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ECONOMIA

Inversores se cubren ante un posible salto del dólar: el riesgo que ve el mercado si toca el techo de la banda

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En su discurso ante el Council of Americas, Javier Milei dejó en claro lo que todos los analistas sospechaban: que la volatilidad de las tasas de interés es considerada por el Gobierno una especie de daño colateral en pos de un objetivo superior: la estabilidad cambiaria y de precios.

Según el Presidente, esa turbulencia es el reflejo del «riesgo kuka» en plena campaña electoral y en el contexto de un Congreso donde priman los «pirómanos fiscales». De acuerdo con su línea argumental, el mercado se estabilizará una vez que los riesgos políticos se hayan disipado. O sea, después de las legislativas de octubre.

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Presión en el mercado de dólar futuro, pese a las altas tasas

Pero no fue una frase que llevara tranquilidad al mercado, donde hay operadores que ya manifiestan abiertamente sus dudas respecto de si la volatilidad actual -que congela virtualmente el crédito, con tasas para crédito en descubierto por un insólito 140% anualizado– puede extenderse por dos larguísimos meses.

Y el temor de quienes creen que octubre está demasiado lejos es que cada vez sea mayor -y más costosa de resistir- la presión sobre el tipo de cambio. De hecho, las intervenciones del BCRA sobre los contratos de futuros no se han detenido, luego del costo de $400.000 millones en julio.

Aun así, y con un nivel de tasas de Lecap que supera el 4% efectivo mensual, sigue habiendo presión en el mercado de futuros. Este jueves hubo posiciones con subas de hasta 29% para los contratos más largos -por ejemplo, febrero de 2026- pero también subieron las cotizaciones con fechas anteriores a las elecciones.

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En otras palabras, sube el costo del «seguro» para cubrirse de una eventual devaluación. Con los números actuales, el mercado está demostrando su expectativa de que haya un nuevo esquema cambiario. Esto se refleja en el hecho de que, a partir de diciembre, los contratos traspasan el techo de la banda de flotación.

Hablando en plata, hay gente dispuesta a cubrirse de un riesgo de que el dólar a fin de año sea superior a los $1.532, cuando la «tablita» cambiaria prevé para esa fecha que el tipo de cambio no pueda superar los $1.520.

Javier Milei predice más déficit externo y dólar en baja

Pero lo verdaderamente raro en este contexto es el hecho de que Milei insinuó que, después de las elecciones, el tipo de cambio -que hoy está a una distancia de 10% del techo de la banda- podría caer más.

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La referencia de Milei fue sobre la probabilidad de que el déficit de la cuenta corriente sea mayor luego de las elecciones, porque el «efecto confianza» determinaría un masivo ingreso de capitales en forma de inversión privada. Es una forma indirecta de anticipar que podría haber un tipo de cambio real más atrasado que el actual, con el cual se llegará a un déficit de 1,8% en la cuenta corriente.

No es la primera vez que Milei minimiza la gravedad del desbalance externo -que históricamente ha sido el preludio de devaluaciones– pero, esta vez su declaración llama más la atención, porque no solo contradice las advertencias de los empresarios por el enfriamiento de la actividad, sino que hasta va en contra de los consejos del propio Fondo Monetario Internacional.

En su reporte, el organismo había sugerido que, considerando su débil cobertura de reservas y sus dificultades de acceso al mercado financiero internacional, Argentina debería contar con un superávit de cuenta corriente de 1,4% del PBI, como forma de evitar eventuales turbulencias.

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Hablando en plata, el superávit de cuenta corriente que sugiere el FMI se ubicaría en torno de u$s10.000 millones, mientras las proyecciones indican que se terminará el año con un rojo por más de u$s12.000 millones.

En realidad, el FMI viene insistiendo desde fines del año pasado sobre la necesidad de que el tipo de cambio suba entre 15% y 20%. En otras palabras, para los economistas del Fondo que siguen la economía argentina, todas las variables estarían mejor si el dólar se acercara al techo de la banda.

El miedo a la flotación del dólar

Y es ahí donde surge el punto más sensible del plan económico: por más que los funcionarios del equipo económico repitan a diario que «el dólar flota», la percepción que hay en el mercado es bien diferente. Más bien, lo que se interpretó es que detrás de la obsesión de Toto Caputo por no dejar pesos «excedentes» en las licitaciones del Tesoro existe un inconfesado temor a la corrida cambiaria.

