ECONOMIA
Guerra en Irán dispara precio del gas cuando Argentina define importación para enfrentar el invierno

La volatilidad extrema regresó a los mercados energéticos globales y puso a la Argentina frente a un escenario de máxima tensión. El conflicto armado en Medio Oriente no solo disparó señales de alerta sobre los precios del crudo que en el caso del Brent se acerca peligrosamente a la barra de los u$s100 por barril, sino que se extiende al comercio global del Gas Natural Licuado (GNL), del cual el país es aún comprador estacional.
En este contexto, el país se prepara para cubrir el pico de demanda invernal bajo una modalidad inédita en dos décadas a partir del traspaso del control de las importaciones de GNL hacia manos privadas, mediante una licitación pública internacional en marcha. Este giro en la política energética local ocurre en un momento de fragilidad logística internacional.
El cierre virtual del Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del gas y petróleo mundial, paralizó el despacho en Qatar, uno de los mayores exportadores del planeta. Como resultado, el indicador TTF de Europa -referencia clave para las compras argentinas- registró un salto del 70% desde el 24 de febrero al 6 de marzo, lo que obliga a recalcular los costos de un suministro que el país necesita asegurar en cuestión de semanas.
El proceso de desregulación, oficializado mediante el Decreto 49/2026, estableció que un «agregador-comercializador» privado reemplace el rol histórico que cumplía la estatal Enarsa en la compra de cargamentos. Esta nueva figura debe gestionar la logística y el financiamiento de los buques regasificadores, asumiendo riesgos de mercado que hasta el año pasado recaían exclusivamente en el Tesoro Nacional.
GNL de importación para la Argentina
Juan Bosch, presidente de SAESA, advierte sobre la particularidad de esta crisis en comparación con el mercado del petróleo. Según el directivo, «aunque el estrecho de Ormuz ve pasar a diario un quinto del petróleo mundial, hay más fuentes y rutas para el petróleo que para el GNL, lo que hace que el impacto en el gas sea más pronunciado», con lo cual es mucho más sensible al bloqueo de arterias marítimas estratégicas.
Para la Argentina, a pesar del estremecimiento global, el mercado local se encuentra en una posición ventajosa al pasar de ser deficitaria a superavitaria en energía, principalmente por las exportaciones de petróleo, lo que significa mayores ingresos al subir el precio del crudo. Además, se posiciona para convertirse en pocos años como un proveedor de GNL confiable y alejado de las zonas de conflicto y rutas afectadas.
«Un impacto negativo es que Argentina, a pesar de ser superavitaria en energía y gas natural en general, sigue siendo importadora de GNL durante los picos de consumo en invierno (junio-julio). Los precios de importación son muy elevados, y este será el primer invierno en que la gestión de importación y comercialización de GNL estará en manos de una empresa privada», resalto Bosch.
Es que la tensión global se dio en momentos en que «la administración de las importaciones de gas ya no estará a cargo de la empresa estatal ENARSA, sino de una empresa privada a través de una licitación. Aunque es pronto para evaluar, se espera que una gestión privada sea más diligente y eficiente, lo que podría generar eficiencias en la asignación de costos y el análisis de riesgos, aunque el éxito dependerá también de factores como la severidad del invierno», advirtió.
La invasión rusa de Ucrania en 2022 disparó los precios del gas, afectando severamente a Europa. En ese momento, Argentina se vio obligada a comprar GNL a precios altísimos que llegaron hasta 22 USD/MBTU, comparado con los 2-3 USD/MBTU actuales al no haber anticipado las compras. Sin embargo, la guerra también favoreció comercialmente a Argentina al disparar los precios de los productos agrícolas.
Un cambio de paradigma en la gestión
El principal desafío para el futuro operador privado reside en un complejo desfasaje temporal de precios. El esquema diseñado por el Gobierno y la complejidad misma del mercado obliga al comercializador a cerrar los principales contratos de compra con los comercializadores internacionales durante los meses de marzo y abril, cuando no es posible anticipar si la volatilidad por el conflicto en Irán podrá bajar o seguirá en alza.
Sin embargo, ese recurso se venderá a las distribuidoras locales recién dos o tres meses después, durante el pico de consumo invernal, lo que puede generar una renta extraordinaria en caso de que el combustible mantena esta volatilidad alcista o generar un bache financiero que requiere de una espalda de capital considerable, explicaron voceros del sector.
