CHIMENTOS
Natalia Oreiro recordó el desafío de interpretar a Eva Perón en Santa Evita: “El miedo de los hombres a la mujer sin miedo”

Natalia Oreiro reconstruyó el proceso de convertirse en Eva Perón para Santa Evita, la miniserie que protagonizó en 2022 en la piel de una figura emblemática de nuestro país. En diálogo con Teté Coustarot en Argentina de película (América TV), la actriz repasó la exigencia técnica y emocional que implicó interpretar a una figura histórica tan cargada de simbolismo político y social. “No sentía que tenía las herramientas para hacerla”, confesó, al recordar el momento en que fue convocada para el casting.
La producción, estrenada en 2022 por Star+, adaptó la novela de Tomás Eloy Martínez y fue reconocida por la crítica local e internacional. Oreiro recibió el Premio Cóndor de Plata y el Premio del Público a la Mejor Interpretación Femenina en los Premios Platino por su trabajo como la “abanderada de los humildes”. El fenómeno Santa Evita reabrió el diálogo sobre la memoria de Eva y el impacto de su figura en la cultura argentina.
Natalia Oreiro relató que jamás se había propuesto interpretar a Eva Perón. Cuando la contactaron para el casting, su primera reacción fue de rechazo: “No, no tengo las herramientas para hacerla”. La directora de casting y coach María Laura Berch, con quien había trabajado en Infancia clandestina, la incentivó a probarse: “Hacé la prueba. Si total…”. Tras la audición, el director Rodrigo García la eligió sin vacilar: “Ella es Eva”.

La actriz comparó el caso con otros personajes reales, como Gilda, subrayando el extra de dificultad de encarnar a alguien tan presente en la memoria colectiva: “Siempre tiene cierta complejidad interpretar personajes reales. Que la gente tenga tan presente, ¿no?”. Mientras que con Gilda sentía una cercanía personal y artística previa, Eva representaba para ella una figura casi inalcanzable.

Oreiro describió la preparación como la más ardua de su carrera. Dedicó seis meses de trabajo diario junto a dos coaches: una para la actuación y otra, una fonoaudióloga especialista, para la transformación vocal. El objetivo era lograr una transición creíble desde la juventud de Eva, en tiempos de radioteatro, hasta su enfermedad y muerte.
La obsesión por captar la voz y el ritmo de los discursos de Eva fue central. “Todo el día escuchando sus discursos, aunque no tuviera que decirlos en la serie. Estaba superobsesionada”, admitió. El proceso incluyó un estudio minucioso sobre cómo los micrófonos de época modificaban el timbre de la voz y la adaptación a los cambios que sufrió Eva por su enfermedad y la intensidad de su actividad pública.

Santa Evita se filmó en más de 40 locaciones de Buenos Aires y movilizó a 120 actores y actrices, 1.300 extras, más de 80 vehículos antiguos y 150 piezas de vestuario diseñadas especialmente. La serie fue una coproducción de Non Stop, con producción ejecutiva de Salma Hayek Pinault y José Tamez. La dirección estuvo a cargo de Rodrigo García y Alejandro Maci, y el guion fue escrito por Marcela Guerty y Pamela Rementería.
El elenco incluyó a Darío Grandinetti como Juan Domingo Perón, Ernesto Alterio como el coronel Moori Koenig, Diego Velázquez y Francesc Orella. El reconocimiento de la crítica y los premios obtenidos consolidaron a Oreiro como una de las intérpretes más versátiles del país.

La serie retoma el núcleo de la novela de Tomás Eloy Martínez: la historia del cuerpo embalsamado de Eva, que tras el golpe militar de 1955 fue ocultado durante 16 años para evitar que se transformara en símbolo de resistencia. Oreiro y Coustarot reflexionaron sobre la locura que generó la figura de Eva y el destino de su cuerpo: “El miedo de los hombres a la mujer sin miedo”, citó la actriz, evocando a Eduardo Galeano.
La producción explora no solo la vida, sino también el legado político y cultural de Eva: “Santa Evita es la historia de un cuerpo sin tumba y de la leyenda que nació en torno de él”. El impacto de la serie renovó el debate sobre la memoria, el poder y el lugar de la mujer en la historia argentina.
CHIMENTOS
FIC.UBA homenajeó a Lucas Vignale con una proyección especial: el recuerdo de Toto Ferro y la emoción de su familia

El Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires (FIC.UBA) rindió homenaje al director y guionista Lucas Vignale, fallecido a los 28 años en un accidente aéreo en Río de Janeiro el 14 de junio, con una proyección especial que reunió a una sala llena de familiares, amigos y colegas este lunes 5 de octubre en la que estuvo como invitado su amigo y socio, Toto Ferro. El encuentro realizado en Cine Arte Cacodelphia en el marco de la cuarta edición del festival, del que participó Teleshow, combinó la exhibición de parte de su obra audiovisual con testimonios de quienes compartieron con él proyectos, rodajes y amistad.
Vignale había nacido en Buenos Aires en 1997 y desarrolló una trayectoria que comenzó en el ámbito audiovisual y se expandió hacia los videoclips, el cine y distintos proyectos vinculados a la música. Trabajó como director junto a artistas como Bizarrap, Duki, Nicki Nicole, J Balvin, Nathy Peluso, Trueno y Wos, entre otros. En paralelo, construyó una sociedad creativa con el actor y director Lorenzo “Toto” Ferro que comenzó con cortometrajes y continuó con su primer largometraje, “El tren fluvial”, codirigido y coescrito por ambos, con estreno mundial en la sección Perspectivas de la Berlinale 2026.

La programación del homenaje incluyó La Pasión (2024), Diablo Suelto (2025), Mi gran noche (2026), Ilusión Supersport (2025), La vuelta de Gaspi (2025) y Camino a la velada (2025), estos dos últimos codirigidos junto a Gaspar Prim Díaz, streamer conocido como Gaspi, quien murió en el mismo accidente que Vignale. El recorrido permitió acercarse a distintas facetas de su producción, desde los videoclips musicales hasta los cortometrajes de ficción.
“Estamos convencidos de que hubiera dado mucho más. Hoy desde el festival lo que queremos hacer es reconocer su talento”, señaló Marcelo Altmark, director artístico del FIC.UBA y director de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, antes de la proyección. Altmark agregó que el objetivo del homenaje también era conectar la obra de Vignale con las nuevas generaciones de realizadores: “Todos los que estamos en lo audiovisual imaginamos un mundo propio, creativo, día a día. Creemos que van a poder ver hoy eso en el homenajeado y reencontrarse con él cuando vean sus películas”.

Antes de la exhibición, Ferro repasó el origen de su vínculo creativo con Vignale y la manera espontánea en que surgieron sus primeros trabajos conjuntos. “Nunca pensé que íbamos a ver todo su trabajo junto en un cine. Puede ser una experiencia bastante delirante y esquizofrénica”, dijo el actor, quien participó del homenaje en representación de los tres cortometrajes que realizaron juntos antes de filmar El tren fluvial.

Ferro recordó especialmente el origen de La Pasión, el primer corto de la dupla. Según relató, Vignale viajaba por la ruta, vio un Cristo Redentor al costado del camino, se bajó del auto y sacó una foto, un gesto que derivó en la decisión de filmar. “Siempre se hacía en el acto”, explicó Ferro sobre la manera improvisada de trabajar que caracterizó a los primeros proyectos conjuntos. Más tarde llegó el intento de un trabajo más planificado: escribieron Mi gran noche durante dos meses, pero cuando comenzó el rodaje el actor protagónico no se presentó y debieron improvisar nuevamente todo el cortometraje.
“Los primeros tres trabajos que van a ver son una manera apasionada de improvisar y de abrazar la espontaneidad que a veces regala el cine”, señaló Ferro, quien aclaró que, pese a tratarse de un homenaje, no buscaba que la experiencia fuera únicamente solemne. “Algo serio no creo que vayan a ver, por suerte. Lucas era una persona muy alegre, muy graciosa. Era un chiste viviente”, afirmó. El actor estuvo acompañado en la presentación por Andrés Medina y Martín García Blaya, montajista y sonidista respectivamente, ambos colaboradores habituales de los proyectos que realizó junto a Vignale.

