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ECONOMIA

Supermercados: estas son las fuertes diferencias de precios para un mismo producto, según la región

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¿Cuesta lo mismo un paquete de fideos, misma marca, mismo tipo, mismo gramaje, en cualquier supermercado? La respuesta, por lo menos en la Argentina, es no. Y las diferencias de precios entre una cadena y otra pueden ser sorprendentes.

Un paquete de arroz Gallo Oro de 1 kg vale $2.495 en Día y $3.599 en Hiper Libertad. La misma marca, el mismo contenido, pero una diferencia de $1.100. Esa disparidad representa una brecha del 44,2%. Y no es un caso aislado. Lo mismo sucede con la yerba Amanda o con la harina Pureza 0000 (de $1.295 en Día a $1.729 en Hiper Libertad).

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iProfesional seleccionó 10 productos básicos de cuatro cadenas de supermercados que operan en distintas regiones del país. Los precios son distintos. En algunos casos, muy distintos.

Las cadenas elegidas para el relevamiento —Día, Coto, La Anónima e Hiper Libertad— no solo ofrecen cobertura nacional, sino que también reflejan realidades regionales diferenciadas.

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Dia es la cadena con precios más competitivos

Día y Coto tienen fuerte presencia en el Área Metropolitana de Buenos Aires; La Anónima domina en la Patagonia y parte de la región pampeana; Hiper Libertad concentra locales en el centro y norte del país. Esta diversidad geográfica permite observar cómo varían los precios de los mismos productos según el lugar donde se compran.

En todos los casos se tomaron los precios de lista, sin promociones, directamente de las páginas web de Día, Coto, La Anónima e Hiper Libertad. La canasta incluyó alimentos (arroz, yerba, azúcar, fideos, leche, aceite, harina), productos de limpieza (lavandina) y de higiene personal (shampoo y pasta dental). El resultado fue contundente: comprar exactamente los mismos productos puede costar entre $23.000 y más de $30.000 según la cadena elegida.

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NOA y Patagonia, con precios más altos

Este trabajo de iProfesional reveló que La Anónima, con fuerte presencia en Patagonia y zona centro del país, fue la cadena con precios más altos en la mayoría de los productos secos, como arroz, yerba, fideos y harina. En cambio, Día resultó ser la más barata de forma consistente, incluso cuando no aplica promociones especiales. Coto quedó en un punto intermedio, mientras que Hiper Libertad mostró precios competitivos, aunque más caros que Día.

La lavandina Ayudín 1 L fue uno de los productos con precios más uniformes: entre $1.145 en Día y $1.439 en Coto, una diferencia de apenas el 25%. Esto sugiere menor volatilidad en productos básicos de limpieza o un planteo comercial más homogéneo. La pregunta es si es legítima esta heterogeneidad.

Técnicamente, estas disparidades no representan una irregularidad comercial, sino el resultado de diferencias estructurales entre cadenas: tamaño, poder de negociación, estrategia de precios, enfoque al cliente y ubicación regional. Como explica la economista Florencia Fiorentin, jefa de EPyCA Consultores, estas dinámicas son estructurales y persistentes, y no necesariamente producto de prácticas abusivas o arbitrarias.

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Factor regional: impuestos, logística y competencia

La región donde opera una cadena también influye en el precio que paga el consumidor. En la Patagonia, donde tiene fuerte presencia La Anónima, el transporte es más costoso por distancias y condiciones geográficas; además, los costos salariales son significativamente más altos que en otras regiones. Un chofer o personal operativo puede percibir un salario bruto un 40% más alto que sus pares del NOA o NEA, y esa diferencia se acumula en los costos de operación. Para jefaturas o administrativos, la brecha puede ser incluso mayor.

Es decir, no solo cuesta más llevar un producto a esas áreas, sino que también cuesta más hacerlo operar allí. Esa combinación condiciona que cadenas regionales con base en zonas más costosas tiendan a tener precios más elevados en promedio.

Para el consumidor actual, el mensaje es claro: comparar precios no solo conviene, sino que resulta imprescindible. En un contexto de alta inflación, elegir la cadena adecuada puede implicar un ahorro de varios miles de pesos por ticket de compra, y marcar una diferencia en el presupuesto familiar mensual.

