DEPORTE
Lo entrena su mamá, tiene el único rincón femenino del mundo y triunfa en el trap: “Rateka” Sánchez, el campeón que apadrina Chino Maidana

A las cuatro de la mañana, cuando Hurlingham duerme, él todavía está despierto. Tiene un teclado pequeño delante, una letra a medio terminar y los auriculares puestos. Mañana —en unas horas, en realidad— vuelve al gimnasio. Allí, donde cada día intenta dar otro paso en búsqueda de su gran sueño: ser campeón mundial de boxeo.
Marcelo Gabriel Sánchez, o “Tetón” como lo apodaron en la infancia, una época difícil que le permitió forjar su personalidad. “Rateka” es otra historia: son las iniciales de los miembros fundadores de una crew urbana que él armó en Hurlingham y que con el tiempo se convirtió en un grupo de trap, una productora audiovisual, una marca de ropa y una forma de ver el mundo.
Zurdo. Sonrisa con diente plateado. Gran conversador.
RBD Radio lo comparó con Sergio Víctor Palma, el supergallo argentino campeón mundial en 1980 que también escribía poesía y cantaba. La comparación tiene sentido, aunque Sánchez pertenece a otra época y a otra estética. Una más áspera, más del conurbano, más de esta Argentina.
Nació y creció en Hurlingham, municipio del oeste del Gran Buenos Aires. De ahí no se fue nunca del todo, ni cuando peleó en la Patagonia ni cuando cantó en el Movistar Arena.
Antes del ring hubo fútbol. Jugó en Ituzaingó, se fue a probar a Vélez Sarsfield y quedó en el Fortín. Pero los guantes llamaban más que la pelota, y un día se presentó solo en el Gimnasio 77 de Morón.
“La primera vez que pisé un ring, encaré al encargado y le pedí pelear con un profesional”, contó. “El primer round me cagó a palos, el segundo también, y en el tercero tuve suerte, le entré una piña y medio de casualidad, lo corté. Ahí tuvimos que parar, así que para mí, técnicamente, gané”.
Tenía 23 años. Sin peleas amateurs, a los 24 ya era profesional. Un camino que él mismo reconoce como excepcional y arriesgado. “Si yo no hubiera sido como soy, si no hubiera tenido los huevos que tuve, podría haber perdido por nocaut”, dice en diálogo con Infobae. “Tuve la suerte de no perder por nocaut, de que no me hagan nada malo. Aprendí en el proceso”.
Pero el ring no fue su primer contacto con la violencia. Lejos de eso.
“Siempre me gustó pelear. He peleado por plata en la calle. He peleado gratis en la calle”, dijo, sin dramatismo ni nostalgia. Su madre Sara lo atribuye a “exceso de energía”. Él no lo desmiente.
El entorno en el que creció estuvo marcado por las drogas y el alcohol. Pese a eso, Sánchez nunca entró en ese mundo, pero sí se encargó de evitar que muchos lo hagan. En abril de 2025, en una entrevista radial, habló de haber acompañado a personas de su círculo a salir de esos hábitos. “Siento que estoy para ayudar”, dijo.
Esa convicción está codificada hasta en las reglas de su crew. Para ser “Rateka” hay condiciones: “No se tiene que drogar, ni tomar alcohol, tiene que gustarle el deporte y le tengo que pegar durante 13 segundos. Es un ritual de iniciación”.
Lo dice con la sonrisa plateada. Pero lo dice en serio.

En el boxeo, el rincón es sagrado. Es el lugar donde alguien te dice la verdad entre round y round, donde te cortan, te hidratan y te devuelven al combate. El rincón de Sánchez, desde siempre, fue completamente femenino.
Su madre Sara —profesora de educación física, nutricionista, entrenadora de boxeo femenino y mánager— aprendió el oficio desde cero para acompañar a su hijo. Su hermana Natasha, que además boxea, completó ese equipo inédito.
