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8 frases de Coudet tras la goleada de River a Belgrano: los juveniles, por qué quiso “matar” a Rivero y su respaldo a Colidio

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River Plate sigue soplando los nubarrones que terminaron con el segundo ciclo de Marcelo Gallardo al frente del plantel: sumó su cuarta victoria consecutiva gracias a un contundente 3-0 ante Belgrano de Córdoba en el Monumental por el Torneo Apertura. Y el arquitecto detrás de este cambio de aire es Eduardo Coudet: su equipo jugó el mejor partido de su incipiente era ante el Pirata, y los tres puntos consolidaron su ubicación como escolta de Independiente Rivadavia en el Grupo B.

Más: desde Reinaldo Carlos Merlo en 1989 que un técnico de River no iniciaba su camino con cuatro éxitos en fila. Todos síntomas que entusiasman a los hinchas de cara a los desafíos en 2026, que el miércoles ofrece el inicio de la Copa Sudamericana ante Blooming en Bolivia.

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“Creo que hicimos un muy buen partido, después es tiempo y trabajo. También, comprender que nos tenemos que adaptar a lo que se nos presente. Necesitábamos en casa hacer un buen juego como lo hemos hecho. Y hay que tratar de seguir mejorando cosas en el tiempo, y trabajando y preparándonos para dar lo mejor”, buscó el Chacho darle el tono exacto a la victoria.

El encuentro quedó marcado por los dos primeros tantos de Tomás Galván en el club que lo formó y por el regreso a la red de Facundo Colidio, quien no celebraba desde junio y venía siendo resistido.

“Lo más importante es que el equipo genere muchas situaciones, es para lo que trabajamos y lo que intentamos hacer cada partido. Y es muy importante la competencia interna, eso es lo que va a elevar los niveles individuales. Me pone contento, independientemente de quién haga los goles, que podamos ir creciendo a nivel individual y que podamos mejorar. Vimos una mejora muy grande desde lo futbolístico. Es a lo que apuntamos cuando tuvimos 15 días de trabajo”, amplió.

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Otras definiciones de Coudet

¿Rotará en el debut en la Sudamericana ante Blooming?

“Dejame disfrutar un poquito, ni llegué a casa. Siempre trato de poner a los que mejor estén en cada partido. En el fútbol hay injusticias también, los entrenadores podemos equivocarnos, pero vamos a tratar de embocar los equipos pensando en lo que podemos generar y de acuerdo a los rivales. Por eso a veces cambio de nombres a pesar de haberlo hecho bien”.

El buen partido de los chicos, como Subiabre, Lautaro Pereyra o Juan Cruz Meza

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“En esta idea de encontrar volantes de juego, que puedan tener juego por dentro como cambio de aceleraciones, son características que no tenemos mucho. Tuvimos 15 días de trabajo, los chicos se han visto muy bien, no les regalo nada a nadie. Se lo merecen y hay que seguir trabajando. Intentamos entrenar como jugamos. Cuando lo tienen claro… Se ha visto una diferencia desde lo físico, que no pasa por estar mejor físicamente, sino porque cuando estás más fresco de la cabeza podés reaccionar mejor cuando perdés. Necesitamos esa parte física para poner tantos jugadores de buen pie”.

Lautaro Pereyra, el primer juvenil al que hizo debutar en River

“Lo vi en la Reserva como segundo atacante. Me llamó la atención técnicamente y las resoluciones rápidas que tiene. Si a eso le podemos agregar que sea jugador físico, que pueda jugar por izquierda, o segunda punta, va a resaltar en ese lugar. Lo mismo Juan Cruz (Meza), que ya había jugado; que aprendan a jugar en distintas posiciones. Lo que es técnico no se lo enseño yo, ya lo traen. Sí el posicionamiento. Juan Cruz estaba jugando como doble 5 y también lo puede hacer como un 8 clásico. Entonces hay que marcarles algunas cosas a los jóvenes, que tienen poco trabajo en Primera, porque en Primera se juega a otro ritmo.

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Ian Subiabre: su nivel, por qué salió y su look platinado

“No creo que el pelo sea homenaje. Lo único que le voy a decir es que con el tiempo se te hace la pileta arriba. Ya me pondré el pasto yo también, je. Salió por un golpe en el gemelo, pero en el entretiempo, más allá de las ganas, creímos que iba a poder continuar. Tiene unas condiciones tremendas. Son chicos del club que tienen el ADN de River. Hay que tratar de que jueguen liberados, que asuman las responsabilidades defensivas u ofensivas. Y son jugadores muy técnicos que nos van a ayudar. No me gusta resaltar los nombres puntuales, pero ya que viene al caso, me gustaría resaltar el caso de Colidio. Viene trabajando muy bien, con muchísimas ganas y me pone muy contento que haya podido convertir.

