ECONOMIA
Reforma laboral: dónde estamos y hacia dónde deberíamos ir

Argentina tiene una legislación laboral vieja, diseñada para regular las relaciones en la economía asalariada industrial de los 70s, donde el primer trabajo de un joven, con alta probabilidad, era en una fábrica. Ese modelo, pensado para una relación de poder tremendamente asimétrica, ofrece el mismo talle de zapato para todos y no solo no tiene capacidad de administrar las relaciones laborales de una economía heterogénea como la actual, sino que representa una barrera para la creación de empleo por parte de las pequeñas y medianas empresas.
Por esa razón, según datos oficiales, el mercado laboral está estancado desde hace 14 años y la pobre creación de empleo registrado de las empresas grandes en ese período (+8%) contrasta con la caída de puestos de trabajo en las pequeñas (-5%) y microempresas (-9%).
Según datos oficiales, el mercado laboral está estancado desde hace 14 años
En mis conversaciones con empresarios pyme el denominador común es que todos contratarían más trabajadores si no tuvieran miedo a la industria del juicio y si no fuera tan grande la brecha entre el costo laboral y el salario, puesto que deben hacer un enorme esfuerzo presupuestario, pero como ese dinero no llega completo al bolsillo de los trabajadores, no consiguen un esfuerzo equivalente. Para tener una idea de este problema pensemos que un salario promedio registrado es de 1,3 millones de pesos de bolsillo, pero le cuesta al empleador casi $2 millones y si incluye una previsión por juicios ese número es aún más grande. Esta es la principal razón de la informalidad.
Obviamente, cuando se trata de una empresa grande persiste la brecha entre el alto costo laboral y los bajos salarios de bolsillo, pero el departamento de recursos humanos funciona como un pool de seguro, evitando que el eventual juicio haga cerrar la empresa y dándole previsibilidad a la compañía. Para ponerlo en otras palabras; con un número suficientemente grande de trabajadores el sistema de indemnización se convierte en una suerte de fondo de cese, parecido al que tiene la industria de la construcción. Además, si la empresa es lo suficientemente grande, con alta probabilidad tendrá su propio departamento de legales, lo que reduce la incertidumbre ante eventuales litigios. Por eso las empresas grandes resisten mejor los problemas del sistema y contratan más que las pequeñas, porque su departamento de RRHH se convierte en una empresa de seguros.
El cambio más importante en materia laboral de los últimos años se produjo con la reforma incluida, a instancias de la UCR, en la ley Bases.
En primer lugar, la norma le asesta un golpe a la industria del juicio porque deroga las multas por problemas de registración que había establecido la ley 24013. Esto es muy interesante porque se trataba de una norma del menemismo que buscaba aumentar la formalización del mercado de trabajo, pero que a todas luces había fracasado, rompiendo en el camino la regla de oro de la indemnización laboral, que establece un salario mensual por año trabajado y afectando particularmente a las pymes. La única certeza que el empleador tenía era que, si despedía un trabajador, la indemnización sería con alta probabilidad superior a la de la regla de oro, pero nunca sabía cuánto.
A las reformas que están en discusión hay que sumar la necesidad de hacer mas flexibles los contratos para las pequeñas empresas
En segundo lugar, la reforma laboral de la ley Bases duplica el período de prueba llevándolo a los 6 meses, con posibilidades de extenderlo hasta un año, para el caso de microempresas y siempre que esté acordado a nivel del convenio. Este cambio está en sintonía con la legislación vigente en Europa favoreciendo el primer empleo que obviamente no tiene antecedentes y sobre todo a las Pymes, que no cuentan con el departamento de recursos humanos de una empresa grande y no pueden por tanto evaluar con la misma rigurosidad a los candidatos
En tercer lugar, la ley crea otras formas alternativas de indemnización muy útiles para sectores de alta rotación laboral, como el comercio o la gastronomía, que siempre que lo acuerden a nivel del convenio, pueden establecer un fondo de cese que opera como un seguro y permite que los trabajadores cobren siempre que termine una relación laboral, incluso cuando no se trate de un despido, dándole certeza y previsibilidad tanto a las pymes como a los trabajadores.
Entre las normas que estuvieron en debate en el Congreso, una de las más importantes para la que no alcanzamos el número de apoyos necesarios y que sigue por tanto siendo una deuda es la que establece el régimen de las asociaciones sindicales.