“Yo arranqué a los 25 años a boxear. De arranque, estuve con gente que no era buena. No me cuidaban, buscaban que perdiera. Ahí entró mi mamá. ‘Maxi, por acá no es, acá no vas a lograr tu objetivo. ¿Vos qué querés?’, me dice. ‘Quiero ganar’, respondo. ‘Bueno, entonces dejame que me meta’.
“Mi vieja así comenzó a estudiar en la Federación Argentina de Boxeo junto con mi hermana. Yo paré un año, la esperé y mientras tanto me entrenaba a full. Cuando arrancamos, empezamos a ganar, a ganar, a ganar. Vinieron el título latino, plata, y ahora el título argentino. Al final dejé más de lado la música porque me gustó boxear. Me di cuenta que también era un arte. Yo primero lo hice para tener publicidad y al final terminé viviendo de esto”.
“Yo no sabía nada de boxear”, admitió Sara. “Me empecé a meter para entender cómo funcionaba el ambiente y acompañarlo a él”, reconoció.
Estaba claro: Sara no venía del boxeo. Cuando Marcelo quiso pelear, ella buscó técnicos que se hicieran cargo, pero nadie quiso asumir el riesgo: era grande, no tenía carrera amateur y, según le advirtieron, “lo podían matar arriba del ring”. Ante ese rechazo, la decisión fue clara. “¿Vos qué querés hacer?”, le preguntó a su hijo. “Quiero ser campeón del mundo”, respondió él. “Bueno, así no te va a pasar. Vamos a hacerlo bien. Yo me preparo y te preparo”.
Y se puso a estudiar. Los profesores de la federación la ayudaban cada vez que tenía dudas, aunque el ambiente no era precisamente bienvenido: cuando fue a inscribirse, la federación directamente no anotaba mujeres. Sara les argumentó que si los técnicos fueran capacitados, ella no tendría que estar ahí buscando un lugar. “Como los técnicos no estaban capacitados, me tenían que dejar a mí. Y si no, era discriminación”. La dejaron anotar junto a otras cuatro mujeres “que se animaron”, pero ella sola pudo completar el curso. “Al aparecer yo, abrí la puerta a un montón de mujeres”, dice orgullosa en diálogo con Infobae.
El boxeo le cerró las puertas desde el primer día. En los pesajes tampoco la dejaban entrar. En uno de ellos, delante de los promotores más importantes del ambiente, alguien dijo frente a ella: “Esta estúpida qué sabe, vámonos”. Su respuesta fue inmediata: “Bueno, esta estúpida no te da la pelea”. Ella se negaba a permitir que el rival de su hijo peleara con el peso indebido. No fue la única vez que tuvo que plantar bandera.
En otra pelea, el rival de su hijo siguió arriba del ring con una costilla rota que Marce le había partido en el tercer round. El técnico contrario lo obligó a continuar solo por no perder frente a un rincón femenino. Dentro de ese mundo machista, incluso llegaron a decirle que el boxeador no tenía que pensar. Ella respondió que iba a crear un boxeador inteligente. “Se me rieron todos”. Hoy, Sara es la primera mujer en llevar a un mismo boxeador a tres títulos.
Sara resistió todo eso y siguió. Y su persistencia dejó marca: hoy, la Federación que alguna vez le negó un lugar la recibe de otra manera. El mundo del boxeo no es el mismo que encontró cuando empezó, y en esa transformación, la historia de la madre de “Rateka” Sánchez tiene mucho que ver.
«Tetón Rateka» Sánchez junto a su mamá Sara y su hermana Nataha, integrantes del único rincón femenino del mundo del boxeo, en la última velada ante Facundo Dávila, donde retuvo el cinturón de campeón argentino wélter (Video: @Ratekas_13)
Lo que vino después fue total. Sara coordina la dieta, aparece en cada pesaje, negocia las peleas y grita desde el rincón. Una vez, ella y Natasha reclamaron tan fuerte por un cabezazo que el árbitro las echó a las dos.
