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DEPORTE

El Flamengo echa raíces en Barcelona: ‘Nos quedamos despiertos hasta las 5:00AM para verlo’

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8.521 kilómetros es la distancia que separa al punto más céntrico de Río de Janeiro con su equivalente en la ciudad de Barcelona. Pero se necesita mucho más que simple espacio para romper los hilos del amor. Los que unen a cada aficionado del ‘Consulado Fla Barcelona Oficial’ con su amado Flamengo, vigente campeón del Brasileirao, de la Copa Libertadores y finalista de la Copa Intercontinental que disputarán ante el PSG este miércoles (18.00h). Desde la capital de Catalunya, la peña del equipo carioca mantiene su pasión como si estuvieran a los pies del Maracaná.

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¿Cuántos goles tiene que hacer Cristiano Ronaldo en 2026 para llegar a los 1.000?

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Es el sueño de alcanzar una marca que parecía lejana y que, con el paso de los años, empezó a verse cada vez más cercana. El objetivo de Cristiano Ronaldo de llegar a los 1.000 goles será uno de los focos principales a nivel mundial en 2026. Lo concreto es que, este martes, el portugués llegó a los 957 oficiales y quedó a 43 del tan ansiado récord.

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De derecha, izquierda, cabeza o hasta de espalda, tal como convirtió su último tanto del año en el empate 2-2 de Al Nassr ante Al-Ettifaq. Cristiano quiere llegar a toda costa. El tiempo lo tiene: si bien cumplirá 41 años en febrero, tiene contrato con el conjunto árabe hasta mediados de 2027. Es decir, finalizará su vínculo con 42 pirulos.

Cristiano Ronaldo –  

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Cristiano Ronaldo le dio la ventaja a su equipo con un gol peculiar

Con un rebote en su parte posterior, Cristiano Ronaldo puso el 2 a 1 de Al-Nassr sobre Al Ettifaq.

Las probabilidades de llegar a los 1.000 en 2026

El próximo año será pesado. No solo por lo que tendrá que competir con Al Nassr, sino también porque se viene el Mundial. Ahora bien, en 2025, Cristiano llegó a 41 goles en 46 partidos jugados. Una bestia. Y si sigue, más o menos, en ese promedio, quedará ahí nomás de llegar.

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CR7 hizo 41 goles en el año (REUTERS/Stringer/File Photo).

Pero ojo, porque la Copa del Mundo no solo será una prueba en lo futbolístico, sino también que le da más posibilidades para llegar al récord. Es que, con Portugal (a menos que suceda algo y no vaya) tendrá la chance de disputar hasta ocho partidos más de los que juega en un año común. Esto, siempre y cuando los lusos lleguen a la final. Por lo menos, los tres de la fase de grupos los tiene asegurados.

La racha que no mantuvo Cristiano en 2025

Dentro de las variadas marcas con las que se lo relacionó -y las que alcanzó- desde su debut profesionnal, hay una que no logró mantener en 2025: convertir un hat-trick. Desde el 2010 hasta el 2024, de forma ininterrumpida, metió tres goles en un mismo partido de la temporada. Y este año, a pesar de sus 41 gritos, no lo logró.

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El último partido, Cristiano no convirtió de a tres y perdió la racha (REUTERS/Stringer).El último partido, Cristiano no convirtió de a tres y perdió la racha (REUTERS/Stringer).
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¡Al puro estilo Stranger Things! Santos renueva a Neymar hasta diciembre de 2026

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Hay Neymar Jr. para rato. En vísperas de año nuevo, Santos anunció, al puro estilo Stranger Things, la renovación del brasileño hasta diciembre de 2026. «Es aquí en donde quiero realizar los sueños que faltan en mi carrera», afirmó el ex de Barça y PSG en un emotivo video publicado por el Peixe en sus redes sociales.

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¿Y si acaba de empezar el último año de Messi con la camiseta de la Selección?

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Messi, coronado de gloria, el día que ganó el Mundial de Qatar 2022 (REUTERS/Hannah Mckay)

Sé lo que hicieron el 13 de diciembre de 2022. Sé que fueron felices, que algunos de los que están acá leyendo esto se levantaron del sillón mientras Julián Álvarez se llevaba la pelota por delante hasta meterla en el arco croata como si corrieran con él. Que los que no se levantaron durante la corrida se levantaron después, para festejar el segundo de los tres goles argentinos de esa semifinal.

Sé que algunos salieron a la calle a festejar y otros, “los más cautos”, que en nuestro idioma quiere decir los más cabuleros, se quedaron en casa para no quemar nada hasta la Final. Sé que, si cierran los ojos, pueden recordar a la perfección la máscara de Batman que vestía Gvardiol, el maravilloso defensor croata que se descaderó por culpa del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos.

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Pero también sé que en medio de esa felicidad, de esa euforia, de ese agrande argentino que ya venía ensanchándose desde el Topo Gigio y el “qué mirás bobo”, sintieron terror. Sé que vieron a Messi agarrarse el aductor y se aterrorizaron. Que tuvieron un instante de parálisis y un instante inmediatamente posterior de pánico absoluto. Que se encomendaron a eso en lo que cada uno de ustedes cree, incluso los que creen que no creen, y que rogaron que la molestia pasara en el entretiempo.

