cierra el primer trimestre del año con un esquema de pagos reforzado, mientras se aguarda por nuevas definiciones sobre la inflación y el impacto en los costos de vida que determinarán las negociaciones futuras.
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ECONOMIA
Guerra por Bioceres: 10 claves para entender la crisis de la biotech argentina en medio de una dramática puja societaria

Prometía ser un unicornio biotecnológico argentino, el primero del rubro, la avanzada del mundo biotech local. No sólo eso, iba a revolucionar el agro con súper semillas transgénicas anti-sequía que iban a venderse en todo el mundo. También planeaba generar biomateriales con residuos de maíz y hasta producir asfalto y cemento con un blend de enzimas vegetales.
Nada de eso ocurrió… o al menos esos objetivos quedaron relegados por una mega crisis, una verdadera guerra de accionistas que son pesos pesados del agro y el mundo financiero, todo en medio de acciones cuyo precio se desbarrancaron y muy fuertes acusaciones, desde provocar pérdidas adrede, hasta inoperancia y otras sospechas. Las amenazas de acciones judiciales inminentes también están a la orden del día.
¿Que va a pasar con Bioceres, la empresa que nació casi como una cooperativa y llegó a cotizar en Wall Street? No está claro. Lo cierto es que sus referentes están en medio de un conflicto que “amenaza con llevarse puesto todo”, como describió un ejecutivo al tanto de los acontecimientos.
Los principales protagonistas de esta batalla son Federico Trucco, el histórico CEO de Bioceres, y Juan Sartori, un millonario uruguayo que creció como accionista dentro de la estructura de la empresa y, en paralelo, se convirtió en un jugador importante a nivel local luego de encabezar –como representante en la región de Tether, el gigante cripto detrás de la stablecoin USDT– la compra de Adecoagro, otra emblemática compañía del agro vernáculo.

El trasfondo de esta historia es un verdadero entramado de empresas e intereses. A grandes rasgos, Trucco acusa a Sartori de querer quedarse con las empresas del grupo y de vaciarlas o perjudicarlas para lograrlo, si es necesario. En el entorno del uruguayo aseguran que él es sólo un accionista y apuntan a Trucco como el responsable de hacer tambalear la estructura corporativa con malas decisiones de negocios.
La biotech nació en 2001, en medio de la crisis político económica, cuando un grupo de productores decidieron crear una compañía para financiar la investigación pública. Entre ellos estaban Víctor Trucco, padre de Federico y presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), y Gustavo Grobocopatel.
El modelo de negocios fue mutando y comenzaron a integrarse verticalmente hasta operar en 25 países. En el medio hubo turbulencias, como cuando salió del negocio el Grupo Sidus, en 2008. También compraron empresas para desarrollar su red comercial, como Rizobacter por USD 76 millones.
La empresa, que siempre tuvo un entramado societario muy atomizado, de unos 300 accionistas del campo argentino, desarrolló, entre otras, la tecnología HB4, que llegaba para combatir el estrés hídrico. La tan mentada semilla anti sequía que iba a convertirse en uno de los ejes centrales de su negocio.

En 2024, el Departamento de Agricultura de los EEUU (USDA) autorizó el cultivo sin restricciones del trigo resistente a la sequía producido en la Argentina y dijo que no presentaba riesgos en comparación con el trigo convencional.
La decisión del USDA fue una luz verde para el HB4, que fue desarrollado por la bioquímica Raquel Chan y su equipo del Conicet junto a un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Litoral y Bioceres, que en ese momento definió la noticia como “un gran hito”.
En 2011, Trucco se convirtió en CEO de Bioceres. El ejecutivo es licenciado en bioquímica de la Universidad Estatal de Luisiana, en EEUU, tiene una maestría en malezoología y patología vegetal de la Universidad Estatal de Colorado y un doctorado en ciencia de cultivos de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, donde también obtuvo una especialización en administración de empresas.
Con los años y su proyección internacional, la empresa santafesina se fue convirtiendo en una verdadera mamushka de sociedades locales y extranjeras.
Así, arriba de todo estaba Bioceres Group Limited, una empresa radicada en Reino Unido. De ella se desprendían, en orden: Bioceres SA (Argentina), Bioceres LLC (EEUU) y, finalmente, Bioceres Crop Solutions, que es la que comenzó a cotizar en Wall Street bajo la sigla BIOX.
Luego de un intento frustrado, Bioceres salió a la bolsa en 2019.
Lo hizo con la modalidad SPAC: adquirieron una empresa sin actividad que ya estaba listada, una suerte de “cáscara”. Es otra de las formas de empezar a cotizar, además del tradicional IPO.
Sartori, que ya tenía vínculo con la empresa, acercó ese instrumento financiero.
Las cosas no fueron como se esperaba para el negocio.
Hubo demoras en la autorización de las patentes internacionales y el negocio comenzó a resentirse, debido al vaivén de la economía local y la global. La sequía del 2022, las malas cosechas locales y la caída internacional del precio de los commodities aportaron y sumaron incertidumbre.
Finalmente, la crisis del agro de fines de 2024, con empresas golpeadas como Surcos y Los Grobo, le generó un fuerte estrés financiero del que nunca terminó de recuperarse.

