DEPORTE
Un héroe de Madrid: El historial de Leonardo Ponzio en Superclásicos como jugador de River Plate

Leonardo Ponzio. Foto: Twitter @RiverPlate
Este domingo 1 de noviembre, River Plate visitará a Boca Juniors en La Bombonera, en una nueva edición del Superclásico que podría definir mucho para ambos equipos en el Torneo Clausura y la tabla anual. Este será el primer partido como DT para Leonardo Ponzio, quien sin embargo tiene un gran historial contra el Xeneize como jugador.
Como se recuerda, Leonardo Ponzio jugó su último partido como futbolista profesional en diciembre de 2021 (realizó su despedida en septiembre del año siguiente) y desde ahí se dedicó a entrenar a las inferiores River Plate.
Sin embargo, tras la salida primero de Marcelo Gallardo y luego de Eduardo Coudet, Leonardo Ponzio tomó interinamente el cargo de entrenador del primer equipo de River Plate, consiguiendo levantar al equipo que venía de una histórica mala racha. Y este domingo, el León tendrá su primer Superclásico con el buzo de DT e intentará que su escribir una gran historia como lo hizo cuando era futbolista, puesto que tiene grandes recuerdos frente a Boca Juniors, sobre todo en las copas internacionales, como el recordado 3-1 en Madrid.
El historial de Leonardo Ponzio frente a Boca
A lo largo de sus 11 años (divididos en dos etapas) en River Plate, el León se convirtió en uno de los ídolos de River Plate siendo el más futbolista más ganador de la historia del Millonario y el 15° con más presencias. Y en cuanto a los Superclásicos, estuvo en los más recordados por el hincha del Millo, además de tener un favorable historial.
Y es que de los 23 partidos en los que Leonardo Ponzio estuvo frente a Boca Juniors, River Plate se quedó con ocho victorias, empató nueve y perdió seis.
El León estuvo en las semifinales de la Copa Sudamericana 2014 la cual significó un cambio en la historia de River Plate tras el descenso y el inicio de una época inolvidable para los hinchas. Ponzio también participó en el cruce por los octavos de la Copa Libertadores al año siguiente.
Pero el partido que recordará toda la vida no solo Leonardo Ponzio sino también todos los hinchas de River Plate, será el duelo de vuelta de la final de la Copa Libertadores 2018 en el Santiago Bernabéu, donde el León fue el capitán del equipo que venció 3-1 a Boca Juniors y se consagró campeón en el Superclásico más importante de la historia. A continuación repasá todos los duelos ante el Xeneize en los que estuvo el ahora DT de River.
Todos los Superclásicos jugados por Leonardo Ponzio
- 15/04/2007 Clausura 2007 Empate 1-1 Bombonera
- 07/10/2007 Apertura 2007 Triunfo 2-0 Monumental
- 04/05/2008 Clausura 2008 Derrota 0-1 Bombonera
- 19/10/2008 Apertura 2008 Derrota 0-1 Monumental
- 28/10/2012 Inicial 2012 Empate 2-2 Monumental
- 05/05/2013 Final 2013 Empate 1-1 Bombonera
- 06/10/2013 Inicial 2013 Derrota 0-1 Monumental
- 05/10/2014 Transición 2014 Empate 1-1 Monumental
- 20/10/2014 Copa Sudamericana Empate 0-0 Bombonera
- 27/10/2014 Copa Sudamericana Triunfo 1-0 Monumental
- 07/05/2015 Copa Libertadores Triunfo 1-0 Monumental
- 14/05/2015 Copa Libertadores Empate 0-0 Bombonera
- 13/09/2015 Campeonato 2015 Derrota 0-1 Monumental
- 06/03/2016 Transición 2016 Empate 0-0 Monumental
- 11/12/2016 Campeonato 2016/17 Derrota 2-4 Monumental
- 14/05/2017 Campeonato 2016/17 Triunfo 3-1 Bombonera
- 05/11/2017 Campeonato 2017/18 Derrota 1-2 Monumental
- 14/03/2018 Supercopa Argentina Triunfo 2-0 Malvinas Argentinas
- 23/09/2018 Campeonato 2018/19 Triunfo 2-0 Bombonera
- 09/12/2018 Copa Libertadores Triunfo 3-1 Santiago Bernabéu
- 02/01/2020 Copa Diego Maradona Empate 2-2 Bombonera
- 16/05/2021 Copa de la Liga 2021 Empate 1-1 Bombonera
- 03/10/2021 Liga Profesional 2021 Triunfo 2-1 Monumental
Leonardo Ponzio, River Plate
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La prensa francesa criticó a Mika Godts y ahora se rinde a la apuesta de Luis Enrique: ‘La historia se repite’

Se fue especialmente rápido con Mika Godts (Leuven, 2005). La presión en París es mayor, pero también lo es su margen de crecimiento futbolístico. El belga, de 21 años, aterrizó este verano en la capital francesa con una interesante carta de presentación: 17 goles y 15 asistencias en 44 encuentros disputados con el Ajax entre todas las competiciones.