Sánchez habla de su madre con una mezcla de admiración y humor filial. “Me entrena mi mamá, que es nutricionista, y encima me dirige en el rincón, así que tengo que portarme bien. Es muy exigente, tengo que hacer buena letra”. Pero cuando le preguntan qué significa tenerlas a las dos en el rincón, la respuesta va más allá del boxeo. “Laburar con ellas dos, con mi hermana y con mi mamá, es algo único y hermoso”, dice en una entrevista con Infobae. “Creo que la mujer hace mucho la diferencia en el boxeo, aunque los hombres piensen que no. La mujer es más detallista. Y los detalles en la vida misma siempre hacen la diferencia”.
Él mismo lo reivindica sin dudar. “Esto es único en el mundo, no en Argentina, en el mundo. Agradecido con mi mamá, que siempre está para mí, que me preparó perfecto para mi última pelea junto a mi hermana, y a mi mujer también, que ella es mi preparadora física. Esquina totalmente femenina. Yo creo que está para un récord Guinness, nada más que no lo sabe nadie”, bromea.
“Yo ya te estoy hablando acá y Sara lagrimea, imaginate”, contó entre risas. “Le digo Sara, trato de no decirle mamá para ser más profesional. Pero son dos mujeres muy capacitadas, están en todos los detalles, cosa que he estado con otros técnicos y no son así”. La ternura, igual, tiene su contracara: “Cuando estamos arriba se pone más violenta la esquina femenina”.
Para Rateka, trabajar cada día junto a su madre y su hermana va mucho más allá del boxeo. “Gracias al boxeo estoy compartiendo un trabajo con mi mamá, con mi hermana. Tengo la posibilidad de verlos todos los días, porque generalmente vos crecés y te vas”, reflexionó. “Estoy con ellos, cerquita, con mi familia”. A eso se suma una rutina que también rompe moldes: se levanta al mediodía, sale a correr a las dos de la tarde y entrena más que cualquiera, pero a su manera. “Estoy con ellas, cerquita, junto a mi familia. Estoy todos los días, los llevo a mi hijo al colegio, lo llevo a fútbol, la voy a buscar al gimnasio artístico a mi hija. Tengo la posibilidad de dividirme los tiempos porque me los manejo, ya que tengo el gimnasio acá en casa. Hay muchos errores y mucha vieja escuela que en el boxeo envenenó muchas cosas. No es tan difícil como parece”.
Con Sara, además, aprendió a escuchar. “Mi vieja me demostró que siempre tiene razón. En la vida misma, por un montón de situaciones que hemos pasado. Cuando era más chico por ahí me enojaba, pero hoy la escucho”. Una frase que, viniendo del único boxeador en el mundo con una esquina completamente femenina, suena a algo más que un reconocimiento familiar.
“Ratekas” nació en 2016. Lo fundaron Marcelo y su hermana Natasha —“Tashi”—. Desde entonces no pararon.
Él produce los beats con un teclado pequeño, graba el audio, edita el video, canta y escribe las letras. Natasha canta y escribe cada vez más y mejor, según él mismo. La productora que armaron se llama Estudio 13 y tiene videoclips para Altos Cumbieros, Néstor en Bloque, Zaramay y Callejero Fino, entre otros.
Los escenarios que pisaron no son menores: Palermo Groove, la Usina del Arte, el Movistar Arena. Compartieron cartel con Mala Fama, Neo Pistea, Mala Junta y Duki.
Las letras hablan del barrio, de la lealtad, de la pelea como modo de vida. En “Reales” canta: “Hay que perder para pensar. Y hay que golpear para sanar”. En “Tu recuerdo” va más directo: “La vida me hizo fuerte como un tigre indestructible”.
No es metáfora. Es autobiografía.

La rutina que describe es la de alguien que no le teme al cansancio. “Arranco a las once, entreno más o menos hasta las ocho, después le doy hasta las diez u once de la noche editando, de ahí me meto a escribir letras, a la música hasta las cuatro de la mañana. Esa es la rutina”. Y “Rateka” aclara, sin culpa: “Me acuesto a las cuatro de la mañana. Arranco a laburar de doce de la noche a las cuatro de la mañana haciendo música, mi música, y también producciones para un montón de gente. Hoy por hoy, el laburo que más me ingresa plata es ese, no el boxeo”.
