DEPORTE
La historia completa detrás de la primera foto que Jorge Messi le sacó a Lionel en Barcelona

Domingo 17 de septiembre del 2000. Lionel Andrés Messi recorre los pasillos del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Se encamina a cumplir el sueño de jugar en un club de Europa, pero igual tiene un nudo en el estómago por la inminente sensación de viajar en avión por segunda vez en su vida (la primera había sido para disputar un torneo juvenil con Newell’s, en Perú). De hecho las turbulencias le provocan mareos y vómitos. Con apenas 13 años, prepara su mente para hacer una prueba en el Barcelona de España. Fabián Soldini, su representante, sostiene tres boletos de avión en su mano porque quien también vuela es Jorge, el papá. Las valijas no son muy grandes y cargan más dudas que certezas respecto al futuro de Leo. Presentan los pasaportes que tuvieron que sacar de apuro una semana antes, atraviesan la aduana y se suben a la aeronave. El adolescente se ajusta el cinturón para la que será la aventura más grande de su vida.
Lionel ya había tenido su iniciación en el club Abanderado Grandoli e inflaba redes en las infantiles de Newell’s. Integraba una Categoría 87 que era reconocida por su buen juego y una enorme cantidad de proyectos de futbolistas profesionales. Uno de los primeros en echarle el ojo fue el ex jugador leproso y de la selección argentina Fabián Basualdo, quien empezaba a experimentar en el mundo de la representación de la mano del ya reconocido agente Ricardo Schlieper. En paralelo, un Soldini recién recibido de entrenador se unió a un grupo empresario que lo contrató como ojeador en las ligas de los alrededores de Rosario (allí fue que pescó a Nacho Scocco en la localidad santafesina de Hughes).
Quien promocionó a la Pulga ante Soldini fue su tío Claudio Biancucchi (esposo de la hermana de Celia, mamá de Leo). Como representaba a su hijo Maximiliano, un delantero Categoría 84 que quedó libre en San Lorenzo, terminó haciendo carrera en el fútbol paraguayo y brasileño (hoy es comentarista de fútbol en la cadena ABC de Paraguay), trazó la conexión. “Vos atendés bien a los chicos, ¿por qué no venís a ver a mi sobrino, que es un crack?”, llamó su atención. El representante se dirigió al predio de Newell’s en Bella Vista para observarlo en acción.
Fue amor a primera vista: Soldini quedó embelesado. En diálogo con Infobae, recordó hace un tiempo: “Fui a ver un partido de la Primera local y llegué antes para seguirlo. Veo un enano que hace pin, pan, pum y la manda a guardar. Cuando escucho que alguno dice que yo descubrí a Messi, lo niego. Hasta mi abuela con cataratas se daba cuenta de que ese pibe era un fenómeno”.

No transcurrieron demasiados minutos entre las maravillas que vio de Leo en cancha hasta concertar una reunión con Jorge Messi. Se juntaron al sábado siguiente para aprovechar su franco en la empresa metalúrgica Acindar y su papá le planteó dos cuestiones: primero, que ni la obra social ni Newell’s le querían seguir pagando el tratamiento para las hormonas de crecimiento que costaba 960 pesos mensuales (el dólar estaba 1 a 1); segundo, que la situación económica del país no daba para más y veía con buenos ojos instalarse en el exterior. Hacía solamente unos meses atrás, otro canterano leproso categoría 88 que había sido captado y fichado por el Milan de Italia antes de recalar en River: Leandro Depetris. Fue su inmediato antecesor.
Con la venia del grupo empresario que lo respaldaba, Soldini le dio el OK para cubrir los costos del tratamiento de Leo con la condición de que rompiera su vínculo con la gente que lo representaba hasta allí para no tener inconvenientes a futuro. Jorge accedió y le aclaró que recién firmaría un nuevo contrato de representación cuando estuvieran instalados en Europa. El incipiente agente estaba dando sus primeros pasos en el mundo del fútbol y muchos le cortaban el teléfono cuando les informaba sobre la temprana edad del fenómeno rosarino que apadrinaba. Juan Mateo, un argentino que vivía en Brasil y tenía contacto directo con José María Minguella, asesor de fichajes del Barça, le prestó el oído.
El contexto en el que se avanzó sustancialmente con el fichaje de Messi por el Barcelona es casi inverosímil. Juan Mateo tenía injerencia en la representación de Felipe Scolari, entrenador del Palmeiras de Brasil que estaba por disputar la final de la Libertadores de ese año 2000 contra Boca en Buenos Aires. “Fabián, voy para allá así me hablás bien de este chico”, le dijo a Soldini. Cuando se encontraron en el hotel de concentración del elenco paulista antes del duelo de ida en la Bombonera, lo condujo hasta la habitación de Felipao para que le contara al mismísimo DT de las virtudes y defectos del equipo dirigido por Carlos Bianchi. Soldini pasó de tratar de convencer a Juan Mateo de llevar a Messi al Barcelona a hacer las veces de espía del Palmeiras. Mal no le fue, porque los brasileños rescataron un 2-2 en La Boca, aunque luego perderían la serie en tanda de penales en al revancha.

