POLITICA
El peronismo empieza a ver posibilidades de ganarle a Milei y le da forma a una propuesta electoral

Hay un poco más de claridad. Un poco. Tampoco demasiado. Pero en el peronismo empieza a existir una idea que configura los movimientos de la dirigencia. Hay una sensación uniforme de que existen chances concretas de ganarle a Javier Milei el año que viene, pero también de que ya no se puede seguir perdiendo el tiempo en internas. Aunque las tensiones se mantengan latentes. Aunque los problemas de fondo no desaparezcan. La necesidad de acuerdos es imperiosa porque cada vez queda menos en el reloj para que se abra el calendario electoral.
El símbolo más claro de esa comunión necesaria es el encuentro que esta semana tuvieron Axel Kicillof y Máximo Kirchner para acordar los lugares en la nueva etapa del PJ Bonaerense. Fue una reunión buena, que no terminó ni en una batalla campal, ni en la proclama de unidad. Pero fue un mensaje claro hacia el resto del universo peronista, donde se empezaron a preguntar, con un poco más de optimismo, si realmente sobrevive la posibilidad concreta de llegar a un acuerdo político después de la guerra.
La visita del Papa León XIV pondrá en pausa los movimientos de la política nacional. El foco de atención estará puesto en el mensaje que deje el sucesor de Francisco, un hombre que sigue su línea pastoral y que se prevé que refuerce el discurso que la Iglesia católica tiene en Argentina en los últimos meses. No hablará de la política local ni de los políticos nacionales. Pero dejará mensajes vinculados a la realidad de la región y el país. Así lo entienden en la Iglesia. Después cada cuál decodificará el mensaje como quiera.
Ese tiempo de calma le dará aire al gobierno nacional para afirmarse sobre la agenda eclesiástica y ponerse a la sombra, luego de una hilera de malas noticias vinculadas a sus aliados internacionales. Esos días le servirán también al peronismo bonaerense para extender la tregua forjada en La Plata, y al conjunto de los dirigentes justicialistas para contribuir, en sus movimientos aislados, en la idea de que hay una alternativa en construcción que ya no tiene freno.

En esos días, y sobre todo haciendo foco en donde se concentra la discusión nacional en términos electorales, el único ruido que sigue vigente involucra a Axel Kicillof y Sergio Massa. El Gobernador ha planteado públicamente su respaldo a la reelección de los intendentes bonaerenses, mientras que el líder del Frente Renovador (FR) ha dejado en claro, a través de sus dirigentes más cercanos, que mantendrá su histórica postura contraria a la continuidad, sin fin, de los jefes comunales
El mensaje del massismo esta semana fue contundente. Ellos no acompañarán con sus votos la iniciativa que ya hace tiempo presentó la legisladora Ayelén Durán, del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), pero tampoco orquestarán un plan para frenarla. Kicillof, creen ellos, se tiene que encargar de buscar los votos y, al día de hoy, esos votos no están. “Les prometió a los intendentes que iba a bancar un proyecto en una Legislatura donde está en minoría y en la que una parte del peronismo no lo acompaña”, sostuvo un importante dirigente del FR.
En el peronismo de la provincia de Buenos Aires hay un amplio consenso subterráneo sobre la importancia de que salga la ley de reelecciones. Más allá de la posibilidad de los intendentes de renovar su poder en la cúpula ejecutiva del municipio, entienden que la confirmación de mandatos sin límites evita los conflictos por la sucesión en los municipios y le saca presión al armado legislativo del año entrante. Porque sino todos los intendentes salientes empezarán a friccionar por un lugar en la Legislatura.
La opción B es hacer una parada de dos años en los concejos deliberantes locales y esperar hasta la próximo elección de medio término para ganar protagonismo. Son, miradas desde afuera, minucias de la política territorial pero, al mismo tiempo, son circunstancias relevantes en el ordenamiento de la fuerza política en la provincia más valiosa en términos electorales.

