ECONOMIA
Las exportaciones mineras superaron los USD 6.000 millones en 2025, un récord histórico

Las exportaciones mineras argentinas alcanzaron en 2025 un total de USD 6.037 millones, el registro anual más alto desde que existen datos consolidados del sector. El resultado correspondiente al período enero-diciembre de 2025 marca un nuevo máximo histórico y consolida una suba significativa respecto de los años previos.
De acuerdo con los datos oficiales, el monto exportado durante 2025 implicó un crecimiento de 29,2% en comparación con 2024, cuando las ventas externas del sector habían totalizado USD 4.674 millones. El salto interanual permitió que las exportaciones mineras superaran por primera vez la barrera de los USD 6.000 millones en un solo año.
El desempeño de 2025 no solo se destacó por el nivel alcanzado, sino también por la distancia que estableció frente a los registros históricos del sector. El promedio anual de exportaciones mineras entre 2010 y 2024 fue de USD 3.838 millones, lo que ubica al último año muy por encima de ese valor de referencia.
La comparación con el promedio de los últimos quince años permite dimensionar el cambio de escala que mostró el sector en 2025. El monto exportado durante el último año fue casi USD 2.200 millones superior al promedio anual del período 2010–2024, lo que representa una diferencia significativa en términos de generación de divisas.
Durante más de una década, las exportaciones mineras se mantuvieron en niveles considerablemente más bajos que los observados en 2025. Si bien hubo años con desempeños elevados dentro de la serie, el promedio histórico refleja un sendero de valores que, en conjunto, quedaron lejos del registro alcanzado en el último ejercicio completo.

En ese contexto, el dato de USD 6.037 millones se consolida como un punto de inflexión dentro de la serie, al establecer un nuevo máximo anual y modificar el rango en el que se habían movido las exportaciones del sector durante los años anteriores.
El crecimiento registrado en 2025 también amplió la brecha respecto del promedio histórico. Mientras que entre 2010 y 2024 el valor medio anual fue inferior a los USD 4.000 millones, el resultado del último año superó ese nivel en más de un 50%, reflejando una aceleración clara en el ritmo de las exportaciones mineras.
Más allá del récord alcanzado en 2025, distintos análisis plantean un escenario de crecimiento sostenido para las exportaciones mineras argentinas en el mediano y largo plazo. De acuerdo con un informe elaborado por BBVA Research, el sector podría multiplicar su nivel actual de ventas externas si avanzan los proyectos que hoy se encuentran en distintas etapas de desarrollo y si se consolidan condiciones macroeconómicas y regulatorias que permitan su puesta en marcha.
Las proyecciones contemplan un horizonte hacia 2033, año para el cual las exportaciones mineras podrían ubicarse en torno a los USD 25.000 millones anuales, un volumen que implicaría un cambio estructural en el perfil exportador del país. Ese escenario se apoya en la entrada en producción de nuevos emprendimientos y en la ampliación de capacidades de proyectos ya operativos, con impacto directo sobre el volumen exportado.

El crecimiento proyectado no sería inmediato, sino gradual, a medida que se concreten inversiones de gran escala que requieren plazos largos de desarrollo. En ese sentido, los análisis destacan que la minería es una actividad intensiva en capital, con procesos que pueden demandar varios años desde la exploración hasta la producción comercial, por lo que el salto en las exportaciones se daría de manera progresiva a lo largo de la próxima década.
Las estimaciones también señalan que el desempeño futuro del sector estará condicionado por factores como el acceso al financiamiento, la estabilidad de las reglas de juego y la evolución de la demanda internacional de minerales. Bajo esos supuestos, el crecimiento de las exportaciones permitiría que la minería incremente su participación dentro del comercio exterior argentino y refuerce su aporte en términos de generación de divisas.
En ese marco, el récord alcanzado en 2025 aparece como un punto de partida dentro de una trayectoria que, según las proyecciones de BBVA Research, podría llevar a niveles de exportación muy superiores a los actuales si se materializan los proyectos previstos y se mantienen las condiciones necesarias para su desarrollo.
Corporate Events,South America / Central America
ECONOMIA
Lado B de la disparada del petróleo: el campo sufrirá una fuerte suba de precios de insumos

