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ECONOMIA

Por qué Wall Street vuelve a mirar a este activo como la gran jugada del 2026

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Durante décadas, la plata vivió a la sombra del oro, considerada apenas una alternativa barata para refugiarse de la inflación o fabricar joyería. Sin embargo, el 2025 marcó un punto de quiebre histórico que obligó a los analistas de Wall Street a reescribir sus manuales. Ya no estamos hablando solo de un metal precioso; estamos ante el corazón eléctrico de la revolución verde que atraviesa la economía global.

El precio del metal blanco experimentó una escalada vertiginosa, rompiendo techos históricos y superando el rendimiento de casi cualquier otro commodity. La razón no fue la especulación financiera, sino una realidad física ineludible: el mundo necesita más plata de la que es capaz de extraer. Desde paneles solares hasta la inteligencia artificial, la industria tecnológica devora inventarios a un ritmo que la minería tradicional no puede seguir.

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Mientras los inversores minoristas miraban las criptomonedas, los grandes fondos comenzaron a acumular posiciones en este metal, anticipando lo que hoy es una realidad: la escasez estructural. El 2025 cerró con números que marean, pero lo más inquietante para el mercado es que los fundamentos sugieren que esto recién empieza. La pregunta que todos se hacen ahora no es si subirá, sino hasta dónde puede llegar la corrección de precios ante un déficit crónico.

Para el ahorrista argentino, acostumbrado a defenderse del peso con dólares bajo el colchón, este escenario abre una ventana de oportunidad inédita. Invertir en plata desde Argentina ya no requiere cajas de seguridad ni logística compleja; el mercado de capitales local ofrece herramientas para subirse a esta ola global con pesos. A continuación, el análisis profundo de por qué este metal brilla más que nunca y cómo armar una estrategia de inversión local.

La tormenta perfecta del 2025

El año 2025 quedará en los libros de historia financiera como el momento en que la demanda industrial rompió el mercado de la plata. Según datos del World Silver Survey, la demanda total se disparó a 1.148 millones de onzas, un aumento del 15,6% interanual. El motor de este crecimiento no fueron los anillos ni las monedas, sino la voracidad de la transición energética.

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Este salto no es casualidad; la plata es el metal con mayor conductividad eléctrica y térmica conocido por el hombre, lo que lo hace insustituible para la eficiencia de las nuevas tecnologías verdes. La electrónica y los componentes eléctricos, excluyendo la energía solar, también sumaron presión con un alza del 18,7%. Cada vehículo eléctrico, cada torre de 5G y cada nuevo centro de datos para inteligencia artificial requiere cantidades crecientes de este mineral, transformando su perfil de «activo refugio» a «activo industrial crítico».

Mientras la demanda volaba, la oferta se quedó estancada, incapaz de reaccionar a la velocidad de los precios. La producción minera global cayó un 7,23% si se compara la proyección de 2025 con los niveles de 2016, mostrando una industria que sufre por la falta de inversión en exploración durante la última década. Este descalce provocó que el mercado entrara en su quinto año consecutivo de déficit, una anomalía que vació los inventarios de las bolsas de Londres y Nueva York a niveles preocupantes.

El resultado en la cotización fue inevitable: la plata tocó máximos que no se veían en cuarenta años, llegando a duplicar su valor en ciertos tramos del año y superando cómodamente el rendimiento del oro. Lo que el mercado validó en 2025 es que la plata es el «petróleo» de la nueva economía electrificada. Sin este metal, la agenda global de descarbonización simplemente no es viable, y el precio tuvo que ajustarse violentamente para reflejar esta nueva realidad de escasez absoluta.

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Un mapa de escasez y geopolítica

Para entender la gravedad del déficit, hay que mirar el mapa de las reservas mundiales, un tablero de ajedrez donde pocos países tienen la llave del suministro. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Perú lidera el ranking global con el 22% de las reservas (140.000 toneladas), seguido por Australia con un 15% y Rusia con un 14%.

Esta concentración geográfica añade una prima de riesgo geopolítico al precio del metal que antes no existía. Sudamérica es, sin dudas, el gran jugador, controlando cerca del 30% de las reservas mundiales si sumamos a Perú, Chile, Bolivia y Argentina. Sin embargo, la inestabilidad política y los conflictos sociales en varias de estas naciones mineras han interrumpido la cadena de suministro repetidamente, impidiendo que la producción acompañe la explosión de la demanda.

Argentina, aunque aparece en el radar global con 6.500 toneladas de reservas (aproximadamente el 1% del total), tiene un potencial geológico inmensamente mayor que permanece inexplotado. A nivel global, la producción de mina se situó en 835 millones de onzas en 2025, una cifra insuficiente para cubrir los 1.030 millones de onzas de oferta total necesaria (sumando reciclaje).