Su adaptación está llevando más tiempo del esperado, lo que llevó a la prensa local a poner en duda su talento y cuestionar la considerable inversión realizada por la entidad parisina: 45 millones de euros.
Tras un inicio de curso discreto, en el que el extremo no ha logrado trasladar todavía las cifras que firmó en Ámsterdam, recibió las primeras críticas por parte de la prensa. Pese a ello, Luis Enrique mantenía intacta su confianza en él y consideraba que aún necesita tiempo para adaptarse a las exigencias del equipo.
«Hemos firmado jugadores para compartir un largo camino. Será importante, ya lo es, y me gusta la forma en que afrontó el partido», declaró tras ganar al Le Mans.
Mika Godts celebra un gol con el Ajax / EFE
Hasta el encuentro aplazado frente al Lyon, Godts apenas había sumado una asistencia en siete partidos, con un total de 203 minutos disputados. Sin embargo, ese duelo parece haber marcado un punto de inflexión en su aventura parisina y podría empezar a cambiar la percepción sobre un fichaje que hasta ahora había generado más dudas que certezas.
Godts firmó su primera gran noche en París con un gol y una asistencia ante el Lyon
Se presumía que, ante la lesión de larga duración de Kvaratskhelia y la baja de Dembélé durante varias semanas, el ex del Ajax asumiría un mayor protagonismo en los planes de Luis Enrique. Con un gol – el primero con el PSG – y una asistencia, Godts fue decisivo desde el banquillo en el triunfo por 2-0 ante el OL. Gracias a él, el PSG se hizo con el liderato.
La prensa recula
«Gracias a los suplentes (Mayulu y Godts), el PSG se pone líder», titulaba ‘L’Équipe’. También destacó la ejecución del tanto del belga: «Con un potente disparo, no dio ninguna opción al portero Dominik Greif«.
Por su parte, ‘Foot Mercato’ aseguró que los ‘rouge et bleu’ tomaron el control del partido de la mano del belga: «Tuvo un impacto inmediato. Su entrada fue perfecta, primero por su intensidad, después por su eficacia, y marcó su primer gol con el PSG», escribió.
Mika Godts celebra su gol al Lyon / YOAN VALAT / EFE
‘Le Parisien’, que hasta ahora se había mostrado especialmente crítico con Godts, interpretó su actuación como un posible punto de inflexión, especialmente ante la ausencia de larga duración de Khvicha Kvaratskhelia: «Quizá esta sea la noche en la que Mika Godts se convirtió definitivamente en jugador del PSG», arrancaba.
La prensa francesa cambia el tono con el belga, que empieza a justificar los 45 millones de euros de su fichaje
«Es el momento en el que un recién llegado causa impresión y deja atónitos a sus rivales. Désiré Doué se hizo inmortal de rojiazul en diciembre de 2024, durante el partido de la Champions contra el Salzburg, con un gol y una asistencia. Ahora la historia se repite. Además, es muy posible que el Lyon sea más fuerte que los austriacos de entonces», subrayó.
Luis Enrique, tranquilo
Luis Enrique, que ya defendió la necesidad de dar tiempo al extremo belga para adaptarse a las exigencias del PSG, se mostró convencido de que su evolución es parte del proceso habitual de cualquier fichaje.
