POLITICA
El Gobierno limita las sanciones por Malvinas tras las advertencias de EEUU sobre sus empresas

El gobierno de Javier Milei incorporó una serie de modificaciones al proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, tras las advertencias de Estados Unidos sobre el impacto que las sanciones originales podían tener sobre sus empresas, y en un intento por conseguir las firmas necesarias para avanzar con un dictamen de mayoría en la Cámara de Diputados. El plenario de las comisiones de Defensa Nacional, Relaciones Exteriores y Culto, y Legislación Penal fue convocado para este martes 27 de octubre a las 16, aunque existen versiones de que podría modificarse porque al oficialismo aún le cuesta reunir las firmas necesarias.
La negociación quedó a cargo de la diputada libertaria Silvana Giudici, quien mantuvo conversaciones con los bloques cercanos al oficialismo para acercar posiciones antes del encuentro. “En cada reunión de comisiones, nosotros tenemos la intención de firmar los dictámenes”, señaló una de las autoridades del plenario en declaraciones a un medio nacional. Desde el Congreso y la Casa Rosada sostuvieron que el tratamiento del proyecto sigue activo y que el oficialismo trabaja para consensuar los cambios con los bloques dialoguistas, que ya presentaron sus propias propuestas.
El texto original, que según aseguran fue impulsado por el asesor presidencial Santiago Caputo, preveía un esquema de sanciones para empresas y Estados extranjeros que exploten de forma ilegal recursos argentinos en las Islas Malvinas. El viernes previo al plenario, el presidente Milei recibió en la Casa Rosada al subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau. Durante ese encuentro, la administración estadounidense advirtió sobre las posibles consecuencias que las sanciones del primer capítulo del proyecto podían generar para sus empresas.
Ese apartado apunta contra las compañías vinculadas al proyecto de explotación hidrocarburífera Sea Lion, en la Cuenca Malvinas, impulsado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, y alcanza también a firmas asociadas con ellas en otros emprendimientos. En ese contexto, también tuvo un papel relevante el embajador Peter Lamelas.
Como resultado de esas gestiones, el Gobierno aceptó limitar las sanciones a quienes ejecuten negocios ilegales dentro del territorio argentino en carácter de operadoras directas, licenciatarias, proveedores de estas y accionistas directos de los proyectos. De esta forma, quedan eximidos de responsabilidad los fondos de inversión indirectos que tengan algún tipo de participación en las empresas explotadoras. “Había que poner un corte, porque si no el proceso jurídico iba a ser eterno y hasta podía llegar a complicar intereses de empresas nacionales”, justificó un funcionario al tanto de los cambios.
Pese al acotamiento de las sanciones, el proyecto mantiene la creación del Consejo de Seguridad Nacional, el órgano que busca coordinar de manera unificada la estrategia de defensa, inteligencia y seguridad interior, presidido por el jefe de Estado. Ese organismo tendrá la facultad de controlar, aceptar o rechazar las inversiones impulsadas por Estados extranjeros y empresas con capitales del mismo origen en sectores como defensa, telecomunicaciones, energía, hidrocarburos, minería y actividades espaciales.
Para garantizar el respaldo de los bloques aliados, el Ejecutivo aceptó conformar una Comisión Bicameral de Seguimiento dentro del Congreso, facultada para auditar las decisiones y procesos del Consejo, de manera similar a la bicameral que controla a la Secretaría de Inteligencia de Estado. La propuesta había sido impulsada por el diputado Eduardo Falcone, del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), para garantizar la participación del Parlamento en el control del nuevo organismo, que estará integrado únicamente por miembros del Poder Ejecutivo. Según el cambio anunciado, el Ejecutivo deberá informar a la bicameral, dentro de las 48 horas, las medidas de seguridad que adopte el Consejo.
Otro de los puntos modificados es el artículo que sanciona con penas de cinco a doce años de prisión a quienes, por cuenta, orden o financiamiento de un Estado extranjero, alteren procesos electorales o manipulen la opinión pública. La nueva redacción excluye de manera expresa al periodismo, la investigación académica, la actividad diplomática y la representación abierta de intereses.
El cambio respondió a los pedidos de sectores cercanos al Gobierno, como la Unión Cívica Radical (UCR), y a los cuestionamientos de Unión por la Patria, entre ellos los planteados por la diputada bonaerense Agustina Propato. A su vez, se incorporó al Ministerio de Seguridad, a cargo de Alejandra Monteoliva, como miembro permanente del Consejo de Seguridad Nacional, y se precisaron las competencias de la Prefectura Naval y el Comando Conjunto Marítimo, aunque sin establecer una regla de intervención primaria y subsidiaria entre ambas fuerzas.
Dividir el proyecto
Pese a las concesiones, persiste el reclamo de Unión por la Patria y de legisladores de Provincias Unidas, que vienen pidiendo separar el proyecto en dos tramos: por un lado, las disposiciones vinculadas con Malvinas y la defensa de la soberanía; por otro, las reformas a los sistemas de inteligencia, defensa, seguridad interior, protección de infraestructura crítica y los delitos de desinformación. El oficialismo, en cambio, defiende su tratamiento conjunto bajo el expediente 0010-PE-2026.
El plenario de este martes será la instancia decisiva para determinar si La Libertad Avanza reúne las firmas necesarias para un dictamen de mayoría y avanzar hacia el recinto, o si el presidente de la Comisión de Defensa Nacional, Carlos Zapata, debe convocar a un nuevo encuentro, lo que implicaría una nueva pérdida de impulso político para la iniciativa.
