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ECONOMIA

Ricardo Arriazu: “Cuando el riesgo país caiga por debajo de los 500 puntos, Argentina volverá al mercado de capitales”

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Ricardo Arriazu aseguró que si el riesgo país cae por debajo de los 500 puntos, Argentina volverá al mercado de deuda

Ricardo Arriazu, uno de los economistas más respetados por el presidente Javier Milei y el círculo rojo, proyectó que una baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos básicos implicaría el retorno de la Argentina a los mercados voluntarios de deuda. Además, volvió a mostrarse en contra del sistema de bandas cambiarias y cuestionó a quienes piden devaluar.

El analista económico disertó en el lanzamiento de Lantia Capital, una firma de asesoramiento financiero para patrimonios familiares. El evento tuvo lugar en el Campo de Polo de la Ciudad de Buenos Aires.

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Arriazu comenzó su disertación indicando que “la Argentina tiene los mejores números macroeconómicos de América Latina” pero, ”sin embargo, la gente no cree porque siempre fuimos estafadores seriales y tienen miedo que volvamos a estafarlos».

“Tenemos el triple del promedio de América Latina y 10 veces el riesgo país de Paraguay y Uruguay, con los mejores números macroeconómicos de la región. ¿Por qué? Si defaulteamos nueve veces, una vez cantando el himno nacional, ya hay gente diciendo que hay que defaultear de vuelta. Mientras no dejemos de ser estafadores, siempre vamos a tener la duda», remarcó.

Ricardo Arriazu aseguró que si
Ricardo Arriazu aseguró que si el riesgo país cae por debajo de los 500 puntos, Argentina volverá al mercado de deuda.

A propósito del resultado de las elecciones, remarcó que en la previa el oficialismo tenía que impedir a toda costa que se mueva el tipo de cambio ya que, si escalaba, “perdía por paliza”. “Ahora consiguió el tercio en ambas cámaras. Ahora está obligado a negociar y tiene oportunidad de hacer las reformas estructurales. Eso impactó antes y después en los mercados. El riesgo país bajó a 600 puntos y subieron las acciones. Pero el dólar, todavía no”, sumó.

“Las dudas del mercado eran si el Gobierno podía aguantar una corrida y si podía pagar los vencimientos de deuda. Desde el ’80 para acá, Argentina tuvo 20 años de crecimientos negativo. Todo asociado a una crisis de balanza de pago donde la gente con miedo saca capitales, digamos, vende los pesos y compra dólares. Solamente eliminando los años negativos, Argentina duplica su tasa de crecimiento. Y siempre ganaron la pulseada. ¿Podía el Gobierno ganar? Sí, con el agua hasta el cuello y con el alto costo. ¿Valía la pena? Definitivamente sí. Si no gana el Gobierno, vamos a tener una corrida el otro año y van a estar permanentemente presionando. En el medio, llegó la caballería», acotó.

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Por otra parte, el economista volvió a declararse “enemigo” de las bandas cambiarias: “Argentina es un país bimonetario. El peso lo usamos para pequeñas transacciones, impuestos y salarios. Todo el resto lo hacemos en dólares. Cuando el dólar se mueve, todo tiembla. Cuando sube, la gente compra hasta que cree que el overshooting es enorme. Estoy en contra de todos mis colegas en este tema».

“En la etapa de noviembre de 2024 a febrero de 2025, el riesgo país cayó a 600, la economia creció al 11%, compramos USD 25.000 millones de reservas y la inflación se cayó como un piano. Desde que pusieron las bandas, no compraron un dólar, se paralizó la actividad económica, subió el riesgo país y la inflación, en el mejor de los casos, la calculo en 28%. Que alguien me explique dónde está la ventaja, yo no la puedo entender”, lanzó.

Arriazu centró su diagnóstico en las inconsistencias de la política cambiaria. Señaló que la flotación libre no puede convivir con la compra sistemática de reservas por parte del Banco Central. De acuerdo con sus palabras, “flotación libre es inconsistente con la compra de reservas”. El economista interpretó que en el actual debate se esconde una búsqueda de devaluar. “En el fondo, lo que quieren es devaluar”, explicó, y cuestionó esa preferencia como salida de fondo para la economía.