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De hecho, hay consenso en calificar como «forzada» la baja de 4,3% que tuvo el dólar mayorista desde su pico de $1.374 a inicios de mes. Para muchos, es una estrategia que llama la atención, porque cuanto más lejos esté el dólar del techo de la banda, mayor es su potencial de suba y, por lo tanto, mayor será el costo de cobertura. Esto implica la necesidad de tasas de interés más altas para que los inversores puedan obtener una rentabilidad real, y también supone un mayor costo eventual para el BCRA por sus contratos del mercado de futuros.

Los defensores del dólar cercano a la banda -es decir, en un nivel que hoy sería de $1.400- argumentan que se corregirían problemas de competitividad de la industria, que además se incentivaría a mayores volúmenes de exportación agrícola y que el Tesoro se ahorraría un monto importante en el costo financiero de cada «rolleo» de deuda.

Además, el propio Milei defiende la tesis de que no existe el riesgo de un «efecto contagio» del dólar hacia los precios, por lo cual tampoco estaría presente ese riesgo.

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Todo esto lleva a la pregunta inevitable: ¿por qué el gobierno pone tanto esfuerzo en bajar al dólar al medio de la banda y asume los costos de la volatilidad financiera y el freno del crédito? Después de todo, se supone que tiene tras los desembolsos que ha recibido de parte del FMI, el Banco Central cuenta un alto «poder de fuego» para responder a una demanda de divisas.

El Gobierno busca evitar que el dólar toque el techo de la banda

La respuesta de los economistas es clara: nadie quiere que se llegue a la instancia de que la cotización toque el techo y el BCRA se vea obligado a vender los dólares que le prestó el FMI. Es el típico caso en el que el arma es más efectiva cuando sirve como disuasorio que cuando realmente se está obligado a usarla.

Economistas y ejecutivos de bancos -especialmente los veteranos que han presenciado pulseadas entre el BCRA y el mercado- sostienen que, por más respaldo en dólares frescos que haya recibido, no hay forma de evitar que una venta de varios días con el tipo de cambio en el techo de la banda de flotación genere un trauma político y social.

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«No hay que olvidarse que en Argentina la gente compra cuando el dólar sube, no cuando baja», explican desde un banco del «top five» en el ranking de depositantes. El ejecutivo señala que, en contra de lo que podía suponerse, el nivel de demanda de dólares por parte de los pequeños ahorristas ha sido relativamente bajo en agosto, pero que podría dispararse en los próximos meses.

¿A cuánto puede llegar esa demanda? Es imposible predecir, pero las referencias más recientes indican que en junio los minoristas adquirieron dólares por u$s4.357 millones, contando las compras netas de billetes en los bancos por u$s2.020 millones y otras salidas netas de divisas por u$s2.308. La cifra implica una suba de 25% respecto de mayo -el primer mes completo sin controles cambiarios-, que a su vez había sido superior en 59% a abril. Y, aunque todavía no está el dato oficial, se sabe que el dato de julio será todavía más abultado.

Los más críticos con el sistema de flotación entre bandas afirman que, si toca el techo, el esquema fracasa inexorablemente, porque justamente es un precio puesto como referencia para que, antes de llegar al máximo, aparezca la oferta privada.

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Y, sobre la base de las experiencias recientes -como la de fines de 2018, con Guido Sandleris al frente del BCRA- reina es escepticismo sobre las chances de que se le pueda ganar una pulseada al mercado. Aquella experiencia había arrancado bien, con el dólar que llegó a perforar el piso de la banda, lo que llevó a que el BCRA comprara divisas algunas semanas.

Como ahora, también había contracción monetaria y ajuste fiscal -lo cual aceleró el clima recesivo- y el dólar empezó a acercarse al techo. El FMI dio varias concesiones al plan original y finalmente tomó una decisión que, en los hechos, daba por terminada la vigencia de la banda cambiaria: autorizó a que el BCRA interviniera a discreción. Mientras duró la ese sistema, se liberaron desembolsos adicionales por u$19.000 millones.

¿Se puede frenar una corrida cambiaria?

En teoría, si hoy el dólar tocara el techo, el Central contaría con un poder de fuego amplio. El economista Fernando Marull estimó u$s23.000 millones, sumando el aporte del FMI más depósitos del Tesoro y recursos del BCRA por operaciones de futuros.

