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ECONOMIA

Qué opciones tienen los inversores tras el pago de USD 4.200 millones del Gobierno: ¿reinvertir en bonos o esperar?

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El pago de USD 4.200 millones a tenedores de bonos abrió un debate sobre las alternativas más atractivas para reinvertir en el mercado financiero argentino
Luisa González/Reuters

Con el pago de los USD 4.200 millones por capital e intereses de los bonos ya realizado, se abre la gran pregunta para los inversores y ahorristas que ya comenzaron a recibir sus dólares “frescos”. ¿Conviene reinvertir esos rendimientos en deuda argentina o inclinarse por otros instrumentos?

Un aluvión de noticias financieras sacudió las últimas semanas. Incluyó las nuevas bandas cambiarias, la colocación de un préstamo Repo, la cancelación del swap con EEUU y hasta la crisis de Venezuela. ¿Es más recomendable esperar con los dólares “en la mano” hasta tener un panorama más claro?

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Distintas voces del mercado recogidas por Infobae destacan que gran parte de las respuesta estará saber si la evolución del plan de estabilización promoverá un mayor descenso del riesgo país que convenza a los inversores de quedarse en bonos argentinos, cuyos rendimientos siguen siendo elevados.

El pago de la deuda realizado el viernes se dio en un contexto curioso: nadie pensaba en un incumplimiento por parte del Gobierno pero, a la vez, hasta último momento hubo dudas sobre cómo se implementaría el pago.

En la búsqueda de la previsibilidad, Félix Marenco, asesor financiero de Cocos Gold, consideró que la cancelación puntual de la deuda es en sí mismo un signo clave para los inversores: “El pago del Gobierno es una señal relevante en términos de cumplimiento de contratos, que es justamente lo que el mercado necesita ver de manera sostenida para que el riesgo país continúe bajando”.

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os analistas destacan que la continuidad en el cumplimiento de contratos podría favorecer la reducción del riesgo país y mejorar el acceso al crédito

Cumplir con el pago “no es un evento disruptivo sino la continuidad de un proceso: pagar, honrar compromisos y normalizar la relación financiera del Tesoro con los inversores”. La regularidad aparece como un elemento que podría contribuir a reducir la prima de riesgo y mejorar el acceso a mercados de crédito.

El asesor financiero de Cocos Gold espera que “una parte relevante de esos dólares permanezca en el mercado argentino, donde los rendimientos siguen siendo atractivos frente a comparables de similar perfil crediticio, medido por consultoras internacionales”.

Ese atractivo se mantendrá en base a “la política fiscal y la estabilidad macroeconómica”. Si eso ocurre «el flujo puede contribuir a seguir comprimiendo spreads a lo largo de la curva”, en referencia a la diferencia entre tasas de interés de los bonos argentinos y los de referencia internacional. El especialista también remarcó la importancia de que en el Congreso “acompañe con las reformas estructurales”.

No todos los fondos seguirían el mismo destino. Marenco previó que “otra porción de los fondos probablemente se canalice hacia obligaciones negociables corporativas, especialmente en sectores como energía e infraestructura, y hacia instrumentos financieros dolarizados, que hoy ofrecen un buen balance entre rendimiento y riesgo”. El contexto de un riesgo país más controlado habilita que las empresas exploren nuevas emisiones de deuda, como sucedió en noviembre de 2025, cuando las colocaciones alcanzaron niveles récord.

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De cara al año próximo, Marenco resumió: “el mensaje es claro: si Argentina sigue pagando y respetando las reglas, el escenario es constructivo. No hace falta épica; consistencia y previsibilidad son suficientes”.

En el mercado hay quienes ven la chance de aprovechar subas aún mayores en el precio en los bonos. Federico Filippini, Head of Research de AdCap, aseguró: Vemos una oportunidad para extender duración dentro de la curva de bonos soberanos en dólares, que permiten capturar de manera más eficiente potenciales subas ante noticias favorables que podrían materializarse en las próximas semanas”.

El analista identificó dos factores recientes que podrían influir en el mercado: “Por un lado, esta semana el Banco Central comenzó a comprar reservas bajo el nuevo esquema monetario y cambiario. Por otro, el anuncio del REPO reduce la probabilidad de que los próximos vencimientos generen presión sobre las reservas”. El respaldo de estos movimientos se refleja en la percepción de menor riesgo ante futuras obligaciones de pago.