La ley de la reelección es clave para que los intendentes con mayor apoyo en sus distritos movilicen ciudadanos a votar a las escuelas y lo hagan promocionando al candidato a presidente que tenga el peronismo. Más allá de las elecciones concurrentes, con dos sistemas electorales distintos, para un prencandidato como Kicillof, que tiene su mayor espalda electoral en la provincia de Buenos Aires, sería de gran importancia que la ley salga.
En el kicillofismo hay quienes dicen que el proyecto de Durán está pisado por La Cámpora, mientras que en el cristinismo está la teoría de que el Gobernador no quiso sacar primero la ley de reelección de los legisladores, presentada por el senador Néstor “Bicho” Vivona, que responde al intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, lo que le podría haber dado un plafón determinante para poder construir consenso sobre una ley similar, pero para los intendentes. En ese entonces, en el kicillofismo planteaban que, en términos estratégicos, era mejor votar todo junto en una misma vez, para que el costo político esté unificado. Al final, no salió ninguna de las dos leyes.
La discusión por las reelecciones alcanzó otro tenor cuando el intendente de Ensenada, Mario Secco, cuestionó a Sergio Massa por no acompañar el proyecto. “Nosotros somos verticalistas y nos encolumnamos detrás de su candidatura ¿Y ahora nos viene a decir que los intendentes no pueden ser reelectos? ¿Quién sos? ¿Dios?“, fue el fuerte reproche. El ex ministro no se metió en el barro pero, a través de sus principales dirigentes, dejó en claro que no va a modificar su postura.
La claridad sobre hacia donde tiene que ir el peronismo también se puso en perspectiva durante el encuentro que Massa tuvo con los asesores del presidente de Brasil, Lula Da Silva, en sus oficinas de avenida Libertador. El diputado brasileño André Janones y los dos consultores en comunicación que viajaron a la Argentina, le plantearon que la unidad del peronismo es fundamental pero que, aún más importante, es lograr una amplitud visible y concreta del espacio opositor. Una alternativa donde comulguen la centro izquierda con la centro derecha. El punto de encuentro para multiplicar los votos y la representantividad del frente opositor.

Ese mismo día el trío brasileño visitó a la ex presidente Cristina Kirchner. Día en que se conoció el reportaje que le había otorgado al The Washington Post, donde aseguró que, si la Justicia la deja, tiene intenciones de ser candidata a presidenta otra vez. Esa idea se diluyó en la semana, entre la agenda diaria del justicialismo, el resultado adverso de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos y la renuncia del presidente de Paraguay, Santiago Peña, envuelto en un escándalo financiero con el cierre del Ueno Bank.
Las dos noticias de impacto internacional, sumado a la derrota de Flávio Bolsonaro la semana pasada, configuraron un mapa sombrío para las alianzas políticas e ideológicas de Milei. ¿Pueden esos hechos marcar el inicio de un cambio de época? Tal vez. Las proyecciones son miradas con detenimiento en el peronismo. Mientras tanto, son una señal más, además del altos índices de rechazo a la gestión, que le da al PJ un argumento para inflar su autoestima y considerar que es capaz de estructurar una alternativa consistente para ser competitivos el año entrante.
La tregua bonaerense, a través de la lupa nacional, es determinante para que haya mayor armonía en el epicentro de las decisiones. Por fuera de ese círculo, el peronismo tiene conflictos abiertos en distintas provincias como Jujuy, Salta, La Pampa, Mendoza y Tucumán. Divisiones, tormentas imperfectas y rencores que no se diluyeron. La unidad no será completa hasta tanto un representante del peronismo vuelva al poder. Y, más allá de los mensajes inflados de optimismo, en el universo opositor creen que ese objetivo es, cada día que pasa, más posible de cumplir.
POLITICA
El brutal crimen de las abuelas de Fito Páez: un asesino que conocía a la familia, una habitación destrozada y un disco histórico

