POLITICA
Los miedos de Santilli

“Tengo un miedo…”. Así, con ese desparpajo que le permite confundir a sus interlocutores sobre si habla en serio o está bromeando, el flamante jefe de Gabinete le respondió a un interlocutor respecto de las expectativas que había generado su llegada al cargo. Sobre todo, sobre la posibilidad de concretar lo que ahora esperan de él. Tanto dentro como fuera del Gobierno.
Más allá de su desenfado habitual y de su condición de hombre audaz, sabe que tiene dos grandes retos inmediatos para poder cumplir con las expectativas que su llegada (y la salida de Manuel Adorni) abrió. Construir confianza y lograr los recursos (materiales e inmateriales) que necesita para concretar lo que se espera que logre son tanto dos grandes objetivos como dos enormes dudas. A eso remite la frase expresada apenas llegaba el martes pasado a la embajada de los Estados Unidos para participar de la fiesta por los 250 años de la independencia de ese país
En primer lugar, el debutante jefe de ministros necesita construir confianza con actores naturalmente desconfiados, por un lado, o que acreditaron suficientes motivos para ser escépticos, por otro.
Los primeros, que lo están mirando con lentes de precisión, son los hermanos Javier y Karina Milei, quienes han demostrado que no se fían ni de su sombra. Mucho menos, de quienes se subieron a último momento a su barco y tienen historia política, vida propia y vínculos que exceden largamente a su corta trayectoria y su acotado universo de relaciones. La susceptibilidad se agravó con el affaire Adorni, que les produjo un severo daño en su capital simbólico. Ahí encuentra asidero la pregunta sobre el margen de maniobra con que contará Santilli.
Los Milei esperan resultados rápidos en algunas cuestiones primordiales para su proyecto político y de poder. Esos objetivos son la reforma electoral, con la eliminación de las PASO, y acuerdos político-electorales que le despejen a Milei el camino hacia un segundo mandato presidencial. Santilli vendría a ser el CEO de la Compañía Oficial de Pavimentación de la Reelección (COPaR SA). Para eso, además, debe lograr en el Congreso la aprobación de varias leyes clave de orden económico-fiscal. Para eso no basta la capacidad de negociación ni la simpatía.
Ahí aparece el segundo destinatario del desafío de Santilli en la construcción de confianza. Es el universo de la dirigencia política dialoguista, en el que habitan peronistas no kirchneristas y radicales que gobiernan provincias y municipios, así como macristas con y sin territorio.
El problema es que la confianza en el Gobierno de muchos de esos gobernantes y dirigentes ha sufrido, por incumplimientos variados, una fuerte devaluación en el lapso que va del triunfo electoral de octubre hasta hoy. Y, antes, por la estrategia electoral para los comicios de medio término, impulsada por Karina Milei, que incomodó o complicó en sus territorios a varios aliados y colaboracionistas.
Hoy los karinistas dicen haber revisado su perspectiva y afirman que están dispuestos a dejar de lado purismos y aceptar acuerdos, aun cuando ello implique coincidir con sus rivales internos liderados por el (¿ex?) gurú Santiago Caputo y afectar las ambiciones de algunos propios. Por ahora, son palabras.
Ese vínculo complejo con los caciques locales era admitido por el propio Santilli hasta poco antes de convertirse en jefe de Gabinete, en los días en los que recorría el país con mucho para prometer y poco sustancioso para dar que no fueran algunas golosinas para endulzarles la situación a esos actores, pero, en muchos casos, se trataba de insulsos placebos o “chupetines de madera”, como instituyó la corrosiva creatividad de Jorge Asís.
Si bien el flamante jefe de Gabinete asumió con la promesa de que contará con los recursos y los márgenes de maniobra necesarios para cumplir las misiones encomendadas en su entorno y entre quienes conocen la dinámica mileísta, las dudas abundan.
