INTERNACIONAL
Tras ser abandonados por su entrenador, 19 beisbolistas de un equipo de Venezuela pidieron asilo político en España

Diecinueve miembros del equipo de béisbol Team Guevara de Venezuela solicitaron asilo político en la ciudad de Barcelona, España. Fue luego de que su entrenador los abandonara en ese país en el marco de una gira que realizaban por la península ibérica.
El equipo fue acompañado por el coach y presidente del club, Julio Guevara, quien regresó a Caracas por cuestiones de salud y dejó varado al plantel en Madrid.
El 12 de marzo, Guevara había publicado en su red social de Instagram (julioguevara.beisbol) un reel anunciando la llegada del equipo a España. En el video se ve a los jóvenes con sus valijas caminando y él, en primer plano de selfie. Acompañó el posteo con la descripción: «Los Guerreros de La Liga Senior Latinoamericana Sub 23 llegando a Europa a competir 2025″.
Medios españoles afirmaron que los deportistas tenían previsto el vuelo de regreso a Caracas este lunes, pero después de deambular por las calles de Barcelona decidieron quedarse en el país. Finalmente se presentaron todos juntos este lunes a las inmediaciones de la Policía Nacional en la ciudad catalana y solicitaron asilo, un trámite que requiere de un proceso largo, pero según describió el diario La Vanguardia, quienes trabajan en Protección Internacional de la Brigada de Extranjería, aceleraron los tiempos y convocaron a los venezolanos este jueves en una comisaría de Barcelona, donde deberán manifestar los motivos de su solicitud.
Hay datos que todavía se desconocen, como el momento en el que los jóvenes viajaron hasta Barcelona. Al parecer, dos de ellos serían menores de edad y fueron atendidos por el Servicio de Atención a Inmigrantes, Emigrantes y Refugiados (SAIER), mientras que los agentes policiales trabajaron durante toda la mañana del lunes buscando lugar para los mayores porque no había cupo disponible para ellos.
Según el cronograma de partidos que iban a disputar, tenían partidos en Barcelona y Madrid y también en Italia. El partido de béisbol en la capital española se suspendió porque las condiciones climáticas no permitieron que se juegue y, según narraron los jugadores, llegaron a jugar solo una vez en Barcelona, pero no recuerdan el nombre del equipo al que se enfrentaron.
Además, los miembros de Team Guevara que se acercaron a pedir el asilo indicaron que Guevara les aseguró sentirse mal y que tenía un sarpullido por el que viajó hasta Caracas y los dejó varados en el aeropuerto de Madrid, sitio en el que pasaron algunas noches, detalló la prensa española.
La duda se centra en la salida que buscaron los beisbolistas, que no recurrieron a su embajada o consulado. Es presumible que hayan aprovechado la instancia para intentar abandonar su tierra, bajo el régimen chavista de Nicolás Maduro. En los últimos años, España ha registrado un aumento de solicitantes venezolanos de asilo, quienes en 2024 volvieron a liderar las peticiones, representando 63,5% del total según la agencia alemana DW.
Según la reconstrucción cronológica de redes sociales del entrenador Guevara, había publicado el line up de los jugadores para enfrentar a San Lázaro el 23 de marzo. El día anterior publicó dos videos en Instagram con un «consejo»: «Lo que nosotros sembramos ahorita, lo cosechamos mañana. El día de hoy te invito para que tú puedas seguir adelante. Te repito, apartate de ese sistema putrefacto que no te trae nada bueno», mencionó mientras caminaba por las calles.
«Llegó la hora mi gente, llegó la hora. El mundo ha cambiado. Nosotros estamos a 8.500 kilómetros de nuestra casa y seguimos para adelante, buscando la gloria, buscando ayudar a nuestros muchachos que salgan adelante porque en realidad el Team Guevara trabaja en la generación de relevo», comentó en otro video de redes sociales. El día 27 de marzo mostró, a través de un Tik Tok, cómo entrenaban sus jugadores. Esa fue la última aparición en las redes del entrenador.
