ECONOMIA
No solo por importaciones: histórica textil cierra por costos laborales y presión impositiva

La crisis de la industria textil argentina volvió a quedar expuesta con una decisión de fuerte impacto productivo y simbólico. Emilio Alal S.A.C.I.F.I., una pyme con más de cien años de trayectoria industrial, confirmó el cierre definitivo de sus plantas de producción de hilados y telas en Goya, Corrientes, y de hilados en Villa Ángela, Chaco.
Se trata de dos unidades históricas, estrechamente ligadas al desarrollo industrial del norte argentino y a la transformación local del algodón.
Según explicó la empresa en su comunicado oficial, la decisión fue adoptada luego de un prolongado proceso de análisis interno, tras haber agotado las alternativas disponibles para sostener la actividad.
El actual contexto económico y comercial terminó por volver inviable la continuidad de las operaciones, sin perspectivas de mejora en el corto ni en el mediano plazo.
Histórica empresa textil cierra por el contexto económico
Desde la firma fundada en 1914, dejaron en claro que el cierre no responde a una decisión voluntaria ni a una retirada estratégica del negocio. Por el contrario, lo atribuyeron a un escenario que combinó múltiples factores adversos y que terminó erosionando por completo la competitividad de la producción nacional.
Entre las principales causas, la empresa señaló la apertura de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir, incluyendo el ingreso de ropa usada. Ese proceso, indicaron, se dio en paralelo con una caída pronunciada del poder adquisitivo, que impactó de lleno en la demanda de productos textiles y deterioró el funcionamiento de toda la cadena comercial.
«Esta situación se ha agravado significativamente en los últimos días debido al profundo deterioro de la cadena de comercialización y cobranzas del sector textil, lo que afectó el flujo financiero de la compañía y limitó su capacidad operativa», explicaron oficialmente desde la empresa.
A ese cuadro se sumaron los elevados costos financieros, laborales y energéticos, la presión impositiva y el atraso cambiario. En conjunto, ese entramado terminó generando una pérdida de competitividad que la empresa no logró compensar, aun manteniendo niveles de eficiencia productiva y estándares de calidad acordes a los mercados internacionales.
Ese quiebre financiero terminó de sellar una decisión que, según remarcaron, fue tomada con pesar y como último recurso frente a un contexto que ya no ofrecía alternativas viables para sostener las plantas en funcionamiento.
Importaciones y presión fiscal: el intento de sostener la industria
Antes de llegar al cierre, la empresa había intentado adaptarse al nuevo escenario. Entre las decisiones más relevantes, se destacó el inicio de la producción de telas, con el objetivo de agregar valor a su tradicional producción de hilados y ampliar su presencia en la cadena textil.
Ese esfuerzo implicó inversiones y una reorganización productiva, que permitió incluso sostener exportaciones a países del continente. Sin embargo, ese cambio no alcanzó para revertir un contexto que siguió deteriorándose, tanto por el frente comercial como por las condiciones macroeconómicas.
Desde la conducción de la empresa admitieron la dureza del momento, pero dejaron una puerta abierta a futuro: «Las máquinas están listas», señalaron, al expresar que la estructura productiva permanece intacta a la espera de un escenario que permita volver a ponerla en marcha.
Impacto social y reconocimiento a los trabajadores
El cierre de las plantas de Goya y Villa Ángela tiene un impacto directo sobre el empleo y sobre economías regionales donde la industria textil cumple un rol central. Desde la empresa subrayaron el peso humano de la decisión y el vínculo construido a lo largo de décadas con sus trabajadores, vital en las comunidades agroindustriales del interior del país.
En ese sentido, expresaron un reconocimiento explícito al personal de ambas plantas, al que definieron como un pilar fundamental del funcionamiento de la compañía, y extendieron el agradecimiento a proveedores y a la comunidad en general por el acompañamiento a lo largo de los años. La medida afecta a 250 empleados entre ambas plantas productivas.
El algodón: una cadena productiva, en crisis
Más allá del cierre industrial, la decisión de Emilio Alal también repercute sobre la cadena algodonera del norte argentino. En Chaco y Corrientes, la producción de algodón continúa siendo un componente central de la matriz productiva regional, tanto por superficie sembrada como por su capacidad de generar empleo directo e indirecto. En la cadena algodonera, todo está estrechamente interconectado.
Tal es así, que las estimaciones agrícolas más recientes indican que la campaña en curso presenta una fuerte caída en el área sembrada, por ende, una menor producción.
