ECONOMIA
Un informe privado alertó sobre “problemas de diseño” del Fondo de Asistencia Laboral: cuál es la propuesta alternativa

En medio del debate de la reforma laboral, el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) es uno de los artículos que más dudas está generando puertas adentro del Congreso y críticas de legisladores opositores. En este marco, el Ieral, de la Fundación Mediterránea, planteó dudas respecto a su impacto, diseño y efectividad.
El FAL tiene como objetivo inicial asistir a los empleadores privados en el cumplimiento del pago de indemnizaciones por despido sin causa, mutuo acuerdo de desvinculación y muerte del trabajador, entre otros. De esta manera, los empleadores tienen una mayor flexibilidad para efectuar despidos.
En primer lugar, el informe del Ieral aseguró que reducir los costos del empleo formal es clave para mejorar el mercado laboral, pero el debate en el Congreso va más allá de modificar reglas puntuales. Consideran que la reforma será relevante si logra estimular la formalización y, al mismo tiempo, demuestra consistencia fiscal y sostenibilidad en el tiempo.
El contexto es complejo: entre 2023 y 2025 se sumaron unos 200 mil nuevos desocupados, lo que refleja la dificultad crónica para generar empleo al ritmo de una oferta laboral en aumento.

El empleo asalariado privado permanece estancado, mientras que la informalidad sigue creciendo y ya supera el millón de nuevos trabajadores informales desde 2012. Este fenómeno revela que, ante las restricciones, el ajuste laboral no solo se traduce en más desempleo, sino también en una mayor precarización y expansión de empleos de baja calidad.
En este contexto surge uno de los puntos más sensibles del proyecto del Gobierno: el Fondo de Asistencia Laboral (FAL).
Al respecto, el IERAL opinó: “Más allá de su objetivo de reducir la incertidumbre asociada al despido, el diseño del FAL plantea algunos aspectos discutibles. Su costo fiscal directo se estima en torno al 0,5% del PIB, un valor significativo en un contexto de restricción presupuestaria. Además, su impacto neto depende de que efectivamente se genere empleo formal adicional, algo que no está garantizado”.
“A esto se suma un problema de diseño, una prima homogénea (porcentaje fijo que todas las empresas deben pagar) del 3% que puede resultar insuficiente para empresas con alta rotación donde cubriría solo una fracción de las indemnizaciones y, al mismo tiempo, generar acumulaciones excesivas en firmas con baja rotación y planteles más estables”, detalló.
Vale recordar que, según el texto oficial, el financiamiento del Fondo se realizaría a través de contribuciones mensuales obligatorias: las grandes empresas deberán aportar el 1% de las remuneraciones brutas de cada trabajador, mientras que las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) aportarán el 2,5%. Pero las contribuciones se toman como base para el cálculo de los aportes patronales al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) de cada trabajador.

El estudio subraya que ese diseño puede generar distorsiones e incentivos poco claros, además de mayor complejidad administrativas. Como alternativa, el Ieral afirma que el mínimo no imponible aplicado sobre la masa salarial aparece como un instrumento más simple, focalizado y fiscalmente más acotado, ya que reduce de manera permanente la carga en los segmentos donde la informalidad es más elevada.
Más en detalle, este mínimo no imponible, elaborado por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, dependiente del Ministerio de Capital Humano, propone reformular el esquema de contribuciones patronales aplicando el mínimo sobre la masa salarial total de la empresa y no por trabajador, incorporando progresividad y focalización en las pequeñas empresas.
Se trata de una herramienta fiscal que establece un umbral de remuneración a partir del cual los empleadores comienzan a pagar contribuciones patronales.
Las estimaciones del documento oficial permiten cuantificar el impacto fiscal. Los distintos escenarios planteados de mínimo no imponible implicarían un costo anual que oscila entre 0,05% y 0,23% del PIB, según el monto establecido, acompañado por la creación de nuevos empleos registrados.
