CHIMENTOS
Enrique Rottenberg, el argentino que se reinventó en Israel y Cuba: a los 78 años estrenó un filme y tiene un nuevo sueño

A los 78 años, Enrique Rottenberg sigue moviéndose detrás de las mismas inquietudes que lo acompañan desde hace décadas: contar historias, explorar los límites de la imaginación y encontrar nuevos caminos para expresarse a través del arte, tal como detalló en una charla exclsuiva con Teleshow.
Pasaron apenas horas del estreno de su nuevo filme en una sala de Palermo que se mostró llena de familiares, amigos y los propios actores. El aplauso del final no fue de compromiso, fue la confirmación de que el trabajo está muy bien hecho.
Nació en Buenos Aires, se fue del país cuando apenas era un adolescente, construyó buena parte de su carrera en Israel, encontró en La Habana otro territorio para reinventarse y, después de una vida atravesada por el cine, la fotografía, la literatura y los proyectos culturales, acaba de regresar a las salas argentinas con 4 historias increíbles, una comedia que lleva su firma como guionista y director.
Pero su presente no se agota en un estreno cinematográfico, ya que también trabaja en uno de los proyectos culturales más ambiciosos de su trayectoria: la futura Fábrica de Arte Contemporáneo (FAC), un espacio que buscará convertirse en una referencia para las artes visuales en Buenos Aires.
Hermano de Miguel y tío del reconocido productor teatral Carlos Rottemberg, Enrique construyó un recorrido propio, lejos de los caminos más previsibles de la industria del espectáculo argentino. Su historia tiene algo de aventura personal, de búsqueda permanente y de inconformismo. A los 13 años dejó atrás la ciudad en la que había nacido para instalarse en Israel. Allí estudió Filosofía en la Universidad de Tel Aviv y posteriormente se formó en cine en la escuela Camera Obscura. Dos disciplinas que, con el paso del tiempo, terminarían encontrándose en su manera de mirar el mundo: la reflexión sobre la condición humana y la necesidad de transformarla en imágenes, relatos y experiencias.

En Tel Aviv comenzó a desarrollar su actividad cinematográfica. Produjo películas del realizador Amos Guttman y también se animó a dirigir su propio largometraje, La venganza de Itzik Finkelstein, que obtuvo siete Premios Ophir de la Academia de Cine de Israel y representó a ese país en los Premios Óscar.
Su recorrido, sin embargo, nunca estuvo atado a una sola geografía ni a una única manera de contar. El realizador fue construyendo una trayectoria en la que los desplazamientos, los encuentros y las nuevas posibilidades creativas funcionaron como motores de su trabajo.
Su primer acercamiento al cine argentino había ocurrido antes de aquella etapa israelí, cuando participó en Sola, la película dirigida por Raúl de la Torre y protagonizada por Graciela Borges. Estrenada en 1976, la producción reunió también a Luis Brandoni, Mabel Manzotti y Lautaro Murúa. Aquella experiencia significó uno de sus primeros contactos con una industria que, pese a la distancia, nunca desaparecería de su horizonte. Sin embargo, no fue lo que esperaba, y la crítica fue despiadada: “La dirección de Raúl de la Torre no nos muestra a este director con la fuerza de sus otras realizaciones”, rezó La prensa en su momento, en tanto que otro de los recuerdos de Enrique es ese texto que sobre la película refería: “Como el título del filme va a quedar”.
Pero si hay una característica que atraviesa su biografía es la disposición a meterse en territorios que otros consideran incómodos o difíciles de transitar. En 1979, mientras vivía en Israel, una pareja se acercó para proponerle una película sobre homosexualidad. Le explicaron que la industria cinematográfica local solía ocuparse de otras temáticas, como si aquella historia no tuviera lugar en la pantalla. La respuesta de Rottenberg fue buscar una explicación desde otro lugar: el de los potenciales espectadores.
Les preguntó cuántas personas calculaban que integraban la comunidad homosexual. La estimación rondaba el ocho por ciento de la población. Israel tenía entonces aproximadamente cuatro millones de habitantes y el cálculo despertó inmediatamente su interés. Si existían 320.000 potenciales espectadores, pensó, también habría que sumar a sus padres: otros 640.000. De esa manera, llegó a una cifra cercana al millón de personas que podían tener algún vínculo con la historia.

