ECONOMIA
En enero llovió 66% menos que la media histórica: preocupa cada vez más la cosecha gruesa

La región núcleo cerró enero con un déficit hídrico marcado, en un mes clave para la definición de rindes de la cosecha gruesa. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), a través de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), el promedio de precipitaciones fue inferior a los 40 milímetros cuando, de acuerdo con los registros históricos, lo habitual para este período es que se acumulen entre 100 y 120 milímetros. En términos porcentuales, durante enero llovió apenas el 35% de lo normal, lo que implica una caída del 66% respecto de la media histórica.
El relevamiento se realizó sobre la base de datos de 36 estaciones meteorológicas distribuidas en la región núcleo. De ese total, solo una logró alcanzar el promedio histórico mensual: General Pinto, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, donde se registraron 122 milímetros. Desde la BCR señalaron que “esta zona fue la más favorecida por los eventos pluviales del mes”. En áreas cercanas, aunque también por debajo del promedio de largo plazo, los acumulados oscilaron entre 45 y 90 milímetros.
El contraste se vuelve más evidente en la franja central de la región núcleo, que aparece como la más comprometida. En Álvarez, en el sur de Santa Fe, se midieron apenas 9 milímetros, el registro más bajo del mes. Otras localidades como Pujato, Maggiolo y Godeken tampoco escaparon al déficit, con acumulados que se ubicaron entre los 10 y 11 milímetros.“La foto de reservas de agua del suelo es clara: la sequía se profundiza”, advierte el informe, que precisa que cerca de la mitad del área se encuentra bajo esta condición, especialmente en la franja central, mientras que el resto presenta escasez hídrica. Solo en el sur de la región núcleo persisten algunos núcleos con condiciones calificadas como regulares.
En los últimos siete días de enero se registraron algunas precipitaciones, organizadas en tres eventos, aunque con un impacto muy desigual. Las lluvias se concentraron casi exclusivamente en el oeste de la región núcleo.

El primer episodio, entre viernes y domingo, dejó los mayores acumulados en el noroeste bonaerense y el extremo sur de Córdoba, con registros destacados en Rufino (68 mm), General Villegas (62 mm) y General Pinto (45 mm). El sur cordobés recibió aportes más modestos. Un segundo evento sumó lluvias menores, principalmente en el sudeste cordobés, mientras que el tercero fue débil y muy localizado, limitado al noroeste regional.En el centro y este de la región núcleo, las precipitaciones siguieron siendo escasas o directamente nulas, sin lograr revertir el déficit hídrico acumulado.
La soja de primera atraviesa el período más sensible para la definición del rendimiento. De acuerdo con la BCR, el 60% del área se encuentra fructificando (entre R3 y R4), un 5% inició el llenado de granos (R5) y el 35% restante continúa en floración (entre R1 y R2). La falta de agua en esta etapa comienza a traducirse en pérdidas irreversibles de potencial de rinde.“La ausencia de precipitaciones durante la última semana en el noreste de Buenos Aires y el sur de Santa Fe acentuó los síntomas de estrés hídrico”, señala el informe. En Pergamino, por ejemplo, ya se estiman mermas de rendimiento potencial que alcanzan el 50%.
En Bigand se observaron plantas con hojas flácidas, rodeos de plantas marchitas y caída de flores. Desde la entidad indicaron que, de no registrarse lluvias en los próximos días, las pérdidas podrían ubicarse entre el 15% y el 20% del rendimiento promedio. En Marcos Juárez, pese a algunos milímetros recibidos, en sectores de lotes más bajos se detectaron plantas muertas y un freno en el crecimiento, lo que implicará la pérdida de nudos y una merma del potencial productivo. A este escenario se suma la aparición de plagas típicas de sequía y altas temperaturas, como arañuelas y trips, lo que obligó al inicio de tratamientos para su control.
Las lluvias de la última semana permitieron sostener la condición general de la soja de primera respecto de la semana anterior. Actualmente, el 5% del área se califica como excelente, el 30% como muy buena, el 50% como buena y el 15% restante como regular. En los sectores donde mejor llovió durante enero aún existe margen para sostener expectativas completas de rinde, especialmente en lotes con mejores suelos y manejos más eficientes.
