CHIMENTOS
La emoción de Jimena Barón al recordar el nacimiento de Arturo: “Ando llorando desde ayer”

A pocas horas de que Arturo, su segundo hijo, cumpla un año, Jimena Barón publicó en su cuenta de Instagram un extenso mensaje para recordar la llegada del pequeño y repasar el impacto que tuvo en su vida. Junto a una foto tomada en el final de su embarazo, la cantante rememoró cómo vivió ese día y revivió las sensaciones que la acompañaron desde el primer momento.
“Hoy hace un año amanecí muy molesta, me duché y de 38 semanas te dije: ‘Gordo, hasta acá llegamos… estamos re incómodos, venite mi amor’”, comenzó relatando Barón. En su texto, la artista subrayó la conexión que sintió con Arturo incluso antes de su nacimiento y cómo eligió vivir el parto en plenitud. “Me diste un parto precioso, nos dimos, sin anestesia ni pinchazos ni nada. Sintiéndonos segundo a segundo el uno al otro. Me diste el segundo mejor momento de mi vida”, expresó.
Barón continuó su mensaje refiriéndose a la sensibilidad que atraviesa en cada aniversario de nacimiento de sus hijos. La cantante admitió sentirse conmovida por la intensidad de sus emociones: “Ando llorando desde ayer, por supuesto, porque al igual que con tu hermano, me desespera pensar que nunca van a poder ser yo y sentir realmente cuánto los amo”.
Sobre el cierre, Barón le dedicó unas palabras que resumen su vínculo con la maternidad y su gratitud por la experiencia: “Gracias hijo por hacerme tu mamá. Siempre vamos a estar juntos, porque ya fuimos uno. Te amo. Siempre”.



Su publicación generó mensajes de apoyo y empatía por parte de sus seguidores, que acompañaron a la artista en este momento especial. La carta completa de Jimena Barón expresa:
“Hoy hace un año amanecí muy molesta, me duché y de 38 semanas te dije: ‘Gordo, hasta acá llegamos… estamos re incómodos, venite mi amor’. Me diste un parto precioso, nos dimos, sin anestesia ni pinchazos ni nada. Sintiéndonos segundo a segundo el uno al otro. Me diste el segundo mejor momento de mi vida. Ando llorando desde ayer, por supuesto, porque al igual que con tu hermano, me desespera pensar que nunca van a poder ser yo y sentir realmente cuánto los amo. Gracias hijo por hacerme tu mamá. Siempre vamos a estar juntos, porque ya fuimos uno. Te amo. Siempre”, escribió.
Semanas atrás, la cantante celebró su cumpleaños de forma íntima en su llegada al país tras un viaje por Europa. La celebración tuvo lugar en un entorno familiar, donde predominó la calidez y la unión. Barón optó por un festejo sencillo, marcado por las tradiciones del hogar argentino. El menú principal fue un guiso casero, elegido por la propia cumpleañera como plato central para el reencuentro familiar. La imagen del guiso, acompañado de papas, zanahorias y lentejas, simbolizó el regreso a lo cotidiano y el valor de compartir la mesa con los seres queridos.


La reunión estuvo cargada de momentos espontáneos y divertidos, característicos de la dinámica familiar. Uno de los episodios destacados fue el show improvisado de Cocó, quien interpretó canciones sobre pistas ya programadas en el teclado del living. La escena dejó ver la habitualidad de estos recitales caseros: “Mi hermano ya escuchó este show demasiadas veces”, relató Barón con humor, mientras Arturo, su hijo menor, protagonizaba una anécdota propia al cambiarse la ropa por la de su hermana tras un contratiempo infantil.
La atmósfera del encuentro estuvo marcada por el entorno hogareño: fotografías familiares pegadas sobre el piano, juegos de mesa apilados y el bullicio de los niños circulando por la casa. El festejo permitió a Barón reconectar con rutinas y símbolos de su historia personal, en contraste con los días de viaje en el exterior. La torta de cumpleaños, adornada con bengalas y velas, sirvió de cierre a la velada. El momento de pedir deseos y soplar las velas fue acompañado de una sincronización perfecta entre la bengala y el soplido, detalle que Barón destacó como un buen augurio para el año que comienza.
CHIMENTOS
Bersuit Vergarabat celebra los 25 años de “Hijos del Culo”: “Esas canciones siguen teniendo mucha actualidad”