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La ecuación es sencilla pero brutal: abrir una mina nueva lleva entre 7 y 10 años desde el descubrimiento hasta la producción comercial. No hay un «grifo» que las mineras puedan abrir hoy para inundar el mercado y bajar los precios en 2026. Esta rigidez de la oferta, frente a una demanda tecnológica que crece exponencialmente, asegura un piso de precios alto y convierte a las reservas bajo tierra en activos estratégicos de seguridad nacional para las potencias industriales.

Qué ven los gigantes de Wall Street para 2026

De cara al 2026, los grandes bancos de inversión han dejado de lado la cautela y proyectan escenarios que van desde lo alcista hasta lo eufórico. Bank of America ha sorprendido al mercado con una de las proyecciones más agresivas, sugiriendo que, si la tendencia de desdolarización y demanda verde se acelera, la plata podría buscar techos teóricos por encima de los 100 dólares la onza.

Por su parte, instituciones como Citi y JP Morgan mantienen una postura estructuralmente positiva, viendo precios que podrían consolidarse en la banda de los 58 a 72 dólares. Para estos analistas, el factor clave del 2026 será la política monetaria de la Reserva Federal. Con la baja de tasas de interés consolidada, el costo de oportunidad de mantener metales preciosos disminuye, lo que sumado al déficit industrial, crea un «doble motor» para la suba del precio.

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Sin embargo, no todo es lineal en los mercados de commodities y la volatilidad será la norma, no la excepción. Los informes advierten que una recesión global severa podría golpear temporalmente la demanda industrial, enfriando el rally. Pero la diferencia con crisis anteriores es que la demanda de la transición energética es política de estado en Europa, China y EE.UU.; es una demanda subsidiada y obligatoria que difícilmente se detenga por un mal trimestre económico.

El consenso general en Wall Street es que el déficit de mercado no se resolverá en 2026, lo que mantendrá la presión compradora. Los analistas técnicos señalan que, una vez rotos los máximos históricos de 2025, la plata ha entrado en un territorio de «descubrimiento de precios». Esto significa que no hay resistencias técnicas claras hacia arriba, permitiendo que la especulación y los fundamentos se retroalimenten en una espiral alcista que podría durar todo el año.

Cómo invertir en plata desde Argentina

Para el inversor local, comprar plata física (barras o monedas) es complejo, inseguro y suele tener un spread (diferencia entre compra y venta) altísimo que se come la rentabilidad. La forma más eficiente y líquida de capturar este ciclo alcista es a través de los CEDEARs (Certificados de Depósito Argentinos) que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires. Estos instrumentos permiten comprar acciones de empresas extranjeras en pesos.

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La opción más directa y pura disponible en el mercado local es Pan American Silver (Ticker: PAAS). Es una de las mineras de plata más grandes del mundo, con operaciones diversificadas en toda América. Al comprar PAAS, no se compra el metal directamente, sino una empresa cuyas ganancias dependen del precio de la plata. Esto ofrece un apalancamiento operativo: si la plata sube un 10%, las acciones de la minera suelen subir más.

Otra alternativa para quienes buscan una cartera más balanceada es Barrick Gold (Ticker: GOLD). Si bien es principalmente una minera de oro, Barrick tiene una producción de plata significativa y suele moverse en sintonía con el sector de metales preciosos. Es una opción más conservadora, con menor volatilidad que una pure play de plata, ideal para inversores que quieren exposición al sector minero sin apostar todo a un solo metal industrial.

Finalmente, es vital entender que invertir en mineras requiere estómago para la volatilidad. No es una inversión para el dinero que se necesita el mes próximo. La estrategia recomendada por los expertos es la acumulación gradual: no poner todo el capital de golpe, sino realizar compras periódicas para promediar el precio de entrada. 

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ECONOMIA

Cómo quedó Argentina en el ranking de inflación frente a otros países del mundo y la región

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El Gobierno celebró este miércoles el dato de inflación más bajo de los últimos ocho años, en un contexto en el que la economía argentina viene de arrastrar dos ejercicios consecutivos con registros anuales de tres dígitos. De acuerdo con la medición oficial, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerró 2025 con un alza del 31,5%, lo que marca una desaceleración significativa en comparación con años previos.

Sin embargo, pese a esa mejora, la Argentina volvió a ubicarse entre los países con mayor inflación de la región y del mundo.