«Es lo típico y habitual: el tiempo de adaptación que necesita todo jugador. Estamos contentos con él. Tenemos que mantener la calma para sacarle el máximo partido», explicó en la rueda de prensa previa a la visita al Le Havre (19:00h).
Esta tarde goza de una nueva oportunidad para confirmar las buenas sensaciones que dejó ante el Lyon y demostrar que puede convertirse en una pieza importante en los planes de Luis Enrique.
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13 frases de Manu Ginóbili: el día que perdió su anillo de casamiento, las lágrimas en el Salón de la Fama y la Generación Dorada

Manu Ginóbili visitó Otro día perdido, el programa de El Trece que conduce Mario Pergolini, y repasó episodios de su vida personal y deportiva. La entrevista se dio el mismo día que la NBA lo homenajeó con un video por los 24 años de su debut en la liga de básquetbol más importante del mundo, ocurrido el 29 de octubre de 2002 ante Los Angeles Lakers. En la charla televisiva, el bahiense reveló que durante un partido perdió el anillo de casamiento y, desde entonces, usa un reemplazo de ocho dólares que ya tuvo que comprar en diez oportunidades.
Ginóbili explicó que las normas de la NBA prohíben a los jugadores usar anillos en cancha, por lo que decidió guardarlo dentro de la zapatilla antes de cada encuentro. El problema surgió cuando el equipo jugó de visitante, ya que el vestuario no contaba con un lugar fijo para guardar pertenencias. Tras quitarse el calzado al finalizar el partido, notó la ausencia del anillo y esperó que algún integrante del plantel rival, un utilero u otro compañero lo encontrara. La búsqueda no dio resultado.
Al llegar a su casa, Ginóbili le contó lo sucedido a su esposa. “Volví a casa y le dije a mi mujer ‘gorda, no apareció’. Me dijo ‘ponete algo que marque que estás casado’”, recordó el ex escolta de los San Antonio Spurs, equipo con el que disputó 16 temporadas y ganó cuatro títulos de la NBA.
La solución fue práctica: compró un anillo de ocho dólares que, según admitió, se pierde con frecuencia. “Agarré y compré este anillo de 8 dólares que se pierde muy seguido, pero debo llevar comprados unos diez”, señaló el jugador, que lleva 22 años de casado. “Me permite jugar, entrenar porque es de goma”, contó.
Otro de los momentos salientes de la entrevista giró en torno a su ingreso al Salón de la Fama del básquet, producido el 10 de septiembre de 2022, instancia en la que debió preparar un discurso de agradecimiento. Ginóbili recordó la dificultad que implicó dedicarle esas palabras a su padre, que atravesaba entonces una situación de salud complicada.
“Cuando te dicen que podés preparar un discurso de 20 minutos para agradecer a la gente que te acompañó es un muy buen ejercicio, pero difícil de ejecutarlo. Decirle a una persona que es importante es muy difícil. Decirle eso a mi papá que estaba pasando ya por una situación difícil”, explicó. El tiempo asignado para el discurso cambió en varias ocasiones: primero le indicaron 40 minutos y luego lo redujeron a diez.
Durante los ensayos, la emoción lo superó. “Cuando lo preparé lo hice delante del espejo y me largué a llorar”, confesó. La organización del evento le permitió conocer el escenario un día antes, con el objetivo de revisar la iluminación y definir la ubicación de su familia. “Estaba muy nervioso”, agregó.
El ex jugador aprovechó el momento para reflexionar sobre la salud mental en el deporte de alto rendimiento. “Nosotros estábamos como que éramos superhéroes, que cobramos fortunas, que no tenemos problemas, pero no es así. Ahora se habla mucho de la salud mental y llegué a agarrar un poco al final de mi carrera”, sostuvo.
Ginóbili también se refirió a su paso por la denominada Generación Dorada de la selección argentina, con especial atención en la medalla de oro obtenida en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El equipo llegó a esa cita tras la derrota en la final del Mundial de 2002.