Una vez más, se produce la paradoja argentina de que, con los precios de las materias primas subiendo a la velocidad, en el campo se teme a una pérdida de rentabilidad. Había ocurrido durante la invasión rusa a Ucrania, y vuelve a repetirse ahora con la guerra en Medio Oriente.
Claro que hay una gran diferencia entre ambas situaciones: antes Argentina era un importador neto de energía, al punto que las compras de petróleo y de gas licuado una inédita cifra de u$s12.868 millones. Es un número similar al que ahora se espera que deje la balanza energética, pero como superávit y no como déficit.
Sin embargo, una primera reacción de euforia entre los economistas afines al gobierno rápidamente se empezó a disipar: la suba del precio del petróleo no necesariamente garantizará una lluvia de dólares para la economía argentina. Primero, porque no está claro que este pico de precios sea sostenible en el tiempo, al punto de favorecer el precio del crudo que se produce en Vaca Muerta.
Pero, además, porque Argentina sigue teniendo muchos costos productivos que están ligados a la cotización del petróleo y del gas. El más obvio es el de la logística internacional, dado que no sólo encarece el combustible sino que se alteran las rutas marítimas tradicionales.
«Los gigantes del transporte marítimo (Maersk, MSC, Hapag-Lloyd) han desviado sus flotas hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza, rodeando África. Esto dispara las tarifas de flete a máximos de seis años y anticipa una nueva presión inflacionaria global por los retrasos en la cadena de suministros», plantea un reporte de Damián Vlassich, líder de estrategia de inversión en IOL.
Pero, además, hay un dato que es crucial para Argentina y suele quedar opacado por el precio del petróleo: es el gas natural licuado, del cual el país sigue siendo importador. Desde el estallido del conflicto en Irán, el gas ha subido al triple de velocidad que el petróleo, dado que se teme por el abastecimiento de Europa, sobre todo después del cierre de la producción en Quatar, que representa un 20% de la oferta mundial.
El gas sube, el agro tiembla
Los expertos están previendo para este invierno la llegada de unos 15 cargamentos de GNL, menos de la mitad de la cifra de hace dos años, pero aun así un costo importante.
Y el precio del gas, que se disparó hasta los u$s17 por millón de BTU para el mercado europeo, enciende alarmas por un tema que afecta directamente al campo argentino: los insumos y fertilizantes que se utilizan en la siembra, particularmente la urea y el fosfato diamónico, son derivados del gas natural.
El antecedente de la guerra de Ucrania alcanza como para que se genere preocupación: en aquel momento, la relación de precios entre la tonelada de urea y la tonelada de soja llegó a un nivel de tres a uno, lo que implicaba para los productores una duplicación del costo de la urea en términos de cosecha.
Ante una situación así, los productores con menores márgenes de rentabilidad pueden verse forzados a disminuir la fertilización de los cultivos, con lo cual se podría reducir el rendimiento de los campos para la campaña próxima, si la situación de Medio Oriente se extiende durante varios meses.
Un reporte de Marianela de Emilio, experta del Inta y Agroeducación, alerta que ya hubo una reacción inicial en los mercados internacionales. Aunque todavía no hay certeza de cuáles serán los precios para los productores argentinos, ya se registró un aumento de los productos en el embarque de exportación. El fosfato diamónico en Nueva Orleans ya subió un 6%, mientras que la urea desembarcada en los puertos brasileños viene con sobreprecio de 20% respecto de su nivel previo al bombardeo en Irán.
El campo revisa las cuentas
Lo cierto es que en este momento los productores están reconsiderando su estrategia comercial, y revisando al alza el cálculo de costos. Hasta la semana pasada, contaban con que la urea les costaría 1,7 toneladas de soja, mientras el fosfato de amonio demandaría 2,7 toneladas. Y súbitamente esos números quedaron viejos.
Es cierto que en las últimas semanas también subieron las cotizaciones de las materias primas agrícolas en el mercado global. Así, la soja cotiza en Chicago a u$s433, un precio inesperadamente bueno si se lo compara con el nivel de u$s370 que promedió el año pasado.
El precio es llamativo, además, si se considera que para esta campaña se vienen registrando volúmenes récord de producción: Brasil llegará a 180 millones de toneladas mientras que Estados Unidos -según la estimación del Departamento de Agricultura (USDA)– cosechará 121 millones de toneladas de soja, un volumen 4,4% superior a la última cosecha.
A primera vista, estos precios parecerían poco justificados, pero hubo situaciones geopolíticas que se impusieron a los fundamentales del mercado. Primero, que la especulación sobre el acuerdo entre China y Estados Unidos, sumada a la decisión de la Corte Suprema -que rechazó las subas arancelarias de Donald Trump– llevaron a los fondos de inversión a la compra masiva de futuros de soja, con lo cual se presionó la cotización al alza.
Y ahora, sobre un mercado que ya tenía precios altos, se agrega la tensión del conflicto en Medio Oriente, que pone una cuota extra de presión.
Mientras tanto, en Argentina, los funcionarios se entusiasman con los excelentes números de la cosecha: la Bolsa de Comercio de Rosario prevé 48 millones de toneladas de soja-levemente por debajo de los 49,4 millones obtenidos el año pasado-, que sumadas a las excelentes campañas de maíz y trigo, totalizarían un volumen récord de 140 millones de toneladas.
Es así que se especula con una liquidación de granos en el orden de u$s40.000 millones, una cifra que no se veía desde 2022, cuando el conflicto ruso-ucraniano llevó la cotización de la soja por encima de u$s630.
El dilema de los productores
Sin embargo, el humor en el campo argentino está lejos de la euforia. A pesar de que el nivel de retenciones volvió a recortarse -está en 24% para la soja, una notable mejora respecto del 33% con el que empezó la gestión Milei- todavía las cuentas siguen sin cerrar.
Ocurre que, en el mercado local, no se están reflejando los mismos precios que se ven en las pantallas de Chicago. Más bien al contrario, se sigue verificando una tendencia a la baja de los precios, lo cual opera como un desincentivo para que los productores cierren acuerdos de exportación.
El precio en Rosario está en $460.000, lo que equivale a u$s326, mientras que en la semana previa a la crisis de Irán la cotización era de u$s330. Lo cierto es que abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la «inviabilidad» del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja.
Pero, sobre todo, el nuevo temor es que, aun cuando el precio de los granos tuviera una reacción alcista como consecuencia del escenario global conflictivo, la expectativa es que ninguna suba del precio podrá compensar al aumento en el costo de los insumos y fertilizantes. En otras palabras, petróleo y gas caro matan a suba de la soja.
Bajo estas circunstancias, el entusiasmo inicial por la gran campaña agrícola se transformó en una sensación de crisis. Y los productores se enfrentan a una disyuntiva: la primera opción, aconsejada por los consultores, es fijar precios ahora -aun sabiendo que no son atractivos- porque en el futuro se puede agravar la relación insumo/producto. La segunda es más tradicional: esperar con el producto en los silobolsas, con la expectativa de que suba el dólar o que Toto Caputo otorgue un nuevo incentivo impositivo.
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ECONOMIA
Más cambios en el gobierno: Caputo suma un economista uruguayo al equipo económico

