ECONOMIA
Octubre quedó muy lejos para el Gobierno y el mercado prevé cambios para el dólar

La estrepitosa derrota de Javier Milei en Buenos Aires dejó en evidencia que la «job description» que el electorado le había dado al presidente en 2023 no se limita, como él afirmaba, a bajar la inflación y combatir la inseguridad. Incluía, además, otra larga lista de tareas que -queda claro ahora- el gobierno subestimó.
Y, por más que tanto Milei como Luis Toto Caputo hayan asegurado que «nada va a cambiar en lo económico, ni en lo fiscal, ni en lo monetario ni en lo cambiario», lo que se respira en el mercado es otra cosa.
Ya los inversores habían descontado una derrota moderada del oficialismo en el índice de riesgo país de 900 puntos. Pero ahora, con el peronismo nuevamente en carrera y coreando el cántico «vamos a volver», ya se instala otra sospecha: que más allá de lo que pretendan los funcionarios, el plan económico puede deteriorarse a toda velocidad por la sola dinámica de la pérdida de confianza.
Después de una semana en la que el Tesoro tuvo volcar al mercado u$s500 millones para sostener una relativa calma, las cuentas que hacen los analistas arrojan un resultado alarmante: falta muchísimo para el 26 de octubre. Siete semanas, en las que una estrategia de defensa del tipo de cambio en su nivel actual podría costar no menos de u$s3.500 millones.
Es decir, una cifra que excede largamente las tenencias de dólares que se informaron oficialmente. Claro que siempre están a mano los dólares del Fondo Monetario Internacional. Pero echar mano a esos billetes implicaría contradecir la promesa de no tocar las reservas del BCRA.
Es por eso que en este momento hay más analistas que creen que son mayores las chances de que se deje subir al tipo de cambio hasta el techo de la banda. Pero de ahora en adelante ya nada será indoloro. En ese caso, lo que se ahorre en términos de reservas tendrá el reverso de un costo político, además del riesgo de un efecto de contagio a los precios.
Las deficiencias, a la vista
Por más que se trate apenas de una votación para legisladores provinciales, todo el país lo vivió como un plebiscito sobre la gestión mileísta en el territorio más pauperizado del país, y donde históricamente el peronismo tiene mayor prédica. Fue el propio presidente el que le «subió el precio» a esta elección, al afirmar que sería un anticipo de las cruciales legislativas de octubre.
Como en las apuestas donde se juega a un pleno, no hay términos medios. Si no se pudo «clavar el último clavo en el ataúd del kirchnerismo», entonces la conclusión es que la derrota es dolorosa, con un contundente rechazo a la marcha de la gestión gubernamental.
Así lo interpretaron todos, desde los marginales que habitan las indignas villas del conurbano en la tercera sección hasta los inversores del mercado de capitales que rápidamente hicieron volar el dólar cripto cuando se conocieron los primeros resultados en boca de urna.
La consecuencia de la derrota es clara: todos los problemas económicos y sociales que el gobierno minimizó, ahora emergen al primer plano, y se reflejan en el desplome del ahorro y la inversión.
El listado de problemas que el resultado electoral trajo al tapete son el desempleo de la industria golpeada por el mix de atraso cambiario y apertura comercial, la asfixia financiera de las pymes a las cuales se les hizo prohibitivo el crédito, las bajas rentabilidades y quebrantos en el campo, el deterioro de la infraestructura por el congelamiento de la obra pública, el mantenimiento del bajo poder adquisitivo del salario -que se expresa en niveles récord de morosidad en tarjetas de crédito-.
En fin, todo eso que suele englobarse bajo la expresión «costo social del ajuste» aparece ahora con fuerza como la contracara de los logros que Milei exhibió en la campaña: el superávit fiscal, el sendero de desinflación y la relativa estabilidad cambiaria.
Lo cierto es que hay un inconfundible olor a agosto de 2019 -cuando Mauricio Macri perdió las PASO-, en el que no sólo hay una señal sobre la necesidad de un cambio en la economía, sino que, para peor, hay denuncias de corrupción que hacen de amplificador del malhumor social.
