POLITICA
El oficialismo refuerza su estrategia territorial en la Ciudad con la mira en 2027, pese al acercamiento a Pro

De cara a la pelea electoral por 2027, y poco después de haber mostrado gestos de acercamiento a Pro, La Libertad Avanza (LLA) busca profundizar su estrategia territorial en la Ciudad de Buenos Aires. Será con la presencia de ministros y funcionarios nacionales en diferentes escenarios.
A partir de esta semana, distintos funcionarios y dirigentes “violetas” se mostrarán con Pilar Ramírez, presidenta del bloque de LLA en la Legislatura porteña, y uno de los nombres “puros” que suenan para dar la pelea por la Jefatura de Gobierno porteño. Cerca de la legisladora no quieren hablar públicamente del tema. “Ella no piensa en una candidatura”, dicen.
Ramírez es amiga personal y una de las dirigentes de mayor confianza de Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y líder del partido. Es su espada en la ciudad. Y ya en los últimos meses, la legisladora vino encabezando recorridas por distintos barrios porteños junto a referentes y funcionarios. Ahora, la fuerza libertaria prepara una nueva etapa de esas recorridas, reforzadas por la presencia de ministros y figuras del Gabinete.
“El objetivo es fortalecer la presencia territorial en la Ciudad de Buenos Aires y profundizar una dinámica que se viene desarrollando desde hace meses”, remarcan desde el campamento violeta.
Para eso, ya en los próximos días se darán los dos primeros movimientos de esta nueva etapa, con las presencias de Luis Caputo y Karina Milei, acompañando a Ramírez, en diferentes ocasiones.
El titular de Hacienda la acompañará en la visita a la sucursal número 100 de la cadena de heladerías Lucciano’s, donde recorrerán las instalaciones junto a su dueño.
Con la secretaria general de la Presidencia estará en el sur de la ciudad para visitar la fábrica de sillones Fontenla, también junto a sus propietarios.
Mientras que esas serán las dos primeras apariciones con funcionarios nacionales, para las próximas semanas está previsto que se sumen el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.
Según deslizan desde el campamento violeta, el objetivo de las recorridas es “llevar al territorio las políticas que impulsa el Gobierno de Javier Milei”, y la agenda incluye “recorridas vinculadas a la actividad económica, la producción, el comercio y la seguridad, con el objetivo de tomar contacto directo con vecinos, comerciantes y empresarios”.
Otros referentes nacionales, como la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, y el titular de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, hicieron ya recorridas junto a Ramírez.
Nombres como los de Santilli y Bullrich son algunos de los que también entran en la danza de posibles postulantes a la jefatura de gobierno porteño en 2027. Pero ninguno de los dos muestra interés hoy. El objetivo de máxima de Santilli es la gobernación de la provincia de Buenos Aires y Bullrich también dio señales de que no es lo que tiene en mente.
La pelea por la candidatura a la Ciudad parecía un camino allanado para LLA luego de la performance de mayo de 2025, cuando logró doblegar a Pro en su propio terruño. El entonces portavoz presidencial, Manuel Adorni, como candidato a legislador, logró un importante triunfo. Sin embargo, menos de un año después, el escenario ya se había complicado por completo. Adorni quedó en el centro de una investigación penal por presunto enriquecimiento ilícito, y debió renunciar al cargo de portavoz y jefe de Gabinete, que ejercía desde noviembre del año pasado. Y quedó también fuera de cualquier carrera electoral.
acercamiento a Pro,Cecilia Devanna,Conforme a
POLITICA
Milei versus el Estado de Bienestar

La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene. A los ojos de la oposición pero-kirchnerista y la izquierda más dura, el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria conectó esa calle movilizada local con las movilizaciones en Europa de este fin de semana como síntoma de un cambio inminente que está por venir. El fin de la era de la “crueldad” del ajuste, según su mirada.
Del otro lado, el Gobierno pelea con el cuchillo entre los dientes por sostener un relato de logros, aunque por ahora sean módicos, sobre todo, en cuanto a impacto en la actividad, el consumo y el salario. Las movilizaciones que se viven en las calles de Europa también alientan las certezas oficialistas, pero en sentido contrario: la crisis palpable en las principales capitales europeas como prueba del fracaso del Estado de Bienestar ya no solo kirchnerista, sino europeo y global. La Europa en llamas es la versión global de la caída del “anticristo” en el sentido de Luis Caputo cuando dijo: “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo”.
