DEPORTE
Colo Colo confirmó que se va Almirón: busca el acuerdo

La dirigencia de Colo Colo decidió terminar con el ciclo de Jorge Almirón como técnico del equipo profesional. Tras la reunión, se comisionó al Aníbal Mosa, director de la gerenciadora Blanco y Negro, para buscar un acuerdo de rescisión anticipada, ya que el contrato del argentino tiene vigencia hasta fines de 2026. El último partido del DT fue el lunes último, 2 a 2 ante Ñublense, de local, tras estar 2 a 0 abajo.
La negociación tiene complejidades porque, según informó el sitio de La Tercera, a Almirón le correspondería recibir cerca de tres millones de dólares por el resto el contrato que no se cumplirá. Y el presupuesto del club es de un tercio de ese monto.
Mosa declaró ante los medios: «Lo que hablamos en la reunión no lo voy a decir por respeto a Jorge». Y explicó: «Hemos tenido muy bien directorio. Cada uno hemos expuesto nuestros puntos de vista. Hemos mandatado a la administración para que se pueda acercar al entorno de Jorge para que se pueda consensuar una salida conveniente para todos».
“Teníamos que tener esta conversación para escuchar las posiciones de los diferentes directores. Tenemos que buscar un punto de acuerdo con Jorge. Estamos agradecidos de él. Es una persona decente», agregó.
Por ahora, dirige el sábado
El sábado, el equipo enfrenta a Unión Española por el torneo local. Lo que Mosa intentará es un acuerdo de desvinculación antes de ese juego. «Jorge Almirón sigue siendo el director técnico de Colo Colo, eso hay que tenerlo claro. Veremos qué pasa de aquí al sábado. Y les avisaremos quién va a dirigir el sábado», argumentó el dirigente.
El escenario, entonces, es este: si antes de ese día se cierra el acuerdo, Almirón ya no estará más al frente del equipo. De lo contrario, se estirará su ciclo.
El ex Boca dirigió 71 partidos a Colo Colo. Fueron 35 victorias, 19 empates y 17 derrotas. En 2024 fue campeón local, pero este año no hubo efectividad: el equipo quedó eliminado en la Libertadores, sin chances de ingresar a la Sudamericana (hubo sanción con el partido perdido ante Fortaleza por la invasión de hinchas) y en el torneo local marcha en el puesto 12.

Mirá también
Qué dijo Gianinna Maradona sobre la suspensión del juicio que investiga la muerte de Diego

Mirá también
Violentos enfrentamientos entre hinchas del United y Tottenham antes de la final de la Europa League
Jorge Almirón
DEPORTE
Las cláusulas más locas de la historia del fútbol: de comer testículos por obligación a poder vivir a 1600 kilómetros del equipo