Los fundamentos del plan, cuestionados
Ahora, los cuestionamientos a lo que el gobierno definía como «sólidos fundamentos» del plan económico quedan más cuestionados que nunca. Empezando por la sostenibilidad del superávit fiscal, en un contexto en el que se debilita el ingreso tributario y se torna más difícil la aplicación de la «motosierra».
Además, gana fuerza el argumento de quienes dicen que ya no hay superávit financiero, por el efecto de los intereses que se capitalizan en las Lecap cada vez que Toto Caputo sale a renovar la deuda, convalidando tasas de interés cada vez más altas.
Muy lejos de los días en que se enorgullecían de que «los bancos volvieron a trabajar de bancos», hoy los funcionarios defienden que la liquidez del sistema vaya al Tesoro.
Las cifras son elocuentes respecto del cambio de tendencia: en agosto, después de una racha de cuatro meses en los que los depósitos bancarios venían en ascenso, se registró una caída real intermensual de 3,6%. Y el rubro más golpeado fue el de depósitos a la vista, con una disminución de 6,7%, lo cual da una pista sobre el escepticismo reinante en el mercado.
Y, en paralelo, se está registrando un acelerado aumento en la demanda de dólares. Pero lo más preocupantes es que eso no se está reflejando en una suba de los ahorros bancarios dolarizados. De hecho, la estimación del economista Jorge Vasconcelos es que sólo un 23% de esos dólares se canalizó al sistema.
En otras palabras, contrariando la expectativa de «dolarización endógena» con la que se había entusiasmado el gobierno, lo que se está viendo actualmente es un engorde de los «dólares del colchón».
¿Ratificar el plan tranquiliza o deja más dudas?
Acaso lo que más lastima al discurso oficial del equipo de Toto Caputo es el cuestionamiento por parte de los propios economistas de la ortodoxia, como Miguel Broda, Roberto Cachanosky, Domingo Cavallo o Ricardo Arriazu.
Todos han cuestionado la política monetaria y cambiaria. Básicamente, todos afirman que los pesos que hay en la economía son muchos más que los que cuenta Caputo, y que los dólares del Banco Central son muchos menos.
De ahí nace la puesta en duda de que el sistema de banda de flotación del dólar se sostenga en los términos actuales.
Ya desde que Toto Caputo sostenía que el enrarecimiento del mercado era consecuencia del «riesgo kuka», en el mercado surgieron las críticas. Por ejemplo, el recordatorio de que el Congreso ya había votado leyes que ponían en riesgo el superávit fiscal y, sin embargo, el riesgo país no había subido.
Y que, por el contrario, todo empezó a complicarse cuando se decidió el desarme de las LEFIs, una táctica defensiva para evitar que todos los días venciera hubiera una masa de títulos con tasa overnight. Pero el resultado fue el peor imaginable: ahora el Banco Central paga pases pasivos -cuya defunción había anunciado con orgullo- por un volumen que ya asciende a $4,5 billones, el nivel más alto desde su eliminación hace un año. Y la peor parte de es que esa ventanilla para que los bancos alojen liquidez excedente le genera al Central un costo alto, con una tasa que ronda el 50%.
Es decir, casi se duplicó el costo para el BCRA. Y eso no es todo: los pases, al igual que las LEFIs, implican vencimientos diarios, cuando lo que dijo Toto Caputo que había que evitar era el riesgo de tener una gran masa de activos que todos los días podían transformarse en pesos líquidos que generaran una turbulencia en el sistema.
La frase de Caputo tras la derrota electoral tiene, supuestamente, el objetivo de llevar calma al mercado. Pero muchos creen que la ratificación plena de su plan implica una carencia de autocrítica que generaría una conducta defensiva por parte de inversores y ahorristas.