Un Estado de Bienestar deficitario e hiperregulador con efectos colaterales insostenibles, que en Europa, ahora, viviría su final, según la narrativa libertaria, y en la Argentina, ya lo vivió: Milei lo hizo.
Desde el domingo que viene, desde la elección en Brasil, se sucederá una seguidilla de elecciones claves: la de Estados Unidos el 3 de noviembre, la de España el 29 del mismo mes, la de Francia entre abril y mayo de 2027 y luego, la de Argentina, en octubre de 2027. En todos los casos, se está reescribiendo otra polarización cada vez más clara a la que apela la política de todos los colores para ordenar el sentido de la elección: Estado de Bienestar versus anti Estado de Bienestar.
El desembarco de Milei en el escenario global, luego de llegar al poder en la Argentina, va por ese lado, y en dos sentidos. Por un lado, Milei como el arquetipo de las consecuencias de todos los fracasos del Estado de Bienestar: solo la percepción de semejante fracaso por parte del votante puede haber dado piedra libre y sentido a una motosierra tan brutal como la mileísta. Por el otro, Milei como el arquetipo del giro anti déficit y anti desregulación que una parte de la dirigencia política y tecno-empresarial global ve como necesaria. Milei les ofrece el caso testigo en el laboratorio por antonomasia: una Argentina sometida por décadas a la economía estatizada e hipercerrada del “anticristo kirchnerista”.
El “yo se los dije” mileísta
¿Cómo digiere la ciudadanía los cambios estructurales que atraviesa la economía argentina? Esa incertidumbre recorre la Argentina y todavía no encuentra respuesta firme: El jueves de protestas de la semana pasada intensifica el interrogante: ¿esa calle agitada es un síntoma de un sentimiento de insatisfacción más general que circula subterráneo, o apenas una radicalización oportunista de la política más sobregirada? La duda martillea todo el tiempo. La oposición dura sigue construyendo su versión: crisis total. La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene.
“Nosotros miramos a la juventud en Francia, miramos a la juventud en España, que está tomando en sus manos una lucha muy importante contra el congelamiento salarial, por el derecho a la vivienda”, dijo en televisión la militante del Partido Obrero y secretaria del centro de estudiantes de Filosofía y Letras en la UBA. Una síntesis de la expectativa que la oposición radicalizada pone en un presente que muestra puntos desafiantes para el Gobierno. Pero en la Argentina, la agitación callejera por esas causas es esporádica y efímera. La insatisfacción existe, pero hoy está lejos de seguir la coreografía de las crisis económicas argentinas archiconocidas.
El oficialismo huele otros aires. Las revueltas parisinas como un espejo internacional donde el mileísmo ve la prueba contundente de la caída de una falacia, la viabilidad de la expansión infinita de derechos en base al déficit fiscal y el endeudamiento récord. Es el mundo desarrollado el que le da la razón a Milei.
“¿Reconocerán que otra vez acerté y que ellos erraron fuerte?”, tuiteó Milei el domingo, mientras París ardía. Milei retuiteó un posteo de la cuenta Escuela Austríaca de Economía que sintetizaba su posición: “Cuánta razón tenía Milei”. Incluyó un corte del discurso de Milei en Davos 2024. “Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo, en consecuencia a la pobreza. (…) Nosotros estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo, sino que, por el contrario, son su causa”: un “yo se los dije” mileísta que le da letra al Gobierno para hacer nuevas canciones en el año electoral que ya empezó.
El Anticristo argentino
En realidad, “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo” no fue simplemente una nueva formulación del ya clásico “riesgo kuka”. Tampoco fue un concepto que conecta la visión de Milei-Caputo con una cosmovisión cristiana tradicional. El Anticristo libertario tiene otra raigambre: es la huella más clara que dejó el paso por la Argentina del tecno-magnate Peter Thiel. De Milei y Santiago Caputo a Luis Caputo y Sturzenegger, Thiel dejó marcas conceptuales en su visión del mundo.
