ECONOMIA
Mientras Milei disfruta su revancha, el mercado ve riesgos ocultos en la estrategia de dejar caer al dólar

Javier Milei sorprendió al mercado, al adoptar una de las estrategias más arriesgadas para estabilizar la economía. Así como luego de asumir decidió bajar las tasas de interés, contradiciendo a la ortodoxia -y le salió bien-, ahora está favoreciendo la baja del dólar cuando todos esperaban un salto devaluatorio.
Pero esta vez se trata de un arma de doble filo, porque así como le permitirá corregir problemas y mejorar expectativas, también le crearán problemas potenciales en el mediano plazo.
Lo cierto es que, por más que el presidente y el equipo económico defiendan el argumento de que no son ellos los que bajan el tipo de cambio sino que son las fuerzas del mercado en el libre juego de oferta y demanda, el dólar no bajaría si no fuera por una política deliberadamente diseñada al respecto.
El propio Toto Caputo y sus funcionarios lo han explicado: al tiempo que se liberó el cepo, se propenderá a una fuerte restricción monetaria. Es decir, se buscará cumplir con el pronóstico que había hecho el ministro, en el sentido de que iba a llegar el momento en el que el dólar iba a ser la moneda abundante y el peso la moneda escasa.
La forma de lograr esto es mediante el manejo de las tasas de interés, y no resulta inocua para la economía. Ya en los primeros días se vio ese efecto: al subir el premio por quedarse en títulos en pesos y al desplomarse la curva del dólar futuro, se generan otra vez las condiciones para un «carry trade». Y, para el segmento de los pequeños ahorristas de plazo fijo, hubo una drástica suba de tasas de interés, liderada por el Banco Nación.
El hecho de que el dólar baje hasta el nivel previo al levantamiento del cepo ha generado sorpresa, pero mucho más sorprendente es la decisión de que el Banco Central no intervenga dentro de la banda de flotación, y que recién se compren divisas cuando el tipo de cambio caiga al piso de $1.000.
No es algo que haga por obligación, dado que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional prevé expresamente que se compren dólares dentro de la banda para acumular reservas -en definitiva, el objetivo que más le importa al organismo, porque asegura el repago de las deudas-.
Con la inflación como meta prioritaria
¿Por qué Milei se niega a comprar dólares, arriesgando incluso que el tipo de cambio no llegue al piso de la banda y se quede sin comprar reservas? La respuesta es clara: quiere influir sobre las expectativas del mercado para que los inversores se convenzan de que el dólar no será negocio, al menos en el corto plazo.
La primera razón es obvia, y de peso: el gobierno se puso el objetivo de retomar el sendero desinflacionario. El inesperado 3,7% que dejó el IPC de marzo cayó como un manto de desconfianza sobre el plan económico. De hecho, las principales consultoras económicas corrigieron al alza sus proyecciones, y previeron que también en abril, mayo y junio se registrarán inflaciones por encima de 3%.
El temido fantasma del «pass through» se estaba manifestando en toda su crudeza -por más que Milei niegue su misma existencia-. Pero lo cierto es que ya el mismo viernes en el que se anunció el levantamiento del cepo hubo comerciantes que suspendieron las ventas -a la espera de saber cuál sería su costo de reposición-.
Y luego vino la saga de remarcaciones de precios y su posterior marcha atrás, en la pulseada pública que jugaron las grandes firmas alimenticias con los supermercados, y el mismísimo Toto Caputo haciendo de árbitro contra los aumentos.
Como suele repetir Milei, su «job description» marca, como tarea primordial, la baja de la inflación. Y desde ese punto de vista, -más aun considerando que este es un año electoral– fomentar una revaluación del peso es una medida que tiene sentido.
¿Más presión sobre los sojeros?
Pero la inflación no es el único problema de Milei. Además, necesita imperiosamente que los productores agrícolas cambien su actitud y empiecen a liquidar sus tenencias.
El gobierno ya había hecho un mal cálculo cuando en enero pasado anunció una baja temporaria de las retenciones -en el caso de la soja, de 33% a 26%- y esperaba que eso impulsara liquidaciones por más de u$s5.000 millones.