Sé que estuvieron atentos a lo que dijeran el comentarista y quien estuviera cubriendo el banco de suplentes de la Selección sobre ese agarre de ese aductor de esa pierna que es la varita mágica de un país entero. Y que cuando Messi, a la espera de que empezara el segundo tiempo, se volvió a masajear el aductor, vieron el sueño derrumbarse.

El desborde ante Gvardiol, que
El desborde ante Gvardiol, que no pudo contener a Messi en la Semifinal de Qatar. Argentina ganó 3 a 0 (REUTERS/Molly Darlington)

Pensaron, incluso, que si Argentina era campeón pero un desgarro sacaba a Messi de la cancha, todo habría sido en vano. Duró uno, dos o diez segundos, pero sé que se sintieron encerrados en una pesadilla del destino. Lo sé porque el 13 de diciembre de 2022 yo hice lo mismo que todos ustedes.

Y eso incluyó, durante un entretiempo y los primeros instantes del segundo tiempo ante Croacia, sentir que tal vez habíamos asistido a los últimos minutos de Lionel Andrés Messi en la cancha con la camiseta de la Selección. Esa vida que llevamos viviendo hace veinte años como si fuera normal. Como si no fuera un milagro. Esa vida que está a punto de terminarse, para él y para nosotros, pero a la que le queda su Last Dance en el Mundial 2026.

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Los finales, en general, son o inesperados o más o menos previsibles. O se te cae un piano en la cabeza, el famoso piano en la cabeza que nunca se le cayó a nadie que conozcamos, o te morís de viejo, o de una enfermedad larga y dolorosa que, digamos todo, da tiempo para decir adiós. O te separás tirando la ropa del otro por la ventana o la pareja se deshoja como una margarita hasta que el menos cobarde dice “hasta acá”.

La carrera de un futbolista se puede terminar la última vez que se rompe los ligamentos cruzados y entonces un médico confirma que esa rodilla no da más, o te retirás a los treinta y largos, cuarenta y piquito incluso. Te sacan antes del minuto noventa, te ovacionan, ves tu carrera pasar delante de tus ojos, aplaudís con los brazos en alto y te vas definitivamente de la vida que viven los futbolistas profesionales.

Messi durante el Mundial de
Messi durante el Mundial de Alemania 2006, el que marcó su debut. EFE

El final de Messi se acerca y, como casi todo en su vida, asoma extraordinario. Ni nos vamos a tirar platos por la cabeza ni se está deshojando nuestro amor. Eso es lo más dramático: seguimos completamente enamorados. Pero en algún momento el tipo va a tener que decir basta o va a querer decir basta, y nosotros vamos a hacer lo que podamos con la noticia porque sigue siendo hermoso verlo jugar.

Sigue siendo hipnótico ver cómo compensó la velocidad y la explosión que fue perdiendo con una capacidad infalible de estar parado siempre en el mejor lugar de la cancha y con unas asistencias inexplicables para la física. Sé lo que están haciendo ahora: están pensando por enésima vez por dónde pasó la pelota que Messi le dio a Molina en el partido contra Holanda.

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Pero sigo con lo nuestro. Como el final de Messi con la camiseta de la Selección se acerca, mi consejo es que compren carilinas. Que se stockeen. Que ahora mismo no es el Bitcoin ni las latas de atún: son las carilinas.

Aprovechen, incluso, esta temporada baja de resfríos y de alergia a los plátanos para hacerse de una buena cantidad de pañuelitos de papel. Compren en el vagón del tren o del subte, o a quien se los ofrezca en un semáforo. Aprovechen el próximo CyberAlgo no para comprar un televisor o pasajes a Río de Janeiro: compren carilinas.

Messi frente a Van Gaal
Messi frente a Van Gaal tras la victoria de Argentina ante Países Bajos, en los Cuartos de Final de Qatar 2022 (REUTERS/Paul Childs)

Si una tía incluyó un paquete en un regalo navideño que también trajo colonia y un par de medias, no maldigan. Agradezcan y almacenen. Las van a necesitar. Van a poder, incluso, convidarlas y que eso sea leído como un gesto de total camaradería en medio de la angustia. Suena ridículo pero tener carilinas los va a hacer quedar bien con conocidos y desconocidos el día que este país llore todo al mismo tiempo.

No sabemos cuándo será ese día, el último partido profesional de Lionel Messi en la Selección. ¿Será durante el Mundial tripartito que también jugarán Curazao, Cabo Verde y Uzbekistán? Y si lo fuera, no sabremos cuál será el último partido hasta que Argentina lo esté jugando.

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Esa es la magia de los Mundiales: nunca sabés que estás jugando tu último partido hasta que ese partido termina, excepto que estés jugando la Final, y entonces las carilinas, por ganar todo o por perder todo, serán un objeto de primera necesidad.

