DEPORTE
Toques, lujos y el único fanático de Argentinos Juniors que viajó: a 40 años de la mejor final de la historia de la Copa Intercontinental

Ya sé que las normas están para cumplirse. Para algo se hacen. ¿O no? Pero aquella vez, tendrían que haber hecho una excepción. Algo que pusiese un paréntesis. Único, irrepetible, inédito. Una reunión de suma urgencia de los directivos de FIFA al borde del campo de juego. Ya sé que el reglamento del fútbol establece que en una final tiene que haber un ganador. Esa tarde lluviosa de Tokio, nuestra agradable madrugada del domingo 8 de diciembre de 1985, ameritaba el asterisco para que los dos fuesen los campeones de la Copa Intercontinental. Argentinos Juniors no merecía perder. No en el simplismo del resultado. Iba más allá. Ese equipo nos había reencontrado con la esencia del juego más maravilloso. Su gesta fue tan grande, que, aún derrotado, lo estamos evocando 40 años más tarde.
La final de la Copa Intercontinental. La mejor de la historia. Es discutible, pero me afilio a la afirmación. Hace 40 años era otra historia a nivel medios de comunicación. Un equipo argentino del otro lado del mundo. Poco enviados, breves coberturas. Apenas la satisfacción de saber que el partido iba a ser televisado en directo, hecho que no siempre ocurría y que, en muchas oportunidades, se confirmaba en el mismo día. Nada de hablar de previas. Había que poner la tele un rato antes y allí arrancaba la ilusión.

Fue una hermosa costumbre futbolera que arrancó con Independiente el año anterior, prosiguió allí con Argentinos Juniors y tendría continuidad doce meses más tarde con River. Había que aguantar hasta la medianoche, para sentarnos frente al televisor. Aquella vez, pusimos Canal 13 y, como era un clásico, sonó “Handicap March”, la cortina que acompañaba las transmisiones de fútbol desde fines de los ’70. En los relatos y comentarios hubo una excelente dupla como lo era la que conformaban Carlos Asnaghi y Julio Ricardo.
Las imágenes desde Tokio, no muy nítidas, con los equipos casi saliendo a la cancha. Lo que nunca olvidaremos será el ulular de las cornetas o vuvuzelas que los japoneses accionaban sin cesar, taladrando nuestros oídos. Tiempos más románticos, donde no se había instalado esta costumbre actual, donde muchos son más contra de su adversario que hinchas de su propio cuadro. Además, los Bichitos, no generaban grietas. Eran el fútbol.

Argentinos Juniors venía embalado. Con justicia, había sido campeón de los dos últimos torneos locales y de la Copa Libertadores, en tres finales ardientes con América de Cali, levantando el trofeo recién en la definición por penales del desempate en Asunción. Una escuela de fútbol que aprobó todas las materias. Porque el cuadro de La Paternal trae desde la cuna, ese respeto por la pelota, ese intento de pulcritud innato de quienes nacen sabiendo qué hacer con ella.
Enfrente estaba la Juventus. Con su alta alcurnia y sus frondosos pergaminos. Una aplanadora a nivel local, pero con la deuda pendiente en el plano internacional, que había pagado a mitad de aquel ‘85, ganando su primera Champions, que lo depositó en Tokio. Tenía como figura fulgurante a Michel Platini, quien era considerado, por muchos, el mejor futbolista del planeta. Diego despejaría las dudas pocos meses después. Allí también estaban otros destacados, como el seguro arquero Stéfano Tacconi, dos históricos defensores de la Juve y de la Azzurra como Gaetano Scirea y Antonio Cabrini, más el danés Michael Laudrup en la delantera.