Sus gestos a Lautaro Rivero. ¿Se enojó porque no se hacía amonestar para limpiarse de amarillas y estar ante Boca?

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“Me tendría que controlar un poquito. No puedo decir qué pasaba. Lautaro tenía un temita que lo voy a matar. Era una indicación que no ejecutaba jeje. Después todo salió bien. No hay problema, lo vivo con mucha intensidad, es mi manera de ser. Nunca quiero evidenciar a un jugador, solo lo vivo de esa manera. Me pone muy contento que hayan hecho un gran partido y que haya salido todo bien. No hay que creer que estamos tan bien, sino que podemos estar mejor”.

Su reconocimiento a Colidio

“Facundo para mí es segunda punta, me gusta jugar con dos delanteros siempre. Estoy seguro de que es un jugador que va a andar muy bien y la gente lo va a aplaudir. A todos nos han puteado. No hay misterios ni secretos, la única realidad es laburar. No enojarse con la gente es fundamental. Y la gente lo entendió así, él festejó el gol con la gente y la gente se lo reconoció. En River es así, está la exigencia, hay que jugar bien al fútbol y ganar. Y en algún momento te toca que la exigencia te golpea en el hombro y te dice: ‘Es para vos’. Todo es trabajo y humildad, este grupo tiene trabajo y humildad y puede jugar bien al fútbol”.

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Con doblete de Galván y la vuelta al gol de Colidio, River Plate goleó 3-0 a Belgrano en el Monumental

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Galván anotó doblete en la goleada de River. Foto: Twitter @RiverPlate

El Millonario sigue en racha desde la llegada del Chacho. Este domingo 5 de abril, en el Estadio Monumental, por la fecha 13 del Torneo Apertura de la Liga Profesional, River Plate de Eduardo Coudet derrotó 3-0 a Belgrano de Ricardo Zielinski.

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Desde el inicio, el equipo dirigido por Eduardo Coudet tomó las riendas del encuentro. Con control del balón, movilidad y una presión elevada, River llevó a Belgrano a su propio terreno y empezó a crear oportunidades claras, aunque el primer gol tardó en llegar.

La defensa del conjunto cordobés se rompió a los 35 minutos de la primera parte, cuando Galván se encontró un rebote en el área luego de que Sebastián Driussi no pudiera vencer en el mano a mano a Cardozo. La pelota quedó suelta y, con el arco vacío, el mediocampista solo tuvo que empujarla para poner el 1-0 para el Millonario. 

En la segunda mitad, River continuó con la ofensiva y no dejó que Belgrano respirara. Este dominio se tradujo nuevamente en el marcador apenas a los 13 minutos, cuando Facundo Colidio recibió un buen centro de Galván y, de cabeza, venció´a Cardozo para poner el 2-0.

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Con el partido prácticamente decidido, el Millonario siguió buscando aumentar la diferencia ante un oponente que ya no sabía cómo responder. Así, a los 37 minutos, Aníbal Moreno dejó a Tomás Galván mano a mano con Cardozo y, con un remate al segundo palo, el mediocampista puso el 3-0. 

Los últimos minutos fueron irrelevantes. River controló el balón al ritmo de los “oles” de su afición, mientras que Belgrano intentó simplemente resistir ante el dominio de su rival.

El pitazo final ratificó una victoria clara y contundente. River Plate demostró ser superior de principio a fin, mostrando efectividad en los momentos decisivos y continua su ascenso en el torneo. Por su parte, Belgrano se vio superado por un adversario que fue mejor en todas las líneas.

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Con esta actuación, River Plate no solo se llevó tres puntos para quedar como escolta de Independiente Rivadavia en la Zona B del Torneo Apertura, sino que funciona como envión anímico para la Copa Sudamericana.

River Plate,Belgrano,Torneo Apertura

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Taco de José López y gol en contra de Ramos Mingo: Palmeiras puntero

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Palmeiras se sostuvo como líder del Brasileirao al derrotar 2 a 1 a Bahia, de visitante, en la previa de su debut en la Copa Libertadores (este miércoles vista a Junior en Barranquilla). Y lo hizo con protagonistas argentinos determinantes en los dos arcos. El primero fue José López, atacante con muchas chances de integrar la lista mundialista de Lionel Scaloni, se lució con un taco muy preciso en la asistencia a Jhon Arias para el 1 a 0.

