CHIMENTOS
Franco Masini vuelve al teatro con una obra sobre la fama y sus riesgos: “Es una historia que va a incomodar”

Se estrena el 26 de agosto en el Complejo la Plaza con Carlos Portaluppi y Franco Masini
Buenos Aires se prepara para el estreno de Dribbling, una propuesta teatral que pone el foco en los vínculos y tensiones que atraviesan el mundo del fútbol. La cita será en el Paseo La Plaza, donde Franco Masini y Carlos Portaluppi asumirán los papeles principales bajo la dirección del catalán Ignasi Vidal.
En charla con Teleshow, Masini describió el desafío como de una exigencia límite: “Es una obra que requiere mucha energía, tenés que estar muy enfocado porque no para un segundo desde que arranca”. El actor subrayó que el texto y la dinámica de la obra los obliga a mantenerse atentos y a colaborar de manera constante para sostener la intensidad en escena.
En la obra que se estrena el próximo 26 de agosto en el Paseo La Plaza, Masini se pone en la piel de una figura del fútbol europeo cuya vida cambia radicalmente cuando es acusado de violación. Portaluppi es su representante en una trama que se traslada de los límites del campo de juego para disputarse más en los medios y en las redes sociales que en los tribunales.
Dribbling no solo explora la pasión y los conflictos inherentes al fútbol, sino que también invita a reflexionar sobre la fama y el poder dentro y fuera del campo. El espectáculo propone una visión contemporánea de las relaciones humanas atravesadas por el deporte. Los espectadores encontrarán una historia que crece en intensidad a medida que avanza, construyendo una atmósfera donde las emociones y los intereses se entrecruzan sin pausa.
—¿Cómo te llegó la propuesta para participar en la obra?
—A través de la productora, me llamaron para ofrecerme la obra, la leí y me encantó. La escribió Ignasi Vidal, un dramaturgo catalán que también es quien la dirige, se quedó todos estos meses ensayando con nosotros acá en Buenos Aires. Cuando me dijeron que la posibilidad estaba de hacerla con Carlos (Portaluppi), la verdad que ni dudé; habíamos hecho Cuéntame cómo pasó, pero no habíamos interactuado mucho y siempre quedó la idea y la posibilidad de volver a trabajar juntos en algún momento. Y acá era perfecto porque es una obra de solo dos personajes.
—¿Cómo es trabajar con él?
—Yo lo admiro mucho arriba del escenario. Tiene una entrega y estamos creando una conexión muy genuina y de mucha química de parte de los dos. Es una obra que requiere mucha energía, y siento que nos exigimos mutuamente durante toda la función.

—La problemática que plantea la obra es compleja…
—Está muy bien escrita y genera mucha tensión al espectador. Desde que arranca genera incomodidad en lo que se habla y en cómo se va resolviendo ese conflicto. Y también genera mucha tensión el saber si hay un culpable o si hay un inocente. Durante toda la obra va de un lado para el otro, no tomás partido todavía hasta que termina.
—¿Qué vínculo se construye entre los personajes principales?
—Más allá del vínculo que se ve entre él que es mi representante y yo su representado, lo que estamos trabajando es el vínculo paternal que él tiene conmigo. Eso también creo que lo hace más profundo y más dramático aún.
—¿Qué lugar ocupan las redes sociales en la obra?
—Aparece el tema de las redes, aparecen los medios, aparece cómo también de un día para el otro la vida de alguien que es recontra reconocido puede cambiar. Y se plantea también la realidad de un joven que, como no tiene las herramientas necesarias, no sabe cómo llevar el tema de la fama, que es muy difícil también.

—¿Cómo te posicionás vos frente a las redes sociales?
—Es un canal que creo que hoy es importante, porque es un medio de comunicación para nosotros, para compartir lo que estamos haciendo, para tener cierta llegada a la gente que me sigue durante tantos años más allá de si viene al teatro o no; están están cerca de cada uno de mis trabajos. Pero por supuesto, es un lugar también donde cada uno puede opinar lo que quiere y yo respeto la opinión de todo el mundo. Hay gente que le gustará lo que hago, gente que no.
—¿Y cómo te llevás con las críticas o comentarios negativos?
—Lo intento tomar con bastante calma y entiendo que hay gente que puede no gustarle lo que hago, que me puede tirar odio y también gente que me tira mucho cariño. Entonces es como la vida misma: hay de los dos lados. Va a pasar que gente venga a ver la obra y le encante y gente que me diga que no le gustó. Y está perfecto, pero intento seguir mi camino, con respeto y siendo educado. No bloqueo en las redes. Hoy es así y yo intento comunicar lo que tengo ganas de comunicar y lo que tengo ganas de guardarlo para otro momento, lo guardo para mí.
—¿Y con el fútbol? ¿Alguna vez pensaste en ser jugador?
—No, la verdad que jugando al fútbol no te diría que soy un gran jugador, me defiendo lo que puedo (se ríe). Soy más de los deportes con raqueta, con paleta.

