CHIMENTOS
Fatboy Slim sorprendió en Buenos Aires al remixar el clásico jingle de “El Cóndor” de Norbert Degoas en pleno show

La presentación en Buenos Aires incluyó imágenes de Norbert Degoas en las pantallas y una versión remezclada de su frase más recordada, un guiño a un aviso emblemático de los años 80 y 90 (Video: X/@_herno_)
El DJ británico Fatboy Slim incorporó a su set en el Movistar Arena un fragmento remixado de la histórica publicidad de “El Cóndor”, protagonizada en las décadas de 1980 y 1990 por el famoso locutor y publicista marplatense Norbert Degoas. El momento se produjo en medio de su presentación en Buenos Aires, cuando las pantallas gigantes del estadio proyectaron imágenes de Degoas mientras sonaba una versión remixada de su frase más recordada: “Buenos Aires… El Cóndor… Mar del Plata”.
La escena tomó por sorpresa al público presente, que reconoció de inmediato el jingle publicitario surgido originalmente a partir de un auspicio comercial en el programa radial “Noche de cinco estrellas”, antes de convertirse en uno de los avisos televisivos más recordados de la Argentina. El comercial se ganó un lugar en la memoria colectiva por el estilo particular de Degoas, quien aparecía bailando de manera extravagante, con sus característicos anteojos de sol, mientras entonaba el pegadizo estribillo que combinaba los nombres de las ciudades que unía una empresa de ómnibus: Buenos Aires, Mar del Plata y Necochea.
El origen de la incorporación del material al show de Fatboy Slim se remonta a una entrevista radial. En el programa Todo Pasa, de la radio Urbana Play 104.3 y conducido por Matías Martin, el periodista Clemente Cancela le mostró personalmente el video del jingle al DJ durante una charla junto a sus compañeros Juan Ferrari y Emilse Pizarro. “Le encantó”, relató Cancela sobre la reacción del británico al escuchar por primera vez la versión restaurada de la melodía. Fue a partir de ese encuentro que el músico decidió sumar el fragmento a su repertorio para la fecha en Argentina.
Durante esa misma entrevista, el DJ, entre risas, coincidió con la comparación que le plantearon los conductores respecto de la estética del comercial. “Podría haber estado en uno de tus videos”, le señaló Cancela. En ese mismo tramo de la charla, Ferrari sumó un comentario sobre la calidad visual del material de Degoas en comparación con las propias producciones del músico, que Cancela tradujo al inglés para el artista: “No quiero subestimar tu show, pero esas visuales son mejores”. Fatboy Slim respondió con humor y una advertencia entre risas: “Cuidado con lo que deseás, amigo”.
El regreso de la figura de Degoas a la escena pública no se limitó a este episodio puntual. El locutor, fallecido en 2013, experimentó en los últimos años una revalorización a partir de la viralización de sus publicidades en plataformas como TikTok e Instagram, donde nuevas generaciones descubrieron sus frases, gestos y canciones características. Ese fenómeno digital fue el que permitió que el material llegara finalmente a oídos de Fatboy Slim.
Entre los espectadores que presenciaron el momento especial dentro del Movistar Arena se encontraba Arianna Degoas, hija del recordado locutor y publicista, quien había dado su autorización para el uso del material y estuvo al tanto de la sorpresa preparada para esa noche. La presencia de la hija del publicista le sumó un componente afectivo adicional a la escena, en la que la voz de su padre volvió a resonar frente a una multitud, más de una década después de su fallecimiento.
La publicidad de El Cóndor, que durante años representó para generaciones de marplatenses un sinónimo de los viajes de larga distancia hacia la costa atlántica, encontró de esta manera un escenario inesperado: el de uno de los DJ másprestigiosos del circuito internacional, que llevó la voz y el estilo de Norbert Degoas a sonar frente a miles de personas en un estadio de Buenos Aires. Un valioso gesto que conectó la memoria emotiva de muchísimos argentinos de la mano del famoso productor británico.
CHIMENTOS
Germán Martitegui, Damián Betular y Maru Botana a horas del estreno de MasterChef: “La edición anterior dejó la vara muy alta”

Lejos de los sonidos de la calle, en el corazón de Palermo, Germán Martitegui, Damián Betular y Maru Botana participaron de la presentación de la nueva edición de MasterChef Celebrity (Telefe), que reunirá a 24 famosos provenientes de distintos rubros. Sobre el desafío de esta nueva temporada dialogó con Teleshow el jurado, encargado de la difícil tarea de eliminar en cada gala a uno de los contrincantes. El ciclo volverá a estar conducido por Wanda Nara, aunque Donato de Santis no integrará el plantel.