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El segundo, Santiago Ramos Mingo, el zaguero surgido de Boca, consolidado en el Bahia. Tras un córner, la metió en contra en un intento de rechazo y resultó el 2 a 1 del Verdao (Duarte había igualado de cabeza). Una torpeza dentro de un rendimiento general que es bien valorado por la torcida: jugó las 10 fechas del torneo local, sin salir ni un minuto, y con apenas una amonestación.

Mirá la asistencia del Flaco López

El delantero de Palmeiras le dio el pase a Arias, de Palmeiras, ante Bahia. Fuente: Globoesporte.

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El ex Lanús sintió el cansancio y en el segundo tiempo fue reemplazado. De todas maneras, más allá del taco, el balance del argentino es muy positivo en Palmeiras: acumula nueve goles y seis asistencias en la temporada, entre el torneo Paulista y el Brasileirao.

Agustín Giay, otro de la última lista de Scaloni, fue titular en Palmeiras: evitó un gol sobre la línea y anuló a Erick Pulga. Lo negativo: lo amonestaron.

El gol en contra de Ramos Mingo

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El defensor de Bahia le regaló la victoria a Palmeiras, por el Brasileirao. Fuente: Globoesporte

Ramos Mingo ante Palmeiras.

Homenaje ejemplar

La torcida de Bahia tuvo un recibimiento especial para Everton Ribeiro. El futbolista había sido operado de cáncer el año último y la hinchada le preparó un telón especial.

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Everton Ribeiro homenajeado por la torcida de Bahia.Everton Ribeiro homenajeado por la torcida de Bahia.
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Ramos Mingo,Bahia de Brasil,Palmeiras,Brasileirao

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A 40 años de la tarde inolvidable del Beto Alonso en la Bombonera: quién se llevó la pelota naranja y la promesa de la vuelta olímpica

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Los inolvidables goles del Beto Alonso en la Bombonera (Crédito: Museo River)

El profesor Menghi era extraordinario. Tenía a su cargo la cátedra de Literatura en 4° y 5° año. Siempre con un impecable traje oscuro y su pelo afirmado al cráneo por la gomina, destilaba una imagen de severidad, que se deshacía tan pronto como comenzaba su clase. Gracias a su conocimiento, viajamos hacia los escritores clásicos de nuestro idioma, germinando en mí, y en algunos compañeros más de aquella inolvidable camada del colegio Don Bosco de Congreso, una necesidad de querer conocer un poco más. También nos deleitaba con el origen de los dichos populares y las palabras. Recuerdo que en una ocasión, nos habló específicamente de predestinado. Para motivarnos, nos dijo que todos podíamos estarlo, solo había que tener fe. “Confíen siempre en un predestinado”. Y creo que eso fue el Beto Alonso. Desde sus inicios hasta el majestuoso epílogo de su carrera, plagada de éxitos y jornadas rutilantes, como aquella del 6 de abril de 1986 en la Bombonera.

El momento del histórico gol. Alonso se eleva ganándole a Higuaín y superando a Gatti frente a la mirada del árbitro Francisco Lamolina, quien tuvo la pelota en su poder muchos años, antes de cederla al Museo River

La tarde de la pelota naranja. Ese Superclásico lleno de condimentos. El de la vuelta olímpica de River y los goles del Beto. Aquel festejo memorable, de cara a sus hinchas, con la camiseta de la banda estrujada entre sus manos, mientras su mirada pletórica se perdía en la de los miles de hinchas millonarios que deliraban en la popular visitante. En ese territorio enemigo, donde los triunfos se disfrutan un poco más, en tiempos donde a nadie se le pasaba por la cabeza que los visitantes no podían concurrir a los estadios.

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La predestinación de Alonso. La que llegó con él, desde el debut en primera, en la lejanía de agosto del ‘71 en la cancha de Atlanta. Prontamente, el refinado paladar del hincha de River lo adoptó como símbolo, aunque su documento denunciaba que apenas había alcanzado la mayoría de edad. El gol a Santoro en el ‘72, el mismo que no había podido convertir Pelé en México ‘70. La tarde de los dos tantos salvadores frente a San Lorenzo en el ‘75, cuando el que parecía un fácil tránsito rumbo al título se había complicado, pero que su magia despejó para que el pueblo riverplatense ahuyentara los 18 años malditos sin títulos.