40.000 euros al mes. Eso es lo que le cuesta al Corinthians, según Globo Esporte, la lujosa suite en la que vive Memphis Depay en un reconocido hotel del centro de São Paulo. Claro está, sin contar el elevado salario que firmó. El neerlandés, que también disfruta de incontables servicios como servicio de habitaciones, limpieza diaria, lavandería, mayordomo, chef, agente de seguridad personal y un coche blindado con chófer disponible las 24 horas, incluyó todo lo mencionado en su contrato.
Ahora, aunque el club le pidió que renuncie a ello por sus grandes problemas económicos, está en su derecho de mantenerlos. No obstante, en la historia del fútbol ha habido cláusulas y condiciones en contratos mucho más sorprendentes que las del ex del Barça o Atlético de Madrid. Las repasamos a continuación.
Neil Ruddock: la báscula no miente
El duro central inglés era conocido en la Premier League por algunos problemas de sobrepeso, por lo que Harry Redknapp, entrenador del Crystal Palace en aquel entonces, decidió ponerle una condición para fichar por los ‘Eagles’: si superaba los 98 kilos, tenía que pagar una multa del diez por ciento de su salario. Según el medio británico ‘The Sun’, la incumplió varias veces.
Dennis Bergkamp: prohibido volar
No son pocos los partidos que el atacante neerlandés se perdió con el Arsenal en Champions League por su miedo a volar. Si no se podía llegar por tierra o aire, Bergkamp, por contrato, no jugaba ese partido con el equipo gunner. Como alternativa, muchas veces viajaba en coche, con el desgaste añadido que eso supone. Una vez hizo 1.600 kilómetros para jugar contra el Leverkusen.
Dennis Bergkamp, jugador del Arsenal / Arsenal FC
Su miedo a volar venía de un incidente que sufrió cuando la selección de Holanda iba a disputar el Mundial de 1994 en Estados Unidos. «En las negociaciones con el Arsenal, si yo decía un millón, ellos automáticamente quitaban 100.000 ‘porque usted no vuela’. Y acepté«, relató el futbolista en su biografía.
Stefan Scharwz: futbolista, no astronauta
Cuando un club ficha a un jugador trata de informarse de todo. Incluso de su entorno. Eso es lo que hizo el Sunderland a principios de los 2000, cuando fichó a Stefan Schwarz procedente del Valencia. El club inglés sabía que un consejero suyo había comprado un billete para un vuelo espacial programado para 2002 y, con las dudas de si se iba a llevar al sueco, decidió prohibirle viajar al espacio por contrato. El vuelo nunca se dio, pero la anécdota ya es historia de la Premier League.
Neymar: la amabilidad se paga
Una de las más sonadas fue la cláusula que se incluyó en el contrato de Neymar con el PSG. El brasileño iba a recibir medio millón de euros por temporada por cosas tan básicas como ser puntual, agradable y simpático con los aficionados.
Neymar, durante un partido con el PSG / Agencias
Spencer Prior: a comer testículos
Orgulloso de su Líbano natal, Sam Hammam, propietario del Cardiff City en 2001, decidió imponer una curiosa cláusula en el contrato de Spencer Prior, que fichaba aquel año por el club galés. El defensa central estaba obligado a comer un plato típico del Líbano que combinaba testículos de cordero con limón y perejil. Una buena muestra de las excentricidades del empresario libanés.
Ronaldinho: que la fiesta no pare
El astro brasileño, uno de los futbolistas más talentosos de la historia, se aseguró de que los directivos del Flamengo respetaran su deseo de salir a bailar por las noches. Según ‘beIN Sports’, en 2011 solicitó en su contrato una «cláusula de discoteca» que le permitiría asistir a fiestas dos veces por semana, como mínimo. Flamengo, que pagó 3 millones de euros por él, dijo que sí.

Ronaldinho, celebrando un gol con Flamengo / ‘X’
Giuseppe Reina: el ‘timo’ de la casa Lego
El delantero alemán entendió cuando jugó en el Arminia Bielefeld la importancia de dejar todo bien detallado y por escrito. Cuando firmó con el equipo alemán en 1996, pidió una casa por cada año cumplido de contrato. Sin embargo, como no especificó cómo tenían que ser las mismas, el club le dio casas hechas de Lego.
Samuel Eto’o: tú en Majachkalá; yo en Moscú
El delantero camerunés fue uno de esos grandes futbolistas que decidió poner rumbo al multimillonario Anzhi ruso. En su caso, a razón de 20 millones de euros por temporada y con un contrato de tres campañas… y varias cláusulas curiosas.
Samuel Eto¡o jugó en el Anzhi / ‘X’
El billonario Suleiman Kerimov, dueño de este equipo de la República de Daguestán, accedió a sus peticiones sin dudarlo y una de ellas llamó muchísimo la atención: el jugador pidió un jet privado para moverse de Moscú (ciudad en la que iba a vivir y a entrenar) a Majachkalá, capital de la República de Daguestán y donde jugaba el Anzhi, los días de partido. Unos 1.600 kilómetros en total.
Mario Balotelli: el futbolista incontrolable
Reconocido por su fuerte carácter y excentricidades dentro y fuera de los terrenos de juego, el Liverpool incluyó una cláusula en el contrato del delantero italiano para incentivarlo a comportarse como es debido. Según publicó ‘Football Leaks’, estaba estipulado en su contrato que, si «el jugador no es expulsado en tres o más ocasiones por conducta violenta, escupir a un rival o cualquier otra persona, usar un lenguaje ofensivo, insultar o emplear un lenguaje abusivo y/o gestos y/o disidencia con palabras o actos», recibiría un millón de libras por temporada adicionales.
Tiempo después, el AC Milan, conocedor de lo que es capaz ‘Súper Mario’, decidió dar un paso más allá y detalló en su contrato una serie de prohibiciones, muchas relacionadas con la vida nocturna: no podía salir de fiesta, fumar, sobrepasarse con el alcohol, llevar peinados o ropa llamativa y publicar cosas en redes sociales que dañasen la imagen del club lombardo.
Memphis Depay,Cláusula rescisión,Cláusula,Fútbol,Fútbol Internacional
DEPORTE
El silbato de la discordia: la mano que Nimo no vio e Independiente campeón pese al árbitro