Hay discos que se convierten en parte de la historia de una banda y otros que terminan por narrar a toda una generación. “Hijos del Culo” pertenece a esa segunda categoría: desde su lanzamiento en el año 2000, el disco de Bersuit Vergarabat construyó una galería de personajes barriales —el gordo motoneta, el porteño de ley, el grasún, el viejo de arriba, la negra murguera, la petisita culona— que cualquiera podía reconocer en su propia cuadra. Esa capacidad de contar historias cotidianas desde una mirada irreverente y crítica, atravesada por una fuerte impronta social, es lo que convirtió al álbum en un clásico que combinó rock, cumbia, murga, chacarera y electrónica bajo la producción de Gustavo Santaolalla, y que obtuvo Doble Platino con temas como “Desconexión Sideral”, “Toco y me voy”, “Negra Murguera” y “La Bolsa”.
A 25 años de aquel lanzamiento, la banda vuelve a meterse en ese universo con una producción especial de 20 canciones grabadas en vivo, acompañada por una selección de artistas invitados que le dan nuevas miradas y sonidos a las canciones históricas: Lali Espósito, Luck Ra, Nahuel Pennisi, Francisco Charco, Willy Bronca, Lisandro Aristimuño, Los Pérez García y Cucuza Castiello, entre otros. El resultado conecta distintas generaciones y confirma la vigencia de un repertorio que sigue encontrando nuevas formas de ser contado.

Y para que el círculo de este cuarto de siglo cierre perfecto, hasta la tapa del disco aniversario repite, a la misma protagonista de la edición original del 2000: se trata de Agustina, sobrina del fotógrafo Salvador Batalla, autor de aquella foto y colaborador habitual en distintas producciones visuales de la banda. “Fue fácil ubicarla, pero no estaba en la Argentina. Igual volvió, y aceptó hacer la foto. Ahora creo que tiene 33 años y es médica”, le contó Juan Subirá, el miembro más antiguo de la banda, a Teleshow.
La celebración tiene su cierre este martes 3 de noviembre, a las 19, en el Movistar Arena, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, después de una gira aniversario que incluyó dos funciones agotadas en el Microestadio de Ferro y presentaciones en España, Ecuador, Uruguay, México y Colombia. Bersuit planea continuar el recorrido por Perú y Chile en los próximos meses.
Subirá, tecladista y compositor histórico del grupo, repasó el origen de las canciones, los episodios personales detrás de algunos temas, el vínculo con el fútbol, el recuerdo de Diego Maradona, la experiencia con Andrés Calamaro y el estado actual de su relación con Gustavo Cordera.