Los investigadores están tratando de contactar a Julio Guevara para ver si hay algún motivo de investigación en las razones del pedido de asilo. Aún no saben nada del paradero del entrenador.
INTERNACIONAL
Víctor Basterra, el fotógrafo de la ESMA que expuso a las atrocidades de la dictadura

La figura de Víctor Basterra, obrero gráfico y fotógrafo obligado de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la última dictadura en Argentina, adquiere una resonancia renovada en el análisis biográfico de Pablo Corso. A medio siglo del golpe cívico-militar, el relato reconstruye el papel central de Basterra en la recolección y filtración de imágenes decisivas, cuya exhibición en el histórico Juicio a las Juntas fue determinante para la condena de los represores.
En 1979, Basterra llega como prisionero a la ESMA y es testigo de las prácticas sistemáticas de desaparición de personas, incluidos los denominados “vuelos de la muerte”, en los que las víctimas eran arrojadas al Río de la Plata. A partir de 1981, después de más de un año como cautivo, se convierte en el fotógrafo informal de sus propios captores. Bajo amenaza constante, accede a confeccionar documentos falsos y retratar a quienes formaban parte de la maquinaria represiva y a otros prisioneros. La dualidad de Basterra queda expuesta: obligado a colaborar para conservar la vida, oculta a sus vigilantes que el material acumulado será clave para desmantelar, a futuro, la impunidad de los represores.
El volumen agrega contexto histórico al recorrido individual de Basterra, trazando su biografía desde el periodo previo a su nacimiento hasta sus últimos días. La narrativa ofrece una síntesis del siglo XX argentino, enmarcando la vida de Basterra entre los cruces de Ejército, movimientos gremiales, guerrilla, fuerzas paramilitares, redes clandestinas y militancia sindical. La fotografía analógica, oficio y arma sustancial en la experiencia de su protagonista, es presentada por Corso como el hilo conductor de una vida marcada por la precariedad, la resistencia y la tolerancia al sufrimiento.
En opinión de Corso, el valor del legado testimonial y visual de Basterra persiste medio siglo después del golpe, porque articula una lucha contra la injusticia que trasciende los avatares personales y las coyunturas políticas inmediatas. Las imágenes filtradas por Basterra, que identificaron a secuestradores y secuestrados en la ESMA, se transformaron en “pruebas fundamentales” y sirvieron, según los fiscales en el Juicio a las Juntas, para “demostrar de manera irrefutable la estructura interna del centro clandestino y la identidad de decenas de represores”.

La reconstrucción de la vida de Basterra aporta, además, elementos esenciales sobre el impacto del terrorismo de Estado en las trayectorias individuales y colectivas. La obra indaga no solo en los hechos históricos, sino en los matices personales: vínculos afectivos, dudas, amistades y los límites de la condición humana bajo presión extrema.
Corso, nacido en Buenos Aires, formado en la Universidad de Buenos Aires y experimentado periodista en medios como Rolling Stone, Newsweek y La Nación, aporta en este libro recursos narrativos y rigor documental. A lo largo de su carrera, el autor cubrió temas sociales, ambientales y científicos para plataformas nacionales e internacionales como SciDev y Dialogue Earth, y produjo biografías de figuras como Diego Maradona y el papa Francisco.
El testimonio y las fotografías salvadas por Víctor Basterra continúan aportando pruebas y relatos fundamentales en el debate contemporáneo sobre memoria, justicia y derechos humanos en Argentina.
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En una oficina del barrio porteño de Balvanera, cuando los edificios empiezan a cubrir el sol, un abogado joven busca inspiración en la música de Silvio Rodríguez mientras termina un escrito que reclama por otro ser humano que, como dijo un ex dictador, “no tiene entidad, no está muerto ni vivo”. Es un trabajo ingrato, pero no se le ocurre ninguno más importante.