El torneo Nacional de 1968 llegó a su fin de manera inesperada, con la última jornada en forma de un triangular épico. Racing, River Plate y Vélez Sarsfield, tres gigantes, tres colosos del fútbol argentino, se enfrentaban en un campo neutral con todo por decidir. Racing había caído ante River 2-0 en el primer partido, lo que dejó al conjunto de Núñez con un solo objetivo en mente: ganar para consagrarse campeón luego de 10 años de sequía de títulos.
El segundo encuentro enfrentaba a Vélez Sarsfield contra River Plate en el mítico Gasómetro. Para el Millonario era el partido definitivo. La batalla final que definiría a los campeones de una temporada que había sido dura, llena de pasión y sacrificio. La tensión se podía cortar con un cuchillo. La multitud rugía enloquecida, el aire estaba cargado de promesas y miedos, de sueños por alcanzar y de historias por escribir. Pero cuando el balón comenzó a rodar, la historia de gloria dio paso a una polémica acción que quedaría grabada para siempre en la memoria colectiva.
A los 11 minutos, Vélez golpeó primero con un gol de Luna. El silencio de los hinchas de River fue sepulcral, el sudor se evaporaba en la frente de los jugadores de la Banda. Pero el alma de River se encendió con la respuesta, y a los 32, Daniel Onega empató el partido con una jugada que elevó a los hinchas al éxtasis. El sueño del campeonato seguía vivo, pero Vélez no se rendía y apostaba por un juego especulativo, esperando el mínimo error de los riverplatenses.
Así llegaron al minuto 37 del segundo tiempo, el minuto que marcaría la historia para siempre. Un centro preciso de Cubilla, un toque maestro de Onega que peinó el balón hacia el punto de penal, descolocando a los defensores de Vélez y al arquero Marín. Pero entonces, apareció la figura de Recio, el cinco de River, quien con su cabezazo enérgico parecía haber mandado al equipo de Núñez a la gloria. La pelota viajaba hacia la red, cuando, como si el destino quisiera jugar con el sufrimiento, el defensor Gallo desvió el balón con la mano izquierda, salvando el gol como si fuera un arquero. La multitud quedó helada, sin poder creer lo que veía.

El estadio entero estalló en una ola de gritos. ¡Era penal! Era una falta tan evidente que ni siquiera el aire podía negarlo. Pero lo más increíble estaba por llegar: el árbitro, Guillermo Nimo, lo vio. Y a pesar de la claridad de la jugada, a pesar del rugido de los hinchas, el juicio del árbitro fue otro. El juez de línea corrió hacia él, señaló la mano, pero Nimo, como si estuviera ciego o sordo a la injusticia que estaba presenciando, decidió ignorar todo y permitió que la jugada continuara. A continuación, sancionó una infracción menor de Rodríguez sobre Marín, y de manera aún más increíble, dio por terminado el partido a los 42 minutos del segundo tiempo.
El asombro invadió a todos. Nadie entendía qué estaba pasando. El sueño de River Plate se había esfumado en un abrir y cerrar de ojos, bajo la sombra de una decisión que no solo fue errónea, sino que rozaba la burla más cruel. La incredulidad se transformó en ira, y la ira, en una impotencia desgarradora. En un acto final de indiferencia, Nimo recogió el balón y salió del campo de juego, tomando el túnel hacia el vestuario como si nada hubiera pasado, como si el destino no le hubiera fallado a toda una hinchada, a toda una nación.
La semana siguiente, Vélez Sarsfield se coronó campeón al vencer 4-2 a Racing, pero el campeonato tenía un sabor amargo, un sabor envenenado por la injusticia. El sueño de River Plate había sido despojado ante los ojos del fútbol argentino. El Colegio de Árbitros suspendió a Nimo por 30 días, pero ya era demasiado tarde. Su carrera había quedado marcada por una mancha que no se borraría nunca. El escandaloso y descarado error de no sancionar el manotazo más claro de la historia del fútbol argentino, una falta que alteró el curso del campeonato y que dejó una herida abierta en el corazón de River, fue el punto de no retorno para su carrera. Nimo, considerado en su momento uno de los árbitros más respetados, nunca volvió a dirigir en partidos de gran magnitud.