—¿Qué te interesó del enfoque de la obra respecto al fútbol?
—Si bien está el fútbol como base, la obra va más allá y habla de esta temática, de un joven que no tiene tampoco las herramientas emocionales para llevar lo que es la fama, el dinero, el poder y todo lo que eso conlleva. Los intereses que hay detrás de los clubes también. Siento que es un tema que es global, en cualquier disciplina está, no solo en el fútbol. Es una propuesta novedosa desde ese lugar. Por supuesto es una ficción, pero es una temática tan instalada y tan actual que es un distintivo para el que la venga a ver.
—¿Qué significa para vos volver al teatro con una obra como esta?
—Me entusiasma mucho. Lo último que hice en teatro fue Las cosas maravillosas hará ya dos años y la verdad que lo disfruté mucho. Estar arriba del escenario me encanta. Esta vez con Carlos también, así que intento disfrutar mucho el proceso. Ahora ya nos queda poquito para el estreno, y ya lo estoy disfrutando por anticipado.
CHIMENTOS
Fabiana Liuzzi habló a fondo de su hijo y abrió su corazón: “Tony avanza por el padre y la madre que tiene”

“Hoy puedo contestar porque Tony ya está corriendo por los pasillos de la clínica, está contento y volvió a ser el Tony de siempre”.
La frase de Fabiana Liuzzi llega después de horas de preocupación, pero también funciona como una síntesis perfecta de una historia que lleva doce años escribiéndose. Antonio, su hijo menor, fruto de su relación con Luis Ventura, volvió a sonreír, a recorrer los pasillos y a recuperar esa energía que sus padres conocen tan bien. Y para una madre que aprendió a interpretar cada cambio, cada gesto y cada nuevo sonido de su hijo, verlo así representa mucho más que una mejoría: es volver a reconocerlo.
Antonio tiene 12 años y nació prematuramente, con seis meses y medio de gestación. Su llegada al mundo estuvo marcada por la incertidumbre y por una larga estadía en neonatología. Con el paso de los años aparecieron secuelas neurológicas que afectan principalmente el lado izquierdo de su cerebro y que tienen una consecuencia concreta en su vida cotidiana: las dificultades para comunicarse a través del habla.
El diagnóstico es encefalopatía crónica no evolutiva (ECNE), según explicó su mamá. Pero para ella, el menor siempre fue mucho más que cualquier diagnóstico.

“Él es un nene como cualquier otro”, sostuvo. Y enseguida explicó: “Le quedaron estas secuelas del lado izquierdo de su cerebro. Por eso tiene como diagnóstico ECNE, encefalopatía crónica no evolutiva, porque son las cicatrices que le quedaron como secuela de que nació prematuro, de seis meses y medio”.
Durante estos doce años, Liuzzi aprendió a no mirar a su hijo en comparación con los demás. Una de las primeras enseñanzas que recibió de un neurólogo quedó grabada para siempre: “Nunca vayas a comparar a Antonio con otros niños, vos compará a Antonio con Antonio”, le dijo aquel profesional.
Fabiana escuchó y convirtió esa frase en una manera de transitar la maternidad: “Yo lo tomé. Y de ahí en más, bueno, fue evolucionando, aparte por el tiempo en sí va evolucionando. Más todo lo que hacemos de nuestra parte, pero principalmente él desde que nació”, contó.
Porque si algo tiene claro es que Antonio siempre puso de sí mismo. Incluso desde sus primeros días de vida: “Cuando estaba en la neo, el médico me dijo: ‘Es un bebé que pone de su parte’, y es lo que sigue haciendo, pone todo de su parte”, recordó.
También habló de aquella vida que, contra todas las dificultades, siguió adelante: “Dios lo salvó y está en este mundo, pese a todo, pese a que eran gemelos y uno se detuvo. Él se plantó en esta vida porque así Dios lo quiso y es quien siempre está con él cuidándolo”, expresó.