40 años del gol con la pelota naranja
La tapa de El Gráfico, con la foto que sería un emblema en la carrera del Beto Alonso

El pase al Olympique de Marsella, luego de una más de sus eternas polémicas con los dirigentes. El pronto regreso, apenas un año después, para romperla y ser convocados para el Mundial ‘78. El tricampeonato entre el ‘79 y el ‘80. La despedida a fines del ‘81, luego de la pelea con Di Stéfano. El paso por Vélez, hasta la vuelta, cual hijo pródigo, en el ‘84. Y de pronto, llegó esa tarde de abril, como antesala de todo lo que se viviría en el inolvidable ‘86 cruzado por la banda roja.

En la semana, el tema dominante era saber si River daría la vuelta olímpica en la cancha de Boca, como había trascendido desde Núñez, para festejar el título obtenido un mes antes y con varias fechas de anticipación. El tema tomó mucha trascendencia y llegó hasta los despachos oficiales, al punto que el Ministerio del Interior sugirió que no se realizara por una cuestión de seguridad. El propio Norberto Alonso contó que la noche anterior al partido se juntaron en una habitación de la concentración del estadio Monumental y él dijo: “Me van a sacar muerto, pero voy a dar la vuelta olímpica. Y eso hicimos, porque éramos los campeones y nunca me voy a arrepentir”.

40 años del gol con la pelota naranja
El segundo gol de Alonso, Un tiro libre que se desvió en las manos de Passucci

Boca lo esperaba con una muy buena racha de 12 fechas sin perder. Luego de un interesante inicio de ese torneo de la temporada 1985/86, varias derrotas sucesivas terminaron con el ciclo de Alfredo Di Stéfano, quedando en su lugar, primero de manera interina y luego oficial, Mario Zanabria, quien dirigía la reserva. Marito le dio otra fisonomía al equipo, que se enriqueció con la llegada de varios refuerzos en el receso de fin de año, como lo fueron Jorge Higuaín, Milton Melgar y Jorge Rinaldi.

El partido de ida, disputado en el Monumental el 27 de octubre quedó en el recuerdo por varios motivos. El golazo de Alejandro Montenegro, ese lateral izquierdo, esforzado y potente, pero de poco contacto con la red adversaria, que la clavó para la posteridad en el ángulo del Loco Gatti. La artera y descalificadora patada de Roberto Passucci sobre Oscar Ruggeri, queriendo dirimir viejos rencores de un pasado cercano (habían sido compañeros en Boca hasta el año anterior) y la inmensa cantidad de papelitos que alfombraron el césped.

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La vuelta olímpica de River antes de comenzar el partido

Esta situación hizo que se tomara una medida innovadora: Adidas preparó una pelota de color naranja, para que puedan distinguirse las líneas, si volvía a suceder lo que había acontecido unos meses atrás. ¿Se utilizó todo el partido? La respuesta es no. En las imágenes que han sobrevivido, de bastante buena calidad, porque Fútbol de Primera ya llevaba 8 meses al aire, se puede observar que los jugadores la patean en el calentamiento previo (Gatti uno de ellos), e incluso River posó para los fotógrafos con ella. Sin embargo, cuando Francisco Lamolina dio el pitazo inicial, la que rodó fue la tradicional Tango blanca y negra.

Al promediar el primer tiempo, hubo un córner para River. Roque Alfaro fue a tomarlo, tratando de esquivar los proyectiles que le caían desde la popular local. Acomodó el balón y justo le acercaron el otro modelo, el famoso naranja. Entonces lo cambió y con ese remató el tiro de esquina. Un rato más tarde, sería protagonista de la emblemática jugada de esa tarde, como lo recordó en diálogo con Infobae: “Yo era el encargado de la pelota parada y cada vez que iba a patear cerca de los palcos era una locura. Hasta una gallina me arrojaron (risas). Tuve la suerte de participar en el legendario gol de la pelota naranja, porque tiré el centro pasado, no llegó el Loco Gatti y por atrás apareció, para meter un cabezazo, el Beto Alonso, que es el ídolo futbolístico máximo que tiene River Plate hasta el día de hoy”.