El evento se realizó tras ocho horas de grabación, pero el ánimo de los tres protagonistas no reflejó ese extenso trabajo previo. Vestidos con sus mejores galas, se presentaron para la entrevista y, con la calidez, soltura y buena onda que ameritaba la tarde, profundizaron en su visión sobre los participantes y en la preparación para el desafío. Maru, en particular, contó cómo vive la “presión” de ocupar los zapatos de Donato, quien formó parte del programa durante una década.
Nacido en Dolores en 1982 y formado en el Instituto Argentino de Gastronomía, Betular se sumó al programa después de desempeñarse durante años como jefe de pastelería y, más tarde, como chef ejecutivo del Palacio Duhau Park Hyatt. Su relación con el formato se inició en 2015, cuando debutó como invitado en MasterChef, y su figura televisiva se afianzó a partir de su tarea como jurado en Bake Off Argentina. Dueño del restaurante Tegui, Martitegui nació en Necochea en 1966, se formó junto a Francis Mallmann e integra el jurado de MasterChef desde la primera edición de 2014. Por su parte, Botana conduce desde el año 2000 ciclos como Sabor a mí y Maru a la tarde, y luego de participar como invitada en la edición anterior se incorpora por primera vez como jurada estable.
—¿Cómo se preparaon para esta nueva temporada?
—Damián Betular: Muy bien, muy contento de esta nueva temporada, con muchos cambios. La incorporación de Maru, estamos contentos. Venimos de la grabación y hablamos con Wanda, con Germán y con Maru. Los participantes me parecen espectaculares, los desafíos están renovados, así que siempre es un placer hacer MasterChef.
—Germán Martitegui: Muy contento. Me parece que es un grupo que está superaceitado. La verdad que las cosas están yendo muy bien, el equipo es muy lindo, los participantes son increíbles. Es mucho trabajo, mucha gente trabajando, lo hacen muy bien. Me parece que la gente lo estaba como pidiendo. Es un buen momento.
—Maru Botana: Los chicos ya me habían preguntado el canal, cómo me veía, hace un montón de tiempo. Yo tengo una vida bastante activa, entonces muchas cosas era complicado. Pero la última parte fue muy lindo, como me volvieron a llamar, ahí ya me hizo pensar más. Lo lindo es que estoy en Telefe, que es mi casa, es mi vuelta. Está toda la gente de mis programas. Llegar, esas sonrisas, abrazos, miradas, ya te sentís bien. Y bueno, ahora es como que hay cosas que las tengo que pensar, pero también es un gran desafío poder ser yo y hacer este programa, poder encontrarse a personaje que obviamente todavía no lo tengo. No te voy a decir que estoy recanchera, me va a criticar el país entero porque estoy anti todo, pero la vida es una sola y también vale la pena divertirse. realmente la tele me encanta y fue una etapa de mi vida que amé y que extrañé un montón, o sea, con lo cual estoy muy feliz de volver a estar acá y tengo pequeños angelitos que me van cuidando y me van aconsejando y escucho a todos y estoy superatenta a todos los secretitos que me dicen y aplico. Y después lo peor va a ser cuando lo vean mis hijos, que me van a dar, pero estoy preparadísima para esas críticas, pero creo que lo voy a lograr. Me tengo fe.

—¿Cómo cambian los roles ahora que Donato de Santis ya no está?
—D.B: El tema de roles se va dando con cada uno de los participantes. Siempre mi misión en MasterChef es tratar de quebrar un poco con los nervios del participante y tratar de hacerle más amena esa obra de competencia para que puedan brillar. Y después la parte del juzgar es un plato: no pasa nada, pero es una competencia y nadie quiere perder.
—G.M: Siempre han sido muy cambiantes los roles, de todas maneras. Nos complementamos mucho. Con Maru nos estamos adaptando. Obviamente, antes casi telepáticamente yo sabía lo que los otros dos iban a decir. Ahora hay que prestar un poco más de atención. En cuanto Maru vaya definiendo qué papel quiere, yo me voy adaptando al mío. Somos tres personas que saben mucho de cocina, y Maru sabe más de televisión que todos nosotros.