“Incluso bajo supuestos conservadores sobre la respuesta del empleo formal, los costos netos resultan significativamente menores que los asociados a una reducción generalizada de contribuciones. Además, al concentrar el beneficio en micro y pequeñas empresas se minimiza el riesgo de subsidiar puestos que ya eran formales, mejorando la eficiencia del esfuerzo fiscal”, señaló Laura Caullo, responsable de la sección social-laboral del Ieral.
“La discusión de fondo no es si hay que modernizar el mercado laboral. Eso es indiscutible. La cuestión es elegir el instrumento que permita ampliar el empleo formal con el mayor impacto posible y el menor costo fiscal. En esa comparación, el mínimo no imponible ofrece una relación más equilibrada entre formalización e impacto sobre las cuentas públicas. La reforma laboral abre una oportunidad, que se traduzca en empleo registrado dependerá, en buena medida, del diseño que finalmente se adopte”, concluyó.
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ECONOMIA
Caputo viaja a EEUU: el punto clave de la segunda revisión con el FMI y expectativa por el desembolso de USD 1.000 millones

El ministro de Economía, Luis Caputo, viajará el martes que viene a Washington D.C. para representar a la Argentina en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. La delegación argentina visitará a Estados Unidos cuando aún no se aprobó la segunda revisión del acuerdo, que hace dos meses se encuentra en negociación, y es lo que destraba el desembolso pendiente por USD 1.000 millones que impactará sobre las reservas.
Según pudo saber Infobae con fuentes oficiales del Ministerio de Economía, además de Caputo, la comitiva estará integrada por el viceministro, José Luis Daza, y el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Santiago Bausili. Las reuniones se desarrollarán desde el próximo lunes 13 de abril hasta el sábado 18 de abril. Sin embargo, el ministro no asistirá el primer día, dado que debe permanecer en Buenos Aires para asistir al evento organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham).
Las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial congregan a ministros de economía y presidentes de bancos centrales de todo el mundo. Caputo podría mantener una reunión bilateral o un encuentro informal con la directora del organismo, Kristalina Georgieva. Fuentes oficiales del Ministerio de Economía aseguraron a Infobae que la semana que viene se va a dar a conocer la agenda oficial.
La meta de reservas
Desde febrero, funcionarios de Economía se encuentran en conversación con los equipos del FMI por la segunda revisión. En los primeros días del segundo mes del año, una misión del organismo internacional visitó Buenos Aires, Argentina, para debatir sobre el acuerdo. Luego las conversaciones continuaron a finales del mes cuando una delegación argentina, encabezada por el viceministro Daza, viajó a Estados Unidos. En esa oportunidad, las intenciones eran que se cerraran las discusiones a nivel técnico y que continuara el proceso burocrático del organismo.
Especialistas prevén que el Gobierno recibirá un waiver (dispensa) del FMI, ya que el BCRA incumplió la meta de acumulación de reservas en 2025. El principal obstáculo surge en la definición de los nuevos objetivos: aunque el BCRA tuvo buen ritmo de compras de dólares en los primeros meses de 2026, las dificultades persisten.
El principal obstáculo surge en la definición de los nuevos objetivos: aunque el BCRA tuvo buen ritmo de compras de dólares en los primeros meses de 2026, las dificultades para acumular reservas persisten
Desde principios de año, el BCRA compró cerca de USD 5.000 millones, aproximadamente la mitad de la meta prevista para 2026 (USD 10.000 millones). Sin embargo, estas compras no se tradujeron en igual medida en las reservas brutas: la mayor parte de los dólares adquiridos por el BCRA fue absorbida por el Tesoro, que los utilizó para pagos y obligaciones inmediatas en moneda extranjera.
El ministro Caputo había manifestado que esto no sucedería este año, ya que Argentina -supuestamente- disponía de fuentes de financiamiento internacional para afrontar los vencimientos de deuda pública.
Sebastián Menescaldi, director asociado de la consultora EcoGo, dijo a Infobae que el punto central de la discusión de la segunda revisión del FMI no pasa por la política fiscal ni por la emisión monetaria, sino por la dificultad para transformar las compras de dólares en reservas acumuladas.
Menescaldi resaltó que la falta de acceso al mercado internacional obliga al Gobierno a depender casi exclusivamente de las compras diarias en el mercado cambiario, que luego el Tesoro utiliza para gastos y obligaciones inmediatas, anulando el efecto positivo sobre las reservas netas.