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Al repasar el historial nacional en materia de devaluaciones, Arriazu subrayó que la estrategia resultó ineficaz para resolver los problemas macroeconómicos. “La devaluación no cambia nada”, sostuvo, y puntualizó: “Argentina es el segundo país con mayores devaluaciones acumuladas. No solucionó ningún problema”. Su planteo remarcó la importancia de atacar los factores estructurales que inciden en la competitividad: “Bajar el costo argentino, todas las cosas que me hacen no competitivo”.

Respecto al contexto financiero internacional y las fuentes de respaldo utilizadas por el Gobierno, Arriazu describió los instrumentos en uso: “Llegó la caballería. Tiene varios componentes: el swap. Es un intercambio de monedas. Ya tenemos uno con China y con Basilea. El primero es un asiento contable. Ellos se llevan pesos y nos dan yuanes. Solamente se puede usar si ellos lo permiten y para pagar importaciones. El resto es contable”.

Bajo su perspectiva, la situación cambia con los acuerdos alcanzados con Estados Unidos. “Con el swap con EEUU, Argentina lo usa cuando quiera y cómo quiera. Si lo quiere usar para pagar deuda, lo usa. Si lo quiere usar para intervenir el mercado, lo usa. Adicionalmente, Estados Unidos intervino en los mercados cambiarios”.

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Ricardo Arriazu aseguró que si
Ricardo Arriazu aseguró que si el riesgo país cae por debajo de los 500 puntos, Argentina volverá al mercado de deuda

El consultor económico planteó un escenario adverso si el dólar escalara de forma abrupta. “¿Qué pasaría si se va a $3.000? La idea de que no hay traspaso a precios es mentira. La inflación subiría a lo loco y Milei perdería”, reflexionó. Según su repaso histórico, “cada vez que subió el tipo de cambio, hubo una crisis política. Salen los capitales y se va todo al demonio”.

Para el disertante, el Gobierno solo maneja el tipo de cambio nominal. “Cada vez que subió, la actividad económica cayó. Una devaluación es un impuesto que baja el valor de los pesos: produce recesión y baja las importaciones. No produce lo que la gente dice”, sostuvo, y matizó: “Eso no quiere decir que no haya un cambio de competitividad, pero acá estamos hablando de la macroeconomía”.

En su evaluación de la deuda y la percepción internacional de la solvencia local, Ricardo Arriazu remarcó: “Mi cálculo es que el riesgo país va a caer por debajo de 500 y que va a volver al mercado de capitales”. Indicó que los peores elementos para el sector externo ya pasaron, salvo la falta de confianza, y explicó la importancia de “ganar la pulseada”: “Por eso es tan importante ganar la pulseada”.

El análisis sobre el mercado cambiario giró en torno a la conducta de los tenedores de pesos y dólares. “Hay una compra de dólares de los argentinos porque ‘se me antoja’. La gente necesita pesos para eso. Si no emiten, la cantidad de pesos cae y la tasa de interés vuela por las nubes. Ahí tienen la explicación de lo que pasó en los últimos meses. Si todo se mantiene calmo, esto se tiene que dar vuelta”, sostuvo, al exponer el vínculo entre base monetaria disponible, tasa de interés y presión sobre la divisa norteamericana.

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Al cierre, Arriazu puso el énfasis en el rol de la confianza y su reflejo instantáneo en la economía local. “No hay manera de reactivar la economía a menos que se dé vuelta la confianza. El clima va a ser mejor el año que viene y si se da vuelta el mercado cambiario, claramente la economía se expande. ¿Cuándo? En cuanto se dé vuelta, es instantáneo”, cerró.

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ECONOMIA

El dólar se desploma, pero Caputo teme que si acelera su ritmo de compras «sobren» demasiados pesos

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En Argentina, los economistas nunca se aburren. Durante el último feriado largo, uno de los temas de discusión fue si Luis Caputo había tenido razón cuando en julio del año pasado «toreó» al mercado con la célebre frase: «Comprá, campeón, no te la pierdas».

Obviamente es una discusión de acuerdo imposible, porque el resultado depende de si se hace la medición «punta a punta» o si se considera la volatilidad ocurrida en más de siete meses. En el primer caso, las cifras le dan la razón al ministro, porque quien compró en julio y guardó los billetes bajo el colchón, tuvieron una leve pérdida frente a la inflación y una gran pérdida frente a la tasa de interés de los bonos en pesos. Pero claro, en el medio hubo una «montaña rusa» en la cotización.