No por casualidad, una de las escenas más recordadas de la noche fue la «canchereada» de Caputo hace dos meses -aunque parezca que pasó mucho tiempo- cuando desafío a quienes desconfiaran de su plan con el recordado «comprá dólares, no te la pierdas, campeón».
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ECONOMIA
El mercado calcula cuándo vendrá el alivio para la inflación e invierte en estos bonos en pesos

La inflación no afloja. La aceleración de los precios que se observó en enero (2,9% en el IPC general del Indec) se habría acentuado en los primeros días de febrero, de acuerdo con las mediciones de alta frecuencia de algunas consultoras económicas privadas. La evolución histórica indica que la estacionalidad juega a favor en febrero, aunque los ajustes de tarifas le pondrían un piso alto al índice, y en contra en marzo, por lo que el alivio podría venir a partir de abril.
Una de las consultoras que observó aceleración inflacionaria en el arranque de febrero es Orlando J. Ferreres (OJF): en la primera semana del mes, en base a precios del GBA, midió un IPC general y núcleo de 1,5% respecto a la semana anterior. Si bien es habitual que se registren subas elevadas en los primeros días del mes porque se concentra la mayor parte de los ajustes en servicios, de todas maneras se trata de una variación muy alta.
«A pesar de este efecto estacional, al comparar la variación semanal entre el 30 de enero y el 6 de este mes, es la inflación más alta desde diciembre de 2024, tanto para el nivel general como para el nivel núcleo», destaca Facimex Valores. A la vez, resalta que en el rubro de alimentos y bebidas hay señales mixtas, teniendo en cuenta que algunas consultoras registraron una fuerte aceleración semanal (2,5%, según LCG), pero para otras fue moderada (0,3%, según Econviews).
¿Tardará en volver la tendencia bajista en la inflación?
Otras consultoras, como Analytica y C&T, indicaron ante iProfesional que, contrario a otras mediciones privadas, en los primeros días de este mes observaron una desaceleración en el avance de precios, por lo que esperan que el IPC de febrero finalice con una variación levemente inferior a la de enero. De todas maneras, seguiría en niveles muy altos, arriba de 2% mensual, teniendo en cuenta el arrastre estadístico, la inercia y los ajustes programados.
El registro histórico indica que marzo suele ser adverso en materia inflacionaria, principalmente sostenido por los ajustes de precios vinculados con el rubro de educación. Por lo tanto, probablemente haya otro repunte el próximo mes. Una vez pasado este efecto estacional, el proceso de desaceleración podría retomarse a partir de abril.
«La típica estacionalidad más baja de febrero para los precios podría sugerir una desaceleración temporal antes de marzo, mes que se suele ver influenciado significativamente por aumentos en educación e indumentaria. Sin embargo, mediciones privadas de alta frecuencia sugieren que no descendería por debajo de 2,5% mensual por el impacto del ajuste de tarifas y servicios regulados», afirma el equipo de research de Aldazábal.
A la vez, en el marco de la fuerte acumulación de reservas por parte del Banco Central, espera que la «estrategia del Gobierno siga siendo administrar la liquidez con sesgo restrictivo para mantener la estabilidad cambiaria y, de esta manera, evitar un traspaso a precios significativo, retomando el sendero de desinflación gradualmente a partir del segundo trimestre del año».
«La inflación continuó acelerándose en los últimos meses, aún reflejando los efectos del desarme del apretón monetario preelectoral, cierto pass-through cambiario y la inercia, en parte impulsada por precios regulados, cuyo ajuste ahora está creando un piso para la inflación. Hacia adelante, estos efectos rezagados deberían disiparse y, tras el impacto de las reducciones de subsidios a las tarifas en febrero y marzo, la inflación debería retomar una tendencia descendente en los próximos meses», agrega Max Capital.
Ahora, la City mira estos bonos para aprovechar la inflación
Los analistas de IOL afirman que, al igual que los economistas corrigieron al alza las proyecciones de inflación, los inversores lo hicieron con la inflación implícita en los activos: en las últimas dos semanas, demandaron más bonos ajustados por inflación (CER) que a tasa fija, lo que hizo que la inflación break-even aumentara de 1,8% a 2,1% mensual en promedio para el primer semestre. Si bien prevén que la tendencia inflacionaria será a la baja, ponen en duda la velocidad en la que lo hará.
