ECONOMIA
Fate no es la única: la lista de empresas emblemáticas que cerraron o se achicaron por importaciones

El cierre de Fate, considerada la principal fabricante de neumáticos a nivel local, con la consiguiente pérdida de más de 900 empleos, acentúo la discusión respecto del impacto a nivel productivo y laboral que viene generando la decisión oficial de abrir de forma irrestricta las importaciones. El cambio en cuestión, señalan diversas mediciones, disparó a nivel promedio cuanto menos un 35% el ingreso de insumos o productos terminados efectuado por actores industriales. En paralelo, sendos monitoreos señalan que las importaciones crecieron seis veces más que el PBI durante el período 2025. Es en ese contexto que se multiplican los cierres o el achique de compañías de peso de sectores como el textil, el electrónico, las autopartistas y la metalmecánica, por mencionar algunos nichos, con lo que eso implica en términos de cesación de empleos y reducción del producto nacional.
A la par de lo que ocurre en Fate, una muestra cercana en el tiempo de lo que viene ocurriendo con las empresas que son impactadas por el ingreso de productos desde el exterior o, en todo caso, han optado por redefinir sus esquemas de negocios hacia la comercialización de mercadería fabricada en el exterior, corresponde a Dass, la única fabricante de calzado para Adidas y Nike en la Argentina.
De origen brasileño, la firma viene de recortar 45 puestos de trabajo en su planta de Eldorado, en la provincia de Misiones, y en 2025 bajó la persiana de sus instalaciones productivas en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires.
En territorio misionero, la pregunta que prevalece es por cuánto tiempo más permanecerá abierta la planta de la compañía en cuestión. En los años recientes, Dass —un auténtico gigante en Brasil, con más de 36.000 empleados— redujo la dotación de personal en Eldorado de 1.500 a los actuales 220 operarios.
Textiles y calzados, en el tope de los nichos complicados
Sobre todo durante 2025, la firma pasó de mantener en operación unas 60 líneas de producción de manera simultánea a un presente de apenas 15 en estado de funcionamiento. En torno al personal de la compañía señalan que la fabricación en Misiones fue mutando rápidamente a una actividad de «ensamblado» de calzado para, luego, sufrir el efecto de los importados.
En ese sentido, fuentes misioneras señalan que marcas como Adidas y Nike vienen optando por ingresar a la Argentina calzado terminado proveniente de China y Asia en general, lo cual les permite bajar de manera contundente los costos de producción.
De acuerdo a Gustavo Melgarejo, delegado gremial de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA), tan sólo en los primeros meses de 2025 una marca clave como Adidas importó alrededor de 12 millones de pares de zapatillas terminados mientras que, en contrapartida, las instalaciones de Eldorado elaboraron cerca de 700.000.
Otro caso de impacto es el de Eseka, la compañía produce las marcas Cocot y Dufour. La firma atraviesa una instancia de conflicto por el despido de 140 personas efectuado en los últimos dos meses. Al mismo tiempo, la empresa viene cubriendo salarios, aguinaldo y vacaciones bajo un régimen de cuotas.
Tal como expuso iProfesional en una nota reciente, la empresa estaría dirigiendo su negocio a la importación de prendas ya confeccionadas desde China en detrimento de su producción a nivel local. A eso respondería, también, la decisión de Eseka de mantener abierto un esquema de retiros voluntarios.
A estos nombres debe añadirse el caso de Textilana, dueña de la marca Mauro Sergio y proveedora de Kosiuko, y su controlada Hilamar, que a fines de 2025 informó que aplicaría un cronograma de suspensiones de personal que se extenderá hasta bien entrado este año.
En un primer momento, la firma anticipó que frenaría el desempeño de 170 empleados, pero luego ese número se amplió hasta los 250 operarios. En torno a la compañía señalan que Textilana y Hilamar recortaron 150 puestos de trabajo entre despidos y retiros, sólo en los últimos años.
