ECONOMIA
Por qué colapsan o se achican los líderes de la industria láctea como SanCor, Verónica o La Paulina

En un contexto marcado por las bajas ventas de las alimenticias en general, el segmento lechero atraviesa esta primera instancia del año con un viento en contra que no ha dejado de intensificarse sobre todo desde 2025. El escenario para ese nicho se ve marcado por una merma en la comercialización de la que recientemente dio cuenta el Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA), aunque la entidad también reconoció que diciembre pasado fue un mes de cierta mejoría. Sin embargo, la tormenta persiste: algunas entidades que agrupan a las pymes lecheras del interior afirman que en enero la venta de productos lácteos se habría reducido al menos un 18 por ciento. En el segmento también se subraya que en los últimos dos años cerraron más de 1.000 tambos en la Argentina, y que la combinación de esas variables es la que explica la delicada situación operativa y financiera que atraviesan firmas como Lácteos Verónica, Luz Azul, o la misma SanCor. O empuja la salida de gigantes como Saputo, que acaba de vender el 80% de su negocio lácteo en la Argentina al holding peruano Gloria Foods, con el traspaso incluido de marcas como La Paulina, Ricrem y Molfino.
Si bien en el ámbito de la lechería reconocen que en 2025 la generación de materia prima subió más del 9%, también se señala que la merma de varios meses que evidencia el consumo, combinada con el alza de los costos operativos y la falta de financiamiento fresco para afrontar el endeudamiento acumulado que muestran la mayoría de las firmas grandes del sector, mantiene en terapia intensiva a casi todo el sector.
Por otra parte, la mayor generación de leche no se ha traducido en una rentabilidad provechosa para toda la cadena. Así, recientemente entidades como CONINAGRO y FECOFE advirtieron que el sector «atraviesa una fase negativa marcada por precios estancados, cierre de tambos y concentración productiva«.
«En 2025 los productores tuvieron solo un aumento del 6% en muchas zonas, y eso llevó al cierre de tambos y a un proceso acelerado de concentración», dijo al respecto Martín Echavarri, integrante de la Cooperativa Tambera Dos Hermanas de Serrano, en la provincia de Córdoba, y dirigente de FECOFE. Según datos de Ansol, 2025 concluyó con 8.900 tambos operativos, lo cual perforó el piso histórico de ese segmento.
«Para el mercado lácteo argentino, los cierres de tambos asociados a cooperativas representan una señal de alerta; estas unidades productivas no solo aportan volumen de leche cruda a la industria, sino que también sostienen la economía regional y el vínculo entre el productor primario y la industria transformadora», precisó la agencia en cuestión.
A tono con eso, OCLA afirma que en lo que lleva de presidente Javier Milei ocurrió el cierre de 1.024 tambos en la Argentina.
Esos guarismos, que muestran lo dañada que está la cadena lechera desde sus bases, se sienten aún más en los pilares que sostienen a las principales lácteas del país. Aunque con matices según el caso, nombres de comprobado peso en el mapa de la actividad han exhibido en semanas y meses recientes desde parates productivos hasta conflictividad laboral, pasando por endeudamiento agravado, falta de materia prima y pérdida de franquicias.
Semejante escenario también motivó cambios de estrategias como los aplicados esta semana por Saputo, que pasó de comandar la comercialización local de derivados lácteos a prácticamente retirarse de la Argentina.
La venta del negocio de Saputo, un indicador que preocupa
Hasta el traspaso de su negocio, la compañía canadiense lideraba los números nacionales de procesamiento de leche con más de 3,5 millones de litros diarios. La venta a Gloria Foods implica la transferencia de activos industriales estratégicos y marcas con fuerte presencia en las góndolas.
Como publicó iProfesional, el acuerdo contempla el traspaso de dos plantas de producción y de etiquetas históricas como La Paulina, Ricrem y Molfino, todas con gran penetración en el mercado local.
