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CHIMENTOS

Marcia Frisciotti, la mujer detrás de Pochi de Gossipeame, habla de su vida antes de la tele, la amistad rota con Wanda Nara y su época de soltería: «Yo era bravísima, pero nunca salí con un famoso, no les debo gustar»

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Tras varios meses intentando coordinar agendas entre trabajo, maternidad, eventos, amigos y un entrenamiento que, para ella, es innegociable, Marcia Frisciotti —tal como figura realmente en su DNI— finalmente puso día y horario y se acercó a la redacción de Atlántida para participar de la sección A solas con Paparazzi.

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“Después del programa (Puro Show, en El Trece) aprovecho para hacer cosas de madre. Y estoy a full con el gimnasio: eso no te lo cancelo por nada porque donde no te cumplí dos veces, lo abandono”, se sincera. Una vez en el estudio, micrófono mediante, Pochi se dispone a hablar de todo y de todos. Será una charla íntima, relajada y sin demasiados filtros, donde contará cómo era su vida antes de desembarcar, casi por accidente, en un mundo que jamás había imaginado como propio, y posible: el de los medios.

Su historia tiene varias vidas dentro de una misma. Pasó de ser una chica criada en un ambiente acomodado, alumna de un colegio irlandés bilingüe, a vivir en distintos lugares del mundo acompañando a su pareja, convertirse en madre joven, involucrarse en el negocio inmobiliario y tener su propio showroom. Hasta que, en plena pandemia, apareció una nueva versión de ella: la chimentera de las redes sociales que terminó convirtiéndose en una de las panelistas más reconocibles de la televisión.

Así, Pochi, la creadora de Gossipeame que irrumpió en las redes y terminó ganándose un lugar en la pantalla, abre su historia personal y muestra quién está realmente detrás del personaje que llegó casi de casualidad, pero con todo lo necesiario para quedarse.

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—¿De repente le agarraste el gustito al gimnasio o venías haciendo de antes?

—No. No me gustaba mucho el plan gimnasio, y hace siete meses conocí a este profe y me enganché. Entonces intento cumplir, sí o sí. De hecho, todo el mundo me detesta porque es un horario que yo no muevo por nada en el mundo: siempre salgo al canal y lo hago, porque si hago otra cosa antes de ir, ya está. Me perdí en el medio con un bizcochito o algo.

—Es un presente muy afortunado. Estás trabajando, dando notas, participando en programas. ¿Cómo los estás viviendo? Porque tu nombre fue una explosión, hasta disfrutar de un montón de cosas dentro del medio. 

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—Estoy muy contenta con Puro Show, con ser parte de un proyecto que arrancó de cero. Lo siente como más propio. Nos está yendo cada vez mejor. Era un programa para tres meses, para el verano, y enganchó bien y gustó, y fuimos renovando. Aprendo mucho de Pampito, de Fer (Iglesias), de Angie (Balbiani), de todos. Disfruto un montón. Nunca había planeado ser parte de los medios, en mi vida había pisado un canal de televisión, entonces fue como que esto me encontró más a mí, no es que yo lo estaba buscando. Y cuando lo encontré, dije: «¡Ah, esto me encanta! Me sale fácil, me gusta, me divierto, lo disfruto». Me encanta lo que estoy haciendo.

Pochi, en Paparazzi.

—Hoy Pochi es una marca registrada. ¿Ya hay que sacar el «…de Gossipeame»?

—No. Todavía hay mucha gente… De hecho me río porque un día Beto Castella me dijo: «Parecés la mujer de Gossipeame». Es verdad: me siguen diciendo Pochi de Gossipeame. Ese nombre y «La No Noticia» son las dos marcas registradas de mi cuenta.

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—¿Y qué significa para vos este Pochi de Gossipeame? 

—En realidad puse Gossipeame porque una amiga un día me dice: «Hacete una cuenta de chismes». A mis amigas no les importaba el chisme, pero les divertía mucho cuando los contaba yo. Venía tipo: «¿Se enteraron que tal cosa?». Ellas no tienen ni idea, pero si yo lo contaba, les parecía atractivo. Aparte, yo siempre estaba en entornos donde me llegaban chismes. Lo hice. Por eso se llamó Gossipeame: porque yo no quería aparecer. Y no aparecí hasta que no me senté con Ángel (de Brito) en la tele. O sea, nadie sabía quién era yo, no me mostraba, tampoco mi nombre. Y Pochi me decía mi papá.

Pochi, en LAM.

-Sos una chica de alta sociedad, y el Pochi te baja un poco más a tierra. 

-Sí, porque Pochi me decía mi papá, de cariñosa. Pocha, Pochi, Pochita, tengo un montón de sobrenombres en realidad. Otros amigos me dicen Mavi, otros la Griega, tengo mil formas de decirme. Mi nombre es Marcia y me encanta; es raro conocer Marcias. Y en realidad yo arranqué con el Pochi porque no quería aparecer yo, no quería que supieran que era yo, en realidad. Mi nombre artístico.

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—¿Quién es Pochi en realidad?

—Soy tal cual me muestro. No cambio nada de lo que soy. La que se ve en la tele o cuando me tratan fuera de cámara, es siempre la misma. Siempre fui medio un personaje: me gusta joder, reírme, hacer chistes, y me puedo calentar, y me gusta mover mucho las manos, hacer caras. Pero no soy muy diferente de lo que se ve: soy la misma.

—Antes, ¿a qué te dedicabas, qué hacías? 

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—Fui a un colegio irlandés bilingüe. Estudiaba inglés y francés. Era un colegio más tipo «tenés que ser empresaria, contadora, economista, médica», más ese estilo de educación. Y estudié Administración de Empresas en la UBA. Viví afuera con el papá de mis hijas, trabajé en el rubro inmobiliario, tuve proyectos propios, como un showroom de ropa. Era muy busca. Y bueno, cuando esta amiga mía me dice: «¿Por qué no te hacés esta cuenta?», era más de reírme, antes que pensarlo como una profesión o formar parte de… Siempre digo que entre El Trece y Ángel me descubrieron, me despertaron un bichito que no sabía que estaba ahí. Porque hay chicos que dicen: «De chiquita hice la cola, mi mamá me llevó y fui acá». Y no, en mi familia nunca sucedió eso. 