Durante la primera mitad de 2025, Textilana, un ícono de los hilados de Mar del Plata, desaceleró su labor casi un 20% y aplicó una primera ola de 50 cesantías.
En torno a Textilana reconocen que, además de las importaciones provenientes de China, la comercialización también bajó por «la caída en el poder adquisitivo de la población, el cual impacta especialmente en el rubro textil».
En línea con los argumentos de que el producto asiático viene desplazando al nacional, desde Fundación ProTejer recientemente se indicó que ese movimiento viene consolidándose de manera acelerada en la Argentina.
«La desregulación del régimen courier, la flexibilización aduanera y la falta de controles sobre plataformas digitales abrieron una puerta que China aprovechó como ningún otro país. Hoy, el gigante asiático no solo domina más del 70% del mercado textil importado, sino que también está desplazando la producción nacional y el trabajo argentino», indicó la organización.
Siempre en el sector textil resta decir que en meses recientes TN & Platex discontinuó líneas de producción en Corrientes y La Rioja, dando de baja 88 empleos. De igual modo, Luxo y Vulcalar cerraron sus fábricas y dejaron un saldo de 168 personas despedidas.
Detalle de las compañías que aplicaron despidos o suspensiones en meses recientes.
Los sectores golpeados se multiplican
A raíz del arribo masivo de productos elaborados fuera del país, la industria argentina atraviesa una crisis que sólo en los últimos tres meses originó la pérdida de casi 4.400 empleos, según consultoras como Sistémica. La firma en cuestión documentó 21 situaciones de cierre, reestructuración y despidos masivos tan solo en el último trimestre de 2025.
Si bien cada firma presentó razones internas para ajustar operaciones, pero dos denominadores comunes se repiten al momento de abordar el mal momento comercial que se transita: la caída del consumo interno y la pérdida de competitividad frente a las importaciones.
En términos geográficos, precisó la consultora mencionada, las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, y la región del NOA, aparecen como las áreas donde la crisis industrial no ha hecho más que agudizarse.
En septiembre del año pasado, la empresa de cerámicos ILVA cerró su planta en Pilar y aplicó 300 despidos. En ese mismo distrito, durante el mes de noviembre, la multinacional Whirlpool también bajó las persianas de su fábrica inaugurada apenas dos años antes, en 2022. El cierre afectó a 220 empleados del sector metalmecánico.
Por su parte, Mabe estableció un proceso de reorganización de sus operaciones en la Argentina. Dicha iniciativa comprende retiros voluntarios para parte de su personal y el cierre de su fábrica de Córdoba, que será reconvertida en depósito y hub de distribución.
Mabe hará de sus instalaciones en Río Segundo un centro de distribución, y concentrará la manufactura de cocinas, lavarropas y secarropas en Luque. Además, continuará con la producción de heladeras en San Luis, aunque a un ritmo más acotado.
La situación en esa firma no es más que otra confirmación del mal momento que atraviesan los productores de electrodomésticos en la Argentina, con niveles de fabricación que en la mayoría de los casos bordea el 50% de la capacidad instalada.
En noviembre pasado, en tanto, la fábrica de ollas Essen despidió a más de 30 trabajadores de su planta en Venado Tuerto, en la provincia de Santa Fe, señalando que la medida resultó consecuencia del bajo consumo y la suba de las importaciones. La empresa dio cuenta del avance de productos ingresados desde Asia.
El sector autopartista también sintió el golpe. Corven avanzó con despidos en su planta de, también, Venado Tuerto, alcanzando a 150 trabajadores desvinculados. SKF clausuró sus instalaciones de Tortuguitas, en Buenos Aires, dejando en la calle a 145 empleados.
En paralelo, Dana cerró su establecimiento de Naschel, San Luis. Cincuenta puestos de trabajo se perdieron en una región donde las alternativas laborales escasean. En la producción de plásticos, la firma PanPack cerró sus puertas a fines de noviembre de 2025 y la medida redundó en la pérdida de 80 empleos.