Entre el fraseo del trovador y el golpeteo del teclado se filtra un timbrazo seco. Levanta los dedos de la máquina de escribir, detiene la música, camina hacia la puerta y se pregunta quién es a esa hora. El ojo de pez de la mirilla muestra a un tipo morrudo, peinado para atrás, de bigote y campera oscura. “Cana o milico”, arriesga. “Se vendrá a entregar”, ironiza.
Cuando abre la puerta, el visitante –que carga dos bolsos negros– da las buenas tardes y dice su nombre. Intrigado, el abogado pregunta qué necesita.
–Vengo de la ESMA.1
Entre la incredulidad y el pasmo, le pide que pase.

Mientras caminan hacia el fondo de la oficina, ese hombre serio y tensionado agrega que viene a dejar algo. Llega al escritorio, abre los bolsos y los vacía en una cascada caudalosa.
A medida que sobrevuela el material con los ojos y con los dedos, el abogado piensa en metáforas: diamantes y lingotes, la olla dorada al final del arcoíris.
Son fotos, listas y planillas que –hasta donde puede ver, hasta donde puede proyectar– configuran la mayor prueba documental del genocidio que acaba de terminar.
Cuando se repone del impacto, con la garganta atorada, solo atina a preguntar:
–¿Y usted cómo consiguió esto?
En otoño de 1981, el prisionero lleva más de un año fotografiando a sus captores. Fabrica documentos falsos y les regala una nueva identidad. Lo hace como un autómata sumiso, como el firmante de un pacto extorsivo:la esclavitud a cambio de la vida.
–Tengo frente a mí al tipo que me torturó. Tengo frente a mí al tipo que se quedó con mi casa.
Eso rumia cuando dispara.
Hasta que un día, mientras carga el negativo en el carrete, se pregunta qué pasaría si revelara una copia más, si empezara a construir su propio archivo.
Un impulso inesperado, pero un impulso que no lo abandona.
Entonces se decide. Ya no hay compañeros que arriesgar, ya no hay delaciones que temer.
Entra al laboratorio del Casino de Oficiales, epicentro represivo de la ESMA. Abre un cajón y elige tres fotos. Se baja el pantalón y el calzon-cillo; se las pega con cinta entre el pene y los testículos. Vuelve a vestirse.
Inhala, exhala y abandona el refugio.
Sabe lo que pasará si lo descubren. No quiere imaginar lo que le harán a su mujer y a su hija.
Sube las escaleras con un bolso al hombro. No necesita la ropa, pero quizá ayude a despistar. Saluda a los vigiladores y baja por la explanada de asfalto.
Mientras pasa junto a los centinelas con ametralladoras, el sudor frío le humedece la mejilla. En la casilla de guardia ensaya un saludo distendido. Le revisan los bolsillos, le abren el bolso. Lo miran por últimabvez y le dicen que avance.
Al pisar Avenida del Libertador –su distinción de clase, su placidez sabatina– siente un vértigo arrasador. Camina hasta la parada y espera con un nudo en el estómago. Se acomoda en el asiento y se pierde en el paisaje urbano.

Cuando llega a casa, lo envuelve una nube de agitación. Besa a la compañera que aguanta desde afuera y a la beba que crece sin su padre.
En el baño se baja los pantalones y vuelve a tocar las fotos como para comprobar su estatus de realidad. Los protagonistas siguen ahí: soberbios, esquivos, sobradores.
Es hora de iniciar la venganza. Ya habrá tiempo para la justicia.
Se llama Víctor Basterra y nació el mismo mes del mismo año en que Jorge Luis Borges postuló que “cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.
El abogado está exultante. Al fin puede contrastar los datos recabados en las oficinas del Centro de Estudios Legales y Sociales, que patrocina causas sobre violaciones a los derechos humanos, con material llegado directamente desde un centro clandestino.