Es fundamental entender que el único dueño del fruto de su trabajo es el laburante
Concretamente buscábamos limitar las reelecciones indefinidas de los sindicalistas, asegurar la participación de las minorías en los cuerpos directivos, transparentar las finanzas de esas instituciones y de los que las manejan y prohibir que se presenten candidatos con prontuario; la ley tenía un artículo de ficha limpia sindical, similar a la ley que prohíbe que un político sea candidato a un cargo público si tiene condena firme.
Pero además queríamos reducir la brecha entre el alto costo laboral y el bajo salario de bolsillo, prohibiendo los descuentos no autorizados expresamente en el salario, como el “aporte gremial solidario”, los seguros no pedidos, el camping, etc. Es fundamental entender que el único dueño del fruto de su trabajo es el laburante. El argumento de los sindicatos es que la negociación salarial tiene carácter de bien público, en el sentido de que el trabajador no sindicalizado de todos modos recibe los aumentos y las mejoras pactadas en la paritaria, pero ello ocurre porque la ley le confiere al sindicato mayoritario el monopolio en la representación, por lo tanto no puede usarse esa ventaja como un argumento para expoliar al laburante que no quiere participar del sindicato, porque de hecho el poder del sindicato se sostiene en ese monopolio.
Pero además, la verdad es que en una economía inflacionaria la actualización de la nominalidad no tiene ningún mérito y de hecho ocurre también en los empleos informales; lo único que falta es que los sindicalistas cobren una parte del impuesto inflacionario, sin que hayan generado ninguna mejora en los salarios reales.
Muchos recuerdan el comercial de Quilmes de unos amigos reunidos el domingo en un bar, despotricando por lo poco que duraba el descanso y proponiendo agregar un día más al fin de semana.
Propusimos una reforma, que permitía que las partes probaran jornadas laborales alternativas
En el mundo, la reestructuración de la jornada laboral es una de las discusiones más importantes, con países como Portugal, Suecia y Dinamarca que ya están pasando de las pruebas piloto a los cambios en las leyes que ahora permiten acumular el trabajo en cuatro días, dejando tres de descanso, o que directamente establecen esquemas de 6 horas laborables al día. Tiene lógica, además, porque se trata de países que han experimentado brutales saltos de productividad desde las épocas en que la jornada más habitual era de 8 horas por día, seis días a la semana.
En Argentina, la jornada está regulada en una ley de 1929 y corresponde a una economía que ya no existe más, pero es cierto que tampoco ha crecido de manera significativa la productividad y de hecho el PBI per cápita está estancado en niveles similares a los de dos décadas atrás.
Sin embargo, hay muchos sectores que pactan a nivel del convenio jornadas diferentes; las guardias médicas, los turnos del personal penitenciario y las cuadrillas de petroleros o mineros, son algunos ejemplos, pero muchos otros sectores no se animan a implementar reformas por temor a no poder sostener la productividad y verse imposibilitados de volver a los esquemas anteriores, en el caso de que los cambios no funcionen.
El criterio de prueba con derecho a reversibilidad es la clave de muchas de las reformas
Cuando el kirchnerismo dominaba el Congreso, el debate en la comisión de legislación laboral buscaba imponer a las partes una jornada reducida, de 30 o 36 horas semanales, que podía funcionar en algunos sectores, pero que sin dudas hubiera fundido a muchas empresas, sobre todo las más pequeñas. Es fácil imaginar actividades donde la productividad pueda sostenerse en una jornada reducida, que aumenta la capacidad atencional, reduce el cansancio y mejora indicadores de salud previniendo carpetas médicas y psiquiátricas, pero también es obvio que en tareas como las de cuidado, atención al público, transporte y muchos servicios que se miden por hora, es imposible sostener los niveles de producción si se trabaja menos.
Por eso propusimos una reforma, que permitía que las partes probaran jornadas laborales alternativas, entre las que estaba el día Osvaldo, juntando las horas de trabajo en cuatro días y dejando un fin de semana de tres. La clave de nuestro proyecto es que no le imponíamos el cambio a nadie; solo abríamos la posibilidad de probar, durante un período de exploración, jornadas alternativas, dejando que luego las parte eligieran si aceptaban los cambios y si no había acuerdo volvían al esquema anterior.
Nos parece que este criterio de prueba con derecho a reversibilidad es la clave de muchas de las reformas sobre las que hay evidencia positiva en otros países pero desconfianza de las partes a nivel local.