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Filippini subrayó la importancia de la próxima revisión con el Fondo Monetario Internacional (FMI): “Hacia adelante, la próxima revisión con el Fondo —si bien no implicaría desembolsos significativos— podría actuar como un catalizador positivo, en la medida en que brinde respaldo a las recalibraciones del programa económico”. Además, el analista de AdCap sostuvo: “Seguimos considerando probable una mayor convergencia de las agencias de rating hacia una mejora en la calificación de la deuda soberana”. En este marco, Filippini destacó el bono AL35 como uno de los instrumentos más atractivos para capturar oportunidades.

El equipo de Estrategia de IOL Inversiones analizó el nuevo escenario para quienes recibieron fondos tras el pago del Gobierno y planteó alternativas según el perfil de riesgo del inversor. Para el segmento conservador, los especialistas recomendaron un fondo común de inversión en dólares que prioriza la estabilidad al invertir en Letras del Tesoro de Estados Unidos y Obligaciones Negociables de alta calificación crediticia.

En el caso del perfil moderado, propusieron el “Bopreal Serie 1” con un rendimiento del 7,0% anual en dólares al vencimiento y la opción de rescate anticipado en abril de 2027. Según el análisis de IOL Inversiones, “este instrumento destaca por su baja volatilidad y se posiciona como una alternativa superadora frente a la deuda corporativa tradicional”.

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Para quienes tienen mayor tolerancia al riesgo, la opción sugerida fue el bono “Global 2035 (GD35)”. “Para quienes buscan capturar la compresión del riesgo país, este bono ofrece un rendimiento efectivo del 9,5% anual en dólares. Es el vehículo ideal si el riesgo país llega hacia los 450-550 puntos básicos”, explicaron en IOL Inversiones.

Un informe del Grupo SBS sumó otra mirada y prevé que el ministro de Economía Luis Caputo y el presidente del BCRA Santiago Bausili puedan avanzar con medidas para administrar la deuda. Sus analistas afirmaron: “Consideramos que, a mayor ritmo de acumulación, mejor será la dinámica de los bonos en dólares, a la vez que potenciales operaciones de pasivos o recompras de bonos que reduzcan los exigente pagos en dólares de los próximos años podrían ser un complemento bullish para los bonos”.

Instrumentos como bonos soberanos, fondos
Instrumentos como bonos soberanos, fondos comunes de inversión y obligaciones negociables aparecen entre las principales opciones para quienes buscan resguardar y potenciar su capital tras el reciente desembolso.
REUTERS/Matias Baglietto

Desde Grupo SBS sostuvieron a los bonos GD35 y GD41 como “top picks” para quienes buscan posicionarse en instrumentos de deuda en dólares. Al analizar el tramo corto de la curva, el informe indicó: “Si se contempla una hipotética operación de pasivos concentrada en el corto plazo (2029/30) podría haber atractivo en ese tramo esperando algún tipo de sweetener por parte del gobierno en caso de tratarse de un canje, o directamente una recompra”. El informe también destaca el nuevo bono AN29, que “puede terminar resultando atractivo pensando en la reinversión”.

El consenso entre los distintos analistas consultados apunta a que una porción significativa de los dólares que ingresaron por los pagos del Gobierno permanezca en el mercado local, en la previsión de que se mantengan los precios firmes de los bonos que erosionen el riesgo país.

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La capacidad del Gobierno para sostener el orden fiscal y la estabilidad macro consolidaría el atractivo para la reinversión en la deuda local. La eventual mejora de la calificación crediticia y la posibilidad de nuevas emisiones corporativas configuran un escenario en el que los inversores podrían optar por mantener gran parte de su capital en el sistema financiero argentino.

Mientras tanto, la diversidad de instrumentos y perfiles de riesgo permite que cada inversor evalúe la conveniencia de reinvertir en bonos soberanos, fondos comunes de inversión, obligaciones negociables o explorar oportunidades en el tramo corto de la curva ante la expectativa de ofertas de recompra o canjes.

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ECONOMIA

Frigorífico del creador de las hamburguesas Paty se presentó en concurso con una deuda millonaria

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Frigorífico General Pico, una de las firmas históricas de la industria cárnica argentina y vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores y pasó a integrar la lista de compañías que en lo que va del año terminaron judicializando su crisis financiera para intentar reordenar pasivos y preservar la continuidad operativa.