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La inflación anual más baja desde 2017: cómo quedó Argentina en el ranking

El INDEC informó este martes que la inflación de diciembre fue del 2,8% mensual, el valor más elevado desde abril, cuando se dispuso la flexibilización del cepo cambiario para ahorristas minoristas. Con ese registro, el incremento de precios acumulado a lo largo de 2025 alcanzó el 31,5% punta a punta.

Para encontrar un dato anual similar hay que retroceder hasta 2017, cuando la inflación fue del 24,7%. A partir de allí, la trayectoria fue claramente ascendente: 47,6% en 2018, 53,8% en 2019 y luego un descenso transitorio al 36,1% en 2020, un año atípico atravesado por la pandemia de Covid-19. El proceso inflacionario retomó fuerza en los años siguientes, con un 50,9% en 2021 y un salto al 94,8% en 2022. En 2023, la inflación cerró en 211,4%, superando por primera vez las tres cifras desde la última hiperinflación de comienzos de los años ’90. Ya en 2024, el primer año completo del gobierno de Javier Milei, el IPC retrocedió al 117,8%, para luego desacelerar con fuerza en 2025.

Aun con esa baja interanual, la inflación argentina continúa en niveles que solo un puñado de países comparte. Un caso comparable es Turquía, que terminó 2025 con un IPC acumulado del 30,89%. Por encima se ubica Irán, que en medio de un fuerte conflicto sociopolítico cerró el año pasado con una inflación del 52% anual, según datos de su centro estadístico.

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Existen además países que liderarían el ranking global, aunque la falta de estadísticas oficiales confiables impide contar con cifras transparentes. De acuerdo con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) incluidas en el informe de Perspectivas Económicas de octubre, Sudán habría cerrado 2025 con una inflación del 87,2%, Sudán del Sur con 97,5% y Venezuela con 269,9%, en un contexto de «apagón estadístico» que se arrastra desde mayo. El FMI también había estimado una inflación del 89% para Zimbabue, aunque el gobierno de ese país informó oficialmente un 15%, tras la introducción de una nueva moneda.

Si se toman como válidas las proyecciones del organismo internacional y se excluye a Zimbabue del ranking, la Argentina habría finalizado 2025 en el quinto lugar a nivel mundial:

  • Venezuela: 129,9%
  • Sudán del Sur: 97,5%
  • Sudán: 87,2%
  • Irán: 52%
  • Argentina: 31,5% 

No obstante, las perspectivas para 2026 muestran un escenario más alentador: el FMI prevé que la inflación local descienda hasta el 16,4% en los próximos 12 meses, lo que implicaría un retroceso de varios escalones en la comparación internacional.

Para el año próximo, por delante de la Argentina se ubicarían Zimbabue (18,2%), Yemen (18,5%), Nigeria (22%), Turquía (24,7%), Haití (26,2%), Burundi (26,3%), Myanmar (28%), Irán (41,6%), Sudán (54,6%) y Venezuela (682,1%), siempre según estimaciones del FMI.

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A nivel global, el FMI proyectó que la inflación mundial fue del 4,2% en 2025 y que se moderará al 3,7% en 2026. «La inesperada resiliencia de la actividad y el escaso aumento de la inflación no solo reflejan que el shock arancelario resultó ser menos profundo de lo que se anunció originalmente, sino también una serie de factores que proporcionan alivio momentáneo, pero que no fortalecen los fundamentos económicos subyacentes», explicó el organismo.

El ranking de América Latina

Dentro de América Latina, la mayoría de los países cerró el año con inflaciones de un solo dígito. Las excepciones fueron Venezuela, la Argentina y Bolivia, que en este último caso acumuló un 20,4% en 2025, el nivel más alto en casi cuatro décadas. Más atrás se ubicaron Colombia (5,1%), Honduras (4,98%), Brasil (4,26%), México (3,69%), Uruguay (3,65%), Chile (3,5%), Paraguay (3,1%) y Ecuador (1,9%).

En Guatemala, los precios subieron 1,65% interanual, mientras que en Perú el avance fue del 1,51%. El Salvador, con una economía dolarizada, cerró el año con un IPC del 0,91%, y Costa Rica fue el único país de la región que registró deflación, con una caída interanual del 0,99%.

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La inflación en 2025 fue de 31,5%, la más baja de los últimos 8 años

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En 2025 se registró la inflación más baja desde 2017. (Imagen ilustrativa Infobae)

La inflación anual de 2025 llegó a 31,5%, luego de cerrar diciembre en 2,8%, según informó este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Se trata del nivel más bajo desde 2017 y los analistas prevén que la suba de precios continúe su proceso de desaceleración en 2026, aunque a un ritmo más lento.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC), con factores estacionales presionando, marcó una leve aceleración en el último mes del año pasado respecto al 2,5% que había arrojado en noviembre. En concreto, aún no se logra perforar el 2%, en un contexto en que sigue la recomposición de precios relativos en rubros como Energía, Transporte, Servicios y Regulados.