—Es difícil llegar, pero todavía más mantenerse. Y vos pudiste. O sea, algo tenías, y tenés.

—Sí, sí, claramente sí. Eso siempre lo supe. Siempre tuve en claro que mi foco era la información, la primicia, que ese iba a ser mi camino para mantenerme. En mi familia, fue medio juzgado el tema. Alguien de mi familia me dijo: «¿Pero cómo que te vas a dedicar al chisme? Si vos hiciste una carrera, tenés idiomas…». ¿Viste que siempre tienen ese prejuicio? De hecho, me acuerdo que esa situación fue en los 15 de mi hija. Pero mi familia se lo tomó rebien, vieron que lo disfrutaba, que era buena, y me vieron feliz de verdad. En otros laburos me pasaba que era: «Uff, tengo que ir…». Y en esto, no hay un día que yo no lo haga.

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Pochi, en Japón.

—¿Ya estabas con tu pareja actual cuando arrancaste?

—Sí, sí.

—Hace unos meses, en una historia contaste que Japón que te traía recuerdos.

—Sí, estuve viviendo medio año en Japón con el papá de mis hijas. Yo era joven, tenía 22, 23 años. Todavía no estaban mis hijas. A mi hija más grande la busqué cuando, después de ahí, nos fuimos a vivir a Francia: ahí quedé embarazada. Era jovencita. 

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—O sea, en ese momento relegaste un poco. ¿Qué hacía tu ex?

—Estaba en una empresa de sistemas. Sí, yo era una «botinera de sistemas», digamos. Yo trabajaba y estudiaba, me iba re bien, y él un día me dice: «Tengo un proyecto, irnos a vivir a China». Pero él tenía un intermedio de irse a Japón, y allá les encantó cómo trabajó, así que nos quedamos en Japón. Ahora ves que la gente va toda a Japón, y yo te hablo que esto fue hace 21 años, cuando no veías a un argentino en Japón. Ahora sí hay gente.

Pochi fue mamá joven.

—Y fuiste mamá joven. 

—Sí, a los 24 años. Y hasta los 30, tuve a mis tres hijas. No era Susanita de querer casarme, pero no sé por qué se me había metido que quería ser mamá joven. Tal vez porque mi mamá me tuvo a los 40 años y entonces, yo quería ser más joven. El papá de mis hijas era más grande que yo y le dije: «Che, ¿por qué no probamos?». Y bueno, en un mes quedé embarazada. Y fui refeliz. Después retomé mi carrera, la terminé, entre medio de cada hija.

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—¿Cuánto tiempo duró esa historia de amor con el padre de tus hijas? 

—11 años. En realidad, el papá de mis hijas es el hermano de mi cuñado, o sea, mi hermana está casada con el hermano de él. Ellos están juntos desde que yo tengo 10 años y tienen cuatro hijos, y yo me enamoré a los 19 de él. Quedó todo en familia. Y bueno, después sucedieron cosas de la vida y nos terminamos separando cuando yo tenía 33 años. Ahí salí de joda, conocí un montón de gente. Si hubiese sido en esa época que yo estaba en la tele, todos los fines de semana hubiesen tenido un chisme, te digo, porque yo era bravísima. Me divertí un montón. 

—¿Estuviste con muchos famosos?

—No, famosos nada, nunca. ¿Sabés que a mí no me escriben? O sea, no soy una cuenta que pone… No me hago la sexy, o sea, pongo foto del look y un chisme. Y me parece que invitás más a que te hablen los famosos cuando te haces más la linda, la sexy. Bueno, yo a veces digo: «No les debo gustar, no debo ser atractiva».

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—O a veces tienen miedo…

—Puede ser. Pero nadie, nunca. Previo a que tenga mi cuenta, caí de casualidad en el cumpleaños de un futbolista, o he conocido actores en fiestas, o gente, me he cruzado con gente famosa, pero nunca nadie me tiró onda.

—¿Y ahora, cuántos años en pareja? 

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—Unos años. Pero quiero preservar. 

—¿Sos celosa? 

—No, no soy tan celosa. De hecho, soy bastante abierta. Por ejemplo, no creo en la fidelidad. No me gusta que me digan «yo solo tengo ojos para vos» y que después, te enteres de otras cosas. Eso no me gusta.

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—¿Tenés algún permitido?

—Si tuviera que elegir de acá, (Nicolás) Otamendi de River. Me encanta. Soy fanática de River. Pero no, ni lo pienso. Y de afuera, siempre Ryan Gosling. Mirá, de chica no fui de tener posters, no fui fanática de ningún actor, de ninguna banda, de nada. Soy muy virgo, chicas. Virgo es como todo terrenal, todo un embole, ¿viste? No hay como mucha cuestión así, de permitidos y todo eso.

—Muchas mujeres pasan por el quirófano para ponerse busto. En tu caso fue al revés.

—Chocha de la vida. Nunca me había hecho cirugías. La única que tenía la cesárea de mi tercera hija. Y la tele te requiere mucho vestuario y me veía en cámara y no me gustaba. Era «Adelaida, la de las tetas caidas«. Había amamantado a mis hijas, siempre tuve mucha lola y ya me estaba molestando, y quería poder estar sin corpiño. Entonces tomé la decisión de levantármelas y achicar un poco, porque tenía mucho como para que queden más estéticas. A mi vestuarista, a Moni, la volví loca: «Bancame a que me opere y ya después me pongo lo que vos quieras». Y fue un antes sin después, lo súper recontra recomiendo. Yo la había dudado un montón y me encantó. Me quedó espectacular.

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—¿Te preocupás mucho por la estética?