No sabemos cuándo será el día pero imagínense. Messi con los brazos en alto. Llorando porque ganó o llorando porque no ganó. Secándose las lágrimas, sorbiéndose los mocos, arrodillado, haciéndole una vez más una seña de agradecimiento a la abuela que lo mira desde el cielo.

La familia Messi tras la
La familia Messi tras la consagración en el estadio Lusail (REUTERS/Molly Darlington)

Abrazando a sus compañeros, a Scaloni, tirándoles besos a Antonela, a Thiago, a Mateo, a Ciro, a Celia, saludando a los miles de hinchas argentinos que haya en la cancha, diciéndoles algo por televisión a los millones de argentinos que estemos en casa, algo como que el fútbol lo hizo muy feliz, que la Selección lo hizo muy feliz, que ahora es tiempo de descansar. Y llora y sonríe, y no mira demasiado a cámara porque todavía se pone nervioso, y se va para nunca más volver. Se va y se lleva con él un pedazo de cada uno de nosotros. ¿Alguien necesita una carilina ahora?

Me lo dijo una gitana. No, perdón. Me lo dijo una psiquiatra. “Lo más difícil de un duelo no es perder a la persona que perdemos, sino perder lo que se va de nosotros cuando se va esa persona”.

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No los quiero deprimir, pero prepárense. Porque el día que Messi se vaya del todo, sea en el Mundial 2026, o en el 2030, o cuando él quiera, una parte de nosotros también se va a ir. La parte nuestra que empezó a maravillarse hace dos décadas y que todavía no puede creer lo que tiene delante de sus ojos.

Se nos van a ir los minutos que dedicamos a mirar cada uno de sus nuevos partidos, o los resúmenes de sus partidos, o lo que haya pasado en el entrenamiento. Se nos va a lacrar el pedacito de cerebro y el pedacito de corazón que tenemos exclusivamente reservado a sorprendernos cuando Messi hace algo que no creíamos que alguien podía hacer.

Se nos va a ir esa sensación de confianza y de entusiasmo turbo que nos agarra cuando se para delante de un tiro libre, y esa mezcla inexplicable de total seguridad y de cornisa ante la desgracia que vivimos cuando creemos que va a meter un penal decisivo pero tememos que lo erre y que la foto de él agarrándose la cabeza recorra el mundo.

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Di María, Messi y Otamendi,
Di María, Messi y Otamendi, ganadores de la Copa América 2024 (REUTERS/Agustín Marcarian)

Se nos va a morir la posibilidad de que el Messi futbolista nos cree nuevos recuerdos. No veremos en la cancha esas piernas, esos ojos atentos que encuentran un agujero donde todos los demás ven una pared, ese espíritu de capitán que le construyó el tiempo.

Se nos va a ir el alivio que nos daba en la primaria ganar el pan y queso porque entonces sabíamos que el mejor iba a estar en nuestro equipo. Nos vamos a mudar a la incertidumbre de quién nos va a hacer sentir algo parecido. O algo peor: no vamos a saber si alguien alguna vez nos va a hacer sentir así de nuevo.

Vamos a quedar huérfanos. No sabemos cuándo pero sabemos que vamos a quedar huérfanos. Y en ese vértigo estamos viviendo.

Les dije que almacenen carilinas y que se les va a morir una parte suya. Pum para arriba. Pero, les juro, no los quiero deprimir. Antes de las carilinas nos quedan algunos amistosos, la Finalíssima y, si todo sale recontra bien, ocho partidos en este nuevo formato de Mundial que debutará en junio, trece días antes de que nuestro capitán cumpla 39 años.

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Nos queda un poco más del Messi que en la Copa América 2021 empezó a sacarse la mufa de encima, que ya ganó el Mundial que se le había negado las cuatro primeras veces y que ahora juega con la liviandad, con la seguridad y con la alegría de haber podido mirar a su mujer, sus hijos y su mamá para decirles de una vez ese “ya está” definitivo.

Messi capitán (EFE/Noushad Thekkayil)
Messi capitán (EFE/Noushad Thekkayil)

Nos queda más del Messi que se ríe más que antes con los compañeros y se pelea más que antes con los rivales y con los árbitros. De ese Messi que ya ganó todo y que ya es el hombre que más partidos de Copa del Mundo jugó, pero que quiere un poco más porque Messi es, todos los minutos de su vida, un tipo que le saca una ventajita a su hijo del medio para ganarle una ronda al “Uno”.

Nos queda un rato más del Messi que hizo puchero y revoleó un botín cuando tuvo que salir de la cancha en la final de la Copa América contra Colombia porque se le terminó el partido antes de tiempo, y porque su cuerpo, cada tanto, le avisa “mirá que va quedando cada vez menos”. Ese Messi que sabe que queda poco tiempo y que sigue muerto de hambre.

Así que bailemos, que queda poco pero la fiesta todavía no terminó y no va terminar hasta que apaguen la música y prendan las luces. Y ojalá cuando las prendan tengamos las carilinas a mano.

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