Cuando Antonio cumplió aproximadamente un año, Fabiana comenzó a advertir que había algunas cosas que no sucedían como esperaba: “Yo lo llevaba a su médico y notábamos que no tenía tanta estabilidad al sentarse, no respondía al nombre y tenía algunos estereotipos. Estos son, por ejemplo, que se miraba la mano”, explicó.
Para ella era un territorio completamente desconocido: “Yo tengo dos hijas y no me había pasado por esto. Entonces, es todo nuevo, es todo un camino con cosas nuevas y muchas veces vas viendo sobre la marcha qué va necesitando y vas aprendiendo”, relató.
En ese recorrido también atravesó momentos difíciles con algunos profesionales. Fabiana habló de equivocaciones, de diagnósticos y devoluciones que, según su experiencia, después comprobó que no eran correctos y de la sensación de quedar a la deriva.
“Dentro de muchos profesionales hay muchas equivocaciones, mucha falta de humanidad. Muchas veces las madres, si no tienen personalidades, quedan devastadas”, señaló. Y agregó: “A veces un profesional no solamente que no te ayuda, sino que te deja”.
En medio de ese aprendizaje, decidió confiar también en algo que nunca abandonó: “Con mi intuición de madre nunca me equivoqué, nunca”, afirmó.

En determinado momento llevó a Antonio a una clínica. Allí, según relató, a partir de las características que presentaba recibió un diagnóstico: “Lo llevamos a la clínica de Manes y a me dijo TEA, y yo no tenía ni una idea qué era”, recordó.
Entonces comenzó otra etapa. Investigó, estudió y buscó información para comprender qué significaba aquello y, sobre todo, qué podía hacer para ayudar a su hijo.
“De ahí en más investigué y entré en un mundo que yo no conocía, así como desde el principio de la neo, yo no sabía que existía una neo. Me topé con esto, con este diagnóstico, que tuve que ir aprendiendo”, contó.
Y tomó una decisión: no quedarse solamente con lo que le explicaban, sino convertirse también en una mujer informada sobre las necesidades de Antonio: “En el aprendizaje quise informarme para poder ayudarlo”, resumió.
La historia de Fabiana junto a Antonio también está atravesada por una búsqueda permanente. Cursos, profesionales, nuevas herramientas y diferentes abordajes fueron formando parte de su recorrido: “Yo me suelo dormir a las tres de la mañana informándome de cómo ayudar a Tony”, reveló.

Incluso realizó cursos específicos para comprender mejor algunas de las herramientas que podía incorporar en el acompañamiento de su hijo. Para ella, cada nuevo conocimiento podía convertirse en una posibilidad más para Antonio.
“Hay muchísimos abordajes. Por supuesto que uno no puede hacer todos, pero cuando uno encuentra por ahí estas aristas que son como el camino que decís: ‘Esto me está resultando’, ahí es donde te da mucha satisfacción”, explicó.
Entre esas búsquedas, Fabiana destacó especialmente los cambios relacionados con la alimentación y el funcionamiento intestinal, un abordaje que, según su experiencia personal, significó un antes y un después: “Comprendí que la alimentación lo es todo”, afirmó.
Y agregó: “Eso ayudó un montón. Fue un antes y un después de tomar este conocimiento tan valioso que muchas mamás quizás no lo saben”.
Una de las grandes dificultades de Antonio está relacionada con el lenguaje. Fabiana explicó que las cicatrices neurológicas están ubicadas en el lado izquierdo del cerebro y que eso afecta directamente el habla.

Pero en los últimos tiempos recibió una información que volvió a abrir una puerta: “Me explicaron que el cerebro es tan grande y tiene tantas aristas para trabajar que un reciente estudio comprobó que no solamente el lado izquierdo, que es el que afecta justamente el habla, sino que con el derecho pueden llegar a hablar”, contó.
A partir de allí apareció una nueva profesional y también una historia que para Fabiana resultó especialmente espetanzadora: “Me dijo que una niña de catorce años comenzó a hablar. Así que es muy alentador el panorama”, contó.
Y entonces apareció uno de los momentos más emocionantes de la charla: “Tony hace cada vez más sonidos, logra decir ‘mamá’”.
Para cualquier otra persona podría ser apenas una palabra. Para Fabiana es una conquista enorme: “Quizás no con la dinámica de otro niño. Pero eso en él es un montón”, explic, para luego resumir lo que significa cada avance de su hijo: “Cada logro te llena la vida”.
Fabiana aprendió a mirar de otra manera aquello que para muchas familias puede resultar cotidiano. Una salida al teatro. Una sonrisa. Un abrazo. Un baile. Una mirada.

