ECONOMIA
Pese a «retenciones cero», adelgazó el saldo comercial, en medio de una explosión de importaciones

La batalla por las buenas noticias está alcanzando su máximo nivel en la semana final previa a la elección legislativa. Confirmación oficial del swap de monedas de Estados Unidos, anuncio de una recompra de deuda -con un ahorro fiscal que será destinado a educación-, promesas de una cuota de exportación de carne al mercado estadounidense que podría dejar u$s400 millones extra. Pero, del otro lado, el mercado también responde con artillería pesada.
Es así que el dólar continuó su presión alcista a pesar de la intervención de Scott Bessent «comprando pesos». Y, en simultáneo, los inversores volvieron a cubrirse del riesgo devaluatorio en el mercado de futuros del dólar. De hecho, ya el contrato a noviembre, en $1.547, cerró por encima del techo de la banda de flotación de esa fecha.
Pero, más allá de las expectativas y los movimientos especulativos, lo que le sigue inflingiendo daño al gobierno son los datos estadísticos. Este lunes se conoció el resultado de la balanza comercial de septiembre. Y el superávit de u$s921 millones, que en otro momento habría sido considerado un número aceptable, esta vez dejó gusto a poco, si se tiene en cuenta que septiembre fue el mes en que las retenciones al agro bajaron a cero para permitir el ingreso de divisas por u$s7.000 millones.
En otras palabras, la expectativa de que el campo pueda hacer otro aporte grande en exportaciones en el último trimestre del año se reduce notablemente, porque después de la venta masiva para aprovechar el «tax holiday», habrá una retracción por parte de los productores, a la espera de mejores condiciones.
Y, para peor, la gran esperanza del gobierno para equilibrar el bajón del campo está con un panorama desfavorable. El petróleo viene mostrando una tendencia a la caída en el ingreso de divisas, a pesar de que el volumen de producción y ventas aumenta. Esto es el reflejo del bajón de los precios en el mercado global.
Hablando en números, en septiembre el barril WTI promedió los u$s63, uno de los precios más bajos del año. Pero hay peores noticias para el futuro: en octubre la caída fue más intensa, y actualmente cotiza a u$s57. Por lo tanto, resulta improbable que la balanza energética -petróleo y gas- deje el superávit de u$s8.000 que se había proyectado a inicios de año y que haya que ajustar las cifras a la baja.
Exportaciones altas: ¿es para festejar?
En realidad, no es que el nivel de exportaciones de septiembre haya sido malo: por el contrario, u$s8.128 millones es un buen número. El problema es que fue un mes excepcional. De hecho, si todos los meses se diera ese resultado, Argentina vendería al año u$s97.500 millones. Pero nadie cree que eso ocurra: los bancos y consultoras que participan en la encuesta REM del Banco Central esperan que el año termine con un nivel de u$s83.548 millones.
Y, aun así, se trata de un pronóstico desafiante, porque implicaría que en el último trimestre del año ingresen u$s20.000 millones. Esa cifra es, aproximadamente, lo que se exportó entre octubre y diciembre del año pasado. Pero, claro, en aquel momento no hubo una semana de «retenciones cero», por lo cual quedó un remanente del agro mayor al que resta ahora.
Y, sobre todo, no había una expectativa devaluatoria inminente, por lo que los productores de soja y trigo mantuvieron un nivel regular de ventas. Lo cierto es que hoy, con otro contexto financiero y político, pocos se atreven a afirmar que en los últimos tres meses del año se alcance un promedio mensual de exportaciones por u$s7.000 millones.
En cambio, del otro lado del mostrador las importaciones gozan de excelente salud, y en septiembre alcanzaron la cifra de u$s7.200 millones, la cifra más alta del año -y con clara tendencia al alza-. Es decir, no hay que descartar la posibilidad de que los próximos meses la balanza comercial pueda tener saldos en rojo.
El riesgo de la profecía autocumplida
La argumentación del ministro Toto Caputo siempre ha sido que un nivel de importaciones alto es síntoma de una economía pujante y que, por lo tanto, no debe ser un motivo de preocupación.
Y, efectivamente, hay cierto consenso respecto de la regla del «tres a uno»: por cada punto de crecimiento del PBI, se necesita que se incrementen tres puntos en la importación, dada la necesidad que tiene la industria y el agro de comprar insumos en el exterior. Según esa fórmula, habría que esperar un crecimiento a «tasas chinas», dado que las importaciones suben a un nivel de 30% interanual. Sin embargo, la actividad productiva y comercial da señales de enfriamiento, y los pronósticos iniciales de 5,5% de suba en el PBI han sido rebajados a 4%.