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El PJ mira el triunfo de Lula: la candidatura de CFK, el futuro de la coalición y el mensaje a Milei

El inesperado e histórico triunfo de Lula Da Silva en Brasil sacudió al peronismo en la Argentina. Fue tan fuerte el impacto de la victoria en el balotaje ante Flávio Bolsonaro que Cristina Kirchner, que hacía más de un mes que no se expresaba en público, reapareció con un mensaje en sus redes sociales felicitando presidente brasileño por su triunfo.
La figura de la ex jefa de Estado quedó en el centro de las repercusiones del justicialismo porque algunos dirigentes de su espacio proyectaron la importancia de su liderazgo en las elecciones del año que viene. “Con la misma certeza y esperanza en nuestro país con CFK”, escribió Mayra Mendoza en sus redes, quien tuvo un intercambio con Rodrigo Neves, alcalde de Niterói, ciudad de Río de Janeiro y que se reunió con Cristina Kirchner meses atrás.
“La juventud de Niterói inició el 5 de octubre el movimiento que se extendió por todo Brasil para darle la vuelta a la elección y elegir al presidente Lula. Estamos juntos, amiga Mayra Mendoza, por la justicia para Cristina —perseguida política— y por la defensa del Mercosur y de América Latina”, escribió Neves.
“Con energías renovadas, a seguir dando en nuestra Patria todas las batallas, en especial la de la liberación de Cristina y el fin del la proscripción para, también acá, recuperar una democracia plena“, sostuvo la diputada nacional Paula Penacca. Eduardo ”Wado de Pedro» publicó una foto de Cristina Kirchner y Lula Da Silva con las banderas de Argentina y Brasil.
Incluso, el abogado brasileño Rafael Valim, que se hizo cargo de la defensa de la ex presidenta e impulsó la revisión de su condena en la causa Vialidad ante la ONU, dejó un mensaje de alto voltaje político: “Hoy ha sido Lula, el año que viene será Cristina”, publicó en la red social X pocos minutos después de que se conociera el triunfo electoral.
Hubo una intención manifiesta, por parte de los dirigentes del cristinismo, de equiparar la importancia de los dos liderazgos en la región y, en clave electoral nacional, de darle entidad y fortaleza a la figura de Cristina Kirchner de cara a las elecciones del que viene. Advirtiendo, implícitamente, que ella debe ser una protagonista del proceso electoral que se avecina.
El triunfo de Lula dejó un sabor dulce en los paladares peronistas, que vieron en el resultado de la elección el freno a una ola de triunfos de las opciones de derecha en la región. Como si lo sucedido el domingo en Brasil pueda ser leído como el quiebre de una etapa y la posibilidad de que haya un giro, nuevamente, hacia gobiernos de corte popular.
Dejó también sin efectividad algunas hipótesis que retumbaron con fuerza después del triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta. Aquellas que hablaban de que todos los oficialismos tenían problemas graves para reelegir y la que ponía el foco en una potencial candidatura de Máximo Kirchner, amparada sobre la lógica de que el hijo de un ex presidente preso podía legitimar sus votos y tener un puente para se traspase el flujo de adhesiones de padre o madre a hijo.
“Las realidades de cada país son distintas, pero si caía Brasil, no quedaba nada”, se sinceró ante Infobae un nombre propio importante dentro de La Cámpora, que agregó: “Milei puede tener un mal fin de año si pierde (Donald) Trump y gana (Pedro) Sánchez”. La mirada cristinista da cuenta, sobre todo, de un golpe duro para el Presidente en términos de representación ideológica de los modelos políticos.

Milei jugó muy fuerte por Bolsonaro y también lo hará por el mandatario norteamericano. El resultado de los votos podría dejarlo expuesto como estandarte de modelos perdedores. La derrota del candidato del Partido Libertal (PL) en Brasil marca un freno a una avanzada muy clara y contundente de la derecha en toda la región.
De esa forma lo planteó Axel Kicillof, que ya no solo habla en público como gobernador de Buenos Aires, sino asumiendo el rol de un precandidato presidencial del peronismo. “Si Brasil se pintaba de ultraderecha, la situación de la Argentina a partir de las elecciones del año que viene era muy distinta. Indudablemente, es un hito importantísimo que representa un quiebre”, sostuvo en una entrevista con El Destape.
Cerca del mandatario bonaerense aseguraron que el triunfo es importante para “poner un freno a derecha en la región” y que exista “un equilibrio”, pero que en lo que respecta al proceso electoral de la Argentina, el peronismo “no se puede relajar”. “Tiene un impacto emocional alto, pero no resuelve lo que hagamos nosotros”, explicó a este medio un importante funcionario del gobierno bonaerense.
En el esquema político que trabaja cerca de la candidatura de Kicillof la mirada fue cauta, pero positiva. “Para el peronismo el triunfo de Lula es una enorme esperanza. Demuestra que con una unidad ampliada y una propuesta que convoque a las mayorías se puede derrotar a Milei. Y que nunca hay que subestimar a la gente”, expresó un diputado nacional que, en el rompecabezas del peronismo, se ubica cerca del Gobernador.
