ECONOMIA
El riesgo del carry trade: la City habla del talón de Aquiles que amenaza al plan Caputo

En el gobierno se tomaron en serio la pelea por imponer el mantra «Esta vez es diferente». Al punto que los ideólogos del nuevo plan económico –Federico Furiase, Felipe Núñez y Martín Vauthier– decidieron salir a defender su argumento en todos los campos. Además de las redes sociales, empezaron a aparecer en medios de comunicación y ahora anunciaron que serán panelistas en un programa de streaming del canal Carajo -fundado por el célebre Gordo Dan-, junto a Pablo Pazos, más conocido como «Gordo Pablo» entre las huestes libertarias.
El objetivo, como ya quedó en claro con los esfuerzos didácticos de Furiase en televisión y con las polémicas de Núñez en las redes sociales, es claro y concreto: disipar los temores de que el nuevo esquema de flotación en una banda cambiaria no terminará de manera traumática, como otras experiencias de la propia historia argentina y del escenario internacional.
No es una tarea fácil, dado que muchos economistas, incluyendo algunos que tuvieron experiencia en cargos de gobierno, plantearon dudas sobre el sostenimiento del nuevo esquema. Entre los principales cuestionamientos figura la dificultad del Banco Central para acumular reservas genuinas -es decir, que surjan del ingreso de dólares por inversiones o exportaciones y no por la asistencia del Fondo Monetario Internacional-.
«No confundir reservas compradas con reservas prestadas. Lo primero es tierra firme: reservas a cambio de demanda voluntaria de pesos (por inflación baja y tipo de cambio no desalineado)», advirtió el ex ministro Hernán Lacunza, que en las últimas semanas se transformó en blanco del enojo de Javier Milei.
También hubo advertencias respecto de que las inversiones que realmente sostienen un esquema cambiario son las que hunden capital, y no las que ingresarán para buscar una ganancia financiera de corto plazo y salir antes de las elecciones -por el libre flujo con estadía mínima de seis meses que instauró el BCRA-.
Héctor Torres, es representante argentino ante el FMI, fue explícito sobre el tema: «No hay que confundir carry trade (arbitraje) con inversiones. Como escuché de un banco de inversión: ‘Argentina is tradable but not (yet?) investable’«. La traducción del inglés sería: «Argentina es buena para hacer trading pero no (¿por ahora?) para invertir».
Problemas de flujo
El punto sobre qué tan grave es la dificultad para generar reservas se acrecienta ante las evidentes reticencias de los productores sojeros, que dudan sobre si este sea el momento para exportar sus tenencias. Pero, sobre todo, lo que sigue generando preocupación es el déficit de cuenta corriente, que lleva 10 meses acumulados y con pocas señales de revertirse.
De hecho, en la balanza comercial, donde el gobierno espera un holgado superávit, ya se estaría registrando un déficit de u$s1.112 millones en el primer trimestre si no fuera por el impacto del rubro energético. Pero justamente ese rubro podría resentirse por la caída de los precios en el mercado internacional.
Y las importaciones, que según Toto Caputo se habían adelantado por la especulación de una devaluación, no están dando señales de normalización sino que, por el contrario, en los últimos días se habló en el mercado sobre un incremento en la llegada de productos chinos.
Además, está el problema del turismo emisivo, que, como demuestra la historia reciente, nunca se debe subestimar. De hecho, lo ocurrido en los últimos meses deja en evidencia que el gasto de argentinos en el exterior puede neutralizar y hasta superar el ingreso de u$s8.000 millones por el rubro de petróleo y gas.
En definitiva, las principales críticas apuntan a que, a diferencia de lo que afirma Javier Milei, la economía argentina no tiene solamente «problemas de stocks» -falta de reservas- sino que también está sufriendo «problemas de flujo» -a este tipo de cambio, salen más divisas de las que entran-.
Para el corto plazo, hay cierto consenso respecto de que el BCRA podrá cumplir la exigencia de sumar u$s4.400 millones de reservas. Por más que los productores agrícolas vendan a regañadientes, no deja de ser el momento estacional de la liquidación masiva.
