ECONOMIA
Súper miércoles: qué está en juego en la billonaria subasta de deuda de mañana y por qué es clave para el plan del Gobierno

La jornada de mañana presenta una licitación de deuda por varios billones de pesos que concentra la atención de inversores, bancos y analistas. El volumen de vencimientos en juego y los movimientos recientes del Banco Central (BCRA) establecen un escenario de múltiples aristas, donde cada decisión puede impactar sobre la política monetaria, el mercado de crédito y el equilibrio cambiario.
En esta ocasión, el desafío consiste en administrar una operación por un monto cercano a $14,6 billones, con compromisos especialmente concentrados en instrumentos de corto y mediano plazo. La expectativa de éxito domina el clima en la plaza financiera, pero el contexto demanda un manejo cuidadoso de las herramientas disponibles.
El Tesoro nacional debe sortear una situación que combina exigencia y restricciones. Por un lado, la liquidez disponible en las cuentas oficiales cayó en las últimas semanas y ronda los $4,4 billones, mientras los vencimientos a renovar cuadruplican esa cifra: dicho de otro modo, si el refinanciamiento fuera nulo -algo para nada probable- el fisco no tendría los pesos para pagar los vencimientos. El menú de instrumentos busca captar la mayor cantidad posible de fondos de mercado, con alternativas que abarcan títulos ajustados por inflación (CER), tasa fija, dólar linked y la tasa variable vinculada a la TAMAR.
La cuestión central reside en renovar la mayor proporción posible de compromisos sin sacrificar el objetivo de apuntalar la actividad a través de mayor liquidez. Hasta las jornadas recientes, el BCRA adoptó una postura de alivio monetario que incluyó una reducción en la tasa de interés de las operaciones de simultáneas, que pasó del 22% anual nominal al 20%, y una disminución en la exigencia de encajes para bancos. A partir del 1° de diciembre, la exigencia adicional de 3,5 puntos porcentuales para depósitos a la vista dejará de existir y los bancos podrán integrar parte de sus encajes con títulos públicos. Esta combinación, según estimaciones de los agentes del mercado, liberará cerca de 2 billones de pesos que tenderán a satisfacer el incremento estacional de la demanda de dinero característico de diciembre, asociado al pago de aguinaldos y el alza en el consumo.
El ajuste de los encajes, junto con la menor presión sobre las tasas cortas, actuó como catalizador para una mayor demanda de títulos públicos. En la última semana, los bonos vinculados al dólar subieron 2,1% y los bonos CER avanzaron 0,7%, mientras los instrumentos a tasa fija se movieron de manera más moderada. La curva de rendimientos en pesos refleja un mercado que busca refugio ante el posible impacto de la inflación y otros riesgos financieros.
El menú de instrumentos que el Tesoro pondrá a disposición se caracteriza por su amplitud pero con limitadas opciones de muy corto plazo. En el segmento a tasa fija en pesos se reabrirán varias letras y bonos con vencimientos que van desde el primer trimestre de 2026 hasta abril de 2027. El tramo ajustado por inflación incluirá nuevas emisiones y reaperturas de letras y bonos, así como la reaparición de las LECER (letras ajustadas por CER), una opción esperada después de varios meses. Además, el gobierno ofrecerá instrumentos dollar-linked y atados a la tasa TAMAR.
El Tesoro apunta a captar la mayor cantidad de fondos posible del sector privado y bancario para cubrir los vencimientos y evitar una salida abrupta de dinero de sus reservas disponibles. Según Martín Polo, economista de Cohen, la expectativa es que se logre renovar “todos o casi todos los vencimientos” de esta semana. Polo explica que la baja de encajes decidida recientemente por el BCRA inyectará unos 2 billones de pesos, lo que puede abastecer la mayor demanda estacional de pesos y, a la vez, favorecer la demanda por instrumentos del Tesoro, ya que los bancos encontrarán atractiva la integración de encajes con títulos públicos.
Las mesas del sector financiero extienden este diagnóstico. En One618 también prevén un resultado positivo, ya que la liquidez adicional fortalece el apetito por la deuda en pesos en un contexto donde la baja de tasas impulsó el precio de los bonos y acercó los rendimientos a niveles que equilibran el riesgo de inflación con la necesidad de tasas reales positivas.