Si bien se aclaró que Saputo no abandona por completo la Argentina, ya que seguirá contando con una porción del negocio que le permitirá participar del mercado exportador, en el ámbito lechero señalan que la firma ejecutó esa maniobra para afrontar la visible merma que muestra la comercialización de lácteos en el escenario doméstico. De ahí la intención de la firma norteamericana de concentrar su apuesta en la colocación de productos en el exterior.
En las últimas horas, desde la compañía se argumentó que la desinversión responde a un cambio «en su estrategia global de asignación de capital». En el último año, la filial argentina generó ingresos por aproximadamente 1.200 millones de dólares canadienses, equivalentes a cerca del 7% de la facturación consolidada del grupo. Dicha porción representa una porción relativamente baja para el volumen de recursos que la firma viene destinando a su operatoria doméstica.
«Esta desinversión mejora nuestra flexibilidad financiera y respalda la reinversión específica en plataformas que ofrecen las mayores oportunidades de crecimiento, a la vez que nos permite mantener una cartera de productos de origen argentino para nuestros mercados internacionales», declaró al respecto Carl Colizza, presidente y CEO de Saputo.
Vale aclarar que la operación está sujeta a las aprobaciones regulatorias correspondientes y se prevé que se cierre de manera formal en el primer trimestre del año fiscal 2027 de Saputo. Hasta entonces, la empresa canadiense continuará operando como hasta ahora en la Argentina.
Lácteos Verónica, en un momento dramático
En sintonía con el mal momento que sufre la lechería, Lácteos Verónica acumula meses arrastrando una crisis que ya huele a cierre total. Fuertemente endeudada y ausente de las góndolas y heladeras de los supermercados, la firma transita este tramo de febrero con nula actividad en sus plantas en Clason, Lehmann y Suardi, en la provincia de Santa Fe.
Lácteos Verónica acumula más de 10 días sin realizar ningún tipo de transferencia a sus empleados, que suman varias semanas de haberes impagos. Al mismo tiempo, la lechera dejó de cubrir sus gastos en términos de servicios de electricidad y agua, y ya no elabora lácteos tras verse interrumpido el flujo de materia prima por los continuos incumplimientos con su cadena de proveedores.
Desde hace algo más de una semana, Lácteos Verónica paró por completo la producción «a fasón», es decir, para terceras marcas. Se espera que durante la jornada del miércoles, y en el contexto de las marchas contra la reforma laboral, buena parte de sus 700 empleados se movilicen exigiendo soluciones ya en Capital Federal.
En cuanto a la situación de la deuda bancaria de la compañía, iProfesional constató en el registro del Banco Central (BCRA) que la empresa acumula 3.877 cheques emitidos sin fondos y una deuda en ese ítem de casi 13.600 millones de pesos.
Al mismo tiempo, Lácteos Verónica debe miles y miles de pesos a entidades de crédito como Catalinas, Credibel y Trend Capital. También posee deudas con los bancos Nación, BBVA, Santander, Galicia y Macro, entre otros.
El contexto actual, señalan voceros de los empleados de la lechera, es de total incertidumbre y en el horizonte no se descarta una quiebra inminente. Dicha acción implicaría la pérdida de 700 puestos de trabajo.
Por el lado de los proveedores, la situación también es dramática: cerca de 150 productores de leche de la provincia de Santa Fe se unieron recientemente para reclamar el pago de mercadería entregada y nunca abonada.
Se estima que sólo con ese grupo de tamberos la deuda que mantiene Lácteos Verónica se ubica en torno a los 60 millones de dólares. En simultáneo a la parálisis en la producción que tiene lugar en las instalaciones de Lácteos Verónica, la posibilidad de que sus dueños promuevan un traspaso de activos sigue en la indefinición. Esto último, más allá de que se rumorea que la francesa Savencia podría estar interesada en la operación de la lechera en crisis.
Luz Azul y las franquicias que se pierden
Otro ejemplo cercano del mal momento que padece el sector lácteo está en lo expuesto por Gabriela Benac, titular de Luz Azul, quien hace escasas semanas reconoció caídas en las ventas, esfuerzos para absorber a sus franquicias y entrega de mercadería al personal.