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La economista Liliana Zurita, especialista en desarrollo regional y comercio interior, remarcó que la menor competencia también juega un papel clave. «En el AMBA, las cadenas compiten con muchas otras ofertas: autoservicios, supermercados de origen chino, mayoristas, cooperativas. En cambio, en ciudades del norte o del sur, hay menos jugadores y donde hay menos competencia hay menos presión para bajar márgenes, sobre todo en productos de alta rotación como alimentos o higiene», señaló.

Además, apuntó que la menor densidad poblacional eleva el costo por unidad vendida: «No es lo mismo abastecer a 300.000 personas en el Gran Buenos Aires que a 50.000 en una ciudad del NOA o a 5.000 en una ciudad aún menos poblada de la Patagonia. Todo eso incide en la estructura de precios».

Las diferencias provinciales en el Impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB) también pueden tener un impacto concreto en el precio final al consumidor.

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Este tributo provincial, con alícuotas que varían según la actividad y la jurisdicción —usualmente entre 3% y 5%, aunque puede superar el 9% en ciertos sectores— genera un «efecto cascada» que encarece los productos a lo largo de toda la cadena, especialmente en provincias con carga tributaria elevada.

Según estudios del Iaraf e Idesa, la carga tributaria que incluye IIBB llega a representar entre un 11 % y 12 % del precio de venta final en productos como alimentos, sin contar otros impuestos considerados distorsivos.

Por eso, en provincias donde la alícuota es más alta o menos compensada, es razonable que Hiper Libertad traslade parte de ese costo al consumidor, elevando sus precios respecto a los supermercados del AMBA.

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La escala y la logística, otro factor clave

Fiorentin apunta a múltiples factores. «Las empresas más grandes tienen el poder de fijar precios por encima del equilibrio. Las más chicas son tomadoras de precios, juegan siguiendo a las grandes», explica.

Pero aclara que en la práctica argentina juegan otras variables. Una de ellas, subraya, es lógicamente la inflación endémica del país, que provoca un tendal de precios distorsionados.

Fiorentin también destaca que la escala, tanto en volumen de ventas como en frecuencia de reposición de stock, influye fuertemente. Las empresas más grandes actualizan sus precios con mayor rapidez, lo que puede generar diferencias incluso en plazos cortos. «También hay empresas que absorben más sus costos y no los trasladan tan rápido como otras, y eso también tiene que ver con la escala y con la demanda», agregó.

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A esos elementos se suman cuestiones logísticas (por ejemplo, el transporte hacia Patagonia encarece algunos productos), la competencia local y la decisión estratégica de márgenes: algunas cadenas posicionan precios bajos en productos clave para atraer clientes mientras mantienen otros precios más elevados.

Orientación de público: cuando el cliente marca la diferencia

Las cadenas también se orientan a distintos segmentos de consumidores, lo cual impacta en su política de precios. Por ejemplo, Jumbo se posiciona como un formato premium, dirigido a clientes de poder adquisitivo medio-alto que buscan variedad, calidad y servicio. En cambio, Vea ofrece precios más bajos y se dirige a un público más popular y sensible al precio. Aunque ambos pertenecen al mismo grupo minorista, Cencosud, pueden coexistir modelos con estrategias prácticamente opuestas: Jumbo apela a primeras marcas mientras Vea apuesta a productos más populares y precios accesibles. Esa disparidad interna refleja cómo el enfoque al cliente influye en los valores finales que paga el consumidor, incluso dentro de un mismo grupo de empresas.

Este fenómeno no se limita a Jumbo y Vea: también puede observarse en otras cadenas que, sin compartir grupo empresario, tienen un posicionamiento de marca distinto.

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Día, por ejemplo, apuesta a un público que prioriza el precio por encima de otros factores, lo que se refleja en su estrategia de surtido y abastecimiento. Coto, en cambio, apunta a una oferta más amplia y a una experiencia de compra más cercana a los hipermercados tradicionales. Estas diferencias de enfoque del negocio, posiblemente inadvertidas por el consumidor, explican en parte por qué dos locales que venden los mismos productos pueden tener precios tan dispares.