La unidad política y el ordenamiento del Partido de los Trabajadores (PT) fue otro de los temas que surgió entre las repercusiones justicialistas. En el peronismo son muchos los dirigentes que creen que en la unidad del espacio político se encuentra una de las claves determinantes para poder intentar ganarle a Milei el año que viene. Y en esa línea también destacan la importancia de ampliar fronteras y sumar otros sectores, como han dicho en público, durante las últimas semanas, Axel Kicillof y Máximo Kircher.
La diferencia mayor que existe en esa comparación obligada es el rol que ocupa cada fuerza política en su país. El PT es el oficialismo y, en su versión ampliada conseguida cuando Lula Da Silva volvió al poder en el 2022, está bastante ordenado detrás de la figura del Jefe de Estado. En cambio, el peronismo en Argentina está fragmentado, sin un liderazgo que concentre a la mayoría, atravesado por odios y rencores, y, al día de hoy, no está asegurada su unificación en el campo electoral.
La amplitud de una posible coalición para tratar de vencer a Milei fue otro de los temas centrales en las repercusiones post electorales. La diputada nacional Victoria Tolosa Paz planteó que “en el pragmatismo de Lula” hay una parte importante del resultado.
Recordó la decisión de Lula de incorporar a Geraldo Alckmin a la fórmula presidencial de 2022, en una alianza que permitió acercar a sectores de San Pablo, industriales y de centroderecha, “que necesitaban ser parte del proceso de ratificación de la industrialización de Brasil”.
“Lula, con proyección de un nuevo mandato, es el líder regional indiscutido. Todos los presidentes del Escudo de las Américas lo han saludado y se preparan para trabajar con él. Milei, asilado en su odio, perdió. Jugó fuerte, al punto de romper todo puente, y ahora quedó debilitado”, analizó otro dirigente del peronismo con experiencia en el campo internacional.
En un mensaje de mayor contenido territorial, un referente social que trabaja en la candidatura de Kicillof planteó: Esperemos que sirva para movilizar al peronismo, dejarse de joder con el internismo y salir a ampliar para construir un gran frente. El resultado puede entusiasmar a la militancia nuestra y deprimir un poco a la de ellos», aseguró ante la consulta de este medio. Una reflexión con anclaje electoral y vinculado a las diferencias interminables en la política bonaerense.

“Es una gran noticia el triunfo de Lula y haber salido de la lógica del pronóstico fatalista de que la elección estaba perdida. Si a eso se suma lo que pueda pasar en Estados Unidos, son noticias muy malas noticias para Milei, y son buenas para nosotros”, explicó un ex gobernador del peronismo a Infobae. Existe la sensación, que está latente en el universo justicialista, de que la victoria de Lula puede dar pie al inicio de una cadena de derrotas de los representantes de derecha y que ese camino incluye a Milei.
Son lecturas de largo plazo que después están atravesadas por múltiples factores locales e internacionales, y que pueden potenciarse o achicarse a una expresión más terrenal. Sin embargo, lo que está claro en el peronismo es que el golpe de efecto positivo que generó para las expresiones populares la victoria del presidente brasileño, no hubiese sido lo mismo si Bolsonaro se alzaba con la victoria.
“Para el peronismo y su sistema de alianzas, el triunfo de Lula es una bocanada de ánimo, de aire fresco, de alegría. Es una inyección emocional importante y creo que eso es valioso”, afirmó Sergio Massa ayer. En el PJ sienten que es un empuje importante, desde el país vecino, para la etapa que viene.
Respecto a la derrota de los oficialismos, que se cortó con el resultado de ayer en Brasil, un ex funcionario de primera línea del gobierno del Frente de Todos lo analizó al detalle y explicó por qué es un error haber leído esa seguidilla como un comportamiento global uniforme.
“Nosotros perdimos por que el oficialismo se rompió desde adentro y eso nunca se saldó. En Uruguay, en Chile y en Colombia hay alternancia (no hay reelección), en Bolivia también la interna hizo perder al gobierno. En Perú se venía de una enorme inestabilidad política. En Ecuador hubo continuidad y en Venezuela, una intervención.El pueblo brasileño ya hizo su parte. Ahora nos toca a los argentinos”, dijo en un mensaje cargado de optimismo pensando en tiempo electoral que viene.
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Kicillof apuntó contra Milei por no pronunciarse tras la victoria de Lula

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, apuntó contra el presidente Javier Milei por no pronunciarse tras la victoria de Lula da Silva en las elecciones presidenciales brasileñas del último domingo. Horas antes, el mandatario bonaerense había felicitado al líder del Partido de los Trabajadores (PT) luego de imponerse en el balotaje a Flavio Bolsonaro.
“A más de 24 horas de las elecciones en Brasil, Milei sigue sin reconocer el triunfo de Lula. La mayoría de los países de América Latina, la Unión Europea, las principales potencias del G20 y los BRICS ya felicitaron al mandatario brasileño. Milei parece esperar la bendición de Trump para expedirse”, cuestionó Kicillof en un posteo que hizo en sus redes sociales.
Además, agregó: “El silencio es más grave dado que Milei viajó a nuestro principal socio comercial para subirse a actos de barricada e insultar al propio Lula. Esas aventuras llevaron al retiro del embajador brasileño y a la degradación del vínculo por primera vez en 200 años”.
Entre las principales figuras del arco político que felicitaron al mandatario brasileño reelecto figuran la exmandataria Cristina Fernández, la presidenta de Perú, Keiko Fujimori; el presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella; el presidente de Chile, José Antonio Kast; y el mandatario boliviano, Rodrigo Paz Pereira.