—M.B: No es que sea más práctica, pero soy mamá, entonces me gustan las cosas rapidito. Donato me llamó el otro día para decirme que yo era la mejor persona que lo podía reemplazar, que está feliz. Creo que la parte emotiva son momentos que surgen. Lo más lindo es ser uno y que las cosas te vayan tocando, sin privarte. Dami y Germán la tienen recontratada y al principio mirás al costado, pero después decís: ‘basta, quiero ser yo’. Soy superemotiva y supercálida, sé que me voy a encariñar con gente, que me va a tocar el corazón, y también sé que me van a hacer enojar cuando repitan un error.
—¿Cómo llegaron los participantes en el arranque de esta temporada?
—D.B: Como todo inicio, cuesta. Yo siempre doy el ejemplo de que es como mudarte, o como empezar un trabajo nuevo: la cocina es diferente, están ubicadas las cosas diferentes, los utensilios son diferentes, los electrodomésticos son diferentes. Pero por lo menos ya rompieron el hielo y empezaron a cocinar. La edición anterior dejó la vara muy alta, pero tampoco empezaron tan bien. Eso me da esperanza. También los desafíos están más difíciles. A medida que pasan las temporadas, hay que sorprender al participante, pero ya sabe de qué se trata.
—G.M: Los veo como todos los años hasta el cuarto programa. Hay muchas menos milanesas, lo cual me alegra un montón. La edición anterior venía de milanesa en milanesa en milanesa, y estos no hacen milanesas. Es raro, no lo quiero ni decir para que no pase. No han hecho ni una milanesa en cuatro programas. Tampoco han cocinado nada dulce, no han usado un horno. Ha empezado bastante tranquilo.
—¿Alguno de los participantes se destaca hasta ahora?
—D.B: A mí me pasó algo esta temporada que creo que no me había pasado: todos están con ansias de ganar y todos quieren superarse. Hoy escuchaba a uno de los participantes decir algo maravilloso: que en este proceso de la competencia quiere aprender y cada vez le fascina más. Y no se van frustrados. Pero no te puedo decir un nombre porque van ni una semana, y sería injusto: son 24. Sí te doy una pista: siempre el mundo del deporte trae sorpresas, porque la disciplina, la exigencia y el contrarreloj del deporte hacen que eso sea, y esta temporada no es la excepción. La vez pasada, Maxi López y el Turco Husaín llegaron los dos a la última etapa.
—G.M: La verdad que todavía no siento eso. Es un grupo muy parejo, de gente muy profesional. Todavía no se sabe nada. Me gusta mucho este momento, como que no sabés quiénes van a ser los personajes, quiénes van a ser los graciosos, con quiénes me voy a pelear, porque me voy a pelear con alguno. No sé nada y está buenísimo no saberlo también.
—M.B: Un productor me dijo algo que me hizo ver distinto todo esto: que está claro que hay un grupo de gente que tiene que aprender y un jurado que tiene que enseñar. Porque vos entrás al programa y pretendés que todos sepan cocinar, y hay unos que no tienen la más remota idea. Hoy Learna me dijo que lo único que sabe hacer es café en cápsulas. Entonces te ubicás distinto, escuchás, comprendés, te metés en otro lado. Sí están los personajes a los que les gusta la cocina, que cocinan mejor, pero todavía no tenés a alguien que te diga: este ya la tiene clara.

—¿Cómo se preparan para el regreso de MasterChef Junior?
—D.B: Ahí voy solo de invitado. Va a estar Germán, va a estar Maru, va a estar Ian (Lucas) y va a estar Vero (Lozano) en la conducción. Hay desafíos divertidos para hacer con ellos de pastelería, que me divierten a mí. Es un formato que lamentablemente yo, por el teatro, no pude hacer, pero estoy muy feliz de que lo haga Ian y Germán. Era el sueño de Germán: él es padre gracias a haber hecho MasterChef Junior, así que creo que es un sueño de Germán poder volver a hacerlo.
—G.M: No es mi gran sueño. Me gustó mucho hacerlo. La primera vez que lo hice tenía mucho miedo a los chicos: yo era de esas personas que si le aparecía un chico decía, ¿de qué le hablo, qué hago? Y terminé de hacerlo y dije: me encantan los chicos. Y después de eso fui papá. Ahora lo estoy encarando medio canchereando, pero sí, me pone muy contento hacerlo. Vi a algunos de los chicos, son increíbles. Tengo mucha fe.