Eso nunca ocurrió, y las primeras reacciones de los productores tras el levantamiento del cepo estuvieron lejos del entusiasmo. Sigue habiendo quejas por un precio interno que no llega a cubrir los costos. E incluso para algunos la situación empeoró con el nuevo esquema cambiario, dado que, al desaparecer el «dólar blend», se encarecieron los insumos respecto del producto.
Según un cálculo de Marianela de Emilio, técnica del Inta y docente de Agroeducación, hay un potencial de ingreso de u$s8.964 millones desde ahora hasta el final de junio, cuando vuelven a subir las retenciones. Esa es la cifra a la que se llegaría si se produjera una liquidación en la misma proporción que la verificada a esta altura del año pasado.
Implicaría la venta de 14 millones de toneladas de soja -3 de la campaña del año pasado y 11 de la nueva-; más 10,6 millones de toneladas de maíz y 3 millones de toneladas de trigo.
Pero en las primeras jornadas post cepo se embarcaron un promedio diario de apenas 43.000 toneladas de soja, mientras que el promedio de la semana anterior había sido de 61.000 toneladas.
Con esos datos sobre la mesa, una política de caída del dólar podría incentivar a los productores a apurar las ventas, dado que la perspectiva es un precio peor a futuro para quienes guarden su stock en silobolsas. Ese es, al menos, el razonamiento que se hace en el gobierno.
El éxito no está asegurado, desde ya, porque puede haber productores que vean este tipo de cambio como un fenómeno apenas pasajero y esperen hasta ver una suba del dólar. No sería la primera vez, por cierto: ha sido la estrategia comercial -y política- del campo de los últimos 20 años.
La revancha contra los «econochantas»
Hay, finalmente, un tercer motivo de peso para que Milei se niegue a intervenir y celebre la caída del dólar. Tiene que ver con el ego que motiva a los economistas en los debates con sus colegas.
Después de haber publicado dos artículos en los que planteaba argumentos teóricos sobre por qué «el disco rayado del atraso cambiario» es un error conceptual, y después de varios discursos con dedicatorias personales a los «mandriles» y «econochantas», el presidente está disfrutando el momento.
No pierde ocasión de recordar los informes de consultoras que hablaban sobre un tipo de cambio de equilibrio sensiblemente por encima del actual, y se mofa de los pronósticos sobre que, tras el levantamiento del cepo, habría una corrida que llevaría al dólar sobre el techo de la banda y obligaría al BCRA a gastar las reservas prestadas por el FMI.
Esta pelea no sólo involucra a los habituales críticos de Milei, como Carlos Melconian, Roberto Cachanosky, Diego Giacomini y Marina dal Poggetto, sino que también alcanza a figuras cercanas al gobierno, como el ex ministro Domingo Cavallo y a expertos del exterior, como Robin Brooks, ex economista jefe en el Instituto de Finanzas Internacionales y estratega de divisas en el banco de inversiones Goldman Sachs, que pronosticaba una inevitable crisis devaluatoria.
«Argentina tiene un fetichismo extraño con su tipo de cambio del $/ARS. Se devaluó en diciembre, pero inmediatamente volvió a fijar el peso frente al dólar», afirmaba el economista, para furia del gobierno.
Más aun, la satisfacción de Milei es demostrarle su argumento al propio FMI. Al principio, las críticas se acotaban a ex funcionarios del organismo, como Alejandro Werner, experimentado ex director del FMI, quien escribió en un reporte: «Esta apreciación representa un riesgo significativo para el programa de estabilización basado en el tipo de cambio, especialmente considerando las reservas netas negativas del Banco Central y la lenta acumulación de reservas internacionales».
Milei festejó cuando se separó de las negociaciones a Rodrigo Valdés, el «villano» del staff del Fondo, quien supuestamente era el que presionaba por una devaluación. Pero, ya con Valdés fuera del equipo, el FMI siguió publicando documentos en los que, detrás del lenguaje diplomático lleno de elogios a los avances contra la inflación, planteaba los «desafíos» de una mayor coordinación fiscal, monetaria y cambiaria. El mensaje entrelíneas era que hasta la propia Gita Gopinath entendía que no se podía seguir con el crawling peg en el que el mercado ya no creía.