En cuanto a la soja de segunda, cerca de la mitad de los lotes continúa en estadios vegetativos y el resto inicia la floración. Si bien la demanda hídrica comienza a incrementarse, el cultivo aún conserva capacidad de recuperación ante eventuales lluvias. En Carlos Pellegrini, tras las últimas precipitaciones, el cultivo logró retomar el desarrollo y mantiene intacto su potencial de rinde. En Piedritas, las lluvias llegaron “justo a tiempo”, permitiendo sostener un buen estado general de los lotes. En cambio, en Marcos Juárez, Bigand y Pergamino persisten el estrés térmico e hídrico y el crecimiento atrasado, aunque todavía hay margen de recuperación si se concretan precipitaciones en el corto plazo.
El maíz tardío y de segunda también refleja el impacto del déficit hídrico. En la región núcleo, unas 90.000 hectáreas se encuentran muy comprometidas por la falta de agua y las altas temperaturas. Casi la mitad del área se califica en estado regular, mientras que un 25% se mantiene en muy buenas condiciones y un 30% en buen estado.
Los mejores cuadros se concentran en el noroeste bonaerense, donde el 60% de los lotes sigue en muy buenas condiciones y donde las lluvias recientes llegaron “justo a tiempo” para sostener el estado general. En el extremo sur de Santa Fe, en cambio, prácticamente no hubo lluvias y la mayoría de los lotes se observa regular y estancada. Desde el sudeste de Córdoba, aunque algunos milímetros aportaron alivio parcial, el panorama sigue siendo crítico, con fuerte estrés hídrico, plantas acartuchadas y alta dependencia de nuevas precipitaciones.
De cara a los próximos días, los pronósticos de corto plazo no muestran un cambio significativo. Los modelos anticipan el ingreso de un nuevo sistema frontal antes del fin de semana, pero con lluvias que seguirían siendo escasas sobre el centro de la región núcleo. La señal más favorable aparece recién hacia mediados de la primera semana de febrero, cuando podría ingresar otro frente con chances de modificar la dinámica actual y habilitar precipitaciones sobre el centro de la región.
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ECONOMIA
El dólar se desploma, pero Caputo teme que si acelera su ritmo de compras «sobren» demasiados pesos

En Argentina, los economistas nunca se aburren. Durante el último feriado largo, uno de los temas de discusión fue si Luis Caputo había tenido razón cuando en julio del año pasado «toreó» al mercado con la célebre frase: «Comprá, campeón, no te la pierdas».
Obviamente es una discusión de acuerdo imposible, porque el resultado depende de si se hace la medición «punta a punta» o si se considera la volatilidad ocurrida en más de siete meses. En el primer caso, las cifras le dan la razón al ministro, porque quien compró en julio y guardó los billetes bajo el colchón, tuvieron una leve pérdida frente a la inflación y una gran pérdida frente a la tasa de interés de los bonos en pesos. Pero claro, en el medio hubo una «montaña rusa» en la cotización.
Es por eso que los economistas que criticaban a Caputo recuerdan que hasta las elecciones, el dólar había subido un 30%, lo cual superaba cualquier cobertura en pesos. Es el caso de Christian Buteler, que reprocha a sus colegas que ahora celebran el desplome del tipo de cambio.
«En Argentina, la estabilidad monetaria es de una inestabilidad al que no admite triunfalismo, prometer un crawling peg fijo o negarse a acumular reservas», sostuvo en una polémica con Federico Domínguez, quien reivindica al equipo económico del gobierno: «Apostar contra el superávit fiscal y una política monetaia de sesgo contractivo sale caro, aun teniendo en el medio un Congreso queriendo romper el orden fiscal, la elección en la provincia de Buenos Aires y una fenomenal caída de la demanda de dinero».