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ECONOMIA

La inflación de enero fue del 2,9%, tras la salida de Lavagna: las proyecciones de la City

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El INDEC difundió este martes la inflación de enero 2026, luego de la polémica en torno a la salida de Marco Lavagna de la dirección del organismo y de confirmar la aplicación del mismo índice que se utilizó hasta 2025, en lugar del nuevo que estaba previsto para este año.

Ese es marco, el IPC del primer mes del año se ubicó en 2,9%, luego del 2,8% de diciembre. En tanto, presentó una variación del 32,4% interanual.

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Los rubros que más subieron en enero

Algunas consultoras e incluso el propio Luis Caputo habían estimado una inflación del 2,5% para enero. El lunes, en tanto, se conoció la inflación de la Ciudad de Buenos Aires, que arrojó una suba del 3,1% mensual mientras que la variación interanual alcanzó el 31,7%.

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Según informó INDEC, la división con mayor alza mensual en enero fue Alimentos y bebidas no alcohólicas (4,7%), escoltada por Restaurantes y hoteles (4,1%). Por su parte, comunicación aumentó 3,6% y «vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» treparon 3%, también por encima del nivel general.

Por el contrario, el rubro «Prendas de vestir y calzado» presentó variación negativa: los precios bajaron 0,5%, en medio del debate por la importación de prendas textiles.

Además, detalló que en enero de 2026, Noreste fue la región de mayor suba mensual (3,8%).

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La evolución de la inflación en los últimos 12 meses

 Al analizar la variación de enero, Iván cachanosky economista jefe en la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo: «Volvieron a ser protagonistas los alimentos y bebidas, empujados principalmente por las verduras. También subieron mucho restaurantes y hoteles. Es decir, hubo un fuerte componente de estacionales.La ‘buena’ noticia es que la inflación núcleo bajo por primera vez desde septiembre y que se ubicó por debajo del nivel general. El IPC-CABA dio más alto porque el ajuste de tarifas pega principalmente en el AMBA, con lo cual el dato de IPC nacional tiene sentido que esté por debajo del de CABA. Hay una señal de alerta de que la demanda de pesos no está restablecida. Eventualmente la inflación va a ir consolidándose a la baja porque no se ve emisión monetaria, pero el proceso de desinflación podría ser más lento de lo esperado».

El economista Miguel Kiguel, en tanto, señaló en un mensaje en redes: «La inflación finalmente fue 2.9% en enero. La paradoja es que de acuerdo a nuestras estimaciones preliminares, con la nueva metodología hubiera dado menos (2,7%). Todo muy raro».

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Desde el equipo de Research de Puente, en tanto, señalaron que «es el valor más alto desde marzo pasado y la octava aceleración mensual consecutiva».

«Hubo varios factores puntuales que incidieron en este resultado, entre ellos el aumento de verduras, con el tomate subiendo 92% mensual. Como punto positivo, la inflación núcleo -que mide el proceso inflacionario subyacente y elimina factores estacionales- descendió levemente a 2.6% mensual», sostuvieron.

«No hubo demasiada reacción en el mercado hoy, ya que el consenso ya esperaba un registro en estos niveles. La curva CER se había empinado esta semana, con los plazos dentro de 2026 rindiendo entre 1.5% y 7%. En paralelo, la curva a tasa fija había sufrido en su parte larga. Es decir, el mercado ya estaba priceando una inflación más alta que la que descontaba la semana pasada antes de que saliese el dato», detalló.

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Y concluyó: «Hacia adelante, habrá que ver si la estabilidad cambiaria de estas semanas logra anclar el nivel de precios, de modo que los registros vuelvan a mostrar una tendencia descendente».

Qué inflación espera la City para febrero y los próximos meses

Según el REM del BCRA, la inflación de febrero se ubicaría en 2,1%, subiría al 2,2% en marzo y perforaría el 2% en abril: estiman 1,9% para ese mes, mientras que sería del 1,7% en mayo, 1,6% en junio y 1,5% en julio.

Sucede que febrero comenzó con una fuerte suba en los precios. Según el relevamiento semanal de alimentos que realizan consultoras, y que marca para febrero un impulso de 2,5% en el rubro más sensible de la canasta familiar.