El razonamiento parecía prometedor, pero la realidad terminó imponiendo sus propias reglas. La mayoría de aquellos potenciales espectadores permanecían alejados de la vista pública y asistir a una sala para ver una película sobre homosexualidad no era una posibilidad sencilla. Rottenberg recuerda que la convocatoria estuvo muy lejos de las expectativas iniciales y que, probablemente, no llegaron a superar los cinco mil espectadores. La experiencia dejó al descubierto una contradicción de la época: podía existir un público interesado en una historia, pero no necesariamente las condiciones sociales para que ese público se animara a acercarse a verla.
En 1993 volvió a dar un giro decisivo. Dejó Israel y se instaló en La Habana, una ciudad que se convirtió en otro escenario de exploración personal y profesional. Allí desarrolló distintas actividades empresariales, pero también profundizó su relación con la fotografía, la literatura y el cine documental. Entre sus trabajos se encuentran Zenaida (2018) y Cien años juntos (2025), dos proyectos que forman parte de una producción artística que se resiste a quedar encerrada en una sola disciplina.
Esa misma libertad aparece ahora en 4 historias increíbles, su nueva película, una comedia argentina que propone un juego con lo cotidiano, las relaciones de pareja y las posibilidades —a veces disparatadas— de conocer verdaderamente a otra persona. El filme cuenta con las actuaciones de Héctor Díaz, Maida Andrenacci, Carlos Portaluppi, Lola Berthet, Roly Serrano, Jackie Parisier y Magela Zanotta, y tiene a Díaz como protagonista absoluto de sus cuatro relatos.
La estructura parte de una premisa sencilla y, al mismo tiempo, permite desplegar situaciones extraordinarias: un hombre cuenta cuatro historias increíbles en las que siempre es el personaje central. En una de ellas, una condición médica le impide repetir cualquier palabra; en otra, un médico interviene el cerebro de su esposa; también aparece una aplicación capaz de leer los pensamientos y que, como si tuviera vida propia, desarrolla celos; finalmente, un espejo se convierte en un dispositivo capaz de decir la verdad.
Detrás de esos mecanismos fantásticos hay una pregunta mucho más cercana de lo que parece: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conocer al otro y cuánto de ese deseo tiene que ver, en realidad, con la necesidad de controlarlo? La búsqueda de pareja funciona como el punto de partida de una reflexión sobre la vulnerabilidad que supone cualquier vínculo. El protagonista, un hombre cercano a los cincuenta años, atraviesa cuatro situaciones en las que las reglas de la realidad se suspenden para poner a prueba sus relaciones.