De acuerdo a estimaciones oficiales recientes de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, esta campaña algodonera será 25% menor que la anterior, registrando una reducción de 172 mil hectáreas. Es decir, que una de cada cuatro hectáreas que se destinaban al algodón, pasaron a ocuparse con otros cultivos, en un contexto que ya venía condicionado por variables climáticas y por la evolución de los precios. La menor capacidad de absorción industrial agrega ahora un nuevo factor de incertidumbre para los productores.
Sin industria textil activa en la región, se debilita la posibilidad de agregar valor en origen y se refuerza una lógica más primarizada, con mayores dificultades para capturar renta dentro del país.
La industria nacional, en suspenso
A pesar de las adversidades, Emilio Alal reafirmó su convicción sobre la importancia de la industria nacional y expresó su expectativa de que, a través del diálogo y de un cambio en las condiciones económicas, puedan reconstruirse las bases para la recuperación del entramado productivo y del empleo.
Por ahora, la realidad es concreta, y se compone de una empresa centenaria obligada a cerrar dos de sus plantas, cientos de puestos de trabajo afectados y una nueva señal de alerta sobre la profundidad de la crisis textil argentina, con consecuencias que exceden a una firma y alcanzan a toda una cadena productiva del norte del país.
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ECONOMIA
Para Javier Milei, está probado que 315 puntos de riesgo país son «kuka»

La buena demanda que recibió el nuevo bono en dólares no sólo le permitió a Javier Milei un panorama más desahogado para pagar los vencimientos de deuda, sino que, además, le dio un invaluable argumento político: que el «verdadero» índice de riesgo país argentino es de 230 puntos y no los 545 que marca el tradicional indicador del JP Morgan.
La argumentación es que, en la licitación por el nuevo bono, gracias a que los bancos ofrecieron casi seis veces el monto de u$s150 millones que ofrecía el Tesoro, la tasa real que se terminará pagando es inferior a la teórica de 6%. Más concretamente, el costo por endeudarse en dólares es de un 5,89% nominal anual.
Javier Milei asegura que 315 puntos del riesgo país son «kuka»
Y, como la tasa de los bonos estadounidenses -los Treasury, en la jerga financiera- se ubica en torno a 360%, entonces la cuenta da que el costo de financiamiento argentino es de 2,3% -o 230 puntos básicos- por encima de lo que paga el gobierno de Estados Unidos.
Ese diferencial de 230 puntos está mucho más en línea con lo que pagan los países de la región. De hecho, Colombia y México están algo por encima de ese nivel de riesgo crediticio.Y otros países, con spread de 100 puntos, logran tomar deuda a una tasa muy baja para los estándares argentinos. Uruguay, por ejemplo, acaba de endeudarse por u$s1.850 millones y pagó por el tramo dolarizado una tasa anual de 4,7%, con plazo a 10 años.
Extrañando los viejos tiempos
A Toto Caputo, en cambio, tomar dólares prestados en el mercado le costaría no menos de 9%, una tasa que se considera demasiado alta, y que llevó a que el ministro declarara públicamente su deseo de «depender menos de Wall Street» y de fondearse con el mercado local. Fue un a frase que llevó a sus críticos a acusarlo de «hacer del defecto una virtud», porque en realidad el ministro no podría acceder al crédito de Wall Street ni aunque quisiera hacerlo.
La mejor tasa que había conseguido hasta ahora el ministro había sido la del préstamo en modalidad «repo» otorgado por un grupo de bancos, que en enero le cobraron 7,4% por un crédito de u$s3.000 millones.
Pero ese no es el tipo de crédito que quiere Caputo. El «repo» es un préstamo, en el cual el financista toma activos en garantía, tal como ocurre con los préstamos prendarios para individuos. Eso es lo que posibilita la tasa menor que la del bono, donde el inversor asume el riesgo de las oscilaciones del valor en el mercado secundario.
Lo que quiere Caputo es emitir un bono y que se lo compren los fondos globales. No ocurre eso desde enero de 2018 cuando, siendo ministro de Finanzas de Mauricio Macri, sorprendió al colocar un título por u$s9.000 millones, dividido en tramos de cinco, 10 y 30 años, con tasas de entre 4,65% y 6,95%.
Claro, en aquel momento el riesgo país argentino se encontraba en 350 puntos, que aunque superaba el promedio latinoamericano era considerado un lujo en el mercado argentino, donde hasta se permitía fantasear con la obtención de la calificación «investment grade» por parte de las agencias de riesgo crediticio. A Caputo también lo ayudó en ese momento las bajas tasas internacionales -el bono US Treasury a 10 años pagaba 2,45%-.
