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Michael Phelps explicó la mentalidad que lo llevó a dominar cinco Juegos Olímpicos: “Odio perder más de lo que disfruto ganar”

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Michael Phelps destaca en el Figuring Out podcast la importancia de la mentalidad ganadora y la disciplina diaria en el deporte olímpico (Captura de video: YouTube/Figuring Out)

Michael Phelps, el atleta olímpico con más medallas en la historia de los Juegos Olímpicos, expuso en el Figuring Out podcast su perspectiva sobre la mentalidad ganadora, la disciplina diaria y el aprendizaje que surge de la derrota.

Desde sus primeros recuerdos, definió su carácter de manera clara: “Odio perder más de lo que disfruto ganar”. Para el ex nadador, el éxito representa la acumulación de acciones simples y una actitud rigurosa, construida “diariamente, detalle a detalle”.

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Phelps recordó su niñez en Baltimore, marcada por una energía inagotable y serias dificultades para permanecer quieto. “De niño era incapaz de quedarme quieto. Me diagnosticaron trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Mi madre me apuntaba a cualquier deporte para agotar mi energía”, detalló el atleta al conductor del podcast Raj Shamani.

Encontró en la piscina su espacio de libertad: “El agua era mi refugio. Ahí podía transformar rabia en movimiento sin las restricciones del aula”. No obstante, enfrentó el estigma escolar. “Una profesora me dijo que nunca llegaría a ser nada. Recuerdo perfectamente dónde estaba sentado, su nombre y su cara. Esa frase me impulsó a probar que estaba equivocada”, recordó.

El ex nadador olímpico Michael
El ex nadador olímpico Michael Phelps relató cómo su infancia marcada por la hiperactividad influyó decisivamente en su carrera deportiva (Captura de video: YouTube/Figuring Out)

En el Figuring Out podcast, relató que las críticas terminaron por convertirse en su motor: “Convertí lo que algunos llamaban un problema en una especie de superpoder”.

A los 11 años, la aparición del entrenador Bob Bowman marcó un antes y un después. Más que un entrenador carismático, fue quien le impuso un método de exigencia constante y una lógica de compromiso absoluto con la natación.

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Desde el inicio, fijó un objetivo concreto ante la familia: “Podrías estar en los Juegos Olímpicos en cuatro años, pero debes dedicarte solo a la natación”. La condición no era retórica. El entrenamiento estuvo marcado por reglas estrictas y consecuencias inmediatas. “Me decía: si bajas los pies, te vas fuera del entrenamiento”, recordó Phelps, una dinámica que moldeó hábitos, disciplina y tolerancia a la frustración.

La influencia del entrenador no
La influencia del entrenador no se limitó a la técnica o a la preparación física: fue central en la construcción de una mentalidad obsesiva por el detalle (Captura de video: YouTube)

Con el paso del tiempo, esa relación de control y exigencia derivó en un vínculo de confianza profunda. “Que él creyera en mí me hizo pensar que todo era posible”, explicó el ex nadador, quien con los años describió a Bowman como una figura paterna.

Phelps describió su carrera como una rutina sostenida de exigencia extrema, basada en la repetición y la ausencia deliberada de concesiones. Durante años, el entrenamiento no admitió pausas ni excepciones: “Entrené seis años seguidos sin faltar ni un solo día”, aseguró.

Ese nivel de compromiso también definió su vínculo cotidiano con Bowman. La relación estuvo atravesada por conflictos frecuentes y una tensión permanente, que ambos asumían como parte del proceso de mejora. Para el atleta estadounidense, esa fricción no era un obstáculo, sino el precio de competir en un margen mínimo de error, donde la diferencia se mide en centésimas de segundo.

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Para Phelps, la derrota no admite matices ni reinterpretaciones. En su lógica competitiva, no existe el consuelo del podio: todo resultado que no sea el primer lugar equivale a un fracaso. “Quedar segundo es perder. Solo valen los oros”, resumió.

Phelps sostiene que la derrota
Phelps sostiene que la derrota es su mayor fuente de aprendizaje, motivándolo a buscar siempre el primer lugar en cada competencia (REUTERS)

Sin embargo, es en la derrota donde ubica sus aprendizajes más persistentes. “Recuerdo más las veces que fallé que las que gané. La sensación de perder es tan desagradable que hago todo lo posible por no repetirla”, admitió.