“Juan, créeme que es el nuevo Diego”, esgrimió sin titubear Soldini a Mateo. Al día siguiente, llamó por teléfono a Minguella, que tenía un historial importante en el rubro fichajes blaugranas: después de Maradona cerró al búlgaro Hristo Stoichkov y a los brasileños Romario y Rivaldo, por citar algunos nombres pesados. “¿Cuántos años tiene? ¿12? ¿Acaso están traficando niños?”, fue la primera respuesta del ojeador catalán que lidiaba con la baja del portugués Figo (al Real Madrid), cerraba al holandés Marc Overmars y ya tenía en carpeta a los argentinos Roberto Bonano y Javier Saviola, que arribarían en la temporada siguiente.
Pasaron días, semanas y meses hasta volver a tener novedades desde España. Soldini y Jorge Messi no dejaron uña sin morder mientras veían una incontable cantidad de partidos de juveniles (incluidos los de Leo) y en ese tiempo forjaron una gran amistad. En Newell’s notaron que algo podía acontecer respecto al destino de la gran joya de la cantera. En realidad, los que se preocuparon en serio fueron sus compañeros y entrenadores, ya que los directivos hicieron oídos sordos a las súplicas por la cobertura de su tratamiento. Fue recién a fines de agosto, sobre el cierre del mercado de pases europeo, que Minguella levantó el pulgar para que el habilidoso zurdo viajara a Barcelona.
Leo, Jorge y Soldini arribaron entonces a mediados de septiembre a suelo catalán y se dirigieron desde el Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat directamente a la oficina de Minguella, que justo ese día estaba ausente. Quien los recibió a las 10 de la mañana fue Txiki Beguiristain, emblemático director deportivo del Barça que desde años desarrolla funciones en el Manchester City. En esa época era reconocido solamente por sus pasos como futbolista en la Real Sociedad y la selección española, además del Barça. Joaquim Rifé, coordinador de La Masía, se presentó y les informó que Lionel tenía que presentarse en la Ciudad Deportiva esa misma tarde para el entrenamiento. A los nervios por la prueba, al físico de Messi se le sumaba el jet lag y el malestar que le había provocado el vuelo. No hubo otra opción que ponerse los botines y saltar al campo, lo que mejor sabía hacer.
Leo se cambió junto a una camada de futbolistas que contaba con Gerard Piqué, Césc Fábregas, Víctor Olmo y Toni Calvo. De repente, uno de los entrenadores que diagramaría la práctica salió con rostro de preocupación del vestuario y se acercó hasta el lugar en el que aguardaban Soldini y Jorge: “No va a poder jugar, está lesionado. Lo vi vendarse un tobillo”. Transitando la sensación de alarma a tranquilidad, los tutores de Lionel le explicaron al técnico que era costumbre para él vendarse antes de entrenarse y jugar los partidos.