40 años del gol con la pelota naranja
Una escena con la pelota naranja durante el primer tiempo. Héctor Enrique la domina ante Ángel Hoyos y Enrique Hrabina

Allí estaba el predestinado. El intocable. El mismo que, al promediar la primera rueda de ese torneo, se lesionó y cuando estuvo en condiciones de regresar, tuvo que aguardar en el banco de suplentes, porque Claudio Morresi, su reemplazante, la estaba rompiendo. Esperó pacientemente. Y ahora era su momento. Los relojes marcaban 31 minutos del primer tiempo y el centro pasado de Roque Alfaro describió una parábola perfecta en el aire. El Loco Gatti salió sin mucha convicción, en esa maniobra que para los arqueros es fatal, porque ya no se puede volver atrás. Y esa camiseta número 10 que se elevó entre él e Higuaín, para cabecear, con los ojos bien abiertos, rumbo a la red y a la leyenda, la pelota naranja.

Y entonces la carrera alborozada, imparable, besándose la camiseta, con la pureza del hincha, con esa esencia riverplatense que le brotaba por los poros a cada instante. Luego la sonrisa, los puños apretados, el abrazo de sus compañeros y el canto. La más maravillosa música que caía como bálsamo para sus oídos, desde la tribuna de River, en esa sana costumbre que iba a camino a cumplir 15 años: “Aloooooonso, Alooooonso”.

Matías Patanián es un hombre muy identificado con River. Fue su vicepresidente, pero sobre todo, uno de los más fanáticos seguidores del Beto Alonso. Es palabra autorizada para evocar los hechos de aquella tarde: “Es un recuerdo único y que está entre los cinco más importantes de la historia del club en los últimos 50 años. Tengo muy presente lo que pasó en la semana en la previa, con el Ministro del Interior, Antonio Tróccoli, pidiéndole a River que no de la vuelta olímpica. No fui a la cancha y lo escuché por radio, con un inolvidable relato de Víctor Hugo: ‘Dígame usted, hincha de River, si en el año 2000 le preguntan qué pasó el 6 de abril del ‘86 y usted va a contestar de corrido que River campeón dio la vuelta olímpica en la cancha de Boca y el Beto Alonso hizo el primer gol con la pelota naranja’”.

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Todo el resto de ese primer tiempo se disputó con la ya famosa pelota. Pero cuando Francisco Lamolina hizo sonar su silbato para comenzar el complemento, ella ya no estaba, siendo reemplazada por la tradicional. El árbitro la guardó en su vestuario y la tuvo en su poder durante varios años, hasta que la donó al Museo River Plate, donde ahora descansa en una merecida vitrina para ser adorada como un objeto único. Boca se fue al ataque, teniendo mayor posesión y acorralando a su rival, que se sostenía en las atajadas de Pumpido y la solvencia de Oscar Ruggeri, que también tuvo un partido aparte, porque era la primera vez que se enfrentaba a su ex equipo en la Bombonera.

40 años del gol con la pelota naranja
El Bambino Veira en el vestuario mostrando las heridas por la agresión sufrida, tras un elemento lanzado desde los palcos

Morresi se perdió el segundo en una contra, cuando definió cruzado, pero la capacidad de Gatti le dijo no. El cuadro local manejó la pelota y tuvo varias situaciones a través de tridente Melgar – Rinaldi – Tapia, para abastecer a Graciani, en un anticipo de los tiempos por venir en la era Menotti. Un tremendo remate del Vasco Olarticoechea fue devuelto por el travesaño al tiempo que el Bambino Veira recibió un proyectil desde los palcos, que le abrió una herida arriba de su ojo izquierdo.

A falta de cinco minutos, River sacó una contra que terminó en una infracción contra Claudio Morresi al borde del área. El predestinado la colocó con parsimonia, degustando el momento, como si supiese lo que estaba por suceder. Su remate se desvió en las manos de Roberto Passucci, que formaba parte de la barrera, y se metió suavemente en el arco, para decretar el 2-0 y ese festejo, de cara a su gente, que ya es un póster eterno.

“Si hacía falta algo para que el Beto esté en el podio de las tres leyendas más grandes de la historia de River -explica Patanián- era lo de aquella tarde en la cancha de Boca. Él participó en romper la racha de los 18 años sin títulos en el ‘75, fue campeón del mundo con la selección en el ‘78, siendo preponderante en el partido debut frente a Hungría. Debió tener más minutos en ese Mundial, donde él mismo declaró que se sentía el mejor de todos. Fue protagonista de ese día, de la primera Libertadores y de ser campeón del mundo. Por eso la historia le tendrá siempre guardado al Beto Alonso un lugar de leyenda máxima”

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Alonso dio una de sus más recordadas cátedras. Como las que nos regalaba el profesor Menghi. En ninguna de sus clases se habló del Beto, pero por la poesía de su juego, bien lo merecía. Como un verdadero predestinado.

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