Lo que señalan los críticos de Caputo es que, contrariando al discurso oficial, los rubros de importación que crecen con más fuerza son los productos de consumo final y los automóviles. Sumados, ambos rubros representan ya el 22% del total de importaciones, cuando hace un año el nivel era de 16%.
Es por eso que la pregunta que se plantea el mercado en este momento es si es sostenible, todos los meses, un nivel de importaciones encima de u$s7.000 millones. Y la propia inestabilidad cambiaria es, de hecho, una prueba de que el mercado no lo ve viable a largo plazo.
De hecho, hay economistas que creen que puede darse un efecto de «profecía autocumplida»: como se teme una devaluación en el corto plazo, se genera un incentivo para que los importadores adelanten compras y acumulen stock, ante la sospecha de que más adelante les resultará más caro; y el resultado lógico de ese comportamiento es un aumento inusual en la demanda de dólares. Como consecuencia, el propio temor del sector empresarial termina agravando el desbalance.
El gobierno tampoco ayuda con sus señales: en el proyecto de ley de presupuesto 2026 prevé que el año próximo habrá un déficit de cuenta corriente por u$s5.751 millones, el doble de lo esperado para este año. Es lo que surge del informe difundido por el ministerio de Economía, en el que se pronostica exportaciones de bienes y servicios por u$s112.695 millones e importaciones por u$s118.447 millones.
Estos números no deben ser confundidos con la balanza comercial -que únicamente tiene en cuenta los bienes que llegan y se van dentro de los containers- sino que, además, considera el intercambio de servicios -lo que incluye a rubros como el turismo, los servicios profesionales en el exterior y las compras online de productos o contenidos de entretenimiento digital.
Un alivio para ARCA
Sorpresivamente, el adelgazamiento en el saldo comercial de septiembre vino acompañado por una buena noticia: al ser tan altas las importaciones, la recaudación por aranceles compensó lo que no ingresó a ARCA por las retenciones a la exportación agrícola.
Puesto en números, lo recaudado por derechos de exportación cayó un 20% en términos reales interanuales, con lo que contribuyó con un 3,6% al total de la «torta» impositiva. En julio, el mejor mes de este año, cuando salió la mayor parte de la cosecha gruesa, su aporte había sido de 6,8%.
Por el contrario, los aranceles a la importación tuvieron una suba explosiva, de 76,5% en términos nominales y 34% si se descuenta la inflación. De esta manera, su contribución al total recaudado fue de 4,6%, mientras que el año atrás sólo representaba un 3,1%.
Es decir, en términos fiscales no se ha visto -al menos no todavía- un impacto como consecuencia del deterioro comercial.
Faltan las reservas propias
Pero cuando se pone la lupa en el rubro de las reservas del BCRA y el mercado cambiario, la situación cambia. Ocurre que, aunque el gobierno se esmere en comunicar fortaleza, tras los u$s20.000 millones que engrosarán las reservas brutas, lo que está pidiendo el mercado es que el aumento de las reservas sea con dólares propios y no «prestados» por organismos de crédito o gobiernos amigos.
Y, para que ello ocurra, tiene que desaparecer el déficit de la cuenta corriente. Esto implica que los dólares que entran por exportaciones tienen que ser superiores a las importaciones y a las divisas que salen del país por turismo o que se compran para atesoramiento. Tiene que quedar una diferencia a favor, para que el BCRA pueda comprar, y hay una casi unanimidad de que con el actual tipo de cambio eso será muy difícil.
De hecho, en uno de los últimos reportes del Fondo Monetario Internacional sugiere que, considerando su débil cobertura de reservas y sus dificultades de acceso al mercado financiero internacional, debería contar con un superávit de cuenta corriente de 1,4% del PBI, como forma de evitar eventuales turbulencias.
Hablando en plata, eso supondría un superávit de cuenta corriente en torno de u$s9.000 millones, mientras el pronóstico oficial en el presupuesto es un déficit de u$s2.447 millones para este año y casi el doble para 2026.
Con semejante cuadro, no resulta de extrañar que, a pesar de que Caputo y su colega Scott Bessent hablen casi a diario sobre la solidez del programa económico, los argentinos siguen refugiándose en el dólar. No se los puede culpar: los datos duros de la economía les dan argumentos de peso.
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ECONOMIA
Boom de créditos hipotecarios: 2025 cerró como el cuarto mejor año desde que hay registros y qué se proyecta para 2026