Era una noche mítica en Córdoba, la cancha de Talleres se vestía de gala para recibir el partido decisivo del Torneo Nacional de 1977. En el aire flotaba la tensión, el desafío, el destino pendiente de una jugada más, de un respiro más. Independiente, con la ventaja mínima de 1-0, estaba a un empate de consagrarse campeón. El resultado parecía asegurado, el título al alcance de la mano, pero el fútbol, ese juego impredecible, tenía otros planes.
En un giro inesperado, la balanza se inclinó hacia el otro lado con una decisión controvertida. Una mano de Pagani, sin intención, en el área de Independiente, fue sancionada como penal a favor de Talleres. El estadio se sacudió, y Cherini, con calma, transformó la pena máxima en gol. El empate reavivó las esperanzas de los cordobeses, pero la historia estaba lejos de resolverse.
Apenas unos minutos después, otra jugada cambiaría el curso de los acontecimientos. Un tiro libre para Talleres. El balón se elevó al cielo cordobés, y Luque, con precisión, mandó el centro al área. Bocanelli, quien saltó con la fuerza de un hombre dispuesto a hacer historia, conectó el balón de cabeza. Pero no fue un cabezazo. No. La pelota fue empujada con el puño, con la fuerza de un jugador de voleibol, desafiando las reglas con una violencia que solo el fútbol sabe crear. Pero allí, en medio de la locura, el árbitro Barreiro, increíblemente, no advirtió la infracción. El gol fue validado, desatando una oleada de furia y confusión.
La indignación se apoderó de los jugadores de Independiente, pero el árbitro parecía sordo ante sus reclamos. La tensión creció de forma explosiva, y el control del partido se desmoronó. Tres expulsiones se sucedieron en un abrir y cerrar de ojos. Trossero, Larrosa y Galván, víctimas de una frágil paciencia, abandonaron el campo por exceso verbal. Tres hombres menos, el título escapando, y el reloj avanzando sin piedad.

En ese momento, el entrenador de Independiente, Pastoriza, no titubeó. Con valentía, apostó por un cambio ofensivo. Entraron Biondi y Bertoni, dos hombres con alma de gladiadores, dispuestos a rescribir la historia. La batalla parecía perdida, con once jugadores de Talleres frente a ocho de Independiente, pero el fútbol tiene la rara virtud de premiar a los valientes.
Fue entonces cuando el genio, el talento, la magia del fútbol se alzó por encima de la injusticia. En una jugada memorable, Independiente orquestó un ataque fulminante. La pelota recorrió el campo con velocidad, con precisión, hasta que llegó a los pies de Bochini, el ídolo de los rojos. Con su serenidad y su toque exquisito, Bochini ejecutó un remate que puso el 2-2 en el marcador y consagró a Independiente como campeón.
La noche del 1977 fue la noche en que la justicia, aunque tardía, se hizo presente. La justicia del talento, de la pasión, de la lucha inquebrantable. Fue una noche en que la injusticia se vio desbordada por el alma de un equipo que nunca dejó de creer, que nunca se rindió. Un equipo que, a pesar de los obstáculos, demostró que el fútbol no solo se gana con reglas, sino con corazón.
DEPORTE
Palmeiras vs. Flamengo: formaciones, hora y dónde ver por tv