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Es por eso que los economistas que criticaban a Caputo recuerdan que hasta las elecciones, el dólar había subido un 30%, lo cual superaba cualquier cobertura en pesos. Es el caso de Christian Buteler, que reprocha a sus colegas que ahora celebran el desplome del tipo de cambio.

«En Argentina, la estabilidad monetaria es de una inestabilidad al que no admite triunfalismo, prometer un crawling peg fijo o negarse a acumular reservas», sostuvo en una polémica con Federico Domínguez, quien reivindica al equipo económico del gobierno: «Apostar contra el superávit fiscal y una política monetaia de sesgo contractivo sale caro, aun teniendo en el medio un Congreso queriendo romper el orden fiscal, la elección en la provincia de Buenos Aires y una fenomenal caída de la demanda de dinero».

Pero la polémica va más allá de una simple batalla de egos respecto de quién tuvo razón cuando Caputo lanzó su provocadora frase. En el fondo, lo que sigue en discusión es cómo debe interpretarse el momento actual: si como la consecución de una estabilidad de largo plazo, basada en la confianza; o si se trata apenas de una calma pasajera, el preludio de una nueva corrección devaluatoria.

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Y parte de ese debate se centra en si el gobierno debe presionar para que el dólar vuelva a su nivel de $1.450 de hace dos semanas o si debe asumir una actitud pasiva y ver cómo quiebra el piso psicológico de $1.400.

El techo, cada vez más lejos

Quienes defienden la intervención oficial sostienen que el Banco Central debería aprovechar este momento para transformarse en una «aspiradora de dólares». Por cierto, no es que la entidad dirigida por Santiago Bausili no lo haya hecho: en la semana previa al feriado de Carnaval adquirió u$s615 millones, con lo cual acumula $2.245 millones en lo que va del año.

Pero la cuestión de las reservas -que en otro momento fue el centro de la discusión- ya pasó a segundo plano. Lo que preocupa a varios analistas del mercado es que la fuerza del desplome termine generando más nerviosismo que calma. Con un dólar debajo de los $1.400, la facción que defiende el discurso del retraso cambiario tendrá más argumentos, y los ahorristas minoritarios -que bajaron notablemente su demanda de dólares tras las elecciones- podrían verse tentados a «comprar barato».

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Explicado más técnicamente, la preocupación reside en la distancia creciente que muestra el dólar respecto del techo de la banda de flotación, que ahora se mueve más rápido, porque toma como referencia a la inflación pasada.

Esto implica que, en marzo, ese límite superior se deslizará un 2,9% -que fue el sorpresivo IPC de enero-. Hablando en plata, pasará del actual techo de $1.600 a un nuevo nivel de $1.645 para fines de marzo.

Para muchos operadores del mercado de cambios, la ansiedad aumenta en forma directamente proporcional a la distancia entre el dólar y el techo de la banda. A inicios de año, cuando el tipo de cambio llegó a $1.470, el techo quedaba a una distancia de 2,7%. Hoy esa brecha se agrandó al 14,6%. Y si el dólar se mantuviera inmóvil hasta fines de marzo, la distancia respecto del techo se alargaría hasta un 17%.

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Así, el potencial de volatilidad cambiaria es alto. Los más temerosos apuntan a que basta una mala señal del mercado -un impacto externo, como un súbito fortalecimiento del dólar que provoque una devaluación regional, por ejemplo-, para que el humor de los inversores cambie y quiera refugiarse en el billete verde.

¿Puede seguir la ola verde?

En ese caso, no sólo se generaría una volatilidad de la economía -con posible repercusión sobre los precios- sino que, además, se le haría difícil al BCRA seguir comprando reservas en un contexto de corrida.

Básicamente, quienes aconsejan que el BCRA sea una aspiradora apuntan a que las condiciones actuales del mercado pueden ser excepcionales y de corta duración, porque la abundancia de dólares que está llevando a la caída de la cotización responde, en el fondo, a la ola de emisión de deuda privada. Según la estimación de Salvador Vitelli, desde las elecciones hasta mediados de febrero, hubo un ingreso de u$s10.200 millones, de los cuales unos u$s8.000 millones corresponde a Obligaciones Negociables del sector corporativo y el resto a emisión de bonos deuda provinciales.