Este escenario expone al adjudicatario a un riesgo cambiario y de mercado que podría volverse inmanejable. Mientras el precio de adquisición queda cristalizado en el momento de la contratación internacional, el precio de venta final en el mercado interno debe responder a una estructura de tarifas que no siempre se ajusta con la misma celeridad. Sin mecanismos de cobertura claros, el operador privado corre el riesgo de sufrir un estrangulamiento de caja, advierten los analistas.
La ingeniería financiera se vuelve aún más compleja al observar el mecanismo de selección de la licitación. Al basarse en la oferta de la menor tarifa en USD/MMBTU, el modelo busca eficiencia, pero deja un margen de error casi inexistente, poniendo en duda la sustentabilidad de toda la operatoria para este primer invierno sin Enarsa.
Para mitigar estos riesgos, la Secretaría de Energía introdujo una «cláusula de seguridad» que le permite al Estado adquirir volúmenes adicionales ante cualquier amenaza al suministro. Esta reserva es una admisión implícita de que la capacidad de respuesta del sector privado podría verse desbordada por factores exógenos. Si el agregador no logra utilizar plenamente la capacidad de regasificación de las terminales de Escobar o Bahía Blanca, o si las ventanas de arribo de los buques se ven alteradas por la logística global, será el Estado quien deba volver a intervenir de emergencia.
El costo de importación en invierno
Para entender la magnitud del mercado que el Gobierno decidió delegar, basta observar el desempeño de la balanza energética en los últimos dos años. Durante 2024 de acuerdo a las cifras públicas de Enarsa, la Argentina importó un total de 30 cargamentos de GNL por un monto aproximado de u$s672 millones. En aquel invierno, el precio promedio por cada millón de BTU (MMBTU) se ubicó en torno a los u$s10,7, una cifra que permitió un ahorro significativo respecto de los picos históricos de la pospandemia.
Sin embargo, el escenario de 2025 mostró una dinámica diferente que sirve de advertencia para el nuevo operador privado. El año pasado, la cantidad de buques se mantuvo en niveles similares —se adjudicaron finalmente 27 barcos— pero el costo total ascendió a cerca de u$s740 millones. Este incremento respondió a un precio promedio de importación más elevado, que osciló entre los u$s12,5 y los u$s13,6 por MMBTU en las licitaciones de Enarsa.
En 2024, el país logró reducir las importaciones en más de u$s1.000 millones respecto del año anterior porque la engrada en oepración de nueva infraestrutura de transporte como el gasoducto Perito Moreno permitió un mayor abastecimiento del mercado local. Aquel año fue el primero en que estuvo operativo durante los 12 meses el nuevo gasoducto que aportó más de 20 MMm3/d.
En 2025 esa tendencia se estancó, pero en este caso parte de las importaciones de GNL no fueron para el abastecimiento de la demanda prioritaria (usuarios residenciales) sino a desplazar parte de los combustibles más caros y contaminantes como el gasoil y el fuel oil que utilizan las centrales térmicas.-
Así, a pesar de los récords de producción en el yacimiento neuquino, la Argentina sigue atada al mercado spot global para superar los meses de frío extremo, una dependencia que ahora el sector privado deberá gestionar con sus propios recursos. El nuevo comercializador privado debutará con el riesgo de enfrentar un mercado internacional con precios sensiblemente altos, como ya ocurrió en 2022 cuando se llegaron a pagar hasta 28,8 dólares por MMBTU tras la invasión rusa en Ucrania.
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ECONOMIA
Las acciones de Atmus Filtration se disparan tras su inclusión en el S&P SmallCap 600 Por Investing.com

Investing.com — Las acciones de subieron un 4,6% en las operaciones fuera de horario del jueves tras el anuncio de que la compañía se unirá al índice .
S&P Dow Jones Indices anunció que Atmus Filtration Technologies reemplazará a en el S&P SmallCap 600 con efecto antes de la apertura de las operaciones el jueves 9 de abril. El cambio se produce tras la adquisición de Air Lease Corp por parte de Sumitomo Corporation & Consortium, que se espera que se complete pronto pendiente de las condiciones finales de cierre.
La inclusión en un índice suele impulsar las ganancias de las acciones, ya que los fondos pasivos que siguen el índice de referencia están obligados a comprar acciones de las empresas recién añadidas. Tanto Atmus Filtration Technologies como Air Lease Corp operan en el sector Industrial.
El cambio en el índice entrará en vigor antes de la apertura de los mercados el 9 de abril de 2026.