Cada historia ensaya una variante de un mismo conflicto. La imposibilidad de repetir palabras, la intervención sobre el cerebro de otra persona, la lectura de pensamientos y un espejo que revela verdades parecen ofrecer soluciones extraordinarias a los problemas de la convivencia. Sin embargo, lejos de facilitar el entendimiento, esos recursos terminan amplificando las distancias. Saber qué piensa alguien no significa comprenderlo; acceder a su intimidad tampoco concede derechos sobre ella.
En ese sentido, la película encuentra uno de sus puntos más interesantes en la paradoja de una sociedad cada vez más conectada, pero no necesariamente más preparada para aceptar al otro. La tecnología promete información, acceso y respuestas inmediatas, aunque ninguna aplicación puede garantizar la intimidad de un vínculo ni reemplazar la confianza que requiere una relación. Rottenberg utiliza el humor y la fantasía para explorar esa contradicción y mostrar que, detrás de los dispositivos más sorprendentes, persiste una dificultad profundamente humana: aceptar que la otra persona no siempre será como uno espera.
En la charla exclusiva con Teleshow, el director explicó también la particular modalidad de trabajo que le permitió concretar la película mientras desarrollaba su vida fuera de la Argentina. “Fui rodando cada vez que llegaba a Buenos Aires”, contó. Una dinámica que habla de su manera de organizar los proyectos y de una relación con el país que nunca terminó de interrumpirse, aún cuando su vida transcurrió durante décadas en otras ciudades. “O ellos me iban a visitar allá o yo venía para acá”, recordaría sobre el lazo familiar nunca perdido.
La inquietud artística también tiene un nuevo capítulo en el lazo sanguíneo. Rottenberg es padre de Mika Rottenberg, una reconocida artista visual que vive en los Estados Unidos y cuya obra alcanzó proyección internacional y se exhibió en instituciones de enorme prestigio, entre ellas el MoMA, la Tate y el Museo de Israel, en Jerusalem. Sus trabajos exploran las relaciones entre los cuerpos, las máquinas, la producción, los espacios y la poesía, mediante instalaciones y piezas de videoarte que invitan al espectador a descifrar imágenes y sentidos.

La relación de Enrique con el universo creativo de su hija tuvo, como suele suceder en los vínculos entre generaciones, un tiempo de descubrimiento. “Mika, en la década del noventa, comienza a trabajar con el videoarte, pero, entonces, no la entendí, pensaba que todo debía tener, como en el cine, comienzo, desarrollo y final”, recordó. Su confesión revela una mirada sincera sobre las diferencias entre disciplinas y también la capacidad de reconocer que el arte puede expresarse mediante lenguajes que no necesariamente responden a las estructuras conocidas.
Aquello que inicialmente le resultaba difícil de comprender terminó convirtiéndose en parte de un diálogo artístico entre dos generaciones. Mientras él había desarrollado buena parte de su trayectoria a partir de la narración cinematográfica, su hija exploraba otras formas de construcción visual, donde el relato no siempre necesita una estructura tradicional para producir una experiencia en quien observa.
Ahora, a los 78 años, Rottenberg tiene puesta buena parte de su energía en Buenos Aires. Su próximo gran desafío es la Fábrica de Arte Contemporáneo (FAC), un ambicioso proyecto cultural que tiene prevista su inauguración en los primeros meses de 2027. Ubicado en la intersección de Perú y San Juan, en el corazón de la ciudad, el espacio buscará convertirse en un punto de encuentro para las artes plásticas, el videoarte y las distintas expresiones del arte contemporáneo latinoamericano.

La iniciativa pretende abrir un lugar para la experimentación, el intercambio y la circulación de nuevas propuestas artísticas. No se trata solamente de levantar un espacio expositivo, sino de construir un ámbito capaz de generar encuentros entre artistas, obras y espectadores, y de ofrecer una plataforma para lenguajes que muchas veces necesitan nuevas formas de exhibición y comprensión.
Hay algo profundamente significativo en que ese proyecto encuentre a Rottenberg nuevamente trabajando en la ciudad donde nació. Después de haberse marchado a los 13 años, de haber estudiado, producido y dirigido en Israel, de haber elegido La Habana como escenario de otra etapa de su vida y de haber explorado distintos lenguajes creativos, Buenos Aires vuelve a ocupar un lugar central en sus planes.
Enrique Rottenberg se define como un artista obsesivo, alguien que persigue sus sueños con perseverancia y que encuentra en cada proyecto una razón para seguir adelante. Su recorrido demuestra que nunca entendió la creación como una actividad limitada a una edad, una disciplina o un país. Porque cuando muchos podrían considerar que llegó el momento de mirar exclusivamente hacia atrás, él sigue pensando en lo que falta hacer.
Su nueva película, sus documentales, su relación con el arte de su hija y el desafío de poner en marcha la FAC forman parte de una misma historia: la de un hombre que hizo de la curiosidad una forma de vida. Un argentino que se fue muy joven, encontró su lugar en otras culturas y nunca dejó de buscar nuevas maneras de contar el mundo.
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CHIMENTOS
¿Y ahora? La fuerte foto de Santi Maratea después de su escandalosa pelea a los gritos con la China Ansa