—M.B: Tengo una mano mucho más relajada porque tengo una debilidad especial por los chicos. Acá hay que tener cuidado con el tema de las edades: un chiquito muy chico te puede derrotar, y uno más grande tiene otra letra, otra voz. Lo que me tengo que controlar es eso. Tengo libertad total, y Germán, que supuestamente era el malo, ahora tiene hijos, así que va a tener corazón.
—¿Cómo es la relación con Wanda Nara en las grabaciones?
—G.M: Cada vez peor [ríe]. Le decimos más barbaridades y ella nos dice más barbaridades. No sé si van a salir al aire o no, pero está bueno que nos podamos hacer bromas sin ofendernos. Eso me da la tranquilidad a la hora de divertirme. Y sí, nos queremos mucho, y nos respetamos también.
—M.B: Bien, superbién. Wanda es muy divertida, muy ocurrente. Siempre te tira algún comentario que te morís de risa. Ella misma pincha y yo pico. Se arman risas cómplices en el medio del plató. La verdad que es muy divertido.
—¿Qué esperan del público en esta nueva temporada?
—D.B: Que nos acompañen. Con el teatro me di cuenta aún más de lo que significa MasterChef: a la salida la gente te espera preguntando cuándo vuelve. Es una temporada que creo que la están esperando mucho. Fue muy buena la anterior, muy renovada, con cosas nuevas: nunca tuve tantos participantes, era un experimento y salió bien. Vamos por la revancha con esta.
—M.B: Estoy en plena campaña política. Estoy por comprarme a toda la gente: doy besos, abrazos, mil fotos por la calle. Voy a todos los eventos que me dicen para que la gente me ame.

—¿Cómo compaginás el teatro con el regreso a MasterChef?
—D.B: Yo creo que hice el teatro por la liberación que me dio la tele. Venía de Bake Off, un formato un poco más rígido, no estaba tan acostumbrado a las cámaras. Ese MasterChef del 2020 cambió mucho en mí, en mi manera de manejarme en la tele, de divertirme y de olvidarme de las cámaras. Es mucho más complejo, porque en el teatro hago el chiste y se ríen o no se ríen, en cambio en la tele no sé qué pasa en la casa de cada persona que mira. Sabía que no podía hacer las dos cosas al mismo tiempo, por eso todo se escalonó así, y estoy feliz de que sea de esa manera.
¿Cómo hacés para combinar los entrenamientos, tus locales y las grabaciones de MasterChef?
—M.B: A las cinco de la mañana, cinco menos diez, arranco a entrenar, arrastrada como sea. La llevo a mi hija al colegio, hasta ahí voy bien. Después tengo que correr, trato de no llegar tarde, y después voy a los locales. Hago todo al revés. Estoy más ajustada, e imaginate que también viene MasterChef Kids, que es otra movida. Pero cuando me propusieron esto no tenía mucho que pensar: era sí o no, y sabía que me iba a arrepentir si no lo hacía.
—Me hablaron de cambios en los desafíos, ¿Algo que puedan adelantar?
—D.B: Hay mucho cambio en eso, que era algo que queríamos, porque no hay que repetirse, hay que renovarlos. Los leímos todos antes, son 100 episodios y van a tener de todo. Ya arrancó arriba y creo que ahí se va a mantener. Y las exigencias seguirán así: después agradecen y se van contentos, y después te encontrás con exparticipantes, como Ian, que ganó, o la Reini (Sofía Gonet), que es subcampeona, y te agradecen mucho.
Fotos: RSFotos
CHIMENTOS
Sabrina Rojas confesó cómo es su complicado vínculo con Luciano Castro: «No nos podemos ni ver y…»

Sabrina Rojas protagonizó uno de los momentos más emotivos en PH: Podemos Hablar (Telefe), al recordar su lado más vulnerable que fue la de la separación de Luciano Castro. Durante la consigna «El espejo», la conductora recordó lo difícil que fue asumir que su matrimonio estaba roto y que debía alejarse de la persona que amaba. Al borde del llanto, la mujer reconoció que fue una lucha que lleva consigo hasta el día de hoy.
“Deshacer mi familia fue una culpa. Un día entendés que cuando no se puede, no se pued y hay que elegirse como mujer. Todo se acomoda y sus hijos van a estar bien”, comenzó a decir Rojas. Allí, se refirió a cómo es su vínculo con el padre de Esperanza y Fausto, quien en estos últimos años atravesó relaciones amorosas muy mediáticas. A pesar de que la separación fue hace un tiempo, entre ellos, siempre existió una complicada relación.