A mediados del año pasado, Trucco estaba apremiado financieramente y convocó a Sartori, quien había seguido invirtiendo en el holding, sobre todo en una de sus asociadas, Moolec, dedicada a la agricultura molecular.
Moolec y Bioceres Group se convirtieron en el paraguas societario principal, por encima de todo el resto. Y Sartori ingresó como un inversor fuerte en el entramado.
Hoy, Moolec controla a Bioceres Group. Union Group, de Sartori, tiene el 19,7% de las acciones. En el resto del paquete accionario de Moolec figuraban los más de 300 accionistas históricos de Bioceres. Representaban algo así como el 60% y ninguno tiene más del 10 por ciento, pero fueron saliendo en medio de la crisis. Ahora, el que manda es el uruguayo.
¿Cuándo se pelearon Sartori y Trucco? No queda claro. En este punto empiezan las versiones encontradas.
Apuntaron a Trucco y pidieron la quiebra de Bioceres SA.
En un extenso comunicado del viernes acusaron al CEO de haber generado un “profundo deterioro económico y financiero” registrado al cierre de sus estados financieros al 30 de junio de 2025. Aseguraron que no les quedó otra, que el pedido de quiebra fue una medida “razonable e ineludible”.
“La pérdida de activos netos estimados en aproximadamente 295 millones de dólares, equivalente a más de $270.000 millones, junto con el agravamiento de la exposición financiera del grupo”, detallaron.

Afirmaron que una semana después de la fusión de Moolec y Bioceres Group –del ingreso de Sartori como accionista–, Trucco promovió que el directorio de Bioceres SA dejara de tener el control de BIOX.
“En ese momento Bioceres SA perdió USD 350 millones de su estado financiero porque se quedó sin ese patrimonio, algo que impactó muy fuerte en los resultados financieros consolidados de la empresa. Dejaron a Bioceres SA como un residual dentro de Moolec y limpiaron una deuda de $157.000 millones que habían generado ellos. Ese patrimonio neto negativo lo aprobó el mismo Trucco que era el CEO de Bioceres SA y miembro del directorio”, dicen en Moolec.
También auguran un mal futuro para BIOX, de la que Sartori es accionista. “Hoy la empresa está prácticamente circunscripta a Rizobacter y Pro Farm Group, una firma de biológicos e inoculantes que se compró por USD 243 millones, en 2022, y que ahora terminó rematada por la justicia de EEUU. Uno de los accionistas de BIOX, el fondo Jasper Lake, la acusó de no cumplir con pagos y, en enero, se quedó con Pro Farm por apenas USD 15 millones. Con Rizobacter va a pasar algo parecido. BIOX no tiene salvación. Nasdaq la va a deslistar en cualquier momento”, dicen cerca de Sartori.
Rizobacter pudo reestructurar su deuda días atrás, según se anunció.
Creen que ahora Sartori va por BIOX y sospechan que era lo único que le importaba desde el comienzo. Y que para eso el uruguayo está dispuesto a perder dinero, incluso. También miran de reojo a parte del management y los directores que trabajaron junto a Trucco por más de 20 años. Apuntan, sobre todo, a una directora.
Aseguran que ni bien Sartori tomó el control de Bioceres SA, ordenó defaultear pagarés y comenzó una negociación hostil con los acreedores que terminó con el autopedido de quiebra. “Nunca tuvo voluntad de pago ni de arreglo. Como no pudo sacar a Trucco de la empresa que cotiza, desaprobó su gestión y empezó a rematar acciones de la empresa a pérdida: perdió unos USD 20 millones en esa maniobra, a pesar de ser accionista”, relató una fuente cercana a Trucco.
Con respecto a por qué y cómo BIOX se separó del resto, aseguran que la maniobra que detalló el entorno de Sartori nunca existió y que la desconsolidación de Bioceres SA se provocó por el accionar de deudores que gatillaron su acreencias, entre ellos una de las empresas del propio Sartori. “Así él consiguió quedarse con el 15% de BIOX que luego empezó a vender por debajo del valor de mercado. Esas salidas aportaron a la caída del valor bursátil la compañía”, detallaron las fuentes.