A su vez, Kicillof advirtió que la falta de pronunciamiento de Milei sobre la victoria de Lula tendrá eco en el futuro inmediato. “Su irresponsabilidad también pone en juego el destino de empresas y trabajadores que dependen del comercio con Brasil, así como otras agendas de integración hoy paralizadas por decisión de Milei”, planteó.
Finalmente, el gobernador bonaerense cerró su posteo contra el Presidente: “Desde el gobierno de la Provincia de Buenos Aires le exigimos a Milei que esté a la altura de su investidura, reconozca el resultado de las urnas y ofrezca las debidas disculpas al presidente Lula por agravios que no representan el sentir ni los valores del pueblo argentino”.
Antes de apuntar contra el jefe de Estado argentino, Kicillof había felicitado a Lula. El domingo por la noche, tras conocerse la reelección del actual mandatario, el gobernador escribió: “Una noche histórica, un futuro mejor. Lula ganó las elecciones, dejando una lección: nunca hay que rendirse”.
Asimismo, el gobernador compartió una imagen del presidente con sus votantes y añadió: “No hay injerencia extranjera ni campaña de odio que puedan derrotar a un pueblo que defiende su soberanía y su dignidad. Felicitaciones Lula. Gracias, Brasil. No hay otro camino“.
El último domingo, Lula obtuvo 51,7% de los votos válidos contra 48,2% de Flavio Bolsonaro con casi la totalidad del escrutinio completado, un resultado que le otorga un cuarto mandato que muchas encuestas estimaban improbable hace pocos días atrás.
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La Argentina ante la reelección de Lula

La elección de Brasil tiene dimensiones sorprendentes, además de la polarización, brasileña y argentina. Más allá de las discusiones que atraviesan la política hoy -de carácter moral y muy justificadas, por los niveles de corrupción que han invadido la política en Latinoamérica-, para cualquier persona que tenga interés cívico o cultural en la política o en la historia, estamos ante un fenómeno de primera magnitud, que es la evidencia de un liderazgo sobresaliente en términos políticos -no necesariamente de gobierno-, que es el de Lula. Una biografía para Hollywood si uno la examina desde sus orígenes en el nordeste brasileño, surgido de una familia absolutamente pobre y con un padre que los abandona. Trasladado con su familia, sostiene a su madre y a sus hermanos en Santos, trabaja como tornero, así pierde un dedo, enviuda dos veces. Y siempre pierde las elecciones.
Esta es una característica que el propio Lula recordó este domingo: de todas las elecciones en las que compitió, siempre perdió en primera vuelta y en algunas revirtió el resultado en la segunda. Es decir, estamos ante un animal político extraordinario que asombra al propio Fernando Henrique Cardoso, un príncipe de la vida intelectual, un sociólogo refinadísimo que dio clases en la Sorbonne y en Oxford. Cardoso siempre estuvo asombrado por la capacidad política de Lula y, además, orgulloso de que después de sus dos presidencias en un país tan desigual como Brasil, su sucesor fuera un obrero, un sindicalista.
El domingo, después de haber ganado, Lula dio un discurso muy llamativo. Por supuesto, hizo un gran agradecimiento, en palabras suyas, “a la generosidad del pueblo brasileño a lo largo de toda su biografía”. Habló también del programa de lo que él promete que va a ser su mejor gobierno. Lula cumple este martes 81 años y se ha propuesto un legado dentro de los términos de su propia concepción del poder, de la economía y del gobierno. Pero hubo un par de párrafos que convierten a este discurso en una arenga que refleja muy bien el clima de época. Primero dijo que no va a haber más intervención externa en las elecciones brasileñas. ¿A qué se refería? ¿A la intervención del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump? ¿A las incursiones del presidente Javier Milei en la campaña de Flavio Bolsonaro? No, estaba hablando de la intervención externa en las plataformas digitales.
Lula estaba hablando del papel que cumplen hoy las nuevas formas de comunicación en esta democracia que aparece por momentos amenazada en la transmisión de los mensajes y en la manipulación de las conciencias por la operación las redes. Hubo un episodio muy polémico, que tuvo lugar en las plataformas de la compañía Meta, donde fue anulada la posibilidad de que escriba su nombre. Las empresas que participaron de ese episodio alegaron problemas técnicos, y las víctimas de ese episodio, entre ellos el propio presidente electo de Brasil, denunciaron una intencionalidad política. Es un tema interesante porque se advierte la gravitación del mercado en la vida democrática de los grandes actores de lo que hoy es el negocio digital: las megacorporaciones.
Un episodio paralelo a este se vivió cuando Volodimir Zelensky, el presidente de Ucrania, denuncia que Elon Musk, propietario de la red social X, lo dejó sin drones en la guerra contra Rusia porque apagó los satélites. Aparentemente fue en solidaridad con la política exterior de Trump que se acercó al presidente ruso, Vladimir Putin, entre otras cosas, para conseguir combustible. Esta es la nueva democracia, sometida a un impacto extraordinario de las nuevas tecnologías.