El crédito hipotecario alcanzó niveles récord tras un largo periodo de estancamiento: en 2025 cerró con 44.305 préstamos otorgados, lo que lo convierte en el cuarto mejor volumen anual desde 2004, solo detrás de los picos históricos de 2017, 2018 y 2007. Este repunte señala un cambio sustancial en el acceso a la vivienda y aporta dinamismo al mercado inmobiliario.
Según un informe de Tejido Urbano, la recuperación no solo impactó en la cantidad de créditos, sino también en la centralidad que el crédito hipotecario recobró en el sistema financiero y en el mercado inmobiliario urbano. En definitiva, el 2025 estuvo marcado por una consolidación operativa tras años de inactividad.
En la Provincia de Buenos Aires, en 2025 se concretaron 147.393 escrituras, de las cuales 23.395 operaciones (15,9%) se realizaron mediante crédito hipotecario. El monto movilizado fue de USD 2.390 millones, con un ticket promedio de 102.000 dólares.

“Desde el punto de vista temporal, 2025 estuvo marcado por cierta volatilidad hacia el último tramo del año. Noviembre mostró una desaceleración asociada a la incertidumbre electoral, pero diciembre cerró con un repunte claro, volviendo a niveles similares a los de julio. El pico anual se alcanzó en octubre, con 2.600 escrituras hipotecarias, mientras que diciembre finalizó con 2.161 operaciones, consolidando un cierre sólido”, indicó Tejido Urbano.
En tanto, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires mostró un crecimiento destacado: de menos de 5.000 escrituras hipotecarias en 2024 saltó a 13.953 en 2025. Así, los créditos explicaron el 20% de las transacciones, moviendo USD 1.420 millones y promediando USD 101.000 por operación.
El desempeño del ticket promedio en la Ciudad de Buenos Aires mostró un patrón llamativo. Luego de varios meses a la baja entre junio y noviembre, diciembre rompió esa racha con un salto pronunciado: pasó de USD 89.000 a USD 113.000 en apenas un mes.
Octubre, por su parte, se consolidó como el período de mayor movimiento, con 1.501 escrituras hipotecarias, en un contexto de decisiones adelantadas ante el escenario electoral.

En cuanto al volumen de operaciones, el cierre del año volvió a ubicarse en niveles cercanos a los registrados a comienzos de 2025, lo que sugiere la consolidación de un nuevo piso de actividad marcado por una mayor prudencia del mercado.
“El crédito hipotecario volvió. El desafío que se abre hacia adelante no es menor: sostener el volumen, ampliar el acceso y resolver los cuellos de botella que hoy siguen limitando la llegada del financiamiento a amplios sectores de la clase media. La discusión ya no es si el crédito existe, sino hasta dónde puede escalar y a quiénes logra incluir en la próxima etapa”, analiza el informe.
Las condiciones crediticias también evolucionaron. La tasa de interés promedio inició 2025 en 5,2% anual, ascendió hasta septiembre y luego descendió, impulsada por el Banco Nación con líneas de menores tasas. El plazo promedio pasó de 23,6 a 25,8 años, facilitando el acceso a más hogares y equilibrando criterios más exigentes de aprobación.