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“La división de mayor aumento en el mes fue Transporte (4,0%), seguida de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%). La división con mayor incidencia en la variación mensual regional fue Alimentos y bebidas no alcohólicas”, reza el informe oficial del Indec.

Por el contrario, las dos categorías que registraron las menores variaciones en diciembre de 2025 fueron Prendas de vestir y calzado (1,1%) y Educación (0,4%). A nivel de las categorías, los precios Regulados (3,3%) lideraron el incremento, seguidos de IPC núcleo (3,0%) y Estacionales (0,6%).

Al posar la lupa sobre el comportamiento anual, la inflación experimentó una reducción de 86,3 puntos porcentuales respecto a los 117,8% que se había registrado en 2024. El Presupuesto 2026 contempla un IPC de 10,1% para el año corriente, aunque las mediciones privadas estiman el doble.

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Un informe de GMA Capital resumió: “Durante 2024 y 2025, el desplome de la nominalidad fue el objetivo central del programa económico. La desaceleración inflacionaria respondió a un proceso más amplio de ordenamiento macroeconómico: la reversión de una dinámica fiscal históricamente deficitaria, el fin de la asistencia monetaria del BCRA al Tesoro (tras un período en el que, entre 2020 y 2023, la emisión superó el 25% del PBI) y un esquema cambiario que operó como ancla nominal, con una apreciación real de 41% desde diciembre de 2023. Esto permitió llevar la inflación a la zona del 2% mensual”.

Vale recordar que el IPC de 2024 ya había marcado una fuerte desaceleración frente al 211,4% de 2023, último año del gobierno de Alberto Fernández, a pesar de la herencia e inercia recibida.

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La inflación prevista en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) para todo 2026 es de 20,5%. En principio, en enero volvería a superar el 2%. Para que el IPC llegue a un dígito anual recién habría que esperar hasta 2028, estiman las consultoras privadas.

La evolución del tipo de cambio tras las modificaciones en el esquema de bandas incidirá en el proceso de baja durante los próximos meses dado que el techo y el piso se actualizarán por inflación con dos meses de rezago. “La eliminación de un ancla nominal exógena de 1% por un ritmo más alto provocará menos anclaje en los bienes transables”, señala PPI.

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Según GMA, hacia 2026, el foco se desplazaría en favor de la acumulación de reservas, “demandando ahora otro tipo de sintonía fina para sostener la desaceleración de la inflación”. Una posibilidad es la fijación de tasas de interés reales positivas.

Por su parte, el Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires (Ipcba) mostró en diciembre de 2025 un aumento mensual de 2,7%, de acuerdo con datos del Instituto de Estadística y Censos porteño.

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En la comparación interanual, el indicador acumuló una suba de 31,8%, lo que implicó una desaceleración de 0,8 puntos porcentuales frente a noviembre.

Entre los rubros, transporte encabezó los incrementos con una suba de 5,5%, impulsada por los ajustes en combustibles, lubricantes y tarifas de colectivos urbanos, además de aumentos en automóviles y pasajes aéreos. Restaurantes y hoteles avanzaron 4,3%, principalmente por el encarecimiento de los alimentos consumidos fuera del hogar.

Alimentos y bebidas no alcohólicas registraron un alza de 2,4%, con fuertes subas en carnes y derivados (7,4%) y en pan y cereales (2,0%), parcialmente compensadas por una baja de 5,9% en verduras, tubérculos y legumbres.

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En tanto, vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron 2,1%, con incidencia de los ajustes en alquileres y expensas. Estas cuatro divisiones explicaron la mayor parte del incremento general de precios del mes,

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Bitcoin sube tras el dato de inflación en EE.UU. y regresa el optimismo al mercado cripto

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El Bitcoin (BTC) tuvo este martes 13 de enero una jornada marcada por la volatilidad, pero con un claro sesgo alcista. En las primeras horas del día, la principal criptomoneda del mercado llegó a superar brevemente los u$s94.100, un nivel que no alcanzaba desde la primera semana del año. Con el correr de las horas, el precio se moderó y se estabilizó en un rango de u$s91.500 a u$s92.500, aunque se mantuvo entre 1% y 2% por encima del cierre del lunes, cuando cotizaba cerca de los u$s91.600.