A pesar de las medidas de alivio, el margen del Tesoro para desafectar fondos propios sin comprometer su política macroeconómica es acotado. El saldo en las cuentas oficiales en el BCRA no alcanza para cubrir la totalidad de los compromisos, lo que obliga a maximizar el rollover, es decir, la renovación de los títulos por parte de quienes ya los poseen. La información disponible sobre la liquidez en bancos comerciales presenta falta de transparencia y cierta dispersión de estimaciones, que oscilan entre 10 y 15 billones de pesos según fuentes del mercado, aunque se reconoce que parte de esos recursos solo cubren necesidades operativas y no necesariamente están disponibles para participar en la subasta.
El respaldo que ofrecen las recientes flexibilizaciones resulta relevante, pero los analistas advierten que el espacio para continuar relajando es limitado. Un informe de PPI resalta que el proceso de reducción de tasas y remonetización ya se acercó a un punto de agotamiento: la liquidez abundante y mejores perspectivas impulsaron los precios de los bonos y desplomaron las tasas, pero el margen para seguir en este sendero podría verse presionado por una demanda de dinero estacional creciente y el limitado stock de fondos del Tesoro.
Por otro lado, la base monetaria ampliada producto de la baja de encajes requiere una administración atenta para evitar desbordes que puedan volcarse sobre el mercado cambiario. Desde que se realizó la última elección en octubre, el tipo de cambio paralelo mantuvo cierta estabilidad, aunque permanece cerca del techo de la banda, lo que implica que cualquier movimiento excesivo por la vía de la emisión puede alterar la calma relativa alcanzada en los últimos meses.
Juan Manuel Truffa, economista de Outlier, remarca que “el Tesoro tiene que hacer frente en diciembre a pago de aguinaldos; es un momento en el cual esencialmente tiende a ser deficitario”. Truffa señala que, si bien la baja de encajes puede tener un impacto menor al proyectado originalmente, el punto crítico radica en lograr un buen nivel de renovación de deuda sin liberar una cantidad de pesos que provoque tensiones en el mercado cambiario: “En la licitación hay que tratar de rollear todo para que no queden pesos sueltos, que te puedan armar problemas en el tipo de cambio”.
La estrategia se concentra, entonces, en buscar un balance adecuado: ofrecer tasas lo suficientemente atractivas para lograr altos niveles de rollover, sin endurecer en exceso las condiciones monetarias y sin liberar liquidez que no encuentre contrapartida en la demanda real de dinero. La ventana de oportunidad que brinda el aumento estacional del apetito por pesos en diciembre debe aprovecharse, aunque persiste el reto de evitar que la mayor circulación derive en presiones sobre el dólar.
En el diseño de la oferta oficial, la inclusión de títulos ajustados por inflación, dolarizados y a tasa variable busca atraer tanto a inversores que privilegian la cobertura frente a la inflación como a quienes buscan posicionarse en moneda local por motivos transaccionales o de cartera.
Pese al cúmulo de condicionantes y a lo desafiante del monto, el clima entre los operadores es mayormente optimista. Tanto en Cohen como en One618 y en otras consultoras la expectativa gira en torno a una renovación casi total de los vencimientos. Este consenso se apoya en la combinación de liquidez adicional por la baja de encajes, menú variado de activos y tasas suficientemente atractivas para compensar riesgos.
Al mismo tiempo, las expectativas sobre la inflación implícita en las curvas de bonos, que se ubican en torno al 1,7% mensual, marcan un nivel considerado bajo por algunas mesas de dinero, pero muestran que el mercado sostiene una confianza renovada en la capacidad del Tesoro para sostener el rollover y evitar un salto abrupto en el precio del dólar.
El resultado de la licitación servirá como termómetro de la capacidad oficial para administrar las tensiones entre emitir, generar crédito y mantener controlado el frente cambiario. El día después ofrecerá, además, nuevas pistas sobre hasta dónde llegan los márgenes del actual esquema de política monetaria y fiscal.
ECONOMIA
El Consejo Superior del Trabajo de El Salvador avanza en anteproyecto para formalizar economía

El Consejo Superior del Trabajo (CST) de El Salvador confirmó que avanza en la elaboración del anteproyecto legal para facilitar la transición de la economía informal, que representa 70% de la fuerza laboral, a la formalidad.