Pero la polémica va más allá de una simple batalla de egos respecto de quién tuvo razón cuando Caputo lanzó su provocadora frase. En el fondo, lo que sigue en discusión es cómo debe interpretarse el momento actual: si como la consecución de una estabilidad de largo plazo, basada en la confianza; o si se trata apenas de una calma pasajera, el preludio de una nueva corrección devaluatoria.
Y parte de ese debate se centra en si el gobierno debe presionar para que el dólar vuelva a su nivel de $1.450 de hace dos semanas o si debe asumir una actitud pasiva y ver cómo quiebra el piso psicológico de $1.400.
El techo, cada vez más lejos
Quienes defienden la intervención oficial sostienen que el Banco Central debería aprovechar este momento para transformarse en una «aspiradora de dólares». Por cierto, no es que la entidad dirigida por Santiago Bausili no lo haya hecho: en la semana previa al feriado de Carnaval adquirió u$s615 millones, con lo cual acumula $2.245 millones en lo que va del año.
Pero la cuestión de las reservas -que en otro momento fue el centro de la discusión- ya pasó a segundo plano. Lo que preocupa a varios analistas del mercado es que la fuerza del desplome termine generando más nerviosismo que calma. Con un dólar debajo de los $1.400, la facción que defiende el discurso del retraso cambiario tendrá más argumentos, y los ahorristas minoritarios -que bajaron notablemente su demanda de dólares tras las elecciones- podrían verse tentados a «comprar barato».
Explicado más técnicamente, la preocupación reside en la distancia creciente que muestra el dólar respecto del techo de la banda de flotación, que ahora se mueve más rápido, porque toma como referencia a la inflación pasada.
Esto implica que, en marzo, ese límite superior se deslizará un 2,9% -que fue el sorpresivo IPC de enero-. Hablando en plata, pasará del actual techo de $1.600 a un nuevo nivel de $1.645 para fines de marzo.
Para muchos operadores del mercado de cambios, la ansiedad aumenta en forma directamente proporcional a la distancia entre el dólar y el techo de la banda. A inicios de año, cuando el tipo de cambio llegó a $1.470, el techo quedaba a una distancia de 2,7%. Hoy esa brecha se agrandó al 14,6%. Y si el dólar se mantuviera inmóvil hasta fines de marzo, la distancia respecto del techo se alargaría hasta un 17%.
Así, el potencial de volatilidad cambiaria es alto. Los más temerosos apuntan a que basta una mala señal del mercado -un impacto externo, como un súbito fortalecimiento del dólar que provoque una devaluación regional, por ejemplo-, para que el humor de los inversores cambie y quiera refugiarse en el billete verde.
¿Puede seguir la ola verde?
En ese caso, no sólo se generaría una volatilidad de la economía -con posible repercusión sobre los precios- sino que, además, se le haría difícil al BCRA seguir comprando reservas en un contexto de corrida.
Básicamente, quienes aconsejan que el BCRA sea una aspiradora apuntan a que las condiciones actuales del mercado pueden ser excepcionales y de corta duración, porque la abundancia de dólares que está llevando a la caída de la cotización responde, en el fondo, a la ola de emisión de deuda privada. Según la estimación de Salvador Vitelli, desde las elecciones hasta mediados de febrero, hubo un ingreso de u$s10.200 millones, de los cuales unos u$s8.000 millones corresponde a Obligaciones Negociables del sector corporativo y el resto a emisión de bonos deuda provinciales.
Los más optimistas se entusiasman con que esta tendencia continuará y que, además, habrá una «lluvia verde» adicional en el segundo trimestre, gracias a la buena campaña de la soja y a las cifras récord que está mostrando la cuenca petrolera de Vaca Muerta.
Pero del otro lado también hay argumentos para moderar el entusiasmo. Sobre todo, el hecho de que al Tesoro le sigue esperando un exigente calendario de pagos – unos u$s18.000 millones hasta fin de año, con un vencimiento fuerte a mediados de año-, y que Caputo ha recibido malas señales a la hora de tantear el mercado global de crédito.
Un mercado poco amigable
No por casualidad, el ministro ha declarado su intención de mantenerse «menos dependiente de Wall Street». En su intento más reciente, obtuvo un préstamo en modalidad «repo», por u$s3.000 millones a un año, por el cual tuvo que pagar un adicional de 400 puntos sobre la tasa de referencia. Eso da un total de 7,4% en tasa anualizada.