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Los más optimistas se entusiasman con que esta tendencia continuará y que, además, habrá una «lluvia verde» adicional en el segundo trimestre, gracias a la buena campaña de la soja y a las cifras récord que está mostrando la cuenca petrolera de Vaca Muerta.

Pero del otro lado también hay argumentos para moderar el entusiasmo. Sobre todo, el hecho de que al Tesoro le sigue esperando un exigente calendario de pagos – unos u$s18.000 millones hasta fin de año, con un vencimiento fuerte a mediados de año-, y que Caputo ha recibido malas señales a la hora de tantear el mercado global de crédito.

Un mercado poco amigable

No por casualidad, el ministro ha declarado su intención de mantenerse «menos dependiente de Wall Street». En su intento más reciente, obtuvo un préstamo en modalidad «repo», por u$s3.000 millones a un año, por el cual tuvo que pagar un adicional de 400 puntos sobre la tasa de referencia. Eso da un total de 7,4% en tasa anualizada.

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Es una buena tasa si se la compara con la que Caputo había obtenido hace un año, cuando pagó 8,8% por otro «repo». Pero debe tenerse en cuenta que las condiciones para un préstamo de ese tipo no son iguales que para la emisión de un bono. Lo que quiere Caputo es que le presten los fondos de inversión, y que no deba dejar garantías.

No ocurre eso desde enero de 2018, cuando siendo ministro de Finanzas de Mauricio Macri sorprendió al colocar un título por u$s9.000 millones, dividido en tramos de cinco, 10 y 30 años, con tasas de entre 4,65% y 6,95%.

Claro, en aquel momento el riesgo país argentino se encontraba en 350 puntos, que aunque superaba el promedio latinoamericano era considerado un lujo en el mercado argentino. Hoy, con un riesgo de 500 puntos, Caputo difícilmente obtendría dólares por menos de 9%.

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Pateando vencimientos

En definitiva, para que la estabilidad del plan continúe, el ministro necesita que el sector privado siga vendiendo dólares y colocándose en títulos en pesos.

Por eso, Caputo está mostrando una cautela extrema a la hora de emitir pesos. Ya en la última licitación del Tesoro no se limitó a «rollear» la deuda que vencía, sino que absorbió un adicional de $1,7 billones.

Y el miércoles renovó bonos «dólar linked» por el equivalente a u$s1.555 millones -unos $2,1 billones- y «pateó» los vencimientos hasta abril.

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El mensaje es claro: por más que en el discurso oficial se hable de un alza en la demanda de dinero por parte del público, el ministro no está dispuesto a correr el riesgo de dejar pesos «excedentes» que puedan correr contra el dólar. Y si el BCRA saliera a «aspirar», como le piden en el mercado, para llevar el tipo de cambio otra vez cerca de $1.450, eso implicaría inyectar más pesos.

Es con ese tema en mente que economistas ortodoxos como Domingo Cavallo han advertido sobre el riesgo de apostar todo al «carry trade» que exige tasas altas y enfría la economía.

De manera que se plantea un dilema: si se deja caer mucho la cotización, el mercado puede tentarse y comprar dólares; pero si se lo empuja al alza con compras del BCRA, puede haber un incómodo excedente de pesos que sólo se neutralizaría con más deuda del Tesoro.

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ECONOMIA

Santa Fe sumó USD 800 millones a las reservas del BCRA: cuánto perdió la provincia por esperar para ingresar los dólares

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Existieron cruces entre el ministro de Economía, Luis Caputo, y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro por el giro de los USD 800 millones.

Las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA) superaron los USD 46.000 millones tras el ingreso de los USD 800 millones provenientes de la colocación de deuda de la provincia de Santa Fe en los mercados internacionales, concretada en diciembre. El salto registrado el viernes se explica por la transferencia de estos fondos al país y su administración por parte del Banco de Santa Fe, agente financiero provincial, lo que abre interrogantes sobre el impacto efectivo y el costo que tuvo para Santa Fe la demora en traer los dólares al sistema financiero local.

En lo que va de 2026, el BCRA acumuló compras netas por USD 2.500 millones, alcanzando el nivel más alto de reservas en más de seis años. Sin embargo, este desempeño estuvo directamente influido por la operación de financiamiento externo realizada por Santa Fe. Según fuentes oficiales de la provincia, “los USD 800 millones que se colocaron, que estaban en una cuenta en Nueva York, se trajeron a la Argentina y los administra el agente financiero de la provincia, que es el Banco de Santa Fe, privatizado a mediados de los 90. Por el encaje del banco, aumentaron las reservas internacionales, y a medida que avancen y se certifiquen obras, se irán utilizando los dólares, tal como dispuso el gobernador”.