—Hoy sí, antes no. Hay algo que yo no entendía de la gente que estaba en la tele: todo el tiempo nos estamos viendo a cámaras, y antes no estaba todo el tiempo mirándome al espejo, sacándome fotos. Ahora, tenés que sacar foto del look, foto de esto… Entonces, me empecé a fijar más. No hago grandes cosas. O sea, voy a la peluquería.

—¡El pelo lo tenés divino!

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—Sí, bueno… Se cagaba de risa ella. Me estoy lavando con detergente. Me quedaba grasoso y me dijeron: «Lavate con detergente», y la verdad es que no sabés qué bien. En la bañadera, taca, taca, taca, y le doy dos primeras manos con detergente y después un shampoo. Voy mucho más a la peluquería, a la cosmiatra a que me limpien la cara, porque no soy de maquillarme y ahora, todos los días estando maquillada… Sí, mirás un poquito más.

Pochi, con el equipo de Puro Show.

—¿La mejor y peor panelista de la tele?

—La peor de la tele: Naiara Vecchio. Y la mejor: Fernanda Iglesias, sin duda. Es que Yanina Latorre hoy es conductora, pero Fer Iglesias la rompe por la información que lleva. Y Naiara no sé si es mala, pero siento que se quedó muy en «Wanda, Wanda, Wanda», y ese sesgo es como que no ayuda. 

—¿Pensás que Fer disfruta un poco cuando traen chimentos que van en contra de Yanina? 

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—No, no. No es porque es mi compañera, pero Fer es súper variada y eso me encanta de ella. O sea, podés hacer una nota, un chimento… 

—¿Es una de las panelista que sos más amiga?

—Soy muy amiga… Bueno, Caro (Molinari) ahora se fue a la LAM; también soy muy amiga de Angie Balbiani. Y con Fer estoy forjando una amistad. Sí, la quiero mucho. Y laburamos muy bien juntas. O sea, yo me río cuando dicen un montón de cosas de Fer porque la verdad que yo nunca lo viví. Pampito es amigo también, lo quiero un montón. Con Nancy Duré tengo la mejor de las ondas, pero por ahí no soy tan cercana, ni con Mati Vázquez. Pero con el resto sí hice más una amistad. 

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—¿Cómo ves el hecho de que se pueda romper la dupla Rodrigo Lussich y Adrián Pallares?

—Ah, me parece espectacular. Entiendo que, en la profesión, hay momentos que uno cumple ciclos y hay que tener nuevos desafíos porque si no, te quedás en lo cómodo y puede ser aburrido. Así que me parece bárbaro de Lussich. Un día le dije: «A veces te escucho y me río mucho con vos». ;e divierte.

—En su momento estuviste con Yuyito González en la tele y viviste los comienzos con Javier Milei.

—Todo el primer año de relación.

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—Dicen se lo robó a Fátima.

—Nadie le roba nada a nadie. Es una estupidez decir eso. Sino pobre hombre él, víctima, ¿viste? Nadie le roba nada a nadie. Yuyito es una mujer hermosa, Fátima también, y bueno, nada, le habrá quedado como el pendiente a Milei y la vio. Y bueno, yo qué sé. Le gustó. Y Yuyito…

—¿Seguís hablando con ella? 

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—No. No, no me hablo con Yuyito. Si la cruzo la saludo, fuimos rebuenas compañeras, tengo buen recuerdo.

—¿Cómo está hoy la relación con Wanda? ¿Te traicionó?

—Con Wanda sucedió que hablábamos mucho por cuestiones de chismes y en un momento empezamos a hablar mucho más. Yo la aconsejaba. Lo que aprendí por Wanda es muy difícil ser amigo del famoso y en este Boca-River que se arma entre Wanda y la China y Mauro Icardi, perdés objetividad cuando tenés mucha cercanía con el famoso. Entonces se termina entremezclando todo porque la persona sabe tus cosas, vos sabés cosas de la persona, perdés objetividad, la gente piensa: «Ah, claro, sos team Wanda porque te llevas bien con Wanda». Nos distanciamos ya hace rato. No es que me traicionó, me parece que no estuvo bueno lo que dijo de mi hija porque era algo que yo le había contado, preocupada por las de ella, en una intimidad. Porque yo tampoco había dicho nada grave: creo que ya estaba desbordada en la situación y me tiró con eso. Mi mayor preocupación siempre fue mi hija porque no es una persona pública: yo no muestro a mis hijas, no hablo de nada ni nadie, ni cuento en que estoy. Entonces me preocupaba mucho más la salud mental de ella. El otro día le decía a mi hija: «Mirá si Wanda contaba esto en otro momento donde vos estabas mal…». Me dice: «Má, yo ya no puedo pensar con la cabeza de ese momento», y a mí eso me dejó tranquila.

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Pochi con Wanda Nara, en los días de amistad, y junto a L-Gante y Majo Martino.

—¿Y hoy, cómo está tu hija?

—Está rebien. Es increíble lo bien que está. Pero fue un laburo donde ella estuvo dos meses internada. La salud mental para mí es hoy una bandera por todo lo que pasó con mi hija. Con los adolescentes, uno va aprendiendo en el camino: no entendés si es la adolescencia, si efectivamente está pasando una depresión, no entendés cómo funciona la salud mental, cómo son las internaciones, hasta qué punto tiene que llegar una persona. Yo he tenido acompañantes terapéuticas en mi casa, dos chicas, por el miedo a que… no sé, que sucediera algo. De hecho lo que sucedió, sucedió en un contexto donde estábamos porque yo no la dejaba un minuto sola. Pero ella está rebien, que es lo importante: si vos encontrás buenos profesionales, das contención, actúas rápido… Yo crecí un montón como mamá y estoy sumamente agradecida y orgullosa de mi hija. Cuando terminó saliendo este tema, por suerte con ella ya siendo mayor de edad, me pidió que hable: estaba enojada. Porque (Wanda) daba a entender: «Contá cuando tu hija estuvo internada». Entonces quedaba raro, por qué había sido y qué había pasado. Mi hija me dijo: «Yo estoy bien. Contalo, le puede servir a gente». En el fondo, te juro: no hay mal porque por bien no venga.