Las palabras de Jorge Vignale, tío del director, estuvieron atravesadas por la emoción, en un momento que el festival decidió formalizar con una distinción especial. Sobre el escenario, el FIC.UBA le entregó una placa conmemorativa en representación del reconocimiento institucional al legado del realizador. Con la distinción en sus manos, él expresó: “Es un momento muy difícil por la pérdida física de mi sobrino y un momento de orgullo por todo lo que hizo. Es una lástima que se haya ido tan temprano por ese potencial que tenía”. También destacó una enseñanza que, según contó, su sobrino le dejó a lo largo de su vida: la importancia de hacer las cosas con pasión. “Lucas no hacía nada sin pasión. Le ponía pasión a todo lo que hacía. Eso me lo transmitió. Son esas cosas de la vida que uno aprende de los más jóvenes”, sostuvo, antes de agradecer a los presentes por acompañar la ceremonia.
El homenaje se enmarcó en la cuarta edición del FIC.UBA, que además de este reconocimiento incluyó actividades vinculadas a otras figuras del cine argentino durante la semana. La selección de trabajos de Vignale permaneció disponible para quienes se acercaron a Cine Arte Cacodelphia, en un encuentro que buscó recuperar la mirada de un joven realizador que entendía el cine como un espacio de libertad, experimentación y encuentro entre amigos.
CHIMENTOS
Rodolfo Barili publicó una frase que preocupó a todos en Telefe: “Una vida ha pasado”

Hay algo profundamente singular en la historia de Rodolfo Barili: gran parte de su vida adulta transcurrió dentro de Telefe. El periodista llegó al canal cuando tenía apenas 20 años y aquel ingreso, que alguna vez fue el comienzo de un sueño, terminó convirtiéndose, con el paso de las décadas, en una de las relaciones profesionales más extensas y reconocibles de la televisión argentina.
Este 5 de octubre se cumplieron 33 años de aquel aterrizaje y el conductor decidió detenerse unos minutos para mirar hacia atrás. No lo hizo desde la solemnidad de un balance ni con una enumeración de logros, sino recuperando una fotografía de sus primeros tiempos y dejando que el contraste entre aquel joven y el hombre que hoy ocupa una de las pantallas centrales del canal hablara por sí mismo.
“Hoy hace 33 años que entré a TELEFÉ. Un 5 de octubre de 1993 con tan solo 20 años”, escribió. La fecha parece tener ahora otra dimensión: aquel muchacho que comenzaba su recorrido profesional terminó atravesando desde allí buena parte de los grandes acontecimientos del país, mientras la televisión cambiaba de formatos, tecnologías, protagonistas y costumbres.
Hay una frase de Barili que acaso sintetiza mejor que cualquier cifra lo que significa semejante permanencia. “Una vida, sí. Una vida ha pasado. Uno no sabe cómo, pero ahí está el tiempo, siempre transcurriendo”, reflexionó. Y en esa percepción aparece una de las particularidades de su trayectoria: mientras el oficio se transformaba a su alrededor, él fue construyendo una continuidad poco frecuente en un medio acostumbrado a los cambios.
RODOLFO BARILI SE EMOCIONÓ POR SUS 33 AÑOS EN TELEFE
La celebración también tuvo un componente íntimo. Porque detrás de la vigencia profesional existe una satisfacción que el periodista no escondió: la de haber conseguido permanecer durante tantos años haciendo aquello que alguna vez imaginó cuando todavía era muy joven. “Es una vida haciendo lo que amo hacer y en el lugar en el que, desde muy pibe, soñaba con hacerlo”, expresó.
El reconocimiento, sin embargo, no estuvo dirigido únicamente al canal. Barili también miró hacia el otro lado de la pantalla, hacia esas personas que durante años incorporaron su presencia a la rutina cotidiana y que hicieron posible que aquella primera oportunidad se transformara en una historia de largo aliento.
“Gracias a todos los que me han permitido llegar hasta acá”, escribió antes de dedicarle unas palabras especialmente afectuosas a la audiencia: “Gracias a ustedes que cada noche me permiten entrar a sus casas. Gracias por ser parte de este sueño”.
Treinta y tres años después, aquella puerta que se abrió el 5 de octubre de 1993 ya no representa solamente el comienzo de una carrera. Es el lugar donde quedó registrada una parte sustancial de su vida. Barili tenía 20 años cuando llegó a Telefe; hoy puede mirar aquella fotografía y comprobar que el sueño que alguna vez parecía lejano no sólo se hizo realidad, sino que terminó acompañándolo durante más de tres décadas.
Rodolfo Barili
CHIMENTOS
Lizy Tagliani se quebró en MasterChef Celebrity al contar el sandwich que comía en su infancia: “Me daba vergüenza”