— ¿Cómo se están preparando para este nuevo show en el Movistar Arena por los 25 años de “Hijos del Culo”?
— Lo venimos festejando desde el año pasado. Hicimos dos microestadios de Ferro y después estuvimos también en el Movistar. Se extendió a este año porque había muchos lugares que no habíamos llegado: fuimos a Chile, Perú, Colombia, México, y también al interior, a muchas ciudades que no habíamos ido. Creo que le vamos a dar un cierre ahora en este Movistar, que es un lugar muy lindo para tocar.
— ¿Qué encontrás en las canciones de “Hijos del Culo” hoy que no veías cuando las grabaron en el 2000?
— Cuando hicimos los demos, entre fines del 99 y principios de 2000, alquilamos una quinta y nos metimos. Algunas canciones habían nacido ahí nomás, entonces estaban muy frescas y costaba encontrarles trasfondo. Con el tiempo te vas involucrando, hay canciones que te gustan más y les encontrás otros costados. Por ejemplo, “Caroncha” es bastante hermética y rara en su forma, pero con el tiempo le fui encontrando un trasfondo, porque habla de la violencia intrafamiliar y del castigo que recibe un niño que de grande se convierte en un ser violento. Y pasa también lo contrario, que otras te gustan menos con el tiempo.
— Alguna vez dijiste que “Hijos del Culo” y “Libertinaje” retrataban a la Argentina acercándose a la crisis del 2001. ¿Sentís que hay letras que dialogan con este presente?
— Un poco sí, porque hay muchas cuestiones que se parecen demasiado, lamentablemente, cuando uno quisiera que fueran procesos ya superados como país, como sociedad. Hay muchas cosas que se parecen mucho y creo que muchas de las historias, tanto de “Libertinaje” como de “Hijos del Culo”, siguen teniendo mucha presencia y mucho sentido en la actualidad.
— Sos autor de “Toco y me voy”, que ya es un clásico. También hay canciones como “El viejo de arriba” y “Canción de Juan”, que surgieron de un episodio muy violento y personal. ¿Cómo convertiste esa experiencia en material artístico?
— En el disco pude escribir varias canciones sobre experiencias personales, también “Negra Murguera” y “Desconexión Sideral”. “El viejo de arriba” es una experiencia muy personal mía, y “Canción de Juan” es algo que también me pasó a mí, pero no la escribí yo, aunque se llame así. Lo de “El viejo de arriba” fue un episodio violento en el barrio de La Boca, cuando vivíamos ahí con mi hermano y en esa casa también ensayaba Bersuit, que era además un centro neurálgico de reuniones y fiestas. Era un clima agotador para la vecindad. Un fin de semana hubo una de esas fiestas interminables, y días después un vecino empezó a gritar desde el balcón de su casa. Le pedí que bajara, y bajó armado: primero me pegó un culatazo en la cabeza y después me disparó entre los pies, sentí el ardor de la bala que había rebotado en el piso. Cuando un amigo, el Pelado, se bajó de un auto, el hombre le dijo “vos no cantás más”. Empecé a caminar hacia el Argerich sangrando de la cabeza y del pie, y escuché dos disparos más al aire a mis espaldas. Pocos días después se convirtió en esa canción emblemática. Nos fuimos de esa casa poco tiempo después. Unos años más tarde, en un festival en Villa La Angostura, un ex jugador de fútbol que no voy a nombrar, se acercó a pedirme disculpas en nombre de aquel vecino y del barrio. Ahí se cerró la historia.

— Bersuit incorporó ritmos como la cumbia y la murga, poco habituales en el rock de esa época. ¿Cómo cuajó eso dentro de la banda?
— Con Carlitos (Martín, baterista), Pepe (Céspedes, bajista) y Charly (Bianco), que estuvo en los primeros años en la guitarra, éramos amigos y compañeros de música desde antes de Bersuit, en Barracas, donde nos juntábamos a tocar y a jugar. En ese ejercicio ya aparecían candombe, murga y cumbia, dentro de lo que podría llamarse jazz fusión. Pero cuando armamos Bersuit, en 1988, la idea fue hacer más una banda de rock, y esos ritmos quedaron tapados varios años. En 1996 pasó algo casual: un amigo subía la escalera de una sala de ensayo, escuchó que estábamos tocando una cumbia como divertimento y abrió la puerta diciendo “¿qué es esto? Está buenísimo”. Ese tema, “Comando Culo Mandril”, tenía años guardado. Fuimos a una radio y lo tocamos, y después apareció un candombe que ya rondaba. Fue como liberarnos y despojarnos de nuestros prejuicios.
— El disco de esta celebración por los 25 años de “Hijos del Culo” reúne invitados de géneros muy distintos: Lali, Cucuza Castiello, Luck Ra, Aristimuño, Pennisi. ¿A qué corresponde cada colaboración, a la búsqueda de un público nuevo o a una afinidad artística?
— Esta banda es tan rara y diversa en lo estilístico que eso le da la posibilidad de conectarse con artistas de géneros muy variados. Con Cucuza tengo una relación de varios años, voy a verlo al Faro y he cantado con él; participó en “El Darién” y en “Porteño de ley”, temas que tienen algo de lo que él mismo hace. Aristimuño eligió “Veneno de humanidad”, que le queda bien a su forma de decir y de cantar; es un artista muy fino, una especie de Spinetta moderno. Lali eligió ella misma la canción que cantó, le gusta la banda; es una chica muy sencilla y humilde, vino a los ensayos y a los dos shows de Ferro. Históricamente fuimos una banda cerrada en ciertos aspectos, y en estos últimos años nos abrimos mucho; creo que ganamos todos en ese intercambio.