La falta de acceso al mercado internacional obliga al Gobierno a depender casi exclusivamente de las compras diarias en el mercado cambiario, que luego el Tesoro utiliza para gastos y obligaciones inmediatas (Menescaldi)
Así, aunque el Banco Central muestre capacidad de compra, la transferencia de esos dólares al Tesoro impide un incremento significativo en la reserva neta. El principal desafío trasciende la generación de divisas y reside en la retención real de esos dólares en el stock oficial.
Objetivos trimestrales y contexto de financiamiento externo
Este año, tras la finalización de la primera revisión, se fijó que, al final del primer trimestre de 2026, las reservas internacionales netas del BCRA debían estar en USD -3.100 millones (antes USD 900 millones positivas), USD 1.600 millones al cierre del segundo trimestre (antes USD 5.100 millones), y USD 8.400 millones en diciembre (antes USD 10.400 millones).

El escenario de negociación está condicionado por la limitada capacidad de acceso a fuentes alternativas de financiamiento. El equipo económico descarta salir a emitir deuda dada la situación del nivel del índice de riesgo país, aunque en la última semana descendió a 550 puntos básicos.
Sin acceso a dólares frescos en los mercados, el Banco Central depende del superávit comercial y de la intervención diaria en el mercado cambiario, que, a pesar de ser relevante, no logra reflejarse en un incremento sustancial de reservas netas por la absorción de fondos que realiza el Tesoro.
Sin acceso a dólares frescos en los mercados, el Banco Central depende del superávit comercial y de la intervención diaria en el mercado cambiario
Cuando se oficialice el nuevo acuerdo, además de las metas que se fijen de acumulación de reservas, se verá si el ministro logró convencer al FMI de cambiar el cronograma y que, en lugar de ser trimestral, sea anual.
Caputo dijo en la semana en una entrevista: “Para mí, decir vamos a comprar más o menos dólares en tal fecha sería arrogante, eso incluso lo hablamos con el Fondo. Normalmente, tenemos que poner metas trimestrales, y nosotros le decimos: ‘Podemos poner metas trimestrales, pero lo lógico sería una meta anual, porque yo, realísticamente, no puedo decirles con certeza que puedo comprar más en esta fecha que en esta’. Porque por ahí los exportadores retienen o adelantaron exportaciones y después cancelan, no podés saber. Si podés tener una estimación sobre cuánto vas a comprar”.
Con la presencia de Caputo, Daza y Bausili en los Estados Unidos, el objetivo será mostrar fortaleza institucional en las conversaciones con el FMI y representantes de países miembros del organismo para avanzar en la aprobación del desembolso de USD 1.000 millones. La estrategia de compras del Banco Central, y la administración de fondos por parte del Tesoro, continuará como eje del debate en las próximas semanas.
LEGACY: Financials (TRBC),Financials (TRBC level 1),South America / Central America,Buenos Aires
ECONOMIA
Inédito: el dólar se pincha, está más barato que hace 6 meses y el BCRA anota compras récord

El Gobierno aprovecha a fondo la lluvia de dólares de abril, contemplando los ingresos del agro, por la cosecha gruesa, y el boom de empresas y provincias que colocaron u$s12.000 millones desde el triunfo de Javier Milei en las legislativas de octubre 2025.
Este viernes, el Banco Central compró otros u$s457 millones, la cifra más alta en dos años, para acumular compras por u$s5.421 millones en lo que va del 2026: más de la mitad de la meta prevista para todo el año.
Se trató, de hecho, de la segunda compra más alta de la gestión Milei: para encontrar una cifra mayor, hay que volver hasta el 4 de abril de 2024, cuando sumó u$s468 millones.
Además, el dólar volvió a caer y anotó en la semana la mayor baja en dos meses: de hecho, el minorista quedó por debajo de los $1.400 y está más barato que hace seis meses.
Más allá de las críticas de una parte de los analistas, la realidad parece darle la razón a Luis Caputo. Días atrás, el ministro de Economía sostuvo, no sin cierta ironía: «Si el BCRA no comprara u$s100 millones por día, el dólar estaría a $1.100».