Es una buena tasa si se la compara con la que Caputo había obtenido hace un año, cuando pagó 8,8% por otro «repo». Pero debe tenerse en cuenta que las condiciones para un préstamo de ese tipo no son iguales que para la emisión de un bono. Lo que quiere Caputo es que le presten los fondos de inversión, y que no deba dejar garantías.
No ocurre eso desde enero de 2018, cuando siendo ministro de Finanzas de Mauricio Macri sorprendió al colocar un título por u$s9.000 millones, dividido en tramos de cinco, 10 y 30 años, con tasas de entre 4,65% y 6,95%.
Claro, en aquel momento el riesgo país argentino se encontraba en 350 puntos, que aunque superaba el promedio latinoamericano era considerado un lujo en el mercado argentino. Hoy, con un riesgo de 500 puntos, Caputo difícilmente obtendría dólares por menos de 9%.
Pateando vencimientos
En definitiva, para que la estabilidad del plan continúe, el ministro necesita que el sector privado siga vendiendo dólares y colocándose en títulos en pesos.
Por eso, Caputo está mostrando una cautela extrema a la hora de emitir pesos. Ya en la última licitación del Tesoro no se limitó a «rollear» la deuda que vencía, sino que absorbió un adicional de $1,7 billones.
Y el miércoles renovó bonos «dólar linked» por el equivalente a u$s1.555 millones -unos $2,1 billones- y «pateó» los vencimientos hasta abril.
El mensaje es claro: por más que en el discurso oficial se hable de un alza en la demanda de dinero por parte del público, el ministro no está dispuesto a correr el riesgo de dejar pesos «excedentes» que puedan correr contra el dólar. Y si el BCRA saliera a «aspirar», como le piden en el mercado, para llevar el tipo de cambio otra vez cerca de $1.450, eso implicaría inyectar más pesos.
Es con ese tema en mente que economistas ortodoxos como Domingo Cavallo han advertido sobre el riesgo de apostar todo al «carry trade» que exige tasas altas y enfría la economía.
De manera que se plantea un dilema: si se deja caer mucho la cotización, el mercado puede tentarse y comprar dólares; pero si se lo empuja al alza con compras del BCRA, puede haber un incómodo excedente de pesos que sólo se neutralizaría con más deuda del Tesoro.
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ECONOMIA
Santa Fe sumó USD 800 millones a las reservas del BCRA: cuánto perdió la provincia por esperar para ingresar los dólares

Las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA) superaron los USD 46.000 millones tras el ingreso de los USD 800 millones provenientes de la colocación de deuda de la provincia de Santa Fe en los mercados internacionales, concretada en diciembre. El salto registrado el viernes se explica por la transferencia de estos fondos al país y su administración por parte del Banco de Santa Fe, agente financiero provincial, lo que abre interrogantes sobre el impacto efectivo y el costo que tuvo para Santa Fe la demora en traer los dólares al sistema financiero local.
En lo que va de 2026, el BCRA acumuló compras netas por USD 2.500 millones, alcanzando el nivel más alto de reservas en más de seis años. Sin embargo, este desempeño estuvo directamente influido por la operación de financiamiento externo realizada por Santa Fe. Según fuentes oficiales de la provincia, “los USD 800 millones que se colocaron, que estaban en una cuenta en Nueva York, se trajeron a la Argentina y los administra el agente financiero de la provincia, que es el Banco de Santa Fe, privatizado a mediados de los 90. Por el encaje del banco, aumentaron las reservas internacionales, y a medida que avancen y se certifiquen obras, se irán utilizando los dólares, tal como dispuso el gobernador”.