Recuerda especialmente una salida junto a Luis para llevar a Antonio a ver a Plim Plim: “Estábamos fascinados porque saltaba, bailaba, venía, lo miraba, lo abrazaba a Luis, venía a mí, me sonreía. Un disfrute. Lo vimos disfrutar que nosotros desbordábamos de felicidad”, recordó.
Esos momentos modificaron también su propia manera de observar la vida: “Él nos enseña a disfrutar de una sonrisa, a disfrutar de ir a pasear, de disfrutar verlo jugar. Esas cosas tan simples de la vida y tan grandes a la vez”, reflexionó, “a disfrutar de las cosas que a veces para muchos pasan inadvertidas”.
Antonio todavía tiene dificultades para hablar, pero su mamá asegura que encontró otras maneras de comunicarse: “Él te habla con la mirada”, dijo, y explicó: “Si bien uno como padre desea que llegue al habla, él se hace entender todo y entiende todo, se mueve por sí solo, hace todo solo, ha avanzado terriblemente en eso”.
Por eso, aunque los padres continúan buscando nuevas herramientas y tratamientos, también saben detenerse a mirar todo lo que ya logró: “Uno como papá busca, va por todo. Vamos por todo. Pero él ha evolucionado mucho y va a seguir evolucionando”, aseguró.
Hay otra dimensión en la historia de Antonio que Fabiana cuenta con especial emoción: la espiritual.

Recuerda que cuando su hijo nació tenía una marca con forma de corazón en la cabeza. A partir de aquel momento, según su relato, comenzó a encontrar formas de corazón en lugares inesperados: una mancha de café, una mermelada, un trapo de piso y distintas situaciones que ella interpreta como señales.
“Desde que él nació hasta el día de hoy se me presentan corazones en los lugares más insólitos”, contó. También recordó una visita a Leda, la sanadora de Rosario. Antes de salir, había una imagen del Sagrado Corazón y Antonio se dirigió hacia ella: “Tony fue a pararse con sus manitos ahí”, recordó, poniendo sus manos en señal de oración.
Y relató otra escena que la conmovió durante el bautismo de su hijo, realizado el año pasado después de varios años en los que no habían podido concretarlo: “En la iglesia, en un momento, se va para un costado y había un pequeño espacio para rezar. ¿Y quién estaba? La imagen del Sagrado Corazón. Se fue a sentar ahí”.
Para Fabiana, esas situaciones dejaron de ser simples coincidencias: “Son como muchas señales, no es una”, afirmó. Y desde esa mirada espiritual construyó una definición para su hijo que repite con enorme orgullo: “Es un niño especial, pero porque es realmente, la gente te lo puede describir. Es un ángel de la tierra”.
“Todo el mundo dice: ‘Me transmite paz, es un ser de luz’”. Y para sus padres, ese cariño representa una de las mayores recompensas: “Es tanta la gente que le demuestra ese cariño, ese amor, que es muy emocionante para nosotros como padres”, sostuvo.

Pero la historia de Antonio también estuvo atravesada por años de exposición mediática. Su nacimiento ocurrió en medio de una enorme atención pública alrededor de la relación de Fabiana y Luis Ventura y, con el paso del tiempo, la familia debió convivir con comentarios, especulaciones y opiniones de terceros.
Fabiana reconoce que durante mucho tiempo eligió el silencio: “Yo elegí el silencio muchas veces, elegí no aparecer y lo sigo eligiendo”, afirmó. Pero algo cambió. “Ya pisotearme, bastardearme, humillarme, ya eso no. Esa Fabiana ya no está”, sostuvo.
No habla de salir a confrontar. Habla de poner límites: “No es que salgo a pelear. Yo no discuto, no peleo nada. Pero siempre con la verdad. La verdad siempre prevalece en todo y sale a la luz siempre”.
Y en esa transformación aparece también una mujer que asegura haber aprendido de sus propias experiencias: “Yo siento que muchas veces transformé la tristeza en aprendizaje”, reflexionó y dejó en claro: “Esa Fabiana también ya no busca la aprobación de nadie. Solamente busco vivir en armonía, mi felicidad y mi familia”.
Hay una parte particularmente sensible de su relato: aquella relacionada con quienes, durante años, hablaron de su historia y de las circunstancias que rodearon el nacimiento de Antonio.