En este sentido, reconoció: “Fueron batallas de contradicciones y de muchas cosas. Hemos tenido nuestros momentos, somos una montaña rusa de emociones. Tenemos cotidianidad, tenemos momentos en que no podemos ni ver, en otros nos abrazamos”. Sabrina aseguró que ella acepta sus diferencias y que entiende que la situación no va a cambiar. “Nuestro vínculo siempre va a ser siempre así….ahora estamos en un lindo momento porque él está bien y me siento orgullosa”, aclaró.
Consultada por el conductor sobre qué le diría a ella misma, la modelo fue contundente y reconoció que no había podido separarse por la culpa que sentía por sus niños. “No podía salir de un amor que no me hacía bien. Le diría que no aguante tanto. ¡Andate de ahí!, redondeá esa relación, tus hijos van a estar bien”, dijo, muy emocionada. Sobre el final, añadió que tiene mucha más confianza en sí misma yq eu ya no tiene miedo al qué dirán.
SABRINA ROJAS CONTÓ QUÉ PASÓ CON PEPE CHATRUC
Durante el mismo programa, Sabrina reconoció que la historia con Pepe Chatruc no está cerrada y que podría regresar a su lado. «Faltó pasión», confesó la conductora, ante la sorpresa del resto de los invitados. Allí explicó que Roja necesita otro tipo de relación con más detalles, más romanticismo y que el exfutbolista no le brindaba lo que quería ya que era más relajado.
Sobre su supuesta reconciliación, la mujer negó que haya regresado y descartó la versión que circularon en los medios de comunicación. Sin embargo, aseguró que hay una buena relación pero que no lo consideraba un «ex» ya que habían estado solo unos cinco meses. De esta manera, abrió la puerta para un nuevo romance con Chatruc.
Sabrina Rojas, Luciano Castro
CHIMENTOS
Lali volvió a hacer historia y brilló en su tercer River: Tini vestida de novia, lágrimas y un guiño a Fito Páez

Lali llegó a su tercer River del año sabiendo que, esa noche, cerraba algo grande. No lo dijo al principio del show, pero lo repitió varias veces sobre el final: ocho estadios en poco más de un año, tres de ellos en el Monumental, agotados todos.
El 26 de septiembre fue la última fecha de “No vayas a atender cuando el demonio llama” y, como suele pasar con los cierres de gira, funcionó como un resumen de todo lo que la artista viene construyendo desde hace un año y medio: pop de estadio, humor, un poco de escándalo calculado y, esta vez, un momento de una honestidad poco habitual en un show masivo.
Toda la semana se había hablado de la posibilidad de lluvia para la noche del show, algo que generaba dudas entre los fanáticos que ya tenían la entrada comprada. Finalmente no sucedió, y Lali no dejó pasar el dato apenas salió al escenario, pasadas las 21: “La buena noticia, entre muchas esta noche, es que no llueve. Vean este clima”. El Monumental, sold out, la recibió con velos de novia improvisados con guirnaldas de luces entre el público (un adelanto de lo que iba a pasar más tarde) y el clásico “ole ole ole, Lali, Lali” que la acompaña desde hace rato.
El show abrió con “Lokura”, bailarines de negro marchando y Lali con un tapado de plumas que se sacó a los pocos segundos. Le siguieron “Sexy”, “Mejor que 2 son 3”, “Tu Novia II” y “N5”, con una coreografía que hizo subir la temperatura desde temprano. Fue un bloque de estética muy cuidada: fuego en la pasarela, pantallas en blanco y negro y unos quince bailarines en escena todo el tiempo. Cuando terminó, corte de luces para el primer cambio de vestuario.
Después de un interludio instrumental con cuerdas y vientos, Lali volvió con jean, musculosa blanca y un cinturón de brillos con caída de flecos, en un guiño a la estética dosmilera. Cantó “Obsesión” y “Diva”, más despojada, sin bailarines al principio.
El momento más inesperado del bloque llegó cuando aparecieron el bandoneonista Nicolás Perrone y el cantor Cucuza Castiello para interpretar el tango “Pasional”, de Osvaldo Pugliese, mientras Lali tomaba agua sentada en la escalinata. “Gracias por darle lugar al tango, muchas gracias”, les dijo. Después arrancaron juntos “Morir de amor”, se sumaron dos bailarines de tango y la banda completa, y Lali cerró con un simple “gracias, Buenos Aires” antes de meterse de lleno en “Amor es Presente”.