En el tramo más exitoso de su carrera, aseguró haberse sentido imparable. “Entre 2007 y 2008 me sentía invencible en la piscina. No había nadie en el mundo que pudiera vencerme”, afirmó. Esa percepción encontró respaldo en los resultados: durante los Juegos Olímpicos de Beijing obtuvo ocho medallas de oro en ocho pruebas, una marca inédita en la historia olímpica.

Ese dominio no fue un episodio aislado. A lo largo de cinco Juegos Olímpicos, acumuló 28 medallas, 23 de ellas de oro, y estableció 39 récords mundiales, cifras que lo convirtieron en uno de los atletas más exitosos.

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Phelps atribuyó su éxito a
Phelps atribuyó su éxito a una metodología de trabajo obsesivo en los detalles, la repetición constante y el enfoque permanente en sus objetivos deportivos (REUTERS)

Según explicó, ese rendimiento respondió a una metodología basada en la atención obsesiva a los pequeños detalles y en un trabajo repetitivo y perfeccionista, con los objetivos siempre presentes. “Si no trabajaba para acercarme a ellas, era como retroceder”, sostuvo.

Después de retirarse, orientó su vida hacia la promoción de la salud mental. “El segundo capítulo es aún más grande: aquí está en juego la vida. La natación fue genial, pero ahora intento salvar vidas hablando de salud mental”.

Reveló que durante muchos años ocultó su sufrimiento: “Acumulaba todo hasta explotar. Aprendí que pedir ayuda y asistir a terapia me salvó la vida. Es fundamental reconocer que no siempre estaremos bien”.

También puso en duda la creencia de que mantenerse ocupado protege del malestar: “Ocuparse todo el día no te salva. Puedes estar siempre activo y sentirte igual de mal. Lo importante es tener herramientas y apoyos y no silenciar el dolor”.

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Con triplete de Federico Valverde, Real Madrid goleó 3-0 a Manchester City por los octavos de la Champions League

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El Madrid goleó en la Champions League. Foto: EFE

Cuando solo aquellos que apelaban al poder de la historia del Real Madrid en la Champions League, al orgullo del rey herido, concedían alguna opción ante el Manchester City, un recital de compromiso a imagen y semejanza de Fede Valverde, en la noche soñada del uruguayo, autor del primer triplete de su carrera, alimentó lo que se antojaba un milagro con un 3-0 que incluso pudo ser mayor si Vinícius no hubiese perdonado un penalti (3-0).

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Al libro de los imposibles en la Champions League el Madrid le añadió un nuevo capítulo. Con siete bajas de la dimensión de Mbappé o Bellingham. Con un equipo unido en el esfuerzo que sintió que toda la temporada se la jugaba en un duelo desigual, ante un City repleto de estrellas, cuyo brillo se apagó un día más en el Bernabéu… En la grada, la mutación pasó de la insatisfacción permanente al orgullo máximo por la imagen de su equipo.

El triunfo que necesitaba Álvaro Arbeloa. Valiente sosteniendo a un chico de 18 años, Thiago Pitarch, en un duelo de tal dimensión, fortaleciendo el centro del campo condicionado por las circunstancias y las lesiones. Entendió que atacar de forma directa al equipo de Pep Guardiola era un suicidio y jugó sin 9. Con Gonzalo en el banquillo. En esta ocasión el factor sorpresa que tanto gusta a Pep, saltó en su contra.

Con el traje de batalla puesto, el Real Madrid entendió que la única forma de llegar con vida al Etihad era vaciarse en cada acción. Las ayudas fueron constantes, no hubo distinción entre jugadores a la hora de correr y pelear. Con sacrificio, la distancia en calidad se recortaba, y en el Bernabéu siempre aparecen oportunidades de golpear. No las desaprovechó cuando las tuvo y sin Mbappé, apareció un goleador inesperado.

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Los días grandes piden el paso al frente de los líderes y el indiscutible, por carácter, orgullo, casta, espíritu competitivo y calidad, fue Fede Valverde. Su nombre retumbó en cada rincón del Bernabéu con una exhibición sin precedente. Igual que aparecía en el lateral para rebajar el agua que le llegaba al cuello a Trent con Doku, lanzaba una carrera por banda derecha que no podía culminar con centro por la ausencia de un rematador, situación que decidió solucionar él mismo siendo también el goleador.