La decisión fue comunicada este 31 de marzo por sus directivos, Ernesto «Tito» Lowenstein y Alan Lowenstein, luego de varios meses en los que la empresa intentó sostenerse con actividad mínima, suspensión de personal y la búsqueda de una salida empresaria para evitar un deterioro mayor. En ese recorrido, la firma exploró distintas alternativas, entre ellas la posibilidad de vender el frigorífico, ceder la explotación de la planta o avanzar con algún esquema de alquiler de largo plazo, pero ninguna terminó de cerrarse.

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El deterioro financiero que empujó esa decisión quedó reflejado en los registros de deudores del BCRA. Según la actualización al cierre de marzo, la compañía acumula 1.152 cheques rechazados por un total de poco más de $15.800 millones, mientras que su deuda bancaria asciende a alrededor de $24.300 millones.

Dentro de ese pasivo financiero, unos $2.500 millones figuran en situación 2, es decir, con seguimiento especial, y otros $16.100 millones aparecen en situación 3, la categoría que el sistema financiero asigna a deudores con problemas de cumplimiento. Sólo entre esos dos grandes rubros, la empresa ya exhibe compromisos por más de $40.000 millones, sin contar otras obligaciones comerciales, laborales y financieras.

La foto actual muestra un agravamiento claro frente a la que exhibía la firma apenas dos meses atrás. En enero, Frigorífico Pico ya cargaba con una deuda bancaria de $22.771 millones, más de 1.000 cheques rechazados por casi $11.700 millones y pagarés emitidos en el Mercado Argentino de Valores por otros $1.770 millones, con vencimientos concentrados en el segundo trimestre. En ese momento, además, el sistema financiero todavía la ubicaba bajo seguimiento especial. Ahora, una parte relevante del pasivo ya pasó directamente a la categoría de deudores con problemas.

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La sociedad se dedica a la producción y al desarrollo de mercados locales e internacionales de carne vacuna, menudencias y subproductos, y toda esa operatoria se apoya en sus dos plantas frigoríficas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico.

De una planta de escala a una operación mínima

La crisis financiera vino acompañada por un derrumbe operativo y laboral que ya se había vuelto inocultable desde comienzos de año. En enero, la compañía había suspendido a unos 450 trabajadores y prácticamente frenado la actividad en sus plantas, que quedaron reducidas a una guardia mínima de mantenimiento.

El contraste con su capacidad reciente es fuerte. Hasta hace dos años, Frigorífico General Pico faenaba alrededor de 600 cabezas diarias, con planes de escalar a 800. Incluso durante el año pasado todavía había procesado más de 96.000 animales, pero la falta de liquidez, el peso del endeudamiento y la pérdida de ritmo comercial terminaron por desarmar esa estructura.

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La faena se desplomó luego a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen incompatible con los costos fijos de una planta de ese tamaño. En paralelo, se retiraron incluso los equipos de faena kosher, una unidad clave para la exportación a Israel, lo que terminó de mostrar hasta qué punto se había deteriorado la operación.

A ese cuadro se sumó el frente laboral. La empresa ya arrastraba aportes previsionales y de obra social impagos desde octubre del año pasado, mientras intentaba amortiguar el conflicto con el pago de una suma fija mensual y la entrega de carne. Pero con el correr de las semanas la situación se agravó todavía más y la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros 400 quedaron sujetos a la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y el eventual cobro de salarios e indemnizaciones.

Venta, alquiler y una salida que no llegó

Antes de presentarse en concurso, los dueños de la compañía venían buscando una alternativa que permitiera sostener el activo industrial sin avanzar hacia una liquidación. En ese marco, la planta de Trenel aparecía como el principal activo a preservar dentro de una estructura que, aun deteriorada, conserva valor por escala, habilitaciones y ubicación.

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Sobre la mesa hubo distintas variantes: desde una venta total del frigorífico hasta la posibilidad de que un tercero tomara la explotación de la planta bajo otro esquema. En las últimas semanas, además, la propia empresa había dejado trascender que mantenía conversaciones con un grupo empresario de origen europeo, al que definía como uno de los actores con interés en participar de una solución para la continuidad operativa.

Ese interés, sin embargo, nunca terminó de traducirse en una salida concreta. Según explicó la compañía en su comunicación más reciente, las tratativas no avanzaron lo suficiente como para cerrar una operación y, en paralelo, siguió creciendo la presión de acreedores financieros y no bancarios.

En el propio comunicado, la empresa señaló que se analizaron alternativas para sostener la planta, entre ellas «propuestas de terceros que contemplaban esquemas de explotación de la planta en el largo plazo», incluida una opción «cercana a los u$s40 millones mediante un esquema de leasing a ocho años». Ninguna prosperó.