El dólar bajó y está más barato que hace seis meses
El dólar minorista cerró la semana por debajo del umbral de los $1.400 y finalizó en $1.395. De esta manera, acumula una caída del 5% en lo que va de 2026 y se ubica incluso por debajo de los niveles registrados seis meses atrás.
La cotización viene en retroceso desde el máximo de $1.515 alcanzado el 23 de octubre, en la antesala de las elecciones, cuando crecía la dolarización de carteras ante la incertidumbre cambiaria.
Si bien a fines de marzo llegó a tocar en una rueda los $1.390, con estos valores, el tipo de cambio minorista se ubica por debajo del registrado el 10 de octubre, cuando cotizaba a $1.405, mientras que el blue se encontraba en $1.475. A medida que se consolidó el acceso al mercado oficial —tras el levantamiento del cepo—, la demanda en el segmento informal perdió fuerza y presionó a la baja su precio.
Entre los factores que explican esta baja aparece el ingreso de dólares provenientes del sector exportador, junto con emisiones de deuda por parte de empresas y provincias. Todo esto ocurre en paralelo a una inflación acumulada cercana al 15% entre octubre y marzo.
Hacia adelante, las proyecciones indican que la cotización podría mantenerse relativamente estable en lo que resta del mes, con el tipo de cambio mayorista en torno a los $1.380, sin grandes sobresaltos en el corto plazo.
¿Cuán barato está el dólar?
Luis Caputo descartó más de una vez un atraso cambiario, a pesar de que el tipo de cambio mayorista continúa por debajo de los $1.400 y la inflación se mantiene en torno al 3% mensual.
El propio titular de Hacienda admitió que el IPC de marzo finalizó más arriba que los meses anteriores, producto de la suba de los combustibles por culpa de la guerra en Medio Oriente.
El dato central es que el tipo de cambio se ubica en torno a los $1.400 y, en términos reales, ya se encuentra en niveles bajos dentro de la era Milei.
Si el tipo de cambio se mantiene en esa zona -con una inflación del orden del 2,5% mensual-, hacia mitad de año podría regresar a valores similares a los de noviembre de 2023, previos a la devaluación inicial de la actual administración.
«El dólar ajustado a precios de hoy cotiza cercano a mínimos registrados durante la gestión de Macri», sostuvo el economista Salvador Vitelli.
El propio Vitelli calculó algunos valores de referencia, para tener en cuenta y comparar el actual escenario con el pasado:
- El «sudden-stop» de 2018 llegó a un máximo que hoy equivale a $2.400
- Post-PASO19 equivale hoy $2.568
- La corrida de octubre del 2020 es hoy $4.555
- La crisis de deuda de 2022 es hoy $3.900
- La corrida preelectoral 2023 es hoy $4.646
- Los $800 de la devaluación de diciembre de 2023 hoy equivalen a $ 2.676
- Los $350 predevaluación son hoy $1.236.
Es decir: el tipo de cambio actual se encuentra tan solo 13,2% sobre el valor que mostraba el «dólar Massa», justo antes de la devaluación de diciembre de 2023.
Superávit comercial: ¿se viene la lluvia de dólares?
Para este año, el Gobierno espera una oferta de divisas elevada. El superávit comercial de 2026 podría superar los u$s20.000 millones, con exportaciones en torno a u$s95.000 millones e importaciones que difícilmente superen los u$s70.000 millones, de acuerdo a una estimación de la consultora MacroView.
A esa oferta se suma el ingreso de dólares financieros por endeudamiento de empresas, vía emisiones de obligaciones negociables y préstamos externos. Este flujo, aunque más volátil, también contribuye a reforzar la disponibilidad de divisas.
Con este nivel de oferta, el mercado logra abastecer simultáneamente dos demandas muy exigentes: la del sector público —que necesita dólares para pagar los vencimientos de la deuda— y la de las personas, que compran divisas para ahorro y turismo.
