DEPORTE
Jugó en el Boca de Bianchi, pasó por Racing y clubes de Europa, pero se alejó del fútbol: “Los manejos turbios están en todo el mundo”

Carlos Marinelli tuvo una carrera que comenzó a una edad temprana, en la que muchos futbolistas todavía sueñan con debutar en Primera. Surgido de las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, llegó a Boca a los 14 años y con apenas 17, se fue a Inglaterra antes de debutar como profesional. Un tiempo después, regresó al club de la Ribera y formó parte del plantel Xeneize de Carlos Bianchi, aunque no tuvo el protagonismo que esperaba. Después, pasó por Racing Club, otro de los grandes del fútbol argentino, antes de volver a Europa y continuar una carrera que lo llevó por distintos países y culturas futbolísticas.
Su historia también está atravesada por una mirada muy crítica sobre el ambiente que rodea al fútbol. Marinelli decidió alejarse por completo hace aproximadamente una década, y hoy no juega al fútbol ni mantiene prácticamente contactos con aquel mundo. No reniega de la profesión, pero sí de los manejos que conoció durante su carrera y que, según cuenta, muchas veces terminan perjudicando a los jugadores. “Los manejos turbios están en todo el mundo”, asegura el ex mediocampista ofensivo en diálogo con Infobae. También reconoce sus propios errores y admite que, cuando era joven, no tenía las herramientas para manejar determinadas situaciones.
Inglaterra fue el primer gran salto de su carrera. Llegó con 17 años, en una época en la que no existían las redes sociales y la comunicación era completamente diferente. Allí despertó el interés de varios clubes y hasta tuvo la posibilidad de quedarse a prueba en el Manchester United de Alex Ferguson después de una gira en la que enfrentó a equipos como Newcastle y el United. Sin embargo, su carrera continuó por otro camino. Más adelante llegó al Torino, donde vivió uno de los períodos que considera más importantes de su trayectoria. Allí enfrentó al poderoso Milán de Carlo Ancelotti, quién lo alabó, y a figuras como Rivaldo, Maldini, Redondo y Shevchenko, además de lograr el ascenso a la Serie A.
Después llegaron nuevas experiencias internacionales. Portugal, Estados Unidos, Colombia y Hungría fueron parte de un recorrido que terminó en Perú, donde disputó sus últimos cuatro años como profesional. En Lima encontró un lugar donde disfrutó especialmente de su vida futbolística hasta que una lesión en el gemelo, que incluso requirió una operación en Buenos Aires, terminó acelerando su retiro. Hoy, lejos de la exposición, disfruta de sus hijas, su mujer, los amigos de siempre y una vida de barrio. No guarda demasiadas camisetas de su carrera porque, según explica, las fue regalando. Tampoco siente nostalgia por el fútbol profesional: asegura que lo ama, pero que no extraña el ambiente.

-Carlos, ¿cómo es tu vida por estos días?
– Vivo en Don Torcuato, con mi familia y disfrutando de mis hijas. El año pasado perdí a mi viejo, y a mi vieja la había perdido hace mucho, ya de chiquito. Así que, nada, con mi mujer y mis dos hijas, juntándome con amigos, con la familia de ellos también. Siempre un poco más de lo mismo. Después de dejar, hará como hace 10 años, vivo tranquilo el día a día. Ocupándome de mis hijas y de la casa. O sea, acompañándolas a ellas. Una está en 3º año, la otra está en la facultad, así que otro modo de ver la vida.
– ¿Jugaste al fútbol de manera amateur desde que te retiraste?
– Me alejé de todo el fútbol, no tengo ni contactos, no tengo nada, no juego al fútbol. Amo el fútbol, pero no estoy jugando. Desde que me retiré, habré jugado tres o cuatro partidos nomás, pero no me gusta el ambiente del fútbol. O sea, lo saqué por completo, no me afectó en dejarlo. Nada.
– ¿Qué no te gusta del ambiente del fútbol?
– Todo lo que se ve. O sea, el hincha o fanático ve solamente el partido. Los que pudimos estar adentro vimos un montón de manejos que no sirven para nada. Y, bueno, muchas veces el jugador queda enganchado en los manejos de lo que son los representantes y los dirigentes. Como también el jugador, en muchos casos, es cómplices de esas cosas.
– ¿Padeciste esos manejos turbios?