Fabiana rechaza cualquier mirada que pueda cargar sobre su hijo un significado negativo. “Yo quiero decir: ‘Sí, miren lo que me pasó. Tengo una persona maravillosa, un ángel divino que nos llenó la vida’. Eso es Tony”.
Y fue contundente al hablar de las críticas que recibió: “Yo no rompí nada y eso estoy segura de eso, y Tony tampoco rompió nada. Al contrario, Tony vino a traer felicidad y luz a quienes las necesitábamos”.
Su conclusión es todavía más personal: “Gracias a Dios yo vivo sin culpa, porque nunca la sentí”.
A doce años del nacimiento de Antonio, hay algo que permaneció intacto y es su decisión de poner a sus hijos en el centro de su vida. Tiene dos hijas mayores, que viven en Córdoba, y también dos nietos. Hace aproximadamente diez años que está instalada en Buenos Aires y mantiene el vínculo permanente con su familia.
“A mi mamá la perdí hace casi tres años. Pero siempre voy o vienen. La verdad que son unas hermanas que valen oro, aman a su hermano”, contó.
Cuando sus hijas eran pequeñas, incluso decidió postergar oportunidades laborales para acompañarlas: “Muchas veces me ofrecieron venir a trabajar acá y como ellas eran más chicas, no lo hice. Hacía lo que podía para no… Siempre mi prioridad fueron mis hijos”, recordó.

Hoy, con Antonio, esa entrega es total, y lejos de sentirlo como un sacrificio, ella lo vive como un privilegio: “Le agradezco a Dios poder estarlo. Porque lo disfruto cada segundo”.
En la actualidad, Antonio continúa con sus tratamientos, sus estímulos y sus avances. La familia sigue buscando herramientas para acompañarlo y, especialmente, para trabajar sobre el lenguaje.
Pero Fabiana aprendió a no ponerle una fecha a cada conquista y confía en que todavía quedan muchas sorpresas por delante: “Creo que mucho nos vamos a sorprender de cómo va a ir evolucionando”.
También destaca el papel de Luis Ventura en ese proceso: “Tony avanza también por el padre que tiene y por la madre que tiene, por los dos. Y porque somos una familia unida y con amor. Yo creo que esa es la base de todo”.

Quizás por eso, cuando habla de Antonio, Fabiana no pone el foco solamente en aquello que todavía falta. Habla de lo que ya consiguió. De los sonidos. De la mirada. De los abrazos. De las salidas en familia. De aquel “mamá” que llegó con una fuerza imposible de medir.
Y vuelve a una palabra que aparece una y otra vez durante toda la conversación: amor. “Tony nos da mucha felicidad y prevalece el amor, sobre todo. Y es el amor que siempre nos mantiene de pie y con fortaleza”.
A los 12 años, Antonio continúa recorriendo su propio camino. Sin comparaciones. Sin apuros. Con sus propios tiempos. Y su mamá parece haber encontrado allí una de las enseñanzas más profundas de estos doce años: aprender a mirar aquello que otros podrían considerar pequeño y descubrir que, para ellos, puede ser enorme.
Y Fabiana, como desde aquel primer día en la neonatología, sigue a su lado, y cierra con una frase que parece explicar toda su historia juntos: “Es un guerrero”.
Antonio Ventura,recuperación médica,clínica
CHIMENTOS
Yanina Latorre harta de las caras que pone Maru Botana al probar en la comida en MasterChef: «Asco, es una…»

Una de las condiciones fundamentales para evaluar un plato en una competencia gastronómica parece haber quedado bajo discusión en MasterChef Celebrity. Al menos así lo entiende Yanina Latorre, quien puso la lupa sobre el desempeño de Maru Botana y lanzó una crítica que no pasó inadvertida: cuestionó que la cocinera no muerda las preparaciones de los participantes al momento de degustarlas.
La conductora eligió el espacio de El Observador 107.9 para desarrollar su mirada y dejó en claro que no se trataba de una observación menor. Su planteo apuntó directamente a la función que cumple Maru dentro del certamen y a la responsabilidad que implica juzgar el trabajo de los concursantes.
“Para probar la masa y el relleno tenés que morder. No soy la única que lo vio”, sostuvo Yanina, aludiendo también a las numerosas reacciones que despertaron esas imágenes en las redes sociales. Para ella, la degustación no puede quedar reducida a un gesto superficial: requiere probar aquello que después se va a evaluar.
Pero la crítica no terminó ahí. Con su habitual estilo frontal, Latorre fue todavía más lejos y cuestionó sin rodeos la actitud de la cocinera. “Es una maleducada. O te da asco o tenés un problema con la comida. No podés ser jurado”, disparó, en una declaración que volvió a ponerlas en veredas opuestas.
YANINA LATORRE FULMINÓ A MARU BOTANA
El comentario adquirió otra dimensión por tratarse de dos figuras que arrastran diferencias desde hace tiempo. Esta vez, sin embargo, el foco no estuvo puesto en una vieja disputa personal, sino en una situación puntual del reality de Telefe que Yanina convirtió en motivo de cuestionamiento público.
La conductora también quiso dejar en claro que sus observaciones no respondieron a una animosidad selectiva contra Maru. “Yo fui fuerte con todos. Dije quién me gustaba y quién no me gustaba”, explicó, en referencia a sus opiniones sobre los distintos participantes de la competencia.
Así, una cuestión tan elemental como probar la comida terminó convirtiéndose en un nuevo frente de discusión alrededor de MasterChef Celebrity. Y Yanina, fiel a su estilo, no necesitó demasiadas vueltas para expresar lo que pensaba: para ella, quien tiene la responsabilidad de juzgar un plato debe estar dispuesto a degustarlo como corresponde.
Yanina Latorre
CHIMENTOS
Silvia Pérez: «Siempre voy a ser una chica Olmedo, hasta el último día de mi vida»