—¿Alguna asignatura pendiente?

—En mi vida tengo un montón. Tengo una listita en mi celular. La voy a leer: conocer África, estar en estos lugares que cuidás monos, elefantes y te quedás un tiempo; nadar con delfines en libertad, no en una reserva; ver orcas salvajes, auroras boreales. Y una que puse es «conocer a mis nietos». Reromántica. En la tele, un camino largo por mejorar.

—Por último, ¿qué le diría Pochi a la Marcia Frisciotti de hace 20 años?

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—La Marcia de 20 años cambió mucho, porque estaba con el papá de mis hijas, que era el proveedor. Y (le diría) que vaya por sus sueños siempre, que nunca afloje. Siempre se lo digo a mis hijas: la independencia económica e ir por lo que a uno le gusta. Que nunca nadie te diga no. No seas tímida y no desconfíes de vos y de tus capacidades. Divertite, insistí. En algún momento, alguien te va a ver.

Pochi, o Marcia Frisciotti.

 

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Pochi de Gossipeame, A solas con Paparazzi

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CHIMENTOS

El aterrador dato que Valentín Yankelevich ocultó en su declaración sobre la violencia y el maltrato de Darío Giordano, su papá: “Cuando Cris Morena lo va a buscar, lo golpea y arrastra a la salida del colegio”

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Las declaraciones de Valentín Yankelevich -el hijo de Romina Yan- sobre los episodios de maltrato y violencia que vivió con su padre, Darío Giordano, sumaron un nuevo capítulo. En las últimas horas, Tatiana Schapiro compartió una situación puntual que la impactó por completo y que no apareció en la entrevista que le hizo al joven de 23 años.

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La revelación ocurrió este sábado en La Noche de Mirtha, el programa que sigue bajo la conducción de Juana Viale mientras Mirtha Legrand sigue su recuperación. Durante la charla, Schapiro remarcó un hecho que no se lo había contado Valentín durante la entrevista, pero que sí figuraba en las declaraciones judiciales de él y de su hermano Franco.

“Hay un episodio que a mí me impactó, que no me lo relata a mí Valentín en la nota, pero está en ambas testimoniales, de Valentín y Franco”, comenzó diciendo. Cabe recordar que la periodista fue quien habló con Valentín en aquella entrevista donde contó por primera vez los golpes y la violencia que recibió de su padre durante años cuando apenas era un niño y tras la trágica muerte de Romina.

Luego Tatiana describió la situación a la que hacía referencia: “Es a la salida del colegio, un día que Cris Morena lo va a buscar, cómo (Darío) lo golpea y lo arrastra a la salida del colegio”. Un episodio súper agresivo y que suma mucho más dramatismo a lo que vivieron Valentín y Franco en su infancia. Esta situación no figura en la entrevista pero sí aparece en la declaratoria judicial.

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EL EPISODIO BISAGRA EN LOS MALTRATOS QUE FRANCO Y VALENTÍN YANKELEVICH RECIBIERON POR PARTE DE SU PAPÁ

Por otro lado, Schapiro remarcó las consecuencias que tuvo aquel momento en la familia: “A partir de ese día las cosas cambian”. La periodista vinculó ese episodio con el conflicto familiar que se desarrolló tras la muerte de Romina en 2010. Según lo que relató Valentín, después de perder a su mamá atravesó situaciones de violencia física y psicológica por parte de Giordano, su padre.

La historia de Valentín también involucra a sus hermanos Franco y Azul. Tras años de maltrato y situaciones tan traumáticas como indignantes, los hijos varones de Romina lograron quedar bajo el cuidado de Gustavo Yankelevich, su abuelo. Fue allí donde empezaron a tener otra vida, lejos de los golpes de su papá y recibiendo ese amor y cuidado que tanto necesitaban.

Por supuesto, detrás de todo hay un proceso judicial donde Yankelevich logró quedarse -después de largos años de procesos legales- quedarse con la tenencia de Valentín y Franco. Por su parte, Azul, de quien advirtieron que nunca fue violentada por su papá, siguió viviendo en la casa de Giordano. El testimonio que se destapó la última semana generó conmoción absoluta dentro del mundo del espectáculo, y todavía siguen conociendo más y oscuros detalles al respecto.

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Valentín Yankelevich, Darío Giordano, Tatiana Schapiro

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CHIMENTOS

El director Martín Saban reflexionó sobre el presente la ficción argentina: “Contar nuestra cultura es una obligación”

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Escenas dramáticas de la telenovela argentina Padre Coraje

En una noche de reunión entre actores y guionistas argentinos en Madrid, Martín Saban dialogó con Teleshow sobre su trayectoria al frente de algunas de las ficciones más recordadas de las últimas décadas. Con una carrera que incluye Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV, Violetta y Soy Luna, el director habló de las tensiones del rodaje, la confianza con los elencos y la necesidad de que Argentina vuelva a producir sus propias historias.

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Su relato estuvo atravesado por la memoria de una televisión hecha a contrarreloj, con jornadas extensas, grandes repartos y decisiones que debían tomarse en segundos. También por una convicción que mantiene intacta: la ficción local necesita sostén, trabajo y nuevas oportunidades para que sus técnicos y artistas puedan seguir creando en el país.

En Hombres de honor, Saban tuvo que resolver escenas con un elenco muy amplio y apenas dos cámaras. Allí, explica, la dirección también implicaba administrar los primeros planos y generar confianza en los intérpretes. “Tenían que confiar en que ese plano corto estaba en determinado personaje por una razón y que después todo se iba a equilibrar”, recordó.

Martín Saban: «La falta de presupuesto y la exigencia del tiempo constituyen las principales dificultades en la dirección de ficción»

—¿Qué es lo más difícil de dirigir?

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—Mantener la templanza. Todo lo que pasa a tu alrededor, desde que recibís el primer guion, tiende a sacarte de tu eje. El ejercicio es que eso no pase hasta el último día de rodaje. Siempre ves cosas que querés hacer de otra manera, pero no hay presupuesto. La pelea es por presupuesto y tiempo.