“Este alargamiento no es menor: responde a estrategias y la necesidad de cumplir con las relaciones cuota-ingreso exigidas para la aprobación de los créditos. En los hechos, el plazo se convirtió en una de las principales variables de ajuste para ampliar el universo de hogares elegibles ya limitado por el endurecimiento del score bancario a las carpetas de solicitudes que se presentaban”, indicó Tejido Urbano.
El financiamiento total llegó a USD 3.679 millones, predominando los esquemas de tasa variable (más de USD 3.200 millones) frente a los de tasa fija (USD 434 millones). El flujo mensual varió entre USD 233 millones al inicio del año y USD 275 millones en diciembre, estableciendo un nivel elevado de operaciones.
De acuerdo con Tejido Urbano, el arranque de 2026 encuentra al crédito hipotecario en una instancia particular: ya sin el impulso inicial del rebote, pero claramente por encima del cuadro de parálisis que definió los años anteriores.
En términos operativos, el sistema parece haberse estabilizado en un piso comparable al de marzo de 2025, lo que sugiere que el crédito dejó de apoyarse exclusivamente en shocks puntuales y empezó a desenvolverse con mayor regularidad.

La trayectoria del año, indica el análisis, dependerá menos de la demanda latente —que continúa vigente— y más de la capacidad del sistema financiero para modernizar procesos, conseguir fondeo y escalar su operatoria.
En este contexto, el rol de las personas físicas adquiere un peso todavía mayor. El desafío ya no pasa por reactivar el crédito, sino por ampliar el universo de hogares que efectivamente califican, algo que se vincula con cuatro factores centrales: la flexibilización de los sistemas de scoring, la función del Banco Nación como actor contracíclico, la capacidad de fondeo y securitización del sector privado y la incorporación de innovaciones regulatorias que reduzcan fricciones sin resignar transparencia.
En paralelo, destaca el informe, otro eje de transformación se ubica en la banca pública. A comienzos de enero, el Banco Nación puso en funcionamiento un esquema completamente digital para evaluar y aprobar créditos hipotecarios, marcando un quiebre respecto de la dinámica tradicional del mercado.
La magnitud de este cambio es relevante. La digitalización integral del proceso acorta tiempos, reduce costos administrativos y elimina trabas burocráticas que históricamente actuaron como un freno para muchos hogares. A la vez, introduce un esquema de evaluación centralizado y estandarizado que permite ganar escala sin perder control del riesgo.
La plataforma también incorpora un módulo que vincula oferta y demanda: propiedades previamente verificadas como aptas para crédito hipotecario y un canal específico para inmobiliarias, integrando en un mismo ecosistema al comprador, al banco y al mercado inmobiliario.
El potencial impacto de esta transformación resulta significativo si se considera el peso que ya tiene el Banco Nación en el mercado. Con más de 20.000 créditos hipotecarios otorgados, la entidad se consolidó como el actor principal del sistema durante 2025, explicando una porción sustancial del crecimiento tanto en cantidad de operaciones como en volumen desembolsado.