Habrá que ver cómo se llevan las urgencia por los resultados de la fraternidad gobernante con su escasa generosidad con los ajenos y los recién llegados, como Santilli, a diferencia de la candidez y prodigalidad que han demostrado con los que adoptaron en los inicios de su gestión, contratados, especialmente, por la agencia de colocaciones en el Estado “Karina Milei & Asociados”, como Manuel “Cascadita” Adorni, cuya saga sigue apasionando a la audiencia, que no deja de sorprenderse con las insólitas revelaciones que provee a diario.
La reforma electoral asoma como la primera gran valla a superar. El ambicioso objetivo de eliminar las primarias abiertas simultáneas y obligatorias para dificultar las construcciones de alianzas desafiantes suma la complejidad de la pretensión de que se aprueben las listas colectoras.
Se trata de un viejo recurso, otrora usado y abusado por el peronismo bonaerense, consistente en que varias listas a cargos legislativos puedan llevar un mismo candidato al cargo ejecutivo. El propósito es evitar las competencias a la candidatura principal (en este caso, a Presidente) sin generar rupturas y ofreciendo la posibilidad de competir por los cargos colectivos subsidiarios.
“El problema es que los antecedentes de 2025 no ayudan en nada, porque después de que se le prometió a muchos gobernadores a intendentes que no se les iba a armar una competencia complicada y se los iba a ayudar a retener el control territorial, Karina y los Menem les terminaron armando y bancando desafiantes con el argumento de la pureza libertaria”, señalaba hace apenas unas semanas alguien que conoce a Santilli como nadie. Casi lo mismo decía y dice, previsiblemente, Santiago Caputo, que fue derrotado internamente en la disputa por la estrategia electoral. Curiosa coincidencia si se tiene en cuenta que Santilli se afilió a la escudería karinista para emprender su escalada a la cima del gobierno libertario.
“Ahora hay que convencerlos a esos gobernadores o jefes territoriales de que si aportan los votos para aprobar la eliminación de las PASO no se les complicará la situación local y las listas libertarias aportarán a sus candidaturas, así como se les asegurará con colectoras de Milei en lo nacional. Pero no es tan fácil que, con los antecedentes que tenemos, confíen en que al final no los cagaremos y se quedarán con listas sin candidato arriba, ya que la fuerza del postulante principal es la que decide a quienes aceptan”, decían en el Ministerio del Interior, ahora degradado, y coincidían en las oficinas del gurú ubicadas en el primer piso de la Casa Rosada.
En el peronismo dialoguista no parece haber más reparos para dar los votos siempre y cuando se aseguren las efectividades conducentes para mantener el poder territorial, sobre todo a aquellos que empiezan a saborear las mieles de las economías de enclave que propicia y asegura el modelo económico mileísta con los beneficios para la explotación de recursos naturales del subsuelo, pertenecientes a los estados provinciales, que ofrece, entre otras cosas, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).
La pérdida de ingresos por impuestos coparticipables se compensaría con esas inversiones. Tanto en las arcas estaduales, como en el capital (político, obviamente) de los mandatarios. Los emiratos cordilleranos en ciernes exigen garantías.
La mayoritaria presencia en la asunción de Santilli de los gobernadores de esas geografías, así como los de otros estados provinciales dependientes de la asistencia nacional y/o amenazados por opositores locales competitivos, expuso la voluntad de llegar a esos acuerdos que a Santilli se le han encomendado. Pero la predisposición exige de salvaguardas (o cauciones) que el Presidente y su hermana deben refrendar. Desconfiados obligados a confiar mutuamente. Santilli es un fiador, que facilita la posibilidad de alcanzar preacuerdos, a diferencia de su predecesor, pero requiere de firmantes mayores.
Por lo pronto, la hermanísima Karina se ha involucrado directamente en el proceso y prácticamente intervino la relación con el Congreso, más precisamente con el Senado, donde la incomodan dos mujeres con vuelo propio, como Victoria Villarruel, ya identificada en la acera de enfrente, y Patricia Bullrich, que con su independentismo en el caso Adorni dejó heridas difíciles de cerrar, aunque haya compartido brindis (de cumpleaños) con la secretaria general. Habrá que ver si la intervención karinista ayuda o complica a Santilli.