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La demora en el ingreso de los fondos, que permanecieron más de dos meses en el exterior antes de ser transferidos, implicó una pérdida financiera para Santa Fe debido al diferencial de tasas y a la evolución del tipo de cambio en ese período. Según analistas consultados por Infobae, el costo de oportunidad se explica porque los dólares depositados en una cuenta en Nueva York generaron un rendimiento menor al que hubieran obtenido si se hubiesen convertido y colocado en el sistema local al momento de la colocación del bono. Además, la variación del tipo de cambio oficial en ese lapso podría haber reducido el poder de compra de esos fondos en pesos para la ejecución de obras públicas.

Si se hace la comparativa en el escenario en que Santa Fe hubiera liquidado los USD 800 millones el 10 de diciembre pasado, cuando colocó el bono en Nueva York y el tipo de cambio estaba en $1.430, hubiera obtenido $ 1,14 billones. Mientras que en el escenario actual, donde la cotización del mayorista está en valores mínimos ($ 1.367), la cifra baja a $1,09 billones y esa pérdida por supuesta especulación es la que le recrimina el Gobierno a la provincia.

En lo que va de
En lo que va de la fase 4 del programa económico, el Banco Central compró USD 2.400 millones.

Días atrás fue el propio ministro de Economía, Luis Caputo, previo a que se produzca la baja abrupta en la cotización mayorista, a quien se refirió a la situación de Santa Fe. “Te corrijo. Son casi $120.000 millones en dos meses. Una lástima y una especulación sin sentido, ya que sus gastos son en pesos y le hubiera ahorrado toda esa fortuna de plata a los santafesinos”, escribió en la red social X en respuesta a un usuario que afirmaba que el costo fue de 50.000 millones de pesos.

Según estimaciones privadas, si en vez de dejar los fondos en dólares se hubieran invertido en un plazo fijo, el rendimiento habría alcanzado un 12,8% y la gobernación santafecina habría obtenido un “costo de oportunidad” de 102,1 millones de dólares. Si la opción elegida hubiese sido una Lecap, el retorno habría sido de 11,9%, con una diferencia de 95,3 millones de dólares.

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En pesos, la pérdida total estimada ronda los $139.928 millones si se hubiera colocado a tasa Tamar. De ese monto, $61.200 millones corresponden a baja del dólar y el resto al rendimiento en pesos que podría haber percibido la provincia. Además, el distrito habría perdido $130.608 millones en caso de haber invertido en Lecap, bajo las mencionadas mediciones.

El impacto inmediato sobre las reservas internacionales se debió al mecanismo de encaje que rige sobre los depósitos en moneda extranjera. Según una fuente consultada en off the record, la liquidación de divisas del sector público puede diferir de la normativa aplicable a empresas privadas. “En principio, la provincia debería liquidar esos dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) para recomprarlos luego y cancelar el pago de intereses y capital. En el caso de las empresas, existe un plazo de hasta seis meses para liquidar esas divisas, pero para los gobiernos provinciales no es tan claro. El plazo probablemente esté dado por el pago de intereses del bono: antes del primer pago deberán liquidar esos dólares en el MULC o no volverán a tener acceso al mismo. No creo que puedan comprar dólares MEP/CCL”, indicó la fuente.

Sebastián Menescaldi, director de Eco Go, explicó: “Ahora esos dólares entraron en el sistema. Cuando sean utilizados, pasarán de un depósito de la provincia a otro agente. No necesariamente afecta las reservas, salvo que quien los reciba los envíe al exterior”. Esta precisión es clave: la permanencia de los fondos dentro del circuito bancario local no implica una reducción inmediata de las reservas, salvo que se destinen a pagos externos o transferencias fuera del país.

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Que se mantengan en USD
Que se mantengan en USD 46.000 millones las reservas internacionales brutas depende de que no se pague deuda externa con los USD 800 millones.