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Pero claro, esos números incluyen los encajes de los ahorros bancarios. Los analistas calculan que las reservas netas para hacer frente a una corrida no pasarían de u$s5.000 millones. ¿Alcanza para mantener la calma? Para contestar esa pregunta, habría que saber la demanda potencial del mercado en una situación de nerviosismo, y es un punto sobre el que hay divergencias.

Los más críticos del plan económico afirman que el gobierno subestima la cantidad de activos que podrían ir al dólar en un caso de crisis. Según la consultora Yier -dirigida por el ex viceministro Gabriel Rubinstein- ese monto ronda los u$s120.000 millones, si se considera la totalidad de depósitos bancarios más los bonos en pesos. Y recuerda que en momentos de shock externo, como la crisis del Tequila de 1995, hubo una caída de 20% de los activos en pesos.

Más cerca en el tiempo, tras la derrota de Mauricio Macri en las PASO de 2019, el sistema bancario sufrió el retiro de 10% de los depósitos en un solo día.

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En definitiva, hay antecedentes lo suficientemente inquietantes como para que la cercanía del techo de la banda genere nerviosismo tanto en el gobierno como entre los inversores.



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ECONOMIA

Cuánto subió el dólar en 2025 y cómo comienza el año nuevo en sus diferentes versiones

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El dólar oficial arrancó 2025 en $1.015 y cerró en $1.480, con una suba del 45,8% y máximos hacia fin de año (Reuters)

En un año atravesado por cambios de reglas, expectativas cruzadas y una economía en plena reconfiguración, la moneda estadounidense mostró movimientos que marcaron el pulso financiero mes a mes. Entre saltos, estabilizaciones y nuevas referencias, las distintas cotizaciones dejaron un balance que sirve como punto de partida para entender cómo arranca el año nuevo y qué señales envían el dólar oficial, los financieros y el paralelo en este nuevo escenario.

El recorrido del dólar a lo largo de 2025 dejó un mapa claro de ganadores y perdedores, pero también de una nueva dinámica en el mercado cambiario. Con el levantamiento del cepo como punto de quiebre y las elecciones como protagonistas, las distintas versiones de la divisa reflejaron el impacto de la política económica, la reacción de los ahorristas y las necesidades de cobertura de empresas e inversores. El resultado fue un 2025 en el que el dólar volvió a funcionar como termómetro de la confianza —y de las tensiones— de la economía argentina.

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Ahora bien, ¿Cuál fue el resultado final de todo ese movimiento? Para entenderlo, es relevante analizar cuatro valores en relación al dólar: a cuánto cotizaba cuando empezó el año, en cuánto lo terminó y cuál fue el punto más bajo y más alto a lo largo de los doce meses. Por supuesto, las respuestas varían dependiendo de qué cotización se mire.

Comenzando por el tipo de cambio oficial, el valor de entrada -el que tenía el primer día hábil de enero de 2025-fue de $1.015 y el valor de cierre fue de $1.480. Es decir que en el transcurso del 2025 registró un aumento de 45,8%. El punto más bajo se dio el 6 de enero ($1.015), mientras que el valor más alto fue el registrado en el final del año. No obstante, en el camino tuvo varios picos altos, como los que se dieron en la previa de las elecciones legislativas, cuando llegó a costar 1.465 pesos.

Fue menos vertiginoso el “viaje” del dólar MEP (dólar bolsa), que comenzó el 2025 en $1.166,04 y lo terminó en $1.480,74, con lo que registró una variación del 26,9%. En ese caso, el nivel más bajo del año se dio el 21 de abril ($1.122,60) y el techo se alcanzó en la previa de las elecciones ($1.590,78).

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El dólar MEP tuvo un
El dólar MEP tuvo un recorrido más moderado, pero con picos preelectorales; avanzó 26,9% en los doce meses (Imagen Ilustrativa Infobae)

En lo que respecto al Contado con Liquidación (CCL), los datos históricos muestran que el primer día del año cerró en $1.185,23. En tanto, la cotización del 30 de diciembre, fue de $1.521,55 (28,3% más alto).