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También apuntó contra «un determinado grupo financiero que reviste simultáneamente la condición de accionista y acreedor«, al que acusó de haber «obstaculizado de manera reiterada las distintas alternativas presentadas por la empresa para asegurar la continuidad de la operación», al priorizar «el recupero de su crédito y contrariando el interés social».

En ese contexto, el concurso aparece ahora como la herramienta para ordenar acreencias, frenar el deterioro y ganar tiempo. No se trata de un dato menor en un sector que ya viene golpeado por consumo interno deprimido, caída de exportaciones, menor dinamismo de China, hacienda cara y costos fijos elevados, una combinación que dejó particularmente expuestas a las plantas más endeudadas.

Pese al cuadro crítico, Frigorífico General Pico intenta sostener un argumento central: que todavía conserva valor industrial y potencial de continuidad. En su comunicado, la empresa remarcó que cuenta con «activos productivos relevantes, inversiones recientes y habilitaciones internacionales», y sostuvo que la planta de Trenel mantiene «un importante potencial operativo y comercial». También aseguró que continuará trabajando para «reactivar en el corto plazo la operación y preservar las fuentes de trabajo».

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La incógnita ahora es si ese paraguas judicial servirá para facilitar una salida empresaria para una de las plantas históricas del negocio cárnico pampeano o si terminará administrando una crisis que ya dejó suspensión de personal, despidos, deuda creciente y una cadena regional cada vez más golpeada.

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ECONOMIA

Cavallo insistió con la eliminación del cepo cambiario y advirtió que dos factores impiden la baja del riesgo país

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El ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, insistió con la eliminación de los controles cambiarios. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

La actual liquidación de divisas provenientes del sector agropecuario y del petróleo, junto con la proyección de mayores ingresos en los próximos meses, representa una oportunidad para levantar los controles de cambio y aumentar las reservas netas del país. Así lo sostuvo Domingo Cavallo, ex ministro de Economía, quien advirtió que el contexto de alta liquidez en divisas permite avanzar hacia una reforma profunda del sistema monetario y cambiario sin la presión de un salto brusco del tipo de cambio.

En un posteo en su blog, Cavallo consideró que el momento es propicio para que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para el pago de intereses de la deuda externa y para que, hacia fin de año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sume al menos 10 mil millones de dólares en reservas netas adicionales.

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El exfuncionario recordó que en condiciones normales, un giro de este calibre en la estrategia monetaria suele desencadenar una depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, Cavallo evaluó que la elevada oferta de divisas en el mercado local limitaría ese efecto y resultaría menos riesgoso que demorar la decisión hasta acercarse a las elecciones.

De esta manera, insistió en que el Gobierno debe “abocarse de inmediato a legislar la reforma monetaria, cambiaria y financiera”, una iniciativa que, según su visión, contribuiría a mitigar riesgos inflacionarios y a consolidar la expectativa cambiaria como pilar de un plan de estabilización. A la vez, destacó la importancia de combinar este esquema con el equilibrio fiscal, para lograr tanto una baja sostenida de la inflación como una pronta recuperación de la demanda interna.

En su análisis, Cavallo cuestionó el carácter contradictorio de los controles de cambio. Explicó que, si bien suelen instaurarse para frenar la salida de capitales en situaciones de crisis externa, cuando se prolongan “desalientan el ingreso de divisas” y encarecen el costo del capital, afectando tanto la inversión en activos fijos como en capital de trabajo. Sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el ex ministro de Economía planteó que el Gobierno reconoce esta distorsión al permitir que quienes invierten bajo ese marco dispongan libremente de las divisas generadas por exportaciones. “Para quienes inviertan protegidos por el RIGI se les asegura que no existirán controles de cambio”, explicó.

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No obstante, marcó que el resto de las empresas continúa enfrentando fuertes restricciones para administrar sus excedentes en moneda extranjera y para acceder a financiamiento externo. Esta situación, alertó, termina elevando el costo del capital y desincentivando la inversión.

Respecto al riesgo país, el padre de la Convertibilidad expone que la permanencia de controles de cambio para las compañías fuera del RIGI y el bajo nivel de reservas netas del Banco Central mantienen el indicador por encima de los 600 puntos básicos, a pesar de los resultados fiscales positivos. Según el ex ministro, las dificultades del BCRA para acumular reservas por temor a la emisión monetaria alimenta la percepción de que la estabilidad cambiaria es frágil y que una depreciación abrupta podría desatar nuevas presiones inflacionarias. “Si el Banco Central acumulara más reservas, aún a costa de admitir una depreciación temprana del tipo de cambio, la expectativa de depreciación futura disminuiría”, sostuvo.