EFE
“Muy contento de anunciar que Ernesto Talvi, economista de extensa trayectoria y reputación, se ha sumado a colaborar con nuestro equipo económico. Su experiencia y visión serán un gran aporte para seguir consolidando la recuperación de la economía argentina” señaló en un posteo en la red social X el ministro de Economía, Luis Caputo.
Se trata de una nueva incorporación al equipo del gobierno, que se suma a cambios muy recientes, como la asunción de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia y de Sebastián Amerio, exsecretario de Justicia, como Procurador del Tesoro de la Nación.
Desde el Palacio de Hacienda indicaron que Talvi se suma como asesor. Se trata de un economista uruguayo de marcada vocación política, a la que ingresó decididamente en 2018, cuando fundó el movimiento liberal-progresista “Ciudadanos”, dentro del Partido Colorado de Uruguay.
Hasta su incorporación al equipo económico se desempeñaba como investigador visitante del Americas Institute de la Universidad de Georgetown, en Washington, que encabeza el economista argentino-mexicano Alejandro Werner, exdirector del Departamento Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional. También es invesrigador en el Real Instituto Elcano, de España, y fue director de la iniciativa de Política Económica y Social en América Latina de la Brookings Institution en Washington.
Su fuerte vocación política quedó más marcada aún cuando fue candidato presidencial, senador electo y ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, pero se retiró de la vida política en 2021.