Hace casi cuarenta años, Silvia Pérez supo que esa etiqueta no se borra. Fue chica Olmedo, y lo será —dice ella misma, entre risas— “hasta el último día de mi vida”. Pero en ese tiempo que va desde los sketches que hoy se viralizan en TikTok hasta el presente, construyó otra carrera: estudió con los mejores maestros, produjo su propio teatro, trabajó con Francis Ford Coppola, protagonizó la película que considera “la de su vida” y se convirtió en profesora de yoga y meditación. Ahora, Silvia Pérez vuelve a la Calle Corrientes con 8 Mujeres, la comedia de misterio de Robert Thomas que dirigirá José María Muscari, y lo hace con una certeza que, según cuenta, le costó años alcanzar: ya no le importa probarle nada a nadie.
La convocatoria de Muscari llegó en el momento exacto. Pérez acababa de desear, “desde adentro”, volver al teatro comercial después de años en el circuito alternativo. El director la contactó casi al mismo tiempo y le propuso repetir el rol que ya había hecho quince años atrás en la misma obra: Regina, la cuñada que nadie esperaba y que llega a revolver una casa repleta de secretos. “Le dije: re, quiero, estoy. Ni lo pensé”, recuerda. Muscari les había escrito ese mismo día a las seis actrices que ya habían hecho la obra —las otras dos integrantes originales, Norma Pons e Hilda Bernard, fallecieron—, y en menos de dos horas todas habían respondido que sí. Para él, cuenta Pérez, fue una señal.
El elenco lo completan Marita Ballesteros, Cecilia Dopazo, Emilia Mazer, María Leal, Linda Peretz, Juana Repetto y Mónica Villa. 8 Mujeres se estrena el 8 de octubre en el Teatro Multiteatro (Corrientes 1283), con funciones de jueves a domingos.

— ¿Por qué quisiste volver al teatro comercial ahora?
— Hacía muy pocos días que había pensado o deseado, desde adentro mío, volver a hacer teatro comercial, porque hace años que estoy haciendo teatro alternativo. Y dije: “Ay, qué ganas que tengo de hacer una obra comercial”. Eso pasó, y justo me llama Muscari y me dice: “¿Quisieras hacer de nuevo? Estoy viendo de hacer 8 Mujeres”. Le dije: “Re, quiero, estoy”. Ni lo pensé. Y me dio mucha alegría, primero porque es una obra que fue muy bien, que disfruté mucho. Era muy lindo estar con un elenco tan maravilloso, de tantas actrices tan talentosas. Nos llevábamos muy bien. Fue todo un momento muy lindo.
— ¿Cómo fue la reacción de todo el elenco cuando Muscari las convocó?
— Ese mismo día nos llamó a las seis de las ocho que ya lo hicimos, porque Norma Pons y Hilda Bernard no están más en este plano. Y en menos de dos horas, las seis le contestamos que sí, que queríamos hacerlo y que podíamos. Para él fue como una señal también eso, porque no sucede muy a menudo.
— Todas van a hacer los mismos personajes de hace quince años. ¿Cómo se resuelve eso con el paso del tiempo?
— Es una apuesta tan atípica y tan singular, tal como es Muscari. La obra es atemporal, la apuesta que está haciendo es atemporal. Mi personaje especialmente podría tener este cambio de edad sin que le afectara. Por ahí Cecilia lo dice porque ella era la hija mayor de la familia, una chica que está estudiando en un colegio, entonces por edad no cerraría. Pero lo que está planteando Muscari es maravilloso, ¿entendés? Porque todas estamos haciendo los mismos personajes que hemos hecho.