Zonas grises, puntos ciegos
De todas maneras, no todo depende solo de lo que hagan, impidan o dejen hacer los hermanos gobernantes. Siempre hay zonas grises y puntos ciegos. Y la pavimentación de la ruta 2027 depende también de otros actores que hasta acá han mostrado reticencias a cumplir con compromisos políticos asumidos, mucho más cuando no les llega la orden expresa de abrir los corazones (y, sobre todo, los bolsillos).
En este plano asoma el ministro Luis “Toto” Caputo, obligado por Milei y los mercados a mantener el rigorismo fiscal, pero a quien la ortodoxia y las obligaciones no le han impedido algunas discrecionalidades. A él también deberá recurrir Santilli para lubricar acuerdos, apoyos y votos parlamentarios, con la ventaja de la vieja relación que cultivan y los vínculos extrapolíticos (y económico-financieros) que comparten desde hace mucho tiempo.
Por último, Santilli deberá lidiar con uno de los problemas, hasta acá insalvables, del Gobierno, que es la disputa fratricida entre la hermana de sangre y el hermano intelectual del Presidente.
La nueva etapa y la salida de Adorni no cerraron el conflicto, sino que ha reabierto heridas, más allá de la designación del nuevo jefe de Gabinete, que ambos bandos celebraron y que prometía iniciar un proceso de menos tensiones y más acuerdos.
La susceptibilidad del Milei, que naturalmente es elevada, está en uno de sus picos. Dicen que no ha logrado digerir la renuncia obligada de su colaborador y amigo, a quien se negaba a entregar a pesar de todos los dislates protagonizados. Inclusive en el Casa Rosada afirman que le molestó al extremo que Adorni haya carecido del coraje para resistir.
Tal reacción presidencial denotaría una notable capacidad para la creencia en realidades alternativas. El exjefe de Gabinete ya había dado notables muestras de que la valentía para enfrentar adversidades (y verdades) no estaba entre sus cualidades más notables. Tampoco la de encontrar explicaciones que no se contradijeran ni lo desmintieran o complicaran las estrategias para evitar más daños. “Imposible ayudar a quien no se deja ayudar. Hizo todo mal desde que empezó el escándalo hasta el último día”, admitió un estrechísimo colaborador del Presidente.
En ese mar de iras mal canalizadas, disputas internas y desconfianzas sin saldar han vuelto a aparecer en la Casa Rosada versiones sobre nuevas fricciones, entre las que sobresale la mención a algunas incomodidades con los primos Menem, coroneles karinistas.
“Los sirios [sic] están bajo la lupa de Javier, en especial Lule”, afirma un alto funcionario, quien, curiosamente, tiene por terminal principal a la hermana presidencial, aunque se sabe que conserva fuertes vínculos con el santicaputismo. Singularidades de un gobierno excéntrico.
Se entiende que, a pesar de la sonrisa con que los expresa, se advierta algún dejo de seriedad en la admisión de temores con la que juega el nuevo jefe de Gabinete.
Las primeras inspecciones del terreno exponen que la pavimentación del camino a la reelección no será una tarea sencilla para Santilli. Menos por amenazas externas que por la capacidad del oficialismo para autolesionarse. Al menos, por ahora.
el flamante jefe de Gabinete,La Corte Suprema dejó firme el monto del decomiso en la causa contra Cristina Kirchner,Claudio Jacquelin,Diego Santilli,Javier Milei,Karina Milei,Conforme a,Diego Santilli,,Por decreto. Fijan la nueva estructura del Gobierno, con Santilli como jefe de Gabinete con funciones ampliadas y otros puestos claves,,Eliminación de las PASO. De qué se trata la reforma electoral que negocia Santilli con los gobernadores,,En una carta a Horacio Marín. Adorni presentó su renuncia al directorio de YPF
POLITICA
El embajador de EEUU ratificó el apoyo de Trump a la Argentina tras la derrota republicana: “Nuestro compromiso es firme”

Luego de que se pusiera en duda la estabilidad del vínculo entre la Argentina y Estados Unidos, tras la victoria de los demócratas en las elecciones legislativas, el embajador estadounidense Peter Lamelas afirmó que el resultado no alterará la relación bilateral con el Gobierno de Javier Milei.