«En cuanto a estrategias de inversión, continuamos viendo valor en los bonos CER hasta mitad de 2026. A pesar del ajuste relativo, las dudas acerca de la dinámica inflacionaria nos inclinan a sobreponderar los Boncer, al menos hasta que la inflación vuelva a caer por debajo de 2,0% mensual. El bono CER TZX26 ofrece una tasa real de 5%, con un plazo de 140 días», detallan en IOL.
Entre los instrumentos que ajustan por inflación, Cocos Capital encuentra valor en los retornos a 1 año vista que ofrece el bono CER TZX28, en un contexto en el que «persiste la inercia inflacionaria y vemos plasmados los efectos con rezago de la caída de la demanda de dinero del tercer trimestre del año pasado», durante la previa electoral.
Facimex Valores prioriza los bonos CER TZX26 y TZX28, además de otro a tasa fija, el T15E7. La preferencia se debe a que «los datos de alta frecuencia vienen midiendo una inflación algo elevada en el arranque de febrero y los break-evens de inflación lucen algo optimistas para los próximos meses, pero pesimistas hacia 2027».
«Por este motivo, priorizamos el Boncer TZX26 en el tramo corto de la curva de vencimientos y el Boncap T15E7 en el tramo medio. En el tramo largo, priorizamos al Boncer TZX28, con espacio para la compresión para arbitrarse con la curva de bonos en dólares de ley local, aprovechando el carry de una inflación transitoriamente más alta durante el primer trimestre del año y el impulso de la baja estacional de la demanda de dinero en febrero», sostiene Facimex.
Al comparar las curvas de tasa fija y CER, resalta el equipo de research de Aldazábal, el mercado parece estar descontando un sendero de desinflación más optimista en el corto plazo. Esto lo lleva a inclinarse por instrumentos CER, como los bonos X29Y6 y TZX26, por encima de sus pares a tasa fija. Sin embargo, resalta, en el tramo largo prefiere a títulos a tasa fija, como T15E7 y T30A7, porque «el mercado pone en precios un sendero más pesimista que el nuestro».
A pesar de la aceleración inflacionaria, el 55% de la demanda en la licitación de deuda que realizó el Tesoro el miércoles se concentró en un instrumento a tasa fija que vence en abril, mientras los bonos ajustados por inflación captaron poco menos del 25% del total adjudicado. Este resultado, de acuerdo con Portfolio Personal Inversiones, sugiere que los inversores «continúan apostando al proceso de desinflación, al privilegiar rendimientos reales negativos y optar por tasa fija por debajo de la inflación«.
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ECONOMIA
Reforma laboral: cuál será el costo fiscal del proyecto tras los cambios en Ganancias y el fondo para indemnizaciones

La media sanción de la reforma laboral en el Senado de la Nación no solo modificó las condiciones de contratación y despido, sino que alteró profundamente el mapa fiscal proyectado por el Poder Ejecutivo. El eje central de este cambio reside en la eliminación del artículo que recortaba el impuesto a las Ganancias para sociedades y la implementación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), cuya estructura de financiamiento fue rediseñada, impactando directamente en la recaudación nacional y en la distribución de recursos con las provincias.
Según un análisis detallado del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), el costo fiscal directo inicial anual de la reforma completa experimentó una reducción del 48% respecto al proyecto original. Mientras que la propuesta inicial demandaba una inversión pública de 0,89 puntos porcentuales (p.p.) del Producto Bruto Interno (PBI), el texto aprobado situó el costo total en 0,47 p.p. del PBI.
El componente más significativo de la reforma es la creación del FAL, un mecanismo de capitalización para que las empresas afronten indemnizaciones. En el proyecto original, la reducción de la alícuota de la carga patronal para financiar este fondo era del 3% lineal, lo que implicaba un costo fiscal de 0,57 p.p. del PBI.