— ¿Qué podés adelantar de tu personaje, Regina?
— Es la hermana del hombre en cuestión, alrededor del cual gira toda la obra. Llega sin que nadie la espere y genera más intriga, más lío del que ya hay. Es una comedia, fundamentalmente, y eso es muy importante decirlo. Una comedia donde nos reímos de cosas muy profundas, porque te vas a ir pensando. Su sexualidad es parte de lo que la obra plantea: podría decir que es lesbiana, pero también cuenta que sale con hombres, así que podría ser bisexual. Eso es lo que escribió Robert Thomas: temas tan vigentes hoy —la sexualidad, el poder del dinero en los lazos familiares, los vínculos, la psicología de cada personaje— tratados con una mirada de avanzada. Y en cada escena sospechás de una de estas ocho mujeres, creés que vas por ahí, y en la siguiente escena te cambia todo. Está llena de secretos, de mentiras, de intrigas. Vamos descubriéndonos unas a otras.
— ¿Cómo es trabajar con Muscari, a dónde llega en sus búsquedas?
— Es distinto a todo, por lo menos para mi experiencia. Es una persona disruptiva, está constantemente creando. Cuando tuvimos la primera lectura dijo que la obra estaba bien, que no necesitaba adaptarla. Y hoy es casi otra obra: continuamente nos va agregando gags que se le ocurren en el momento y le dicta a su asistente, y vos a veces decís: “¿De dónde lo saca?”. Sabe muy bien lo que quiere y tiene esta singularidad de marcar una coreografía actoral además de la puesta. Yo voy por lo que él me dice, sé que tiene certeza y lo pruebo de una. Y por otro lado es sumamente contenedor y amoroso con cada una de nosotras. Te dice todo lo que tenés que escuchar sin ningún prurito, pero siempre con una palabra alentadora primero. El objetivo que planteó el primer día fue: “El objetivo es ser felices”. No habló de que salga bien la obra. Y estamos yendo por ese objetivo todo el tiempo.
— ¿Y cómo construyen la complicidad siendo ocho actrices, con todo lo que implica compartir camarines y escenas?
— No hay ningún tipo de tensión. De hecho, no la hubo hace quince años tampoco. Hay algo espontáneo que surge entre nosotras que nadie se está proponiendo. Nadie está siendo bueno ni cuidando al otro de manera forzada, es algo que surgió solo. Y que Juana Repetto venga con su bebé de seis meses lo suma más todavía. Todos estamos pendientes. Además, de alguna manera todas nos conocemos: somos actrices de trayectoria, conocidas también por la televisión. Haber juntado a ocho actrices de tantos años de recorrido es algo bastante significativo.

— Es inevitable hablar con vos de tu época de chica Olmedo. ¿Qué sentís cuando surge el tema?
— Sé que es inevitable. En ese momento, de hecho tengo libros escritos donde cuento esto, era muy la frase: “sin darme cuenta”. Porque yo necesitaba mucho trabajar —mantenía a mi hija yo sola— y lo primordial era que estaba trabajando y me sentía muy agradecida de tener trabajo siempre. El tema de ser sexy, salir en tapas de revistas, la ropa interior y todo eso, para mí era como un accesorio de mi trabajo. Hoy lo pienso y me tengo mucho amor y cariño, porque realmente soy una luchadora, una guerrera, siempre fui para adelante. Siempre defendí mis valores. Nunca hice nada que no quisiera hacer. Me quedé sin trabajo por esa situación en algunos momentos, pero gracias a Dios siempre pude seguir adelante.
— ¿A qué te referís con que te quedaste sin trabajo por defender tus valores?
— Algunas veces tuve problemas con productores, no quería aceptar lo que me proponían y me echaron de programas. Eso sucedía antes un montón. Lo que pasa es que ahora, por ejemplo, se puede decir y lo están contando, se puede considerar un delito, pueden hacer que no trabajes más. Pero esas cosas sucedían en ese momento. Yo pensaba que siempre me iba a ir bien si seguía mis principios, y de hecho me fue bien. La pasé mal en muchos momentos, pero siempre seguí trabajando.