El ministro de Trabajo y presidente del CST, Rolando Castro, informó este domingo, a través de su cuenta en X que: “El Consejo Superior del Trabajo avanza firmemente en la elaboración del anteproyecto sobre la transición de la economía informal a la formalidad. Estamos afinando la parte legal para firmarlo como CST y remitirlo al Presidente para su análisis”.
Actualmente, el organismo concentra sus esfuerzos en perfeccionar el marco legal de la propuesta, con el objetivo de firmarla en el seno del CST y transmitirla al Presidente de la República para su estudio. Este anuncio ocurre en el marco de las acciones permanentes del Consejo encaminadas a la formalización laboral y a la mejora de las condiciones de empleo en El Salvador.
El Consejo Superior del Trabajo, conformado por representantes del gobierno, trabajadores y empleadores, ha subrayado en los últimos meses su énfasis en el diálogo social y la cooperación intersectorial para impulsar propuestas orientadas a la formalización del empleo y al fortalecimiento del mercado laboral salvadoreño. En comunicados recientes, el CST ha afirmado que prioriza acciones para responder a las demandas de la población trabajadora y consolidar un mercado laboral más inclusivo.

La economía informal representa cerca del 70% de la fuerza laboral en El Salvador, según datos de organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Este dato exhibe la dimensión de la iniciativa liderada por Castro y el CST.
El CST se instaló el 27 de agosto de 2025 y en este ámbito tripartito se han comenzado a definir mecanismos y acuerdos con la participación de representantes de empleadores y trabajadores, así como con el aporte de expertos. El objetivo central es incentivar la regularización de actividades económicas mediante incentivos tangibles y regulaciones adaptadas a la realidad de los emprendedores.
En ese sentido, el año pasado, Castro anunció una propuesta para exonerar temporalmente de impuestos a pequeños negocios que decidan salir de la informalidad, con el fin de facilitar su crecimiento y promover la formalización del trabajo en El Salvador.
“En la propuesta vamos a plantear al Presidente Bukele una exoneración en el momento transicional que se dé para que las personas no tributen un periodo de tiempo, mientras se estabilizan económicamente. Tenemos aproximadamente un 68 % de economía informal en El Salvador, planeamos hacer una prueba piloto con una cantidad muy significativa que transite y luego cuenten cómo les está yendo, también una estrategia de gradualidad”, indicó el funcionario en septiembre pasado.
Pero en diciembre actualizó esos datos y afirmó que entre el 73% Y EL 74% de las empresas en el país operan en la informalidad. En esa oportunidad, el CST explicó que un micronegocio requiere un aproximado de $1,000 para hacer el trámite de inscripción para formalizar su empresa, por lo que implicaba un escollo para muchos microempresarios.
“Estamos trabajando este tema con aportes de expertos nacionales e internacionales. Nosotros tenemos la Unidad de Investigación del Mercado Laboral, con técnicos de los empleadores y trabajadores”, subrayó Castro el año pasado, respecto al avance del proyecto que deberán presentar a Casa Presidencial.
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ECONOMIA
Qué datos usa ARCA para recategorizar de oficio a monotributistas y por qué el piso de $50 millones mensuales no los protegió

La reciente recategorización de oficio de monotributistas por parte del sistema Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) generó inquietud y consultas masivas en el sector tributario. El foco está puesto en qué movimientos detectó el fisco nacional y cuáles parámetros se activaron para disparar miles de notificaciones. Y el eje del debate gira en torno a los regímenes de información, los umbrales de ingresos y la manera en que las billeteras virtuales informan los movimientos de sus usuarios.
El tributarista Sebastián Domínguez explicó que existen dos regímenes de información distintos, cada uno con sus normas y alcances. El primero corresponde al denominado “Título I” de la Resolución General 4614/2019, que establece la obligación de informar comisiones que cobraron con servicios de gestión de pago electrónico. En este grupo se encuentran las ventas realizadas a través de terminales tipo posnet y los pagos con tarjetas de crédito, débito, compras, links de pago y sistemas QR. Según Domínguez, en estos casos, las entidades informan las comisiones cobradas y las ventas correspondientes a cada usuario.