“Fabi, espero que sea bueno porque acá no entrás nunca más, eh”, fue la advertencia de Juan Mateo a Soldini, cuando vio que Piqué le sacaba más de una cabeza al pequeño argentino. “Yo no sé cómo juegan los demás, pero sé cómo juega este. Quedate tranquilo y miralo”, fue su confiada respuesta. Desde una tribuna observaron cómo Leo hizo jueguitos por varios minutos sin que la pelota se le cayera en el que fue el primer ejercicio dictado. Era lógico: a España ya había llegado hacía tiempo un VHS en el que la promesa rosarina hacía malabares con una naranja. El segundo trabajo fue un uno contra uno con definición. Messi tomó el primer balón, dejó sentado a su marcador y definió. Juan Mateo se eyectó de la butaca y exclamó: “Esto es para verlo desde la cancha”. Pidieron permiso para ingresar y se ubicaron en el campo. En ese preciso instante el emisario se convenció de desestimar la chance de acercar a un juvenil brasileño que también estaba en carpeta.
Las sensaciones después de la primera sesión fueron positivas. Jorge se instaló con Lionel en la habitación 546 del Hotel Plaza, mientras que Soldini se alojó en un motel porque el Barcelona se negó a cubrir los gastos de su estadía. Desde el 17 de septiembre hasta el 3 de octubre el trío repitió la misma rutina: viaje en metro, entrenamiento y regreso. Messi daba cátedra en cada práctica, pero ningún responsable del Barcelona se acercaba para aportar certezas sobre su futuro. Por lo bajo oían que algunos decían “es jugador de futbolín (fútbol de salón)”. Contó Soldini que Leo llegó a anotar 5 goles en un entrenamiento después de que su agente lo desafiara a cambio de un conjunto deportivo Puma que le encantaba.
“¿Tú has traído a este chaval? ¿Cómo es posible que estos animales no te hayan dicho nada todavía? Es lo más parecido que vi a Diego”, fue el esperanzador comentario de Migueli, ex defensor del Barcelona que había compartido plantilla con Maradona. La impaciencia se apoderaba del contingente argentino porque, además de dilatarse la definición sobre su futuro, Leo perdía muchas clases en la escuela. En sus últimos días de estadía, Carles Rexach (secretario técnico del Barça que recién había regresado de ver jugadores en los Juegos Olímpicos de Sídney) le echó el ojo. Estuvo 10 minutos con la mirada fija en Messi y fue testigo presencial de un gol en el que dejó a cuatro rivales en el camino antes de picársela al arquero. Se marchó sin contactar a Soldini y Jorge. “¡Este es un pelotudo! ¿Ve lo que hace Leo, se va y no nos dice nada?”, se dijeron con la mirada, antes de armar las valijas para regresar a Argentina.

Leo volvió a la escuela y se reincorporó a las juveniles de Newell’s, donde acusó una neumonía para justificar su ausencia. Pasó octubre y noviembre sin que hubiera novedades. Jorge se ofuscó: “Ya está, vayamos a otro lado”. Minguella se comunicó para apaciguar los ánimos e informar que a la brevedad darían una contestación. Martín Montero, dueño de la empresa en la que trabajaba Soldini, viajó a España para apurar al directivo del Barcelona y darle el ultimátum: “Tengo que volver a Argentina con alguna garantía porque perdemos a la familia”. Minguella le aseguró que le compraría los derechos económicos para que se proyectara en la cantera del club catalán.
Este fue el contrato paralelo al de la famosa servilleta que Rexach le firmó a Horacio Gaggioli (rosarino que ofició como representante del jugador en ese mitin) en la cafetería del Club de Tennis Pompeia de Barcelona el 14 de diciembre del 2000. “En presencia de los Sres. Minguella y Horacio, Carles Rexach, secretario técnico del FC Barcelona, se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas”, rezó el papel descartable que atesora Gaggioli. De antemano, Minguella le había propuesto a Montero un salario de 4.000 dólares por mes, más coche y un departamento.
El 1° de febrero del 2001 viajó la familia Messi completa (a Jorge y Leo se les sumaron Celia y los hermanos Rodrigo, Matías y María Sol) con Soldini y Juan Mateo. La firma del primer contrato de Lionel con el Barcelona ni siquiera se celebró en las oficinas de la institución: fue directamente en un hotel situado a unas cuadras. Las condiciones preacordadas con Minguella se trasladarían directamente al Barça. Salario, alojamiento y vehículo. Restaba fijar una suma a dividir entre las dos partes que intermediaron y el futbolista.