En cambio, la situación empieza a cambiar en la segunda mitad del año, para empezar porque en julio hay un vencimiento fuerte por más de u$s4.500 millones.
¿El dólar flota?
El gobierno tiene su argumento preparado ante cada crítica sobre atraso cambiario: en un régimen de tipo de cambio flotante, el precio lo fija el mercado. Y si en realidad estuviera atrasado, habría saltado al techo de la banda.
Pero también ese punto es objeto de intensa polémica. Para empezar, porque un cambio flotante no es garantía contra una pérdida de competitividad. Es lo que se ha estudiado ampliamente como «enfermedad holandesa» y afecta a muchos países que concentran su exportación en pocos productos.
Pero, sobre todo, porque sigue habiendo cuestionamiento a que el nuevo régimen implique una flotación pura. Por más que el BCRA ya no compre ni venda en el mercado, hay formas indirectas de incidir sobre el cambio, como las operaciones con bonos y los incentivos al carry trade.
«Eso pasa cuando ‘forzás’ un régimen nuevo que recién arranca: corrés el riesgo de sumarle una volatilidad que de otro modo no hubiera tenido y condenarte a tener que seguir forzándolo para aplacarla«, criticó el economista Gabriel Caamaño, en referencia a los movimientos de suba, posterior caída y nueva suba que tuvo el dólar desde que empezó el esquema de banda.
Lo cierto es que hay un debate en el mercado respecto de cuáles son las condiciones para hacer el carry trade aprovechando las tasas altas. Hay quienes argumentaron que Caputo diseñó el plan de forma tal que el dólar se recostara sobre el piso de la banda, dado que la entrada de inversores dolarizados en busca de renta reforzaría el fenómeno de la «escasez de pesos».
Sin embargo, hay quienes hacen el razonamiento opuesto: que el carry trade sólo tiene sentido cuando el dólar está cerca del techo, porque es cuando tiene poco margen de volatilidad. Así, una cotización inferior a los $1.250 es riesgosa, porque cualquier salto dentro de la banda anulará las ganancias de un título a seis meses con tasa nominal de 35%.
El fantasma de 2018
Pero, sobre todo, lo que quiere remarcar el gobierno es la diferencia con otras experiencias parecidas. En particular, la más reciente, aplicada en 2018 con la venia del FMI, durante la gestión de Mauricio Macri, y con Guido Sandleris al frente del Banco Central.
La banda implicaba que el BCRA sólo intervendría cuando el tipo de cambio tocara el techo, y se abstendría de vender dólares mientras el tipo de cambio flotara dentro de los límites. Hubo un primer momento exitoso, en el que el dólar se recostó contra el piso e incluso lo perforó -algo que llevó a que el Central, durante algunas semanas, volviera a comprar divisas-.
La estrategia se complementaba con una fuerte contracción monetaria y con una suba de tasas de interés, algo que aceleró la tendencia recesiva de la economía. Un alto costo desde lo social y lo político, pero lo cierto es que, al inicio, con la banda de flotación se logró eliminar la volatilidad.
Sin embargo, el sistema reveló problemas. La diferencia entre el piso y el techo de la banda era de 25%, algo que el mercado veía como demasiado amplio. Bastaba con cualquier cambio de expectativas en las condiciones externas para que el dólar se despegara del piso, sin que el BCRA pudiera intervenir. Fue así que el FMI dio concesiones al plan original. Se permitió que el Tesoro licitara dólares hasta u$s60 millones diarios. Y, cuando eso resultó insuficiente, se corrigió la pendiente de la banda cambiaria, que dejó de ser ascendente y quedó «congelada». Era algo que, en los hechos, acercaba el límite para que el BCRA tuviera posibilidad de intervenir.
Pero tampoco fue suficiente: en un contexto de incertidumbre política -era un año electoral y el kirchnerismo avanzaba en los sondeos-, los inversores reaccionaron con pánico y dolarizaron sus portafolios mientras los productores agropecuarios ralentizaron sus liquidaciones.
Finalmente, el FMI tomó una decisión que, en los hechos, daba por terminada la vigencia de la banda cambiaria: autorizó a que el BCRA interviniera a discreción en el mercado. Mientras duró la ese sistema, se liberaron desembolsos adicionales por u$19.000 millones.