No se puede dejar de lado el dólar libre, que si bien no es un canal de venta oficial, sí juega un papel importante en la formación de expectativas, o al menos tuvo esa relevancia antes de la salida del cepo cambiario. En el primer día del año, la cotización del blue fue de $1.185. Tras varios meses de relativa estabilidad, cayó a $1.130, justo después del levantamiento de las restricciones. Su comportamiento fue relativamente calmo a lo largo de los meses siguientes, pero siempre con tendencia ascendente. El pico máximo se dio tanto en octubre como el 30 de diciembre ($1.530). De puna a punta, el dólar informal registró una variación de 29,1%.

Por último, se debe mencionar el dólar turista, también conocido como dólar tarjeta. El mismo se calcula sumando al valor del dólar oficial los impuestos PAIS, de Ganancias y de Bienes Personales. Este tipo de cambio se aplica a las compras con tarjeta en moneda extranjera y a los gastos turísticos fuera del país. El primer día hábil del año, que fue también el punto más bajo, cotizaba a $1.319,50 y el último, también el punto más alto, terminó en $1.924. Como su valor depende de los movimientos del dólar oficial, la variación fue también similar (45,8%).



South America / Central America

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ECONOMIA

Turismo internacional: estiman que la Argentina cerró el año con un desequilibrio similar al de 2017

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El auge del turismo emisivo impulsó los vuelos internacionales, que crecieron 31% respecto de la prepandemia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante 2025, la actividad turística de Argentina enfrentó un escenario de déficit internacional comparable al registrado en 2017. Según el último informe de IERAL de Fundación Mediterránea, la dinámica de los viajes mostró que el saldo del año refleja que en los primeros 11 meses viajaron 11,2 millones de turistas residentes al exterior, mientras que solo ingresaron al país 4,8 millones de turistas internacionales. De este modo, el saldo neto fue de 6,4 millones de viajeros, cifra alineada con el desbalance de viajeros observado en 2017.

El año se caracterizó por un turismo emisivo récord en el verano, cuando la cantidad de argentinos que eligió destinos fuera del país creció un 80% respecto del verano anterior, en tanto el turismo receptivo cayó 25%. El denominador común en este comportamiento fue el dólar barato, que incentivó los viajes al exterior y restó atractivo a la llegada de turistas internacionales. En ese contexto, el cociente entre turismo emisivo y receptivo se ubicó en 2,3. Esto significa que por cada viajero internacional que visitó Argentina, 2,3 residentes viajaron al extranjero. El informe lo describe como “un año de desbalance récord en décadas (exceptuando años pandémicos en los que el turismo estuvo restringido fuertemente)”.

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En términos económicos, el flujo de divisas acompañó el desbalance de viajeros. El informe advierte que “el año finalizará con una salida de divisas por turismo emisivo que se ubicaría entre USD 12.000 y 13.000 millones“. Si a este monto se le restan los ingresos generados por el turismo receptivo, estimados en aproximadamente US$ 4.500 millones, “el saldo de divisas ocasionado por la actividad turística será deficitario de entre USD 7.000 y 8.500 millones“. Estas cifras son provisorias, ya que resta conocer el resultado de la cuenta de viajes del cuarto trimestre.

El impacto de esta dinámica se trasladó al sector hotelero interno. Las mediciones de INDEC marcaron una caída del 3% en la cantidad de pernoctaciones en establecimientos de alojamiento durante 2025, con una mayor incidencia en el turismo receptivo. El informe señala que “la cantidad de pernoctaciones en establecimientos de alojamiento cayó 3%, con mayor incidencia en el turismo receptivo”.

En cuanto a las tendencias de búsqueda, las consultas relacionadas con turismo emisivo en Google se mantuvieron en niveles altos, aunque dejaron de crecer respecto al año anterior. “Los últimos registros ubican a estas búsquedas por debajo de las que tenían en el periodo 2024/25, es decir en la previa del verano de récord de emisivo”. En cambio, las búsquedas vinculadas al turismo interno se mostraron más bajas, con una caída del 18% en septiembre y octubre respecto al mismo periodo de 2024, aunque en noviembre y diciembre se acercaron a los niveles del año pasado. “Es precisamente en las últimas semanas del año cuando estas búsquedas se intensifican. Esto ha ocurrido así en los últimos años y es un patrón muy común a la hora de decidir viajes en la actualidad”.