En la siderurgia, Acerías Berisso dejó de operar en octubre del año pasado. La medida implicó la desactivación de medio centenar de puestos de trabajo.
Se derrumba la electrónica en Tierra del Fuego
Otro nicho de negocios golpeado duramente por las importaciones es la producción nacional de electrónica. Recientemente, y a raíz de la avalancha de dispositivos ingresados desde el exterior, Newsan despidió a 150 trabajadores de su planta de Ushuaia.
Al mismo tiempo, la entrada en vigencia del arancel 0 para la importación de teléfonos celulares, en continuidad con las rebajas porcentuales establecidas a mediados del año pasado, abre interrogantes respecto de qué ocurrirá con la producción local de ese tipo de dispositivos.
En esa provincia temen que el ingreso irrestricto de celulares importados complique la continuidad de numerosos empleos. La industria electrónica genera unos 10.000 puestos de trabajo y la categoría celulares representa el 40% de ese total, siendo la que más peso tiene en el total.
Fuera de la isla, el sector de equipos eléctricos sumó el cierre de la fábrica de DBT-Cramaco en Sastre, Santa Fe. El cese de actividades tuvo lugar durante noviembre del año pasado y la medida implicó la pérdida de casi 40 puestos de trabajo.
Ya en el rubro alimenticio, la firma Otito dispuso el cierre de su planta en San Pedro, Jujuy, afectando a otros 40 empleados.
Las suspensiones masivas, otra tendencia que se acelera
A los cierres y despidos se sumaron suspensiones de gran magnitud. En esa línea, y dentro de la industria metalúrgica, Acindar (ArcelorMittal) suspendió a 200 trabajadores en su planta de Villa Constitución, Santa Fe.
El caso más resonante fue Mondelez. La compañía frenó la actividad de 2.300 empleados en su planta de General Pacheco, provincia de Buenos Aires.
Al mismo tiempo, la filial argentina de Stellantis resolvió adelantar las vacaciones en su planta de El Palomar, donde se producen los modelos Peugeot 208, 2008 y Partner, y Citroën Berlingo.
El receso de verano se extendió por un mes adicional, hasta el 4 de enero de 2026. La compañía emitió una señal clara de que, según lo que viene mostrando el mercado, la actividad no repuntaría en el corto plazo.
Se multiplican las mediciones que dan cuenta del impacto de los importados
Las consultoras y espacios de análisis que dan cuenta del impacto de los importados se multiplican y en todos los casos hay coincidencias respecto del duro momento que atraviesan los empleos industriales a raíz del cambio de régimen.
Según firmas como PXQ, los niveles de importaciones actuales comprenden valores comparables a los registrados durante la presidencia de Mauricio Macri, y se acrecentaron 25% —siempre en términos de valor— versus 2024.
La consultora detalla en un informe reciente que los ítems que más crecieron en los últimos meses corresponden a vehículos y tractores, máquinas y artefactos mecánicos, y máquinas y aparatos eléctricos.
Por su parte, el área de Estudios Económicos del Banco Provincia detalla que, siempre en 2025, el volumen de importaciones creció seis veces más que el PBI. Bienes finales y vehículos livianos concentran el 70% de la tendencia, según esa área especializada, y la perspectiva es que la ola se incremente afectando aún más la fabricación local de automóviles, motos y otros rodados.
Por último, resta mencionar una medición del Observatorio de Importaciones de APYME Santa Fe, el cual arrojó que la importación de bienes finales subió casi 45% en diciembre último respecto de igual mes pero del año anterior. Automotriz, textil, línea blanca, maquinaria agrícola y materiales para la construcción, entre los rubros que más incentivaron el ingreso de bienes e insumos generados fuera de la Argentina.
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ECONOMIA
Ranking de inflación: en qué posición quedó Argentina en América Latina tras el dato de febrero

La difusión del Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a febrero de 2026 por parte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) permite actualizar la comparación del ritmo de aumento de precios en América Latina. Con un registro del 2,9% mensual, Argentina se consolida en el segundo puesto del ranking regional, solo superada por Venezuela, y mantiene una brecha significativa respecto al resto de las economías del cono sur, que presentan variaciones mayoritariamente por debajo del 1 por ciento.