La demora en el ingreso de los fondos, que permanecieron más de dos meses en el exterior antes de ser transferidos, implicó una pérdida financiera para Santa Fe debido al diferencial de tasas y a la evolución del tipo de cambio en ese período. Según analistas consultados por Infobae, el costo de oportunidad se explica porque los dólares depositados en una cuenta en Nueva York generaron un rendimiento menor al que hubieran obtenido si se hubiesen convertido y colocado en el sistema local al momento de la colocación del bono. Además, la variación del tipo de cambio oficial en ese lapso podría haber reducido el poder de compra de esos fondos en pesos para la ejecución de obras públicas.
Si se hace la comparativa en el escenario en que Santa Fe hubiera liquidado los USD 800 millones el 10 de diciembre pasado, cuando colocó el bono en Nueva York y el tipo de cambio estaba en $1.430, hubiera obtenido $ 1,14 billones. Mientras que en el escenario actual, donde la cotización del mayorista está en valores mínimos ($ 1.367), la cifra baja a $1,09 billones y esa pérdida por supuesta especulación es la que le recrimina el Gobierno a la provincia.

Días atrás fue el propio ministro de Economía, Luis Caputo, previo a que se produzca la baja abrupta en la cotización mayorista, a quien se refirió a la situación de Santa Fe. “Te corrijo. Son casi $120.000 millones en dos meses. Una lástima y una especulación sin sentido, ya que sus gastos son en pesos y le hubiera ahorrado toda esa fortuna de plata a los santafesinos”, escribió en la red social X en respuesta a un usuario que afirmaba que el costo fue de 50.000 millones de pesos.
Según estimaciones privadas, si en vez de dejar los fondos en dólares se hubieran invertido en un plazo fijo, el rendimiento habría alcanzado un 12,8% y la gobernación santafecina habría obtenido un “costo de oportunidad” de 102,1 millones de dólares. Si la opción elegida hubiese sido una Lecap, el retorno habría sido de 11,9%, con una diferencia de 95,3 millones de dólares.
En pesos, la pérdida total estimada ronda los $139.928 millones si se hubiera colocado a tasa Tamar. De ese monto, $61.200 millones corresponden a baja del dólar y el resto al rendimiento en pesos que podría haber percibido la provincia. Además, el distrito habría perdido $130.608 millones en caso de haber invertido en Lecap, bajo las mencionadas mediciones.
El impacto inmediato sobre las reservas internacionales se debió al mecanismo de encaje que rige sobre los depósitos en moneda extranjera. Según una fuente consultada en off the record, la liquidación de divisas del sector público puede diferir de la normativa aplicable a empresas privadas. “En principio, la provincia debería liquidar esos dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) para recomprarlos luego y cancelar el pago de intereses y capital. En el caso de las empresas, existe un plazo de hasta seis meses para liquidar esas divisas, pero para los gobiernos provinciales no es tan claro. El plazo probablemente esté dado por el pago de intereses del bono: antes del primer pago deberán liquidar esos dólares en el MULC o no volverán a tener acceso al mismo. No creo que puedan comprar dólares MEP/CCL”, indicó la fuente.
Sebastián Menescaldi, director de Eco Go, explicó: “Ahora esos dólares entraron en el sistema. Cuando sean utilizados, pasarán de un depósito de la provincia a otro agente. No necesariamente afecta las reservas, salvo que quien los reciba los envíe al exterior”. Esta precisión es clave: la permanencia de los fondos dentro del circuito bancario local no implica una reducción inmediata de las reservas, salvo que se destinen a pagos externos o transferencias fuera del país.
Por su parte, Fausto Spotorno, director de la consultora OJ Ferreres, agregó: “No tiene por qué liquidarlo, porque está transfiriendo una cuenta propia a otra cuenta propia. Si los usa para pagar vencimientos de deuda externa, ahí sí se pierden reservas porque son pagos al exterior en dólares. Si vende para obra pública localmente, no necesariamente se pierden reservas, porque los vende en el mercado y los pueden comprar individuos que los dejan en su banco. Simplemente los dólares pasan de la cuenta del Banco Santa Fe a otra cuenta bancaria”.
Las perspectivas delineadas por los especialistas consultados por Infobae muestran que la evolución de las reservas dependerá del destino final de los fondos. Si se utilizan para cancelar compromisos externos, habrá una reducción directa de reservas; si se emplean en pagos internos, los fondos permanecerán en el sistema financiero y seguirán computando como reservas internacionales.