«La situación de la industria láctea es compleja, hay una sobreproducción de leche en el mundo y particularmente en Argentina donde hay un sobrestock y mucha cantidad de quesos. Por una cuestión de oferta, los precios se mantienen estables», declaró la ejecutiva.
«Estamos absorbiendo cada vez más locales franquiciados para no perder presencia en el mercado y que no cierren los locales», agregó.
Por estos días, Luz Azul cuenta con una red de 70 puntos comerciales, de los cuales alrededor de 57 corresponden, precisamente, a franquicias de la marca.
«Los franquiciados primero manifiestan que no pueden pagar la mercadería y cuando vemos que se endeudan les hablamos para comprarles el local y que al menos recuperen la inversión inicial» afirmó.
Benac remarcó que, dado el contexto actual, el público consumidor busca precios y que a las lácteas solo les queda no aumentar los valores para de alguna forma evitar una mayor caída en las ventas. Claro que eso ocurre a cambio de perder rentabilidad comercial, aclaró.
«Con el queso cremoso estamos perdiendo entre un 5 y un 6 por ciento. Hace tres meses lo habíamos aumentado, pero lo tuvimos que bajar un 20 por ciento porque hay ofertas en todos lados y necesitamos mantener lo que tenemos», explicó, en declaraciones radiales.
Según se indicó, desde un tiempo a esta parte, Luz Azul comenzó a entregar mercadería y otros «plus» para amortiguar de alguna forma la pérdida de poder adquisitivo que también complica a su personal.
SanCor, en manos de la Justicia y debiendo sueldos
Un nombre de peso que sigue profundizando su caída a partir del contexto macroeconómico y la deuda acumula de gobiernos anteriores es SanCor, que sigue sumando capítulos complicados.
Así, y a partir de los continuos incumplimientos de salarios y deuda con proveedores que ha efectuado la unión de cooperativas, a fines del mes pasado la Cámara de Apelación de Santa Fe confirmó la intervención dispuesta para la compañía por el juzgado de Primera Instancia de Rafaela.
De esa forma, se ratificó que la láctea será coadministrada por el aparato judicial de la provincia en cuestión. Por estos días, SanCor acumula una deuda laboral del orden de los 20.000 millones de pesos. Al mismo tiempo, la firma suma más de 300 pedidos de quiebra en su contra.
Un aspecto que dio lugar a la ratificación aplicada estuvo, según fuentes judiciales, en que la cúpula de la lechera dio señales de no querer colaborar con la investigación llevada a cabo por los tribunales.
Recientemente, José Pablo Gastaldi y Alberto Eduardo Sánchez, dos expresidentes de la lechera, fueron procesados por la presunta apropiación indebida de al menos $1.600 millones que, señala la Justicia, debieron destinarse al pago de los aportes de los operarios de la firma.
La medida en cuestión, establecida por Aurelio Cuello Murúa, juez federal de Rafaela, incluyó un embargo por $90 millones aplicado a ambos exejecutivos. También se rechazó la posibilidad de que Gastaldi y Sánchez obtengan una suspensión del juicio fijado por el mismo Cuello Murúa.
En la actualidad, la compañía apenas se sostiene a partir de los contratos a fasón, esto es, la producción para terceros que aún mantiene con firmas como Elcor, Punta del Agua y La Tarantela.
A principios de noviembre de 2025, la directiva de la empresa presentó ante la Justicia un plan de crisis que propone, a modo de aspecto sobresaliente, el recorte de 304 empleos como medida concreta para mejorar el presente financiero de la lechera.
En los últimos dos años SanCor implementó 370 despidos aunque, más allá del tenor de la medida, la láctea no logró reducir su rojo operativo y financiero.
La Suipachense y ARSA, dos casos de cierre
A modo de confirmación de que el declive del negocio lechero no perdona la vida de las compañías, conviene recordar que a principios de noviembre de 2025, el juzgado Civil y Comercial N°7 de Mercedes decretó la quiebra de Lácteos Conosur S.A., razón social de la tradicional empresa láctea La Suipachense.
La compañía venía de atravesar un fuerte conflicto gremial y 140 empleados de su planta en la localidad bonaerense de Suipacha se quedaron sin trabajo.