A la velocidad de la luz, cruza los retratos de los represores con testimonios de sobrevivientes, las fotos de los desaparecidos con descripciones de sus familias, las planillas de bajas con la información que los militares sueltan con cuentagotas. Si el rompecabezas tiene cien piezas, aquel hombre trajo noventa.
Cuando toma del escritorio el retrato de un prisionero de pulóver negro, tieso y de mirada fría, con su sombra derramándose como una mancha de Rorschach, vuelve a quedarse sin palabras, hasta que suelta una pregunta retórica.
–¿Este es usted?
En invierno de 1979 el prisionero es un recién llegado, pero ya oyó las historias sobre personas que caen al río desde las alturas. Cree que lo espera ese destino cuando un suboficial macizo y desmesurado le da una trompada y lo obliga a sumarse a la hilera de encapuchados que, tomados del hombro para no tropezar, bajan las escaleras como un convoy de almas en pena. Tienen esposas en las manos y grilletes en los pies, que golpean los escalones con un tintineo agudo.
En el sótano, el guardia empieza a llamarlos por sus números.
Basterra escucha una secuencia repetida: pasos, silencio y un clic.
Avanza hasta que le dicen basta, se detiene y le quitan la capucha.
Cegado y aturdido, entrecierra los ojos para aclimatarse a la luz, pero el fotógrafo no le da tiempo: el flash va directo a la cara.

Mientras se pregunta si todavía tiene alguna chance, se filtra un alarido salvaje desde una sala contigua. Vuelve a verse atado y sangrante en la cama de metal, después de veintidós horas de castigo, de escuchar la peor amenaza que puede recibir un padre.
Le ordenan que gire a su derecha. Un segundo disparo, un segundo destello. Ahora se ve en “Capucha”, el altillo del Casino de Oficiales, donde los prisioneros atraviesan un limbo que no se parece a la vida, pero que todavía no es la muerte. Con los primeros rayos de sol, un zorzal empieza a cantar una melodía impetuosa. Es su punto de fuga. Como tocarle la mano a un compañero lastimado, como enamorarse de una compañera desconocida.
Vuelven a calzarle la capucha y le ordenan que circule. Mientras sube la escalera, su mente vuelve a la cama de tortura. Acaba de confesar algo sobre una revista, una cita, unos compañeros. Cuando lo dejan ir al baño, en el espejo hay un hombre esposado y roto, con ganas de matarse.
Tres décadas después, sigue encerrado en su cabeza. Vive en una cueva oscura, blindada y con las persianas bajas, rebosante de papeles en el piso, en la mesa y en la cama. Nombres, datos, direcciones. Pistas para encontrar a los que no lo dejan dormir.
Las imágenes de las pesadillas son difusas, pero las sensaciones intensas: que es un extranjero, que cae en un pozo sin fondo, que no puede salvar a nadie. Por unos segundos, los protagonistas ganan definición –una nariz aguileña, unos ojos claros, una boca apretada– hasta que vuelven a su estado gaseoso, apenas un espejismo.
A la mañana escribe:
Fantasmas que persisten en mi vida, como si vieran la luz. Pasos, risas, voces.
A veces también me siento como un fantasma, que recorre las calles solitario e incomprendido.
A veces le dicen héroe, a veces le dicen traidor.
Siempre vuelve a aquel día en la ESMA. Sus amigos están desahuciados y temerosos. Quieren saber qué sabe. Quieren saber qué va a pasar.
El guardia avisa que ya no hay tiempo.
Se abrazan como nunca. Antes de perderlo de vista, uno de ellos –el más querido– suelta un pedido que lo atraviesa como una flecha:
–Negro, si zafás de esta, que no se la lleven de arriba.