Los riesgos de dejar caer al dólar
Por primera vez en varios meses, Milei recuperó la euforia. El cepo se levantó sin que se produjera una corrida, el dólar cae, los supermercados retraen los aumentos «preventivos» y los «econochantas» de Argentina y del exterior se muerden ante la nueva catarata de burlas presidenciales.
Sin embargo, la estrategia del presidente no está exenta de riesgos. Y probablemente no tardarán en materializarse.
El primero es evidente: los problemas de competitividad para la industria pueden agravarse, lo cual se reflejará en un freno a la recuperación de la actividad y un eventual incremento del desempleo.
Por otra parte, como la contracara del dólar barato son las tasas altas, resultará inevitable un encarecimiento del crédito, justo cuando el gobierno estaba celebrando la acelerada recuperación de la financiación bancaria. Con tasas activas más caras, puede también aparecer un freno en el consumo y en la inversión.
Y, sobre todo, un dólar que se cae puede acentuar el talón de Aquiles del modelo económico: el déficit de la cuenta corriente. Ya van 10 meses acumulados en los que la cantidad de dólares que salen de la economía son más que los que entran. Es un indicador que históricamente ha sido asociado a crisis que terminaron en devaluaciones violentas.
Por lo pronto, un factor que alimentará ese déficit será el turismo emisivo. Con un dólar a $1.000, los argentinos saldrán masivamente a pasar sus vacaciones al exterior. Y muchos de los que se queden comprarán a través de Amazon ropa y artículos electrónicos más baratos que los del mercado local. Los antecedentes como el de 2017 -durante la gestión de Macri- indican que esa salida de dólares puede llegar hasta u$s10.000 millones en el año.
Y, finalmente, está el interrogante que se deben estar haciendo los funcionarios del FMI. Si el dólar queda en niveles bajos pero nunca toca el piso de $1.000, ¿significa entonces que el BCRA no comprará divisas para aumentar sus reservas? El acuerdo firmado le pide un aumento de u$s4.400 millones antes de mitad de año.
Milei parece convencido de que podrá hacer esas compras al módico precio de $1.000 por dólar. Pero el mercado puede cambiar de opinión en cualquier momento.
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ECONOMIA
El BCRA anotó la segunda mayor compra en el año y ya acumula u$s4.242 millones en 2026

Por otro lado, los bonos soberanos argentinos retomaron la tendencia negativa y el riesgo país volvió a escalar, en una jornada atravesada por la expectativa global en torno a las señales de la Reserva Federal de Estados Unidos. La atención de los inversores estuvo puesta en las declaraciones de Jerome Powell, que condicionaron el ánimo de los mercados.
En Nueva York, los títulos en dólares operaron con mayoría de bajas, con el Bonar 2029N liderando las caídas con un retroceso cercano al 1%, mientras que el Bonar 2029 (AL29) logró desmarcarse con una leve suba del 0,1%.
En ese contexto, el riesgo país elaborado por J.P. Morgan avanzó 3,6% y se ubicó en torno a los 337 puntos básicos, el nivel más alto en casi cuatro meses.
Durante su exposición, Powell sostuvo que las expectativas de inflación de largo plazo en Estados Unidos se mantienen bajo control, aunque aclaró que la Reserva Federal sigue monitoreando el impacto del conflicto en Medio Oriente. Para el mercado, el mensaje implicó una señal de cautela y redujo las chances de una baja de tasas en el corto plazo.
En paralelo, el mercado también digirió los resultados de la última licitación de deuda. El Gobierno colocó u$s150 millones del bono en dólares con vencimiento en octubre de 2028 (AO28), con cupón del 6% y una tasa efectiva anual de 8,86%. A su vez, emitió otros u$s150 millones del bono AO27 a una TIREA de 5,12%. En pesos, adjudicó $11,04 billones y alcanzó un rollover del 138% sobre vencimientos por $8 billones, con fuerte demanda por instrumentos ajustados por CER.