“Es un orgullo impensado. El sueño de medalla es lo máximo. La experiencia espectacular y terminarla… Veníamos de perder la final del mundo en 2002 y fuimos a los Juegos para poder ganar una medalla”, relató. El ex alero destacó la confianza que existía dentro del plantel respecto de sus posibilidades. “Nosotros sabíamos que teníamos talentos, ganas y capacidad de ganar una medalla”, afirmó.
Sobre el valor que adquirió ese logro con el paso de los años, Ginóbili usó una comparación particular. “Lamentablemente los sentimientos se van yendo, pero cuando ves un video del momento es un vino que cada vez tiene mejor gusto”, expresó. Y agregó: “Fue el momento de mayor alegría deportiva en mi vida. Ahí te das cuenta de lo único e irrepetible de la situación”.
El jugador también mencionó el reconocimiento que recibió tras ese título olímpico de parte de figuras del básquet estadounidense. “Cuando volví a los Estados Unidos recibí los piropos y halagos más locos que podía recibir de leyendas y número uno”, dijo. Y remarcó el vínculo construido dentro del equipo años antes de esa consagración: compartió habitación con Luis Scola durante su etapa de formación, una experiencia que calificó como clave. “Fue fundamental conocerlos desde chico y eso sirvió mucho en la Generación Dorada”, concluyó.
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Fue figura del fútbol argentino, convirtió dos goles en la Selección de Maradona y hoy se dedica a la venta de ropa deportiva

Facundo Bertoglio fue uno de los futbolistas más destacados de aquella “selección local” que Diego Armando Maradona armó para disputar algunos amistosos previo al Mundial de Sudáfrica 2010. A pocos meses de la cita en suelo africano, dio la nota con dos goles en una exhibición contra Haití en Cutral Có y confirmó que estaba a la altura de los mejores del medio local en un duelo en el que tiró paredes con dos emblemas como Ariel Ortega y Martín Palermo. Fue vendido por millones a Europa, retornó al fútbol argentino, padeció una lesión crónica de tobillo que acortó su vida útil como profesional y hoy se dedica a la venta de indumentaria deportiva mientras se forma para ser entrenador y sueña con volver a las canchas del otro lado de la línea de cal.
En una entrevista exclusiva con Infobae, el talentoso mediapunta surgido en la cantera de Colón de Santa Fe reveló por qué no volvió a jugar con la camiseta del Sabalero, con la que en sus inicios recibió una de las patadas más impactantes de los últimos tiempos de parte del colombiano Breyner Bonilla en un partido contra Boca: “Pensé que me rompía todo”. Por qué el Turco Mohamed fue el técnico que más lo marcó, el pedido de Maradona antes de aquel amistoso contra los haitianos en Neuquén y la madrugada en la que ultras de un equipo griego en el que jugó se cruzaron en la ruta para exigir explicaciones después de una derrota.
—Tenés apenas 36 años, ¿ya te retiraste definitivamente como jugador de fútbol?
—Me encantaría seguir jugando. Renegué mucho desde los 30 años con problemas en un tobillo, una osteocondritis que me empezó a joder un poco. La estiré hasta los 35, jugué con infiltraciones y tratamientos de kinesiología. Jugué hasta donde más pude, hasta a veces sufría y no disfrutaba el fútbol por este tema. La carrera se me estiró cinco años, no pensé que iba a poder tanto. Me vine a vivir a mi pueblo, San José de la Esquina (Santa Fe), y terminé en Centenario, donde me inicié.
—¿No te quedó la espina de volver a jugar en Colón?
—No, porque Colón es un club especial para mí. Me formé ahí, fui a la pensión desde muy chico, es un club que quiero mucho. Y cuando tuve la oportunidad para volver, que fue al final, sentía que no estaba bien para ayudarlo o darle algo dentro de la cancha. Entonces tomé la decisión desde la razón y no desde el corazón. Si algún día me toca volver a Colón, me formaré para ayudar y no solo porque uno es hincha o lo lleva en el corazón.
—Colón te dio la chance de jugar en Primera y también de vestir la camiseta de la selección argentina… ¿qué recordás de tus inicios en el club? ¿A qué jugadores mirabas?