— También trabajaste con Jorge Porcel, y en las últimas semanas se habló mucho de lo que pasaba a su alrededor. ¿Qué recordás de esa experiencia?
— Mirá, en una oportunidad Gerardo Sofovich me hizo reemplazar a Luis Albinoni en “La peluquería” y trabajar con él, y él me la hizo pasar muy mal. No tuve ningún problema porque me haya faltado el respeto físicamente, aunque de alguna manera, si no me miraba cuando yo le hablaba mientras grabábamos, era una manera de faltar el respeto. Y después, cuando ya había muerto el Negro, hicimos una película en homenaje a él, El profesor Punk, que la pasan a cada rato ahora, y no tuve ningún inconveniente con él. Yo siempre me hice respetar. Lo que pasa es que a veces a la gente no le gustaba eso, y pagabas las consecuencias.
— Más allá de la figura popular que conserva el público, ¿qué lugar ocupa Olmedo en tus recuerdos personales?
— Muy importante en lo laboral y en mi profesión. Después de su muerte fui a estudiar teatro con casi todos los maestros que existen acá, terminando con Gandolfo. Pero la realidad es que yo aprendí a ser actriz al lado del Negro. A estar presente en el escenario, en una grabación, a estar pendiente de lo que iba a decir, que no se sabía nunca. Era como una escuela de teatro. De hecho, una vez en el escenario me tiró en el sillón y me dijo: “Si esto no es una escuela de teatro, ¿qué es?”. Ahora, últimamente, cuando salgo al escenario me da fuerza recordar eso. Digo: “Yo puedo”. Y después en el plano personal, más allá de recordarlo por su genialidad, hubo un costado difícil y duro que tiene que ver con el ser humano, con ese vacío que uno puede sentir más allá de tener todo aquello que el mundo considera que necesitamos —la fama, el dinero—, que a veces si tu corazón no está bien y tenés una niñez difícil, es difícil la vida. Me parece importante recordar eso.

— ¿Hubo algo de eso? Porque vos has hablado de que mantuvieron una relación fuera de la exposición pública. Hoy a la distancia, ¿entendés por qué fue?
— Sí, entiendo por qué fue, pero me parece que no es tampoco para decirlo en una nota. Yo era muy chica. Me sentía como que era muy grande, pero tenía 31, 32 años. Y había muchas situaciones donde me sentía como que quería salvar situaciones, sin conocer ni siquiera quién era yo y qué podía hacer con mi vida. Pasaron algunas situaciones que no amerita volver a recordar en este momento.
— ¿Y eras vos la que quería mantener esa relación en reserva?
— No sé si llamarla una relación tampoco. Sí puedo decirte lo que significó, sobre todo profesionalmente. La muerte de él me hizo pensar en mí, en quién soy, en qué quiero, y en algo que a veces se pierde de vista en este mundo, que tiene una velocidad de tren bala.
— ¿Cómo fue la transición después de su muerte, el proceso de reinventarte como actriz?
Durante mucho tiempo no me llamaron para trabajar porque todo el mundo tenía la imagen de Olmedo al lado mío. Eso fue muy duro y me hizo empezar a estudiar teatro y a pensar qué quería. El primer proyecto que hice fue mío: El último pasaje, una obra de Marise Monteiro que produje yo, con mi hija y con Alejandro Odara. Me ayudó mucho Carlos Gandolfo a ver qué quería hacer y qué era lo que la gente podía recibir después de haberme visto en esa etapa. Elegí una comedia dramática. Después, de a poco, sobre todo los autores y guionistas jóvenes que miran sin tanto prejuicio, empezaron a llamarme. Como Anahí Berneri, que me dio la película de mi vida con Encarnación. Después tuve la posibilidad de trabajar con Coppola cuando vino a hacer acá su película. Hice una película italiana también con Alessandro Gassmann. Y así empecé de nuevo, de a poco.

— A partir de la muerte de Olmedo también te volcaste al yoga, la meditación, la respiración consciente, los viajes a la India, ¿todo eso lo seguís manteniendo?
— Sí, lo mantengo. Soy profesora de yoga y de meditación, de hecho lo hice dos veces. Fue una manera de acercarme a mí, porque estaba bastante alejada de mí. Como bien te dije, no me daba cuenta de nada: agradecía tener trabajo, pero nunca pensé en mi carrera, en qué quería para mí como actriz. Tenía un trabajo y lo agradecía, lo aceptaba, lo elegía, lo necesitaba. Empecé a pensar qué quería, y me llevó bastante tiempo.
— Tus sketches con Olmedo, el de Borges y Álvarez sobre todo, se viralizan en TikTok, X e Instagram casi cuarenta años después. No le sucede a mucha gente esa permanencia. ¿Qué te pasa con eso?
— ¡Y pensá que van a ser casi cuarenta años! Hoy estoy reconciliada con todo eso y sé que siempre voy a ser una chica Olmedo hasta el último día de mi vida. Y lo agradezco. Cada vez que entro a un ensayo y un técnico me dice “uy, anoche te vi”, o cuando por ejemplo fui al programa de Jey Mammon, que estaba Walter Nelson y dijo “te vemos siempre”… Todos siguen viendo esos sketches. Y eso es hermoso. Estoy muy agradecida.
Silvia Pérez,díptico,retrato
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