Una crítica muy común al proceso de reforma es la de adjudicarle toda la responsabilidad sobre la evolución del empleo a las condiciones institucionales de un momento determinado, pero es obvio que los factores que inciden en la contratación son múltiples; por ejemplo, va de suyo que nadie contrata en el medio de una recesión y eso no tiene nada que ver con las leyes laborales, ni con el nivel de los salarios; simplemente no contratan porque no tienen demanda y no venden. Misma conclusión cuando se observa un proceso de crecimiento del empleo en la fase expansiva de un ciclo económico, que puede hacernos pensar que las normas que regulan las relaciones laborales son satisfactorias. Sin embargo, el boom puede haberse producido luego de un proceso de ajuste del tipo de cambio que licuó los salarios o estar apuntalado por un shock de términos de intercambio que mejoró los precios que enfrentan los empresarios. En ambos casos, condiciones institucionales más razonables hubieran producido un aumento aún mayor en la creación de nuevos puestos. Lamentablemente en ciencias sociales no es posible construir el escenario contrafactual para ver que hubiera ocurrido con otras normas distintas.
Además, durante mucho tiempo se pensó al derecho laboral como un dispositivo equilibrador de una relación de poder completamente asimétrica y a los institutos que regula, como un juego de suma cero, donde se definía la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo.
El desafío es cambiar esa concepción reconociendo que hoy las relaciones laborales son heterogéneas entre sectores, por el nivel de sindicalización y peso de esas organizaciones, pero también por el distinto tamaño de las empresas y por el desafío que introducen las figuras de trabajo independiente asociadas a las plataformas tecnológicas.
Las reformas deben crear opciones y abrir oportunidades para que las partes, de común acuerdo, encuentren la mejor manera de establecer sus contratos
Por eso las reformas deben crear opciones y abrir oportunidades para que las partes, de común acuerdo, encuentren la mejor manera de establecer sus contratos. No hay más lugar para imponer reglas que perjudican a alguna de las partes, porque o se retira la oferta (hacia la informalidad), o lo hace la demanda y el resultado es peor para todos.
En este sentido, a las reformas que están en discusión hay que sumar la necesidad de hacer mas flexibles los contratos para las pequeñas empresas, establecer mínimos no imponibles que bajen fuertemente las cargas laborales para la porción del salario que representa una canasta básica y volver a discutir regímenes que hacen a la nueva economía, como la ley de teletrabajo, buscando crear condiciones que favorezcan la capacitación y la transición del mundo educativo al del empleo, en una nueva ley de pasantías, con más flexibilidad para adaptarse a las condiciones de cada ocupación.
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ECONOMIA
La motosierra de Milei pierde efectividad: ¿peligra superávit fiscal?

La motosierra entró en fase de rendimiento decreciente y cada vez va a resultar más difícil mantener el equilibrio entre ingresos y gastos: esa es la conclusión a la que llegaron la mayoría de los analistas de las cuentas fiscales luego de observar los datos correspondientes a febrero.
Si bien el gobierno volvió a celebrar otro mes con superávit primario -el número 25 en la era Milei-, se notó que el entusiasmo derivado de este dato ya no surte el efecto de antaño. Ocurre que desde hace siete meses consecutivos que se registran caídas interanuales reales en la recaudación impositiva. Y esto lleva a que haya una necesidad cada vez mayor de recortar el gasto público, algo que empieza a ser difícil de sostener desde el punto de vista político.
El ministro Toto Caputo dijo que era natural la caída en la recaudación, porque la propia filosofía de la gestión Milei es la disminución de la presión impositiva. Y, efectivamente, se han eliminado tributos como el impuesto PAIS, se han recortado aranceles de importación y también retenciones a la exportación. El gobierno cuantifica ese alivio en 2,5% del PBI.
Pero lo que Caputo no dice, y es justamente donde ponen la lupa los economistas críticos- es que la recaudación no sólo se resintió por esa baja en la carga tributaria sino también por una tendencia recesiva en algunos sectores de la producción y por la caída real del salario.
Esto se refleja, por ejemplo, en el magro ingreso por el IVA, el impuesto que por excelencia refleja las variaciones de actividad en el comercio y la industria, volvió a marcar una caída de 3% en términos reales.
Esto es lo que hace que los impuestos más criticados por ser distorsivos, como el de débitos y créditos -mejor conocido como «impuesto al cheque»– y las retenciones a la exportación sigan en la lista de pendientes, y con escasas probabilidades de un cambio sustancial.