La acción de BIOX se desbarrancó: valía más de USD 15 en 2021 y ahora apenas 0,56 dólares. Desde mediados del año pasado, cuando ingresó Sartori, perdió 89% de su valor. Esta situación la ubica en la categoría devaluada de penny stocks y la expone a la posibilidad de ser retirada del mercado accionario estadounidense.
Trucco y otros exdirectivos denunciaron una asamblea de diciembre pasado, en la que el ejecutivo, que aún era director, quedó definitivamente fuera del directorio de Bioceres SA, luego del pedido de quiebra.
Ahora estarían preparando una denuncia penal al respecto, según pudo saber este medio. Días atrás, un comunicado que firmaron “un grupo de directores y fundadores de Bioceres” denunció una nueva maniobra de presión. El texto rechazó el intento de “presentar la situación como una disputa entre accionistas en igualdad de condiciones. No se trata de una asamblea de accionistas históricos ni de una decisión colectiva. Se trata de un acto unipersonal del nuevo accionista, Juan Sartori, utilizado como herramienta de presión contra quienes condujeron la empresa y trabajaron activamente para evitar su quiebra”.
El millonario uruguayo estudió Economía y Administración de empresas en la école des Hautes études Commerciales, en Lausanne, Suiza, y está casado con Ekaterina Rybolovleva, hija de Dmitri Yevguénievich Rybolóvlev, un multimillonario ruso que fue cercano a Vladimir Putin, hizo su fortuna en el negocio de los fertilizantes y es presidente del AS Mónaco.
Fue senador en su país hasta 2024 y antes había perdido la interna presidencial del Partido Nacional con Luis Lacalle Pou, ex mandatario del país vecino. Es accionista de Sunderland AFC, que ascendió a la Premier League; vicepresidente del AS Mónaco y miembro del European Club Association y de la Professional Football League (LFP), en Francia.
En mayo de 2025 fue designado presidente del directorio de Adecoagro, empresa que compró Tether por 600 millones. Sartori es VP a cargo de las inversiones en la región: en los últimos meses, Adecoagro –con ACA como accionista minoritario– le compró Profertil a YPF y Nutrien por unos USD 1.200 millones.
El jueves pasado tocó la campana de inicio de jornada en el Nasdaq, en Nueva York, como parte de Elemental Royalty Corporation, una empresa del negocio del oro, físico y digital, asociada también a Tether, de la que es executive chairman.
La tensión es total. Se espera una inminente denuncia de Trucco, pero aún no está claro si será contra Sartori. Es muy probable que sí apunte a exdirectivos de Bioceres SA.
Mientras tanto, la empresa que se preparaba para ser el primer unicornio biotech celeste y blanco se desangra, escindida, y enfrenta un futuro que es cada vez más incierto.
Bioceres
ECONOMIA
Anomia contra la reforma laboral

Argentina adoptó un sistema económico corporativo de industrialización por sustitución de importaciones, proteccionismo radicalizado y mercado internista que anuló todo incentivo competitivo y no permitió el crecimiento económico, las exportaciones y la productividad a largo plazo.
Otros países de asentamiento reciente, como Australia o Canadá, generaron coaliciones exportadoras, con representación sindical democrática y competitiva, que permitieron crear empleo en todos los sectores, impulsando el desarrollo socioeconómico.
Argentina, con PBI per cápita, geografía, inmigración y estructura productiva similares a Australia y Canadá a comienzos del siglo XX, hoy su ingreso per cápita equivale solo al 30% de aquellos países cuyo destino compartía en el siglo pasado.

Dados los intentos fracasados de reforma del pasado, resulta clara la fortaleza del bloqueo corporativo para sostener el status quo.
Desde el 4 de junio de 1943, cuando se impuso el modelo corporativo de representación sindical monopolizada sin elecciones libres, único actualmente vigente en el mundo, hubo solo tres intentos de reforma laboral, todos realizados después del retorno a la democracia en 1983, posteriormente revertidos:
- A tres meses de asumir el presidente Raúl Alfonsín, el Senado peronista rechazó la ley “Mucci” de democratización sindical.
- Posteriormente, la reforma laboral de 1991 (Ley 24.013) durante la presidencia de Carlos Menem consistió en la posibilidad de obtener empleo mediante contratos a plazo, pasantías y la reducción de contribuciones, sin reformar la estructura sindical. El propio Menem luego derogaría, mediante decreto en 1998, los contratos laborales promovidos por la presión sindical.
- Por último, la reforma laboral durante la presidencia de Fernando de la Rúa, que priorizaba los convenios por empresa, fracasó por el bloqueo corporativo sindical sumado a denuncias de corrupción.
Resultado: una creciente informalidad en el mercado de trabajo. Según datos del Centro de Estudios de la Productividad – Base Arklems-LAND, hoy los puestos de trabajo privados registrados representan solo un 35% del total. La base contributiva de la seguridad social para los jubilados es muy reducida y quebranta el sistema previsional.