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El reporte de la consultora LCG destaca que semejante disparada en los precios sucede después de 10 semanas en las que las variaciones semanales se habían ubicado debajo del 1%.

Y es así que se replanteó el viejo debate: ¿se trata de una cuestión estacional que encareció alimentos? ¿O, por el contrario, hay que buscar la explicación en el plano monetario y, por lo tanto, concluir que se está produciendo una expansión de pesos mayor a la que en realidad demanda el mercado?

La explicación de la estacionalidad parece, en principio, descartada, dado que la carne -el alimento de más ponderación en la canasta del Indec- muestra una variación baja de apenas 0,4%, luego de típico empuje constatado a fin de año.

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Es por eso que muchos analistas volvieron a poner la lupa sobre la cantidad de pesos, reciclando el tradicional temor a «la trampa de febrero». Entre los economistas se llama así a un clásico problema veraniego, consistente en cierto relajamiento monetario en que incurren los gobiernos después de que en diciembre se produce un aumento en la demanda de dinero y una estabilización cambiaria.

Como se ha visto en varios casos y bajo gobiernos de diferente signo, ese incremento en la demanda de pesos suele confundirse con un cambio de tendencia, cuando en realidad se trata sólo de un fenómeno estacional. Como, al mismo tiempo, la oferta de dólares disminuye en el verano, se produce una combinación que se refleja en una presión cambiaria e inflacionaria en febrero, que fuerza a una abrupta suba de las tasas de interés.

Midiendo la demanda de pesos

¿Podría darse, en este verano 2026, una reedición de esa trampa estacional? Muchos creen que no, porque en este momento se está produciendo un masivo ingreso de divisas vinculado a la ola de emisiones de deuda corporativa. Un informe de Romano Group indica que desde noviembre hasta mediados de enero, se había emitido Obligaciones Negociables por u$s6.900 millones. Luego de esa fecha, se concretó la colocación de un título a ocho años por u$s550 millones por parte de YPF, que obtuvo crédito a una tasa de 8,1%.

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Y es, precisamente por esa situación, que el Banco Central encontró finalmente su oportunidad para acumular reservas. El jueves, la institución presidida por Santiago Bausili compró otros u$s126 millones y el viernes u$s50 millones, con lo cual totaliza u$s316 millones en el arranque de febrero y u$s1.474 millones en lo que va del año.

Desde el gobierno se presenta esta situación como un círculo virtuoso: la compra de reservas mejora la confianza del mercado, lo cual se traduce en el fortalecimiento del peso -el tipo de cambio oficial cayó 2% en un mes-; y esa situación fortalece la demanda de activos en pesos por parte del público, lo que hace que la oferta de divisas se siga reforzando.

Pero no todos comparten ese punto de vista: gana adeptos la argumentación de que esa compra de dólares por parte del BCRA tiene una contracara de expansión monetaria que puede incentivar la inflación.

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«La mitad de los economistas pide comprar dólares con pesos, mientras el 90% del mercado financiero vive de renovar la deuda que el Tesoro emite porque sobran pesos, que ya tiene una renta real altísima», se queja el analista Ricardo Inti Alperti, uno de los más críticos de la política monetaria, quien sostiene que el excedente de pesos es mayor ahora que en el inicio de la gestión Milei.

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ECONOMIA

El Gobierno apunta a frenar la inflación pisando el dólar, pero a costa de una nueva caída del tipo de cambio real

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El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que habrá «novedades» tras una reunión con Javier Milei y Santiago Bausili, aunque no dio mayores precisiones. REUTERS/Agustin Marcarian/File Photo

El pico de 2,9% de inflación de enero que ayer difundió el Indec coincidió con el piso del dólar en lo que va del año. La expectativa del Gobierno es que el tipo de cambio vuelva a funcionar como un ancla contra la suba de precios, algo que se perdió en el segundo semestre de 2025. En el medio de la turbulencia que se generó en la previa de las elecciones legislativas fue incluso necesaria la intervención del Tesoro norteamericano para evitar un salto abrupto de la divisa.