Cavallo también consignó que los controles de cambio fomentan la informalidad, ya que muchos exportadores y prestadores de servicios optan por ingresar divisas a través del mercado informal en lugar de liquidarlas en el circuito oficial. El ex titular del Palacio de Hacienda argumentó que, sin restricciones, la disponibilidad de dólares para pagos y financiamiento internos sería mucho mayor que la que permite el régimen de “inocencia fiscal”, al que calificó como “necesariamente transitorio y legalmente inseguro”.

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El ex ministro propuso que, una vez eliminados los controles, el Banco Central autorice a los bancos a utilizar los depósitos en dólares para financiar inversiones, ya sea a través de créditos o mediante la compra de obligaciones negociables del sector privado. Además, consideró que la expansión del crédito en dólares bajo un régimen de controles resulta riesgosa, porque la inestabilidad cambiaria y las altas tasas en pesos incrementan el peligro de incobrabilidad.

Domingo Cavallo concluyó que la eliminación de los controles de cambio y la liberalización del mercado cambiario acercarían a la Argentina a un modelo más competitivo, alineado con la idea de una economía sin Banco Central, como la que promovió Javier Milei durante la campaña presidencial. En tal sentido, ejemplificó con el caso peruano al señalar que la Constitución de Perú prohíbe el financiamiento monetario al Tesoro y los controles cambiarios, lo que permitió al país alcanzar una estabilidad de precios destacada pese a la inestabilidad política.

“Es muy difícil que se pueda avanzar hacia la despolitización de la economía, es decir a sacar al Estado de la intermediación entre vendedores y compradores en los mercados de bienes y servicios, si en materia monetaria, cambiaria y financiera impera la discreción por arriba de las reglas”, cerró su análisis.

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ECONOMIA

Por qué nuevo bono en dólares deja en evidencia que inversores ponen límites para financiar a Caputo

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La última prueba de Toto Caputo para fondearse con dólares «sin depender de «Wall Street» dejó, por primera vez, una señal de advertencia sobre si, pese a la elevada liquidez de billetes verdes, el ministro de economía está llegando al límite de la capacidad del mercado local.

Y no faltan, incluso, quienes creen que a Caputo le pueda haber jugado en contra su propio discurso sobre el componente de «riesgo kuka» en la tasa de interés de los bonos que vencen después de 2027.

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El viernes, Caputo había celebrado el hecho de que se había generado, otra vez, una fuerte demanda de los inversores locales por bonos en dólares. Se colocaron los u$s150 millones previstos para cada uno de los dos bonos. Y el mayor motivo de festejo fue la nueva caída en la tasa de interés para el título que vence en octubre 2027, que pagó apenas 5,02% anual, cuando en las licitaciones previas la tasa había sido de 5,8% y 5,4%, respectivamente.

Pero el resultado para el bono nuevo, el que vence en 2028, fue más ambiguo. También hubo demanda, pero la tasa de interés fue de 8,5% nominal, algo que Caputo tomó como confirmación de que el mercado sigue con temor a que en las elecciones presidenciales del año próximo pueda haber un regreso del kirchnerismo y que, eventualmente, haya un default o reperfilamiento de estos bonos dolarizados.

Hasta ahí, como reza el eslogan oficialista, «todo marchaba acorde a lo planeado». Pero cuando el lunes se realizó la segunda tanda de licitación, para colocar un adicional de u$s100 millones para cada bono, llegó la sorpresa negativa.

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La demanda por el título con vencimiento 2027, es decir el que está totalmente «libre de riesgo kuka», quedó u$s3 millones por debajo del cupo, cuando en las licitaciones anteriores se había excedido la oferta por más de u$s200 millones. Y, en lo que respecta al bono que devuelve el capital en 2028, la demanda estuvo u$s66 millones debajo del cupo.

En definitiva, en una licitación en la que Caputo aspiraba a captar u$s500 millones -sumando dos tandas de ambos bonos-, logró u$s431 millones, un 14% menos que lo esperado. La cifra propiamente dicha no es mala, pero lo que varios analistas están interpretando es que es posible que se esté en un quiebre de tendencia. En otras palabras, que la capacidad de fondearse en dólares con el mercado local entre en fase decreciente.

¿Se terminó el entusiasmo?