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INTERNACIONAL
Trump, Starmer agree Strait of Hormuz must reopen as Middle East conflict escalates

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President Donald Trump spoke with British Prime Minister Keir Starmer on Sunday to discuss escalating tensions in the Middle East, with a focus on the urgent need to reopen the Strait of Hormuz and restore global shipping.
The leaders discussed the current situation in the Middle East, and in particular, the need to reopen the Strait of Hormuz to resume global shipping, Downing Street said in a statement.
STEALTH BOMBERS LANDING AT UK BASES ‘IN DAYS’ AFTER TRUMP PRESSURES STARMER: REPORT
Keir Stamer, UK prime minister, during a news conference providing an update on the situation in the Middle East, at Downing Street in London, UK, on Thursday, March 5, 2026. (Tolga Akmen/EPA/Bloomberg via Getty Images)
«They agreed that reopening the Strait of Hormuz was essential to ensure stability in the global energy market. They agreed to speak again soon.»
The call came amid a rapidly intensifying conflict in the region, with Iran blocking the strategically vital strait since the United States and Israel launched coordinated strikes against Iranian targets on Feb. 28.
The military action triggered swift retaliation from Tehran and has since escalated into a broader regional war as Iran has sent missiles into numerous neighboring countries not directly involved in the initial conflict.
UK NUCLEAR SUBMARINE DEPLOYED TO ARABIAN SEA BEFORE IRAN TARGETS KEY US-UK BASE: REPORTS

President Donald Trump takes questions from reporters during a meeting with Irish Prime Minister Micheál Martin in the Oval Office of the White House, on St. Patrick’s Day, Tuesday, March 17, 2026, in Washington. (AP Photo/Alex Brandon)
On March 21, Trump issued a 48-hour ultimatum to Iran demanding the reopening of the key maritime route, through which approximately 20% of the world’s oil supply passes.
In a post on Truth Social, Trump warned that failure to comply would result in further U.S. action, including potential strikes on Iran’s energy infrastructure.
EU PUSHES FOR END OF IRAN WAR IN A MANNER WHERE ‘EVERYBODY SAVES FACE’

Bulk Carrier, Belray, in the Gulf, near the Strait of Hormuz on March 22, 2026 in northern Ras al Khaimah, United Arab Emirates. (Getty Images/Getty Images)
Sunday’s conversation between Trump and Starmer perhaps reflected a thaw in the tense relationship between the two leaders.
Trump had publicly criticized the U.K. government, stating that Britain «should have acted a lot faster» in allowing the U.S. to use British military bases for strikes targeting Iranian missile sites.
Starmer had also maintained that the use of U.K. bases could only be justified under the principle of «collective self-defense» in the region.
He had initially declined to support the U.S.-Israeli military operation, drawing repeated criticism from the White House.
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Meanwhile, Trump appeared to apply public pressure, sharing a «Saturday Night Live» clip Sunday mocking the British prime minister’s handling of the crisis.
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INTERNACIONAL
Irán rechaza el ultimátum de Donald Trump y amenaza con aniquilar el sistema energético de todo el Golpe Pérsico

Irán reaccionó con furia y graves amenazas al ultimátum lanzado el sábado por la noche por el presidente Donald Trump que exigió que en 48 horas el régimen libere el tránsito en el estratégico estrecho de Ormuz, la pieza clave de la guerra en Oriente Medio y el telón de Aquiles de la ofensiva occidental debido al impacto que produce en la economía mundial.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad-Bagher Ghalibaf, advirtió que están dispuestos a “destruir de forma irreversible” infraestructuras vitales en toda la región del Golfo en caso de que Estados Unidos e Israel ataquen las centrales energéticas del país.
La intimación de Trump afirma que de no cumplirse su demanda, EE.UU. bombardearía la totalidad de los sistemas de energía del país persa. “Destruiremos varias centrales energéticas. ¡Empezando con la más grande!”, escribió en su red social. No indicó los blancos, pero se descuenta que apunta a los grandes yacimientos de gas o las instalaciones petroleras en la isla de Kharg, las plantas de energía eléctrica e improbablemente las usinas nucleares.