La concepción de Thiel le deja dos temas servidos al Gobierno. Por un lado, el Anticristo como un sistema de gobernanza global que disfraza el hiper control de un Estado cada vez más poderoso y regulador con causas políticamente correctas, aprovechándose en realidad de miedos globales como la pandemia, la invasión inmigratoria, el desastre medioambiental y ahora también, el miedo a la IA.
Por el otro, el Anticristo local argentino, el Estado presente del kirchnerismo y las diversas cepas de populismo. Un Estado de Bienestar deficitario e hiper regulador con efectos colaterales insostenibles, que en ahora, en Europa, vive su final. En la Argentina, con Milei, ese final habría comenzado mucho antes: la Argentina kirchnerista, según los ojos mileístas, como el hecho cumplido del fracaso de la promesa populista que ahora también se vuelve más claro en Europa.
El director de comunicación digital en Casa Rosada, Juan Pablo Carreira, usó su cuenta de X, donde aparece como Juan Doe, para poner blanco sobre negro los males del Anticristo europeo: “Francia tiene salud pública gratuita, educación pública gratuita, semana laboral reducida de 35 horas, aborto, planes sociales para desempleo, ley de alquileres, preescolar gratuito y licencia maternal extendida, ley de paridad de género y ley de cupo trans, subsidios a la industria, al transporte, empresas de energía estatizadas, regulaciones e impuestos al carbón y las leyes ecologistas más duras del mundo. Tienen fronteras completamente abiertas, pagan reparaciones por haber colonizado otros países, y hasta viviendas gratuitas para inmigrantes. Tienen todo lo que quiere la izquierda, y aún así los zurdos salen a las calles y prenden fuego TODO. Los socialistas son insaciables. NO HAY QUE DARLES NUNCA NI UN CENTÍMETRO”.
El dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, alineado al máximo con el mileísmo, se hizo eco de la síntesis y retuiteó el posteo. El mundo libertario acelera la lectura del modelo Milei como en combate contra el Estado de Bienestar.
En su reciente presentación en la ONU, Milei retomó el tema del Anticristo en formato de Estado presente global, pero prefirió usar otra terminología. La mano de Santiago Caputo estuvo presente en ese discurso. No habló de “Anticristo” sino de “Leviatán burocrático”. Dijo Milei: “La ONU ha montado un Leviatán burocrático abocado a decidir cómo deben vivir los pueblos y sus ciudadanos. Esto constituye una mezcla curiosa de anarquía y tiranía, impotencia entre quienes rompen las reglas más básicas como dictaduras sangrientas y organizaciones terroristas, y un control e imposición orwellianas ante las democracias liberales que sí cumplen las normas. Lo vimos con la agenda del Nuevo Milenio. Lo vimos con la Agenda 2030, con la regulación económica, las agendas de género, el extremismo y ambiental, y la inmigración descontrolada”.
Milei fue a la tradición del filósofo inglés Thomas Hobbes, autor de Leviatán, una definición del Estado y su rol de mantener el orden y la seguridad, pero para usarlo como hace Thiel con el Anticristo: un sinónimo de Estado global que se extralimita en sus atribuciones.
El tiempo, ¿para quién juega?
Pasado vs. futuro: la percepción del tiempo político es otro factor que tiñe el diagnóstico del presente y de las chances futuras de la oposición y del Gobierno. Se deriva de esa supuesta batalla contra el Anticristo colectivista que busca marcar el final de los tiempos políticos “colectivistas” conocidos.
Es clave para la oposición dura y su mirada electoral: el pero-kirchnerismo se esfuerza en creer y hacer creer que el mileísmo ya es pasado. Que el Estado de Bienestar vuelve a estar de moda, resurge detrás del humo de las revueltas y el mileísmo es un interregno que ya fracasó, cuando todavía le falta un año. Sólo el sueño de la caída de Milei le puede dar algo de nafta a un frente político huérfano de conducción y de proyecto viable, al menos por el momento.