— ¿Qué conexión puede tener un pibe como Luck Ra, bastante joven, con una canción creada hace 25 o 26 años?
— La canción es anterior a él mismo. Lo charlamos: él nos llamó porque tenía ganas de hacer una versión de “Toco y me voy”. Nos contó que quienes escuchaban Bersuit eran sus padres, y que de ahí mamó la canción y la banda. Estuvimos un día en su estudio trabajando con eso, después él la siguió con sus músicos y armó esa versión, que generó que muchos chicos conocieran el tema a través de él y no de nosotros.
— Construyeron una relación muy particular con la cultura del fútbol. ¿Por qué creés que consiguieron una conexión tan fuerte con ese público?
— Es medio misterioso. Tenemos algunas canciones futboleras, como “Toco y me voy” y “El baile de la gambeta”, y en otros temas pueden aparecer guiños. Pero además pasa algo con las melodías que la hinchada toma y adapta con su propia letra, incluso en temas que no tienen nada que ver, como “Todavía cantamos” o “Sobreviviendo” (de Víctor Heredia). Una vez, en la cancha, una hinchada cantaba “Todavía cantamos” y la otra le contestaba con “Sobreviviendo”. Es un fenómeno que no tiene una explicación muy lógica. Fuimos a tocar a un evento organizado por Rosario Central y cantaron varios temas nuestros.

— Una vez contaron que Maradona entró al camarín y les preguntó qué tenía que hacer para que fueran a tocar a su programa. ¿Qué dimensión tiene ese recuerdo con el paso del tiempo?
— Tiene una dimensión épica, porque es el Diego, y es diferente a todos, no solo en lo futbolístico sino como ser. Habíamos tenido una primera comunicación con él en 2001 o 2002, cuando quería que tocáramos en los 15 de una de sus hijas, pero se suspendió por un problema de salud que tuvo. En 2005, cuando estábamos con una agenda muy complicada entre Calamaro, cuando fuimos su banda, y Bersuit, Diego llamaba a nuestro manager para ir a “La noche del 10” y, como se venía postergando, entró directamente al camarín en un show nuestro y nos dijo “¿qué tengo que hacer para que venga a tocar a mi programa?”. Fuimos, y esa noche él se subió al escenario e hizo jueguitos con una pelotita de tenis mientras sonaba “El baile de la gambeta”. Fue un programa espectacular, tocaron Los Piojos y Los Ratones Paranoicos, hubo un homenaje a Rodrigo y estaba Mike Tyson.
— Siempre se dijo que la gira con Calamaro no terminó del todo bien. ¿Cuál es tu visión ahora que pasó tanto tiempo?
— Tuvimos un año muy bueno con él. Empezamos en 2004, primero para charlar, porque Andrés venía de muchos años de ostracismo y estaba muy para adentro. Después empezamos a escuchar sus canciones para tocarlas, a versionar acordes y letras, y eso llevó varios meses. Fue un proceso muy lindo, aunque raro, porque éramos una banda que estaba en un gran momento. El gran registro que quedó es el disco “El regreso”, con veinte o veintidós temas, aunque llegamos a tener un repertorio de cuarenta o cincuenta canciones. Con él la relación fue muy buena y no terminó mal; después Gustavo (Cordera) tuvo idas y venidas mediáticas de comentarios, pero nosotros no. Él había sido además padrino de nuestra banda en 1991, en un ciclo de bandas nuevas en el Teatro de las Provincias. Vino a vernos a Oliverio Mate Bar, nos fuimos a tomar unos tragos al Astral, y esa noche lo acompañé en versiones de “Mi caramelo” y “Nuestro Vietnam”. Esa noche vino también Javier Martínez, que terminó tocando un par de temas, enloquecido con la batería de Carlitos.