Jorge le dijo por lo bajo a Soldini si estaba de acuerdo en exigir una suma de 600 mil dólares cuando Lionel cumpliera 50 partidos en la primera del Barcelona, cifra que alcanzó antes de cumplir los 20 años, en febrero de 2007, época en la que incluso había convertido ya 13 goles y estaba afirmado en en la plantilla principal. Soldini, reconociendo su falta de experiencia por ese entonces, recomendó que Minguella apuntara el monto que Barcelona pagaría a las tres partes interesadas. Se estipuló la cifra de 6 millones de dólares a dividir en tres.
Jorge fue quien siempre estuvo al lado de Leo desde su arribo definitivo a Barcelona. Vivieron en un departamento a dos cuadras del campo deportivo del club, por lo que iba y volvía caminando a entrenar y también al colegio. Celia y los hermanos no soportaron y regresaron a su Rosario natal a los pocos meses. La historia que no muchos conocen es que a los tres meses de haber rubricado su primer contrato, Messi sufrió una rotura de peroné que hizo tambalear su permanencia y continuidad en el Barça. La rehabilitación con el departamento médico de la entidad culé, que ya había tomado las riendas de su tratamiento hormonal, fue óptima. Leo volvió mejor que nunca.
La historia entre los Messi y su representante no tuvo final feliz. El color de rosa se fue destiñendo conforme Leo quemó etapas en la cantera blaugrana hasta su estreno oficial en octubre de 2004. La relación se rompió cuando el agente viajó desde Rosario a Barcelona y se reunió con los Messi en el restaurante argentino La Carreta. Estuvieron presentes Jorge, Leo y Rodrigo, su hermano mayor, que un par de años antes había hecho sus últimos intentos por ser futbolista profesional en Universidad Católica y el fútbol búlgaro patrocinado por el propio Soldini.

La decisión de la familia era tratar de desligarse de Minguella, que se había metido de lleno en la política del Barcelona (se presentó como candidato a presidente en las elecciones que ganó Joan Laporta en junio de 2003 y terminó quinto entre seis postulantes). Y pretendían manejarse de allí en más únicamente con Soldini y no con el resto de los integrantes del grupo empresario al que pertenecía. “Jorge me dijo que Leo me adoraba y querían manejarse solo conmigo, pero yo no podía darle la espalda a la otra gente. Le pregunté a Leo si estaba de acuerdo con esa decisión y me respondió que sí. Me levanté y me fui. Puede ser que hoy me arrepienta un poco de mi reacción, se le podría haber buscado la vuelta al tema, aunque no sé si hubiera resultado o no”.
Ese fue el quiebre de la relación entre los Messi y Soldini. El agente siguió en contacto con Leo por algunos meses e inclusive intercambiaron mensajes durante el Campeonato Sudamericano de 2005 en Colombia, su primera competición oficial con la camiseta de la selección argentina. Hasta que en cierto momento Lionel cortó la cuerda: “Entre mi papá y vos, me tengo que quedar con mi papá”.
Soldini vivió con orgullo cada logro deportivo de Leo, aunque con el dolor a cuestas de no haberlo podido acompañar como en sus inicios. Una década más tarde se decidió a enviarle un mensaje para compartir un café en Barcelona. Intercambiaron varios WhatsApp en el que recordaron viejas anécdotas y confesaron echarse de menos. En agosto de 2015, Leo lo invitó a ver un match al Camp Nou y después a alojarse en su casa. Se quedaron despabilados viendo un partido entre Newell’s y Colón hasta entrada la madrugada barcelonesa. Incluso le ofreció quedarse al día siguiente para disfrutar de la compañía de Neymar, Javier Mascherano y el Kun Agüero, que lo iban a visitar. Se fundieron en un abrazo y quedaron reunirse otra vez en Navidad, luego del Mundial de Clubes en el que Barcelona derrotaría en la final a River en Japón. Pero ese reencuentro no se dio.
Con muchas más virtudes que defectos, a partir de ese momento, Jorge Messi cimentó las bases de la carrera de fútbol más importante de la historia del deporte. La de su hijo Lionel.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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