Lizy Tagliani se quebró en MasterChef Celebrity (Telefe) al recordar un episodio de su infancia que marcó su relación con la comida desde chica, en medio de la devolución del jurado por el sándwich que presentó en la gala. La confesión surgió después de que el plato, bautizado “Parigay” por la propia humorista, recibiera una de las mejores valoraciones de la noche por parte de Damián Betular, Germán Martitegui y Maru Botana.
La creación de Tagliani consistió en un sándwich de carne con mayonesa casera, vegetales, aceitunas y papas fritas, acompañado de un aderezo que ella misma definió como una novedad en su cocina. “Nunca había hecho una mayonesa y me encantó”, contó la participante al explicar el proceso detrás del plato, al que buscó dotar de una distribución pareja de ingredientes para que cada bocado contuviera todos los sabores. “Traté que todo el sándwich tenga todos los ingredientes para que, pensando en Germán, por ejemplo, cuando muerda estén todos los ingredientes”, explicó, en referencia a la exigencia habitual del chef.
Martitegui destacó la construcción del plato y remarcó que la distribución proporcional de los ingredientes resultaba una decisión acertada. “Tiene muchas capas de muchos sabores y eso es muy interesante en un sándwich”, señaló el jurado, mientras Maru Botana definió la preparación como “un club sándwich reversionado en carne” y resaltó la calidad de las papas fritas, un ingrediente que Lizy confesó haber cocinado por primera vez en su vida.
El tono de la devolución cambió cuando Wanda Nara le preguntó si el reconocimiento del jurado la había emocionado. Tagliani respondió que sí y entonces compartió el recuerdo que explicaba el peso emocional de ese momento. “Cuando era chiquita me daba vergüenza ir al colegio con el sándwich porque tenía de todo, por ahí fideos, lo que sobraba, y se usaba de jamón y queso”, relató la conductora, quien explicó que de niña ocultaba el contenido de sus sándwiches improvisados para que sus compañeros no vieran los ingredientes poco convencionales que llevaba.

La humorista contrastó ese recuerdo con la decisión que tomó al armar el plato para el certamen. “Ahora quería que se vea todo, porque en esa época lo tapaba porque me daba vergüenza”, explicó, en una reflexión que vinculó directamente su historia personal con la manera en que decidió presentar la comida frente al jurado. Wanda Nara acompañó el momento con una observación sobre el presente de la conductora: “Lo que es el destino, ¿no?”, y agregó una referencia a la vida familiar actual de Tagliani, madre de Tati desde que completó junto a su esposo, Sebastián Nebot, el proceso de adopción del niño.
La conductora no tuvo la mejor noche en el reality y recordó un díficil momento de su infancia (Video: MasterChef Celebrity-Telefe)
No fue la única vez que la comediante conectó un momento del certamen con una experiencia de su pasado. En una gala anterior de última chance, Tagliani había compartido con Wanda Nara una reflexión sobre su vida familiar que también generó un fuerte impacto emocional. En esa ocasión, la conductora había confesado: “Nunca soñé con una familia. Siempre me imaginaba como una travesti sola, ¿entendés? Algo común, que es lo que sucede habitualmente”. Y había agregado, sobre el rumbo que tomó su vida con el correr de los años: “Pero lo que el tiempo me ha dado fue hermoso”.
Esa misma noche, Tagliani había protagonizado otro momento de fuerte carga emotiva al presentar un pastel de atún y verdura que no convenció del todo al jurado. Consultada por Wanda Nara sobre qué cambiaría de la preparación, la comediante había respondido con lágrimas en los ojos: “Lo que más bronca me dio fue jugar con la comida mientras se me desarmaba. Que tenía que tirar comida”, una frase que remitía a experiencias de carencia vividas en el pasado. “Hay gente que no tiene para comer, o que yo no tuve”, había agregado en aquella oportunidad, palabras que Martitegui había calificado como “un buen sentimiento, muy lindo”.
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