Ghalibaf sostuvo que Irán está listo para un contraataque que apunte a las infraestructuras vitales, las instalaciones energéticas y petroleras de toda la región. “Serán consideradas objetivos legítimos”, sostuvo. Advirtió además que, como efecto inevitable de esta escalada, se disparará el precio del petróleo que el viernes cerró en un promedio de 110 dólares el barril. Cotizaba en torno a poco menos de 80 dólares antes de la guerra. Un alza continuada del crudo, según los economistas y el FMI, provocará una recesión global, con caída del crecimiento del PBI mundial de medio punto y la inflación crecerá un punto y medio.
Las amenazas del régimen persa incluyeron además la cancelación total del transito en Ormuz siempre en caso de que Trump cumpla su advertencia. “El estrecho de Ormuz será cerrado completamente y no se reabrirá hasta que nuestras centrales energéticas destruidas sean reconstruidas”, afirmó Ebrahim Zolfagari, portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, que coordina a las Fuerzas Armadas iraníes.
Ese paso, por el cual normalmente transita el 20 por ciento del crudo que consume el mundo, la misma cantidad de gas licuado y cerca de 35% de los fertilizantes, esta abierto por el momento solo para los aliados de Irán, especialmente China, Rusia y adicionalmente la India que en conjunto integran el grupo BRIC’s del llamado “global south” que orienta Beijing. Agregaron que en el plan de ataques se incluirá además de las plantas energéticas, las de desalinización e infraestructuras de tecnologías de la información vinculadas a Estados Unidos e Israel en la región.
No es claro si Trump lanzó su ultimátum a sabiendas de que los iraníes lo rechazarían. El diplomático y politólogo israelí, Eran Etzion, comentó en la redes que la cuestión deja en un grave encierro al presidente norteamericano. Llevar adelante el ultimátum “incendiará el Golfo y creará una crisis histórica sin precedentes en el mercado energético mundial y en la economía global”. La alternativa de no implementarlo, en tanto “presentaría a Trump, no por primera vez, sin poder de negociación y cuyas palabra no deben tomarse en serio”.
Entre tanto Egipto y Qatar informaron a Washington e Israel de que Irán aceptaría negociar, pero en condiciones muy rígidas, enunciadas en las últimas horas por Tasnim, la agencia vinculada a los Guardianes de la Revolución: la garantía de que el conflicto no se repetirá; el cierre de las bases militares estadounidenses en la región; el pago de una indemnización a Irán; el fin de la guerra contra todos los grupos regionales afiliados a Irán; la implementación de un nuevo régimen jurídico para el Estrecho de Ormuz; y el enjuiciamiento penal y la extradición de los operadores de medios antiiraníes.
Por su parte, Trump quiere que Irán se comprometa en seis puntos: ningún programa misilístico durante cinco años; cero enriquecimiento de uranio; desmantelamiento de las instalaciones nucleares de Natanz, Isfahán y Fordow; protocolos estrictos de supervisión externa sobre la creación y uso de centrifugadoras y maquinaria relacionada que podría favorecer un programa de armas nucleares; tratados de control armamentístico con los países de la región que establezcan un límite máximo de 1.000 misiles; y ninguna financiación a grupos afines como Hezbollah en Líbano, los hutíes en Yemen o Hamas en Gaza.
Ambas listas muestran claramente una distancia significativa, por ahora insalvable: Irán rechazó repetidamente varias de las exigencias estadounidenses.
En cuanto a las demandas iraníes, según un funcionario estadounidense Trump considera “inaceptable” la propuesta de indemnizaciones, aunque, según otro funcionario, podría existir margen de negociación sobre la devolución de los bienes congelados a Irán, pero las diferencias son muy amplias.
Fuente: EFE, AP, AFP y The New York Times
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