“Cambian las mayorías en el Congreso, pero no cambia nuestro compromiso con la Argentina”, sostuvo Lamelas en un comunicado publicado este jueves en la red social X, después de que el Partido Republicano, liderado por el presidente Donald Trump, no obtuviera los votos necesarios para mantener las mayorías en ambas cámaras del Congeso.
Pese a esto, el embajador sostuvo: “Quiero transmitir un mensaje claro: nuestro compromiso con la Argentina es firme, estratégico y de largo plazo”.
De este modo, el diplomático enmarcó el vínculo en la sintonía entre Trump y Milei. “Bajo el liderazgo del presidente Donald Trump y junto al presidente Javier Milei, estamos construyendo una alianza histórica basada en la libertad, la confianza y las oportunidades para ambos países”, señaló.

Por este motivo, remarcó que la relación entre Washington y Buenos Aires se sostiene sobre intereses que, según planteó, no dependen de las mayorías legislativas. “Esta relación trasciende los partidos políticos porque responde a intereses fundamentales de ambas naciones”, afirmó.
En este contexto, Lamelas vinculó ese entendimiento con la agenda de inversiones, comercio, empleo y seguridad. “Fortalecer a la Argentina también fortalece a Estados Unidos. Más inversiones, más comercio, más empleo y mayor seguridad para ambos pueblos”, enumeró.
También aseguró que continuará trabajando para que los acuerdos entre ambos gobiernos se traduzcan en medidas concretas. “Mi compromiso personal es seguir trabajando para transformar esta alianza en resultados concretos”, indicó, antes de cerrar el mensaje con una consigna: “¡Vamos adelante, nunca para atrás! ¡Es ahora!”.
El pronunciamiento de Lamelas se produjo un día después de las elecciones de medio término que dejaron al oficialismo de Trump sin el control en el Capitolio. Desde la Casa Rosada habían señalado que el resultado no iba a suponer un giro en la relación geopolítica con Washington, aunque admitieron que podrían aumentar los controles políticos sobre las herramientas de asistencia financiera.

Según explicó el economista Marcelo Elizondo, el nuevo escenario puede acotar el margen del presidente estadounidense en la política interna, mientras que conservaría instrumentos propios en el terreno exterior. “Trump se va a dedicar ahora más a lo exterior”, planteó durante un diálogo en Infobae en Vivo.
A pesar de esto, advirtió que el dominio de los demócratas en el Capitolio podría interferir a la hora de sellar un acuerdo económico con la Argentina. “Si quisiera hacer un acuerdo de libre comercio con la Argentina, debería pasar por el Congreso”, indicó.
No obstante, el especialista diferenció el swap ya aprobado de eventuales recursos destinados a inversiones de compañías estadounidenses. Sobre estos últimos, mencionó anuncios por USD 7.000 millones, con la posibilidad de que el monto ascienda a USD 20.000 millones, aunque remarcó que todavía no estaba claro el grado de aprobación de esos fondos.
Fuentes del gobierno argentino consultadas por este medio ratificaron que el vínculo estratégico con Estados Unidos no está en discusión. Sin embargo, consideran que los demócratas podrían impulsar investigaciones y pedidos de información sobre operaciones previas de apoyo al peso argentino.

El Fondo de Estabilización Cambiaria, instrumento utilizado para ese tipo de asistencia, no requiere una aprobación del Congreso. La principal incógnita pasa por si un Congreso adverso para Trump puede volver más lentas o más exigentes las futuras decisiones vinculadas a la Argentina.
“Trump va a seguir entendiendo a Argentina como una ficha esencial, no solo por su amistad y coincidencia ideológica con Milei, sino también por cuestiones geoestratégicas. En ese punto no nos cambia, según mi punto de vista”, analizaron.