De eso habló Lula este domingo, diciendo que va a regular esas plataformas, abriendo un debate enorme sobre qué es una red. ¿En qué medida regular una red es atentar contra la libertad de expresión? Ese debate quedó inaugurado en Brasil con esta promesa del presidente reelecto. Y después dijo algo que lo identifica con distintas formas de populismo y con algún sesgo, podríamos decir, autoritario, que es algo así como: “Ahora voy a usar yo las redes: voy a hablar yo todos los días, porque no voy a permitir que el periodismo me interprete”. Es una definición muy habitual en muchos líderes de derecha y de izquierda, que pretenden, podríamos decir, la fantasía que les provee X, justamente la red de Musk, de tener una comunicación directa con el pueblo. Y eso condiciona muchísimo esas formas de comunicación y la instalación del líder en la sociedad. Bolsonaro, Trump y Miei son tres líderes afines entre sí que, además de lo que podría ser cierta inclinación ideológica, tienen una característica común: encerrarse durante mucho tiempo a tuitear, bajo la idea de que están hablando con la gente y de que el pueblo son los usuarios que los siguen a ellos en las redes. Desde ese punto de vista se observa que el de Lula fue un discurso de época, de estos nuevos tiempos con toda la problematicidad que trae la relación entre nuevas formas de comunicación y democracia.
La clave de esta elección estivo en los que habían estado ausentes en la primera vuelta. Los que se abstuvieron. Y no es solamente una clave de la elección de Lula. Entre la primera y la segunda vuelta, Flavio Bolsonaro aumentó su caudal de votantes en 3.700.000. Es decir, los dos fueron a movilizar al que se había quedado en la casa. Y en esa tarea, ganó Lula. Lo que se vivió este domingo en Brasil fue un récord: nunca hubo tanto nivel de participación en una elección presidencial en la historia de ese país. Es decir, ambos candidatos lograron una proeza de movilización de la gente indiferente o desencantada. Por eso, el mandatario en su discurso le agradeció a los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que se movilizaron para votarlo a él, según el líder del Partido de los Trabajadores (PT), “para salvar la democracia brasileña”. En todo esto hay otra posible lección importante que ya están indagando algunos equipos de campaña para la Argentina. También en la Argentina los niveles de abstención son altísimos. Por lo tanto, la movilización de esos ausentes, puede torcer el rumbo de la historia. Esto ya se vio. Lo vimos en el peronismo durante el gobierno del expresidente, Alberto Fernández. Hay que recordar que en 2021 el gran esfuerzo del peronismo después de las primarias fue ir a buscar a los que no habían votado. Sobre todo en el conurbano bonaerense.
Hay otra posible lección de los comicios brasileños para la Argentina. Pese a que es muy difícil traducir países, siempre hay una manipulación de la información, sobre todo por parte de los políticos que quieren ganar -o no perder- con la elección del otro. Pero sí hay un fenómeno que puede servir para la Argentina porque algo pasó el año pasado en este sentido: la idea de mucha gente que, al ver el resultado de la primera vuelta, reacciona y sale a votar. Es como si tomarán conciencia de lo que está pasando. Como si se asustaran. Esto ya lo vimos muchas veces. La primera vez en los últimos años fue durante la primera vuelta de la elección del 2019, cuando el expresidente Mauricio Macri salió a hacer una campaña muy intensa y si bien no logró ganar, recuperó muchísimo respecto de lo que habían sido las primarias. Terminó en el 41%, que es todo un capital político.
Lo vimos también en 2025. La elección de la provincia de Buenos Aires, que no tiene casi nada que ver con la de diputados nacionales, fue tomada como una especie de adelanto de lo que iba a suceder y muchísima gente, atemorizada por ver el regreso del kirchnerismo, fue a votar y lo hizo ganar ampliamente a Millei. Dicho sea de paso, Cristina Kirchner, cuando defendía la idea de que no hubiera un adelantamiento de la elección bonaerense, pensaba en estos términos. “Los vamos a asustar”, decía irónicamente. Y es lo que pasó. Mucha gente que tiene miedo ante el kirchnerismo se asustó, fue a votar y dio vuelta a la elección. En la política internacional esto también pasa en muchas ocasiones, como en el caso de los arrepentidos del Brexit, que una vez que votan se dan cuenta de lo que hicieron y quieren volver atrás.
¿Por qué es interesante esto para la Argentina? Porque en nuestro país se está discutiendo si se mantienen o no las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias: las PASO. Son una especie de encuesta perfecta, que puede hacer que haya estos movimientos de mayor arrepentimiento de los que no fueron a votar y mayor participación, que tal vez afecten al peronismo.
¿Qué pasaría si en unas elecciones primarias, el mundo no peronista o el antikirchnerismo, advierte que hay un peronismo muy amenazante? A lo mejor, el Gobierno la puede dar vuelta. Sería muy distinto de ir a esa competencia como primera elección. Tal vez definitiva. Estos son comportamientos de los brasileños que pueden permitir sacar lecciones en la política argentina.
El peronismo está tratando de capturar el triunfo de Lula como si fuera propio. Dicen que hay acercamientos entre el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que es el candidato del PJ mejor ubicado en las encuestas, con el equipo de campaña de Lula da Silva. Por otro lado, en el entorno de Sergio Massa -no sabemos si es el propio fundador del Frente Renovador el que impulsó esto-, apareció un grupo de Instagram bajo el título “Volveremos y seremos (más) millones. Grupo de organización y militancia”, acompañado con la cara del exministro, quien, más allá de que siga escondiendo la jugada como suele hacer con mucha habilidad, ya es candidato a presidente. Este grupo hace unas horas tenía 10.000 miembros. Con todo esto, Massa pretende copiar la técnica que llevó adelante el equipo de campaña de Lula, sobre todo después de la primera vuelta: movilizar las redes, pero también las conversaciones de WhatsApp.