La pelea de Santi Maratea y China Ansa en PH Podemos Hablar generó un verdadero revuelo. El cruce fue tan tenso que obligó a interrumpir la grabación y con ella terminando muy afectada, en crisis de llanto. Sin embargo, horas después de la emisión, el influencer sorprendió con una publicación que nadie veía venir y que apunta de lleno a su conflicto con la periodista.
A través de sus historias de Instagram, Maratea compartió una selfie junto a la China y le agregó un emoji de corazón rojo. Sin ninguna explicación ni referencia directa a lo que pasó en el programa, mostró lo que no se vio de la pelea en PH. Porque cuando muchos podrían pensar que la historia terminó demasiado mal en la emisión, ambos hicieron las paces tras grabar el ciclo.
La foto sorprendió porque llegó después de una fuerte discusión que se convirtió en el tema de conversación de las redes y los medios. Para muchos seguidores, el gesto de Maratea fue una forma de dejar atrás el mal momento y ponerle paños fríos a todo. Y aunque no dio declaraciones al respecto, ese emoji cariñoso expuso que todo está bien.
Por otro lado, también es verdad que Santi reconoció que elevó la voz cuando la China comenzó a preguntarle por sus diferentes manejos en las colectas solidarias. El influencer se vio atacado y la reacción fue letal, le respondió fuerte y la periodista entró en crisis, sin poder manejar la situación y hasta quebrando en llanto. Andy Kusnetzoff, el conductor del ciclo, también la pasó mal.
ASÍ FUE LA PELEA A LOS GRITOS DE SANTI MARATEA Y LA CHINA ANSA EN PH
El conflicto entre Maratea y la China comenzó durante una conversación sobre las colectas solidarias que llevaba adelante el influencer. La ahora participante de MasterChef le planteó una situación hipotética: qué le reclamaría si estuviera en el lugar de una persona que había donado dinero a una de sus campañas.
Al escuchar la consulta, Santi respondió que se agradecería a sí mismo. Sin embargo, Ansa insistió y puso sobre la mesa el caso de un refugio para perros cuya historia, según señaló, había quedado inconclusa. Y eso detonó todo. “¿Sos periodista? ¿Averiguaste?”, le retrucó el influencer, cambiando por completo el clima de la charla y el estudio de Telefe.
El error quizá más grave -y hasta inocente- fue cuando la China le dijo que se informó “a través de los medios”. Porque esa respuesta generó una fuerte postura de Maratea: “Es medio un oxímoron averiguar a través de los medios, con lo que mienten los periodistas”. El influencer cuestionó que la periodista insistiera con el tema y planteó que ella parecía buscar una respuesta determinada.
“Vos me hiciste una pregunta y la respondí, me hiciste otra más y también la respondí. Sin embargo, seguiste y hablaste de un tema puntual porque evidentemente la respuesta que te di no es la que estás buscando”, sostuvo Maratea. Y agregó: “Es como si yo ahora empezara a hablar y te preguntara por qué tu marido es tan misógino. Para vos va a ser incómodo porque parto de una base que no fue”.
La frase dejó a la China al borde del llanto y profundizó la incomodidad del intercambio. Santi intentó justificar su reacción y explicó que se sentía cuestionado a partir de una acusación que, desde su perspectiva, no había sido investigada previamente. Con ese antecedente, la selfie compartida en Instagram adquirió otra dimensión. Un bálsamo de buena onda en medio de tanta tensión.
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Frases, recuerdos y una torta de varios pisos: los detalles de la boda de Lali Espósito y Pedro Rosemblat