De cara a la temporada alta de 2026, el informe de IERAL describe que “el desempeño que tuvo la actividad turística en el verano 2025 será un piso para lo que resulte en 2026”. Entre los factores que podrían influir en una mejoría se mencionan el encarecimiento relativo del destino Brasil, la menor incertidumbre cambiaria después de las elecciones y el llamado “efecto Messi”, ya que parte de los turistas emisivos podrían reservar parte de su presupuesto para viajar a ver a la selección en Estados Unidos.

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En materia de conectividad, la cantidad de vuelos internacionales desde y hacia Argentina en noviembre se ubicó “31% por encima de los que existían en 2019 (prepandemia)”, impulsada por el auge del turismo emisivo. En contraste, los vuelos nacionales apenas superaron en 5% los niveles de 2019. Esta diferencia en la conectividad aérea representa un desafío para el sector turístico local de cara a 2026, según el informe: “incrementar la competitividad turística local, ampliar conectividad, lograr mayor cantidad de turistas internacionales en el país, sostener y volver a dinamizar el empleo en la actividad turística”.

El informe sostiene que la recuperación del turismo receptivo se apoya en la mejora de la competitividad cambiaria y en el desarrollo de eventos internacionales, factores que, junto con el intenso flujo de turismo emisivo, generan oportunidades en materia de conectividad. Para el próximo verano, se anticipa que “los flujos internacionales mostrarán, sin lugar a duda, un resultado deficitario”, aunque se estima que el turismo emisivo no será tan fuerte como en 2025 y que el turismo receptivo podría continuar recuperándose, achicando ligeramente el déficit.

El debate sobre la salida de divisas por turismo volvió a ganar espacio en la agenda pública. Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, defendió el gasto de los argentinos en el exterior y su impacto en la economía local. “Los argentinos que gastan dólares en el exterior son héroes de la producción”, sostuvo en declaraciones recientes. Según Sturzenegger, “el gasto en turismo en el exterior es una de las formas más puras de libertad”. El funcionario afirmó que “eliminar restricciones para viajar y comprar en el exterior fortalece la competencia y dinamiza la economía”.

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ECONOMIA

“No dormirse en los laureles”: la advertencia de Cavallo sobre el rumbo económico y las reformas pendientes para el 2026

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“El inicio de un crecimiento vigoroso y sostenible de la economía argentina en 2026 es posible”, afirmó el ex ministro Domingo Cavallo, aunque subrayó que la secuencia de reformas resulta determinante

En la víspera del inicio de 2026, el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, publicó en su blog personal un extenso análisis en el que detalló cuáles consideró que debían ser las reformas prioritarias para que la economía argentina logre un crecimiento vigoroso y sostenible. En ese marco, sostuvo que los avances en materia fiscal y los incentivos a las grandes inversiones ofrecieron una base relevante, aunque remarcó que el proceso de recuperación requiere completar una agenda más amplia y respetar una secuencia precisa de cambios estructurales.

Cavallo afirmó que “el inicio de un crecimiento vigoroso y sostenible de la economía argentina en el año 2026 es posible”, pero aclaró que ese escenario depende de decisiones que todavía deben adoptarse. Según explicó, el ajuste fiscal logrado en un plazo breve y la vigencia de un régimen de incentivos fiscales para grandes inversiones en sectores como la energía, la minería y las tecnologías avanzadas brindaron argumentos para esperar una mejora de la actividad. Sin embargo, advirtió que esos logros no resultan suficientes por sí solos y sostuvo que “el Gobierno no debe dormirse en los laureles”.

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El economista señaló que completar la reactivación de los sectores vinculados al mercado interno y asegurar un crecimiento sostenido en el tiempo exige avanzar con varias reformas. A su entender, la secuencia de estas medidas resulta determinante para que los años 2026 y 2027 consoliden el respaldo ciudadano a las ideas de libertad económica y modernización que impulsa el presidente Javier Milei desde la campaña electoral de 2023.

Como primer paso, Cavallo destacó la aprobación del Presupuesto 2026 por parte del Congreso. Indicó que esa decisión permitió avanzar en la consolidación de lo que definió como “el gran logro de los dos años precedentes: el fuerte ajuste del gasto público y la eliminación del déficit fiscal”. Además, sostuvo que la ejecución de ese presupuesto y las negociaciones con las provincias para que acompañen el ajuste fiscal nacional podrían avanzar con mayor fluidez si el Gobierno profundiza el proceso de reprivatización.