El City desató su inestabilidad por su falta de contundencia defensiva. Carente del colmillo competitivo que exhibió el Real Madrid, que, lejos de intimidarse cuando Doku se iba de todos en su primera carrera, lanzaba dos centros al corazón del área que no encontraban rematador, cuando Savinho chutaba blanda la primera y Bernardo Silva la enganchaba cerca del poste, ejecutó a la perfección el plan de Arbeloa.

El éxito debía nacer desde una buena defensa. Huijsen, la única novedad del once del equipo que tiró de casta en Balaídos, recuperó la confianza perdida frenando una carrera que era estampida de Haaland. Y el paso definitivo, hacer sentir el peligro de un Real Madrid impulsado por el Bernabéu en una de esas noches especiales europeas, lo debía dar Vinícius. Picó un balón a Brahim que, con la punta y escorado, probó los reflejos de Donnarumma como aviso a una noche que no esperaba.

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A la desesperada salió intentando frenar la jugada más básica, y a veces la más efectiva, que rompió el partido. Un pase en largo preciso de Courtois a la carrera de Fede Valverde, provocó un grave error de O’Reilly, que midió mal. El uruguayo se hizo un autopase ante el portero, que quitó las manos quizás con miedo de salir del área, y derrotado en el césped vio como su rival empujaba el esférico a la red.

El partido soñado por el madridismo tomaba forma en siete minutos a añadir al historial del clásico moderno del fútbol europeo. El tiempo, entre el 20 y el 27, que tardaba Fede en volver a golpear, atacando la zona del 9 para chutar cruzado el pase de Vinícius tras su arrancada pegado a la banda izquierda. El 2-0 ya no era fruto de la casualidad.

Al City le pudo el Bernabéu. Empequeñeció sus virtudes y ejerció desde entonces un dominio improductivo. Rodri y Bernardo Silva, los jugadores de mayor experiencia, no pudieron imprimir el ritmo que demandaban Doku o Semenyo. El peligro estaba en los costados pero el sistema de ayudas tejido por Arbeloa encontró siempre respuestas. Y así, a tres minutos del descanso, Fede ponía el broche al partido de su carrera.

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Un gol para enmarcar el tercero. El balón picado con calidad por Brahim a la nueva aparición como delantero de Valverde, que inventó una ‘delicatessen’. Sombrero a Guéhi y sin dejar caer el balón, golpeo de exterior ante Donnarumma. El éxtasis en el Bernabéu. El retorno de la imagen más competitiva del Real Madrid en un curso repleto de irregularidad.

Lo más difícil lo había conseguido y en el segundo acto, su principal y casi única labor, debía ser conservarlos sin encajar. El City quiso dar un paso al frente buscando un gol que aumentase la opción de remontada en el Etihad, pero ante un Real Madrid dispuesto a darlo todo hasta el último suspiro, lo que acabó corriendo fue el riesgo de ver sentenciada la eliminatoria.

Porque las mejores ocasiones fueron de un Real Madrid que disfruta corriendo al contragolpe y castigando los espacios. Brahim la tuvo, tras un recorte de dibujos animados, pero se topó nuevamente con Donnarumma, y en las botas de Vinícius estuvo la goleada.

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Otra vez desde un grave error, impropio de un equipo que aspira a ser campeón de Europa, el pase errático de Khusanov siendo último hombre, con bote, que encontró a Güler en su camino. No dudo el turco en lanzar el balón al espacio, a la velocidad de Vinícius, que fue derribado en el mano a mano por Donnarumma. Sin Mbappé asumió el lanzamiento, con parada y blando, adivinado por el portero italiano.

Con el orgullo herido, tras pedir perdón con la mano en el pecho, Vini buscó su particular revancha. Le faltó puntería en las tres que generó. Sin acierto pero importantes para que el City no muriese en área rival. Defendió con fuerza su ventaja el Real Madrid. Courtois solo fue exigido por Semenyo, ayudado en una gran acción defensiva de Rüdiger, cuando Haaland estaba en boca de gol para marcar, y dejando otro día más la parada milagrosa, en un exceso de confianza de Thiago.