Por su parte, Fausto Spotorno, director de la consultora OJ Ferreres, agregó: “No tiene por qué liquidarlo, porque está transfiriendo una cuenta propia a otra cuenta propia. Si los usa para pagar vencimientos de deuda externa, ahí sí se pierden reservas porque son pagos al exterior en dólares. Si vende para obra pública localmente, no necesariamente se pierden reservas, porque los vende en el mercado y los pueden comprar individuos que los dejan en su banco. Simplemente los dólares pasan de la cuenta del Banco Santa Fe a otra cuenta bancaria”.

Las perspectivas delineadas por los especialistas consultados por Infobae muestran que la evolución de las reservas dependerá del destino final de los fondos. Si se utilizan para cancelar compromisos externos, habrá una reducción directa de reservas; si se emplean en pagos internos, los fondos permanecerán en el sistema financiero y seguirán computando como reservas internacionales.

Fuentes oficiales de Santa Fe detallaron que la transferencia de los USD 800 millones y su depósito en el Banco de Santa Fe respondieron a una estrategia definida por el gobernador. Los dólares se emplearán de acuerdo al avance de las obras públicas y las certificaciones correspondientes, manteniéndose en el sistema bancario hasta que surjan obligaciones externas o se liquiden en el mercado local.

El análisis sobre plazos de liquidación y restricciones normativas en el acceso al MLC es central. La fuente en off the record remarcó que los gobiernos locales podrían tener reglas de mayor flexibilidad que las empresas privadas, siempre en el marco de los cronogramas previstos para pagos de intereses y capital de los bonos emitidos.

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El rol del Banco Central en la operatoria ha sido objeto de atención entre los analistas. La acumulación de reservas responde tanto al ingreso de fondos externos como a la gestión de los encajes bancarios y las operaciones en el mercado cambiario. El saldo alcanzado constituye el máximo de los últimos años y una referencia clave para el seguimiento de la estabilidad financiera nacional.

La duración y sostenibilidad de este nivel de reservas depende del ritmo de ejecución de las obras financiadas con los dólares de Santa Fe, la dinámica de pagos externos y las decisiones de política económica que adopten tanto la administración provincial como las autoridades nacionales.



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Abrió un mega feedlot en Argentina: sacará a faena 200.000 animales por año

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En el partido de General Pinto, sobre la ruta 188 y en las cercanías de Coronel Granada, comenzó a operar un establecimiento que promete convertirse en referencia dentro del sistema de engorde a corral argentino, ergo de la ganadería nacional.

El nuevo complejo, desarrollado por la familia Dorronzoro, se suma a la estructura ya operativa en Lincoln y configura un esquema integrado que, cuando alcance su ritmo pleno, alojará unas 70.000 cabezas bovinas en simultáneo y permitirá sacar a faena alrededor de 200.000 animales por año.

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Para Marcos Dorronzoro, productor agropecuario y responsable del proyecto, la dimensión final del emprendimiento incluso superó la idea original. «Como cualquier dibujo, arrancamos pensando una cosa y terminamos haciendo un feedlot para unas cincuenta mil cabezas«, explica sobre la unidad ubicada en General Pinto, que agrega escala al establecimiento familiar de El Porvenir, donde ya funcionan corrales para 20.000 animales.

La historia detrás del crecimiento responde a un proceso de reconversión progresiva. La empresa familiar, hoy en su tercera generación, operó durante décadas como un establecimiento agrícola-ganadero tradicional. Cuando Dorronzoro se incorporó a la administración en 2018, el esquema incluía agricultura, cría y algo de recría.

El origen del feedlot que será uno de los más grandes de Argentina

La caída del precio de la soja y el mejor desempeño de la ganadería en aquellos años impulsaron el primer cambio estratégico, que se basó en el desarrollo de recrías capitalizadas. La demanda creció rápidamente y el sistema llegó a movilizar unas 12.000 cabezas anuales. Con el tiempo, los clientes comenzaron a solicitar la terminación de los animales, y así nació el engorde a corral.

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En plena zona maicera y sojera, aprovecha la logística del grano para reducir el costo

Desde entonces, el feedlot original fue ampliándose módulo por módulo hasta alcanzar las 20.000 cabezas actuales. El crecimiento sostenido de la demanda y la necesidad de mejorar eficiencia impulsaron en 2024 la decisión de adquirir un campo agrícola de 330 hectáreas en General Pinto para desarrollar un complejo de escala industrial. La obra demandó un año completo de trabajo intensivo. «Compramos un campo pelado. Hubo que llevar la luz, hacer caminos, oficinas, galpones, mangas, balanza… todo desde cero», describe.