El cierre de La Suipachense ocurrió tras una tensión que aumentó a lo largo del año: movilizados ante la posibilidad de despidos masivos, sus empleados acumularon más de 60 días de acampe en las instalaciones de la firma. En meses recientes la compañía prácticamente no procesaba leche y su planta estaba a un paso de quedarse sin luz ni gas por falta de pago.
También en el inicio de ese noviembre finalmente se decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la compañía que desde 2019 se encargaba de producir yogures y postres con la marca SanCor
Vía resolución judicial, se estableció el cierre formal para una crisis que llevaba meses paralizando la actividad en su planta industrial de Sunchales, Santa Fe, donde trabajaban más de 400 personas.
Los empleados habían mantenido la operación a pulmón durante meses, pese a la falta de aportes patronales y salarios adeudados. Al día de hoy, muchos de ellos siguen sin cobrar y sin recibir información oficial sobre su futuro laboral o las posibles instancias de recuperación del negocio.
A la par del endeudamiento que evidencian la mayoría de las compañías lecheras, lo cierto es que el panorama actual del sector lácteo combina factores que ponen en serio riesgo la continuidad de muchas empresas.
En ese sentido, la sobreoferta de leche cruda, con volúmenes que crecen semana a semana y se acercan a los máximos estacionales, coincide con un mercado interno deprimido, que sigue siendo el principal canal de venta para la mayoría de las firmas pequeñas y medianas del segmento.
Asimismo, los precios finales muestran caídas que van del 5 al 10%, lo cual refleja un consumo retraído y la pérdida sostenida del poder adquisitivo. El cuadro negativo se completa con exportaciones que se ven cada vez más restringidas.
Finalmente, el tipo de cambio vigente y la pérdida de competitividad externa limitan la colocación de excedentes en el mercado internacional, dejando a muchas empresas con producción acumulada y sin alternativas comerciales rentables.
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ECONOMIA
Frigorífico del creador de las hamburguesas Paty se presentó en concurso con una deuda millonaria

Frigorífico General Pico, una de las firmas históricas de la industria cárnica argentina y vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores y pasó a integrar la lista de compañías que en lo que va del año terminaron judicializando su crisis financiera para intentar reordenar pasivos y preservar la continuidad operativa.
La decisión fue comunicada este 31 de marzo por sus directivos, Ernesto «Tito» Lowenstein y Alan Lowenstein, luego de varios meses en los que la empresa intentó sostenerse con actividad mínima, suspensión de personal y la búsqueda de una salida empresaria para evitar un deterioro mayor. En ese recorrido, la firma exploró distintas alternativas, entre ellas la posibilidad de vender el frigorífico, ceder la explotación de la planta o avanzar con algún esquema de alquiler de largo plazo, pero ninguna terminó de cerrarse.
El deterioro financiero que empujó esa decisión quedó reflejado en los registros de deudores del BCRA. Según la actualización al cierre de marzo, la compañía acumula 1.152 cheques rechazados por un total de poco más de $15.800 millones, mientras que su deuda bancaria asciende a alrededor de $24.300 millones.
Dentro de ese pasivo financiero, unos $2.500 millones figuran en situación 2, es decir, con seguimiento especial, y otros $16.100 millones aparecen en situación 3, la categoría que el sistema financiero asigna a deudores con problemas de cumplimiento. Sólo entre esos dos grandes rubros, la empresa ya exhibe compromisos por más de $40.000 millones, sin contar otras obligaciones comerciales, laborales y financieras.
La foto actual muestra un agravamiento claro frente a la que exhibía la firma apenas dos meses atrás. En enero, Frigorífico Pico ya cargaba con una deuda bancaria de $22.771 millones, más de 1.000 cheques rechazados por casi $11.700 millones y pagarés emitidos en el Mercado Argentino de Valores por otros $1.770 millones, con vencimientos concentrados en el segundo trimestre. En ese momento, además, el sistema financiero todavía la ubicaba bajo seguimiento especial. Ahora, una parte relevante del pasivo ya pasó directamente a la categoría de deudores con problemas.