En cambio, el Gobierno busca oxígeno y desplaza hacia un futuro más indefinido el cumplimiento de su visión, los frutos de otra Argentina potencia, la libertaria. La nueva estrategia es invocar a un votante, el de 2027, que vote con ojos de viajero del tiempo instalado en un futuro prometedor, treinta años adelante, 2057, por ejemplo, cuando al fin se noten todos los efectos de los cambios estructurales de la experiencia mileísta en el poder que hoy, todavía, pueden pasar inadvertidos.
El domingo, en una columna en , Federico Sturzenegger se esforzó por tejer esa trama narrativa y corrigió el pronóstico de la bonanza mileísta: 2035, cuando el boom exportador de energía de la Argentina alcance picos históricos o todavía más allá, en treinta años, cuando el espejo retrovisor pueda apreciar mejor los efectos del reformismo del laboratorio Milei: “La presidencia de Javier Milei será recordada, no tanto por cómo transformó su presente, sino por cómo le dio al país la oportunidad de un futuro”, augura Sturzenegger.
Al Gobierno ya no le alcanza con vender un futuro próximo de plenitud, los mejores dieciocho meses que prometió Luis Caputo en abril, y que por ahora no asoman. En Washington, Milei también extendió el cheque del tiempo necesario: primero, puso como condición ratificar el rumbo el año que viene, ganando las elecciones; recién después: “la Argentina volverá a transitar el camino de la grandeza”.
Informales, ¿a favor o en contra?
Bajo el paraguas de la polarización Estado de Bienestar – anti Estado de Bienestar, se da la batalla de interpretaciones en torno a otro tema central que define cada vez más el modelo Milei: el crecimiento de la informalidad en la Argentina. Para la oposición, es la señal de un futuro oscuro de pérdida de derechos laborales, precariedad en el planeamiento de la vida e inmovilidad social. Un Estado regulador que se ausenta, con los peores efectos.
Para el oficialismo, es un síntoma de los caminos de la libertad. En esa ecuación, la nueva mentalidad laboral dejaría afuera al Estado como el salvador y abrazaría una liberación de la manipulación de la política: según el Gobierno, el trabajador informal implicaría la aceptación racional de una escala de vida acorde con los ingresos, sin esperar la licuación inflacionaria y planes platita que empujen un consumo ficticio. El ingreso de la conciencia del trabajador a la mieles de una libertad humilde, pero libertad al fin frente al clientelismo político-electoral.
El secretario de trabajo Julio Cordero lo resumió en el Congreso con otras palabras: “Hay personas que no quieren trabajar en relación de dependencia y prefieren ser monotributistas y tener la libertad de trabajar por cuenta propia”.
Hay mucho riesgo en esa interpretación oficialista. Es cierto que el Gobierno de Milei cuenta con una ventaja estructural: una organización económica, global, que le dio a la economía de las aplicaciones un protagonismo desconocido por la política de las últimas décadas.
El Estado anti Bienestar de Milei cuenta con el amortiguador protector ante el desempleo: la pérdida de empleo formal que haría crecer el desempleo se deriva hacia el autoempleo de las aplicaciones. Con eso, la política opositora se queda sin nafta para agitar la calle, y la calle permanece tranquila aún en los diciembres que traen memorias de crisis argentina.
Pero no está claro cómo se experimenta realmente esa informalidad de nuevo cuño. Y esa percepción de los nuevos informales, exformales, es determinante de las expectativas futuras: influirá en el voto 2027. Si el votante informalizado a la fuerza percibe la informalidad como una oportunidad para el cuentapropismo autogestivo, como sueña el mileísmo, o si se lo vive como una jaula sin esperanzas que se liberará de esos barrotes votando contra el Gobierno en 2027.
Esas opciones quedan ocultas bajo el dato del crecimiento de informalidad que cada uno, oficialismo y oposición, leen en su favor. ¿Una cámara de eco propia que nadie sabe cómo va a quedar desmentida por la realidad?