Hace 40 años era una verdadera travesía llegar hasta Japón. A la delegación de Argentinos Juniors le insumió más de 30 horas, con escalas en Río de Janeiro y Los Ángeles, hasta arribar el martes 3. Todos estaban uniformados del mismo modo: saco azul, camisa celeste, corbata colorada, pantalón gris y zapatos negros. Una vez instalados, comenzaron las prácticas, que fueron livianas, para ir aclimatándose. En una de ellas, luego de trabar fuerte, los dos más pibes, Borghi y Corsi, cruzaron algunos golpes de puño. Rápidamente fueron separados por sus compañeros y la historia concluyó allí. Un día antes, se realizó la recepción en la embajada argentina. Todo en un tono cordial, sin levantar el perfil. Al estilo de aquel plantel.
Víctor Tujschinaider es un respetado colega de amplia trayectoria. Su papá, Lito, fue un personaje. Desde siempre vinculado al club de La Paternal, fue el único hincha que viajó a Japón. Así nos recordó Víctor como se dio esa situación: “Mi viejo siempre decía que cuando Argentinos jugara por la Copa Libertadores, él iba a viajar a todas partes. Y así lo hizo con la histórica edición del ‘85, incluso yendo directo desde Cali a Asunción, ya que entre la segunda y tercera final hubo apenas 48 horas. Fue en el mismo avión con los dos planteles. Pero ir a Japón era complicado, lejos y caro. Recibió la ayuda de un tío mío. Compró el pasaje y viajó con el plantel. Cuando llegó allá, compartió la habitación con el enviado de la revista Solo Fútbol. Todos los periodistas argentinos que estaban allí lo detectaron porque era el único hincha del club que dijo presente en Tokio”.

“Por supuesto que ir a la cancha, en el estadio Nacional de Tokio, fue una emoción tremenda para él -continúa Víctor- porque siempre decía que iba a dar la vuelta olímpica de rodillas. Íbamos ganando 2-1 y comenzó a bajar en dirección al campo para cumplir con su objetivo, cuando llegó el empate. Tenía una gran relación con todos los integrantes del plantel, sobre todo con Claudio Borghi y Renato Corsi, que eran los más pibes y lo querían como a un tío. Ambas delegaciones estaban hospedadas en el mismo hotel (Tokio Prince) y se dio el gusto de sacarse una foto con Michel Platini. Para mi viejo fue una experiencia única, porque había nacido en el barrio y siempre fue un tipo muy querido en el club. Y con los integrantes de ese plantel forjó una relación para toda la vida”.
Argentinos Juniors se preparó para esa final, como lo hubiese hecho en cualquier cancha. Fiel a sus convicciones y estilo de juego. Con el Checho Batista como eje de cada salida y cada ataque, con esa claridad para cortar y entregar la pelota siempre domesticada, lista para el mejor uso de sus compañeros. Como sus laderos, el talento, un poco discontinuo pero efectivo del Panza Videla y ese motor incansable que habitaba en el Nene Commisso. Los laterales, Villalba y Domenech, iban y venían en forma incesante por sus bandas. Los dos centrales se complementaban a la perfección, con la firmeza de José Luis Pavoni y la calidad de Jorge Olguín, respaldados por la experiencia de Enrique Vidallé en la valla. Otra de las claves de ese equipo, eran sus dos punteros, parecidos y diferentes. Ambos veloces y punzantes. Más efectivo Pepe Castro, con mayor olfato en los últimos metros y un poco menos goleador, Carlos Ereros.

Un párrafo aparte configura el Bichi Borghi. Talentoso, clarividente, magnético para los que lo observaban, traía desde la cuna el ADN de los Bichitos. Sobresalía por sus rabonas, únicas e inolvidables, pero era mucho más que eso. La venta de Pedro Pasculli al Lecce a mitad de año, le dio la posibilidad de afirmarse como titular. Aquel partido en Tokio fue consagratorio. Mereció los más grandes elogios por una actuación descollante. Estaba claro que sería su plataforma de lanzamiento. Sin embargo, fue un espejismo. A partir de allí, salvo algunas excepciones, comenzó su declive, entre situaciones personales y falta de confianza, se fue diluyendo, pasando por más de 10 equipos en pocos años, dejando la sensación, inequívoca, de un eslabón perdido.
Había llegado la hora de jugar. El primer tiempo tuvo un muy buen nivel, pero el marcador terminó en cero. Fue el preludio de lo que estaba por venir: una fiesta de fútbol llena de emociones. En la primera acción, Laudrup eludió a Vidallé y convirtió un gol que fue anulado por posición adelantada. Enseguida, Argentinos se acomodó mejor, levantando el telón para el recital de Borghi, con toques, gambetas, desmarques y habilitaciones. A los 10 minutos llegó la apertura del marcador, con el sello del equipo. Olguín cortó un avance y salió del fondo con la pelota dominada, se la cedió a Videla, que habilitó magníficamente a Ereros por sobre la defensa. El puntero la dejó picar una vez y luego la colocó por sobre la salida de Tacconi.