La valentía del canterano que levantó el aplauso minutos antes, lanzando un amago dentro de su área a la presión del rival, de cara a su portería, rozó la tragedia la segunda vez que lo realizó. El robo de O’Reilly, cerca del área chica, se dirigió a la portería y Courtois sacó una pierna que dejó en blanco al City. No empañó su recital físico que tanto ha dado al Real Madrid en sus dos últimos encuentros como titular.

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La diferencia de efectivos entre banquillos no cambiaron el escenario. Los cambios de Guardiola, con la entrada de Reijnders, Cherki o Marmoush, no aumentaron la dinamita arriba y el Real Madrid dio por bueno un 3-0 impensable para casi todos antes del inicio.

Real Madrid,Manchester City,Champions League

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Sede de la Finalissima: España propone el Bernabéu y la AFA quiere el Monumental

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12/03/2026 09:30hs.

La Finalissima espera sede. El partido que enfrentará a Argentina y España, los respectivos campeones vigentes de América y Europa, podría jugarse en el Santiago Bernabéu de Madrid. Así lo hizo saber La Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que propuso el estadio del Real Madrid para que se dispute dicho encuentro, previsto para el próximo 27 de este mes.

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Pero lo cierto es que la AFA no está de acuerdo con que el encuentro se juegue en el país ibérico. Así lo hizo saber Claudio Tapia que, cuando salió de declarar en Comodoro Py, indicó que «nos vamos a poner a trabajar porque España quiere que la Finalissima se juegue en España y yo quiero que se juegue en el Monumental», señaló ante los medios presentes.

Así, la sede de este partido es totalmente una incógnita porque, cuando todo parecía indicar que se jugaría en el Bernabéu, Tapia dejó en claro que la AFA se opone a esta opción y considera que se debe jugar en Sudamérica, más precisamente, en la cancha de River.

Tapia quiere que la Finalissima se juegue en el Monumental.

Cabe destacar que el partido estaba previsto disputarse en el estadio Lusail, en Qatar, escenario donde la Selección Argentina se consagró campeona mundial en el 2022. Sin embargo, el contexto geopolítico en Medio Oriente, con la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel, obligó a replantear los planes y buscar una alternativa fuera de la región.

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Tras una reunión entre dirigentes de la RFEF y la UEFA, quedó establecida la propuesta del Bernabéu como plan B. Pero la AFA le hará saber a Conmebol que no está de acuerdo con esta sede, por lo que se esperan más reuniones en las que se discutirán la posible sede. Mientras tanto, la fecha se acerca y nada está definido…

El Santiago Bernabéu, la propuesta de España.El Santiago Bernabéu, la propuesta de España.

Las posibles otras sedes

La situación en la región fue determinante para el cambio. El conflicto en Medio Oriente, con foco en la tensión con Irán, generó preocupación en torno a la seguridad del evento. Incluso desde la Asociación de Futbolistas Españoles habían solicitado públicamente evitar que el partido se disputara en una zona de conflicto, priorizando la seguridad de los futbolistas.

Durante la búsqueda de una nueva sede aparecieron otras alternativas. El Wembley Stadium, en Londres, fue una de las opciones que más fuerza tomó en un primer momento, pero quedó descartada porque ese mismo fin de semana Inglaterra y Uruguay tienen programado un amistoso en ese estadio con entradas ya vendidas.

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Wembley fue una de las primeras opciones analizadas.Wembley fue una de las primeras opciones analizadas.

También surgió la posibilidad de llevar el encuentro a Miami, aunque esa alternativa tampoco prosperó debido a que el Miami Open ocupará el Hard Rock Stadium durante esas fechas.

El Hard Rock estará ocupado por el Miami Open. El Hard Rock estará ocupado por el Miami Open.

Con este panorama, el Santiago Bernabéu y el Monumental pican en punta para albergar la Finalissima entre Argentina y España. ¿Se llegará a un acuerdo o habrá que buscar otro estadio?

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Finalíssima,Selección Argentina,España

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Leo Messi e Inter Miami dejan los deberes por hacer en la Concachampions

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Nashville e Inter Miami empataron este miércoles sin goles en el partido de ida de octavos de final de la Copa de Campeones de la Concacaf, dejando todo abierto para la vuelta la próxima semana en Fort Lauderdale.

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