—¿Cómo convivís con la presión de producir rápido?

—La respuesta es: “Rápido sí, pero bien”. Después hay otro trabajo, que es el vínculo con el actor. Eso requiere mucha sabiduría, mucha templanza, saber escuchar, entender al otro y saber de dirección de actores.

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—¿Qué lugar ocupa el ego en un elenco?

—Tiene una parte buena. El actor quiere que se luzca lo que tiene para dar porque lo trabajó y tiene una intención. Es lógico. El trabajo del director es encontrar un equilibrio y entender cuándo una propuesta mejora la escena. A veces es superadora, pero el tiempo no permite desarrollarla.

Entrevista al director Martín Saban
Martín Saban repasó su trayectoria en producciones televisivas como Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV y Soy Luna

—¿Alguna vez defendiste una escena frente a la producción?

—En Padre Coraje negocié toda una tarde para hacer una sola escena. Era una escena de seducción entre Negro Vallejos, Leonor Benedetto y Luis Machín. Había una sensualidad amorosa entre los tres y fue muy trabajada con los actores. (La anécdota remite a la tira de época de 2004 protagonizada por Facundo Arana y Nancy Dupláa, que reunió a un elenco con Leonor Benedetto, Luis Machín, Raúl Rizzo, Carina Zampini y Nora Cárpena, entre otros).

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—¿Los actores aceptaron enseguida esa búsqueda?

—Estaban fascinados. Cuando un director llega con una propuesta que mejora una escena, el actor la entiende y la agradece. He llegado con modificaciones bajo el brazo y las he pasado casi en secreto para que nadie me matara por el ego del escritor. Pero decía: “Esto es lo que puedo defender, hagámoslo”.

Entrevista al director Martín Saban
Martín Saban repasó su trayectoria en producciones televisivas como Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV y Soy Luna

—¿Qué te dejó trabajar en Disney?

—En Disney todo está muy hablado, muy fiscalizado. En el final de la primera temporada de Violetta había un gran musical y se pedía contar dos o tres parejitas. Pero algunas de ellas no iban a estar en la temporada siguiente. Yo sentí que había algo más importante: el papá de Violetta, que se había opuesto durante toda la temporada a que su hija fuera artista, la veía brillar arriba de un escenario.

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—¿Qué propusiste?

—Le pedí a Diego Ramos, actor argentino que interpretó al padre de Violetta, que, al final de la canción, abrazara a su hija y le diera un beso en la frente. No estaba escrito. Le dije: “No me preguntes ni cómo ni por qué, porque no tengo respuestas. El programa necesita esto”.

Primer plano de Diego Ramos y Tini Stoessel posando para una selfie. Ramos sonríe a la izquierda, y Stoessel guiña un ojo y frunce los labios a la derecha
Diego Ramos y Tini Stoessel celebran el éxito de Violetta

—¿Cómo fue la devolución?

—Cecilia Mendoza, responsable de desarrollos de Disney, me contó que hicieron un grupo de opinión y que ese había sido uno de los momentos clave de la temporada. Ahí uno aprende que hay que mirar el relato completo y encontrar dónde los chicos van a empatizar con los personajes.

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Trailer Oficial de la ficción Atav 2, dirección Martín Saban

—¿Por qué decidiste ser director?

—No lo sé. Cuando hago una mirada retrospectiva, me doy cuenta de que dirigí por primera vez a los diecisiete años. Era muy tímido y no quería pasar al frente en el secundario. Había una cámara VHS en mi casa y se me ocurrió hacer un noticiero como trabajo práctico.

—¿Cómo fue?

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—Dupliqué a un compañero para que parecieran dos gemelos dando las noticias, uno de cada lado de la pantalla. Tuve que sincronizar todo y editarlo. Era 1989. Hoy uno edita desde el teléfono, pero entonces era la prehistoria de todo esto. Nunca paré. (Después de ese experimento, Saban inició su recorrido como asistente de cámara en La marca del deseo y más tarde trabajó como camarógrafo en Verdad consecuencia, el primer unitario de Pol-ka).

Alejandro Awada
Hugo Arana y Alejandro Awada. Awada hacía a Felipe en Verdad consecuencia y tenía una profundidad muy particular.

—¿Qué actores te impactaron desde la cámara?

—Hugo Arana y Alejandro Awada. Awada hacía a Felipe en Verdad consecuencia y tenía una profundidad muy particular. Desde la cámara yo tenía que anticipar cómo se iba a mover. Un buen camarógrafo intuye cómo se va a mover el actor.

—¿Y con Hugo Arana?

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—Una vez lo vi encontrar el tono de un personaje borracho que hacía en Cybersix. Estábamos charlando y, de repente, vi que empezaba a encontrar ese estado. Cuando el director dijo “acción”, él ya estaba en el punto justo. Eso es compromiso. Ahí la cámara ama al actor.

—¿Cómo dirigís hoy?

—Me gusta trabajar muy cerca de los actores. Antes estaba desde el switcher y muchas veces intervenía, cortaba y volvíamos a empezar. Ahora, con los monitores al lado del set, puedo estar más cerca. Eso permite explorar, experimentar y pedir algo más.

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—¿Recordás alguna escena reciente que sintetice esa forma de trabajo?

—En Soy Luna hicimos una escena con Karol Sevilla y Carnaghi. Se nos iba el sol en Puerto Madero; era invierno y quedaba un minuto y medio de luz. Él estaba inseguro con la letra, dejé los monitores, me tiré al piso con el guion y dirigí la escena desde ahí. Lo miraba a los ojos, le daba la frase y él hacía su oficio como los dioses.

PORTADA - Entrevista al director Martín Saban
El director Martín Saban junto a Karol Sevilla, en Soy Luna

—¿Qué te lleva ahora a España?

—Después de más de 30 años volví a ser freelance. Estoy proyectando mi carrera como director creador. Creé una serie, Sé tú misma, que ganó el Martín Fierro a mejor serie musical infantil. También vine con una película, A la vez, que estoy buscando financiar y coproducir.