En el acumulado del primer bimestre del año, el país registró una variación de precios del 5,9 por ciento. Este escenario se da en un contexto donde, tras una desaceleración previa, la inflación local muestra una tendencia alcista que se sostiene desde junio de 2025. Al mismo tiempo, el dato interanual se ubicó en el 33,1%, cifra que supera ampliamente los promedios anuales de los países vecinos.
Venezuela continúa ocupando el primer lugar de la medición regional con una marcada diferencia. Según los datos del Banco Central de Venezuela, la inflación de febrero fue del 14,60%, mientras que el acumulado del primer bimestre escaló al 51,90 por ciento. A pesar de ciertos periodos de estabilidad relativa en años anteriores, la dinámica de precios en ese país se mantiene en dos dígitos mensuales, reflejando grande desequilibrios macroeconómicos.

Argentina, en el segundo puesto con el mencionado 2,9%, se distancia del grupo de países con metas de inflación de un solo dígito anual. La evolución del IPC local en febrero estuvo traccionada por aumentos en servicios públicos y regulados, además del impacto estacional en ciertos rubros de consumo masivo.
Colombia se ubicó en el tercer escalón del ranking con una inflación mensual del 1,08% en febrero y un acumulado bimestral del 2,27%, de acuerdo al Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). La economía colombiana ha enfrentado presiones por el lado de los precios de los alimentos y la indexación de contratos de arrendamiento, aunque mantiene una tendencia de convergencia hacia niveles más bajos respecto al año previo.
Por su parte, Perú registró una variación del 0,69% en febrero, según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). El acumulado de los primeros dos meses del año alcanzó el 0,72 por ciento. Según los medios locales, el país ha logrado mantener su estabilidad monetaria a pesar de las fluctuaciones en los precios internacionales de la energía, apoyado en una política monetaria restrictiva y una recuperación en la oferta de productos agrícolas tras eventos climáticos que habían afectado el inicio del año pasado.
Ecuador reportó una inflación del 0,21% mensual y un 0,57% acumulado en el primer bimestre. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de ese país refleja niveles de variación de precios que se encuentran entre los más bajos de la región, vinculados a la ausencia de expansión monetaria y a un consumo interno que mantiene una dinámica moderada.
Brasil, la principal economía de la región, mostró un IPC del 0,70% en febrero, con un acumulado bimestral del 1,03 por ciento. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el índice se vio influenciado por los costos de transporte y educación, típicos del segundo mes del año. No obstante, el Banco Central de Brasil mantiene una vigilancia estrecha sobre las expectativas de inflación para asegurar el cumplimiento de sus metas anuales.
Uruguay registró una inflación del 0,35% en febrero y un 1,27% en el primer bimestre. El Instituto Nacional de Estadística (INE) uruguayo ha destacado que el país atraviesa un ciclo de estabilidad prolongado; de hecho, en periodos recientes ha alcanzado sus niveles de inflación interanual más bajos en siete décadas. La apreciación de la moneda local frente al dólar y una política fiscal orientada al control del gasto han contribuido a este resultado.
En el caso de Paraguay y Chile, ambos países reportaron una variación del 0% en el segundo mes de 2026. Paraguay acumula un 0,60% en el bimestre, según el Banco Central del Paraguay (BCP), mientras que Chile registra un 0,40% en el mismo periodo, de acuerdo al INE chileno. En Chile, la estabilidad se produce luego de un proceso de ajuste tras los picos inflacionarios de la post-pandemia, logrando anclar nuevamente las expectativas del mercado.
Bolivia fue el único país de la región que presentó una variación negativa de precios en febrero, con una deflación del -0,62%. De esta manera, el acumulado bimestral se situó en el 0,68 por ciento. El Instituto Nacional de Estadística (INE) boliviano vincula estos movimientos a la caída estacional en el precio de productos básicos de la canasta alimentaria y al sistema de subsidios vigentes que mantiene regulados los costos de la energía y los combustibles.