En cuanto a su formación académica, es Doctor en Economía y Master en Finanzas de la Universidad de Chicago, y Licenciado en Economía de la Universidad de la República Oriental del Uruguay.
La incorporación de Talvi al equipo económico podría a su vez estar relacionada con la posible salida del economista chileno José Luis Daza, a quien se ha mencionado como probable miembro del gabinete del presidente electo de Uruguay, José Antonio Kast, que asumirá la presidencia chilena la semana próxima, más precisamente el miércoles, 11 de enero.
Si Talvi y Daza conviven en el gabinete económico argentino, Caputo bien podrá decir que su equipo es un combinado del Cono Sur. Desde Economía indicaron que Daza es el actual viceministro, aunque rehusaron responder afirmativamente acerca de su permanencia en el equipo que encabeza Caputo. “No hay cambios”, se limitaron a decir.
Por sus credenciales como economista de recorrido internacional, Talvi podría aportar en particular en temas de comercio y acuerdos internacionales.
Un estudio de su autoría, publicado en diciembre pasado por el Real Instituto Elcano, aborda la cuestión del comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.

“La nueva realidad geopolítica y el impulso proteccionista de EEUU -dice el documento- está provocando una profunda transformación estructural en el sistema internacional de comercio: una redefinición de su arquitectura con nuevas prioridades que surgen centradas en la seguridad económica, la resiliencia de las cadenas de suministro, la autonomía estratégica y el realineamiento geopolítico”.
Según Talvi, en ese escenario de creciente rivalidad geopolítica y proteccionismo, la Unión Europea está rediseñando su arquitectura comercial global para fortalecer su seguridad económica y sus cadenas de suministro intensificando la expansión y modernización de su red de acuerdos de libre comercio. En tal contexto, explica, América Latina y el Caribe destaca como un socio confiable y afín y económicamente complementario. “La región ofrece precisamente lo que la UE necesita más, materias primas críticas como litio y cobre, y abundantes fuentes de energía renovable esenciales para la transición verde y digital. La UE, a su vez, tiene el capital, la tecnología y el conocimiento para promover el desarrollo de cadenas de producción birregionales de alto valor agregado”.
Según Talvi, una vez ratificado el acuerdo UE-Mercosur, la red de acuerdos comerciales de la UE con ALC cubrirá el 97% del PIB regional, muy por encima de la cobertura de Estados Unidos (44%) y China (14%).
Sin embargo, clara, “esta red aún no está completamente interconectada: la fragmentación de los regímenes de origen actuales impide la combinación de insumos de diferentes países —incluso si tienen acuerdos bilaterales con la UE y entre sí— para beneficiarse de las preferencias arancelarias, lo que limita la creación de cadenas de valor birregionales”.
Y para superar esa fragmentación propone un mecanismo de “acumulación diagonal flexible”, aprovechando los acuerdos bilaterales existentes. Eso, dice, permitiría que los insumos de países que tengan acuerdos bilaterales con la UE y entre sí sean considerados como “originarios”, sin necesidad de modificar las reglas de origen específicas de cada tratado. La adopción de un “protocolo común” sería la base regulatoria para implementar este sistema de “acumulación diagonal flexible” y se incorporaría como anexo a los acuerdos existentes entre la UE y los países o bloques de países de América Latina, sin necesidad de renegociarlos.
Esta propuesta, escribió, sería el trampolín para la creación de un área económica birregional integrada UE-América Latina “que abarcaría a 1.100 millones de personas y un PIB comparable al de Estados Unidos, un área que permitiría un incremento de hasta el 70% en el comercio birregional y del 40% en el comercio intrarregional, y facilitaría la articulación de cadenas industriales birregionales, con gran potencial en cadenas descarbonizadas de alto valor agregado”.
ECONOMIA
Canasta alimentaria tradicional vs. sin Tacc: cuánto aumenta el costo de una dieta especial