Este artículo ha sido generado y traducido con el apoyo de AI y revisado por un editor. Para más información, consulte nuestros T&C.
ECONOMIA
En febrero, la producción de pétroleo se mantuvo en niveles récord por el boom de Vaca Muerta

El yacimiento de Vaca Muerta sostuvo niveles récord de producción de petróleo y gas en febrero, en un escenario internacional marcado por la volatilidad de los precios energéticos debido a la guerra en Medio Oriente entre Estados Unidos e Irán. Según el informe del sector oil & gas elaborado por RICSA ALyC, Argentina alcanzó una producción de 874.000 barriles diarios de crudo, un incremento interanual del 15,9%, afianzando su posición como proveedor seguro en la región.
El reporte indica que Vaca Muerta representa el 68% de la extracción nacional de petróleo y el 56% del gas, con 4.470 pozos activos. La Cuenca Neuquina concentra el 77,4% del volumen nacional, mostrando una expansión del 30,4% frente al año anterior. Este crecimiento ocurre mientras el contexto global presenta incertidumbre, con el conflicto en Medio Oriente impactando directamente en los precios internacionales de la energía.
La reciente escalada entre Estados Unidos e Irán llevó el valor internacional del Brent a superar los 100 dólares por barril, una marca que no se veía desde 2022. Los mercados reaccionaron ante la posibilidad de interrupciones en el abastecimiento por el bloqueo del estrecho de Ormuz, zona por donde transita el 20% del petróleo mundial.
La inestabilidad internacional generó un efecto directo sobre la cotización del crudo. El Brent escaló hasta 119 dólares por barril tras los ataques en la región, mientras el West Texas Intermediate (WTI) también registró subas importantes.
El informe de RICSA ALyC destaca que Argentina consolida su rol como potencia energética regional gracias al desarrollo de recursos no convencionales en Vaca Muerta. “El país se posiciona como un proveedor seguro y confiable en un momento en que los mercados internacionales buscan alternativas para reducir la dependencia de Medio Oriente”, explican. El shock de precios mejora la competitividad de las exportaciones argentinas y abre oportunidades para avanzar en proyectos como el Gas Natural Licuado (GNL), destinados a abastecer tanto a Asia como a Europa.
La guerra en Medio Oriente, iniciada a principios de marzo de 2026, provocó ataques a instalaciones petroleras y bloqueos en rutas estratégicas. Analistas advierten que, si el cierre del estrecho de Ormuz persiste, los precios podrían escalar hasta los 150 dólares por barril. Por el momento, la Agencia Internacional de Energía (AIE) dispuso la liberación de 400 millones de barriles de las reservas estratégicas para estabilizar los mercados, aunque estas medidas solo brindan alivio temporal.
El contexto internacional también afecta el precio del gas natural, con subas superiores al 40% en Europa debido a la paralización de la producción en Qatar y bloqueos en el Golfo Pérsico. El informe de explica que la fortaleza de Vaca Muerta permite a Argentina sostener la producción y aprovechar la demanda global en alza, en especial ante un escenario donde los principales exportadores de Medio Oriente redujeron su oferta por ataques y restricciones logísticas.
En el plano local, la expansión de Vaca Muerta y la Cuenca Neuquina se traduce en una mayor oferta de energía, tanto para el mercado interno como para la exportación. El crecimiento del 30,4% en la cuenca neuquina y el desarrollo continuo de pozos reflejan la capacidad argentina para responder a la demanda internacional. El país busca acelerar proyectos de infraestructura para aumentar la capacidad de transporte y procesamiento, con el objetivo de capitalizar el contexto global.
El sector energético argentino enfrenta el desafío de consolidar estos avances con inversiones sostenidas y marcos regulatorios estables, en medio de la competencia internacional por captar mercados ante la incertidumbre geopolítica. La posibilidad de posicionar al país como proveedor estratégico para Asia y Europa, especialmente en GNL, depende de la continuidad del crecimiento en Vaca Muerta y la capacidad de mantener la producción en niveles récord, como ocurrió durante febrero.
La coyuntura internacional, dominada por la guerra en Medio Oriente y la volatilidad de los precios, configura un escenario de desafíos y oportunidades para el sector energético argentino. La producción récord de Vaca Muerta y el fortalecimiento de la Cuenca Neuquina consolidan a Argentina como un actor relevante en el mercado global de hidrocarburos en un momento de alta demanda y reconfiguración de los flujos comerciales.