—Desde chico acá en mi pueblo siempre soñé con entrar a una cancha y jugar con el estadio lleno. Por más que estaba cerca de Rosario, nunca fui a una cancha hasta los 15 años que llegué a Colón y fui alcanza pelotas. De chiquito nunca había visto tanta gente en una cancha. Ahí se me prendió el sueño y pensar que quería estar adentro y sentirme jugador de fútbol. Fue una emoción muy grande aquella primera vez en la cancha. “Yo quiero estar acá”, pensaba. Cambió mi cabeza desde ese día, me fui a dormir sabiendo que haría todo lo posible para entrar a esa cancha con la camiseta de Colón. En ese momento miraba mucho a Totono Grisales, el Bichi Fuertes, que después se fue, Giovanni Hernández y el peruano (Juan Manuel) Vargas.
—¿Cuál fue el punto de inflexión en tu carrera? ¿Cuándo te sentiste profesional y en qué momento pensaste que estabas para dar un salto importante?
—Al hacer lo que te gusta, no te das cuenta del día a día. Pasa todo muy rápido: pretemporada, partidos, viajes. No me detenía a pensar “che estoy con el Bichi Fuertes”. Hoy a veces hablo con él y le digo que fue un placer jugar con él, en ese momento no me percataba. Personalmente tuve un partido contra Universidad Católica en un repechaje de Libertadores que me marcó y también tuve partidos buenos contra equipos grandes de Argentina como Boca y River. Ahí noté que tenía proyección, que quizás podía irme a Europa o dar un salto. Estoy muy agradecido al Turco Mohamed, porque con 17 o 18 años él me pedía que la pide y encare, no me metía presión por perder una pelota. No es fácil encontrar un entrenador así que te libere y te haga disfrutar del fútbol y más hoy en día. Tuve la suerte de tenerlo y que me ayude, mejore y enseñe muchas cosas. No me ponía ningún límite.
—Recibiste un patada histórica en un Colón-Boca de parte del colombiano Breyner Bonilla. ¿Me contás los detalles de esa jugada?
-Ganábamos 3-0, yo había hecho dos goles y era un partido perfecto para nosotros. La gente empezó a gritar “ole, ole” y se percibía que en algún momento se venía una patada fuerte. Faltaban cinco minutos y quedó esa pelota en el aire, pensé que llegaba antes. Pero vi cómo se tiró él y no alcanzo. Lo vi venir de frente y dije “che, me rompe todo”, entonces intenté puntearla y saltar. Me engancha de lleno, pero en el aire. La patada la vi venir, pero no la pude esquivar, no había manera. Por suerte fue el golpe y que me enganchó en el aire. Si me agarra afirmado al piso, creo que me lesiona porque se tiró muy mal.
—¿Qué repercusión hubo después del partido? ¿Bonilla te fue a pedir disculpas al vestuario o te llamó?
—No, no. Quedó en la cancha. Fue una situación de partido en la que ganábamos 3-0 y la gente gritaba “ole”. Él había cometido uno o dos errores en los goles y se dio así, pero quedó ahí.
—Ese gran nivel en Colón te llevó a la Selección dirigida por Maradona antes de Sudáfrica 2010. ¿Tuviste tu “momento Maradona” como han contado otros jugadores?
—El Turco Mohamed me había dicho que me estaba mirando y después me avisaron del club que estaba citado. Parece una pequeñez, pero cuando llegué a la Selección y escuché que él me decía “Facu, Facu encará” no podía creerlo. Salí del entrenamiento y le decía a mi viejo que conocía mi nombre. Y, claro, si me había convocado para jugar. Pero era muy fuerte presenciarlo. Él me daba indicaciones “Facu, encará o controlá orientado así” y yo por dentro pensaba “me está diciendo ‘Facu’ Maradona”, ¿entendés? Era una situación tan grande que no podía creerla. Diego fue para mí como el Turco Mohamed, me quedó grabado que antes del amistoso con Haití, que jugué con Ortega y Palermo arriba, lo único que me dijo fue que la pidiera y encarara. Y que, si la perdía, la volviera a pedir y encarara. “Yo te voy a cagar a pedos si no encarás”, me advirtió. Que para un jugador de fútbol Maradona te dijera eso era increíble. Entonces no hice otra cosa que esa, ir para adelante. Fue un recuerdo hermoso que me quedó de él.