Hasta ahora, sumando las tres licitaciones realizadas con los nuevos bonos, el Tesoro captó u$s931 millones, sobre un total de u$s2.000 millones que anunció que buscaría a lo largo del año, con el objetivo de financiarse para hacer frente al calendario de vencimientos de deuda.

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En particular, preocupaba al gobierno el abultado vencimiento de julio, cuando haya que cancelar capital más intereses por u$s4.200 millones.

Y el relativo mal resultado del bono 2028 -se demandaron u$s184 millones ante una oferta de u$s250 millones, y los inversores pidieron una tasa que excede en 3,48% la pactada por el bono 2027- deja una nota de duda respecto de si Caputo querrá volver a emitir este título dentro de dos semanas o si considerará que el costo del «riesgo kuka» no vale la pena.

Por lo pronto, lo que está claro es que la liquidez en dólares del sistema bancario sigue siendo elevada, con depósitos por u$s40.000 millones, y de los cuales apenas la mitad fue colocado en créditos.

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Pero si se necesita una prueba incontestable de que hay apetito por activos a comprar con dólares, el mismo día del segundo tramo de la licitación hubo una salida al mercado de una nueva Obligación Negociable corporativa, que despertó fuerte interés. En este caso, se trata de Pampa Energía, que consiguió u$s200 millones, a una tasa de 5,49% anual, con un vencimiento a 36 meses.

El cálculo de los analistas es que, desde las elecciones legislativas de octubre hasta ahora, ya superan los u$s12.000 millones las emisiones de crédito corporativo y de deuda de los gobiernos provinciales.

Un argumento de doble filo

Ante esa situación, en el mercado se está planteando el debate sobre si Caputo hizo bien en lanzar su bono 2028, o si el resultado de ese test se pudo haber transformado en un efecto boomerang.

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Así lo plantea la consultora Outlier: «El argumento del ‘riesgo kuka’ para explicar esa situación es un arma de doble filo, porque implica reconocer que el mercado asigna una probabilidad significativa no solo a la no continuidad de la actual administración, sino a un quiebre y reversión abrupta del enfoque por la misma impulsado».

Lo cierto es que hay muchos analistas que coinciden en que la licitación no salió bien para el gobierno, y no necesariamente por las cifras, sino por el mensaje tácito que devuelve el mercado. Básicamente, que la confianza sobre la estabilidad del modelo económico es de corto plazo.

El propio Caputo hizo el cálculo. Estableció que el «riesgo país Milei» es de apenas 117 puntos básicos. Ese es el número que surge de restarle a la tasa del bono argentino -5,02% en la licitación de este viernes- el costo de la tasa de referencia mundial, que ronda el 3,8%. Para el gobierno, esa tasa no sólo es baja porque lleva implícito un riesgo país muy inferior al que mide el índice de JP Morgan a nivel mundial -en torno de 600 puntos- sino que, además viene en franco descenso.

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En contraste, el riesgo país a octubre de 2028 fue calculado por Caputo en 460 puntos. Y la «tasa forward» -como se denomina en la jerga financiera a la diferencia de interés entre dos momentos futuros, en este caso octubre de 2028 versus octubre de 2027- equivale a una tasa nominal anual de 14,09%.

La parte mala para el gobierno es que, detrás de la chicana al kirchnerismo, hay un reconocimiento de que el mercado sigue viendo una probabilidad relativamente alta de un quiebre de rumbo económico y de un cambio de signo político tras las elecciones del año próximo.

Afuera, tasas prohibitivas

Para el corto plazo, el interrogante que dejó esta licitación es si Caputo podrá completar su plan original de tomar u$s2.000 millones del mercado argentino y pagar una tasa en torno al 5% anual. De ello depende, en buena medida, la continuidad de la estabilidad cambiaria y la cotización de los bonos de deuda soberana.

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Si hoy el ministro tuviera que pedir crédito en el mercado financiero global, debería pagar una tasa anual de más de 9%, que sería el resultado de la tasa de referencia, más el índice de 600 puntos que mide hoy Argentina tras la turbulencia global generada por el conflicto en Medio Oriente. En otras palabras, una tasa prohibitiva.

El nuevo secretario de Finanzas, Federico Furiase, intentó llevar calma al mercado al afirmar que ya está asegurada la cantidad de dólares necesaria para cumplir con los vencimientos de deuda del año. Sin embargo, por un mix de factores internos y externos, el índice de riesgo país argentino sigue firme en su tendencia alcista, y se ubica en 630 puntos.

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