Por otro lado, el “Título II” abarca un régimen diferente, en el que se deben informar todos los ingresos, egresos y saldos finales al cierre de cada mes, siempre que se cumpla alguna de las tres condiciones clave: ingresos totales iguales o superiores a $50 millones, egresos que alcancen o superen ese mismo monto, o que el saldo final supere el umbral de $50 millones. Estas exigencias aplican únicamente para personas humanas. Domínguez detalló que si ninguna de estas variables supera el piso establecido, no se informa ningún dato adicional. Pero si uno solo de los parámetros se activa, corresponde informar los tres conceptos: ingresos, egresos y saldo final, siempre mes a mes.

Es decir, las billeteras, bancos, tarjetas y otros sujetos obligados ya no informan consumos o saldos debajo de los $50 millones, pero si informan los cobros que hicieron para sus clientes.
La mecánica de estos regímenes cobra relevancia en el contexto de las recategorizaciones de oficio que el fisco realiza mediante controles sistémicos. Según el tributarista, ARCA puede utilizar toda la información que posee en sus sistemas, pero aclaró que en esta oportunidad fue por la información que recibió por el “Titulo I”. Así, las ventas procesadas a través de medios electrónicos —como tarjetas o links de pago— entran en el radar del fisco por el título uno, mientras que transferencias, movimientos por alias o CBU integran el marco del título dos, que, según la interpretación vigente, no se utiliza para recategorizar en estos controles actuales.
La gerente de Lisicki, Litvin & Abelovich, Noelia Girardi, precisó que la Resolución General 4614/2019 establece una diferenciación entre el Título I y el Título II, regulando situaciones y alcances claramente distintos. El límite de $50 millones mensuales para personas humanas —y $30 millones para personas jurídicas— rige exclusivamente para el Título II, que se aplica a los proveedores de servicios de pago (PSP) encargados de administrar cuentas virtuales y billeteras. Ese umbral define a partir de qué montos los usuarios deben ser informados por su saldo, ingresos y egresos totales. Si no se superan esos montos, la información no se reporta bajo ese título.
En cambio, el “Título I” no contempla ningún umbral mínimo. Girardi señaló que este régimen aborda los servicios de procesamiento de pagos electrónicos y comprende a las plataformas que gestionan cobros comerciales mediante tarjeta, débito o QR. Aquí, lo que se reporta es el monto total operado por cada contribuyente y las comisiones cobradas, en directa vinculación con la actividad económica del sujeto. La especialista remarcó que, si una persona cobra tan solo $1 a través de un QR comercial, esa operación ya se encuadra en el Título I y puede ser informada a ARCA, sin importar lo bajo del monto. Lo relevante es la naturaleza del movimiento: si se trata de un cobro comercial procesado electrónicamente, queda abarcado por ese régimen.
Girardi advirtió que, en la práctica, se identificaron casos de contribuyentes que aseguran no haber realizado cobros con tarjeta, débito o QR comercial y, de todos modos, figuran con un monto informado bajo ese encuadre. Esto podría deberse a una incorrecta calificación del movimiento por parte de la plataforma o a una interpretación que asimila transferencias a cobros comerciales. La gerente de Lisicki, Litvin & Abelovich sostuvo que resulta esencial analizar cada situación en particular y verificar qué tipo de operación se reportó efectivamente. En todas las notificaciones revisadas figuraba el Título I, vinculado a QR, y remarcó que es correcto que ese régimen no tenga tope, aunque la mayoría de los monotributistas afirman no operar con QR ni cobran con tarjeta y aún así fueron recategorizados.
Tambien Domínguez advirtió sobre posibles errores en el procesamiento de la información por parte de las billeteras virtuales. Señaló que algunas plataformas podrían haber informado operaciones que no corresponden al Título I, “no por desconocimiento, sino muchas veces por el procesamiento de la información”, dado el volumen de datos involucrados. En este sentido, mencionó que pueden existir problemas en la preparación de los reportes que se entregan a la AFIP para cumplir con los regímenes de información, lo que podría derivar en errores de categorización.
Y otra fuente en off the record apuntó en el mismo sentido. “Aparentemente las plataformas informaron transferencias y movimientos del ‘Título II’ como si fueran del I. Y de ahí las recategorizaciones que se dispararon. Se reunieron con las plataformas para ver qué pasó y como lo pueden arreglar a futuro”, confirmó a Infobae. Este dato refuerza la hipótesis sobre la confusión al informar operaciones, que habría provocado que muchos monotributistas reciban recategorizaciones automáticas que no se ajustan a su verdadera situación fiscal.