—Y encima le devolviste la confianza con dos goles en ese 4-0 contra Haití… ¿Te ilusionaste con ir al Mundial?
—Te digo la verdad, yo tenía 18 años y era un sueño cumplido jugar en la Selección y estar ahí con Diego, Ortega y Palermo. Pero jugué, la rompí, hice dos goles y, cuando me volvía para Santa Fe, me dije “¿por qué no?”. Pero la realidad es que era imposible jugar esa Copa del Mundo con la calidad y cantidad de jugadores que había. Y faltaban tres meses nomás.
—Después de esa Copa del Mundo, te venden a Europa. ¿Te arrepentís de haberte ido a Ucrania y no haber elegido un destino más potable para proyectarte desde lo futbolístico?
—Es complicada la pregunta. Me costó muchísimo la adaptación, estaba muy solo. De vez en cuando iban mi viejo y mi hermano. Yo no hablaba inglés y mis compañeros no me entendían. No estaba preparado para ir a un país así la verdad. Estuve dos años, intenté adaptarme, quise intentarlo para devolver el esfuerzo económico que había hecho el club (Dinamo Kiev) por mí. Tomé la decisión de ir pensando en lo económico. Venía de una familia humilde, clase media trabajadora, siempre laburando. Entonces tomé la decisión pensando desde ese lado. Con el diario del lunes, tenía la posibilidad de ir a Italia o Francia, donde quizás hubiera sido otra cosa, pero se dio así. Después de seis meses o un año me adapté un poco, pero me costó mucho la cultura, fue un cambio muy grande. Tenés que estar bien de la cabeza y anímicamente para rendir.
—Compartiste vestuario con un monstruo como Andriy Shevchenko… ¿Cómo era él?
—Sí, estuve un año con Sheva y después se retiró. La verdad que muy bien, son jugadores que te enseñan y dejan cosas. Mirarlo entrenar era un lujo, un placer verlo. Yo era medio pesado, le preguntaba cosas. Él hablaba un poco español porque había estado en Italia y había tenido a Hernán Crespo de compañero. “Hernán un fenómeno, qué jugador”, me decía. Me nombraba a Batistuta y a Maradona. “El más grande”, me decía. Después he compartido vestuario con otros grandes jugadores como Dida, Zé Roberto, Elano, Gilberto Silva, campeones del mundo. Pero como Schevchenko ninguno. Tenía 36 años y desde donde pateaba hacía el gol. El tipo jugaba un reducido y con derecha, zurda, cabeza o espalda, la metía adentro. Era muy raro que la pelota no fuera al arco. Era un robot.

—¿Tu paso por Gremio en el fútbol brasileño te hizo encontrarte un poco más con tu fútbol?
—Sí, creo que ahí volví a ser feliz y sentirme bien. Vine la primera vez por seis meses, donde anduve muy bien, y después renové por un año, cuando me costó un poco más jugar por el nivel que había. Yo jugaba de mediapunta y estaba Elano, trajeron al chileno Eduardo Vargas, Hernán Barcos, Marcelo Moreno Martins… había un nivel altísimo. Me sirvió un montón, pero alternaba mucho. Fue una gran experiencia estar en ese plantel.
—¿Jugar en Turquía (Fenerbahçe) fue un paso adelante o atrás en tu carrera?
—Te diría que para adelante. Yo creo que todos los pasos que di en mi carrera fueron para adelante. Mirá, yo estaba en el Apoel de Chipre y me salió la oportunidad de irme a Kazajistán. Me preguntaba cómo sería el fútbol ahí. Firmé en un equipo que jugaba Europa League, algo que me motivó a ir, y cuando llegué los jugadores se lavaban la ropa. Te ibas con la ropa de entrenamiento a tu casa y te la lavabas vos. Una cultura muy vieja, del fútbol de antes. Amateurismo puro. Ahí ponés los pies sobre la tierra y empezás a valorar muchísimo más lo que es ser un jugador de fútbol profesional. Después estuve como seis años en Grecia (Asteras Trípolis, Lamia y Aris Salónica), donde es todo más profesional, pero en Kazajistán valoré mucho más todo.