Las acciones subieron: el Merval trepó 2,6% y ADR hasta 4,5%
A contramano de los bonos, la renta variable mostró una dinámica más favorable. El índice S&P Merval avanzó 2,6% en pesos hasta los 2.865.753 puntos, mientras que medido en dólares ganó 1,7%. Las subas fueron generalizadas dentro del panel líder, con papeles que treparon hasta 8,7%, encabezados por Aluar. En el segmento general, algunas acciones llegaron a subir más de 10%, con Agrometal a la cabeza.
Según analistas del mercado, el rebote accionario estuvo impulsado por la mejora en los precios del petróleo y por la lectura positiva del fallo en el caso de YPF en tribunales de Nueva York. En el balance mensual, el Merval acumula una suba del 8,5% en pesos y del 6,2% en dólares, aunque en lo que va del año aún muestra caídas.
En cuanto a los ADRs, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street registraron avances de hasta 4,5%, con Loma Negra entre las destacadas, seguida por Central Puerto y Pampa Energía. En el acumulado de marzo, las energéticas lideran ampliamente las ganancias, con subas que llegan al 30%, impulsadas principalmente por el desempeño de YPF y otras compañías del sector.
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ECONOMIA
La advertencia del economista que más escucha Milei: “Nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita”

El economista Ricardo Arriazu, uno de los más escuchados por el presidente Javier Milei, analizó el escenario económico argentino y el papel central de la confianza en la dinámica cambiaria, la política fiscal y la estructura productiva del país. “Nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita”, afirmó Arriazu, al referirse a las posibilidades de recuperación y crecimiento siempre que no se cometan errores graves de política económica, aunque alertó por la destrucción de empleo en el Gran Buenos Aires.
Durante una charla en Fundación del Tucumán, Arriazu definió la confianza como el factor clave en la demanda de dólares: “Toda la palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo Argentina”.
El analista económico recordó que el año pasado expresó su desacuerdo con la implementación del esquema de bandas cambiarias: “Ahora ya sabemos el resultado de la banda que tanto aplaudimos. Inflación, que con el crawl 1% yo lo estimaba en 18%, terminó en 31 por ciento. La actividad económica venía creciendo hasta el momento de la banda, comenzó a caer después de la banda. Habían comprado USD 25.000 millones, no compraron nada. El riesgo país se duplicó. Que alguien me explique dónde está la ventaja de dar incertidumbre en un país donde la verdadera unidad de cuenta es el dólar y la gente piensa en dólares”.
Para Arriazu, la única política efectiva es brindar confianza para que los ciudadanos no demanden dólares. Cabe destacar que desde la flexibilización del cepo cambiario en abril de 2025, las personas físicas compraron divisas por más de USD 31.000 millones.
“El año pasado decía que el Gobierno no puede hacer nada, excepto dar confianza. ¿Y cómo se define la confianza financieramente? La tasa de retorno ajustada por riesgo. Yo voy a donde está la mayor tasa de retorno ajustada por riesgo. ¿Y cuál es el problema argentino? El riesgo. Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un país que es estafador serial”, juzgó.
En ese sentido, el expositor enfatizó las dificultades de convencer a la sociedad y la importancia de ganar la pulseada contra quienes especulan con el dólar: “La única alternativa era que el que especulara en contra del peso perdiera. Porque desde el 80 para acá hubo veinte años de crecimiento negativo, todos asociados a crisis de balanza de pago, todos porque la gente salió a comprar dólares y excepto en el 95, el que compró dólares ganó”.
Arriazu advirtió sobre los riesgos de no frenar la demanda de divisas: “¿Se imaginan si el año pasado hubieran ganado? ¿Qué habría pasado este año y sobre todo el año que viene? Una gigantesca corrida en contra del peso. Por eso era tan importante que el Gobierno ganara la pulseada. Está bien, vino la caballería, vino Estados Unidos, nos ayudó, pero no hay la menor duda. El Gobierno ganó fortuna y el contado estaba en $1.500 y hoy está en $1.390. Eso es fundamental, porque la próxima vez, el que quiera comprar dólares va a pensar: ¿qué va a pasar?”.
El economista proyectó un panorama alentador para el futuro inmediato: “Los planetas se están alineando para un gran 2026, excepto que choquemos la calesita. Chocar la calesita es cometer un error de ese tipo, como alguna gente que decía: ‘Bueno, ya están las elecciones, entonces ahora es el momento para cambiar el sistema y devaluar’. No, era el momento para romperle la cabeza al que especulaba en contra”.