En un escenario en el que el sector privado muestra mayor cautela, el liderazgo del banco público aparece como un factor clave para sostener el piso operativo del crédito y evitar retrocesos.
Otro componente central de esta etapa es la ampliación del universo de sujetos de crédito. El lanzamiento de líneas específicas para monotributistas introduce un cambio de paradigma en la evaluación crediticia, al priorizar la trayectoria fiscal y el cumplimiento por sobre la estabilidad de una relación de dependencia formal.
La posibilidad de sumar co-titulares y codeudores familiares, junto con plazos de hasta 30 años y esquemas de tasa diferenciada según el vínculo con la entidad, apunta directamente a un segmento que hasta ahora permanecía mayormente excluido del crédito hipotecario.
“En conjunto, estas señales configuran un escenario en el que el crédito hipotecario ya no depende exclusivamente de la coyuntura macroeconómica inmediata, sino de decisiones institucionales concretas. La estabilización de variables como inflación y tipo de cambio contribuye a mejorar la previsibilidad, pero el verdadero margen de crecimiento para 2026 estará dado por la capacidad de modernizar procesos, flexibilizar criterios de acceso, profundizar el fondeo vía mercado de capitales y sostener el protagonismo de la banca pública”, consideró Tejido Urbano.
“El sistema volvió a moverse. La pregunta que abre 2026 no es si el crédito hipotecario existe, sino si logra transformarse en una política financiera de escala, capaz de incluir a más personas físicas y de sostenerse en el tiempo sin repetir los límites de los ciclos anteriores”, concluyó.
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ECONOMIA
La ola de autos importados también llegó a Brasil: cómo va a impactar en las exportaciones de la industria local

La oleada de autos importados no es solo algo que está ocurriendo en el mercado automotor argentino sino también en Brasil. Según las estadísticas de la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), en los últimos cinco años el volumen de autos provenientes del exterior pasó de 254.000 unidades anuales a las actuales 498.000 de fines de 2025, lo que representa un aumento del 96%.
Sin embargo, esa no es una buena noticia para Argentina como podría suponerse al ser el principal proveedor de autos de Brasil, porque aunque todavía es el país que más exporta, la tendencia es negativa y la industria automotriz nacional depende principalmente de las camionetas y furgones.
En contrapartida, lo que aumentó fue la proporción de autos chinos, que si bien en volumen todavía están levemente detrás de los envíos desde Argentina, están creciendo a un ritmo del 55,6% interanual y parece inevitable que en 2026 se conviertan en el principal país que vende sus productos en Brasil. Las cifras de 2025 fueron muy similares, con un total de 200.335 vehículos argentinos y 187.327 de origen chino.

El dato más reciente que muestra el aumento de los autos importados en el mercado brasileño fue el que surgió de comparar 2024 contra 2025, en el que se dio una suba del 6%. Sin embargo, el gran salto se dio un año antes, cuando se registró un aumento de importados del 32% sólo en un año. Esto tuvo directa relación con la medida de permitir que ingresen autos chinos a Brasil sin arancel de importación y sin límite, pero que tenía fecha de finalización en 2024.
Eso motivó que el volumen de unidades fuera muy alto, especialmente cuando se acercaba la fecha caducidad de la exención de arancelamiento, llegando incluso a colapsar los puertos con autos que no tenían clientes y que solo estaban en Brasil para aprovechar el momento.
Con las cifras oficiales de 2025, y a pesar del regreso progresivo de los aranceles que se reestablecerán definitivamente a mitad de 2026, el porcentaje de autos importados en el mercado brasileño sigue creciendo y ya representan el 20%, cuando en 2021 eran poco más del 12%.

Es en este punto en el que entra en juego la industria automotriz argentina, ya que ese crecimiento de autos importados en Brasil no se ve reflejado en una mayor cuota de productos nacionales como podría imaginarse. Por el contrario, entre 2024 y 2025 las ventas de autos argentinos en Brasil volvieron a caer hasta llegar a un volumen máximo de 200.335 vehículos, lo que significa un retroceso del 10,8% en relación a la referencia de 2025. Aun así, Brasil se llevó el año pasado el 67,2% del total de las exportaciones de autos argentinos.
El vehículo que más se vendió en Brasil en 2025 fue la pick-up Toyota Hilux fabricada en Zárate, que alcanzó las 49.721 unidades en 12 meses, con una leve caída del 0,5%. El segundo modelo nacional que más se vendió el año pasado en Brasil fue otra pick-up, la Ford Ranger, que en cambio ganó un 6,8% con 34.047 vehículos.
En tercer lugar quedó el Fiat Cronos con 26.549 unidades, pero con una fuerte caída del 40% respecto a los 44.392 de 2024, y que permite entender cómo cambió el escenario para la industria automotriz argentina en ventas al exterior cuando no se trata de vehículos utilitarios como son las camionetas o furgones.