El peor día de la vida de Fito Páez había empezado bien. Se habían levantado temprano, la prueba de sonido había salido perfecta, la banda sonaba ajustada y la sala estaba llena. Esa noche, la del 7 de noviembre de 1986, tocó por primera vez en Brasil. Era la nueva voz del rock nacional, ya consolidada después de dos grandes discos como Del 63 y Giros. Fue en la sala Circo Voador de Río de Janeiro. Todo salió perfecto. Debía tocar allí las dos siguientes noches. Su novia Fabiana Cantilo llegó de Buenos Aires en medio del show. Su amigo y maestro Charly García apareció junto a su pareja de entonces, Zoca. Charly subió al escenario y juntos hicieron una gran versión de “Demoliendo hoteles”. Nadie sabía que la canción elegida tendría algo de premonitorio.
Después fueron todos a comer y a tomar algo. Antes de entrar al hotel, cruzaron a la playa de Ipanema y se bañaron desnudos en el mar. Antes de acostarse, ya con el sol apareciendo, tomaron unos whiskies más.
POLITICA
Adepa celebró la llegada del Papa a la Argentina y manifestó su deseo de que la visita contribuya al diálogo y al encuentro

A horas de la llegada del Papa a la Argentina, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) destacó su mensaje sobre la defensa de la dignidad humana frente al avance de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial.
A través de un comunicado, la entidad manifestó su deseo de que la llegada de León XIV contribuya a fortalecer los valores de paz, concordia, diálogo y encuentro entre los argentinos, en un contexto internacional atravesado por conflictos, incertidumbres y profundas transformaciones.
Además, reconoció la postura del pontífice frente a los desafíos que plantea el desarrollo tecnológico. En ese sentido, destacó la necesidad de preservar la integridad, la libertad y la autonomía de las personas ante el creciente protagonismo de la inteligencia artificial.
La asociación sostuvo que el llamado de León XIV a mantener la tecnología al servicio de las personas constituye una orientación ética fundamental para la sociedad actual.
El mensaje del Papa sobre la IA
ADEPA también hizo referencia a la encíclica Magnifica Humanitas, en la que el pontífice aborda la importancia de la búsqueda de la verdad, la comunicación humana y la responsabilidad de los medios en la construcción del bien común.
POLITICA
El Papa, Trump y Lula: el oficialismo se fabrica costos políticos por error de cálculo y rigidez ideológica