Incluso Luis “Toto” Caputo le echó la culpa la semana pasada al repunte inflacionario al “riesgo kuka”. El mensaje del ministro de Economía no dejó lugar a dudas: el aumento del dólar hasta octubre del año pasado produjo un impacto posterior en la inflación.

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Ahora se estaría dando la situación contraria. El dólar minorista cayó desde $1.490 a principios de año a su nivel mínimo de $1425 al cierre de ayer. El mayorista quedó cerca incluso de perforar los 1.400 pesos.

infografia

Esta disminución del tipo de cambio debería reflejarse en una desaceleración inflacionaria en pocos meses. Ahora las miradas del Gobierno, pero también del mercado, apuntan a abril. Ese mes, si no sucede nada disruptivo, el índice debería perforar el 2% para luego acelerar su caída.

Lo que ya es casi un hecho es que la inflación del año será bastante más alta de la que se venía pronosticando. En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado, los analistas elevaron su cálculo al 22,4 por ciento. Pero esa proyección luce ya vieja considerando lo sucedido en enero y lo que se espera para los próximos dos meses. Sería un triunfo para el Gobierno que el índice termine el año en torno al 25 por ciento.

Aunque el 2,9% fue casi el doble del 1,5% que arrojó mayo el año pasado, igual hubo algunos atenuantes. La inflación núcleo, que deja de lado los incrementos por motivo estacional y los precios regulados (como tarifas) fue de 2,6 por ciento.

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La suba en alimentos y bebidas del 4,7% fue excepcional por lo alta, pero incidieron algunos rubros puntuales: la carne volvió a subir más de 5,5%, el pollo 9%, pero hubo aumentos en frutas y verduras de hasta 90% como pasó con el tomate.

Por lo tanto, no sería ilógico esperar que en los próximos dos meses el índice ya se ubique por debajo del 2,5 por ciento. Luego de algunas subas estacionales muy fuertes, es esperable que esos precios retrocedan en febrero. Sin embargo, el incremento de las tarifas es más significativa y tendrá un impacto en el índice de inflación.

La caída del dólar ya supera el 4% desde el arranque del año, mientras que la inflación se aceleró durante el mismo período. La consecuencia es que el tipo de cambio real multilateral, que mide la competitividad de la economía argentina, cayó 10% desde los niveles que exhibía a fines de octubre.

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De esta forma, desapareció parcialmente un fenómeno que incluso el propio Gobierno había festejado quizás anticipadamente: el poco impacto que había tenido la suba del dólar en los precios. Con el paso de los meses, va quedando claro que todavía el traspaso es relevante.

Por otra parte, quedó la expectativa del anuncio enigmático de Caputo tras almorzar con el presidente, Javier Milei, y el titular del Banco Central, Santiago Bausili. “Habrá novedades”, posteó el ministro de Economía sin dar mayores precisiones al respecto. Muchos interpretaron que se vienen medidas para seguir aliviando el cepo cambiario, especialmente para las empresas, aprovechando la caída del dólar, aunque no hubo confirmaciones en ese sentido.



South America / Central America

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ECONOMIA

Dato de inflación del INDEC cambió el semáforo de bonos: cuáles recomiendan ahora brokers de bolsa

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El 2,9% de inflación que informó este martes el INDEC, sumado al 3,1% que registró el IPC de la Ciudad de Buenos Aires correspondiente a enero, volvió a sacudir los supuestos con los que el mercado venía trabajando desde principios de año. Estos datos no se traducen como un quiebre del proceso de desinflación, pero sí de una señal incómoda que obliga a recalibrar expectativas en el corto plazo y, sobre todo, a reordenar estrategias en renta fija. En ese contexto, el tradicional «semáforo de bonos» recuperó protagonismo en la City, ya como una herramienta de gestión para diferenciar potenciales ganadores y perdedores en un escenario de inflación más persistente de lo previsto.

Y es que el número de CABA no pasó desapercibido porque llegó acompañado de una composición que refuerza las dudas del mercado. Los servicios volvieron a mostrar aumentos elevados, los regulados siguieron presionando y la baja en algunos bienes no alcanzó para compensar el arrastre general. Para muchos operadores, el dato funcionó como una advertencia, en donde, el proceso de desinflación sigue en marcha, pero no será lineal y probablemente encuentre más resistencia entre enero y marzo.