Este último punto es clave para entender la dinámica actual. La demanda privada sigue siendo muy alta. Entre diciembre y marzo, las personas compraron cerca de u$s2.500 millones mensuales. Extrapolado, equivale a unos u$s30.000 millones anuales, un número que en otro contexto sería claramente desestabilizante.
Sin embargo, el tipo de cambio no sube. Por el contrario, se mantiene estable o incluso con tendencia a la baja nominal. Esto no responde a una intervención directa del Banco Central para «pisarlo», sino a que la oferta alcanza —por ahora— para cubrir toda la demanda.
¿Por qué se mantiene la estabilidad cambiaria?
A diferencia de otros tiempos, cuando un atraso del tipo de cambio era visto como un riesgo de corto plazo, el escenario actual luce estable. Al menos para los próximos meses, con la expectativa de la liquidación de una cosecha récord, que podría superar los u$s40.000 millones.
Por otra parte, el Banco Central viene comprando dólares de manera sostenida. En el primer trimestre acumuló más de u$s4.400 millones, que fueron destinados en su totalidad al pago de deuda externa. Esto convierte a las compras de reservas en una pieza central del esquema financiero del año.
El problema es que, aun con estas compras, la acumulación neta de reservas sería limitada. El superávit cambiario se utiliza en buena medida para financiar al Tesoro, lo que reduce el margen de acumulación genuina.
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ECONOMIA
Nuevo “rulo” con el dólar: cómo era la maniobra que cortó el Gobierno y con la que especuladores ganaban 4% en pocas horas

El Gobierno cerró un rulo que limitaba su capacidad de compra de reservas y generaba ganancias sustantivas para los operadores que podían aprovecharlo. Mediante una norma publicada ayer, impidió que las mesas que operan con bonos soberanos puedan sacar y entrar dólares para aprovechar el “canje”, la diferencia entre el dólar MEP y el dólar contado con liquidación, y ganar así hasta 4% por operación. En su primer día, la nueva regulación colaboró en parta a que el Banco Central (BCRA) compre un monto récord de reservas para los últimos dos años.
La operatoria, completamente legal, aprovechó durante semanas la brecha entre tipos de cambio financieros y sumó presión sobre las reservas del Banco Central. Fuentes del mercado describen que el mecanismo consistía en sacar rédito la diferencia de cotización entre el MEP y el contado con liquidación (CCL) para ejecutar movimientos de ida y vuelta con dólares, generando un arbitraje que, en algunas ruedas, rozó el 4 por ciento.

Según operadores, el rulo funcionaba gracias a las brechas entre distintas cotizaciones de la moneda estadounidense. Un dólar depositado en el país -ya sea en un banco o sociedad de Bolsa- era girado al exterior a través del Mercado Único y Libre de Cambios. Así, ese dólar MEP (medio electrónico de pago, que es como se llama al dólar que se mueve en el sistema financiero y bancario local), se transforme en dólar divisa (el que se opera en transacciones internacionales).
Como el dólar divisa se opera contra el BCRA, la autoridad monetaria debía atender ese giro demandando los dólares que le pedían girar bancos en nombre de sus clientes. Una vez que los dólares estaban en el exterior, el rulo continuaba con un regreso al financiero local: pasar de dólares contado con liquidación a dólares MEP. Al existir una diferencia de más de 3%, en algunas ruedas, el inversor se hacía con la diferencia. Y, hecha la diferencia, podía volver a iniciar el ciclo. Aún descontando comisiones y otros costos, la operación resultaba muy provechosa.
La intervención oficial, según fuentes del mercado, se tradujo primero en llamados informales a los bancos para desalentar este tipo de arbitrajes. Pero como la operatoria continuaba entre inversores más pequeños, hubo que actuar y apretar un poco más el cepo.
Mediante la Comunicación A 8417 difundida el jueves, el Banco Central estableció que toda persona o empresa que realice una transferencia de divisas al exterior debe presentar una declaración jurada en la que se compromete a no adquirir títulos valores con liquidación en moneda extranjera —ya sea dólar MEP o contado con liquidación— durante los 90 días siguientes a la operación. Esto impide moverse rápido, de ida y vuelta, para completar el rulo.