Los números volvieron a ser claros: si se eliminase el impuesto al cheque de un plumazo, se perdería un 7,5% de los ingresos fiscales. Y en cuanto a las retenciones, ya el año pasado tuvieron una rebaja que explica buena parte de la caída recaudatoria: representaron un 4,9% en el total recaudado, cuando se esperaba que su importancia relativa creciera por la eliminación del impuesto PAIS -que, en su mejor momento, explicó el 8% del ingreso-.
Se enfría la caja de ARCA
Lo cierto es que las perspectivas no son buenas en el lado de los ingresos: lejos del 4,5% de aumento del PBI que proyecta el gobierno, los economistas que participan en la encuesta REM del Banco Central creen que la economía sólo va a subir un 3%.
Además, a ese contexto de frialdad en el consumo se debe sumar el hecho de que entrará menos dinero a las arcas estatales por el recorte de dos puntos en las retenciones al agro, lo que la consultora LCG estima en 0,1% del PBI. Y, sobre todo, que la ley de reforma laboral llevará a un menor ingreso por impuestos coparticipados y a un recorte de recursos de la Anses equivalente a 0,37% del PBI.
Es por eso que la expectativa del mercado es que, para que realmente se cumpla el objetivo fiscal de este año -un superávit primario de 1,5% y uno financiero, tras el pago de intereses, de 0,3% del PBI- el gobierno va a depender más del recorte de gastos que del aumento del ingreso.
Y es ahí donde aparece el pesimismo, porque los rubros en los que se basó Caputo para achicar el gasto en los primeros meses de su gestión ya no se pueden seguir cortando -básicamente la licuación inflacionaria de las jubilaciones y el congelamiento de la obra pública- y lo que queda es un tipo de gasto más rígido y con mayor costo político.
En definitiva, lo que ven los economistas es que cada vez se necesita un esfuerzo mayor en el recorte, para obtener una mejora marginal en las cuentas.
Menos margen para suba tarifaria
Es cierto que todavía hay lugares donde apretar, como los subsidios a los servicios públicos. Pero incluso ese rubro tiene complicaciones. Uno es su propio límite natural, dado que ahora representan 0,7% del PBI, una cifra menor si se considera que durante los momentos de «tarifas pisadas» los subsidios representaron más del doble.
Pero hay un efecto de doble filo: como está quedando demostrado en los datos del IPC, el recorte del subsidio se traduce en un impulso inflacionario por «recomposición de precios relativos», según la definición de Caputo.
Es el motivo por el cual se postergó el cambio de canasta del Indec, dado que con la metodología vigente estos servicios tienen una ponderación de sólo un 9,4% del presupuesto familiar, mientras que, si Caputo no hubiese cuestionado el cambio metodológico que propuso el resignado Marcos Lavagna, la ponderación sería del 14,5%. Traducido a puntos de inflación, el efecto del recorte de subsidios habría llevado al IPC de febrero a 3,1% en vez del 2,9% oficial.
Además hay un problema adicional, que va más allá de la estadística y el debate político: lo que por un lado el gobierno se ahorra con el recorte de los subsidios, puede por otro lado transformarse en gasto, dado que hay rubros del presupuesto que están indexados con la inflación.
La inflación empuja el gasto jubilatorio
Según un reporte del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), los rubros del gasto público que más han crecido en el último año son los que están ligados a la inflación, mientras que los no indexados registraron una caída del 11,4% en el primer bimestre.
Y destaca particularmente al renglón de jubilaciones y pensiones, que en lo que va del año llevan un aumento real de 2,3% -sin contar el costo de los bonos extraordinarios para los jubilados de la franja mínima-. Es una cifra que influye más de lo que parece a primera vista, si se considera que las jubilaciones representan más del 40% del presupuesto.
En teoría, el peso de las jubilaciones sobre el gasto debería estabilizarse en 2026 como consecuencia de la baja en la inflación. Sin embargo, el repunte del IPC en los últimos meses está obligando a revisar las cuentas -en el nuevo sistema, los haberes se indexan mensualmente tomando en cuenta el último IPC disponible, que es el de dos meses atrás-.
Así, el ajuste jubilatorio de marzo y abril será de 2,9%, y probablemente el de mayo ronde un porcentaje similar, dadas las proyecciones que están haciendo las consultoras de economía para el IPC de marzo. En otras palabras, el volumen nominal del gasto en jubilaciones tendrá en los próximos tres meses un aumento acumulado de 9%.
Y, aun si se cumpliera el pronóstico del gobierno sobre una reducción abrupta de la inflación después de abril, la propia inercia del sistema haría que el gasto jubilatorio subiera por encima de los ingresos durante todo el primer semestre.