Sobre la estructura productiva del país, Arriazu consideró que es “absolutamente artificial”. “Hemos subsidiado lo que no tenemos ventaja comparativa y hemos castigado a todo lo que tenemos ventaja comparativa. Si Argentina quiere crecer, tiene que cambiar eso. Pero cambiar implica que hay sectores que van a desaparecer. Y como yo dije en una charla el año pasado, la destrucción es siempre más rápida que la creación, y eso genera bolsones de pobreza, de descontento y de desempleo. Lo que se va a crear está casi todo en la provincia y en la periferia”“, opinó.
A propósito de la destrucción de empleo, proyectó que tiene lugar en el Gran Buenos Aires, donde se concentra la industria, uno de los sectores que más cayó en los últimos años.
“Al observar el último indicador de confianza de Di Tella, subió en las provincias, cayó en Buenos Aires. Y ese es el juego y el gran desafío. Por eso yo dije que lo que había que hacer era un estudio de equilibrio general para ver dónde iban a estar los bolsones, de tal manera de atemperarlo, porque sabemos que después, posteriormente, la economía va a crecer y va a crear el empleo de vuelta. El problema son los dos o tres años que me toca, y me toca en el Gran Buenos Aires. El proteccionismo hizo que la industria se radique al lado del centro de consumo, Buenos Aires, y generó una enorme migración del interior a Buenos Aires. Y el interior, o se quedó con ventajas comparativas o se quedó con empleo público, con enormes errores de precios relativos, y esa es la historia del interior. Ahora es al revés”, graficó.
Finalmente, sintetizó las prioridades para la economía argentina: “En el corto plazo, lo que más importa es la confianza, que la gente deje de comprar dólares. Y para eso tenía que perder. En el mediano plazo, es aprovechar las ventajas naturales y evitar las crisis periódicas de balanza de pago. Para evitar las crisis periódicas no hay que tener déficit fiscal y para el resto hay que aprovechar el enorme potencial que tiene Argentina, que eso va a hacer que el país surja con enormes cambios internos”.
ECONOMIA
La Argentina se prepara para una llueiva de miles de millones de dólares extra por Vaca Muerta

El inicio del segundo trimestre presenta mejores perspectivas porque, según el equipo económico, la inflación presentaría una desaceleración significativa. Consideran que el impacto de la suba de la nafta habría sido por única vez y en la segunda quincena de marzo se habría desacelerado la suba de precios en el rubro alimentos y bebidas, el que más incidencia tiene en la medición.
De todos modos, hay que considerar que una suba del 10 puntos porcentuales en el precio de la nafta incide un 0,4% en el IPC. Por lo tanto, si la nafta sube un 20% en marzo aportaría un aumento de 0,8 puntos en el IPC.
Por ahora, el conflicto bélico del Golfo Pérsico generó una suba del barril de petróleo internacional del 50%: subió de los u$s60 a u$s115 el barril, que hasta ahora tuvo un solo impacto en la economía argentina. El aumento de la nafta llegó a casi 20% e implica unas décimas más de inflación en marzo, que finalmente se ubicaría en torno al 3%.
Argentina se posiciona como exportador energético en medio de la crisis global
Pero, la suba del barril de petróleo, que hoy cotiza por encima de los u$s115, generará un mayor ingreso de divisas. De acuerdo a los datos dados el fin de semana por el CEO de YPF, Horacio Marín, las exportaciones de energía como petróleo y GNL podrían dejarle al país hasta u$s5.000 millones más en el año. En este aspecto, hay que destacar que la cotización de las empresas argentinas del sector reflejan estas ganancias extraordinarias, como Vista Energy, pero también hubo subas significativas en otros papeles como TGS, Pampa e YPF.
Por el momento, la suba en el futuro es incalculable. Hay algunos estudios de bancos de inversión que dicen que, en caso de extenderse el conflicto, podría llegar a superar los u$s200 el barril. Esto pone en tensión la economía global, pero encuentra a la Argentina en un rol de potencial exportador energético y con un récord de exportaciones del agro que el año pasado superaron los u$s52.000 millones y con una balanza energética superavitaria que llegó a los u$s8.500 millones, revirtiendo los déficit de los años anteriores al 2024.