Algo similar ocurrió con el Peugeot 208, que el año pasado terminó vendiendo 9.809 autos contra 17.709 del año anterior, con una caída del 44%, aunque en este caso hubo también un impacto negativo por la aparición del SUV Peugeot 2008, que sumó 11.312 unidades en 12 meses.
El número parece positivo porque en 2024 se habían vendido 7.871 autos. Pero como ese modelo llegó recién en agosto a Brasil, por lo que las ventas fueron de unos 1.542 autos por mes, mientras que en 2025 el promedio mensual es de 942, es decir otra caída de ventas interanual, en este caso del 38%.
Con volúmenes menores, el Renault Kangoo argentino creció un 50% en su condición de utilitario pasando de 2.969 autos en 2024 a 4.432 en 2025; el furgón Mercedes-Benz Sprinter pasó de 1.720 a 1,747 unidades en el último año, con lo que prácticamente empató el volumen anterior; pero la Nissan Frontier, en su últmo año como vehiculo nacional vendió 5.091 pick-ups contra 9.258 de 2.024, cayendo un 45%.
También en 2025 se sumó a la oferta de vehículos utilitarios livianos argentinos con la nueva pick-up Fiat Titano, que no tiene referencias de 2024, pero que representó la exportación de 6.437 unidades nacionales. Este año tanto Titano como Ram Dakota tendrán los 12 meses completos como para poder evaluar su aporte en condición de utilitarios, para una mejor performance exportadora nacional.
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ECONOMIA
Reforma laboral: qué resultados produjo en Brasil y cuál es el desafío argentino para recuperar empleo y productividad

La evolución de Brasil y la Argentina presenta un contraste cada vez más marcado en materia de crecimiento económico y generación de empleo formal. Una década atrás, las exportaciones totales de bienes del país vecino guardaban una relación de tres a uno con las de la Argentina, pero, en el presente, están en un ratio cercano al cuatro a uno.
El punto de inflexión, analiza un informe de Fundación Mediterránea, se produjo en 2017, cuando Brasil adoptó una reforma laboral profunda y estableció límites estrictos al gasto público. En tanto, la Argentina mantuvo su esquema tradicional.
Desde entonces, los resultados en ambos países se distancian con claridad. Sin embargo, la reforma laboral en la Argentina ya cuenta con media sanción por parte de la Cámara Alta y será tratada la semana que viene en Diputados. El análisis se centra en los retos y condiciones que enfrenta la Argentina para replicar el desempeño brasileño en términos de empleo y crecimiento.
“Las similitudes históricas entre Brasil y Argentina incluyen el peso del proteccionismo, el rol del Estado, la presión tributaria y una economía fuertemente regulada”, puntualiza el trabajo que analiza la evolución de la creación de empleo en Brasil a partir de la reforma laboral, sancionada en 2017.