— ¿Cómo está hoy la relación con Gustavo Cordera?
— Hace tiempo que no hablo con él, pero en los años que pasaron siempre tuvimos una conexión. Hay otros compañeros míos que no volvieron a hablar nunca más con él, y yo respeto todas las posturas y los sentimientos. En su momento le dije que si quería volver a la banda tenía que comunicarse con sus compañeros, cosa que no pudo hacer.
— ¿Qué posibilidad hay de que en algún momento vuelvan a compartir un escenario?
— Mi opinión, que no puedo extender a los demás compañeros, es que teóricamente era posible, pero el tiempo me fue demostrando que es bastante difícil. Ya pasaron 17 años de todo esto. Igual, imposible no lo veo.
— ¿Cómo viviste en lo personal la época de la cancelación de Cordera tras una entrevista?
— Lo viví con dolor, porque siempre lo sentí un compañero, un amigo. Nos afectó mucho como banda porque, más allá de la distancia y las diferencias, nunca dejaron de relacionarnos con él. Pasamos juntos 20 años. Siempre lo voy a tener en el corazón.
Bersuit Vergarabat
CHIMENTOS
Thiago Medina volvió a sufrir un accidente tras el choque en el que casi muere: la foto que encendió las alarmas y su drástica decisión

La vida volvió a poner a prueba a Thiago Medina. Poco más de un año después del brutal accidente en moto que lo dejó al borde de la muerte, el exparticipante de Gran Hermano sufrió un nuevo percance, esta vez mientras entrenaba boxeo. El episodio le provocó una dislocación de hombro y lo llevó a mostrar en sus redes sociales cómo quedó después del mal movimiento.
El influencer había comenzado a practicar esta disciplina recientemente, con la intención de fortalecer su cuerpo. Sin embargo, lo que arrancó como una rutina de entrenamiento terminó de la peor manera cuando, durante una práctica de sparring, realizó un movimiento incorrecto y se lesionó.
“A veces el deporte te pone a prueba de la manera menos esperada. Empecé haciendo sparring y terminé con el hombro fuera de lugar”, explicó Thiago en una publicación que compartió en su cuenta de Instagram, donde mostró las consecuencias del accidente y dejó ver que deberá tener cuidado con la recuperación.
De todos modos, Medina buscó llevar tranquilidad a sus seguidores y aclaró que, pese al susto, no se trata de una lesión de gravedad. “Son cosas que pasan”, expresó, antes de remarcar que el episodio no modificó sus ganas de continuar con la actividad física. “Las ganas de seguir creciendo siguen intactas. Esto también es parte del camino. Está todo más que bien, no es nada de riesgo”, aseguró.
THIAGO MEDINA TUVO UN ACCIDENTE Y SE SACÓ EL HOMBRO DE LUGAR
Pero el accidente también reavivó el recuerdo de aquel choque en moto contra un auto que, hace poco más de un año, lo dejó al borde de la muerte. Por eso, cuando un seguidor le recomendó que no volviera a subirse a una moto, Thiago respondió sin vueltas y dejó en claro que tomó una determinación al respecto.
“No, tranqui, no me subo más”, contestó el mediático, tajante. La frase llamó la atención por el antecedente que arrastra y por el impacto que tuvo aquel episodio en su vida.
Mientras atraviesa las consecuencias de esta nueva lesión, Thiago intenta seguir adelante con sus proyectos y su entrenamiento. Esta vez, el accidente no tuvo la gravedad de aquel choque que conmocionó a sus seguidores, pero volvió a poner su salud en el centro de la escena.

Thiago Medina
CHIMENTOS
Mario Pergolini homenajeó a Charly García y recordó sus encuentros con el ídolo del rock: “Nos pertenece a todos”