Unos minutos más tarde se dio una jugada clave, que pudo ser el 2-0 y terminó en el empate, en una ráfaga. Claudio Borghi tomó la pelota saliendo del círculo central y fue eludiendo rivales de manera notable para ceder a Ereros, dentro del área recostado sobre la izquierda. La paró y enseguida cruzó el balón para Pepe Castro, quien convirtió ingresado por el otro sector. Un golazo. Pero fue anulado por off side. En la contra, un largo pelotazo cayó en el área de Argentinos Juniors y Jorge Olguín le cometió penal a Aldo Serena. El más sereno fue Platini, que la ubicó con maestría en un rincón.
Cuarenta años más tarde, uno revive el partido, con el mismo éxtasis futbolero de aquel momento. A cada destello sutil de Borghi, respondía una pincelada de Platini. A los 23, el francés hizo una maniobra descomunal, porque a la salida de un córner la paró con el pecho, de derecha la pasó por sobre la cabeza de un defensor y sin que toque el suelo, la empalmó de zurda. Un gol extraordinario, que fue invalidado por una posición adelantada de un compañero. Quedó para la posteridad el desconsuelo del crack, recostándose en el frío césped de Tokio.
“Labor consagratoria de Claudio Borghi”, dijo Julio Ricardo en la transmisión de canal 13. Y el Bichi sacó un conejo más de la galera a los 30 minutos. Aceleró desde la mitad de la cancha y le puso una pelota perfecta a Castro entrando por la derecha. Pepe se abrió apenas, para tener más ángulo y la clavó cruzada, con su habitual calidad. “Argentinos Juniors acaricia la Copa Intercontinental,” cerró su relato Carlos Asnaghi. Y era lo que todos sentíamos en esa madrugada de domingo ya avanzada.

Enfrente había un grande que no se iba a dar por vencido. Salió con todo en busca del empate, mientras los Bichitos no perdían su línea de toque. Cuando solo faltaban 8 minutos, Laudrup tomó la pelota fuera del área y se la dio a Platini, quien más que una asistencia le cedió una delicadeza en forma de pared. Un mágico toque de primera, que el danés concluyó en la red tras eludir a Vidallé.
El 2 a 2 tenía las dos caras de la moneda: premio para las ganas de la Juventus y castigo para un Argentinos que merecía la ventaja que había obtenido. El alargue trajo más cansancio que claridad, como si ambos hubiesen dejado todo (que fue mucho) en los 90 reglamentarios. La esperanza de Argentinos Juniors ahora dependía de los penales, instancia que le había permitido alzar la Copa Libertadores 45 días antes.
El stopper Brío puso el 1-0 y Jorge Olguín colocó el 1-1 con su tradicional categoría. En ese mismo renglón estaba Antonio Cabrini, de dilatada trayectoria. Su zurdazo se metió a la izquierda, pese a que Vidallé estuvo muy cerca. La primera distancia fue para la Juve, al adivinar Tacconi la intención en un anunciado disparo de Batista. A continuación, Aldo Serena llevó las cifras a 3-1 (por suerte, cinco años más tarde, su idéntico remate sería atajado por el Vasco Goycochea en el Mundial de Italia). La experiencia de J. J. López achicó la distancia y la esperanza creció con el penal que Vidallé le contuvo a Laudrup. Fue una efímera alegría, porque su colega Tacconi hizo lo propio con el tiro de Pavoni al medio del arco. Como si hubiese estado escrito, la definición quedó en el sensible pie derecho de Platini. Tomó una corta carrera, la acarició para depositarla junto al poste izquierdo.
Nos quedamos un rato frente al televisor. Con el desconsuelo como compañía. Ese Argentinos Juniors no merecía quedarse sin el trofeo. Pero el fútbol es maravilloso. Por eso nos permite recordarlo 40 años después, por haber protagonizado la mejor final de la historia de la Copa Intercontinental. Esa que mereció el guiño, la excepción. La que reclamaba que todos se hicieron los distraídos para consagrar a los dos como campeones del mundo.
DEPORTE
Carlos ‘Kaiser’, el mito que fichó por más de una decena de equipos y vivió como estrella… ¡Sin jugar ni un partido!