En ese sentido, planteó que “se acelere el proceso de reprivatización de las empresas que fueron estatizadas después del abandono de la convertibilidad” y que los recursos obtenidos se destinen a incrementar la inversión en infraestructura pública. Según explicó, ese sector mostró un deterioro acumulado durante varios años y su recuperación resulta clave para sostener el crecimiento económico sin violar las restricciones fiscales.

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El segundo paso que consideró imprescindible es la sanción de un nuevo régimen monetario y cambiario, preferentemente por ley, similar al que funciona en Perú. Cavallo sostuvo que ese marco institucional complementaría al Presupuesto 2026 y permitiría liberar al mercado cambiario y a la expansión del crédito al sector privado de “trabas burocráticas y manejos impredecibles”. En ese contexto, señaló que el Banco Central debe acumular reservas propias a un ritmo rápido.

“La reducción de la tasa
“La reducción de la tasa de riesgo país es más importante que la reducción inmediata de la tasa de inflación”, sostuvo el ex ministro al analizar la estabilidad macroeconómica

EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

El ex ministro vinculó ese proceso con la evolución del riesgo país. Según afirmó, “la tasa de riesgo país debe descender a no más de 300 puntos básicos”, lo que permitiría que las tasas de interés en pesos y en dólares se ubiquen en niveles reales compatibles con el crecimiento potencial de la economía. A su juicio, sin una completa liberalización cambiaria y financiera, resulta muy difícil que las expectativas de los inversores privados contribuyan tanto a la estabilidad macroeconómica como a un crecimiento sostenido.

También identificó como tercera reforma relevante la denominada ley de modernización laboral, aunque aclaró que su importancia no reside tanto en los cambios inmediatos del régimen laboral. Según explicó, el valor central de esa iniciativa se encuentra en los incentivos impositivos incluidos para alentar la inversión en empresas medianas y pequeñas.

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Cavallo sostuvo que esos mecanismos avanzarían en la línea de extender a firmas de menor tamaño los beneficios fiscales que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) aseguró a los proyectos de gran escala. Incluso, consideró que “sería conveniente que estos incentivos fiscales se acercaran aún más” a los previstos para las grandes inversiones.

En relación con la apertura de la economía, el economista afirmó que las modificaciones orientadas a eliminar el sesgo antiexportador de la estructura de precios relativos deben postergarse hasta que el cambio en el régimen monetario, cambiario y financiero permita que el tipo de cambio real se ubique en un nivel de equilibrio. Según escribió, ese proceso debe desarrollarse “sin restricciones al movimiento de capitales (salvo las necesarias para desalentar el carry trade)”.

Cuando se avance en esa etapa, Cavallo remarcó la necesidad de eliminar impuestos indirectos que encarecen los costos de producción de los bienes transables internacionalmente o, en su defecto, compensarlos mediante reembolsos y reintegros a las exportaciones hasta que esos tributos se eliminen de manera definitiva.

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En otro tramo del texto, el ex ministro afirmó que la reducción del riesgo país resulta más relevante que una baja inmediata de la inflación. Argumentó que, si ese indicador no desciende, “siempre estará como espada de Damocles un posible salto devaluatorio” o la necesidad de frenarlo mediante tasas de interés muy elevadas. En ese contexto, consideró imprudente anunciar metas de inflación excesivamente ambiciosas mientras subsistan restricciones cambiarias para las empresas.

Cavallo advirtió que fijar objetivos inflacionarios difíciles de cumplir podía implicar el riesgo de “ser desmentido por la realidad” o forzar una política monetaria tan restrictiva que acentúe el clima recesivo del mercado interno. En contraste, sostuvo que “es mucho más conveniente fijarse una meta ambiciosa en materia de tasa de riesgo país”, ya que su cumplimiento permitiría avanzar hacia un esquema consistente de estabilidad y crecimiento.

Respecto de la reactivación del mercado interno, señaló que se produciría en la medida en que se mantengan tasas reales de interés que no superen el crecimiento potencial de la economía y que la expansión del crédito al sector privado facilite la inversión familiar y empresaria. En ese punto, volvió a destacar el rol de la inversión en infraestructura como un motor adicional de crecimiento sostenido.

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