La brecha entre Argentina y sus vecinos se manifiesta al observar que el dato mensual argentino (2,9%) es casi tres veces superior al de Colombia, que ocupa el tercer lugar. Si se compara con Brasil o Uruguay, la diferencia es de cuatro y ocho veces, respectivamente. Esta disparidad resalta la persistencia del fenómeno inflacionario en el país en contraste con una región que, en su mayoría, ha logrado estabilizar sus indicadores de precios tras los choques externos de los últimos años.
ECONOMIA
El viejo IPC ayudó a que el IPC no perfore el techo de 3%, mientras se aleja la meta de bajarlo a 1%

Ahora queda más clara la resistencia de Toto Caputo a cambiar la canasta que mide la inflación. Si se hubiera aplicado la metodología nueva, el IPC de febrero habría sido de 3,1%, un índice que, con apenas dos décimas por encima del IPC oficial, habría resultado nocivo políticamente para un gobierno que se aferra al discurso de que la inflación está bajando.
Lo cierto es que, contando febrero, van nueve meses consecutivos en los que la inflación se mantiene o sube, y cada vez le resulta más difícil al gobierno dar una explicación. Durante la campaña electoral del año pasado, el argumento preferido era la caída en la demanda de pesos causada por el «riesgo kuka». Pero las elecciones ya quedaron muy lejos, y no hay indicios de que la inflación esté aflojando.
Más bien al contrario, ni siquiera se puede recurrir al argumento de que lo importante es la «inflación núcleo», como hacía Javier Milei el año pasado, porque ahora ese indicador, con un 3,1%, también muestra una tendencia preocupante. Y resulta cada vez más difícil sostener el pronóstico de que en el segundo semestre el índice mensual será inferior al 1%.
La explicación de Caputo es que todavía no se completó el proceso de «cambios de precios relativos», que básicamente refiere a que los servicios -sobre todo, los regulados por el Estado-, tenían precios tan atrasados con respecto a los bienes, que lleva un período largo para que se llegue a una situación de equilibrio. Y es cierto que el gobierno de Milei recibió un sistema energético con «tarifas pisadas», pero también es verdad que los ajustes tarifarios más grandes fueron pospuestos para el momento post electoral.
La bomba tarifaria
Es así que, en febrero, el rubro «Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» registró un explosivo incremento de 6,8%, más del doble de lo que venía marcando hasta fin del año pasado. No fue una sorpresa para nadie, dado que recién a partir de febrero se empezó a sentir con toda plenitud el recorte de los subsidios tarifarios para los hogares de ingresos medios.
Y la perspectiva de corto plazo es que esa recomposición tarifaria continuará. Ocurre que la necesidad de recortes de los subsidios -que representan un 6% del gasto presupuestario- se acentuó por la peligrosa tendencia en la recaudación impositiva: las cifras de ARCA marcaron en febrero la séptima caída consecutiva, medida en variación interanual real.
Ese rubro, que en la canasta del Indec tiene asignada una ponderación de 9,4% del presupuesto familiar, tendría un 14,5% si Caputo no hubiese cuestionado el cambio metodológico que propuso el resignado Marcos Lavagna.
De estar rigiendo la frustrada nueva canasta -que toma en cuenta patrones de consumo según un censo de 2018, mientras la canasta vigente considera un censo de 2004-, entonces se habría sumado casi dos puntos al IPC de febrero solamente por la incidencia de las tarifas de servicios públicos.
Sorpresa en el rubro alimenticio
Todo ese efecto estaba previsto por Caputo. En cambio, lo que resultó más sorpresivo fue que el rubro de alimentos, que después del pico de fin de año suele disminuir la presión alcista en el verano, continúa con una elevada tasa de aumentos.