– Sí, sí, pero no lo digo del lado de que soy vengativo, ni tengo rencor. Ya pasó. Ya fue. Pero sí conmigo se manejaron muy mal y se dedicaron a hacer plata por atrás. Hubo algunos lugares en donde fui a jugar que pasó eso y después con el tiempo te das cuenta. Pero en ese momento, era chico para pensar esas cosas y quería jugar. No te das cuenta, pero después con el tiempo te enteras de que llegaste por un dirigente o por esto, y que no te quería el técnico, no te había pedido y, bueno, ahí la tenés que remar por un montón de factores.
– ¿Eso fue en Argentina? Porque vos jugaste en el exterior también.
– Los manejos turbios están en todo el mundo. No hay que creer que Europa es mejor que acá. De eso, olvídate, es todo mentira. Yo te hablo sin filtro porque no le debo nada a nadie. Cuando se habla de los códigos del fútbol, es mentira, los códigos del fútbol son según quién te dice las cosas, de quién habla y si se puede tocar o no tocar.

– ¿Vos llegaste a Boca por tu condición futbolística o por algún manejo?
– No, no, eso no, va más allá de si tenía o no condiciones. Sí, yo salí de Argentinos Juniors, me compra Boca a los 14 años, en el paquete de 10 jugadores que incluyó a Juan Riquelme, Islas, Cesar La Paglia, Lucas Gatti, y después a los 17, sin debutar en Primera, me fui a Inglaterra. Después, yo sí vuelvo como profesional al Boca campeón de Carlos Bianchi del 2004. Había ganado todo. Pero bueno, ahí después me di cuenta con el tiempo de que mi representante en ese momento le servía que yo esté en Boca, porque no tenía jugadores ahí. Y nada, llegué por el ex presidente Mauricio Macri en ese momento, pero Bianchi a mí no me había pedido.
– ¿Tuviste que salir a pelearla entonces?
– Sí, bueno, ya ahí empezas a pelearla porque corres muy de atrás. Y también empezás a ver cosas, que juegan los más chicos y vos seguís esperando. Y yo no jugaba, ¿viste? Entonces había cosas raras. Después, también me hago responsable de mi forma de manejarme, porque me enojaba mucho. En ese momento no tenía la cabeza para canalizar un montón de cosas, no había psicólogos, no había nada en ese tiempo. Entonces hacía lo que me salía en ese momento y luego dije “sí, me equivoqué un montón de veces yo también”.
– Carlos, ¿cuándo volviste a Boca la pasaste mal ahí? ¿Tuviste algún inconveniente con tus compañeros?
– No la pasé mal. No, yo te digo a nivel de situación de trabajo, pero el fútbol no deja de ser un trabajo, también más allá de que uno va a mejorar el fútbol y de chiquito, cuando arrancas, vos querés jugar a la pelota. Después, es un trabajo porque hay plata de por medio, cada uno defiende su trabajo en cualquier rubro, pero con los compañeros re bien. Cuando se dice que el equipo es suplente o titular, es así, eso te lo marca mismo también el técnico y todo.
– Cuando llegaste a Boca después de tu paso por Inglaterra, ¿con quién competías en el puesto?
– Como enganche no tenía a nadie. Ahí creo que estaba Miguel Caneo. Pero Bianchi jugaba siempre 4-4-2. Con Román solamente Boca jugó de enganche en 1998, y ahí ganaron todo también. Después, Boca era 4-4-2 y jugaba con Nery Cardozo por la izquierda y adentro Raúl Cascini, Fabián Vargas y Diego Cagna también.

– ¿Fue una desilusión llegar a Boca de chiquito y no poder debutar en Primera?
– No, yo no lo tomo así, no lo dramatizo, porque el jugador es un privilegiado de poder vivir de este deporte. Estamos expuestos al público y cada uno puede sacar las conclusiones. A veces, uno critica de por vida a un jugador y no sabe lo que le pasa en la vida. Uno va, paga la entrada y ve y putea o te aplaude. Así son las reglas del juego, pero a mí, la espina no me quedó. Mi papá había jugado en Boca, yo quería volver como profesional. Obviamente, a mí me hubiese gustado hacer la carrera al revés, y no como me pasó de irme tan chico, pero me pasó el tren una vez, fue a los 17 años, me subí y había necesidad en mi casa y me tuve que ir. Pero me hubiese gustado estar en Boca hasta los 24, 25 años y después de ahí sí, ir a Europa más maduro, con otra mentalidad. Pero bueno, me tocó hacer todo, quemar etapas e irme para allá.
– ¿El principal motivo por el que decidiste ir a Inglaterra con 17 años fue porque tus viejos necesitaban el dinero, como dijiste recién?