Sin embargo, tras las negociaciones en el Senado, se estableció un esquema diferenciado: la reducción será del 1% para las grandes empresas y del 2,5% para las pymes. Como consecuencia, el costo fiscal directo del FAL bajó a 0,37 p.p. del PBI en el escenario base. El informe técnico aclara que existe una cláusula que faculta al Gobierno Nacional a incrementar esta reducción en 0,5 puntos adicionales, lo que elevaría el costo del fondo a 0,46 p.p. del PBI.

Al tratarse de una reducción en un tributo no coparticipable, este costo es absorbido en su totalidad por la administración central, sin afectar de manera directa las transferencias automáticas a las jurisdicciones provinciales.
Uno de los factores determinantes para la caída del costo fiscal total de la reforma fue la eliminación de la baja en las alícuotas del Impuesto a las Ganancias para empresas. El proyecto original preveía una reducción que costaría 0,22 p.p. del PBI, afectando recursos coparticipables. Al suprimirse este punto en la versión final, el costo fiscal por este concepto se redujo a cero.
Por otro lado, se mantuvo la eliminación de ciertos Impuestos Internos, lo que representa un costo fiscal de 0,1 p.p. del PBI. En este caso, al ser un impuesto que se distribuye federalmente, la pérdida de recursos se divide en 0,04 p.p. para la Nación y 0,06 p.p. para el conjunto de las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
La reconfiguración del proyecto favoreció notablemente las arcas provinciales en comparación con la propuesta inicial. El informe del Iaraf destaca que, mientras el costo para el Gobierno Nacional descendió un 42% (de 0,71 p.p. a 0,41 p.p. del PBI), el impacto para las provincias y CABA se desplomó un 69%, pasando de 0,19 p.p. a solo 0,06 p.p. del PBI.
Esta dinámica responde a que el grueso del costo fiscal de la reforma actual se concentra en el FAL, que impacta exclusivamente en recursos nacionales, y no en Ganancias, que es el principal motor de la coparticipación federal.
Más allá del financiamiento, el proyecto introduce precisiones sobre el cálculo de las indemnizaciones. Se establece que solo se considerará la remuneración mensual, normal y habitual, excluyendo explícitamente conceptos de pago no mensual como el aguinaldo (SAC) o las vacaciones. Asimismo, se fija un techo para la base salarial y una tasa de actualización uniforme basada en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) más un 3% anual.
El objetivo declarado de estas medidas es reducir la litigiosidad y otorgar previsibilidad a las empresas. Según fuentes del sector, “contar con ese respaldo ante una desvinculación es la diferencia entre seguir operando o bajar la persiana definitivamente por una contingencia judicial”. Por otro lado, desde sectores técnicos se advierte sobre el impacto en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Expertos como Ricardo Michel han señalado que “el mecanismo previsto para el nuevo fondo reduciría recursos al SIPA, administrado por la Anses”, en una cuantía equivalente a la desgravación otorgada a las empresas.
En definitiva, el costo fiscal anual del Fondo de Asistencia Laboral y de la reforma en su conjunto se ha moderado sustancialmente tras su paso por el Senado. La estrategia de concentrar la reducción impositiva en el FAL —un recurso no coparticipable— ha permitido blindar en gran medida los ingresos de las provincias, aunque persiste el debate sobre la sostenibilidad a largo plazo del sistema de seguridad social ante la merma de ingresos por contribuciones patronales.
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ECONOMIA
La única fábrica de zapatillas Adidas y Nike en Argentina define si sigue o cierra

La continuidad de la planta que Dass, la única fabricante de calzado para Adidas y Nike en la Argentina, posee en Eldorado, en la provincia de Misiones, entró en cuenta regresiva. Complicada por la decisión del Gobierno de promover una apertura indiscriminada de las importaciones de, entre otros productos, calzados e indumentaria, la compañía de capitales brasileños definirá cómo serán sus operaciones durante el segundo semestre del año en una audiencia que se llevará a cabo el próximo viernes 20. En ese marco, y en reunión con empleados, representantes de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA) y la cartera de Trabajo, Dass pondrá en claro si seguirá achicando su operación o al menos mantiene la estructura que redujo durante los últimos meses.