Palmeiras vs. Flamengo. Foto: Twitter @Palmeiras
Palmeiras y Flamengo definen este sábado en Lima al primer «tetracampeón» brasileño de la Copa Libertadores, en una final donde el ganador será el primero de Brasil en lucir en sus vitrinas cuatro trofeos del máximo torneo de clubes de Sudamérica.
Es la séptima vez en la historia de la Libertadores que dos equipos brasileños se encuentran en la final, y la segunda ocasión en que coinciden Palmeiras y Flamengo, tras el precedente de 2021, con triunfo por 2-1 del Verdao.
En aquella ocasión, ambos equipos se jugaban ser el primer club brasileño en tener tres Copas Libertadores en sus vitrinas, y ahora la situación se repite en busca del cuarto galardón del máximo torneo de clubes.
En el Estadio Monumental de Lima se encontrarán los dos mejores equipos brasileños del momento. Entre los dos han ganado cuatro de las seis últimas ediciones de la Libertadores y este año han protagonizado un duelo mano a mano por quedarse con la liga de Brasil, que está cerca de caer del lado del Flamengo.
En ese pulso, el Palmeiras ha cedido terreno en las últimas semanas y las críticas han recaído sobre el técnico portugués Abel Ferreira, que prácticamente tiene en esta final de la Libertadores su última oportunidad para no cerrar el año en blanco.
Pese a las críticas, el camino del Palmeiras para llegar a esta final ha sido imperial. Solo perdió un partido en el encuentro de ida de la semifinal contra Liga Deportiva Universitaria de Quito (3-0), lo que luego revirtió en Sao Paulo de manera soberbia con un 4-0, para no perderse la final.
En cambio, Flamengo, si bien también perdió solo un partido, sufrió más para alcanzar la final, al quedarse al borde de la eliminación en la fase de grupos, eliminar a Estudiantes en los cuartos de final por penaltis y por la mínima en semifinales a Racing (1-0).
Ambos equipos han viajado a Lima con todos sus integrantes, incluidos los futbolistas impedidos de jugar. El ‘Verdao’ no podrá contar por lesión con Paulinho ni con Lucas Evangelista, mientras que el portero Wéverton será duda hasta última hora.
Al otro lado, el ‘Mengao’ tiene lesionado al delantero Pedro y tampoco podrá contar por suspensión con el delantero ecuatoriano Gonzalo Plata, que fue expulsado por roja directa en el encuentro de vuelta de las semifinales frente a Racing.
En el banquillo de Palmeiras, Ferreira busca su tercera Copa frente a Filipe Luís, el exfutbolista del Atlético de Madrid y discípulo de Diego ‘el Cholo’ Simeone que está ante la oportunidad de conseguir su primer título internacional como entrenador.
El técnico brasileño, junto al uruguayo Giorgian De Arrascaeta, son los dos únicos integrantes de Flamengo que quedan de la final de 2019, donde el equipo carioca conquistó su segunda Libertadores frente a River Plate también en el Estadio Monumental de Lima, una ciudad donde los rojinegros se sienten como en casa.
A su vez, el exjugador del Real Madrid Danilo puede convertirse en el primero en haber ganado dos Ligas de Campeones y dos Libertadores, mientras que el excolchonero Saúl Ñíguez busca ser el segundo español en levantar este título tras haberlo hecho Pablo Marí en 2019, también con Flamengo e igualmente en Lima.
Probable formación de Flamengo vs. Palmeiras, por la Copa Libertadores
Rossi; Varela, Léo Ortiz, Léo Pereira, Alex Sandro; Erick Pulgar, Jorginho, Giorgian De Arrascaeta; Jorge Carrascal; Bruno Henrique y Everton ‘Cebolinha’. DT: Filipe Luís. DT: Filipe Luís.
Probable formación de Palmeiras vs. Flamengo, por la Copa Libertadores
Carlos Miguel; Khellven, Gustavo Gómez, Murilo, Joaquín Piquerez; Allan, Andreas Pereira y Raphael Veiga; Felipe Anderson (o Sosa), José Manuel ‘Flaco’ López y Vítor Roque. Entrenador: Abel Ferreira.
Datos del partido entre Flamengo vs. Palmeiras, por la semifinal de la Copa Libertadores
- Hora: 18.00
- TV: Fox Sports
- Árbitro: Darío Herrera (ARG)
- Estadio: Monumental de Lima
Palmeiras,Flamengo,Copa Libertadores
POLITICA2 días agoLa financiera vinculada a “Chiqui” Tapia utilizó 42 empresas falsas para lavar $72 mil millones: la lista completa
ECONOMIA3 días agoSantander y BBVA informaron en Madrid que frenaron el crédito en la Argentina ante la suba del riesgo
DEPORTE2 días agoClaudio Tapia: “No es la primera vez que vivimos esto, pasaron tres presidentes en mis 9 años y me quedan muchos más”
