– Sí, pero no al nivel de ser pobre. Yo tuve una infancia espectacular. Éramos de barrio, clase media trabajadora. Nunca me faltó nada. Acá, mi barrio Villa de Mayo, que estoy acá a 20 cuadras de Don Torcuato, vivíamos bien. En ese momento, era el partido General Sarmiento, Islas Malvinas, Argentina. A mí nunca me faltó nada, pero sí cuando aparece una oferta como la que apareció, y eso nos daba mucha tranquilidad a todos. Con 17 años no había hecho todavía la pretemporada con Primera, pero hice una gira con Boca, con un combinado, y me vieron en Europa y gracias a Dios, ahí me fue bien, y me quisieron varios clubes ahí.
– Cuando arrancaste a jugar, te tildaban como el nuevo Maradona. ¿Eso cómo lo tomaste? ¿Fue para bien o demasiada presión?
– No, nunca le di importancia a esa comparación. No me voy a comparar con el más grande de todos, imposible. De hecho, lo tengo tatuado y fue mi ídolo. Pero sí, como jugador es un orgullo que me comparen con él, a cualquier zurdo que salía o que sigue saliendo en Argentina lo comparan con él y con Messi. En ese momento Messi todavía no estaba, entonces era Diego. Pero a mí no me pesó en nada eso, porque era un honor y un orgullo. No, yo no viví la presión así de tenerle que rendir cuentas. O eso no me pasó.
– ¿Con qué te encontraste cuando llegaste a Inglaterra?
– Imagínate que fue un cambio salir del barrio para ir a Inglaterra, sin redes sociales ni nada. Tenía que mandar un fax para comunicarme con alguien. Y nada, pero lo que sí me deja tranquilo es que nunca tuve un problema con nadie, ni extra futbolístico. Nunca le falté el respeto a nadie. De lo que sería el fútbol a nivel trabajo, sí me enojaba, sí tenía las confrontaciones con algún técnico o con compañeros. Cuando jugás, en todos los trabajos hay, pero fuera de la cancha, nadie me puede venir a decir nada porque nunca tuve un problema. Viajé el primer año con mi hermano y con mi papá. Era todo nuevo, imagínate. Es una cosa de locos. Espectacular el estilo de vida, todo. Pero yo siempre fui de nunca pensar en volver, como hicieron muchísimos en ese tiempo, pero sí que yo tenía claro que quería vivir en Argentina y siempre quería volver para acá a estar con la familia.

– ¿Es verdad que te quiso Ferguson para el Manchester?
– Sí, en esa gira hicimos amistosos contra el Newcastle y el United. Con el Middlesbrough que después me compró. Con el Blackburn Rovers en ese momento, con varios equipos y, bueno, tuvimos la suerte de andar muy bien. Yo jugué muy bien y le ganamos al Newcastle y al Manchester. Estaban Piqué, Forlán… Y Ferguson en ese momento, como que habló con mi representante.
– En Italia jugaste un Torino-Milán y Carlo Ancelotti habló de vos. Dijo qué le preocupaban dos cosas “el carácter del equipo, y Marinelli”. ¿Te acordás?
– Sí, tengo el diario de eso que dijo Ancelotti. Yo siempre hablo y hago reír cuando lo digo, pero no teníamos chance: a los 10 minutos perdíamos 3 a 0. Había una diferencia enorme. Jugaban Rivaldo, Seedorf, Maldini, Redondo, Inzaghi, Nesta, Shevchenko…
– Tendrás un museo de muchas camisetas, ¿no?
– Las regalé todas. No me muero por conservarlas. Tengo tres, cuatro cuadros nomás. Tengo la de Verón, porque en ese momento uno las cambiaba con los argentinos nomás cuando andaban por el mundo. Cambié con la Bruja, tengo la de Forlán también, y la del Cholo Simeone cuando jugó contra la Lazio. Y la de Lucho González cuando estuve en Portugal.
– ¿Alguna tuya tendrás?
-De Boca no tengo y de Racing no me queda ninguna, pero tengo una de la MLS cuando estuve. Una de Portugal también. Después tengo una de Guillermo Barros Schelotto del Columbus. La de Juan Pablo Ángel, que también lo enfrenté allá en Estados Unidos.
– ¿Por qué de Boca no preservás?