Parecidos pero diferentes
Una demostración de la preocupación del gobierno es la disposición de los funcionarios a polemizar en las redes sociales. Como Felipe Núñez, quien se trenzó en una discusión con el trader «Juancito Nieve».
El inversor le recordó que en la experiencia macrista, el Central había logrado comprar reservas por u$s560 millones en el piso de la banda, a un precio que, traído a términos de hoy, equivale a $1.700 y una tasa de interés que duplica a la actual. En ese momento, las reservas superaban a las actuales en un 70% y también había una política de «emisión cero».
Núñez planteó el argumento oficial: no hay comparación posible entre la banda cambiaria de 2018 y la de hoy, porque tanto el contexto político como el financiero son diferentes.
«Es todo lo opuesto a lo que sucede hoy: el ajuste ya lo hicimos por nuestra propia voluntad, la posición técnica es muy buena y la imagen del Javo es super sólida + la oposición es un desastre y por lo tanto no hay expectativa de que vuelvan», planteó el funcionario.
Pero su argumento central es que en el gobierno de Macri todavía se emitían pasivos remunerados, y que por eso no puede argumentarse que había una base monetaria fija como la actual. Y que el gasto público era de 45% del PBI, mientras que ahora es de 34,5%.
«Nuestro argumento siempre fue que este modelo cierra con una apreciación del tipo de cambio», afirmó el ideólogo del plan «de las tres anclas», que defiende la noción de que hay un cambio de paradigma en la economía argentina. Un argumento que, de momento, está lejos de generar unanimidad en un mercado desconfiado.
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ECONOMIA
Hay preocupación en la City por el caso Ualá: la morosidad llega al 40% de su cartera

La situación del sistema financiero argentino encendió una señal de alarma que no se veía desde la salida de la Convertibilidad, en diciembre del 2001. Sucede que la morosidad en los préstamos otorgados a las familias tocó máximos en más de 20 años.
Así se desprende de los datos procesados a partir de la Central de Deudores del BCRA, que fueron reflejados por analistas. En enero de 2026, la mora en los créditos a los hogares del sistema financiero subió por decimoquinto mes consecutivo, saltando al 10,6%, según la consultora 1816. Para encontrar niveles similares, hay que remontarse a la crisis de 2001-2002.
La morosidad en entidades no financieras superó el 27%
Si se profundiza en el análisis, la situación es aún más crítica en el sector de las entidades no financieras (proveedores de crédito que no son bancos, como emisoras de tarjetas no bancarias o plataformas de e-commerce). En este segmento, la irregularidad ya superó el 27%.
Esto significa que más de un cuarto de los préstamos otorgados por estos canales se encuentra en situación irregular, un nivel de estrés que solo se había visto durante la crisis de 2019 y el año de la pandemia.
«El 100% de los principales 25 bancos registró un aumento de la mora en el segmento de familias en enero, lo que da cuenta de un fenómeno de carácter macroeconómico», señalaron desde 1816. En cuanto a la brecha entre entidades financieras y no financieras, los analistas atribuyen parte de la diferencia al nivel de tasas de interés.
Dentro de este ecosistema no bancario, gigantes como Tarjeta Naranja y Mercado Libre, que concentran casi el 60% de este mercado, también han visto cómo la irregularidad de sus carteras de clientes siguió escalando en el inicio del año, siempre de acuerdo al informe de los técnicos de 1816.
En ese marco, un posteo que se viralizó en redes generó alerta en la City: según el análisis de un usuario, en base a las cifras del BCRA, la morosidad en Ualá llega al 40% de su cartera. Un dato que luego fue aclarado por la billetera digital dirigida por Pierpaolo Barbieri.
Alarma en la City por el caso Ualá y preocupantes números rojos
El posteo que generó revuelo en redes y encendió alerta en la City
La publicación, realizada por el analista Igor Ayuso, hizo mención al supuesto deterioro significativo en el repago de créditos otorgados por la fintech, en el que se observa cómo crecen las dificultades de los hogares para pagar sus obligaciones financieras
La publicación aludía a un supuesto deterioro significativo en el repago de créditos otorgados por fintech en un contexto en el que crecen las dificultades de los hogares para afrontar sus obligaciones financieras.