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—¿Argentina sigue siendo tu base?

—Sí, por ahora estoy basado en Argentina, pero abriendo el juego a México y a España, donde hay más producción. Ojalá vuelva pronto la producción fuerte en Argentina y la gente se acostumbre de nuevo a ver ficción en televisión.

Así arrancó ATAV por Canal Trece

—¿Qué responsabilidad tienen hoy los directores argentinos?

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—No solamente buscar trabajo afuera, sino acompañar a que se genere trabajo en Argentina. Hay técnicos muy buenos que no queremos que se vayan a vivir a Uruguay, Paraguay o España. Tenemos la responsabilidad de seguir generando historias, conseguir financiación como sea y contar nuestra cultura como sea. Es fundamental.

—¿Esperás apoyo institucional?

—Más allá de cualquier mirada partidaria o del gobierno que sea, nuestra obligación es esa. Si hay apoyo, mejor. Pero tenemos que hablar para que eso suceda. Si nos quedamos callados, esto desaparece. Cuando queramos hablar, puede ser tarde.

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CHIMENTOS

A corazón abierto, Matías Alé habla de los años de vértigo, el delirio místico y la oscuridad, pero también de su renacer, su casamiento y su presente: «Vivo totalmente al día»

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«¿Qué le dirías a que eras 20 años atrás?». Matías Alé piensa. Sabe —como dice— que «todo pasa rápido, que la vida es un tobogán». Y que dos décadas atrás «estaba grande y ya había perdido a mi viejo». Entonces, este Matías de 49 años propone retroceder algo más, para hablarle a aquel que estaba dejando la adolescencia, y que tenía por delante todo un mundo por explorar.

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«Le diría: ‘No dejes de ir a comer un domingo con tu viejo. Dejá de preocupar por el futuro. Escuchá más, asesorate en cuanto a guita. Cuidá la salud, entrená. Rodéate de gente que te quiera de verdad’. Pero también me felicito a mí mismo. No tengo representante, ni padrino, ni sponsor. Ni padre. Nadie me ayuda. Me caí y me levanté 20 mil veces. Me despierto solito a las 7 de la mañana, le pongo huevo a la vida. Me abrazo y felicito. Quien me ayuda como yo, nadie lo hizo».

Este A solas con Paparazzi comienza por el final, en la última respuesta de una entrevista que bien podría resumir la historia de un hombre que vivió varias vidas en una. Porque Matías Alé conoció las mieles del éxito, protagonizó algunos de los romances más mediáticos de la farándula argentina y supo ser uno de sus galanes más codiciados.

Tras una década junto a Graciela Alfano y noviazgos con figuras como Silvina Escudero, Andrea Estévez y Sabrina Ravelli, llegó su casamiento con María del Mar Molar. Pero en pleno auge profesional, entre temporadas teatrales, presencias y programas de televisión, su vida dio un vuelco inesperado: un brote psicótico que derivó en una internación, el final de su matrimonio y un largo proceso de recuperación, en el que contó con el apoyo incondicional de su madre.

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Lejos de rendirse, volvió a empezar. Regresó a los escenarios, incursionó en el streaming, participó en películas y se involucró en la producción teatral. Y en medio de esa reconstrucción también encontró nuevamente el amor de la mano de Martina Vignolo, una joven veinteañera con quien se casó en octubre de 2025, y se instaló en Mar del Plata.

La vida le tenía preparado otro giro: en septiembre, una propuesta para conducir un magazine matutino en Net TV lo llevó de regreso a Buenos Aires, donde comenzó una nueva etapa profesional y personal.

Y es este Matías, el que se cayó y volvió a levantarse una y mil veces, quien llegó a Paparazzi, acompañado por su esposa, dispuesto a hablar de todo. De los golpes que no lograron derrotarlo, de su deseo de ayudar a quienes atraviesan situaciones similares y también de su presente económico.

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Porque, aunque durante años ganó mucho dinero, viajó, se dio grandes gustos y manejó autos de lujo, hoy reconoce que vive al día, con lo justo y necesario. Una realidad muy distinta de la que muchos imaginan y otra de las tantas vueltas que dio su vida.

“Estoy feliz de esta posibilidad que se me ha dado de poder volver desde Mar del Plata. Me siento cómodo. Estoy en la pantalla de Net en un horario central, de 9 a 11. Esta es nuestra quinta semana. Y estoy feliz porque además puedo hacer lo que me gusta: conducir. Y el programa (A pura mañana) tiene mi sello”, cuenta Matías, entusiasmado.

—Ya tenés un nombre, ¿pero al instalarte en Mar del Plata no tuviste miedo de que quedar afuera o de no poder volver?

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—No, no, no. Siempre tuve presente que el medio no se olvida nunca de mí. A veces pueden ser propuestas más interesantes, creativas, algunas propuestas más chicas, algunas que no tienen tanta notoriedad. Marti llegó hoy a la mañana, se queda hasta el jueves, yo me voy a Rosario: nuestro vínculo es muy dinámico, y nuestro laburo también.

Matiás Alé, en Net.

—Porque no hay hijos en el medio todavía. 

—¿Cómo que no? Tenemos un perro salchicha, Río. Estoy desesperado por verlo… 

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—En tu carrera hiciste de todo. ¿Pero hay algo que te quedó pendiente, que te gustaría hacer?

—Un buen protagónico de cine. Y haciendo un personaje totalmente antagónico a lo que puedo llegar a hacer yo. Trabajar con Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, con Guillermo Franceella, alguna de las grandes producciones de (Juan José). Pero sinceramente, tengo 49 años e hice de todo. De todo.

—En tu última película, Maltratada, hiciste de un psicópata maltratador.

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—Sí. De hecho, Marti estaba cuando filmamos esa película, íbamos a casa y me decía: «No te conozco». Mi mamá vio la película y me dijo: «Pero vos no sos así. No me gusta verte así». Yo me meto mucho (en el personaje) y lo busco hasta que sale. Y eso debe ser la versatilidad del ir haciendo. Y también hay muchos actores que a veces se les hace difícil conducir, o conductores que se les complica para actuar. Yo me siento cómodo. De hecho, creo que soy un actor que está conduciendo, más allá que tiene mucho de mí.