Mario Pergolini homenajeó a Charly García en el día de su cumpleaños 75 y recordó los años en que sus caminos se cruzaron, entre conciertos, cumpleaños y una convivencia con Luis Alberto Spinetta que le permitió ver al músico de cerca. “Todos en un punto tenemos un tema de García”, sostuvo durante su programa.
El conductor abrió la emisión con un saludo para el autor de Clics modernos: “Comenzamos. Setenta y cinco años cumple hoy Charly García”. A su lado, Agustín Rada propuso que el músico aparezca en la moneda nacional: “Que lo pongan en el billete de veinte mil. Un detalle con el país”.
Pergolini retomó la idea con una mención al presidente Javier Milei: “Hagamos un billete de veinte mil Javi (Milei) y pongámoslo a Charly García”.
Luego, Pergolini relató una experiencia personal que lo acercó al universo del músico. “Yo me, me voy de casa a los diecinueve, veinte años. No me voy de casa, no me voy con un palo, no era Jackie Onassis. Me fui porque dije: ‘Mamá, me quiero ir, quiero ver cómo es la vida’, qué sé yo. Y, y en la casa donde estuve durante tres meses viví con Spinetta. Entonces, también, eh, me pasó de que golpeé la puerta, abrir la puerta y que sea Charly”.
Evelyn Botto reaccionó ante la anécdota: “Vamos a dar por sentado que es normal que viviste tres meses con Spinetta”. Rada sumó: “Todo envidia. Que entre Charly con Bizcochito, por ejemplo. Vamos a ver, y tomar unos mates”.
El conductor explicó que aquellos encuentros formaron parte de una etapa de su vida, aunque aclaró que no se considera parte del círculo íntimo de García. “Pero, pero no, porque es reloco, porque cuando uno lo cuenta así. Sí, y con algunos más, y charlas y ese tipo de cosas. Ir a conciertos, que él haya venido después conmigo. Pinamar mucho tiempo nos hemos cruzado. Después la vida, la verdad que hace ya mucho que no lo veo a Char. Haber ido a cumpleaños de él. Hace poco creo que mostré una foto donde éramos todos muy chicos y, y ahí estábamos, ¿no? Pero increíblemente yo no, ni me siento ni amigo de Charly ni creo que Charly, porque yo creo que Charly, yo creo que a todos nos pertenece Charly de alguna manera, ¿no? Es un tipo que está acá desde los setenta, presente. Entonces, yo creo que todos los que estamos acá”.
“Parte fundamental de todos nosotros”, completó Rada. Pergolini intentó elegir una frase del compositor que hubiera quedado marcada en su memoria, aunque reconoció la dificultad: “Hay una frase de Charly que te quedó. Sí, se me ocurren un montón y no se me ocurre ninguna”.
Rada señaló que la obra del músico atraviesa experiencias generacionales: “Todos tenemos un, una canción de Charly clavada”. El homenaje concluyó con un saludo directo del conductor: “Feliz setenta y cinco años, Charly García. La verdad que increíble”.
Más tarde, Pergolini retomó el tema para explicar qué lugar ocupa Charly García dentro de la cultura argentina y comparó esa identificación colectiva con la que despierta Lionel Messi. “Decíamos al comienzo del programa sobre qué es la música. Hace tiempo atrás, cuando despedíamos a Messi, yo contaba que lo que me gustaba de él es que a todos nos gustaría ser como Messi. Porque el argentino que representa Messi, fuéramos nosotros, nos deja en un lugar excelente. Con García, para mi, es otra cosa”.
El conductor se refirió a la trayectoria, las canciones y los episodios públicos que atravesó el artista. “De él conocemos un montón, de su historia, de su música, sus grandes letras, hemos escuchado la historia de cómo ha atravesado lo que le ha sucedido. Y ha cantando cosas de nuestra realidad que trascienden. Lo vimos cometer cosas que uno dice, por qué esto es Charly. A veces uno lo dice más como de lado de padre, que te gustaría cuidarlo mucho más. Muchas veces lo dirías como un hermano cómplice”.
Para Pergolini, el vínculo del público con García se sostiene en una identificación que trasciende generaciones y biografías personales. “Pero todos en un punto tenemos un tema de García, no importa qué realidad hayas tenido. García tiene frases indestructible. García estuvo siempre, a veces nos parece excesivo, a veces muy cercano. Pero estoy seguro que mientras esto suena de fondo, algún argentino está emocionado recordando a García, una canción, un concierto, o lo que sea. Por eso queremos tanto a García. Nos representa en lo bueno y en lo malo. En lo tierno y excesivo. En este número tan redondo, uno diría nunca iba a llegar a los 75. Es buenísimo saber que está”.
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