Pero donde el impacto resulta más fuerte es en el ecosistema fintech. El caso de Ualá concentra actualmente la atención del mercado. No solo por el nivel de mora, sino por su composición.
El posteo del usuario Igor Ayuso, quien basó su informe en datos del BCRA, en el segmento bancario de Ualá los impagos rondan el 43%. Pero en el negocio no financiero el número escala hasta un 63%. Ese dato encendió las alarmas en redes y parte del mercado.

La suba en la mora de los créditos bancarios de Ualá, según el posteo que generó ruido
Desde Ualá relativizaron la magnitud del dato. Señalaron que la firma discontinuó a mediados del año pasado la originación de créditos bajo el esquema peer-to-peer y transfirió su cartera de mejor calidad a su banco, que actualmente canaliza los préstamos.
Desde la empresa sostienen que, al depurar la información reportada al regulador, se ubicaría en torno al 18% en enero y 17% en febrero.
«Esto implica que en esa cartera residual de la PSP quedan principalmente clientes en mora, sin el ingreso de nuevos créditos que compensen con pagadores en situación. Esto distorsiona significativamente el indicador», advierten fuentes del unicornio a iProUP.
En concreto, la firma que conduce Pierpaolo Barbieri dijo que no hay que mezclar peras con manzanas. «Los valores presentados al BCRA desde las entidades financieras suelen aplicar la práctica de write-off, mediante la cual, luego de determinado tiempo de incobrabilidad, eliminan de sus balances los créditos impagos».
«Ualá recién comenzará a implementar este mecanismo en 2026, por lo que esos casos continúan reflejados en su cartera». Es decir, los incobrables (que pasado determinado tiempo salen de las cifras bancarias) aún persisten en empresas como el unicornio.
«Si se aplicara el mismo criterio que utiliza el resto del sistema, permitiendo una comparación homogénea, el indicador de mora a febrero del banco Ualá 2026 se ubicaría en torno al 17%, un nivel intermedio respecto de los valores observados en banca retail y fintechs», aclararon.
Igualmente, desde Ualá reconocieron el momento complejo: «Desde mediados de 2025, la industria en su conjunto experimentó un deterioro en la calidad de cartera crediticia. Esto derivó en un endurecimiento generalizado de las políticas de crédito y en una menor originación».
«Como resultado, se produce un doble efecto: por un lado, a medida que se cancelan los créditos en mejor situación, aumenta el peso relativo de los casos en mora dentro del stock; por otro, el contexto de tasas elevadas reduce la demanda de crédito por parte de perfiles de menor riesgo», concluyen.
El peso de las tasas: ¿una trampa para el deudor?
Gran parte de este fenómeno se explica por el costo del dinero. Aunque las tasas nominales mostraron una leve tendencia a la baja recientemente, en términos reales la carga es asfixiante. En febrero, la Tasa Efectiva Anual (TEA) real promedio de los préstamos personales en bancos alcanzó el 40%, mientras que en las entidades no financieras se estima que rondó un exorbitante 150%.
Si a estos números se les suma el Costo Financiero Total (CFT), que incluye seguros, comisiones e impuestos, el peso sobre el bolsillo de los hogares es mucho mayor. En el caso de los bancos ya supera el 150% anual, con topes de hasta 350% anual.
Esto genera un escenario peligroso: si la inflación se reduce, el peso real de la cuota mensual aumenta, dificultando aún más la capacidad de repago de las familias.
Esta inestabilidad provocó que el ritmo de crecimiento de los préstamos en pesos se estanque.
Perspectivas: ¿hacia dónde va el mercado crediticio?
La creciente morosidad de las familias pone en duda la sostenibilidad del consumo bajo el esquema actual de tasas.
Por otra parte, el balance de los bancos también ya están mostrando secuelas de la súbita suba de la irregularidad en el pago de las cuotas.
De acuerdo al reporte, la mirada de los analistas está puesta ahora en el informe de bancos que el BCRA publicará a finales de marzo, donde se espera la confirmación oficial de estos números.