—¿No te llamaron de Colón antes de que jugaras en Tigre o Aldosivi?
—No, en ese momento no apareció. Después de mis primeros seis meses en Tigre sí me llamó Mostaza Merlo porque Colón había ascendido. Tenía ganas, pero Gustavo Alfaro me convenció de quedarme. Aprendí mucho con él. Tuvimos un gran año en Tigre, clasificamos a la Sudamericana y surgió la chance de irme al Asteras Trípolis para jugar Europa League. Después, cuando me salió lo de Aldosivi, mi señora estaba embarazada y tomamos la decisión de quedarnos en Argentina. Ahí conocí a Guillermo Hoyos, que además de ser entrenador es como un padre. Te enseña como ser humano, no solo desde lo futbolístico. Y al jugar en varios países te das cuenta que el fútbol argentino es muy competitivo y dificilísimo.
—¿Es verdad que los hinchas griegos son igual de picantes que en Argentina?
—Sí, sí, se parecen a los de acá. Apenas un poquito más controlados. Pero los barras, que allá les llaman ultras, se te meten a un vestuario o generan violencia en la cancha o algún clásico también. En Aris, que es un equipo grande allá, jugamos una revancha de Copa Grecia contra un equipo chico de visitante. Habíamos ganado 2-0 de local, perdimos 2-0 afuera y quedamos afuera en penales. A la vuelta, los hinchas se nos cruzaron en la autopista con el micro y tuvimos que bajar todos a darles explicaciones de lo que había pasado. Jugamos a las 10 de la noche y a las 2 o 3 de la mañana estábamos ahí como una hora con un frío tremendo explicando por qué habíamos quedado afuera. No nos querían dejar subir de nuevo al colectivo. Los tipos estaban sacados, como locos. Fue una situación horrible. Te decían “¿por qué erraste ese pase?» o “¿por qué no hiciste ese gol?» y vos le respondías que no te había salido. Estuvimos 45 minutos hasta que les pedimos disculpas y nos dejaron ir.

—¿Tenés pensado volver al fútbol desde otro lugar? ¿Te ves como entrenador o más ligado a ser representante o dirigente en algún club?
—Me queda un año para tener la Licencia Pro de entrenador y hace poco arranqué como ayudante de campo de mi hermano en Centenario, en mi pueblo. Para mí el fútbol es todo, me cuesta mucho no estar con la pelota en una cancha en el día a día. Mi idea es largarme de a poco y hacer experiencia, pero adentro de la cancha. Disfruto mucho estar y hablar con el jugador, preparar un partido, cosas que cuando jugaba ya miraba, pensaba y observaba a mis entrenadores respecto al liderazgo de grupo. Administrar las emociones, la tristeza de perder o la alegría al ganar. Hoy tengo un negocio de venta de indumentaria deportiva y también he invertido en algún inmueble, pero no hay otra cosa en la vida que me genere lo mismo que el fútbol.
—Así como anhelaste otras cosas cuando empezabas como futbolista: ¿es un sueño dirigir un día a Colón?
—Sí, lo pienso. Pero no me pongo plazos. Colón es especial para mí y me quiero preparar bien para cuando me llegue esa oportunidad y así ayudar al club. Estoy hablando para dirigir algún equipo de la liga (interprovincial) y agarrar experiencia. No quiero ir a Colón a tener un cargo de tanta responsabilidad solo por mi nombre. Prefiero seguir apoyando como hincha y sí hacerlo cuando me sienta capacitado de afrontar ese desafío.
—Mirá que Scaloni arrancó sin experiencia en la Selección y terminó siendo campeón del mundo, eh…
-Es cierto, ja. Pero yo creo que Scaloni estuvo en Mundiales, en la Selección, había tenido muchas vivencias y se nota mucho lo que transmite como ser humano. Tiene algo diferente que te das cuenta cuando lo escuchás hablar. Lo que yo voy a emprender es con la esperanza y el sueño de algún día dirigir en el alto nivel, no tengo dudas.
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