La pelea que viene: el salario estatal
Con ese panorama de gasto jubilatorio al alza y una caja de ARCA con bajos ingresos, para que las cuentas cierren se necesita un mayor esfuerzo de «motosierra». Hay todavía margen para el recorte en subsidios, pero es un rubro que no representa más del 6% del presupuesto -hace un año su «peso» era de 9,5% del total.
De manera que el otro gran renglón del gasto a revisar es el de los salarios del personal estatal, que equivale a un 12% del gasto total. Pero claro, se trata de un tema de alta sensibilidad social y política, en el que se prevé un endurecimiento de las protestas sindicales.
El Iaraf cuantifica cómo el salario del sector estatal ha sido una de las grandes variables del ajuste fiscal: «Los empleados públicos nacionales tuvieron una pérdida real de su salario del 9,7% entre los años 2024 y 2025. Si la comparación se hace con el mes de noviembre de 2023, mes previo a la asunción del actual gobierno nacional, los salarios reales están un 35% abajo. Si es contra diciembre de 2023, la caída real se reduce al 27%».
Y agrega que, en términos de gasto público, el recorte en lo que va de la gestión Milei es de 1,2% del PBI. De ese recorte, algo más de un tercio se explica por el achique en la nómina de personal -se eliminaron 62.000 cargos, lo que equivale a un 18% de la planta-, mientras que los dos tercios restantes del ahorro se basaron en la reducción real de los salarios estatales.
De manera que uno de los temas en debate actualmente es el de la viabilidad política de efectuar un recorte adicional en el gasto de personal. Es una situación que no sólo implicará malhumor social sino que puede poner en riesgo la relación de Milei con los gobernadores de las provincias que tienen mayor índice de empleo público.
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ECONOMIA
Tras la renuncia del titular de Anses, cuántos funcionarios dejaron sus cargos desde 2023 y cuál es el área con más bajas

La estructura del Poder Ejecutivo Nacional registró este martes un nuevo movimiento en un área clave para la administración de los recursos públicos y la seguridad social. Fernando Bearzi presentó su renuncia como director ejecutivo de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), convirtiéndose en el tercer funcionario en dejar ese cargo desde el inicio de la gestión de Javier Milei, tras los pasos de Osvaldo Giordano y Mariano de los Heros.
Esta salida no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una dinámica de rotación que caracteriza al actual oficialismo. Según un relevamiento del politólogo Pablo Salinas, la cifra de funcionarios de la denominada “planta política” —desde el rango de subsecretario hacia arriba— que han dejado sus funciones asciende a 239. Al prorratear este número sobre los 828 días de gestión transcurridos hasta mediados de marzo de 2026, el promedio indica que se produce una baja cada cuatro días.
El informe de Salinas permite desglosar la intensidad del recambio según las distintas carteras. El Ministerio de Economía se consolida como el epicentro de estos movimientos, con un total de 86 bajas, lo que representa el 36% del total de las desvinculaciones del Sector Público Nacional. Esta cifra refleja las sucesivas reestructuraciones internas y la absorción de competencias de otras áreas, como ocurrió con el ex Ministerio de Infraestructura.
En orden de relevancia, le siguen el Ministerio de Capital Humano, con 29 salidas (12%), y la Jefatura de Gabinete de Ministros, con 27 (11%). El cuadro de las dependencias con mayor rotación se completa con Presidencia de la Nación y el Ministerio de Defensa, ambos con 17 bajas cada uno.

Por el contrario, existen áreas donde la estructura ha mostrado una mayor estabilidad relativa. El Ministerio de Seguridad registra 6 salidas, mientras que el de Desregulación y Transformación del Estado cuenta 3, y la cartera de Justicia 15.
El fenómeno del recambio no distingue jerarquías y ha alcanzado tanto a los estratos operativos como a las máximas autoridades. El análisis por función detalla que, hasta el momento, han dejado sus puestos 8 ministros y dos Jefes de Gabinete. Sin embargo, el grueso de las vacantes se produjo en los niveles encargados de la implementación técnica de las políticas:
- Subsecretarios de Estado: 77 bajas.
- Secretarios de Estado: 63 bajas.
- Titulares de Unidades de Gabinete de Asesores: 10 bajas.
- Otros cargos directivos: 78 bajas.