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POLITICA
Milei saludó a Sánchez en la Cumbre Iberoamericana de Madrid y luego atacó al socialismo

MADRID.- Javier Milei volvió a atacar esta mañana al socialismo en su discurso durante la reunión plenaria de la XXX Cumbre Iberoamericana ante la atenta mirada del presidente español, Pedro Sánchez. Aunque con un tono más conservador que en sus anteriores intervenciones públicas en España, el Presidente comparó al socialismo con el fascismo porque “comparten el odio por el libre mercado”, remarcó los logros de su gestión en materia económica y volvió a reclamar la soberanía de las Islas Malvinas.
Milei leyó un breve discurso que comenzó con un repaso histórico por la ascendencia de economistas españoles en los inicios del liberalismo y citó una polémica frase de Salvador de Madariaga y Rojo: “El socialismo es fascista en política. El fascismo es socialista en economía. Ambas doctrinas concentran en manos de una minoría el control de las decisiones y hacen de la dependencia económica un instrumento de dominación política. La máxima fascista: ‘Todo en el Estado, nada fuera del Estado’, describe a los estados socialistas”.
El Presidente apenas se salió del texto que tenía preparado para su intervención. “Esta equivalencia entre socialistas y fascistas no es casual. Comparten el odio por el libre mercado, adoran la intervención del Estado, nacionalizan empresas, regulan la economía, controlan los medios de comunicación y se dedican a esparcir propaganda y adoctrinamiento. Es más: que los fascistas estén a la derecha de la extrema izquierda no hace que dejen de ser socialistas y que alguien que está en la derecha no es extrema derecha, sino que está mostrando la posición de la extrema izquierda”, aseguró.
Para cerrar el tramo más tenso de su discurso, el libertario levantó la vista y remató: “Como dije días atrás aquí acá en Madrid: esta es la pretensión que sigue viva en agendas que se denominan progresistas y que ganan terreno en Europa. Por eso quiero señalar ante los jefes de Estado la responsabilidad que nos corresponde. La libertad se defiende, sobre todo con los límites que cada uno acepta para su propio poder”.
Más allá de las críticas, destacó el resultado electoral de la derecha en varios países de América Latina. “Las últimas elecciones en Chile, Colombia y Perú impulsan una rebelión democrática contra el paternalismo y el abuso de poder. El espíritu liberal sigue vivo y hoy la Argentina demuestra que ese avance es posible y respalda con firmeza a los gobiernos decididos a recorrer ese camino”, afirmó. Luego hizo un guiño a la comunidad iberoamericana al agradecer el apoyo al reclamo por las Islas Malvinas en la declaración aprobada por el plenario.
Un frío saludo con Sánchez
Milei llegó a la cumbre a las 8.50 (4.50 de Argentina), cuando todavía amanecía en Madrid. Frente al Palacio Real, bajó del coche acompañado por el canciller Pablo Quirno y caminó, sonriente, hasta la entrada. Allí lo esperaba el canciller español José Manuel Albares. “Buenos días. Bienvenido”, le dijo, a secas, el funcionario socialista, que se había permitido alguna broma con otros jefes de Estado. “Muchísimas gracias”, respondió el Presidente y le estrechó la mano. El secretario de Iberoamérica, Andrés Allamand, lo acompañó hasta la Galería de las Colecciones Reales, el museo donde se realiza el plenario de la cumbre. Sonriente. Milei posó para las fotos con su traje azul y siguió su camino.
Diez minutos después, atravesó la pasarela de ingreso a la que eran convocados, uno por uno, todos los presidentes. Primero le estrechó la mano al rey Felipe VI y, sonriente, le hizo un comentario. Luego saludó escuetamente a Pedro Sánchez. No detuvo su marcha para hacerlo. A la hora de la foto de familia, el libertario se ubicó en la primera fila, cerca del monarca, entre Allamand y el presidente de Chile, José Antonio Kast.