Otra vez, la culpa del riesgo kuka
¿Por qué hoy no puede Argentina pedir crédito y pagar una tasa de interés parecida a la de sus vecinos? Gracias al bono que acaba de emitir Caputo, el gobierno encontró la posibilidad de dar su argumento favorito: es todo culpa del «riesgo kuka».
Según ese punto de vista, el temor a un sabotaje político por parte de la oposición, o a un cambio de gobierno tras la elección de 2027, es lo que mantiene a los inversores cautelosos e impide que inyecten dólares en Argentina, dado que perciben el riesgo de un eventual default.
Y, no por casualidad, el nuevo bono de Caputo tiene como fecha de vencimiento octubre de 2027, coincidiendo con la elección presidencial. Es una señal al mercado en el sentido de que, aun cuando a Javier Milei le vaya mal en su intento reelectoral, ya estará devuelto en su totalidad el capital de estos bonos, sin riesgo a un «reperfilamiento».
Ya se había recurrido a esa explicación para explicar por qué el dólar se había disparado y por qué el riesgo argentino había trepado hasta 1.500 puntos en el cierre de la campaña electoral, y ahora vuelve a ser el lema para justificar por qué el spread argentino no baja de los 500 puntos.
El propio Milei retuiteó un comentario de Felipe Núñez -uno de los principales asesores de Caputo-, en el que argumentaba: «Sin riesgo kuka, el riesgo país es aproximadamente 230 puntos».
Es, sin embargo, un tema que está lejos de suscitar consenso en el mercado. Porque, a diferencia de lo que ocurrió con el tipo de cambio, que experimentó una abrupta baja una vez que Milei ganó las elecciones legislativas, no ocurrió lo mismo con el riesgo país. El gobierno había previsto que, ya disipado ese riesgo electoral, podría caer por debajo de 400 puntos, el mismo nivel que le había permitido a Caputo emitir u$s9.000 millones hace ocho años.
Sin embargo, las puertas del mercado de crédito siguen cerradas. Y los informes de los bancos de inversión no apoyan el argumento del «riesgo kuka» sino que apuntan a falencias del programa económico. Principalmente, las dudas sobre si el Banco Central será capaz de acumular reservas para hacer frente al desafiante calendario de vencimientos de deuda.
¿Riesgo «kuka» o falencias del modelo?
Entre los críticos del programa económico, el punto más discutido es el del mantenimiento de controles cambiarios, lo que hace que sea discutible si el actual precio del dólar es «de equilibrio«. Más bien, lo que se argumenta desde la vereda opositora es que la actual estabilidad se está logrando al costo de una crisis a mediano plazo, con el viejo método de la «bicicleta financiera».
El gobierno también discute ese punto, dado que en las últimas semanas se notó una compresión de tasas, y en la última licitación se colocó una letra ajustable por CER a una tasa real del 1,9% anual.
El festejo por el buen resultado de la licitación aparece junto con el de la difusión del EMAE, en el que se confirma que la economía creció un 4,4% durante 2025. Pero tampoco ese dato tiene la capacidad de terminar con el debate. Porque cuando se hace la apertura por sectores, hay rubros como la industria manufacturera que muestran caídas interanuales de casi 4%.
A juzgar por las decisiones que ha tomado en las últimas semanas, todo indica que el ministro Caputo está resignado a que el índice de riesgo país no caiga debajo del «piso psicológico» de 500 puntos. Sin embargo, luego de la demostración de confianza que implicó el nuevo bono en dólares colocado en el mercado local, hay quienes se entusiasman con un contagio de optimismo hacia el exterior y eso se refleje en una caída del índice de riesgo país.
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ECONOMIA
Los controladores aéreos levantaron el paro para hoy y mañana pero sostienen las medidas para los días siguientes

La Asociación Técnicos y Empleados de Protección y Seguridad a la Aeronavegación (Atepsa), el gremio que reúne a los controladores aéreos levantó los paros de este jueves 26 y viernes 27 de febrero.
De acuerdo con el cronograma que había presentado el sindicato, en el marco de la falta de acuerdo con la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA) tras el vencimiento de la conciliación obligatoria, el reclamo de este jueves estaba previsto para iniciar a las 15 y concluir a las 18, mientras que también se encontraba programada una medida similar para mañana, entre las 19 y las 22 horas.