Sin una reducción en la volatilidad de las tasas y un alivio real para el deudor, el sistema corre el riesgo de consolidar una situación de exclusión crediticia para una parte importante de la población, justo cuando la economía más necesita del crédito para reactivarse.
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ECONOMIA
La historia de la decadencia económica argentina: de estar en el top 10 de los países más ricos en 1910 al puesto 88 de hoy

Hacia 1910, mientras Argentina celebraba el Centenario de la Revolución de Mayo, el país no solo era una promesa, sino una realidad económica contundente. Según los registros históricos de “Our World in Data” y el Proyecto Maddison, se ubicaba en el puesto 8 del ranking mundial de Producto Bruto Interno (PBI) per cápita. Con un ingreso por habitante de USD 6.100 (medido en dólares internacionales de 1990), superaba a naciones que hoy son referentes de desarrollo, como Canadá (USD 5.860), Alemania (USD 5.140), Francia o Italia. En aquel entonces, el país competía directamente en la cima del bienestar global, solo por debajo de un puñado de potencias como Estados Unidos, el Reino Unido y Suiza.
Poco más de un siglo después, la fotografía es drásticamente distinta. De aquel octavo lugar, el país descendió hasta el puesto 88 en el ranking global de riqueza por habitante, según los datos más recientes procesados por el Banco Mundial. Este retroceso de 80 posiciones no es el resultado de un evento fortuito, sino de un largo proceso de más de un siglo que ha llevado a la Argentina a una desconexión profunda con los estándares de vida de las economías más avanzadas.
A propósito del gráfico de “Our World in Data”, el codirector ejecutivo de la entidad, Esteban Ortiz-Ospina resaltó que “muestra los diez países más ricos del mundo en 1910, según estimaciones de PBI per cápita realizadas por historiadores económicos”.
Y continuó: “Según este criterio, Argentina se encontraba entre los países más ricos del mundo en 1910, por delante de varios países de Europa occidental, incluidos Alemania y Francia. También superaba claramente a sus pares de América Latina en ese momento”.
“Sin embargo, a lo largo del siglo XX, las economías de Europa occidental crecieron mucho más rápido, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, y Argentina quedó rezagada. Una perspectiva de largo plazo permite ver cuánta diferencia puede generar el crecimiento económico en tan solo unas pocas generaciones”, detalló Ortiz-Ospina.
La brecha que separa hoy a la Argentina de los líderes globales es síntoma de este declive. El ranking actual del Banco Mundial muestra en la cima a países como Mónaco (USD 288.001 per cápita), Liechtenstein (USD 206.781) y Luxemburgo (USD 137.781). Incluso potencias continentales como Estados Unidos, situadas en el puesto 12 con USD 84.534, mantienen una enorme distancia con el desempeño argentino.
Según la mencionada lista, Argentina está en el puesto 88, con un PBI per cápita de 13.970 dólares.
El descenso destaca especialmente cuando se analiza qué hicieron aquellos países que lograron permanecer o ascender en la lista. De acuerdo con análisis de la consultora Focus Economics, las historias de éxito económico comparten un compromiso con la creación de entornos favorables para la inversión. Esto incluye niveles mínimos de corrupción, estabilidad política y, fundamentalmente, seguridad jurídica. Mientras las naciones del “top” apostaron por la apertura comercial y la integración al mundo, la trayectoria argentina de las últimas décadas muestra un patrón de cierre comercial y volatilidad que asfixió la productividad.
El deterioro no es solo una cuestión de historia antigua; la tendencia se ha agudizado en el siglo XXI. Según un informe de la consultora Economía & Energía, todavía en 2011 Argentina ostentaba el PBI per cápita más alto de América Latina. Sin embargo, trece años después, el país ha sido desplazado por vecinos como Chile, Uruguay y Panamá.
Entre 2011 y 2024, el ingreso por habitante en la Argentina se redujo un 9,8%, regresando a niveles de riqueza similares a los que el país tenía en 2007. Este dato adquiere una dimensión más crítica al observar la comparativa regional: desde 2011, solo el PBI por habitante de Haití ha caído más que el de la Argentina. Mientras que el resto del continente buscaba vías de crecimiento, la economía local entró en un ciclo de estancamiento y retroceso que la posicionó entre las de peor desempeño en el hemisferio.