No estuvo en la inauguración
Milei faltó anoche a la inauguración de la cumbre y a la posterior cena de gala que ofrecieron los reyes de España en el Palacio, a la que asistieron el resto de los jefes de Estado. Fuentes diplomáticas citadas por el diario El País atribuyen el “plantón” de Milei al monarca en un supuesto pedido realizado por la delegación argentina para mantener una reunión bilateral con él que habría sido rechazado por La Moncloa. El gobierno de Sánchez -indicó El País– no consideró oportuno tramitar ese pedido después de los ataques de Milei hacia el presidente español, que hace pocas semanas lo llamó “impresentable dictador” y “corrupto”. Desde Presidencia rechazaron ayer ante haber realizado tal gestión, pero explicaron por qué el libertario no asistió a la inauguración de la cumbre.
A esas horas, el Presidente recibió el hotel a Santiago Abascal, líder de Vox. “Esta noche me he reunido con mi amigo y aliado Javier Milei, presidente de la República Argentina, a quien he agradecido su presencia en la Cumbre Iberoamericana”, escribió el referente de la ultraderecha española en su cuenta de X. Después del plenario, el libertario se reunirá a las 13.30 (9.30 de Argentina) con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Será el último encuentro antes de tomar el ARG01 rumbo a Buenos Aires para preparar la visita a la Argentina del Papa León XIV.
Asistieron a la cumbre los presidentes latinoamericanos de Chile, Bolivia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, República Dominicana, así como los mandatarios europeos de España, Portugal y Andorra. También hubo invitados especiales, como misiones diplomáticas de países asiáticos como India o Turquía. Otros mandatarios asistieron al encuentro fueron el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
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En 1979, entró a la embajada de Estados Unidos en Irán en medio de la toma y tuvo la entrevista más insólita de su vida

Aquella no era una nación que latía con el fervor de una revolución en marcha. Aquello era un caos en el que la vida valía nada y en el que los presagios no hablaban de un cambio luminoso y floreciente que llevara, aún con lentitud, hacia alguna forma de progreso. Al contrario, los augurios decían que en Irán empezaba a suceder lo peor.
Nadie lo sabía entonces, ni podía saberlo, pero fue en aquellos días cuando se cavaron los cimientos del fundamentalismo islámico y de los estados terroristas que actuarían a sangre y fuego en nombre de la religión. Todo empezó con lo que parecía una protesta.
El 4 de noviembre de 1979, hace cuarenta y siete años, un grupo de jóvenes estudiantes, seguidores del ayatolá Ruhollah Khomeini, líder espiritual, religioso y político de la flamante “República Islámica de Irán”, tomó por asalto la embajada de Estados Unidos en Teherán, capturó a noventa personas y mantuvo a cincuenta y dos de ellas como rehenes, porque Estados Unidos había dado asilo y tratamiento médico por un cáncer que estaba a punto de matarlo al expulsado sha de Irán, Mohammed Reza Pahlevi; el ahora exsha había gobernado ese país con mano de hierro durante casi cuarenta años, los últimos doce con el título de emperador.
La toma de la embajada americana, la captura de noventa rehenes, que se redujo a cincuenta y dos después de la liberación de mujeres y extranjeros, no era la protesta de unos muchachones revoltosos y jaraneros, arrastrados por la prometida revolución islámica: habían amenazado con asesinar a todos los cautivos si alguien osaba intentar rescatarlos. Aquello era un disparate, iba de otra cosa.
Tanto fue así, que dos días después de la toma de la embajada, el flamante primer ministro iraní Mehdi Bazargán, un político destacado, un intelectual, un catedrático, un demócrata aún bajo el látigo del sha y el primero de los gobernantes de la flamante república islámica, renunció y se fue a su casa. Esa sí fue una protesta. La aprovechó Khomeini para apoderarse del control total de aquel país en estado de locura colectiva.
Llegué a Teherán como enviado especial (el mejor oficio del mundo) de la revista Gente que dirigía Chiche Gelblung. Voy a disculparme y a lamentar el uso de la primera persona. Lamentar no implica arrepentirse: a casi medio siglo, la memoria no ha borrado ni las escenas, ni los temores, ni los riesgos, ni la espectacularidad teatral de aquellas jornadas que daban paso a un mundo nuevo.