“Yo empecé el boxeo porque quería invertir en la música. La música hoy por hoy es más fácil llegar, pero tenés que tener publicidad. No tengo los recursos económicos como para bancarme una publicidad. Entonces me puse a boxear. Que me vea la gente y diga: ‘Ah, bueno, este es el que canta’. Mi idea nunca fue llegar a un título. Ni siquiera pensé en ganar, sino en venir y pelear. Pero después empecé a ganar, gané una y gané otra y gané otra. Empecé a mejorar, me empezó a ir mejor”.
Marcelo Sánchez tiene una productora audiovisual —Estudio 13— donde hace audio, video y grabaciones. Entre sus trabajos figura el boxeador Ezequiel Matthysse, la cantante Rocío Quiroga y Luis Ornelas. Estudió producción y dirección de cine en el CIC de la Universidad Palermo, cursó el profesorado de educación física en La Matanza —aunque le faltan dos años para recibirse— y junto a su madre hicieron el curso de técnico de fútbol infantil y el de guardavidas en la escuela de Alberto M. Tamagnone.
“El boxeo lo hago más por amor al arte y por algo que quiero lograr con mi familia. Yo vivo más que nada de la música”, dice. Y a las cuatro de la mañana, cuando la mayoría duerme, él todavía está trabajando.

En 2022 llegó a ocupar el tercer puesto en el ranking de la Federación Argentina de Box en la categoría wélter. Parecía el momento de despegar.
Después vinieron tres derrotas seguidas.
La última fue la más dura. Julio de 2023, Luna Park, ante el venezolano Jonathan Hernández. Perdió en el cuarto asalto por un corte que un cabezazo le abrió en el pómulo derecho, con el título Fedelatin de la Asociación Mundial de Boxeo en juego. La herida tardó semanas en cerrar.
Cuando lo hizo, Sánchez volvió al gimnasio. Sin declaraciones, sin drama.
Lo que tiene como boxeador, según él mismo, es simple. Cuando le piden que identifique su mejor virtud en el ring, no menciona la técnica ni la pegada. “Lo mejor que tengo son huevos”.
Pero hay algo más, algo que construyó con tiempo y con método. “Siempre competí, hice natación, atletismo, llegué a jugar al fútbol en primera en Ituzaingó. En el boxeo me di cuenta de que es más mérito de uno mismo. En el fútbol son once jugadores. En cambio, en el boxeo pasa por uno. Vos tenés que sacrificarte. Podés ser el mejor, el más técnico, el más fuerte o el más aguantador, pero si no te entrenaste, perdés. Aprendí un montón de campeones como la Joya Chávez, Brian Castaño, gente que sabe. Los observé, los miré. Ya siendo grande pensás de otra manera, sos más inteligente”.
Y agregó: “Después que mi vieja se puso a estudiar, me fue dando su puño y me di cuenta que hay que entrenar. Tiré la mitad de mi casa y me armé un gimnasio. Para poder verlos a mi hija Nicole, a mi hijo Lucas, a mi mujer Mela, estar con ellos y de paso entrenar. Y así como armé el gimnasio, vino un amigo, después vino otro, le cobré la cuota y ahora tengo como sesenta pibes entrenando”.
El 18 de julio de 2025, cruzó el país hasta Río Gallegos para pelear por el campeonato argentino wélter vacante ante Nicolás “el Maldito” Jara, el mismo hombre con quien había debutado como profesional siete años antes y ante quien había perdido.
Tenía ofertas para pelear fuera del país. Las rechazó.
“Cuando me dijeron de pelear con Jara, agarré enseguida. Una, porque es un peleador bien bravo; otra porque ser campeón argentino es un orgullo. Y otra porque pelear con los mejores te hace mejor”.
El combate fue táctico y parejo. Jara llegaba desde Tailandia, afilado. Pero Sánchez impuso su ritmo en la segunda mitad y las tres tarjetas marcaron 96-94 a su favor. Decisión unánime. Campeón argentino wélter.