Mantener una alimentación con requerimientos específicos para estar bien de salud es un tema clave para el bolsillo, ya que en muchos casos comer alimentos que cumplan con determinadas características suele ser más caro que una dieta tradicional.
Así lo muetra el informe de Focus Market elaborado para el Blog de Educación Financiera de Naranja X en donde expone la diferencia de precio entre una canasta básica omnivora versus una canasta sin TACC, que cumplen con los requerimientos básicos alimentarios de un adulto promedio.
«Desde la perspectiva de estructura de mercado, la canasta básica alimentaria tradicional opera en un entorno relativamente más competitivo y con amplias economías de escala, debido a la alta presencia de proveedores masivos y canales de distribución convencionales. En cambio, la canasta básica sin TACC presenta una estructura más concentrada, con menor número de oferentes especializados y una dependencia significativa de certificaciones y normativas específicas», informó Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market.
Cuánto cuesta una canasta alimentaria tradicional
Una canasta alimentaria básica en Argentina cuesta $206.137,28 por mes
Según los datos, la canasta básica (omnívora) compuesta por las 6 categorías (cereales, proteínas, lácteos, frutas y verduras, aceite, y snacks) para un adulto es de $206.137,28 por mes.
En cuanto a las categoías, el gasto es el siguiente:
- Cereales (7,9kg): $38.106,21
- Proteínas (6,9kg): $61.436
- Lácteos (16,2kg): $61.730,83
- Frutas y verduras (13,8kg): $39.957
- Aceite (540cc): $2.278,44
- Snaks (520gr): $2.628,80
Cuánto cuesta una canasta alimentaria sin TACC
Mientras que la canasta sin TACC (sin gluten, proteína que contiene el trigo, avena, cebada, centeno), con las mismas categorías que en la canasta básica, tiene un valor mensual total de $231.479,27, lo cual representa una diferencia del 12% con respecto a la Canasta Básica.

Una canasta alimentaria sin TACC en Argentina cuesta $231.479,27
En cuanto a las categoías, el gasto es el siguiente:
- Cereales (7,9kg): $54.181
- Proteínas (6,9kg): $64.662
- Lácteos (16,2kg): $61.730,83
- Frutas y verduras (13,8kg): $39.957
- Aceite (540cc): $2.278,44
- Snaks (520gr): $8.640
«De acuerdo al informe, la canasta básica alimentaria sin TACC tiene un precio promedio de12% superior al de la canasta básica alimentaria tradicional. Esta brecha se amplía particularmente en las categorías de snacks certificados sin gluten y cereales sin TACC, donde los costos de producción más elevados y las economías de escala más reducidas presionan al alza los precios finales», señaló Damián Di Pace, director de la Consultora Focus Market.
En la canasta Sin TACC, el principal aumento se explica por el costo de los cereales sin TACC (+42%) y especialmente los snacks certificados (+230%), reflejando el sobreprecio asociado a productos con certificación y menor escala productiva.
Asimismo, se observó que los productos que diferencian cada modelo alimentario no siempre se encuentran en un único establecimiento comercial, lo que implica una mayor fragmentación de la oferta y un costo adicional en términos de accesibilidad y tiempo de búsqueda.

Cereales y Snaks son las categorías que más impactan en el precio de las canastas
«La certificación de gluten, los insumos alternativos (como harinas especiales) y los procesos de producción segregados implican costos adicionales que no se distribuyen homogéneamente en toda la cadena de valor, generando una prima de precio que impacta directamente en la accesibilidad económica para hogares con necesidades alimentarias especiales», detalló Di Pace.
Es importante destacar que a fines de 2023 se actualizó la normativa sobre Alimentos Libres de Gluten (ALG) e introdujo un nuevo logo identificador: «SIN GLUTEN». La norma permite dos tipos de productos: los elaborados con ingredientes que no contienen gluten y los que, aun partiendo de ingredientes con gluten, son procesados para removerlo (ej.: cerveza de cebada tratada con enzimas que degradan el gluten). En ambos casos el límite máximo de gluten es el mismo: 10 mg por kg de alimento. Hay un plazo de adaptación de 3 años para cambiar el rótulo con el nuevo logo, hasta el 02/12/2026; durante ese periodo convivirán en góndola etiquetas «SIN TACC» y «SIN GLUTEN».
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