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ECONOMIA
El peso argentino rompe con años de caídas y se convierte en refugio durante la crisis global

El peso argentino acaba de protagonizar un giro histórico. Durante más de una década, los inversores sabían exactamente qué esperar de la moneda local: un desplome sostenido frente al dólar. Pero ahora, mientras la guerra en Irán sacude los mercados globales, el peso hizo algo impensado. Está prosperando.
La moneda argentina fue una de las dos únicas divisas de mercados emergentes que se apreciaron frente al dólar en marzo. El índice de rendimiento total de MSCI para divisas emergentes registró su peor caída mensual desde 2022. Los operadores reevaluaban probabilidades de recortes de tasas. El impacto del aumento de los costos energéticos desde el inicio del conflicto generaba turbulencia en todos los mercados.
Para el peso argentino, este desempeño representa un quiebre radical. La moneda había sido la de peor performance entre 22 divisas en 10 de los últimos 11 años. Ahora, algunos analistas empiezan a hablar de ella como un «refugio seguro». Mitad en broma, mitad en serio.
Tres motores impulsan la fortaleza del peso
La apreciación tiene explicaciones concretas. Un aumento estacional de las exportaciones agrícolas motoriza el primer factor. Los dólares de la cosecha gruesa empiezan a ingresar al mercado oficial en cantidades importantes.
El segundo motor es la producción energética. Los envíos de petróleo y gas desde Vaca Muerta crecen de forma sostenida. La formación de shale en la Patagonia argentina se consolida como fuente de divisas estructural.
El tercer impulso proviene del financiamiento externo. Las empresas locales emitieron deuda en dólares a comienzos de este año por montos récord. Esos ingresos se liquidaron en el mercado cambiario oficial.
Joseph Incalcaterra, jefe de estrategia macro para América Latina en HSBC en Nueva York, sintetiza el fenómeno. «Muchos dólares de exportación están entrando al mercado en este momento», señaló. «El crecimiento estructural de las exportaciones de petróleo y gas coincide con precios elevados del crudo y con la temporada de cosecha en Argentina», agregó.
El superávit comercial se multiplica por seis
Los números del comercio exterior confirman el cambio de tendencia. El superávit comercial de Argentina en los dos primeros meses del año alcanzó casi u$s3.000 M. La cifra es más de seis veces superior al mismo período del año pasado.
La mejora tiene dos caras. Por un lado, las exportaciones de alimentos mantienen su nivel alto. Por otro, las importaciones cayeron fuerte. El estancamiento económico reduce la demanda de bienes externos.
Pero hay un factor diferencial nuevo: Vaca Muerta. La formación de shale ocupa unos 30.000 kilómetros cuadrados en la Patagonia. Su tamaño es similar al de Bélgica. Es una de las mayores reservas de petróleo y gas no convencional del mundo.
La producción energética local reduce la necesidad de importar combustibles. Argentina dejó de ser importador neto de energía. Ahora exporta gas a Chile y Brasil. Cada cargamento de GNL que sale rumbo a Europa suma dólares a las arcas del Banco Central.
La cosecha trae una lluvia de dólares en el segundo trimestre
El segundo trimestre marca el pico de la temporada de cosecha. Los ingresos de divisas por exportaciones agrícolas suelen acelerarse entre abril y junio. Los precios internacionales actuales favorecen a los productores locales.
A los precios actuales, las ganancias en productos clave podrían ser sustanciales. Soja, maíz, trigo, petróleo y minería combinados tienen potencial de generar hasta u$s10.000 M adicionales en ingresos por exportaciones este año. La estimación es de Banco Galicia.
Los dólares de la cosecha presionan naturalmente a la baja sobre el tipo de cambio. Más oferta de divisas en el mercado oficial implica un peso más fuerte. El fenómeno se repite cada año entre marzo y julio. Pero este año, el volumen de dólares disponibles es inusualmente alto.
El cepo cambiario aísla al peso de la especulación
La moneda argentina opera bajo estrictos controles cambiarios. Los inversores extranjeros no pueden repatriar capital con facilidad. Las multinacionales tampoco logran transferir utilidades acumuladas de años anteriores. Esto deja al peso más expuesto a flujos de divisas reales que a movimientos especulativos, tan comunes en otros mercados emergentes.
El cepo funciona como barrera de contención. Los flujos financieros especulativos que sacuden monedas como el real brasileño o el peso mexicano no impactan igual en Argentina. La moneda local responde principalmente a la oferta y demanda de dólares comerciales.