El movimiento se produjo en un contexto dominado por la publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Estados Unidos correspondiente a diciembre, que mostró una inflación general del 2,7% interanual y un avance mensual del 0,3%, en línea con las previsiones del mercado. En tanto, la inflación subyacente sorprendió a la baja al ubicarse en 2,6% interanual, reforzando la expectativa de una política monetaria menos restrictiva.

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Presión política, tasas de interés y efecto en las criptomonedas

Tras conocerse los datos de inflación, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a presionar públicamente a la Reserva Federal para que avance con recortes «significativos» de tasas de interés. La tensión entre la Casa Blanca y el banco central se profundizó luego de que el Departamento de Justicia anunciara la apertura de una investigación sobre la Fed, un hecho que generó ruido institucional y fue interpretado por los mercados como un ataque a su independencia.

Si bien el IPC del 2,7% continúa por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal, el mercado cripto reaccionó positivamente al dato de inflación subyacente más débil. En este contexto, el Bitcoin logró recuperar el impulso perdido en las jornadas previas y volvió a ubicarse cerca de los máximos recientes.

Regresan las entradas a los ETF de Bitcoin y crece el interés institucional

Uno de los factores clave detrás del repunte fue la reversión en los flujos de los ETF de bitcoin al contado, que pusieron fin a una racha de salidas acumuladas. El IBIT de BlackRock lideró las entradas con casi u$s112 millones, mientras que el GBTC de Grayscale sumó alrededor de u$s64 millones en la misma jornada.

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Con este movimiento, las entradas acumuladas de los ETF superaron los u$s56.000 millones, un dato que reforzó la percepción de un renovado interés institucional. El avance del precio permitió además que la capitalización de mercado del Bitcoin supere los u$s87 billones, impulsando al mercado cripto en su conjunto hasta una valuación cercana a los u$s3,28 billones.

Ethereum se mantiene firme por encima de los u$s3.000

Ethereum (ETH) acompañó la suba del Bitcoin, aunque con un comportamiento más moderado. La segunda criptomoneda más importante del mercado cotizó este martes en torno a los u$s3.120 a u$s3.160, consolidándose por encima del nivel de los u$s3.000 y registrando una suba cercana al 1% respecto de la jornada anterior.

A pesar de una fuerte distribución por parte de inversores minoristas, Ethereum logró sostener su tendencia positiva, respaldado por el mejor clima macro y la recuperación general del mercado cripto tras los datos de inflación en Estados Unidos.

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La competencia entre Bitcoin y Ethereum sigue dando forma a todo el panorama de criptomonedas. La flexibilidad, los contratos inteligentes y la arquitectura escalable de Ethereum la han transformado en un motor para las finanzas descentralizadas (DeFi), los NFT y más.

«Históricamente, Ethereum ha demostrado ser un activo digital viable. Más económica que Bitcoin, esta criptomoneda está impulsada por un ecosistema basado en contratos inteligentes, lo que contribuye a su mayor flexibilidad en comparación con bitcoin» asegura Maria Agustina Patti, estratega de mercados financieros para Latinoamérica en Exness.

Ethereum sentó las bases para una nueva era de activos digitales. Su visión fundamental y directa de descentralizar las transacciones en línea al eliminar los intermediarios (es decir, los bancos, las empresas de tarjetas de crédito y las plataformas de procesamiento de pagos), preparó el camino para futuros desarrollos de la red.

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Ethereum como activo digital «con rendimiento»

La capitalización de mercado de Bitcoin se disparó a 1.34 billones de dólares en 2025, casi el doble con respecto al mínimo del año anterior. Durante el primer trimestre de 2025, el volumen diario de transacciones de Ethereum alcanzó más de 17.2 mil millones de dólares. Con el transcurso del año, ETH, la segunda moneda digital más grande por capitalización de mercado, ganó aún más popularidad.

En agosto de 2025, superó por primera vez la marca psicológica de u$s4000, ya que los mercados mundiales habían incluido un recorte de tasas de la Reserva Federal anunciado por el presidente de la Fed, Powell. Este momento decisivo para ETH, celebrado por los alcistas de las criptomonedas, no sorprendió a los referentes institucionales como Ryan Sean Adams, cofundador de Bankless, quien desde octubre de 2024 predecía la subida alcista de Ethereum. 

Adams, que había seguido con atención el rendimiento de Ethereum, presentó una audaz proyección de lo que alcanzaría ETH. Esto equivaldría a casi u$s17 000 por token. Al mismo tiempo, la interoperabilidad de Ethereum, su aplicabilidad más allá de las finanzas, su rápida integración y su compatibilidad con otros programas replican el comportamiento del petróleo en el mundo digital.

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