Massa quiere ser Lula en muchos sentidos También él tiene que revertir una pésima imagen como la que el actual presidente brasileño tiene frente a una parte importantísima de la sociedad. En la primera vuelta, mucha gente iba a votar a Bolsonaro con vergüenza. Había un voto vergonzante hacia el senador. Y en la segunda hubo muchísimos ciudadanos que ante el espanto por Bolsonaro, también votaron a Lula con vergüenza. Candidatos que tienen imágenes negativas muy altas, como Massa. A través de este grupo, él está tratando de importar la experiencia de Lula. Massa contó con el apoyo, en la elección del 2023, del equipo del PT. Así nació aquella fantasía de Milei de que Lula le dio a Massa mil millones de dólares para la campaña, una cifra exorbitante.
Estas no son las únicas modalidades en que repiquetea en la Argentina y en el peronismo, el triunfo de Lula. Hubo un tuit muy curioso y hasta simpático posteado por José “Pepe” Scioli, hermano del exgobernador bonaerense. En el mismo se lo ve a Lula, mucho más joven, probablemente durante la elección del año 2015, cuando el líder del PT vino a la provincia de Buenos Aires a hacer campaña por su examigo Daniel Scioli, devenido luego en amigo de Bolsonaro. En ese posteo, “Pepe” escribió: “Felicitaciones Lula, yo no cambio”. No es un mensaje para el presidente brasileño electo tanto como para su hermano Daniel, funcionario del actual gobierno de Milei.
En Brasil ganó un gran adversario del presidente argentino. A Milei le cuesta reconocer el resultado. Trump lo reconoció pero habló de una elección amañada. Aún así, lo más destacado dentro del entorno de Trump es lo que dijo quien fuera su principal asesor, Steve Bannon, quien es una especie de Santiago Caputo para él. Un ideólogo, un estratega. Algo muy parecido a lo que sería acá el “Mago del Kremlin”. Bannon comparte un tuit en donde escribe: ”El secretario de Estado, Marco Rubio, el canciller y el presidente necesitan salir ahora a cortar las relaciones diplomáticas y cerrar todo con Brasil. Sin comercio, nada. Este es un gobierno ilegítimo, marxista, globalista”. Muere Milei por decir esto. Y más abajo agrega: “Si no crees que este robo electoral está llegando aquí, estás completamente equivocado. Si no tomamos acción, está pasando aquí el próximo martes”.
Con esto, el asesor de Trump le está prácticamente contestando a Lula. No es que en Brasil se importaron operaciones digitales externas para manipular la elección. Bannon le dice a Lula que, el fraude que él cometió -en la idea de que lo hubo-, se va a repetir el martes de la semana que viene en la elección parlamentaria de los Estados Unidos, donde ya los republicanos dan por seguro que pierden la Cámara de Representantes. Y está muy peleado el Senado.
Exacerbadas las interpretaciones y el dramatismo electoral en todos estos escenarios, las relaciones de Brasil con la Argentina pasan ahora a ser un problema grave porque estamos condenados a llevarnos bien con el vecino.
Desde el punto de vista de la diplomacia, el canciller Pablo Quirno está en una encrucijada. Habrá que ver qué capacidad tiene para influir sobre Javier Milei. Es un gobierno donde nadie habla con el Presidente salvo de cosas que a él le gusta escuchar. Es muy difícil disentir en ese microclima, por miedo a que se enoje o eche a quien disiente.
Lula ganó y va a ser presidente en los próximos cuatro años. ¿Van a seguir interrumpidas las relaciones? ¿El embajador argentino en Brasil va a seguir en Buenos Aires y el brasileño en la Argentina va a seguir en San Pablo? Son relaciones importantes porque hay intereses nacionales que van más allá de los de facción, sobre todo uno en particular: Brasil es el escenario de una gran operación energética de la Argentina, de provisión de gas, más allá del comercio, y ha sido históricamente y sigue siendo el principal destino de las manufacturas argentinas, muchas de las cuales es muy difícil vender en otro mercado.
Se abre un interrogante ahora sobre un tema crucial de la política exterior que seguramente debe inquietar al canciller. Una encuesta de QSocial, que lidera Lucas Klobovs, muestra lo que la sociedad le pide al presidente al día siguiente del balotaje. El 68% dice que Milei debería reconocer el triunfo de Lula; el 16%, que no; 16% no sabe. Pero es interesante: un 32% duda de que sea tan importante la relación con Brasil.
En la encuesta también se consulta si debería tomar la iniciativa, a lo que el 62% dice que sí; el 16%, que no; y el 22% no sabe. Estos últimos dos son números interesantes.
Milei también tiene para festejar. Hasta ahora se venía obedeciendo una regla que parecía que iba a terminar de cumplirse en Brasil si no había reelección: los gobiernos eran víctimas de un voto castigo en las elecciones en las que quieren reelegir y se los desplaza. Presidencias de un solo mandato, empezando por Biden en Estados Unidos o por el anterior Trump.
Aquí parece haberse cortado ese fenómeno que, mirado desde las oficinas de Milei, era inquietante. Si se deja llevar por estas tendencias o estadísticas, Milei tendría derecho a celebrar la victoria de Lula. Es un presidente reelecto, con mucha dificultad, pero reelecto.