Fuentes oficiales de Santa Fe detallaron que la transferencia de los USD 800 millones y su depósito en el Banco de Santa Fe respondieron a una estrategia definida por el gobernador. Los dólares se emplearán de acuerdo al avance de las obras públicas y las certificaciones correspondientes, manteniéndose en el sistema bancario hasta que surjan obligaciones externas o se liquiden en el mercado local.
El análisis sobre plazos de liquidación y restricciones normativas en el acceso al MLC es central. La fuente en off the record remarcó que los gobiernos locales podrían tener reglas de mayor flexibilidad que las empresas privadas, siempre en el marco de los cronogramas previstos para pagos de intereses y capital de los bonos emitidos.
El rol del Banco Central en la operatoria ha sido objeto de atención entre los analistas. La acumulación de reservas responde tanto al ingreso de fondos externos como a la gestión de los encajes bancarios y las operaciones en el mercado cambiario. El saldo alcanzado constituye el máximo de los últimos años y una referencia clave para el seguimiento de la estabilidad financiera nacional.
La duración y sostenibilidad de este nivel de reservas depende del ritmo de ejecución de las obras financiadas con los dólares de Santa Fe, la dinámica de pagos externos y las decisiones de política económica que adopten tanto la administración provincial como las autoridades nacionales.
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ECONOMIA
Abrió un mega feedlot en Argentina: sacará a faena 200.000 animales por año

En el partido de General Pinto, sobre la ruta 188 y en las cercanías de Coronel Granada, comenzó a operar un establecimiento que promete convertirse en referencia dentro del sistema de engorde a corral argentino, ergo de la ganadería nacional.
El nuevo complejo, desarrollado por la familia Dorronzoro, se suma a la estructura ya operativa en Lincoln y configura un esquema integrado que, cuando alcance su ritmo pleno, alojará unas 70.000 cabezas bovinas en simultáneo y permitirá sacar a faena alrededor de 200.000 animales por año.
Para Marcos Dorronzoro, productor agropecuario y responsable del proyecto, la dimensión final del emprendimiento incluso superó la idea original. «Como cualquier dibujo, arrancamos pensando una cosa y terminamos haciendo un feedlot para unas cincuenta mil cabezas«, explica sobre la unidad ubicada en General Pinto, que agrega escala al establecimiento familiar de El Porvenir, donde ya funcionan corrales para 20.000 animales.
La historia detrás del crecimiento responde a un proceso de reconversión progresiva. La empresa familiar, hoy en su tercera generación, operó durante décadas como un establecimiento agrícola-ganadero tradicional. Cuando Dorronzoro se incorporó a la administración en 2018, el esquema incluía agricultura, cría y algo de recría.
El origen del feedlot que será uno de los más grandes de Argentina
La caída del precio de la soja y el mejor desempeño de la ganadería en aquellos años impulsaron el primer cambio estratégico, que se basó en el desarrollo de recrías capitalizadas. La demanda creció rápidamente y el sistema llegó a movilizar unas 12.000 cabezas anuales. Con el tiempo, los clientes comenzaron a solicitar la terminación de los animales, y así nació el engorde a corral.
En plena zona maicera y sojera, aprovecha la logística del grano para reducir el costo
Desde entonces, el feedlot original fue ampliándose módulo por módulo hasta alcanzar las 20.000 cabezas actuales. El crecimiento sostenido de la demanda y la necesidad de mejorar eficiencia impulsaron en 2024 la decisión de adquirir un campo agrícola de 330 hectáreas en General Pinto para desarrollar un complejo de escala industrial. La obra demandó un año completo de trabajo intensivo. «Compramos un campo pelado. Hubo que llevar la luz, hacer caminos, oficinas, galpones, mangas, balanza… todo desde cero», describe.