Si bien se moderó respecto del impactante 4,7% de enero, el rubro alimenticio continúa muy por encima del promedio del año pasado, al registrar un 3,3% en un mes de apenas 28 días.
Los «villanos» del mes fueron, otra vez, las carnes. En el rubro vacuno, la paleta tuvo un incremento de 8,1% y el asado de 5,7%. Mientras que el pollo dio la nota con una suba de 10,2% en el mes.
Esta situación se da por una combinación de motivos locales y del mercado global. Los ganaderos, al ver subir el precio de la hacienda, tienen incentivo a engordar los animales y así recomponer el stock, que se redujo en casi 10 millones de cabezas tras la política de controles de precios en el gobierno kirchnerista.
Hay, además, un recorte en la producción global, y Argentina, con sus nuevos tratados comerciales, está posicionada para multiplicar su volumen de exportación, lo que genera un «efecto contagio» sobre las carnicerías.
Los expertos del negocio ganadero afirman que, dado el tiempo que lleva el ciclo biológico, los precios podrían seguir altos durante dos años.
La carne y el cambio de IPC
Esa es la parte que Caputo subestimó cuando tomó la decisión de mantener la actual canasta del Indec. Si hubiera aceptado el cambio, tal vez la categoría de alimentos habría neutralizado el efecto de la suba de tarifas.
Ocurre que en la canasta inflacionaria se le sigue asignando a la carne vacuna la misma ponderación en el presupuesto familiar que la que tenía en el año 2004, a pesar de que hoy el nivel de consumo es de 49,9 kilos anuales per capita, un 35% menos que los 63,9 kilos que se consumían en 2004.
Y ese efecto nocivo no se limita al plano estadístico, sino que tiene peso político. En un país con altos índices de pobreza, la inflación del rubro de alimentos es la más sensible, y en buena medida es la que define la aprobación del plan económico de un gobierno.
En su primera etapa, el programa de Milei se pudo jactar de que los precios de alimentos subían menos que el promedio de la inflación, lo cual ayudaba a la caída en los índices de pobreza.
Pero desde octubre pasado esa tendencia se quebró, y ya van cinco meses consecutivos en los que la comida va por encima del resto de las categorías. Es algo que se ve más claro cuando se analiza la evolución de la canasta básica -la que marca el consumo mínimo para estar sobre la línea de pobreza- y la canasta alimentaria -la que indica una dieta diaria suficiente como para no estar en situación de indigencia-.
En febrero, la canasta alimentaria tuvo un incremento de 3,2%, lo que implica una variación de 37,6% en 12 meses. En cambio, el IPC fue de 2,9% en el mes y acumula un 33,1% mensual. Es una situación que habilita a los reclamos de ajustes superiores a la inflación para las jubilaciones y los salarios de las franjas de menores ingresos.
¿Marzo peor?
Y, acaso lo peor de todo, las perspectivas de marzo lucen feas. Ya se trata, de por sí, de un mes con alta inflación estacional, como consecuencia del impacto del inicio de clases y del cambio de temporada textil. Además, claro, seguirá presionando el factor tarifario. Pero, además, las consultoras privadas siguen registrando alzas de alimentos y pronostican que el IPC no se ubicaría debajo de 2,8%.
En definitiva, serán días en los que la capacidad persuasiva de Toto Caputo deberá esforzarse al extremo, dado que este pico inflacionario se produce justo cuando la mayoría de los gremios está renegociando los ajustes de salarios. Y, por otra parte, cuando el gobierno intenta convencer al sector financiero de que baje las tasas de interés en pesos para que se expanda el crédito al consumo y la producción.
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ECONOMIA
El Gobierno busca retomar el proceso de desinflación con absorción de pesos y un dólar que se mantiene a la baja

Con el telón de fondo del alto dato de inflación de febrero, el Gobierno optó por curarse en salud. Como consecuencia, el Tesoro retomó en la licitación de deuda de ayer una refinanciación superior al 100 por ciento. El 108% refinanciado implica en la práctica una mayor absorción de la liquidez que inyecta el Banco Central cada día que compra reservas.