De origen brasileño, la firma viene de recortar otros 45 puestos de trabajo y en 2025 bajó la persiana de sus instalaciones productivas en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires.
Audiencia clave podría definir la continuidad de Dass
En territorio misionero, la pregunta que prevalece es por cuánto tiempo más permanecerá abierta la planta de la compañía en cuestión. En los años recientes, Dass —un auténtico gigante en Brasil, con más de 36.000 empleados— redujo la dotación de personal en Eldorado de 1.500 a los actuales 220 operarios.
Según fuentes misioneras, la jornada del 20 será de negociaciones para resolver si la firma mantiene su funcionamiento tal como está en este momento o apaga aún más su estructura en Eldorado.
Desde el entorno de Dass ya se indicó que la compañía sostendrá su producción actual con la dotación de personal que quedó tras los recortes y por el lapso de este primer semestre de 2026. Pero aún resta resolver qué sucederá durante la segunda mitad, si habrá más despidos o directamente la firma pasará a un modelo de importación de productos.
Por lo pronto, sí existe la certeza de que Dass no llevará a cabo la reincorporación de los trabajadores cesanteados. En esa línea, se indicó que «la empresa manifestó tener asegurados los pedidos correspondientes al primer semestre de 2026, mientras que aún se encuentran en evaluación las órdenes de producción del segundo semestre».
De ahí que el 20 «podría firmarse un acta que deje establecidos los compromisos de la empresa respecto a los pedidos futuros y el horizonte laboral«.
«En cuanto al nivel de actividad, no se precisó el volumen de producción que tendrá la planta durante el período garantizado. Sin embargo, tanto fuentes oficiales como sindicales coincidieron en un dato relevante: ninguna de las marcas que trabajan con Dass se ha retirado, lo que mantiene abiertas las expectativas de sostener y eventualmente ampliar la actividad», indicaron fuentes misioneras.
Además de Adidas y Nike, Dass elabora calzado para Umbro, Asics y Fila.
Dass y un declive pronunciado
Sobre todo durante 2025, lla firma pasó de mantener en operación unas 60 líneas de producción de manera simultánea a un presente de apenas 15 en estado de funcionamiento. En torno al personal de la compañía señalan que la fabricación en Misiones fue mutando rápidamente a una actividad de «ensamblado» de calzado para, luego, sufrir el efecto de los importados.
En ese sentido, fuentes misioneras señalan que marcas como Adidas y Nike vienen optando por ingresar a la Argentina calzado terminado proveniente de China y Asia en general, lo cual les permite bajar de manera contundente los costos de producción.
De acuerdo a Gustavo Melgarejo, delegado gremial de UTICRA, tan sólo en los primeros meses de 2025 una marca clave como Adidas importó alrededor de 12 millones de pares de zapatillas terminados mientras que, en contrapartida, las instalaciones de Eldorado elaboraron cerca de 700.000.
En línea con eso, Melgarejo sostuvo que, en su mejor momento, las instalaciones de Dass producían el calzado de manera completa y con una integración de insumos nacionales cercana al 30 por ciento. En la actualidad, elementos como las suelas llegan, también, a través de la importación.
Con relación a la posición de la compañía, el año pasado y en el contexto de cierre de su planta en Coronel Suárez, Dass puso a circular un comunicado explicando que su decisión respondía a «un plan estratégico diseñado para optimizar procesos y fortalecer su posición en el mercado, garantizando una gestión de excelencia».
Argumentó que bajar las persianas en la provincia de Buenos Aires y poner la mira en Misiones respondía a una «necesidad de adaptar las operaciones a la nueva dinámica del mercado en Argentina, caracterizada por un cambio de ciclo económico y nuevas condiciones comerciales«.
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