Todd Martinez, codirector del grupo de soberanos de América en Fitch, destaca este punto. «La actual fortaleza y estabilidad del peso, aunque a veces influida por la intervención del gobierno, tiene más que ver con los flujos comerciales», afirmó. Esos flujos han mejorado estructuralmente de forma significativa gracias a la producción energética de Argentina.
Milei mantiene el ancla cambiaria y acumula reservas
El presidente Javier Milei se ha negado a devaluar. También rechaza dejar flotar libremente al peso, como algunos inversores sugerían el año pasado. La estrategia oficial apunta a mantener un crawling peg: una devaluación mensual controlada que se ajusta al ritmo de la inflación.
El Banco Central aprovecha el ingreso de divisas para comprar dólares. Desde comienzos del año, acumuló alrededor de u$s4.000 M en reservas. Esas compras esterilizan parte de la oferta de divisas. Sin esa intervención, el peso estaría aún más fuerte.
Luis Caputo, ministro de Economía, cuantificó el efecto. Según sus cálculos, el peso sería cerca de 20% más fuerte de no ser por esas compras del BCRA. La autoridad monetaria busca acumular reservas sin permitir una apreciación excesiva que dañe la competitividad exportadora.
El acceso al crédito externo refuerza el flujo de dólares
Argentina recuperó acceso a los mercados financieros globales. Las empresas locales recurrieron de forma sostenida a emisiones de deuda en los últimos meses. Incluso en medio de la guerra en Medio Oriente, la ventanilla de financiamiento se mantuvo abierta.
La mayoría de esas colocaciones apuntan a financiar inversiones en el sector energético. Vaca Muerta demanda capital intensivo. Las petroleras y gasíferas necesitan fondos para perforar pozos y construir infraestructura. Los dólares de esos bonos ingresan al país y se liquidan en el mercado cambiario oficial.
Según datos del Banco Central, los ingresos vinculados a endeudamiento externo se convirtieron en una fuente clave de divisas. El flujo no reemplaza a las exportaciones, pero las complementa. Cada colocación de bonos de YPF, Pampa Energía o Tecpetrol suma dólares a la oferta disponible.
La paradoja de un peso fuerte con bonos que caen
No todos los activos argentinos comparten la fortaleza del peso. Los spreads de la deuda soberana se ampliaron cerca de 60 puntos básicos desde que comenzó el conflicto en Medio Oriente. Los bonos a 2035 cayeron casi tres centavos por dólar en ese período.
La divergencia es llamativa. Mientras el peso se aprecia, la deuda se deprecia. Los diferenciales de deuda soberana de mercados emergentes en general aumentaron cerca de la mitad en el mismo lapso. Argentina amplió el doble esa brecha.
Los inversores manifiestan preocupación por la inflación persistente. Los precios al consumidor subieron 2,9% en febrero. La cifra superó levemente el 2,8% que estimaban economistas encuestados por Bloomberg. La inflación alimenta dudas sobre la sostenibilidad del esquema cambiario.
Este año, el Banco Central comenzó a permitir que la moneda fluctúe dentro de una banda más amplia. Esa banda se ajusta al ritmo de la inflación mensual. El mecanismo busca darle flexibilidad al tipo de cambio sin abandonar el control oficial.
Analistas advierten sobre falta de correlación entre variables
Martín Polo, estratega en jefe de Cohen, cuestiona la coherencia del cuadro macroeconómico. «Este tipo de cambio no es atractivo, y nosotros lo asociamos a una caída de actividad económica», señaló. La apreciación real del peso perjudica a sectores transables.
Polo describe una desarticulación entre las principales variables. «Las cuatro patas de la mesa están desniveladas: la inflación va al alza, bajan las tasas, los bonos caen, pero el tipo de cambio está a la baja», advirtió. «Uno debería ver que todo esto tenga un sendero de correlación», concluyó, sugiriendo que la falta de sincronización entre activos puede generar tensiones futuras.
La pregunta que queda flotando es si el peso argentino podrá mantener esta fortaleza inesperada. O si los fantasmas de las últimas once devaluaciones volverán a aparecer cuando la cosecha termine y los dólares de Vaca Muerta no alcancen para sostener el tipo de cambio. Por ahora, la moneda local disfruta de un momento histórico. Pero en Argentina, la historia económica suele repetirse.
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