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La reconstrucción de Facundo Díaz Acosta en el tenis tras lesiones que complicaron su carrera: “Estuve un poco peleado con la vida”

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Facundo Díaz Acosta junto a sus padres tras la consagración del AAT Challenger Tigre II (Crédito: AAT)

El 18 de febrero de 2024 no fue un día más en la vida de Facundo Díaz Acosta. Fue profeta en su tierra al consagrarse campeón del Argentina Open en la cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club, Guillermo Vilas. Luego de esa conquista, su carrera dio un giro de 180 grados, atravesada por diversas lesiones, entre ellas una inflamación y un edema óseo en la clavícula derecha y una fascitis plantar que lo mantuvieron alejado del circuito durante varios meses.

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En su regreso a la competencia, volvió a reconciliarse con el tenis y le dio una nueva oportunidad. “Todos tenemos momentos buenos y malos. Momentos de más o menos dudas, pero de ahí a querer dejar la competencia, nunca lo pensé”, reconoce el tenista argentino en su charla con Infobae.

En un deporte tan solitario como lo es el tenis, Díaz Acosta convive con esa realidad. Nacido en Capital Federal el 15 de diciembre de 2000, en pleno auge de la Generación Z, el jugador volvió a resurgir esta temporada. Si bien en octubre de 2025 tuvo sus primeras señales al alcanzar la final del Challenger de Antofagasta, entendió que, si su físico y su mente lo acompañaban, podía volver a la élite del tenis mundial.

Antes de levantar la copa para brindar en el último Año Nuevo, sabía que su ranking había caído al puesto 212. Su mejor marca fue 47°, en febrero de 2024. El horizonte más cercano era regresar a la segunda categoría del tour para recuperar el terreno perdido, ese lugar en el que sus colegas no dan ninguna pelota por perdida.

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La vuelta no fue sencilla. Después de haber ganado un ATP 250 y de haberse instalado entre los mejores del mundo, regresar al circuito Challenger significó convivir con una sensación difícil de procesar: “Se me hizo un poco duro porque quizás sentí que era injusto. Aunque las lesiones son parte también del deportista, sentí un poco esa imposibilidad de poder jugar y defender el lugar al que había llegado”.

Un hombre con barba de tres días y pelo oscuro se toca la frente con la mano derecha. Tiene los ojos marrones y lleva una camiseta blanca. El fondo es azul borroso
Facundo Díaz Acosta regresó al Top 100 del escalafón mundial tras obtener cinco títulos Challengers en 2026 (Crédito: AAT)

Aquella situación lo llevó incluso a sentirse “un poco peleado con la vida”, según describe. Mientras el circuito no daba respiro, Díaz Acosta se vio forzado a seguir los torneos como un espectador: “No podía jugar ni defender los puntos. Miraba tenis desde casa y quizás me costó un poco más por ese motivo”.

La dificultad no estaba solamente en recuperar el nivel tenístico: también debía volver a acostumbrarse a la rutina. “Las vueltas son difíciles: volver a agarrar ritmo, viajar, agarrar toda la rueda de la competencia que cuando la perdés es muy difícil volver a acostumbrarte. Jugar muchos partidos, empezar de cero en otro torneo a los dos días”, sitúa.

Fue un proceso que también tuvo un componente emocional. El porteño necesitó recuperar la confianza y entender que no todos los resultados debían llegar de inmediato: “Tengo que seguir haciendo la mía, laburando. Y saber que si hago las cosas bien, tarde o temprano me voy a volver a acomodar. Ese era mi pensamiento”.

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En ese camino hubo un aprendizaje que terminó siendo determinante: dejar de cargar con la presión de tener que regresar inmediatamente al lugar que alguna vez había ocupado: “Cuando estuve un poco más abajo dejé de sentir esa presión, esa responsabilidad y dije ‘bueno, ya no vengo muy bien’. Me sirvió para sacarme la presión. Y una vez que me la saqué, empecé a disfrutarlo un poco más”.

La familia, los amigos y su equipo fueron parte de ese proceso. También lo fue el trabajo fuera de la cancha. El zurdo medita, hace mindfulness y trabaja con una psicóloga: “Siempre a esa parte hay que darle bola, me parece. Es duro el deporte en el que estamos”.

Facundo Díaz Acosta AAT Challenger Tigre II
Facundo Díaz Acosta en la premiación del AAT Challenger Tigre II (Crédito: AAT)

Pero el gran punto de inflexión llegó en Tigre. Después de caer en la segunda ronda del Challenger que se disputó en el Club Náutico Hacoaj, Díaz Acosta atravesó un momento de dudas y hasta evaluó no presentarse en el segundo torneo que se disputaba en el mismo escenario.