Uno de los pilares que explican la decadencia económica argentina es la incapacidad crónica del Estado para equilibrar sus cuentas. El desorden fiscal ha sido la norma y no la excepción. De acuerdo con registros históricos, desde 1960 hasta la fecha, la Argentina solo logró alcanzar un superávit fiscal financiero en 8 oportunidades. Esto significa que, en más de seis décadas, el país gastó sistemáticamente más de lo que ingresó, financiando ese bache con emisión monetaria o deuda.
Esta gimnasia financiera derivó en una inflación persistente, que se ubica entre las más altas del mundo desde hace décadas, y en la pérdida de acceso al crédito. La Argentina ostenta el triste récord de haber atravesado nueve defaults a lo largo de su historia. Cada cese de pagos no solo representó una ruptura con los mercados internacionales, sino que destruyó la moneda local y desalentó la inversión de largo plazo, motor indispensable para que el PBI per cápita vuelva a crecer.
En este contexto, el presidente Javier Milei subrayó recientemente en la Bolsa de Comercio de Córdoba la correlación entre las reglas de juego y el bienestar: “Aquellos países que son más libres crecen el doble, tienen un PBI per cápita 12 veces más grande; tiene 25 veces menos de pobres en formato estándar y 50 veces menos en el extremo”.
El análisis de los países más ricos del mundo arroja lecciones que contrastan con la experiencia argentina. Según Focus Economics, las naciones que han sido exitosas en el últimos siglo realizaron inversiones masivas en capital humano, enfocándose en la educación y el desarrollo de habilidades para conformar una fuerza laboral altamente productiva. Además, mantuvieron una política económica orientada al futuro, centrada en la innovación y la diversificación.

Por el contrario, la Argentina ha enfrentado crisis fiscales recurrentes que obligaron a priorizar la urgencia sobre el desarrollo. El informe de Economía & Energía destaca que, si bien se han registrado meses de recuperación en la actividad económica general, los niveles industriales y de construcción siguen mostrando signos de fragilidad frente a años anteriores. La falta de un sistema legal transparente y eficiente, sumado a la inestabilidad de las reglas de juego, ha impedido que el país aproveche sus recursos naturales y humanos para revertir la caída en el ranking mundial.
La trayectoria que llevó a la Argentina del puesto 8 al 88 es un caso de estudio global sobre cómo la desatención de los fundamentos económicos puede erosionar la riqueza de una nación. Lo que en 1910 era un estándar de vida superior al de las potencias europeas, hoy es una lucha por recuperar niveles de ingreso de hace casi dos décadas.
North America
ECONOMIA
Colectivos y trenes del AMBA: cuántos pasajeros perdieron el año pasado y cómo arrancaron 2026

A tono con el descenso de la capacidad instalada industrial, el cierre de comercios y la caída del consumo, la cantidad de pasajeros movilizada en los colectivos y trenes del AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) bajó en 2025 entre un 6% y 8,3%. La tendencia negativa se profundizó en el primer mes de 2026 con nuevas caídas interanuales del 9% en los usuarios de las líneas de ómnibus y del 13,4% por el lado de los servicios ferroviarios.
En la última década, la demanda de pasajeros en los colectivos que prestan servicios en la región metropolitana acumuló una caída del 27%, al pasar de 3.554 millones de usuarios en 2015 a 2.594 millones el año pasado.
En el caso de los trenes urbanos, la caída en ese mismo período rozó el 10%, tras descender la cantidad de pasajeros anuales de 330.471.361 en 2015 a 301.127.733 en los 12 meses de 2025.
Colectivos del AMBA: suben los gastos, pero cae la cantidad de pasajeros
Los datos relevados por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta) muestran que las líneas de colectivos del AMBA aún no han logrado recuperar los niveles de pasajeros que tenían antes de la pandemia en medio de un escenario cada vez más complicado económicamente por la suba de los gastos operativos y cuadros tarifarios que no alcanzan a cubrir la totalidad de los costos reales del sector.