Esta tendencia a la renovación constante tuvo un hito hace poco más de un mes con la salida de Marco Lavagna del Indec. Su renuncia estuvo vinculada directamente a la postergación de la implementación de la nueva fórmula del Índice de Precios al Consumidor (IPC), un cambio metodológico que el funcionario impulsaba. A este movimiento se sumaron otras bajas relevantes en el equipo económico, como la de Pablo Quirno al frente de la Secretaría de Finanzas —quien fue trasladado a la Cancillería para ocupar el lugar de Gerardo Werthein— y la de Juan Pazo al frente de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), que derivó en el posterior nombramiento de Andrés Vázquez.
Tras la salida de Bearzi, el Gobierno definió rápidamente su sucesión con la designación de Guillermo Arancibia al frente de la Anses. El nuevo funcionario llega al organismo con un perfil técnico especializado en la gestión de sistemas complejos y una trayectoria previa en la administración pública, donde ya había desempeñado roles de coordinación operativa.
Su nombramiento busca dotar de continuidad a los procesos de digitalización y control de gastos que el Ejecutivo impulsa en el área previsional. Arancibia asume con el mandato de agilizar la respuesta del organismo ante los beneficiarios y profundizar la integración de las bases de datos del sistema de seguridad social, en un marco de estricta vigilancia sobre el equilibrio fiscal de las cuentas públicas.
ECONOMIA
La inflación mayorista fue del 1% en febrero, la cifra más baja en nueve meses

La inflación mayorista volvió a desacelerarse en febrero y marcó un incremento del 1%, el nivel más bajo en nueve meses, en un contexto de caída en los precios de los productos importados. El dato fue informado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) a través del índice de precios internos al por mayor (IPIM).
El resultado implicó una baja de 0,7 puntos porcentuales respecto de enero y se explicó por una suba de 1,3% en los productos nacionales y una caída de 2,7% en los importados. Esta última variación estuvo en línea con el comportamiento del tipo de cambio mayorista, que registró una baja similar durante el mes, en un escenario de expectativas cambiarias más estables.
Esta suba del indicador fue la segunda más baja desde mayo del 2025 (cuando había registrado una baja de 0,3%).
Brecha con la inflación minorista
El dato contrasta con la inflación minorista, ya que el índice de precios al consumidor (IPC) avanzó 2,9% en febrero. La diferencia responde, en parte, a que el IPIM solo mide bienes, mientras que el IPC incluye también servicios y precios regulados, además de reflejar valores al consumidor final.
En términos interanuales, la inflación mayorista alcanzó el 25,6%, con un 25,9% en productos nacionales y un 21,7% en importados. En el primer bimestre del año acumuló 2,7%, frente al 5,9% del IPC en el mismo período.
Reacción del Gobierno
El resultado fue destacado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien señaló que se trata de la menor suba mensual desde mayo de 2025 y una de las pocas veces en los últimos años en que el indicador se ubica en 1% o menos.
El presidente Javier Milei replicó ese mensaje en redes sociales y remarcó la desaceleración de los distintos indicadores mayoristas, al tiempo que elogió la gestión económica. Y volvió a elogiar a Caputo como «el mejor ministro de economía de la historia argentina».
El mensaje de Javier Milei tras el dato de inflación mayorista
Qué explican los analistas
Los economistas coinciden en que el dato refleja una desaceleración significativa, aunque advierten que su traslado a los precios minoristas no es automático.
La economista María Castiglioni explicó que el IPC está impactado por factores que no forman parte de la medición mayorista, como las tarifas de servicios públicos —afectadas por la quita de subsidios— y los precios regulados, como el transporte.
También señaló que el comportamiento de algunos bienes, como la carne, influye de manera distinta en cada índice: los ajustes suelen reflejarse antes en los precios mayoristas y luego trasladarse al consumidor.
Por su parte, Claudio Caprarulo, de la consultora Analytica, destacó que el resultado fue impulsado por la dinámica de productos agrícolas, manufacturados e importados, aunque advirtió que hubo subas en rubros como energía eléctrica, productos ganaderos y minerales.
Además, remarcó que el índice mayorista no releva servicios, que fueron justamente los que más presionaron sobre la inflación minorista.
De cara a los próximos meses, si bien no existe una relación directa entre ambos indicadores, el comportamiento de la inflación mayorista podría anticipar cierta moderación en algunos precios del IPC.
Según Castiglioni, una vez superado marzo -un mes con fuerte estacionalidad-, podrían registrarse bajas en algunos rubros de bienes, siempre que se mantenga la estabilidad cambiaria y no haya nuevos shocks en los costos.
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