La sociedad se dedica a la producción y al desarrollo de mercados locales e internacionales de carne vacuna, menudencias y subproductos, y toda esa operatoria se apoya en sus dos plantas frigoríficas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico.
De una planta de escala a una operación mínima
La crisis financiera vino acompañada por un derrumbe operativo y laboral que ya se había vuelto inocultable desde comienzos de año. En enero, la compañía había suspendido a unos 450 trabajadores y prácticamente frenado la actividad en sus plantas, que quedaron reducidas a una guardia mínima de mantenimiento.
El contraste con su capacidad reciente es fuerte. Hasta hace dos años, Frigorífico General Pico faenaba alrededor de 600 cabezas diarias, con planes de escalar a 800. Incluso durante el año pasado todavía había procesado más de 96.000 animales, pero la falta de liquidez, el peso del endeudamiento y la pérdida de ritmo comercial terminaron por desarmar esa estructura.
La faena se desplomó luego a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen incompatible con los costos fijos de una planta de ese tamaño. En paralelo, se retiraron incluso los equipos de faena kosher, una unidad clave para la exportación a Israel, lo que terminó de mostrar hasta qué punto se había deteriorado la operación.
A ese cuadro se sumó el frente laboral. La empresa ya arrastraba aportes previsionales y de obra social impagos desde octubre del año pasado, mientras intentaba amortiguar el conflicto con el pago de una suma fija mensual y la entrega de carne. Pero con el correr de las semanas la situación se agravó todavía más y la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros 400 quedaron sujetos a la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y el eventual cobro de salarios e indemnizaciones.
Venta, alquiler y una salida que no llegó
Antes de presentarse en concurso, los dueños de la compañía venían buscando una alternativa que permitiera sostener el activo industrial sin avanzar hacia una liquidación. En ese marco, la planta de Trenel aparecía como el principal activo a preservar dentro de una estructura que, aun deteriorada, conserva valor por escala, habilitaciones y ubicación.
Sobre la mesa hubo distintas variantes: desde una venta total del frigorífico hasta la posibilidad de que un tercero tomara la explotación de la planta bajo otro esquema. En las últimas semanas, además, la propia empresa había dejado trascender que mantenía conversaciones con un grupo empresario de origen europeo, al que definía como uno de los actores con interés en participar de una solución para la continuidad operativa.
Ese interés, sin embargo, nunca terminó de traducirse en una salida concreta. Según explicó la compañía en su comunicación más reciente, las tratativas no avanzaron lo suficiente como para cerrar una operación y, en paralelo, siguió creciendo la presión de acreedores financieros y no bancarios.
En el propio comunicado, la empresa señaló que se analizaron alternativas para sostener la planta, entre ellas «propuestas de terceros que contemplaban esquemas de explotación de la planta en el largo plazo», incluida una opción «cercana a los u$s40 millones mediante un esquema de leasing a ocho años». Ninguna prosperó.
También apuntó contra «un determinado grupo financiero que reviste simultáneamente la condición de accionista y acreedor«, al que acusó de haber «obstaculizado de manera reiterada las distintas alternativas presentadas por la empresa para asegurar la continuidad de la operación», al priorizar «el recupero de su crédito y contrariando el interés social».
En ese contexto, el concurso aparece ahora como la herramienta para ordenar acreencias, frenar el deterioro y ganar tiempo. No se trata de un dato menor en un sector que ya viene golpeado por consumo interno deprimido, caída de exportaciones, menor dinamismo de China, hacienda cara y costos fijos elevados, una combinación que dejó particularmente expuestas a las plantas más endeudadas.
Pese al cuadro crítico, Frigorífico General Pico intenta sostener un argumento central: que todavía conserva valor industrial y potencial de continuidad. En su comunicado, la empresa remarcó que cuenta con «activos productivos relevantes, inversiones recientes y habilitaciones internacionales», y sostuvo que la planta de Trenel mantiene «un importante potencial operativo y comercial». También aseguró que continuará trabajando para «reactivar en el corto plazo la operación y preservar las fuentes de trabajo».