Comparado con igual mes de 2016, la cantidad de pasajeros transportados en enero de este año registró una caída del 33%. Con respecto al año pasado, el descenso en la cantidad de usuarios en la región del AMBA fue del 9%; mientras que, versus 2024, la baja llega al 19%.
El análisis desagregado entre las distintas líneas que operan en la región indica que, entre enero de este año e igual mes de 2025, las mayores bajas -del 12% al 22%- se dieron en las empresas municipales del Gran Buenos Aires.
El descenso de la demanda trajo como consecuencia una baja en la oferta de servicios que sacaron a las calles las empresas. El total de kilómetros recorridos por las líneas del AMBA en 2025 fue un 18% menos que en 2015 y un 5% inferior a la marca de 2024.
En la última década, la cantidad de servicios en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires descendió 22%; mientras que en los partidos del Conurbano la merma de unidades en funcionamiento llegó al 18%.
La cantidad de pasajeros que viajaron en colectivo en el AMBA por año (en millones).
Según los números de Aaeta, el sistema de colectivos de la región metropolitana está conformado por 386 líneas que cuentan con algo más de 17.000 vehículos. El 42,7% de esa flota (7.506) corresponde a las líneas de jurisdicción nacional que prestan servicios entre el Gran Buenos Aires y el territorio porteño. Luego se ubican las líneas que están bajo la órbita de la administración provincial de Buenos Aires que concentran el 28,8% de los colectivos de la región (5.054).
Después aparecen las empresas que cubren los servicios locales e intermunicipales con 3.411 vehículos que representan el 19,5% del parque. El cuadro se completa con las líneas puramente porteñas, que empiezan y terminan sus recorridos en el territorio capitalino, con 1.571 colectivos que equivalen al 9 % del total de unidades que operan en el AMBA.
La caída de ingresos que vienen teniendo las empresas por la menor cantidad de pasajeros también ha comenzado a impactar en la antigüedad de la flota y en los tiempos de renovación de las unidades.
En setiembre de 2021, solo el 15% del total de parque de colectivos del AMBA tenía más de 10 años de uso. Ahora, los datos de febrero de este año exhiben que ya llega al 35% la cantidad de unidades que acumulan más de una década en actividad.
El último informe de Aaeta advirtió que «la combinación de menor volumen de pasajeros, atraso tarifario y aumento sostenido de costos está comprometiendo tanto la capacidad de renovación de flota, como la sustentabilidad operativa y la calidad del servicio del sector».
Ferrocarriles, en baja: cuánto cayó la cantidad de pasajeros
Por el lado de los trenes de pasajeros, las estadísticas de la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte) exponen que en la última década hubo una caída del 9,6% en la cantidad de pasajeros transportados.
En 2025, el total de pasajeros que pagaron boletos en los ferrocarriles metropolitanos ascendió a 301.127.733, un 8,3% menos que los 326.225.433 que se habían movilizado y abonado pasajes en 2024.
Los datos de enero de este año versus enero del año pasado arrojan una baja en la cantidad de pasajeros del 13,4%; mientras que, contra igual mes de 2023, la caída se eleva al 15,8%.
De todos los trenes del AMBA, los que tuvieron la mayor caída interanual en la cantidad de pasajeros en enero (- 63,1%) fueron los correspondientes a la línea Mitre, la cual se ha visto afectada en los últimos meses por una serie de obras de infraestructura y renovación de vías que han provocado recortes de servicios y el cierre temporario de la estación Retiro.
Luego figura la línea Sarmiento con una baja del 20,6% en los pasajeros transportados en enero, seguida por los servicios de las líneas Urquiza—que cayeron 3%–; Roca (-2,8%) y San Martín (-2,3%).
En tres líneas restantes del AMBA, los datos interanuales de enero quedaron con signos positivos de más pasajeros transportados. El Tren de la Costa tuvo un 24,2% más de usuarios que en el primer mes de 2025. A su vez, la línea Belgrano Sur subió 9,8%, mientras que su «hermana de trocha angosta» del Belgrano Norte también consiguió anotar una mejora del 0,1%.
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