El tercer bloque cambió completamente de tono. Sonó un teléfono, la voz de Moria Casán preguntó “¿quiénes son?” y Lali apareció detrás de un diario gigante, con un saco de brillos, para cantar entre bailarines vestidos de traje. Dejó que los propios fans cantaran el icónico verso “que si vivo del Estado” de la canción, y entre risas tiró, al pasar, una frase con humor: “Ya me enojé, esta canción me enoja, estoy para una peleíta, eh”. Bajó al pasillo, le dio un beso al escudo de River en la camiseta de un fan y volvió al escenario transformada en boxeadora para “KO”, con guantes, carteles de “round” y una coreografía de golpes coreografiados. El bloque siguió con “Baum Baum” (y el estadio entero saltando) y terminó con Lali sacándose la corbata y abriendo la camisa para mostrar un corpiño negro con strass, después de que el público le gritara que tenía “mucha ropa”.
Con la luz de todo el recinto apagada y solo el sonido de su voz, Lali reapareció desde una plataforma que subió desde abajo del escenario, vestida de blanco (con el detalle, visible para quien miraba de cerca, de que no había llegado a abrocharse bien el vestido por atrás) para cantar “Boomerang”. Antes de “Incondicional” hizo una pausa larga para hablar: presentó al Cuarteto Divergente, la banda de violines, viola y cello que la acompaña en este tramo del show, y definió la canción como una forma de explicar lo inexplicable: “¿Cómo explicamos ocho estadios en un poquito más de un año? ¿Cómo explicamos tres River en un mismo año? Solo la incondicionalidad, el sentido de amor, de lo colectivo, puede hacer algo así. Yo no lo entiendo, lo vivo, pero no lo entiendo del todo”. En el medio, también aprovechó para saludar el cumpleaños de su baterista Tomi Luján y presentar a la otra baterista, Caro Cohen.
Lo que vino después fue, probablemente, el corazón emocional del show. “Perdedor” bajó la energía con un solo de violín al cierre. Antes de “Ego” (uno de los temas más coreados de la noche) Lali habló de la idea de que cada show deja un momento que la banda y el público “se llevan” para siempre. Pero el quiebre real llegó con “No Hay Héroes”: la presentó diciendo que la escribió pensando en “pasar los 30” y sentirse “adulto y a veces solo”, pidió que el público prendiera las linternas de los celulares y terminó cantándola arrodillada en la pasarela, llorando, con el rostro apoyado en el escenario mientras el Monumental coreaba su nombre.
El clima cambió otra vez con la aparición de Miranda! para cantar “Mejor Que Vos”. El dúo fue presentado a través de una emisión de “Lali TV”, el formato humorístico y conceptual que Lali usó en sus redes desde el arranque de esta era para anunciar novedades del álbum y la gira (cambios de fecha, venta de entradas, etc.). Le siguieron “Histeria” y “A Bailar” con Lali ya vestida con un body de la Selección Argentina. Pero el momento más viral de la noche llegó minutos después: Lali volvió a aparecer desde la plataforma vestida de novia junto a Tini Stoessel, también de blanco, para cantar juntas “Like a Virgin”. A la escena se sumó Marilina Bertoldi con su guitarra y terminaron las tres con un beso.

La puesta en escena recreó, de manera bastante literal, la apertura de los MTV Video Music Awards de 2003, cuando Britney Spears y Christina Aguilera salieron vestidas de novias a cantar “Like a Virgin” y Madonna, disfrazada de novio, las besó a las dos arriba del escenario. El chiste tuvo, además, una segunda lectura: tanto Lali (comprometida con Pedro Rosemblat desde enero) como Tini (que anunció en agosto su casamiento con Rodrigo De Paul) se casan antes de que termine el año.
Arriba del escenario, Tini le agradeció el gesto a Lali. Tomó el micrófono y dijo: “Hola, Buenos Aires, ¿cómo están? Qué hermosura estar acá. Gracias por haberme invitado, por darme tu espacio en tu gran fiesta del pop. Para mí es un gran honor estar acá. Lali, te vimos crecer todos los argentinos, fuiste parte de mi casa, de mi living, de mis meriendas. Me acompañaste en muchos momentos desde que soy muy chiquita, y es un honor estar al lado tuyo, cantando con vos, viendo todo lo que lograste. Realmente es una locura, así que muchas gracias”.