Juan Manuel Truffa, analista de Outlier, sostuvo que la operatoria presionaba sobre las reservas del Central, ya que cada giro de dólares implicaba una venta de divisas desde la entidad monetaria. Truffa describió que, cuando los bancos abandonaron la operatoria, el incentivo para los inversores particulares creció, porque la menor competencia amplió aún más la brecha del canje.
La mesa de dinero observó que el spread entre el contado con liquidación y el MEP, que rondó el 2% durante buena parte de 2025, saltó hasta superar el 4% durante las últimas semanas. El diferencial se amplificó el viernes cuando la regulación formalizó la restricción y bloqueó la posibilidad de realizar el rulo, lo que dejó atrapados dólares locales y deprimió las tasas de interés de los bonos que se colocan en la plaza doméstica.
El trader Belisario Álvarez de Toledo remarcó en redes sociales que, desde las elecciones, la brecha no dejó de crecer y que el fenómeno obedece casi por completo al exceso de dólares locales atrapados en el sistema. Según Álvarez de Toledo, la estructura del canje genera una transferencia de riqueza de los tenedores de dólares locales hacia los emisores de deuda que pueden colocar bonos a tasas artificialmente bajas. Ejemplificó con los Bonares, que se operan localmente a tasas del 5%, aunque su rendimiento en el mercado internacional es mucho más alto, en el rango del 7,5% al 8,9 por ciento. El spread entre ambos precios, en algunos casos, trepó hasta 270 puntos básicos.
El impacto de la operatoria se reflejó rápidamente en los datos diarios. Los días de mayor arbitraje coincidieron con los picos de volumen negociado y con la mayor demanda de dólares para girar al exterior. El Gobierno detectó que este flujo afectaba directamente la acumulación de reservas, ya que obligaba al Central a vender divisas para abastecer las transferencias al extranjero.
Un operador que prefirió no identificarse explicó que la decisión de cortar el rulo buscó frenar la sangría de reservas y estabilizar la posición del Central. Señaló que, si bien la medida generó una mayor brecha entre cotizaciones, redujo significativamente la presión sobre las arcas oficiales.
La incomodidad de los operadores llega por tres lados. El primero, porque les arruinaron un negocio. El segundo, porque esta nueva norma suma restricciones y va en dirección contraria al objetivo declarado de eliminar el cepo. Y el tercero porque somete a los tenedores de dólares en el mercado local a un cierto estatus de segunda categoría: tanto el Gobierno como las empresas pueden colocar deuda más barata en el mercado local, ya que atrapa a los tenedores de dólar MEP y no les permite ir a buscar rendimientos que para los mismos emisores son más caros en el mercado externo.
Al Gobierno, por otra parte, el nuevo cepo le resulta positivo por un motivo más. El incentivo a vender bonos localmente aumenta por el alto canje, ya que resultaba más rentable aprovechar el arbitraje que asumir el riesgo argentino a tasas internacionales. El resultado es un mercado local de deuda con rendimientos más bajos que los de referencia en el exterior, fenómeno que si bien complica una baja del riesgo país, garantiza que siga el boom de emisiones de deuda corporativa que mantiene el copioso flujo de dólares en el mercado cambiario y le da la chance de sumar reservas.
El Gobierno anunció la nueva regulación en un contexto de presión sobre el tipo de cambio y con la mira puesta en fortalecer las reservas del Banco Central. El paquete de medidas incluyó también la flexibilización de plazos para la liquidación de divisas por parte de exportadores, lo que busca incentivar el ingreso de dólares genuinos. La medida sobre el rulo, en contraste, endureció el acceso al arbitraje y complicó la operatoria de fondos comunes y mesas de dinero.
La reacción del mercado ante la norma fue inmediata. Los precios del contado con liquidación y del MEP se distanciaron, y el canje se ubicó en casi en 4,5 por ciento. La operatoria, que en el pasado reciente había funcionado como una válvula de escape para inversores sofisticados, quedó vedada para todos los participantes. Los inversores que aún mantenían dólares locales atrapados observan hoy una menor capacidad para girar fondos al exterior y un mercado de deuda local con tasas deprimidas por el exceso de oferta.
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