Es en este contexto que el economista Ricardo Arriazu proyecta un escenario optimista con respecto a las posibilidades de la actividad nacional en medio del conflicto bélico.
Arriazu plantea el desafío central del crecimiento argentino
En un evento organizado por la Fundación del Tucumán, en la localidad de Yerba Buena, en su disertación titulada «¿Estancamiento o recuperación? La importancia de la confianza», Arriazu planteó: «Si todo el mundo ganara exactamente igual, cosa que es imposible, el salario promedio en la Argentina sería de $2.000.000 por mes. Somos pobres, no alcanza. Y no lo vamos a resolver con discurso. La única manera es agrandando la torta, y para agrandar la torta hay que producir, hay que sacrificarse, y hay que hacer esfuerzo».
En ese marco, Arriazu analizó una situación para diferenciar la percepción pública de los índices: «La gente dice no llego a fin de mes, mis ventas bajaron 50% y las empresas cierran y se está destruyendo la industria. Está claro que eso es lo que leen. Y al mismo tiempo, el INDEC dice que el nivel de actividad económica en el mes de diciembre fue el más alto de la historia, y hoy acaban de publicar que enero fue más grande que diciembre. Por lo tanto, enero fue el más grande de la historia. Entonces la pregunta es: ¿alguien miente?».
Arriazu agregó: «Los planetas están alineados y nos van a salir dólares por las orejas mientras no choquemos la calesita. La Argentina, por primera vez, a diferencia del shock petrolero de 1973, esto lo agarra como exportador de petróleo y gas. En el 73 éramos importadores y aparte cayó el precio de la soja a la mitad. Ahora, con el tema de la urea, está subiendo el precio de la soja».
Sin embargo, Arriazu puso un límite a las proyecciones nacionales: «Toda la palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo en Argentina. Esta es la variable fundamental para ver todos los días, todos los meses y saber qué es lo que va a pasar en el país en el corto plazo».
Ante ello, se refirió a la política monetaria de la actual gestión: «Ya sabemos el resultado de las bandas cambiarias que tanto aplaudimos: la baja de inflación, aumento de la actividad económica que venía hasta el momento de poner en práctica las bandas de cambio y que alguien me explique dónde está la ventaja de dar incertidumbre en un país donde la verdadera unidad de cuenta es el dólar y la gente piensa en dólares y eso nunca lo voy a entender».
El blindaje argentino frente a la crisis: superávit fiscal y reservas récord
Hay que mencionar que, a diferencia de lo que pasó en otros conflictos bélicos en los últimos años —como por ejemplo la Guerra entre Rusia y Ucrania—, no hubo hasta ahora problemas ni en el mercado cambiario, ni en el aspecto fiscal ni en el mercado monetario. Esto es gracias a que la Argentina muestra un superávit fiscal de 1,5 puntos del PBI, un total acumulado de unos u$s43.500 millones de reservas internacionales brutas, ya que en lo que va del año el BCRA compró el equivalente a unos u$s3.500 millones, producto de la gran liquidación de divisas del sector agroexportador industrial.
Por ahora, a diferencia de otras crisis externas, el mercado cambiario ni se enteró del conflicto bélico. El peso argentino, de hecho, fue una de las pocas monedas del mundo que se fortalecieron en medio del conflicto bélico. La cotización minorista incluso llegó a caer por debajo de los $1.400 y el BCRA lleva un récord de 52 jornadas consecutivas comprando dólares en lo que va del año.
La tranquilidad cambiaria es un factor relevante para que los precios se estabilicen en los próximos meses. Ya la inflación mayorista de febrero fue de solo 1%, lo que marca una menor presión sobre los costos de las empresas. Por eso es esperable que el proceso de aceleración de precios que ya lleva diez meses toque un pico en marzo.
Abril sería el primer mes en casi un año en el que se registraría una baja mensual. La última vez había sido mayo de 2025, cuando el IPC tocó un piso de 1,5% mensual.