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Esa lectura es la que explica por qué, en la última rueda, las principales mesas de dinero comenzaron a ajustar carteras y a marcar diferencias más finas entre tramos, legislaciones y duration dentro del universo de bonos soberanos.

Por qué CABA cambió el humor

En la City remarcan que el problema no es el nivel puntual del índice porteño, sino su implicancia sobre el timing. Hasta diciembre, el consenso implícito era que la inflación podía converger más rápido hacia registros cercanos al 2% mensual, habilitando una compresión acelerada de tasas reales y spreads soberanos.

El dato de enero obligó a moderar ese optimismo.

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Las expectativas implícitas de inflación se ajustaron al alza en el tramo corto de la curva, mientras que las tasas reales comenzaron a mostrar una leve recomposición. En términos prácticos, esto implica que no todos los bonos reaccionan igual frente a un escenario de inflación algo más pegajosa.

De ahí que el semáforo, que durante buena parte del rally parecía teñido de verde casi homogéneo, ahora muestra matices más claros.

Bonos en verde

Los que mejor absorben un escenario de inflación más resistente

En la zona verde del semáforo se ubican aquellos bonos que combinan liquidez, carry atractivo y una relación riesgo-retorno todavía favorable, aun bajo supuestos más conservadores de desinflación.

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Los bonos soberanos en dólares de referencia, como el GD30 y el GD35, siguen siendo señalados como los papeles más defensivos dentro del universo hard dollar. Su elevada operatoria, tanto en la plaza local como en Wall Street, les permite absorber mejor episodios de volatilidad y funcionar como vehículo principal para capturar una eventual compresión adicional del riesgo país.

Balanz veo con buenos ojos el GD38, en sus propias palabras: «Seguimos recomendando los GD38, que ofrecen una combinación atractiva de upside, carry y un riesgo de duración relativamente menor. Esperamos que la curva converja hacia niveles consistentes con una calificación B- (400–450 pb) a medida que continúe la acumulación de reservas en los próximos meses, lo que debería beneficiar en mayor medida al tramo largo.»

En paralelo, los bonares de legislación local, con el AL30 a la cabeza, conservan atractivo por la diferencia de tasa -más alta- que todavía ofrecen frente a sus pares bajo ley extranjera. Si bien esa brecha viene comprimiendo, varias mesas coinciden en que aún no se cerró del todo, lo que deja margen para un retorno adicional sin necesidad de asumir duration excesiva. Para Balanz: «El AL30 mantiene 160 puntos básicos de spread de rendimiento respecto del GD30, lo cual resulta atractivo para capturar un mayor retorno. Como venimos mencionando, aunque el spread de legislación viene comprimiendo, en línea con nuestra recomendación, sigue injustificadamente alto para el contexto actual

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Dentro del mundo en pesos, el foco se desplazó con claridad hacia el tramo largo CER. Bonos como el TZX28 ganaron protagonismo como cobertura natural ante una inflación que, si bien desciende, podría hacerlo a un ritmo más lento de lo esperado. Para los inversores institucionales, estos instrumentos permiten proteger poder adquisitivo sin resignar completamente rendimiento real, algo clave en un primer trimestre que luce desafiante.

Para el manejo de la liquidez, Balanz y Facimex recomiendan el bono CER con vencimiento el 31 de marzo, el TZXM6.

Bonos en amarillo

Con valor, pero con más riesgo

En la franja amarilla aparecen los bonos que todavía muestran valor, aunque exigen una lectura más fina y un manejo cuidadoso de la duration. Aquí se concentran los títulos que ya capturaron buena parte del rally y cuya performance futura depende en mayor medida de catalizadores específicos.

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Los globales más largos, como GD38 o GD41, continúan siendo recomendados por algunas mesas con horizonte de mediano plazo, pero ya no con el mismo entusiasmo que meses atrás. El argumento es que el upside -la potencial suba de precio- existe, pero quedó más condicionado a una baja adicional del riesgo país y a la consolidación del proceso de acumulación de reservas.