Después de varios meses de expectativa entre sus seguidores, Lali Espósito y Pedro Rosemblat se casaron este sábado en una ceremonia íntima realizada en una antigua casona de San Telmo. La artista y el conductor eligieron mantener la celebración lejos de la exposición pública y tomaron estrictas medidas de seguridad para evitar que se conocieran imágenes del festejo. Sin embargo, con el correr de las horas, algunos invitados y usuarios de las redes sociales comenzaron a compartir detalles de la boda.
La mayoría de las personas que participaron de la ceremonia evitó publicar información sobre lo ocurrido dentro de la casona y durante la fiesta posterior. A pesar de la reserva, algunas imágenes lograron circular y permitieron conocer parte de la ambientación y de los objetos que formaron parte del evento. Entre ellas, apareció una fotografía de la que sería la torta de bodas de la pareja.
El diseño de la torta nupcial era blanco, de varios pisos y estaba decorado con volados y detalles en rosa pálido. La preparación había sido colocada sobre una mesa ubicada en un espacio exterior, donde se observaban una terraza, una reja y distintas construcciones en el fondo. La imagen fue publicada por la cuenta de X Fandom Aguerrido junto con una frase breve: “La torta del casamiento de Lali y Pedro”.

La torta nupcial había sido uno de los elementos que se mantuvo bajo mayor reserva durante los preparativos. El trabajo estuvo a cargo de Damián Betular, uno de los reposteros más reconocidos del país, quien se trasladó hasta el lugar en una combi junto con parte de su equipo. Todos llegaron vestidos con el clásico uniforme blanco y se ocuparon de supervisar personalmente cada instancia vinculada con la preparación y el traslado del postre.
El operativo de seguridad no se había limitado al perímetro de la casona. También había incluido el traslado y el ingreso de la torta, con el objetivo de preservar la sorpresa para los novios y evitar que quienes circulaban por la zona pudieran observarla antes de tiempo. Durante la descarga, el equipo utilizó una tela blanca para cubrir el pastel y bloquear la vista de las personas que se encontraban en las inmediaciones.

Otro de los detalles que se conocieron estuvo relacionado con los recuerdos que recibieron los invitados. En una de las fotografías difundidas aparecía un encendedor blanco con una inscripción que hacía referencia directa a la boda: “YO FUI AL CASAMIENTO DEL NOVIO DE LALI”. El presente también llevaba un logotipo con las iniciales “LP”, correspondientes a los nombres de Lali y Pedro.
El mismo diseño también apareció en una pequeña caja blanca que uno de los invitados sostenía en la mano. El envase tenía el logotipo “LP” en color rojo y estaba ubicado junto a varias botellas y vasos. La imagen fue compartida en una historia de Instagram por Tomás Quintín Palma, actor y humorista rosarino que formó parte de la celebración.

La vestimenta de algunos invitados también incluyó referencias al casamiento. Matías Mowzet, periodista de Gelatina, el canal de streaming con el que está vinculado Rosemblat, posó con una camisa blanca que tenía impresa la frase: “NI EN PEDO ME CASO”. La inscripción aludía en tono humorístico a una de las reconocidas frases de Espósito que dijo a LAM (América) en septiembre de 2025.
Quintín Palma también compartió una imagen de su look para la celebración. En la fotografía, el actor aparecía con una remera blanca estampada con la frase “YO FUI AL CASAMIENTO DEL NOVIO DE LALI”. Para completar el conjunto, llevaba un traje a cuadros, pantalón del mismo estilo y botas marrones.
La publicación permitió observar otro de los recursos utilizados para mantener el tono informal y humorístico de la fiesta. Tanto la remera como los objetos entregados a los invitados incluían referencias directas a Lali y Pedro, con frases que resaltaban la particular manera en que la pareja decidió presentar su casamiento.