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La inspiración y la calidad del nuevo establecimiento

El establecimiento fue concebido bajo parámetros de diseño inspirados en modelos estadounidenses, con foco en durabilidad, eficiencia operativa y bienestar animal. El primer módulo comenzó a operar recientemente y el resto se habilitará de manera progresiva hasta completar la capacidad total entre abril y mayo. «El mayor tiempo de obra fue toda la estructura. Para abrir el primer módulo ya tenés que tener todo funcionando», señala.

La infraestructura responde a una lógica técnica precisa. El movimiento de suelos fue diseñado para asegurar pendientes eficientes y evitar el barro, considerado el principal enemigo operativo en la región. Los corrales se construyen con cañería soldada en lugar de alambrado convencional, los sectores de alimentación cuentan con amplias superficies de hormigón y el patio de comidas fue íntegramente hormigonado para garantizar condiciones sanitarias y operativas óptimas.

Además, el sistema incorpora riego para el control ambiental durante el verano y un esquema integral de manejo animal que prioriza la fluidez del trabajo diario. «Hicimos dos viajes a Estados Unidos para ver modelos y fuimos copiando lo mejor. La estructura está pensada para durar y funcionar», afirma.

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La ubicación del complejo es parte central del modelo económico

El desafío y las oportunidades de la logística

La ubicación del complejo es parte central del modelo económico. En plena zona maicera y sojera, a más de 350 kilómetros del puerto de Rosario, el establecimiento aprovecha el diferencial logístico del grano para reducir el costo alimenticio, principal componente del gasto operativo. «El maíz representa hasta el 80% de la dieta. Ese contra flete nos permite lograr un costo de alimento muy competitivo», explica Dorronzoro, convencido de que la eficiencia comienza en la localización.

Este nuevo mega feedlot no funciona de manera aislada. Forma parte de un sistema integrado que incluye recría a campo, capitalización de vientres, engorde intensivo y producción agrícola sobre unas 8.000 hectáreas en la zona. A este esquema se suma una nueva unidad logística destinada a transportar granos y hacienda, con el objetivo de reducir costos y mejorar la eficiencia operativa. El volumen diario previsto ilustra la escala del emprendimiento, ya que cerca de 1.000 toneladas de alimento deberán ser movilizadas cada día para sostener la operación plena.

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El contexto ganadero

El crecimiento del engorde a corral responde a transformaciones profundas en la cadena de la carne. Según Dorronzoro, la demanda proviene cada vez más de frigoríficos exportadores que necesitan animales homogéneos, pesados y con calidad constante. «La industria está demandando cada vez más engorde a corral», asegura. En ese contexto, los ciclos de terminación se extendieron, los esquemas tradicionales de 90 días fueron reemplazados por engordes de entre 120 y 180 días, necesarios para alcanzar los estándares de calidad requeridos por los mercados internacionales.

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Cerca de 1.000 toneladas de alimento deberán ser movilizadas cada día para sostener la operación

Con Estados Unidos y Europa como nuevos mercados demandantes, sumado a una recomposición de precios para los productores ganaderos, el sector productor de carne bovina actualmente vive una situación muy favorable, que se materializa en las pizarras de precios.

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El establecimiento Don Juan, propiedad de los hermanos Marcos y Luciano Dorronzoro, trabaja mayormente con animales destinados a exportación, donde el marmoleo y la terminación adquieren relevancia creciente. La apertura de mercados y las cuotas internacionales representan oportunidades, aunque el empresario mantiene una mirada prudente. «Cualquier mercado que se abra suma, pero los valores actuales en dólares son muy altos y no sabemos cuánto se sostendrán», advierte Marcos.

A la cabeza en tamaño y calidad

Cuando el complejo esté completamente operativo, se ubicará entre los feedlots más grandes del país en capacidad de hotelería. Sin embargo, Dorronzoro insiste en que el objetivo no es el ranking sino la calidad del sistema. «A nivel capacidad estaremos entre los más grandes. A nivel calidad, queremos estar primeros«, afirma.

En una región históricamente dominada por la agricultura, la puesta en marcha de este complejo representa algo más que una inversión ganadera. Expresa un cambio de paradigma productivo donde se ven sistemas integrados, intensivos y tecnificados que buscan capturar valor en origen y responder a una demanda global cada vez más exigente.

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