La incógnita ahora es si ese paraguas judicial servirá para facilitar una salida empresaria para una de las plantas históricas del negocio cárnico pampeano o si terminará administrando una crisis que ya dejó suspensión de personal, despidos, deuda creciente y una cadena regional cada vez más golpeada.
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ECONOMIA
Cavallo insistió con la eliminación del cepo cambiario y advirtió que dos factores impiden la baja del riesgo país

La actual liquidación de divisas provenientes del sector agropecuario y del petróleo, junto con la proyección de mayores ingresos en los próximos meses, representa una oportunidad para levantar los controles de cambio y aumentar las reservas netas del país. Así lo sostuvo Domingo Cavallo, ex ministro de Economía, quien advirtió que el contexto de alta liquidez en divisas permite avanzar hacia una reforma profunda del sistema monetario y cambiario sin la presión de un salto brusco del tipo de cambio.
En un posteo en su blog, Cavallo consideró que el momento es propicio para que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para el pago de intereses de la deuda externa y para que, hacia fin de año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sume al menos 10 mil millones de dólares en reservas netas adicionales.
El exfuncionario recordó que en condiciones normales, un giro de este calibre en la estrategia monetaria suele desencadenar una depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, Cavallo evaluó que la elevada oferta de divisas en el mercado local limitaría ese efecto y resultaría menos riesgoso que demorar la decisión hasta acercarse a las elecciones.
De esta manera, insistió en que el Gobierno debe “abocarse de inmediato a legislar la reforma monetaria, cambiaria y financiera”, una iniciativa que, según su visión, contribuiría a mitigar riesgos inflacionarios y a consolidar la expectativa cambiaria como pilar de un plan de estabilización. A la vez, destacó la importancia de combinar este esquema con el equilibrio fiscal, para lograr tanto una baja sostenida de la inflación como una pronta recuperación de la demanda interna.
En su análisis, Cavallo cuestionó el carácter contradictorio de los controles de cambio. Explicó que, si bien suelen instaurarse para frenar la salida de capitales en situaciones de crisis externa, cuando se prolongan “desalientan el ingreso de divisas” y encarecen el costo del capital, afectando tanto la inversión en activos fijos como en capital de trabajo. Sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el ex ministro de Economía planteó que el Gobierno reconoce esta distorsión al permitir que quienes invierten bajo ese marco dispongan libremente de las divisas generadas por exportaciones. “Para quienes inviertan protegidos por el RIGI se les asegura que no existirán controles de cambio”, explicó.
No obstante, marcó que el resto de las empresas continúa enfrentando fuertes restricciones para administrar sus excedentes en moneda extranjera y para acceder a financiamiento externo. Esta situación, alertó, termina elevando el costo del capital y desincentivando la inversión.
Respecto al riesgo país, el padre de la Convertibilidad expone que la permanencia de controles de cambio para las compañías fuera del RIGI y el bajo nivel de reservas netas del Banco Central mantienen el indicador por encima de los 600 puntos básicos, a pesar de los resultados fiscales positivos. Según el ex ministro, las dificultades del BCRA para acumular reservas por temor a la emisión monetaria alimenta la percepción de que la estabilidad cambiaria es frágil y que una depreciación abrupta podría desatar nuevas presiones inflacionarias. “Si el Banco Central acumulara más reservas, aún a costa de admitir una depreciación temprana del tipo de cambio, la expectativa de depreciación futura disminuiría”, sostuvo.
Cavallo también consignó que los controles de cambio fomentan la informalidad, ya que muchos exportadores y prestadores de servicios optan por ingresar divisas a través del mercado informal en lugar de liquidarlas en el circuito oficial. El ex titular del Palacio de Hacienda argumentó que, sin restricciones, la disponibilidad de dólares para pagos y financiamiento internos sería mucho mayor que la que permite el régimen de “inocencia fiscal”, al que calificó como “necesariamente transitorio y legalmente inseguro”.