Marcos “Chino” Maidana estuvo en la primera fila.
Un año después, el 25 de julio de 2026, Sánchez volvió a Hurlingham. Esta vez como campeón y ante su propia gente, en el Hurlingham Boxing Club. El rival era Walter Facundo Dávila, hasta esa noche invicto. “Era muy bueno, sabía que era un chabón fuerte”, reconoció Sánchez. “Él quería ganar, él fue a ganar. Lo que pasa es que lo que nadie sabe es cómo yo entreno. Yo sé que no entrena nadie”.
La estrategia fue clara desde el arranque. “Tenía dos opciones: o lo boxeaba, o le iba a la corta y lo llenaba de piñas hasta que se cansara. Me di cuenta que cuando le metía la mano bien neta, me abrazaba. Entonces, donde lo tuviera, lo combinaba”. En el quinto asalto, lo detuvo por KOT.
El cinturón quedó en el barrio. Y Sánchez no ocultó lo que sintió al escuchar su nombre antes de subir al ring. “Cuando dicen Marcelo Rateka Sánchez y salgo y veo a toda mi gente, tenía más ganas de llorar que otra cosa. Estaba contento, sensible. Después, una vez que subí, ya está, me desconozco”.
Maidana volvió a estar ahí, mirando desde el ringside.
Minutos después de noquear a Dávila, todavía con la adrenalina encima, Sánchez habló frente a los micrófonos de CMP (la Promotora del Chino Maidana). No mencionó récords ni estadísticas.
Sino de lo que sigue.
“Ahora queremos ver si podemos ir afuera de una vez, tengo unas re ganas. Pero lo que toque, yo estoy preparado y entrenando todos los días”.
Y con un mensaje claro sobre el legado que quiere dejar: “Primero agradecido con Dios porque él es todo y siempre está ahí para mí. Cada vez que salgo me siento iluminado, muy feliz y contento. Con ganas de lo que se venga, de ir afuera, de romperla, ganar un título internacional, continental y después mundial y festejarlo con toda mi gente y mi familia. Porque de esto se trata. Vamos por un objetivo, pero es amor. Yo gano esto por mí y para todos, y para que disfrutemos todos y para también poder ayudar y dar una mano a la gente”.
La presencia de Marcos “Chino” Maidana —excampeón mundial y desde hace una década al frente de Chino Maidana Promociones (hoy a cargo de su prima Mariana Gómez Maidana)— en sus dos últimas peleas no es un detalle menor. Para Sánchez, es casi un símbolo.
“Para mí es un honor. Un honor que haya estado en mi pelea, un honor que esté conmigo, que me esté apoyando, que me ayude, que me dé una mano. Porque esto es un deporte difícil y si no hay gente como él, no se puede salir adelante”.
También tuvo palabras para quienes lo acompañaron en el camino: “Quiero destacar que nadie nos regaló nada. Ganamos todo solos. Y gracias a Dios hoy está el Chino Maidana. Quiero agradecer a la promotora, a él y a Mariana, y a toda su familia”.

Y después, con la risa todavía fresca, contó un detalle de la noche que lo delató por completo. Escuchó la voz de Maidana desde el ringside gritándole “upper, upper”. Y lo tiró. Y conectó. Y Dávila cayó.
“Quería tirar el upper y le pegué acá y cayó. Tuve suerte”, dijo, riéndose. No podía no hacerle caso a los gritos de su boxeador favorito desde afuera del ring.
Antes de despedirse de una hermosa charla con Infobae, “Rateka” Sánchez dejó un mensaje claro para los que vienen detrás: “Que luchen por sus sueños, que no es tan difícil como parece. Es más fácil de lo difícil que es. Les digo que disfruten y que presten atención a los detalles, que la vida es hermosa y es para vivirla”.
En definitiva, de eso se trata la vida ¿no? De luchar, de caer y levantarse.
Y de soñar en grande. ¿Por qué no?… con ser campeón mundial.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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