Lali le respondió, emocionada: “Sos preciosa. Esta invitación, como nos dijimos en privado, es por las niñas que fuimos, pero sobre todo por las mujeres en las que nos convertimos”, antes de tirar otra histórica de sus frases: “Nos enamoramos, taradas”. Después cantaron juntas “1AMOR”, no sin antes sacarse los vestidos en el escenario y quedar con poca ropa.
Sin Tini, Lali definió el momento con un “el demonio está sacado hoy, eh” y encadenó “Sola” (sin bailarines ni banda, solo con la pista) con “Motiveishon” y “Como Tú”, el tramo más bailable del bloque, que cerró con fuegos artificiales a los costados del escenario.
Antes de “Soy”, un video con drag queens invitadas habló sobre la comunidad LGBT+ y el derecho a “festejar y divertirse” en un contexto hostil. Lali salió a cantar rodeada de unas quince drags, con banderas del orgullo en pantalla. En simultáneo, parte del público aprovechó los cortes del show para entonar cánticos con contenido político dirigidos al gobierno de Javier Milei, algo que ya viene siendo habitual en los shows masivos de artistas pop este año, y más con la historia de idas y vueltas entre la cantante y el presidente.
El cierre del show fue el más “rockero”. Antes de “Fanático”, Lali contó que la fecha no era casual: el 26 de septiembre se cumplían exactamente dos años del lanzamiento de esa canción, “la más importante del álbum”, y definió el cierre como una forma de celebrarlo “en el último River, atendiendo al demonio por última vez”.
Le siguió “Plástico” y después “33” junto a Dillom, con uno de los pogos más grandes de la noche: ambos bajaron a abrazar al público y se fundieron en un abrazo arriba del escenario mientras Lali le decía “te amo, gordo, gracias”.
Antes de tocar “Ciudad de Pobres Corazones” (un cover de Fito Páez que nunca había cantado en un show propio), Lali hizo una pausa larga para hablar de un tema que no suele aparecer en un show de pop de estadio: “Estoy nerviosa porque no la canté nunca en un show, pero se me apareció pensando en este momento. Porque las últimas semanas estuve leyendo, igual que muchos seguramente, una noticia que me inquietó y me entristeció un montón: que Argentina, que tiene tantos récords bárbaros en el deporte y en el arte, tiene uno que no es nada bueno y es muy doloroso”.
Y continuó: “En los últimos años, y en este momento en particular, la Argentina tiene la mayor tasa de suicidios entre personas de 15 y 34 años, que es la edad de muchos de los que estamos acá. Es muy increíble, porque hoy esa es la principal causa de muerte en los jóvenes. Antes eran los accidentes viales, por ejemplo, y ahora es el suicidio. Y obviamente uno se pregunta qué estamos haciendo como sociedad, y qué están haciendo las autoridades con esta problemática tan dolorosa. Hace dos meses yo perdí a una persona muy, muy querida que se suicidó. Hoy no está acá: en el último River estuvo, y hoy no está acá. Y es muy doloroso que nuestro país esté, lamentablemente, en este ranking del mal. Pensando en esto se me cruzó esta canción tan preciosa, de un artista precioso, y la vamos a hacer para las familias de las personas que lo están pasando mal en esto y en un montón de otras cosas. Por ejemplo, la familia que tiene gente con discapacidad y que se siente muy sola. Así que, desde este escenario, humildemente, le mandamos un beso a las familias que han perdido a alguien que sufrió mucho y que no pudo, y a las personas que están sufriendo todos los días con la dolencia de un ser querido. Para ellos”. El estadio, que un rato antes estaba en pleno pogo, escuchó en silencio.
Después de “Pendeja” y “Payaso”, Lali se despidió con un discurso largo en el que agradeció a la producción, habló de cuánto le “cambió la vida” hacer ocho estadios en un año y cerró con “No Me Importa”, que generó, probablemente, el pogo más grande de la historia del pop nacional argentino, con un guiño final al “Ji ji ji” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El video que cerró la noche en pantalla dejó una frase pensada para generar ruido. Con el logo de Lali TV, se vio un televisor antiguo con el símbolo de la gira en la pantalla y al audio: “Aún no sabemos si Lali es la heroína que demanda la era o la mayor delincuente de la que se tenga memoria… y una cosa más, la más importante…”, cortada justo ahí, a propósito.
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