El ex ministro propuso que, una vez eliminados los controles, el Banco Central autorice a los bancos a utilizar los depósitos en dólares para financiar inversiones, ya sea a través de créditos o mediante la compra de obligaciones negociables del sector privado. Además, consideró que la expansión del crédito en dólares bajo un régimen de controles resulta riesgosa, porque la inestabilidad cambiaria y las altas tasas en pesos incrementan el peligro de incobrabilidad.
Domingo Cavallo concluyó que la eliminación de los controles de cambio y la liberalización del mercado cambiario acercarían a la Argentina a un modelo más competitivo, alineado con la idea de una economía sin Banco Central, como la que promovió Javier Milei durante la campaña presidencial. En tal sentido, ejemplificó con el caso peruano al señalar que la Constitución de Perú prohíbe el financiamiento monetario al Tesoro y los controles cambiarios, lo que permitió al país alcanzar una estabilidad de precios destacada pese a la inestabilidad política.
“Es muy difícil que se pueda avanzar hacia la despolitización de la economía, es decir a sacar al Estado de la intermediación entre vendedores y compradores en los mercados de bienes y servicios, si en materia monetaria, cambiaria y financiera impera la discreción por arriba de las reglas”, cerró su análisis.
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ECONOMIA
Por qué nuevo bono en dólares deja en evidencia que inversores ponen límites para financiar a Caputo

La última prueba de Toto Caputo para fondearse con dólares «sin depender de «Wall Street» dejó, por primera vez, una señal de advertencia sobre si, pese a la elevada liquidez de billetes verdes, el ministro de economía está llegando al límite de la capacidad del mercado local.
Y no faltan, incluso, quienes creen que a Caputo le pueda haber jugado en contra su propio discurso sobre el componente de «riesgo kuka» en la tasa de interés de los bonos que vencen después de 2027.
El viernes, Caputo había celebrado el hecho de que se había generado, otra vez, una fuerte demanda de los inversores locales por bonos en dólares. Se colocaron los u$s150 millones previstos para cada uno de los dos bonos. Y el mayor motivo de festejo fue la nueva caída en la tasa de interés para el título que vence en octubre 2027, que pagó apenas 5,02% anual, cuando en las licitaciones previas la tasa había sido de 5,8% y 5,4%, respectivamente.
Pero el resultado para el bono nuevo, el que vence en 2028, fue más ambiguo. También hubo demanda, pero la tasa de interés fue de 8,5% nominal, algo que Caputo tomó como confirmación de que el mercado sigue con temor a que en las elecciones presidenciales del año próximo pueda haber un regreso del kirchnerismo y que, eventualmente, haya un default o reperfilamiento de estos bonos dolarizados.
Hasta ahí, como reza el eslogan oficialista, «todo marchaba acorde a lo planeado». Pero cuando el lunes se realizó la segunda tanda de licitación, para colocar un adicional de u$s100 millones para cada bono, llegó la sorpresa negativa.
La demanda por el título con vencimiento 2027, es decir el que está totalmente «libre de riesgo kuka», quedó u$s3 millones por debajo del cupo, cuando en las licitaciones anteriores se había excedido la oferta por más de u$s200 millones. Y, en lo que respecta al bono que devuelve el capital en 2028, la demanda estuvo u$s66 millones debajo del cupo.
En definitiva, en una licitación en la que Caputo aspiraba a captar u$s500 millones -sumando dos tandas de ambos bonos-, logró u$s431 millones, un 14% menos que lo esperado. La cifra propiamente dicha no es mala, pero lo que varios analistas están interpretando es que es posible que se esté en un quiebre de tendencia. En otras palabras, que la capacidad de fondearse en dólares con el mercado local entre en fase decreciente.
¿Se terminó el entusiasmo?
Hasta ahora, sumando las tres licitaciones realizadas con los nuevos bonos, el Tesoro captó u$s931 millones, sobre un total de u$s2.000 millones que anunció que buscaría a lo largo del año, con el objetivo de financiarse para hacer frente al calendario de vencimientos de deuda.
En particular, preocupaba al gobierno el abultado vencimiento de julio, cuando haya que cancelar capital más intereses por u$s4.200 millones.