Durante los próximos cuatro días, desde la tarde del domingo hasta el mediodía del miércoles, todo girará alrededor de la visita de León XIV. Cada señal y cada frase de sus discursos y homilías serán interpretadas en clave política por el Gobierno y también por espacios de la oposición. El mensaje del Papa estará en línea con lo que viene sosteniendo desde el primer día de su pontificado, con fuertes trazos sociales, y en todo caso el problema del oficialismo es que se encargó de potenciarlo como advertencia exclusiva a Olivos. El mayor ejemplo: la lectura libertaria cargada de malestar por la visita al Cottolengo Don Orione, como contracara de su política para el área de discapacidad.
La visita del Papa arranca después de días marcados por datos negativos para Javier Milei en el frente externo, consecuencia de su visión altamente ideologizada, rígida. Tratar la política exterior como una cuestión de alineamiento personal generó errores de cálculo y costos. Primero fue la reacción ante el triunfo de Lula da Silva en Brasil -y el epílogo de Flávio Bolsonaro– y esta semana agregó el impacto de la derrota de Donald Trump en las elecciones legislativas de Estados Unidos. Las cuentas, en los dos casos, remiten a la política doméstica y también al plano regional.
Por lo pronto, en el inicio de su gira por el sur de América, León XIV expuso en Uruguay un mensaje que puede incomodar según el tema a distintas expresiones políticas. Ratificó, naturalmente, la posición de la Iglesia Católica frente a temas como las leyes de aborto y de eutanasia, advirtió sobre problemas sociales como la pobreza y destacó el papel del trabajo en función del ser humano, entre sus primeros señalamientos.
Esos temas, además de otros como la exclusión social y los riesgos de la IA combinada con la concentración de poder, seguramente serán expuestos en las diferentes escalas de la gira que acaba de comenzar. Surgen como trazos salientes en sus distintas exposiciones, desde la primera encíclica -Magnifica humanitas- hasta la última audiencia. No parecen recomendables las interpretaciones lineales y, menos forzadas.
Sin embargo, el oficialismo le dio un sentido ácido sobre su propia gestión difundiendo consideraciones -muchas, por la vía de los trascendidos- sobre algunos puntos de la agenda definida con el correr de las semanas por el Vaticano. Las señales del Gobierno asomaron apenas comenzaron a circular las primeras versiones sobre la visita del León XIV, al punto, llamativo, de darlo por tema cerrado antes de que Roma lo hiciera oficialmente.
La especulación inmediata fue que la presencia del Papa, por su impacto social, representaría un alivio frente a la realidad económica. Un error que expone escaso conocimiento en la materia. Tal vez, por eso mismo, no fue medida inicialmente la difusión de recelos por actividades como el encuentro con el “mundo del trabajo” en la UCA o contactos previos de representantes de la Iglesia con organizaciones sociales.
Con todo, el síntoma más evidente fue la inquietud frente a la confirmación de la visita al Cottolengo Don Orione, primera actividad papal, el lunes, luego de los actos oficiales del domingo. Ese dato de la agenda apareció en paralelo con la disputa por la emergencia en discapacidad. El Gobierno se venía moviendo como si no tuviera registro de los reclamos del Episcopado argentino. Sin dudas, además de la pulseada con la oposición y los planteos de aliados, la cercanía del viaje del Papa impactó en el Congreso. El nuevo proyecto, que tomó puntos centrales de la ley de emergencia, fue aprobado en Diputados casi sin margen para maniobras del Ejecutivo. Y avanzó esta semana en el Senado, que podría convertirlo en ley antes de fines de mes.
La línea discursiva del oficialismo surge ahora algo más realista. Parece descontar lo obvio -es decir, la línea pastoral de León XIV- y reclama no “partidizar” o “politizar” el mensaje, con lo que busca apuntar a la oposición dura y en especial, al kirchnerismo, por los previsibles y ya exhibidos intentos oportunistas también en este terreno. Por supuesto, no le alcanza al mileismo para disimular dos cuestiones: la responsabilidad central que le cabe frente a señalamientos críticos -por su condición de gobierno- y los costos autogenerados por malas evaluaciones y dogma propio.
En ese último sentido, es visible el punto en común con el modo de entender la política exterior. El triunfo de Lula da Silva en Brasil y la derrota republicana en las elecciones de Estados Unidos, encadenadas en pocos días, representan señales negativas para Olivos, que de todos modos no deberían alimentar análisis extremos. Se añade, fuera de cualquier pronóstico, el desenlace rápido de la crisis desatada en Paraguay: el presidente Santiago Peña terminó destituido en un fulminante juicio político.
La sucesión de hechos derrumbó la idea libertaria según la cual el frente externo oxigenaba a Milei de manera sostenida, algo considerado por el mileismo un contrasentido frente a la situación local. La realidad es más compleja y el cuadro externo, en cualquier caso, no tiene proyección mecánica: no la tuvo cuando Milei celebraba ni ahora, en términos absolutos.
Por supuesto, son señales que generan cierta incertidumbre. Las miradas sobre el efecto local de la derrota sufrida por Trump estuvieron centradas, en principio, en la economía y en el papel de Estados Unidos como soporte concreto –fondos, inversiones- con vistas a las elecciones. Y en rigor, se anotó antes que nada la reacción de los mercados. Quedó algo desplazado el foco político, que igual registró un impacto evidente.
Los interrogantes sobre la segunda mitad de esta administración Trump, sin posibilidad de reelección, afectan de manera directa a Milei como pieza en esta parte del tablero internacional. Quedaron a la vista las limitaciones de apostar al liderazgo regional casi exclusivamente por la condición de socio estratégico del presidente de los Estados Unidos.
El triunfo de Lula da Silva mostró por partida doble el problema: por un lado, la decisión mileista de no reconocer el resultado, a contramano de los propios derrotados en los comicios brasileños, y por el otro, la posición en solitario frente al resto de los mandatarios de la región alineados en la derecha, que sí saludaron al presidente reelecto. El mapa ya no era el imaginado antes del balotaje brasileño y se añadió nueve días después el sacudón electoral sufrido por Trump.
La visita del Papa corre ahora el centro de atención pública. No resulta el mejor escenario para las sobreactuaciones políticas.
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