La inspiración y la calidad del nuevo establecimiento
El establecimiento fue concebido bajo parámetros de diseño inspirados en modelos estadounidenses, con foco en durabilidad, eficiencia operativa y bienestar animal. El primer módulo comenzó a operar recientemente y el resto se habilitará de manera progresiva hasta completar la capacidad total entre abril y mayo. «El mayor tiempo de obra fue toda la estructura. Para abrir el primer módulo ya tenés que tener todo funcionando», señala.
La infraestructura responde a una lógica técnica precisa. El movimiento de suelos fue diseñado para asegurar pendientes eficientes y evitar el barro, considerado el principal enemigo operativo en la región. Los corrales se construyen con cañería soldada en lugar de alambrado convencional, los sectores de alimentación cuentan con amplias superficies de hormigón y el patio de comidas fue íntegramente hormigonado para garantizar condiciones sanitarias y operativas óptimas.
Además, el sistema incorpora riego para el control ambiental durante el verano y un esquema integral de manejo animal que prioriza la fluidez del trabajo diario. «Hicimos dos viajes a Estados Unidos para ver modelos y fuimos copiando lo mejor. La estructura está pensada para durar y funcionar», afirma.

La ubicación del complejo es parte central del modelo económico
El desafío y las oportunidades de la logística
La ubicación del complejo es parte central del modelo económico. En plena zona maicera y sojera, a más de 350 kilómetros del puerto de Rosario, el establecimiento aprovecha el diferencial logístico del grano para reducir el costo alimenticio, principal componente del gasto operativo. «El maíz representa hasta el 80% de la dieta. Ese contra flete nos permite lograr un costo de alimento muy competitivo», explica Dorronzoro, convencido de que la eficiencia comienza en la localización.
Este nuevo mega feedlot no funciona de manera aislada. Forma parte de un sistema integrado que incluye recría a campo, capitalización de vientres, engorde intensivo y producción agrícola sobre unas 8.000 hectáreas en la zona. A este esquema se suma una nueva unidad logística destinada a transportar granos y hacienda, con el objetivo de reducir costos y mejorar la eficiencia operativa. El volumen diario previsto ilustra la escala del emprendimiento, ya que cerca de 1.000 toneladas de alimento deberán ser movilizadas cada día para sostener la operación plena.
El contexto ganadero
El crecimiento del engorde a corral responde a transformaciones profundas en la cadena de la carne. Según Dorronzoro, la demanda proviene cada vez más de frigoríficos exportadores que necesitan animales homogéneos, pesados y con calidad constante. «La industria está demandando cada vez más engorde a corral», asegura. En ese contexto, los ciclos de terminación se extendieron, los esquemas tradicionales de 90 días fueron reemplazados por engordes de entre 120 y 180 días, necesarios para alcanzar los estándares de calidad requeridos por los mercados internacionales.

Cerca de 1.000 toneladas de alimento deberán ser movilizadas cada día para sostener la operación
Con Estados Unidos y Europa como nuevos mercados demandantes, sumado a una recomposición de precios para los productores ganaderos, el sector productor de carne bovina actualmente vive una situación muy favorable, que se materializa en las pizarras de precios.
El establecimiento Don Juan, propiedad de los hermanos Marcos y Luciano Dorronzoro, trabaja mayormente con animales destinados a exportación, donde el marmoleo y la terminación adquieren relevancia creciente. La apertura de mercados y las cuotas internacionales representan oportunidades, aunque el empresario mantiene una mirada prudente. «Cualquier mercado que se abra suma, pero los valores actuales en dólares son muy altos y no sabemos cuánto se sostendrán», advierte Marcos.
A la cabeza en tamaño y calidad
Cuando el complejo esté completamente operativo, se ubicará entre los feedlots más grandes del país en capacidad de hotelería. Sin embargo, Dorronzoro insiste en que el objetivo no es el ranking sino la calidad del sistema. «A nivel capacidad estaremos entre los más grandes. A nivel calidad, queremos estar primeros«, afirma.
En una región históricamente dominada por la agricultura, la puesta en marcha de este complejo representa algo más que una inversión ganadera. Expresa un cambio de paradigma productivo donde se ven sistemas integrados, intensivos y tecnificados que buscan capturar valor en origen y responder a una demanda global cada vez más exigente.
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