Algo similar ocurre con los bonos CER de duration media (TZX26, X31L6 y TZXA7), que reflejaron una fuerte demanda en semanas previas. Si bien siguen siendo una herramienta válida, varias mesas sugieren dosificar exposición y evitar sobrecargar carteras con instrumentos que pueden mostrar mayor volatilidad ante cambios en expectativas inflacionarias de corto plazo.

Los bopreales (BPY26, BPOA7, BPOB7 y BPOD7) quedan ubicados en zona amarilla, no por un problema de riesgo crediticio estricto, sino por una cuestión de rendimiento. A los precios actuales, estos instrumentos muestran TIR sensiblemente más bajas que las que ofrecen los globales y bonares comparables, lo que reduce su atractivo relativo para estrategias que buscan maximizar carry o capturar compresión adicional del riesgo país.

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Sin embargo, las mesas de la City coinciden en que no corresponde ubicarlos en rojo. La razón es que los bopreales conservan un perfil de riesgo más acotado, con menor volatilidad, una duration moderada y una mejor cobertura ante escenarios adversos, especialmente frente a episodios de tensión cambiaria.

En un contexto donde la inflación luce más persistente y el mercado ajusta expectativas, estos bonos funcionan más como instrumentos defensivos que como apuestas de retorno agresivo.

En cuanto a los bonos en tasa fija, el S16M6 y el S17A6 ganan protagonismo para las carteras que buscan devengamiento rápido -manejo de la líquidez-. Aun así, estos títulos de renta fija están un escalón por debajo del TZXM6 y es por esta razón que se ubican en el color amarillo y no verde.

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Por último, en el segmento de deuda sub-soberana, algunos bonos provinciales bien fundamentados -como Córdoba 35 y Santa Fe 34, SFD34- también quedaron en amarillo. Los fundamentals siguen siendo sólidos, pero los spreads se comprimieron de forma significativa, reduciendo el margen de seguridad frente a eventuales shocks. El problema de este tipo de instrumentos es su liquidez, siendo muy difíciles de encontrar y aquellos que se encuentren dificilemente justifiquen pagar el sobreprecio frente a los bonos más líquidos. Por esto, la alternativa de los bonos provinciales queda reservado para aquellas mesas grandes o para aquellos inversores con calculadora en mano que puedan cazar estos instrumentos por pantalla.

Bonos en rojo

Los que el mercado empieza a evitar

El cambio más notorio del semáforo tras el dato de CABA se observa en el color rojo. Allí aparecen los instrumentos que, a juicio de la City, ya no pagan el riesgo que implican bajo el nuevo escenario de inflación más persistente.

Los bonos a tasa fija de mayor plazo en pesos (T30A7, T31Y7 y T30J7) encabezan este grupo. Con expectativas inflacionarias algo más altas en el corto plazo, y un Gobierno decidido a mantener tasas altas para controlar la inflación y el tipo de cambio,  el rendimiento real de estos instrumentos quedó en pausa, especialmente si el Tesoro necesita mantener tasas elevadas..

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También perdieron atractivo los dólar linked (D27F6, D30A6 y TZV26), que habían sido utilizados como cobertura ante escenarios de corrección cambiaria. Con la brecha comprimida y un esquema de bandas que gana credibilidad, muchas mesas consideran que el premio que ofrecen estos instrumentos es insuficiente frente a alternativas más eficientes.

Por último, algunos bonos soberanos con baja liquidez y duration elevada comenzaron a ser evitados por su potencial de amplificar movimientos adversos en contextos de estrés.

Un mercado que dejó atrás el «todo verde»

Más allá del color asignado a cada bono, el mercado coincide en que el semáforo puede cambiar rápidamente si se modifican ciertas variables clave. Entre los factores que concentran mayor atención se destacan la confirmación de la inflación en enero por parte del INDEC, la capacidad del BCRA para seguir acumulando reservas, el resultado de las licitaciones del Tesoro y la evolución del frente político en el Congreso.

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En particular, la inflación de los próximos dos meses será determinante para confirmar si el 3,1% de CABA fue un pico transitorio o el inicio de una etapa de mayor resistencia nominal. De esa respuesta dependerá buena parte de las decisiones de posicionamiento en la curva.

La principal conclusión que deja el nuevo semáforo es que el mercado entró en una fase más selectiva y exigente.

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