Aunque los novios buscaron mantener la ceremonia alejada de las cámaras y evitar la difusión de imágenes, los primeros detalles comenzaron a conocerse a través de las publicaciones de algunos invitados y de las cuentas que siguieron de cerca el evento. La torta diseñada por Damián Betular, los recuerdos personalizados y los looks con frases alusivas permitieron reconstruir parte de una celebración que se mantuvo bajo estrictas medidas de seguridad.
Así, el casamiento de Lali Espósito y Pedro Rosemblat comenzó a revelar pequeños fragmentos a través de las redes sociales. Mientras la pareja intentó preservar la intimidad de la ceremonia y de la fiesta, los objetos, las prendas y las fotografías compartidas por algunos de los presentes ofrecieron una mirada parcial sobre una noche marcada por la reserva, los guiños internos y el humor de sus invitados.
Lali Espósito
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Lourdes Sánchez se mostró junto al Chato Prada por primera vez tras su escandalosa separación por infidelidades

El cumpleaños número 10 de Valentín, el hijo del Chato Prada y Lourdes Sánchez, dejó una imagen que sorprendió a todos en las redes sociales. En medio de la escandalosa separación que tuvieron semanas atrás, el productor compartió un video del festejo y mostró una postal junto a su ahora ex. Fue la primera aparición pública de ambos juntos desde que se conoció la ruptura.
La celebración tuvo al fútbol como protagonista. Valentín disfrutó de una tarde al aire libre junto a familiares y amigos, con una ambientación pensada para la ocasión. Entre los momentos registrados apareció el hijo de Lourdes y el Chato con la camiseta de la Selección argentina frente a una torta decorada con motivos futboleros.
Pero el detalle que generó mayor repercusión llegó cuando el Chato publicó las fotos en su cuenta de Instagram. En el reel incluyó distintos fragmentos del festejo y también una fotografía en la que se lo ve junto a Lourdes, una escena que no se había repetido públicamente desde que se hizo conocida la separación.
Prada acompañó el video con un breve mensaje dedicado al nene: “Feliz cumple Valen. Te amamos, 10”. La publicación no tardó en generar comentarios. Muchos usuarios repararon en la presencia de los dos en el cumpleaños y aprovecharon para dejarle mensajes al productor, especialmente por su rol como padre en medio de este nuevo escenario familiar.
LOURDES SÁNCHEZ Y EL CHATO PRADA, JUNTOS OTRA VEZ TRAS SU ESCANDALOSA SEPARACIÓN
La separación del Chato y Lourdes dejó mucho dentro del tintero. Todo se dio después de que se conociera la ruptura y que ella inició una nueva relación con Fran Liotta, un joven rugbier y empresario correntino. En medio de los rumores de infidelidad y este romance, ahora la expareja volvió a encontrarse y las redes hicieron lo suyo.
Entre las respuestas que recibió el Chato por su posteo se destacaron varias a su favor. Es que, en definitiva, quien parece haber recibido todo el impacto de la ruptura fue Sánchez. “Sos un crack, Pablito, gran padre”, “Que una relación se termine no tiene nada que ver con la paternidad, sos el mejor” y “No importa lo que suceda a tu alrededor, vos sos el ídolo de él”, expusieron algunos.
Por sobre todas las cosas, la prioridad para el Chato y Lourdes es su hijo Valentín, y ese festejo de cumpleaños que debía ser perfecto dentro de lo que viene atravesando la familia por estos meses. Y eso mismo lo entendieron sus seguidores, que pusieron la unión que tiene la expareja por su hijo, más allá de las críticas.
Lo extraño fue que, al menos hasta ahora, Lourdes decidió no compartir ninguna imagen de su hijo en el feed de Instagram. Sí es verdad que lo hizo entre sus historias, con momentos de su cumpleaños. Sin embargo, en su perfil fijo no aparecen imágenes del festejo, quizá porque la última vez que lo hizo -semanas atrás para el Día de la Madre- recibió mucho hate.
Lourdes Sánchez, Chato Prada
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