Las cargas sociales terminan incrementando los costos laborales del empleador sin contrapartida en el salario de bolsillo, en tanto son percibidas como impuestos por los trabajadores al no verse reflejadas en mejoras contributivas en el salario diferido (jubilaciones y pensiones), aumentando el incentivo a trabajar en negro o subdeclarar ingresos laborales ante la seguridad social.
Hoy las contribuciones sociales fondean solo un 30% del gasto previsional según la Asociación Argentina del Presupuesto y las Finanzas Públicas (ASAP), llegando a concentrar el 45,4% del total del Gasto Público Primario.

No hay reforma previsional ni jubilaciones dignas sin una reforma laboral que amplíe la base de recaudación de las contribuciones a la seguridad social.
La ley de modernización laboral, presentada por el Poder Ejecutivo y recientemente aprobada por el Senado, apunta, entre otros aspectos, a reducir los costos de las indemnizaciones por despido, adaptar la normativa estancada en la década de 1970 a las nuevas modalidades de trabajo que impone la innovación tecnológica y, en el proyecto original, a priorizar los convenios por empresa por encima de los convenios sectoriales y/o colectivos.
- Junto con la eliminación de la ultraactividad, busca incentivar la generación de empleo formal y evitar que una indemnización por despido quiebre a las pymes.
- Mediante un banco horas, pretende adaptar el trabajo a las nuevas modalidades productivas que genera el cambio tecnológico, manteniendo los derechos laborales.
- Busca adecuar y priorizar los convenios colectivos a la realidad de las pyme, por encima de las condiciones de trabajo impuestas por los convenios colectivos sectoriales, mediante acuerdos entre sindicatos y cámaras empresariales.
Argentina hoy vive con una anomia legislativa laboral. Décadas donde el corporativismo bloqueó con éxito toda reforma, las leyes laborales finalmente quedaron obsoletas. Sin un marco normativo laboral actualizado a los nuevos tiempos y tecnologías, no existen incentivos económicos para cumplir el marco legal vigente, generando una anomia social según Carlos Nino (1992). O bien hay anomia institucional, como propone Peter Waldman (1994), como resultado de la incapacidad del propio Estado para operar como un sistema coherente de reglas.
Sin un marco normativo laboral actualizado a los nuevos tiempos y tecnologías, no existen incentivos económicos para cumplir el marco legal vigente
La anomia social se manifiesta en prácticas extendidas de informalidad y evasión de la ley. La anomia institucional resulta en marcos regulatorios inestables, reformas insuficientes, judicialización, superposición y contradicción de normas (ultraactividad legislativa), discrecionalidad, ausencia de rendición de cuentas, aplicación débil, además de un uso selectivo y político del derecho.
Los crecientes casos de litigiosidad en el mercado laboral ilustran la anomia institucional. La Unión de Aseguradoras de Riesgos del Trabajo informó un récord de 132.000 causas iniciadas en 2025, pese a la caída sostenida en la cantidad de accidentes laborales. Se estima que los expedientes por juicios laborales llegan a 640.000 en la actualidad, equivalente al 7% de todos los asalariados registrados.
Otra consecuencia de la anomia legislativa laboral es que la prevalencia de los convenios por empresa y por región, por encima de los convenios cupulares sectoriales nacionales, ya se había previsto en la Ley 24.467 (Estatuto Pyme) de Segmentación de Convenios Colectivos de 1995, aprobada por el Congreso, pero nunca promulgada. En los hechos, la segmentación de pyme perdió relevancia operativa con la reversión del paradigma flexibilizador mediante la Ley 25.877 del año 2004, debido al reforzamiento de la negociación centralizada.
La anomia es más profunda. Si seguimos con la misma justicia laboral facciosa, con un plano inclinado antiempresario, la reforma laboral será letra muerta. Una iniciativa positiva es el traspaso previsto de la justicia laboral federal a la Ciudad de Buenos Aires, donde los nuevos juicios sean tratados por jueces nuevos desligados de la estructura corporativa sesgada y todavía vigente.

La reforma laboral pretende aumentar la elasticidad del empleo en los sectores productivos, hoy muy baja en términos de generación de empleo formal.
No solo se requiere que su contenido sea técnicamente adecuado y que su aprobación legislativa supere el bloqueo corporativo, sino también su implementación y aplicación rigurosas, por una justicia laboral independiente del capital y del trabajo, en un contexto de estabilidad macroeconómica y crecimiento económico sostenido.
Una reforma laboral es exitosa si genera empleo formal y permite que el salario empalme con la productividad, otorga sostenibilidad social a la modernización y al crecimiento del país.
El autor es profesor en UBA, Ucema, Udesa y Director Centro Estudios de la Productividad-Base Arklems+LAND
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