“En ese primer Challenger perdí en la segunda ronda y estuve un poco bajón, no quería jugar Tigre II y tuve dos días sin jugar y pensando mucho. Yo perdí un jueves y estuve el viernes y el sábado en mi casa que no quería ver a nadie, vi solo a mis amigos para despejar un poco”, admitió.

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Sin embargo, decidió darse una oportunidad: “De última, ya venía jugando mal. Un partido más que perdiera no me iba a cambiar nada”. La decisión de presentarse terminó modificando el rumbo de su temporada.

El resultado fue inmediato. El argentino se consagró campeón del AAT Challenger Tigre II y encontró en ese título algo mucho más importante que un trofeo: la confirmación de que podía volver a competir con la confianza que alguna vez lo había llevado al Top 50. “Gracias a eso, quizás hoy estamos donde estamos”, reconoce al mirar hacia atrás.

A partir de allí comenzó una nueva etapa. En 2026, Díaz Acosta disputó diez torneos Challenger y se consagró campeón en cinco de ellos: AAT Tigre II, Sao Leopoldo, Francavilla, Milán y San Marino. Además, fue finalista en Poznań y acumula un récord de 39 triunfos y 10 derrotas. Todos esos logros le permitieron regresar al Top 100 y, en la actualidad, ocupa el puesto 84.

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Facundo Díaz Acosta con el trofeo del Argentina Open logrado en 2024 (Crédito: REUTERS/Agustin Marcarian)
Facundo Díaz Acosta con el trofeo del Argentina Open logrado en 2024 (Crédito: REUTERS/Agustin Marcarian)

La regularidad no fue casual. Después de encontrar en Tigre la confianza que necesitaba, el argentino comenzó a sostener su nivel semana tras semana y convirtió esa recuperación en un objetivo: “Una vez que lo agarré como que traté de no soltarlo y poder ganar la mayor cantidad de partidos posibles”, explica.

Con el resurgimiento deportivo llegó también un nuevo integrante a su equipo, tras haber finalizado su vínculo con Mariano Monachesi, Díaz Acosta sumó a Federico Delbonis, una figura con la que ya tenía una relación previa y con la que encontró una identificación natural: “Tengo cosas de él. Soy zurdo y me sentía como identificado en cuanto al juego”, explica. La llegada del extenista terminó encajando en el momento que atravesaba.

“Él estaba libre y se dio todo redondo, la verdad. Ahora estoy re contento”, asegura. Y agrega: “Lo de afuera influye en lo de adentro, viste. Y creo que me vino muy bien”.

En lo tenístico, los cambios no fueron drásticos. La búsqueda estuvo más relacionada con recuperar la confianza en sus propias herramientas: “No hicimos grandes cambios, quizás tratar de llevar los puntos a 6, 7 bolas”.

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La idea era volver a sentirse fuerte en los intercambios largos y confiar en que su físico podía sostenerlos: “Si tengo que jugar esos puntos largos, la idea es sentirme fuerte ahí. Hacerme grande con esos puntos”.

Ahora, el desafío es diferente. El Top 100 vuelve a abrirle las puertas del ATP Tour, un terreno que ya conoce pero al que deberá regresar con otra realidad: “Es bravo, es bravo la verdad”. La diferencia, según su experiencia, está en la regularidad que exige el máximo nivel.

“Quizás en Challenger en los primeros partidos te podés dar capaz un día no tan bueno, pero acá tenés que estar al 100% todos los días”. En el ATP Tour, cualquier desconexión puede significar una derrota.

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Su calendario inmediato contempla disputar la clasificación del US Open y luego dos Challengers importantes en Europa, antes de definir cómo continuará la última etapa de la temporada. Su situación en el ranking todavía condiciona las posibilidades de ingresar directamente a los torneos ATP en Asia y la gira indoor de Europa, por lo que Sudamérica aparece nuevamente como una alternativa para cerrar el año.

Facundo Díaz Acosta celebra su título Challenger en Milán
Facundo Díaz Acosta celebra su título Challenger en Milán

Pero detrás del ranking, las lesiones y los triunfos, existe una motivación mucho más profunda. Facu tiene dos objetivos que lo acompañan desde chico y que todavía lo movilizan especialmente: “Me perdí los últimos Juegos Olímpicos, quedé ahí afuera por poquito, justo me lesioné, no pude sumar, y es algo que de chiquito, nada, me mueve el piso”.

La posibilidad de representar a la Argentina en una cita olímpica aparece como una de las grandes cuentas pendientes de su carrera: “Eso y jugar una Copa Davis. Después, como que ya hice todo lo que quería con el tenis”.

Luego de atravesar lesiones, dudas, una caída pronunciada en el ranking y el regreso al circuito Challenger, Díaz Acosta volvió a encontrar una versión de sí mismo que parecía perdida. El Top 100 es apenas una escala en un camino que todavía tiene muchos objetivos por delante.

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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