Para entonces, el mundo viejo había empezado a comprender, muy a su pesar, que aquella toma de rehenes era una nueva forma de hacer política que se había iniciado años antes, en 1972, con la irrupción de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y de su grupo guerrillero Septiembre Negro, en los Juegos Olímpicos de Múnich, un ataque que acabó con la vida de once atletas israelíes. Ahora no se trataba de un grupo guerrillero, sino de un Estado que impulsaba y justificaba la violencia en nombre de la religión. Y del petróleo.
Con mi colega, el fotógrafo uruguayo Héctor “Tupa” Carballo, nos adentramos en Teherán ya entrada la madrugada del 24 de noviembre. En el aeropuerto habíamos vivido un anticipo de la locura: centenares de personas pugnaban por salir del país y unos poquísimos raros ejemplares humanos intentábamos entrar; los jóvenes mujaidines, futura Guardia Revolucionaria, revisaban las valijas en busca de alcohol, hasta amenazaron con confiscar algún perfume, como si fuese posible beberlo, y pretendieron creer que los paquetes de rollos fotográficos sin abrir y sin usar de Carballo, podían contener material pornográfico. Una odisea de la prehistoria: la fotografía digital no existía.
El trayecto hacia el Hotel Intercontinental estuvo marcado por otro delirio. Las calles estaban copadas por miles de mujaidines. Las nuevas palabras de un diccionario todavía en embrión, se aprendían rápido: ayatolá, imán y mujaidines que impulsaban la, yihad; yihad significaba el esfuerzo espiritual para alcanzar una meta.
Ese esfuerzo podía estar sostenido por las armas, de modo que un mujaidín era un combatiente islámico. Eran mujaidines quienes habían asaltado la Embajada, quienes decían enfrentar a los tres grandes enemigos de Irán: el exemperador, Estados Unidos y su presidente, James Carter, y quienes en la alta noche tomaban por asalto los grandes supermercados del centro de Teherán, todos con impronta occidental.
Actuaban en bandas desatadas, impunes y gozosas; se apoderaban de todas las botellas de alcohol que encontraban a mano o en los depósitos y las estrellaban luego contra el asfalto. No tocaban otra cosa, no robaban nada porque la ley islámica es implacable con los ladrones, pero festejaban con alaridos y consignas revolucionarias el mar de cristales que desbordaban las principales avenidas. El primer recuerdo olfativo de Teherán era el olor a alcohol.
¿Cómo había llegado Irán a ese caos? En el antiguo y orgulloso imperio persa había pasado de todo. Pahlevi, aliado de Estados Unidos y de Gran Bretaña en aquel volátil mundo del petróleo y las ideas, había llevado adelante un gobierno signado por la desigualdad social y las promesas incumplidas.

Eso siempre es fatal para cualquier gobierno. Bajo un plan de reformas llamado “Revolución Blanca”, había instrumentado ciertas reformas; algunas, como la expropiación de latifundios, no pasaron de ser promesas; sancionó el voto femenino, otorgó mínimas mejoras a las clases sociales más bajas, muchas otras mejoras también se quedaron en promesas, y trató de modernizar aquella nación que parecía detenida en el tiempo en un mundo que cambiaba por horas.
También promovió e impuso cierto laicismo en una sociedad de inocultable adhesión al Islam. Pahlevi también recurrió a la violencia, la persecución, la tortura y el asesinato de sus opositores, sostenido por unas fuerzas armadas fieles, aunque también volátiles, y una policía uniformada o secreta siempre brutal e impune.
Del mar de petróleo que Irán negociaba con el resto del mundo, de sus enormes regalías por la exportación, los iraníes no vieron un peso incluso luego de que, en los años 70, el precio del barril se disparara y el mundo entero quedara escaldado después de la primera gran crisis petrolera.
En el Teherán paupérrimo, el cuarenta y dos por ciento de sus habitantes no tenían casa, ni servicios esenciales: salir unos pocos kilómetros de la capital era hacer una excursión al medioevo; el imperio tenía los peores índices educativos y los más altos de mortalidad infantil entre los países de Medio Oriente.
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