—La gente cree que los famosos ganan mucho, y vos tenés una larga trayectoria. ¿Es así o te cuesta?

—Yo perdí todo. Gané mucho dinero hace 20 años, cuando había presencias, hacíamos los Bailando, el teatro, Carmen (Barbieri). Muchísimo dinero gané. Y gasté mucho dinero en viajes, en autos, en cosas que vos decís hoy: «¿Para qué gasté tanto en esto?». Bueno, son experiencias, uno aprende. Siempre me supe administrar, pero me rodeé de personas que tal vez no me ayudaban a administrarme o han buscado la oportunidad de hacerme hacer algún negocio, que siempre me fue mal. Y ahora no: vivo totalmente al día. Porque además, estuve ocho años enfermo, pero nunca dejé de trabajar, salvo en el 2016, pero los trabajos que hacía no estaban bien remunerados porque yo no me sentía óptimo, porque no me animaba. Además, fueron muchos años de mantener médicos, medicamentos… Digo que vivo al día, pero vivo bien. Y mientras los míos estén bien y tenga para comer, no necesito mucho más que eso porque ya aprendí que el auto descapotable alemán no te abraza y no te dice «Te amo» cuando estás internado. Entonces, ya no voy por ahí. Y además, nunca me va a faltar una milanesa porque con todo lo que hice, si yo le golpeo la puerta a la señora que vive en este edificio y le digo: «Mire señora, estoy sin trabajo, ¿no me hace un platito de fideos?», me va a dar de comer. Nunca me va a faltar de comer. Y nuestro medio es muy subjetivo a nivel guita. Antes sí se manejaban grandes tortas de valores en publicidad, en la tele, había campaña gráfica, de todo. Además, antes tampoco éramos tantos, éramos siete: «¿A quién llamamos?», «Dale con Alé». Hoy levantás una baldosa y te sale un tiktokero. 

—¿Sentiste que los amigos del campeón desaparecieron en las malas?

—Sí, no queda nadie. Está tipo Corazón valiente, en la mitad de la guerra, pintado a lo Mel Gibson, con el caballo y la lanza, de repente tiran un flechazo en un hombro y te venís cayendo en el caballo, y mirás para atrás y decís: «¿Y los soldados?». Y hay cuatro que son los mismos de siempre, los incondicionales. Los que eran amigos antes de ser un campeón. Mi vieja, obviamente, incondicional. Y para de contar. Pero no está mal que sea así. No los podés juzgar.

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—Cuando tuviste un brote psicótico, la salud mental era un tema tabú y hasta te pudo haber incomodado contarlo. Pero ayudaste vos a personas que atraviesan lo mismo.

—En ese momento no estaba bueno ser el loco del medio, ¿entendés? «Pobre Matías, se volvió loco». Pero yo, con la frente en alto, lo transité como pude. Y acá estoy, y salí. A veces uno dice: «¿Por qué me pasó a mí?». Y no es por qué, es ¿para qué? Para comunicarlo, para que la gente sepa que este pibe que hace 10 años estaba internado en un neuropsiquiátrico rezando una Ave María, porque se cruzaron los cables de repente de la cabeza, que puede suceder por estrés, por lo que sea, hoy está acá. Y rehice mi vida: tengo una esposa, tengo trabajo, el medio me sigue abrazando, estoy bien de salud, estoy lúcido, estoy lógico, entiendo, no tomo ninguna medicación, no pasó nunca más nada. Entonces, digo: no está mal transitar eso. No tiene que ser un fantasma. Y me dicen: «El medio fue muy cruel con vos». A mí me cuidaron. Iban a la puerta de la clínica Abril y, más allá de que se buscaba comunicar qué me estaba pasando, yo sentía el cariño: desde afuera los camarógrafos me saludaban. 

—Vos eras el medio. Hasta dormías en los pasillos de América

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—En el 2013 dormía en el sillón de Animales Sueltos porque, por ejemplo, terminaba a la una de la mañana, me faltaba hacer la Iglesia Universal, que era lo único que no hacía en América, y a las ocho abría con Pamela David. Era una locura. Era mucho, mucho, mucho… Sí, sí. Pero bueno, eso es que es la inseguridad de uno, como bien decías: «Che, ¿cuándo se va a cortar esto de la cantidad de trabajo? Aprovechá la ola». En ese momento me hubiera gustado que alguien me aconsejara: «No pierdas el tiempo en cosas que después no te van a ser trascendentales a tu vida. No te pierdas nunca un casamiento con un amigo, un bautismo, un asado, un cumpleaños de tu vieja. Elegí tus momentos». Ahora administro mis tiempos. Yo elijo que hoy, esta sea la única nota que tenga. 

—Con Martina, ¿en algún momento se siente la diferencia de edad?

—Sí, ella está hecha pelota. Sí, me estoy empezando a dar cuenta que ya está. ¡Juez! ¡Cambio! (Risas). No, no, así no me sigue el ritmo. Tiene que tomar Redoxon, Danonino, no hay forma de seguir a este anciano, a este tío, como me dice… 

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—¿Sos celoso, de los que revisan los celulares?

—No. Primero que no me da un motivo para hacerlo: confiamos mucho, es un encanto. Solamente me daría celos ver que alguien la hace reír más que yo. Puede venir alguien con unos abdominales divinos, pero si viene alguien y la hace reír más que yo, ahí sí me diría: «¿Qué está pasando?». Eso sí.

—Antes, cuando estabas de novio, te decían: «¿Cuándo te casás?». Y después de casarte: «¿Cuándo tenés hijos?».