Hay una segunda razón por la cual el Gobierno podría festejar lo que pasó ayer en Brasil: si en ningún caso hay reglas en la política, mucho menos esto lo es, pero, para los supersticiosos, daría la impresión de que los argentinos votamos al revés de lo que votaron los brasileños el año anterior.
En 2014, en Brasil, ganó Dilma; en 2015, ganó Macri. En 2018, ganó Jair Bolsonaro; en 2019, en la Argentina, ganó Alberto Fernández. En 2023, ganó Milei y el año anterior había ganado Lula. Es como si votáramos al revés. Si esto es así, el año que viene podría ganar Milei o alguien de derecha, en el caso de que el Presidente no sea el candidato de la derecha argentina, cosa bastante impensable.
Hay otra dimensión interesante de lo que está pasando en las elecciones, no solo en Brasil, sino también en España. A Milei le molestó mucho cuando alguien dijo que era un fenómeno barrial y todo el tiempo insiste con que no lo es. Y tiene razón. Como ningún otro presidente que se recuerde en los últimos años, su nombre tiene una repercusión internacional difícil de alcanzar. Por la rareza, por cómo llegó, por su estilo personal, por lo disonante de sus formas de expresión, porque cumple la fantasía de todo un sector del mercado internacional, sobre todo el radicado en Silicon Valley, en las grandes empresas tecnológicas de las que hablábamos: un mundo casi sin Estado.
Esa internacionalización también tiene una especie de revancha: las izquierdas que compiten en distintas elecciones hacen uso de Milei como insumo. Usan el problema del estancamiento económico. En España, el Partido Socialista lo recibió colgando en su sede una lona donde ironiza: “Somos los zurdos. Bienvenido Milei a España”. Abajo agregan: “El país que más crece en Europa”.
En la campaña de Lula, sobre todo después de la primera vuelta, muchos spots estaban referidos a la Argentina, caricaturizando los males económicos y sociales, hablando de cifras exageradas de pobreza e indigencia y de que la gente come burro. Todo un folclore alrededor del problema central que hoy presenta la política económica: el estancamiento.
Es un problema que afecta en distintos planos al Gobierno y está en el centro de la caída de popularidad del presidente y de su gestión, aunque hoy tuvo lo que podría llamarse una relativa buena noticia. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella tuvo una variación positiva de casi un punto. Es casi nada, pero por lo menos no cayó, porque lo venía haciendo. Desde diciembre del año pasado hasta ahora, el Gobierno bajó alrededor de veinte puntos. Desde abril, este índice, que hoy es de 1,95 y mide de cero a cinco, estuvo en un promedio de dos puntos. La confianza en el Gobierno está tan estancada como la economía.
Un índice de dos puntos, convertido en porcentaje, da más o menos un 40%. Esto es interesante porque hay una correlación enigmática entre este índice y los votos que sacaría el oficialismo si la elección fuera hoy. Milei obtendría el 40% de los votos, que no está nada mal. Un gobierno con este nivel de insatisfacción económica está en el piso de la banda necesaria para ganar en primera vuelta. Es muy probable que el Presidente necesite ganar en primera vuelta, porque en una segunda alguien con menos imagen negativa le puede ganar.
Los números de la economía vienen dando mal en aquello que ahora interesa. La inflación no baja, no se precipita. Está prácticamente estable desde hace meses, probablemente un año. El nivel de crecimiento dio un 0,1% en agosto, muy malo respecto de lo que el Gobierno creía. El propio Milei planteó que los números no son los que esperaba para este momento y lo atribuyó, como hacen siempre los presidentes, a un fenómeno internacional: la suba de la tasa de interés, del precio de los combustibles y el clima de incertidumbre que introduce su amigo Trump. Son factores reales. Todo eso, dice Milei, hace que no estemos dando los resultados que pensábamos y no admite que pueda haber una falla en la consistencia técnica de su gestión.
Este clima socioeconómico está envolviendo un hecho que va a ser muy impactante: la visita del papa León XIV en noviembre, confirmada este lunes por la Secretaría de Prensa del Vaticano. Una encuesta de un Observatorio de las Creencias que funciona en la Universidad de Buenos Aires, liderado por Fernando Guevara, recoge impresiones sobre el viaje del pontífice mediante un barómetro sobre creencias. El 50,7% le atribuye poca o ninguna importancia, mientras que el 49,3%, mucha o alguna.
¿Una visita importante, pero con menor impacto en la vida religiosa? El 64,6% plantea que no va a producir ningún efecto; el 35,4% cree que sí. En España, la llegada de este mismo papa produjo una especie de avalancha sobre las iglesias: más gente va a misa y se confiesa. ¿Pasará eso en la Argentina? ¿La Iglesia argentina está preparada o entrenada para recibir ese impacto? Hay quienes creen, según la encuesta, que no será tan grande.
En cuanto a qué esperan los argentinos del mensaje del Papa, las dos primeras columnas de la encuesta, donde se concentra la mayor cantidad de opiniones, corresponden a mensajes más bien políticos, no espirituales: que hable de la pobreza, el 43,2%, y de la paz internacional, el 20,6%.
La pobreza, la situación social, la caída de la producción y el temor por el empleo aparecen en las encuestas todo el tiempo. Ahora mucha gente espera que el vocero de esas preocupaciones sea el Papa.