“El registro de la licitación previa -donde el rollover se situó excepcionalmente por debajo del 100%- por ahora debe leerse como un evento puntual que no señalizó un cambio en la estrategia contractiva de fondo, con un rollover en lo que va del año que también se ubica en 108% acumulado”, explicaron desde Puente.
La gran variedad de bonos en pesos que se licitaron hacía suponer que el Gobierno tomaría una actividad agresiva para contener la expansión monetaria. Finalmente colocó deuda por $10,4 millones, por encima de los 9,64 billones que vencían.
La lectura de la decisión tomada por el Tesoro luce bastante clara. El objetivo es mantener bajo control al cantidad de dinero para contener el aumento de la inflación de los últimos meses.

La contracción monetaria que vienen llevando especialmente el Tesoro pero también el Central tiene como contrapartida una importante caída en la cotización del dólar en las últimas semanas. La divisa vuelve a transformarse así en un ancla anti inflacionaria. Ayer el tipo de cambio mayorista cerró por debajo de los 1.400 pesos.
El refinanciamiento mayor al 100% implica absorción neta de pesos del mercado, lo que es consistente con la política de mantener la liquidez contenida.
“El mensaje central respecto a la demanda del mercado se concentró en la preferencia por la cobertura inflacionaria, con un fuerte apetito por los instrumentos de la curva CER que absorbieron la mayor parte de las ofertas adjudicadas.”, explicaron desde Puente.
De hecho los bonos que ajustan por inflación son los de mayor rendimiento real, ya que pagan hasta 8% por encima de la inflación anual. “Esta validación de la curva CER frente a la tasa fija sugiere que los inversores priorizaron la protección contra el IPC en un escenario de liquidez excedente”, agregaron.

El índice de precios de febrero, que arrojó un 2,9%, se ubicó bien por encima de la expectativa de los analistas. Luis “Toto” Caputo ensayó una lectura benévola del dato: “La economía argentina todavía se encuentra en una etapa de corrección de precios relativos, tras acumular décadas de acumular distorsiones”.
Luego agregó que “el superávit fiscal, el control estricto de los agregados monetarios consistente con el proceso de desinflación y la mejora del balance del BCRA son prioridades para el Gobierno”.
El 2,9% de febrero obedeció solo parcialmente a los aumentos de tarifas, que es donde más se nota la distorsión de precios relativos. Luego hubo aumentos significativos en el rubro alimentos y bebidas (3,3%) y la inflación núcleo (que excluye productos estacionales y regulados) subió hasta 3,1 por ciento.
El nuevo dato implica que hace diez meses ya que la inflación no baja, luego del piso del 1,5% registrado en mayo del 2025. Marzo tampoco viene fácil, sobre todo después del aumento de la nafta que ya acumula 8% en el mes. El incesante incremento del barril de petróleo es muy probable que también se traslade parcialmente a los surtidores.

La buena noticia, en todo caso, es la caída cambiaria que incluso significó una caída del precio del dólar en las últimas semanas.
En la primera semana de marzo la suba de alimentos y bebidas fue solo 0,4% según la consultora EcoGo, que calculó que en todo el mes podría ubicarse en 2,5 por ciento. Pero se trata de una expectativa demasiado optimista, considerando que la guerra con Irán está presionando sobre la inflación en todas parte del mundo.
Respecto al financiamiento en moneda extranjera, la colocación del nuevo bono ARGBON27 (AO27) a una tasa de 5,59% valida la continuidad de la estrategia oficial de profundizar el crédito en dólares bajo jurisdicción local.
“Este enfoque -indicaron desde Puente- permite al Gobierno seguir utilizando el mercado doméstico para la gestión de su programa financiero, apoyado en un apetito de los inversores locales que esperamos se mantenga firme en las próximas emisiones, permitiendo al Tesoro gestionar sus compromisos sin depender exclusivamente del acceso a los mercados internacionales”.
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