Ante este escenario, el tributarista recomendó a monotributistas y comercios revisar cuidadosamente la información sobre cobros (o lo que es lo mismo, los pagos que les hicieron sus clientes) en sus billeteras virtuales, cuentas bancarias y otros medios de pago para saber con qué información cuenta el fisco. El sistema cruza los datos informados de todo el período fiscal 2025, por lo que resulta clave detectar posibles errores en los reportes y, de ser necesario, solicitar la rectificación de las presentaciones. La verificación de los reportes es especialmente relevante para quienes recibieron notificaciones de recategorización, dado que los controles automáticos se sustentan en esas bases de datos.
El procedimiento ante una notificación de recategorización exige a los monotributistas presentar un recurso dentro de los quince días hábiles administrativos. De no hacerlo, la recategorización queda firme y, aunque AFIP puede reevaluar la situación si se aportan datos nuevos, no existe garantía de que el organismo lo haga de manera espontánea. Por este motivo, Domínguez subrayó la importancia de apelar en los casos pertinentes, para evitar que quede consolidada una recategorización basada en datos incorrectos.
La revisión de los datos presentados y la presentación de recursos en tiempo y forma se posicionan como los mecanismos disponibles para quienes consideran que la recategorización realizada por ARCA no refleja su realidad fiscal. El cruce de información, la automatización de los controles y la interpretación de los regímenes continúan alimentando el debate en el universo de los monotributistas y profesionales del ámbito tributario.
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ECONOMIA
Una menor brecha de precios de ropa revela debilidades profundas

La indumentaria en Argentina ha sido históricamente un tema de discusión por la tensión que genera entre los costos para producir y los precios para consumir. No ha sido extraño ver argentinos cruzar la cordillera para comprar ropa, aprovechar unas vacaciones en el exterior para abastecer el armario o, más recientemente, recurrir a la importación directa a través de plataformas digitales, en su mayoría asiáticas.
El debate vuelve a tomar fuerza por un cambio en el contexto: luego de años de restricciones, una mayor apertura comercial y diferentes medidas económicas dejaron al sector expuesto a la competencia externa.
Como punto de partida, se toman datos elaborados por Focus Market, que comparan cuánto cuesta vestir a dos personas (un hombre y una mujer) en 2026 en Argentina frente a países seleccionados, medido en dólares. Para ampliar el análisis, se retoman los datos relevados en 2024 y se reconstruye la evolución de la misma canasta a lo largo de dos años.
La canasta de indumentaria utilizada incluye, para el hombre, una camiseta estampada, jeans de moda, zapatillas urbanas y un perfume de 100 ml EDT; y para la mujer, una blusa o camisa informal, bermuda o short, sandalias, un perfume de 50 ml EDP y un bolso o cartera.
En 2024, un conjunto de prendas y calzado costaba USD 1.049 en Argentina. En 2026, ese mismo conjunto pasó a USD 936, bajó 10,8 por ciento
En 2024, el conjunto de prendas y calzado considerado costaba USD 1.049 en Argentina. En 2026, ese mismo conjunto pasó a USD 936, una disminución del 10,8%. Este descenso se explica principalmente por la apreciación del dólar respecto al peso y por una mayor competencia de la ropa importada.
En el resto de los países los precios se incrementaron: en Chile un 31,3%, Brasil 24,3%, Uruguay 19,6% y en Paraguay 10,1%. Así, vestirse en Argentina sigue costando más (en dólares), pero la distancia respecto de los países vecinos es menor a la de hace dos años, con brechas reducidas en hasta 70 puntos porcentuales, como ocurre respecto a Chile.
La pregunta relevante es por qué se achicó la brecha y allí se abren distintas aristas del debate. El consumidor busca precios razonables y el productor busca evitar quebrar:
- Desde la demanda, la lógica es simple: se comparan los precios y se compra donde el dinero rinda más.
- Del lado de la oferta, se explica que los precios locales responden a la estructura de costos, la carga impositiva, los costos laborales y la litigiosidad, las dificultades de financiamiento y otros factores que afectan la competitividad.
Es conveniente en este punto evitar la lectura de “buenos y malos”, porque ambos agentes describen restricciones reales. No explica el problema por sí solo reducir la discusión a que la apertura comercial es la causa.