El BCRA avanza con la remonetización: baja de encajes y más pesos en el sistema
La reducción de 5 puntos de encajes que aplicará el BCRA a partir de abril es una señal clara para avanzar en el proceso de remonetización que se anunció a fines de 2025 y que hasta ahora no se había puesto en marcha. Los pesos emitidos para la compra de dólares fueron luego esterilizados en las licitaciones del Tesoro y también por distintos instrumentos emitidos por el BCRA.
Esa baja de 5 puntos implica liberarle a los bancos unos $2,6 billones, aunque los efectos en el mercado serán menores ya que la porción de los encajes que les liberarán a las entidades son los integrados con bonos y no con efectivo en pesos.
La semana pasada, el ministro de Economía, Luis Caputo, rechazó las versiones sobre una supuesta recesión y aseguró que «la economía argentina atraviesa un proceso de crecimiento, apoyado en datos concretos y no en percepciones» y explicó que el nuevo modelo económico libertario expone a las empresas a competir sin privilegios.
Caputo volvió a hablar sobre la cotización del dólar al manifestar: «Si no estuviéramos comprando, el dólar se iría a $1.200 o incluso menos«. A pesar de la presión bajista sobre el tipo de cambio, no hay por el momento señales de una mayor liberación del mercado.
Caputo embistió contra el kirchnerismo en el programa de Gordo Dan
En el programa «Las Tres Anclas» en el canal de streaming Carajo, se notó a un Caputo por momentos muy enardecido y empujado por el fanatismo mileista del secretario de Finanzas, Federico Furiase, y de los conductores: el Director del Banco BICE, Felipe Núñez, y del popular Gordo Dan. El ministro embistió muy fuerte contra el kirchnerismo y una gran parte del sector empresario.
Caputo rechazó las versiones sobre una supuesta recesión y aseguró que «la economía argentina atraviesa un proceso de crecimiento, apoyado en datos concretos y no en percepciones» y que el nuevo esquema económico expone a las empresas a competir sin privilegios.
Admitió, además, que «no todos los indicadores son positivos» y confirmó que «el desempleo subió un punto y que la inflación mostró un repunte reciente». No obstante, sostuvo que estos movimientos son parte del proceso de transición hacia el nuevo esquema económico y no invalidan la tendencia general.
«No negamos los datos que no nos favorecen, pero cuando mirás el conjunto, hablar de depresión es falso«, afirmó. El ministro también destacó un cambio en el clima político a nivel federal. Señaló que hay algunos gobernadores opositores que están respaldando el rumbo económico, lo que consideró clave para sostener la estabilidad y atraer inversiones de largo plazo.
EMAE de enero alcanzó un máximo histórico que desafía las percepciones negativas
Además, en su cuenta de X la semana pasada, Caputo destacó que «en enero, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) alcanzó un nuevo máximo histórico, tanto en la serie desestacionalizada como en el indicador tendencia-ciclo. El EMAE registró un crecimiento de 0,4% mensual sin estacionalidad en enero de 2026″.
Además, explicó que, en términos interanuales, el indicador registró una expansión de 1,9% y se ubicó 8,3% por encima del nivel de enero de 2024. Excluyendo el rubro Administración Pública y Defensa, 10 de los 14 restantes sectores del EMAE registraron crecimiento en la comparación interanual. Entre ellos se destacaron:
- Pesca (+50,8%)
- Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura (+25,1%)
- Explotación de Minas y Canteras (+9,6%)
Caputo apuntó directamente contra lo que definió como una construcción mediática negativa: «Se hace una combinación de cherry picking y tomar la parte por el todo», dijo, al cuestionar que se destaquen sectores puntuales en caída para generalizar una crisis. Según explicó, de acuerdo a los datos del INDEC, 12 de 16 sectores económicos mostraron crecimiento.
Por ahora, los pronósticos sobre la evolución del PBI para el año son variados. Todos coinciden que será otro año de crecimiento, a partir de una muy buena cosecha y otros sectores que traccionan, especialmente energía. Las proyecciones van desde 2 a 4%. La aceleración o no con el correr de los meses dependerá del comportamiento del mercado interno.
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