El jueves de la protesta universitaria, cuando se esperaba el debate en el Congreso por el DNU 70/2023, que no llegó, Juan Grabois planteó abiertamente: “Si el Parlamento está en silencio, que grite la calle”. La calle o las urnas: ¿dónde se ordenan las preferencias de la sociedad?
el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria,en una columna en LA NACION,lo resumió en el Congreso,Luciana Vázquez,Javier Milei,Conforme a
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Patricia Bullrich pidió un acuerdo político para fortalecer al Gobierno y advirtió: “La unanimidad te aísla”

Patricia Bullrich reclamó acelerar las negociaciones para alcanzar un acuerdo político que amplíe el respaldo al Gobierno de Javier Milei y contribuya a garantizar la gobernabilidad. “Hay que hacer un acuerdo lo más rápido posible”, afirmó durante una entrevista en Solo una vuelta más, por TN, en la que insistió en la necesidad de acercar posiciones con los sectores que acompañan al oficialismo.
“Hay que acelerar lo máximo posible un acuerdo político, que va a ayudar a bajar tensiones y garantizar la gobernabilidad”, sostuvo la senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta. Además, aseguró que el tema forma parte de las prioridades de la administración libertaria: “Todo el Gobierno es consciente de la necesidad de hacer un acuerdo ahora”.
En ese sentido, Bullrich planteó que el entendimiento debe incluir a los gobernadores que provienen de Juntos por el Cambio y a sectores del peronismo que no se alineen con el PJ. “Hay que llegar a un acuerdo con todos los que piensan como nosotros”, remarcó.
Para la dirigente, la construcción de esa mayoría debe contemplar a los distintos sectores que respaldan al Gobierno y evitar que las diferencias internas se conviertan en un obstáculo para la gestión.
POLITICA
Inteligencia Artificial: la prudencia no es de izquierda ni de derecha

En nuestro país la prudencia se volvió sospechosa. Se la confunde con miedo, con falta de ambición o con timidez. Fue hace unos días, y a propósito de la Inteligencia Artificial, cuando en la ONU volvimos a escuchar esta curiosa idea de boca del Presidente de la Nación. Ahora lo audaz parece que es renunciar a regular preventivamente a la IA. Y el que no esté de acuerdo, como siempre, será acusado de tibio o de izquierdista disfrazado de responsable.
No quiero discutir en abstracto. Prefiero bajar esta idea a tierra y preguntarnos qué significa, en concreto, no poner ninguna regla. Pensemos en un banco que deja que una IA decida a quién darle un crédito. La IA aprende de lo que el banco hizo en los últimos veinte años. Si en ese tiempo a los vecinos de ciertos barrios se les prestó menos, concluye que ahí no conviene prestar. Nadie se lo ordenó. Nadie lo decidió. Pero lo aplica miles de veces por día. Y el que vive en esos barrios pide un crédito y recibe un no por su código postal, sin que nadie tenga que explicarle por qué.
Esto no es teoría. En los Países Bajos, entre 2013 y 2020, la administración tributaria usó un sistema automático para detectar fraudes en los subsidios para el cuidado de los hijos. Entre los indicadores de riesgo figuraba la doble nacionalidad. Miles de familias fueron acusadas injustamente y obligadas a devolver dinero que no debían. En enero de 2021 renunció el gobierno entero. Los Países Bajos no son un país desordenado. Pero les pasó igual.
Ahora pensemos en una empresa que no tiene un solo empleado, manejada de punta a punta por una IA. Tampoco es ciencia ficción. El Gobierno envió al Congreso un proyecto para reconocer las “sociedades automatizadas”. Y su posición sobre las reglas es bien explícita.
En enero, en Davos, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, dijo que su “única tarea” es “que no aparezca ninguna ley de Inteligencia Artificial”. Si una empresa así le niega un crédito a una familia, estafa a un jubilado, comete un fraude o difunde una mentira, ¿a quién le vamos a reclamar? ¿A quién citarán los jueces?
La pregunta no es abstracta: hasta los legisladores del oficialismo en el Senado introdujeron cambios para que haya personas que respondan. Mientras tanto, los países que se toman en serio esta tecnología hacen exactamente lo contrario: están escribiendo las reglas.
Corea del Sur, el país de Samsung, quiere ser una de las tres potencias mundiales de la Inteligencia Artificial. A principios de este año puso en vigor una ley que identifica los usos más sensibles, como los préstamos, la salud, la educación, las investigaciones criminales y la energía nuclear, y les exige más transparencia y más seguridad. El argumento oficial fue simple: sin previsibilidad legal y sin confianza del público, la tecnología no va a escalar.