Todos estos problemas están impactando dentro del oficialismo. Hay economistas prestigiosos, muy valorados por el equipo económico y, sobre todo, en la cabeza de Javier Milei, como Ricardo Arriazu, que plantean un interrogante sobre la política monetaria. Afirman que es demasiado estricta, que el Gobierno podría no absorber con bonos todo lo que emite para comprar dólares y que esa plata vaya a los bolsillos de la gente para dinamizar la economía, que está planchada o en caída en los sectores que representan aproximadamente el 51% del empleo y la mayor parte del PBI.
No solo hay observaciones, como la de Arriazu, sobre la política económica y su consistencia técnica. Sigue habiendo diferenciaciones dentro del Gobierno y la principal es la de Patricia Bullrich, que en las encuestas está mejor que Milei.
El problema es la consistencia política de este programa. La pregunta que empieza a afirmarse dentro del oficialismo es si este programa, aun siendo bueno, gana las elecciones. En democracia, un buen proyecto económico debe ganar las elecciones. Probablemente alrededor de Bullrich empieza a formularse esta pregunta y a aparecer la incógnita de si Milei, con el paso de los meses, será un candidato competitivo si esto no se corrige, o si el modelo, para reelegir, como dice la senadora, requiere de otro candidato.
Una encuesta de Casa Tres, de Mora Jozami, muestra que al 6% le gusta Milei, pero no Bullrich. Al 8% le gusta Bullrich, pero no Milei. Alguien podría decir: “Ojo, Patricia, porque la gente que está con vos y no con Milei es solo el 8%”. Esa idea se puede discutir. El 47% no quiere a ninguno y el 39% quiere a los dos. La gente dice que comparten el electorado. Esto no quiere decir que la exministra no tenga destino fuera del Presidente, ni que viceversa.
Algunos dicen que esto indica que Bullrich tiene que ser la vicepresidenta de Milei. Así opina, por ejemplo, Santiago “El Mago” Caputo, sobre todo por su cruzada contra los Menem, para que Martín Menem no sea el candidato a vice. Hay una pequeña fisura debajo del revoque que uno ve en el oficialismo que rodea a Javier Milei.
Hay otra consecuencia del estancamiento económico: el peronismo empieza a oler sangre, o poder. Ese es el mensaje de la última reunión que tuvieron los peronistas el jueves pasado, donde estuvieron todos, de todos los distritos, inclusive esta vez la Capital con Juan Manuel Olmos, y Kicillof con Máximo Kirchner.
Los que estuvieron dicen que había un clima de mucha concordia, flexibilidad y comprensión del otro. Es lo que pasa cuando hay algo en expansión y todo el mundo está pensando qué le toca de lo que viene. En ese contexto aparecen dos figuras, Massa y Kicillof, y la discusión sobre el método: a quién le convienen las PASO y a quién no.
Si a Massa no le convienen las PASO por su gran imagen negativa y logra que el peronismo acompañe en alguna medida al Gobierno para darlas de baja en el Congreso, Kicillof, desprovisto de un método que le permita competir por dentro del PJ, ¿no irá por afuera? ¿Qué flexibilidad tiene el gobernador bonaerense frente a esa encerrona que podría estar produciéndole Massa al aislarlo?
Diego Santilli está mirando esa interna porque necesita conseguir los votos para dar de baja las primarias. Ya tiene el apoyo de algunos gobernadores experonistas, o al menos peronistas muy identificados con Milei: Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Gustavo Sáenz, de Salta, y Raúl Jalil, de Catamarca. Los tres comparten un problema, además de ser solidarios con Milei: quieren reelegir y tienen alguna dificultad legal. Necesitan que la Corte los convalide.
Por eso el jefe de Gabinete incluye el tema de la Corte en el paquete de negociación con los gobernadores. Por eso se entusiasma Mariano Borinsky y vuelve a entusiasmarse, increíblemente, Ariel Lijo, pensando que van a ser los candidatos de Milei para que una mayoría de dos tercios en el Senado los convierta en jueces de la Corte.
En ese paquete se autoincluye Juan Bautista Mahiques como candidato a procurador general de la Nación, jefe de los fiscales. Técnicamente, tal vez el cargo con mayor poder que hay hoy en la Argentina. Mahiques tal vez fantasea con que lo van a recompensar por su último logro: haber conseguido el sobreseimiento de Javier Milei, Karina Milei y otros participantes de la operación $LIBRA.
Ese sobreseimiento se explica porque el fiscal Taiano lo pidió. En vez de acusar o investigar, prefirió decir: “Acá no ha pasado nada”. Pruebas que no se confrontaron, indagatorias que no se hicieron y un juez, Martínez de Giorgi, que convalidó cómodamente lo que le pidió el fiscal. A Ana María Juan, esposa de Martínez de Giorgi, gracias a Mahiques, la acaban de nombrar jueza federal en Hurlingham.
Queda la incógnita de Casación. Los jueces Yacobucci, Slokar y Ángela Ledesma tienen que resolver si aceptan que los querellantes participen de esta causa, con lo cual se revisaría todo.
Lo importante es que Mahiques espera, después del deber cumplido, que Milei lo apoye para ser procurador general de la Nación, junto con Lijo y Borinsky como jueces de la Corte. Santilli les dice a los gobernadores que apoyan esto con sus votos que esos jueces les pueden dar la reelección.
Carlos Pagni,Javier Milei,Lula da Silva,,Conforme a
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