– Las fui regalando. Me quedaba una del Torino, la última que tenía. Ya casi no tenía camisetas. Y vino un nene acá, del barrio donde vivo, a hacerme un reto de hacer jueguitos, hace como un año. Y me dijo: “Si hacés tantos jueguitos, yo te regalo un chocolate, y si no, me regalás algo vos”. Porque le habían dicho que yo había jugado al fútbol. Lo hice pasar a casa, y ahí le regalé la camiseta, una original con la que había jugado. O sea, las regalé, no me interesa, no tengo nostalgia. Hoy, yo lo veo a Messi nomás. No voy a negar que esta Selección juega extraordinario, y me gusta verla. Los Ronaldinho, los Messi, todos esos jugadores que están por arriba de todos los cracks, de los supercracks, están dos, tres escalones arriba.
– Carlos, ¿qué balance hacés de tu paso por Racing?
– Fue después de Boca. Yo tenía contrato, pero decidí irme, porque quería jugar y me fui a Racing. Ahí me habían pedido, estaba Ubaldo Pato Fillol con el padre del Pipita Higuaín como ayudante. Ahí llegamos muchos jugadores de los que no eran titulares en equipos grandes, llegamos a ese equipo, pero todos lesionados. No fue un buen momento. Llegó Martín Cardetti, que venía de Francia, pero sin jugar mucho. Falcón, que era medio figura en Vélez, sin jugar también. Muchos así. Llegamos medio tocados. Hasta que nos pusimos bien, pero no nos fue tan bien. Y hoy yo no tenía duda que después de una pretemporada ese equipo podía pelear, y de hecho lo peleó y creo que perdió el campeonato con Banfield ese año. Y yo ahí en lugar de quedarme decidí volverme a Europa y me fui al Torino.
– ¿Se nota la diferencia entre pasar de Boca a Racing?
– El mundo Boca no se iguala con nada, como debe ser el que jugó en River, el mundo de River. Esos dos equipos están alejados de cómo debe ser el Flamengo y el Corinthians en Brasil, que son los dos más grandes. Y así, los dos grandes de los países. Pero sí, por haber jugado en Racing, después de Boca, para mí, después de la hinchada de Boca, la mejor hinchada a nivel gente y clubes es la de Racing.
– ¿Qué tiene de particular?
– Es muy parecida, muy popular. Alienta todo el partido. Es muy de eso, de ir perdiendo y, obviamente uno ve con el diario del lunes, cuando vas perdiendo, te putean y empieza la canción de “jugadores…” esto, lo otro, pero de apoyar mucho. En los clásicos iban al hotel, hacían banderazo. La verdad que la hinchada de Racing se me hacía muy pero muy similar a la de Boca.

– ¿Te costó el post retiro después de 15 años de carrera?
-Estuve los últimos cuatro años en Perú, me fascinó. Ahí estaba en Lima viviendo, jugaba en la Universidad San Martín de Porres, que es un club universitario que se hizo famoso en 2006 por ganarle a River en la Libertadores. Y por ser un club de 10 años, en lo que era Perú, ya tenía tres campeonatos locales. Era como la oveja negra de lo que era Alianza Lima, Universitario, Sporting Cristal. Era un club que se dedicaba a jugar muy bien al fútbol. Tenía muy buenos equipos. Y tuve cuatro años maravillosos, hasta que me desgarré un gemelo en la parte del sóleo, justo ahí entre el sóleo y el gemelo, que es lo peor que hay, donde uno pisa. Me lo curaba, volvía, y así me tuvo como seis, siete meses. Ahí no podía dar en la tecla, hacía de todo, probaba todo lo nuevo, y cada vez que jugaba entraba y me volvía a pinchar, hasta que me vine a Buenos Aires a operarme.
– ¿Qué hiciste al final?
– Me fui de vacaciones, quería estar con la familia. Tenía que hacer ultrasonido, esto y lo otro, y estaba sentado en el sofá y le digo a mi mujer “esto no lo voy a hacer, nos vamos de vacaciones” y después decidí no jugar más. Y ahí terminó todo. Tengo amigos y veo gente del fútbol que le hace muy mal el retiro, que tienen que estar constantemente trabajando o ligados, mismo en inferiores. Sí, es difícil, no digo que no, porque te acostumbras a 15 años levantándote el bolsito, a entrenar, a concentrar. Pero en eso yo lo vi al revés. Por ejemplo, no puedo ir a un gimnasio hoy en día, porque siento como que hago la rutina de ir a entrenar. Entonces, levantarse, tener una responsabilidad de ir a correr o de hacer esto, que me den indicaciones, ya no me sale todo eso.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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