La indumentaria era cara con medidas proteccionistas y el sector ya mostraba fragilidades previas. La apertura contribuyó a acelerar tensiones, pero no inventa de cero un esquema de precios altos ni una estructura productiva vulnerable.
El comportamiento de los precios en dólares no se explica únicamente por lo que ocurrió dentro del sector, sino también por la dinámica cambiaria regional. Durante el período considerado, en Chile, Brasil, Uruguay y Paraguay, las monedas locales se apreciaron respecto al dólar, mientras que en Argentina el peso se depreció. Esta diferencia es relevante porque, cuando una moneda se aprecia, los precios expresados en moneda local se traducen a un valor mayor en dólares, aun cuando la inflación interna sea moderada.
Parte del aumento en dólares observado en los países vecinos se debió menos a un salto de precios y más a un tipo de cambio que se movió a favor de sus monedas. Al mismo tiempo, la caída en dólares de la canasta argentina se vio influida por una dinámica inversa y por el efecto de la competencia importada.
Parte del aumento en dólares observado en los países vecinos se debió menos a un salto de precios y más a un tipo de cambio que se movió a favor de sus monedas
Una fuerte señal de la debilidad estructural del sector se observa en los indicadores del nivel de actividad industrial. Según la última publicación disponible de Indec que refleja la utilización de la capacidad instalada, el rubro “Productos textiles” opera a menos de un tercio de su potencial. En noviembre de 2024, el uso de la capacidad instalada era de 48,2%. En el mismo mes de 2025 cayó a 29,2%. Es un desplome de casi 19 puntos porcentuales interanuales.
Cuando una industria trabaja tan por debajo de su capacidad, no es una simple desaceleración, sino una retracción profunda de la producción, con efectos directos sobre los costos unitarios, el empleo y la sostenibilidad empresarial.
En paralelo, los datos ayudan a comprender por qué la baja en dólares no necesariamente implica una mejora estructural: en pesos y en términos mayoristas el sector siguió aumentando sus precios. En diciembre de 2025, los precios mayoristas de prendas de materiales textiles subieron 6,1% y los de cuero, marroquinería y calzado aumentaron 11,8%, ambos interanualmente. Incluso con una brecha regional menor medida en dólares, el sector no muestra una dinámica de precios compatible con una ganancia de productividad, ya que los costos internos siguen empujando al alza y la corrección relativa parece deberse a otra dinámica.
En términos económicos, la baja en dólares puede explicarse por la combinación de tipo de cambio y competencia importada, pero la estructura de costos domésticos y la dificultad para ganar eficiencia siguen ejerciendo presión. Si la industria pierde escala, trabaja con elevada capacidad ociosa y enfrenta costos crecientes, la consecuencia natural es una competitividad débil. La apertura comercial orientada a la competencia no crea el problema, pero sí expone con mayor crudeza lo que antes quedaba amortiguado por barreras.
Si la industria pierde escala, trabaja con elevada capacidad ociosa y enfrenta costos crecientes, la consecuencia natural es una competitividad débil
El empleo completa el panorama. La evidencia de largo plazo sugiere que las medidas comerciales proteccionistas no sostuvieron el empleo formal. Un informe reciente de Idesa, en base a la Secretaría de Trabajo y la EPH, muestra que los asalariados no registrados y cuentapropistas pasaron de 204.000 a 261.000 entre 2012 y 2023. Mientras que de 2023 a 2025, los asalariados registrados disminuyeron de 105.000 a 97.000, y los no registrados junto con los cuentapropistas lo hicieron en 13.000 personas.
La tendencia es consistente: el empleo formal cae y persisten las modalidades informales que precarizan. Los salarios reales del sector cayeron un 31% entre 2012 y 2025, sumando al análisis que incluso bajo un esquema más cerrado, el empleo formal no creció y, además, perdió poder adquisitivo.
En la misma línea, datos del Ministerio de Capital Humano muestran que en el segundo trimestre de 2025 los puestos de trabajo asalariados registrados tuvieron una caída interanual del 2,1% en “Confecciones” y del 11,2% en “Cuero y calzado”.
El empleador evita riesgos, el trabajador acepta condiciones precarias porque ‘es lo que hay’.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
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