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—Sí, es así, es así… Lo hablamos, obviamente. Tenemos muchas muchas ganas, pero como vos decís… Estamos con ganas de viajar. Hay tiempo para todo. Estamos disfrutando de nuestra pareja. Tratando también de que ella… de alguna manera… No me gusta decir la palabra pobre, porque no es pobre, sino es que… ¡Pobre el chabón que le tocó! Un día estamos en Mar del Plata, después nos venimos, después vamos, y todo. Entonces estamos tratando los dos… Pero bueno, por suerte los dos somos muy independientes y pensamos en el proyecto que nos sirva a los dos. Y en acompañarnos. Todo va a llegar cuando tenga que llegar. Por ahora estamos con Río. 

Matiás Alé y Martina Jazmín Vignolo, el día de su casamiento.

—Tuviste tantas mujeres en tu vida. ¿Alguna te gustaba y no se dio?

—Está el caballo cansado: ahora soy un pony… En su momento sí tuve como un «me gusta ir por ahí», pero eran de otro target, o tal vez no llegaba a vincularme. Actrices, no nuestras, americanas. Jennifer Aniston, por ejemplo. En su momento me encantaba.

—¿Estuviste con alguna famosa internacional? 

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—Con Grecia Colmenares.

—¿Fuiste muy infiel? 

—¿Yo? No. Oiga… 

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—¿La hacías bien?

—No. Esperá, esperá. Ojo, mirá que entre fantasmas no nos pisamos la sábana, ¿eh? Vamos a aclarar esto: no es que fui muy infiel, no estuve mucho tiempo en pareja. Hay personas que creen que tienen un rótulo y que se adjudican algo que no era, y que no se habló, que no se planteó. No tuve muchas relaciones estables, de años. Inclusive esa persona que supuestamente yo estaba con ella y que yo le fui infiel, también tendría su vida para no ser tan conocida. El malo era yo en la película, pero no era tan así. Yo nunca fui claro en los rótulos, lo que pasa es que tenemos una sociedad que le encanta rotular: «Ahí va el infiel», «Ahí va el loco», «Ahí va el coso», «Ahí va…». Les encanta. Y no hay que rotular a nadie.

—¿Le perdonarías una infidelidad a tu mujer? 

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—Me le cagaría la risa. No sé por qué. Es como que no… No sé, no la veo. Qué sé yo. Me reiría. Le diría: «Estás loca. Me hubieras llamado».

—¿En el sexo probaste de todo?

—No estuve con hombres. He estado en lugares donde había hombres también, pero yo no estuve… Sí he transitado la sexualidad con total libertad, sin ningún prejuicio, siendo feliz, y que sea todo de una manera consensuada y con respeto. Cada uno es libre de elegir lo que quiera ser y lo que le da placer, mientras no lastimemos a nadie y siempre esté dentro de los cánones normales de nuestra sociedad. No hay nada más lindo que tener placer, pero no solamente a nivel sexual: placer en comerse una torta, en no sentirse juzgado, placer en que la vida de uno es de uno. Nadie te puede condicionar. Mientras vos respetes los valores, respetes el Código Civil y un montón de cosas, ¿quién te juzga si vos te enamoraste de alguien o si hiciste esto o si te comiste dos hamburguesas? ¿Quién escribió cómo hay que ser en la vida?

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—¿Cuántas personas fue lo máximo que hubo en un cuarto? 

—No, qué sé yo…. Era un tres ambientes…. No sé cuántos. Éramos varios. Era pin uno, pin dos, pin tres, pin cuatro… No se va a contar, ¿entendés?

—¿Qué pasó con Graciela Alfano que estaba todo bien y días atrás te criticó?

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—Podés preguntarle a Graciela… No sé. Pero Graciela es como es como el clima: te levantás y no sabés con qué te vas a encontrar. O de repente, en el mismo día te encontrás con cuatro estaciones juntas. Pero está bien, es Graciela. Y por algo no estamos juntos. Es su forma de hacer humor. A mí, por lo menos, no me genera diversión. Pero también es su forma de comunicar. Me parece que todos estamos acostumbrados a que Graciela haga eso. Y por algo no nos elegimos desde hace tantos años.

—Hablando de política, en un momento dijiste que querías ser el Brancatelli de Mauricio Macri.

—Eso lo dije cuando estaba reloco: a la semana me internaron porque creía que Dios me hablaba y que tenía que representar un partido político porque iba a salvar al mundo. Estaba reloco. 

—¿Pero te interesa la política?

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—No, no. Jamás. Cuando vean que me está interesando, llamen a un psiquiatra. Si digo que quiero ser vocero, el Adorni de alguien, sepan que Mati es a la clínica Abril, sin escalas. Porque no lo sabría hacer. Duermo en paz y sé lo que hago con mi dinero, y que ayudo desde mi lugar. No tengo espalda.

—¿Quién es tu mamá para vos?

—Mi vieja es todo. Cuando me estaba recuperando, dormía en la casa de ella porque no me animaba a vivir solo, no tenía laburo ni guita para comer. Me acostaba y ella me acariciaba, y le decía que me ayude a que no me pase de vuelta. Y estaba así hasta que me quedaba dormido. Podemos pensar distinto, tener diferencias sin relación tóxica y Edipo. Supo ser mamá y papá joven, porque mi padre murió hace 30 años. Al día de hoy, mi vieja me pide que le avise cuando llegue. La amo. Que siga leyendo Paparazzi, que es fanática: me llama para preguntarme cómo entrar a sus notas desde Instagram. En mi primera internación no podía entrar a visitarme porque estaba peleada con mi ex (María del Mar Molar) y se paraba a las 4 de la mañana con baliza, y me mandaba con un seguridad una Gatorade y un postre Yummy.

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—¿Le tenés miedo a algo?

—Al dolor físico. Hace dos años que estoy con un dolor de oído y me tiene bastante molesto. Son cosas que uno no puede gobernar. No tengo miedo a perder control porque lo tengo en todo momento. Veo a mi perro con diarrea y me asusto. Si a Marti o mi vieja le pasa algo… No poder ayudar. Este año me operé el oído, la vesícula. Después, cuando me tenga que morir, me iré. Que me recuerden y pongan esta nota.

 

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Matías Alé, A solas con Paparazzi

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