Y el relativo mal resultado del bono 2028 -se demandaron u$s184 millones ante una oferta de u$s250 millones, y los inversores pidieron una tasa que excede en 3,48% la pactada por el bono 2027- deja una nota de duda respecto de si Caputo querrá volver a emitir este título dentro de dos semanas o si considerará que el costo del «riesgo kuka» no vale la pena.
Por lo pronto, lo que está claro es que la liquidez en dólares del sistema bancario sigue siendo elevada, con depósitos por u$s40.000 millones, y de los cuales apenas la mitad fue colocado en créditos.
Pero si se necesita una prueba incontestable de que hay apetito por activos a comprar con dólares, el mismo día del segundo tramo de la licitación hubo una salida al mercado de una nueva Obligación Negociable corporativa, que despertó fuerte interés. En este caso, se trata de Pampa Energía, que consiguió u$s200 millones, a una tasa de 5,49% anual, con un vencimiento a 36 meses.
El cálculo de los analistas es que, desde las elecciones legislativas de octubre hasta ahora, ya superan los u$s12.000 millones las emisiones de crédito corporativo y de deuda de los gobiernos provinciales.
Un argumento de doble filo
Ante esa situación, en el mercado se está planteando el debate sobre si Caputo hizo bien en lanzar su bono 2028, o si el resultado de ese test se pudo haber transformado en un efecto boomerang.
Así lo plantea la consultora Outlier: «El argumento del ‘riesgo kuka’ para explicar esa situación es un arma de doble filo, porque implica reconocer que el mercado asigna una probabilidad significativa no solo a la no continuidad de la actual administración, sino a un quiebre y reversión abrupta del enfoque por la misma impulsado».
Lo cierto es que hay muchos analistas que coinciden en que la licitación no salió bien para el gobierno, y no necesariamente por las cifras, sino por el mensaje tácito que devuelve el mercado. Básicamente, que la confianza sobre la estabilidad del modelo económico es de corto plazo.
El propio Caputo hizo el cálculo. Estableció que el «riesgo país Milei» es de apenas 117 puntos básicos. Ese es el número que surge de restarle a la tasa del bono argentino -5,02% en la licitación de este viernes- el costo de la tasa de referencia mundial, que ronda el 3,8%. Para el gobierno, esa tasa no sólo es baja porque lleva implícito un riesgo país muy inferior al que mide el índice de JP Morgan a nivel mundial -en torno de 600 puntos- sino que, además viene en franco descenso.
En contraste, el riesgo país a octubre de 2028 fue calculado por Caputo en 460 puntos. Y la «tasa forward» -como se denomina en la jerga financiera a la diferencia de interés entre dos momentos futuros, en este caso octubre de 2028 versus octubre de 2027- equivale a una tasa nominal anual de 14,09%.
La parte mala para el gobierno es que, detrás de la chicana al kirchnerismo, hay un reconocimiento de que el mercado sigue viendo una probabilidad relativamente alta de un quiebre de rumbo económico y de un cambio de signo político tras las elecciones del año próximo.
Afuera, tasas prohibitivas
Para el corto plazo, el interrogante que dejó esta licitación es si Caputo podrá completar su plan original de tomar u$s2.000 millones del mercado argentino y pagar una tasa en torno al 5% anual. De ello depende, en buena medida, la continuidad de la estabilidad cambiaria y la cotización de los bonos de deuda soberana.
Si hoy el ministro tuviera que pedir crédito en el mercado financiero global, debería pagar una tasa anual de más de 9%, que sería el resultado de la tasa de referencia, más el índice de 600 puntos que mide hoy Argentina tras la turbulencia global generada por el conflicto en Medio Oriente. En otras palabras, una tasa prohibitiva.
El nuevo secretario de Finanzas, Federico Furiase, intentó llevar calma al mercado al afirmar que ya está asegurada la cantidad de dólares necesaria para cumplir con los vencimientos de deuda del año. Sin embargo, por un mix de factores internos y externos, el índice de riesgo país argentino sigue firme en su tendencia alcista, y se ubica en 630 puntos.
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