Ambas medidas fueron levantadas. En los dos casos, la huelga estaba planeada para afectar a toda la aviación (vuelos domésticos e internacionales) en todos los aeropuertos del país.
“Informamos que, en el marco del conflicto colectivo en curso, se ha avanzado a una mesa de diálogo real con el objetivo de continuar las negociaciones y avanzar hacia un acuerdo que permita dar respuesta al reclamo que venimos llevando adelante”, informó el gremio en un comunicado.
No obstante el sindicato confirmó que “continúan plenamente vigentes las medidas notificadas para los días 28 de febrero, 1 y 2 de marzo, conforme al cronograma oportunamente presentado, a la espera de avances concretos en la negociación”.
Noticia en desarrollo
ECONOMIA
Un productor pidió un tractor a China y la brecha de precios desató polémica

La discusión sobre la liberalización de importaciones sumó un caso concreto desde Misiones. El productor citrícola Ricardo Ranger decidió consultar por internet cuánto costaba un tractor frutero fabricado en China. La respuesta, asegura, fue inmediata y en español.
Según relató al medio Plan B, «me contestaron al otro día, solicitándome que hablara a un determinado número de WhatsApp, todo en castellano. Pregunté y me pasaron un precio de 9.500 dólares por un tractor frutero de 90HP, también me pasaron la alternativa del mismo tractor con cabina cerrada y aire acondicionado a 11.200 dólares«.
La brecha de precios: un tractor cuesta cuatro veces menos en Asia que en Argentina
El contraste con el mercado local fue lo que más lo impactó. Según explicó, un equipo de características similares en Argentina sale cuatro veces más. La diferencia no solo fue económica, sino también en el trato comercial.
«Allá, sin conocerme, una fábrica grandísima, me contestaron al otro día. Acá ese mismo tractor sale 50.000 dólares y la verdad es que si intentás llamar a la fábrica, seguro que no te dan ni pelota, te mandan a la m…», comparó.
Incluso, el productor añadió que desde la empresa asiática le explicaron que, «como en un contenedor pueden caber hasta dos tractores, me pueden hacer precio si adquiría dos unidades».
Entre la competencia y la supervivencia
El testimonio de Ranger expone el dilema que atraviesa la economía argentina: mientras una apertura amplia puede complicar a industrias y pymes locales, también habilita a productores y consumidores a acceder a bienes mucho más baratos.
«La verdad es que no estoy a favor de la apertura irrestricta de importaciones, pero también es cierto que algo de razón tiene Milei, acá todo es carísimo y China ofrece productos mucho más baratos, de alta tecnología, calidad y con gran atención al cliente», sostuvo.
Con más de cuatro décadas en la actividad y formación como ingeniero agrónomo, el productor —conocido además por denunciar reiterados robos en su chacra en Eldorado— suele visibilizar problemas estructurales del sector.
Competir con China, ¿misión imposible?
Para Ranger, la discusión no es ideológica sino práctica. Los costos internos, la presión impositiva y la falta de competitividad dejan a muchos productores en desventaja frente a los precios internacionales.
«Acá en la Argentina, te fundís trabajando«, afirma. Y concluye con una reflexión que resume su preocupación: «¿Cómo vamos a poder competir con China? Es imposible, esa es la triste realidad».
«Si los pongo en blanco, pierden el plan»: la denuncia de un productor misionero
En el norte de Misiones, el debate sobre trabajadores que cruzan a Brasil suma una mirada distinta. El productor citrícola sostiene que el problema no es la falta de empleo, sino las trabas para formalizar la mano de obra rural.
Según afirma, aunque en los papeles los planes sociales son compatibles con el trabajo registrado, en la práctica eso no sucede. «No funciona eso, en la práctica eso no funciona. Si un trabajador usted lo quiere poner en blanco en su empresa para que trabaje con usted con limones, con naranja y demás, perdería el beneficio y no le conviene. Pierde los beneficios y el tipo entonces no se quiere registrar«, explicó.
Ranger asegura que esta situación desalienta el empleo en blanco, especialmente en tareas estacionales. «Hoy te comento, tengo poca gente, porque estoy sobreviviendo, pero hoy necesitaría 30 personas, ya necesité hace varios años atrás, 30 personas para levantar mi cosecha de limón, asegurada, no en negro, porque si hubiera dado trabajo en negro, hubiera tenido 50, hubiera tenido aquella vez, no 30, 50, pero no quise dar trabajo en negro y perdí toda mi producción».
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