A partir de la gestión de Michel Temer (2016-2018), Brasil se apartó del estancamiento, e impulsó por dos reformas clave: la modernización del mercado laboral y la fijación de un techo al gasto público. De acuerdo con Fundación Mediterránea, estas medidas “permitieron una baja sostenida de la inflación y el descenso de las tasas de interés, mientras los indicadores de empleo y productividad comenzaron a mostrar señales positivas”.
La reforma laboral brasileña supuso modificaciones sustanciales al funcionamiento del mercado de trabajo. Hasta ese momento, las reglas se regían por la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), vigente desde 1943. La nueva norma trasladó la definición de 15 aspectos previamente regulados por el organismo a la negociación colectiva, de manera que Justicia del Trabajo quedó relegada de estas cuestiones.
Entre los puntos más relevantes se encuentran la definición de la jornada laboral, la posibilidad de segmentar vacaciones, la creación de un banco de horas y la introducción de modalidades de empleo como el trabajo a tiempo parcial o intermitente. A su vez, los contratos y las condiciones de trabajo pasaron a establecerse mediante acuerdos con distintos niveles de representación, incluso individuales. Se trata de aspectos similares a los aprobados en el Congreso esta semana.
Además, se introdujeron mecanismos para sancionar las demandas laborales de mala fe y limitar la proliferación de litigios, una práctica muy normalizada en Brasil.
Según un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI), la reforma laboral generó un fuerte aumento del empleo formal, redujo la litigiosidad y elevó la productividad, especialmente en sectores intensivos en mano de obra. De hecho, entre 2016 y 2025, Brasil registró un crecimiento de 14,5 puntos porcentuales por encima de la Argentina en el Producto Interno Bruto (PIB) y la misma diferencia en la creación de empleos privados formales.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Actualmente, la tasa de desempleo brasileña se sitúa en el 5,2%, su nivel más bajo en la serie histórica, mientras que el empleo privado formal creció a un ritmo anual acumulativo del 1,5% en la última década.
La modernización del mercado laboral se complementa con la reforma tributaria que Brasil está implementando en la actualidad. El proyecto, impulsado por el Congreso y respaldado por el FMI, busca unificar los impuestos de las distintas jurisdicciones en un Impuesto al Valor Agregado (IVA) nacional.
Según el organismo internacional, una vez completada su implementación, esta reforma tendrá un impacto considerable en el PIB potencial y en la formalización de la economía. La unificación tributaria promete mejorar la asignación de recursos, reducir el costo de los insumos y ampliar la escala de producción, lo que incentiva la inversión y el empleo registrado.
Otro de los puntos que contribuyó a la creación de empleo fue el contexto macroeconómico. Tras la crisis del gobierno de Dilma Rousseff, el tipo de cambio y las tasas de interés experimentaron una fuerte corrección. La estabilidad lograda a partir de 2016 permitió que el real se apreciara en términos reales, mientras la tasa Selic descendió de 5% a 0,2% anual en tres años. Estos factores, sostiene el informe, “facilitaron la recuperación del consumo, la inversión y la productividad”.
La comparación con la Argentina, en tanto, revela diferencias notables. Mientras Brasil expandió el empleo privado formal, la economía argentina permaneció estancada en este indicador.
En productividad, la brecha también se amplió. Si se toma 2016 como base 100, para 2024 el índice de productividad laboral creció 6,3% en Brasil y cayó 12,5% en Argentina. Las exportaciones brasileñas también experimentaron un salto. El sector agropecuario pasó de USD 52.000 millones a USD 120.000 millones entre 2016 y 2024, mientras que en minería, celulosa y petróleo también se duplicaron o triplicaron los volúmenes exportados.
El peso del sector agropecuario en el empleo total de Brasil es del 26,5%, mientras que en la Argentina representa un 16% de la masa laboral. La ausencia de retenciones a las exportaciones, junto a las reformas estructurales, contribuyó a consolidar la expansión en el vecino país. Al mismo tiempo, la Inversión Extranjera Directa (IED) mostró un flujo positivo y recurrente, equivalente a 3 puntos del PIB por año.
“Replicar el contexto inicial de Brasil resulta complejo para la Argentina. La presencia de restricciones cambiarias y techos predeterminados en la banda cambiaria limitan la posibilidad de reproducir el esquema de dólar y tasas de interés vigente en Brasil durante la reforma. El aporte de la IED y la flexibilidad macroeconómica son factores adicionales que explican la distancia en los resultados», resalta el informe.
Analistas y organismos internacionales coinciden en que la experiencia brasileña ofrece elementos para ampliar e inspirar el debate sobre la reforma laboral y tributaria en la Argentina. La implementación de nuevas reglas en el país abrirá un nuevo capítulo, cuyo desenlace dependerá de la consistencia e implementación de las reformas y del contexto macroeconómico local.
brasil demografía
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