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La foto inédita con Messi que publicó el hijo de Gudjohnsen tras cambiar camisetas en Argentina-Islandia: “El sueño de todo chico”

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El delantero islandés de 20 años compartió en sus redes sociales una imagen inédita junto a Messi que data de la temporada 2015-16, a pocos meses de que el Barcelona gane el triplete

Daníel Tristan Gudjohnsen publicó en su cuenta de Instagram una foto que nadie había visto: él de niño, junto a Lionel Messi en el Barcelona, con el rosarino en muletas. El pie de foto fue tan breve como elocuente: “Every kid’s dream” (“El sueño de todo chico”). La imagen apareció en las últimas horas, dos días después del amistoso entre Argentina e Islandia, en el que el delantero de 20 años se acercó al capitán de la Albiceleste al final del partido y le lanzó una pregunta que lo dejó sin palabras: “¿Te acordás quién soy?”.

El posteo del futbolista islandés incluyó también fotos del saludo con Messi al término del encuentro y un video del abrazo entre ambos en el campo del Jordan-Hare Stadium de Alabama.

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Pero fue esa imagen de archivo la que concentró toda la atención: Gudjohnsen de chico, al lado de un Messi con muletas y el tobillo izquierdo vendado, que por la ropa que lleva el argentino corresponde a la temporada 2015-16. El propio Daníel viste en esa foto la tercera equipación del Barcelona de la temporada anterior, la misma en que el club catalán ganó la Champions League.

La historia detrás de esa imagen se remonta a los años en que Eidur Smári Gudjohnsen, padre de Daníel Tristan, militó en el Barcelona entre 2006 y 2009. El delantero islandés llegó al club catalán justo cuando Messi empezaba a consolidarse como figura, y su hijo, nacido en Londres ese mismo año, pasó sus primeros tres años de vida en España. Décadas más tarde, ese vínculo de infancia se tradujo en un reencuentro sobre el césped.

Messi con muletas y el tobillo vendado, Gudjohnsen con la tercera equipación del Barcelona de la temporada en que el club ganó la Champions League

Al término del partido, Daníel Tristan se acercó al capitán argentino. “Simplemente me acerqué a él y le pregunté si se acordaba de mí de cuando era un niño y estuve allí con mi padre en Barcelona. Me dijo que no recordaba muy bien, pero luego, naturalmente, cuando se dio cuenta de que era yo, Gudjohnsen, charlamos un rato sobre mi padre, dónde jugaba y cosas así“, relató el futbolista en el programa radial Bylgjann, según reprodujo el portal islandés Vísir.

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Una cámara ubicada cerca de Messi captó tramos de esa charla. Al rosarino se le escuchó preguntar: “¿Cómo está tu papá? ¿Bien?”. El propio Messi describió el momento en la zona mixta: “Me dijo, ‘¿te acordás quién soy?’. La verdad que me sorprendió en ese momento. Después me dijo que era el hijo de Gudjohnsen. No me acuerdo la verdad, él era chiquito. Me acuerdo de haberlo visto, que esté con el padre en algún entrenamiento. Pero no me acordaba, era muy chico”, señaló el capitán de la Albiceleste.

El diálogo no terminó ahí. Daníel Tristan le pidió una camiseta y Messi accedió. “Le pregunté si había alguna camiseta para mí y me dijo que sí, y después entré en su vestuario y me llevé la camiseta. Los chicos y yo fuimos a elegir algunas camisetas y él quería la número 22 con el nombre de Gudjohnsen, así que entonces me quedé con su camiseta», contó el futbolista.

La casaca que Messi llevó durante el partido había quedado en manos de su compañero Jón Dagur Thorsteinsson, actual jugador del SK Brann de Noruega, pero el islandés logró hacerse con otra disponible en utilería.

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Lionel Messi cambió su camiseta con el hijo de Eidur Gudjohnsen capturas
Al término del amistoso en Alabama, Gudjohnsen entró al vestuario argentino y se llevó una camiseta de Messi que estaba disponible en utilería

La comunicación entre ambos no fue un obstáculo. Daníel Tristan creció en España y habla el idioma con fluidez. “Mi español es perfecto. Viví en España durante 16 años, así que debería dominarlo. Por eso la comunicación con Messi fue bien», explicó en la misma entrevista.

El futbolista pasó por las divisiones juveniles del Barcelona y luego cuatro años en la cantera del Real Madrid, antes de recalar en el Malmö de Suecia, club en el que se desempeña actualmente. Su debut con la selección mayor de Islandia fue en septiembre del año pasado, en una goleada por 5-0 ante Azerbaiyán en la clasificación europea rumbo al Mundial.

Sobre el cruce con la selección argentina, Daníel Tristan fue directo: “La verdad es que no sé cómo describirlo, fue algo completamente diferente. Son jugadores increíblemente buenos y tienen un ritmo totalmente distinto. Es un equipo de verdad y, por supuesto, es un auténtico placer jugar contra los mejores jugadores del mundo, por no hablar de Messi”. Y ante la pregunta de si el argentino le pidió que saludara a su padre, respondió: “Sí, me dijo que simplemente saludara a la familia, a mi padre y esas cosas”.

El partido terminó 3 a 0 para Argentina, con goles de Valentín Barco, Lionel Messi —de penal— y Thiago Almada, y sirvió como último ensayo antes del debut mundialista del 16 de junio ante Argelia. Eidur Smári Gudjohnsen, que tiene 47 años y se retiró del fútbol profesional en 2016 tras su paso por el Molde de Noruega, fue compañero de un Messi que recién empezaba. Su hijo, dos décadas después, fue a buscarlo en el campo de juego para cerrar ese círculo.

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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North America,Sport,Tennis

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