Italia fue el primer país de la Unión Europea en sancionar su propia ley. La impulsó el gobierno de Giorgia Meloni. Exige supervisión humana en salud, justicia, educación, trabajo y administración pública, y castiga con prisión a quien use falsificaciones digitales para dañar a otro. Al mismo tiempo, creó un fondo de hasta mil millones de euros para invertir en empresas del sector. Regla e impulso, en el mismo paquete.
En Estados Unidos, el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, firmó una ley vigente desde este año que prohíbe los sistemas diseñados para discriminar o para asignarles un puntaje social a las personas. Texas puede ser muchas cosas, menos una república soviética.
En Europa, aun cuando este año Bruselas decidió darles a sus empresas más tiempo para adaptarse, la evaluación de créditos siguió en la lista de usos de alto riesgo. Los países serios simplifican y corrigen plazos. Pero no se les ocurre tirar el reglamento a la basura. El ejemplo más elocuente llegó a fines de septiembre, desde Washington. Varios de los máximos responsables de las empresas de Inteligencia Artificial venían advirtiendo en público sobre los riesgos de sus propios productos, y algunos habían pedido reducir el ritmo al que mejoran sus modelos.
Donald Trump, cuya visión nuestro Gobierno dice compartir plenamente, los reunió en la Casa Blanca. Su respuesta fue pedirles que se controlen solos. Firmaron un documento, el Acuerdo de la Casa Blanca sobre la Superinteligencia, que no obliga a nada ni prevé ninguna sanción. Trump lo definió como “moralmente vinculante”. Es como dejar que cada equipo fije sus propias reglas para jugar al fútbol.
Lo curioso es que hasta ese documento reconoce que hacen falta controles externos y que con el tiempo podría tener sentido convertir estos compromisos en leyes. Nada de lo que hacen Corea, Italia, Texas o Europa es obra de marxistas. Son las cosas que hacen los gobiernos responsables. Los que escriben estas reglas quieren atraer inversiones tanto como nosotros. Pero saben algo que la Argentina aprendió de la peor manera: el capital serio no se instala en lugares donde no hay reglas. Busca países donde las reglas existen, se cumplen y no cambian con cada gobierno.
Cuando los que fabrican autos piden frenos, prometer que las rutas no van a tener límites de velocidad no es audacia. Es un error y punto. Aristóteles lo explicó mejor que nadie. El coraje está en el medio entre dos defectos: por un lado, la cobardía, que es el exceso de miedo, y por el otro, la temeridad, que es su falta. El que no le teme a nada no es un valiente. Es un imprudente. Y la prudencia es justamente la virtud que nos permite distinguir una cosa de la otra.
No es un freno para la decisión. Es la condición para decidir bien. Tampoco se trata de desconfiar del progreso tecnológico. La Revolución Industrial terminó mejorando la vida de casi todos. Pero en Inglaterra, entre 1780 y 1840, la producción por trabajador creció un 46% y los salarios reales apenas un 12%. Pasaron sesenta años, una vida laboral entera, para que el progreso llegara a quienes lo producían.
Gobernar una transición es, entre otras cosas, conseguir que la espera no se lleve puesta una generación. En la Ciudad de Buenos Aires nadie espera a que se caiga un ascensor para exigir que alguien lo revise. No es burocracia: es la condición para que la gente se suba tranquila. Cuando gobernamos la ciudad, incorporamos asistentes virtuales y sistemas para asignar mejor los recursos. Y la pregunta que más nos importaba nunca fue qué podía hacer la herramienta. Fue quién respondía cuando se equivocaba. Las reglas no deben frenar la innovación. Al contrario, deben dar los marcos necesarios para crecer.
Los argentinos conocemos muy bien el precio de la imprudencia. Lo pagamos con inflaciones, defaults y promesas que alguien hizo con entusiasmo y que otros tuvieron que pagar. Por eso la discusión sobre la inteligencia artificial es, en el fondo, una discusión mucho más vieja. La prudencia no es de izquierda ni de derecha. Es la virtud de los que saben que sus decisiones las van a terminar pagando otros. Lo contrario no es la libertad. Es irresponsabilidad, venga de donde venga.
Horacio Rodríguez Larreta,LA NACION,Opinión
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