En el fútbol hay carreras que se cuentan por goles y otras por relatos. La de Carlos Henrique Raposo, conocido como Carlos ‘Kaiser’, pertenece al segundo tipo. Durante años, el brasileño se movió por el circuito profesional con una habilidad extraordinaria para estar en la foto sin estar en el partido. En Brasil lo recuerdan como un personaje de vestuario, amigo de figuras y especialista en sostener una carrera «sin prácticamente entrar al campo» en un encuentro oficial.
Kaiser no necesitaba highlights. Le bastaba con que su nombre circulara. En el Río de los 80, cuando la fama se fabricaba en bares, discotecas y pasillos de estadio, su biografía encajaba perfecto en el rumor. Globo Esporte lo definió como una vida «digna de un filme«, tejida alrededor de grandes clubes brasileños y viajes al extranjero, mientras el balón quedaba siempre al margen.
El apodo también hacía su parte. ‘Kaiser’ no era un dorsal, era una marca. En parte porque así se conocía a Franz Beckenbauer, famoso por su elegancia con el balón. En un ecosistema con menos controles y más confianza en la recomendación, ese nombre abría puertas, al menos el tiempo suficiente para firmar, entrenar, saludar y desaparecer antes del examen definitivo. Sin embargo, en el caso del brasileño el apodo no tenía nada que ver con su habilidad futbolística: Carlos lo heredó por su parecido con la estrella alemana.
El mayor estafador de la historia del fútbol
Inició su peculiar carrera a los 23 años, más motivado por el deseo de la fama, el dinero y la vida nocturna que por la pasión por el deporte. Durante una de aquellas rutinarias noches en las discotecas Río conoció a Mauricio de Oliveira Anastácio, estrella del Botafogo por entonces, quien lo recomendó al club tras escuchar supuestas hazañas suyas, como haber ganado la Copa Intercontinental de 1984 con Independiente.
Carlos Henrique Raposo era adicto a la noche de Brasil / X
La mentira se sostenía en una simple coincidencia: en ese equipo jugaba otro Carlos Enrique de su misma edad. En 1986, sin videos ni redes sociales, verificar identidades era complicado; los clubes confiaban en recomendaciones y fotos parecidas, por lo que Botafogo lo fichó como una estrella prometedora, ofreciéndole un contrato profesional sin hacer muchas preguntas.
Raposo evitaba jugar fingiendo lesiones constantes: pasaba semanas en la enfermería, aprovechando que en esa época no existían las resonancias magnéticas. Él mismo lo explicaba: «Iba a los entrenamientos y a los pocos minutos me tocaba el muslo o la pantorrilla y pedía ir a la enfermería. Durante 20 días estaba lesionado».
Parte de su estrategia consistía en firmar contratos de riesgo y la mayor brevedad posible, apenas por unos meses, para minimizar su exposición y maximizar ganancias rápidas. Recibía generosas primas por fichar que le permitían cobrar con antelación sin la obligación de rendir en el campo. Una vez terminado el contrato, pedía la transferencia a otro club y repetía el esquema con nuevas mentiras y avales, sosteniendo así dos décadas de ingresos sin minutos competitivos reales.
En ese recorrido conoció a Renato Gaúcho, quien lo recomendó y facilitó su llegada al Flamengo, elevando su estatus aparente. Solía llegar a los entrenamientos con un teléfono celular, un lujo en los 80, fingiendo llamadas en un inglés pobre a supuestos agentes europeos para impresionar o incluso con Josep Lluís Núñez, expresidente del FC Barcelona. El preparador físico descubrió el truco, pero lo mantuvo en secreto. También pedía a sus compañeros que le dieran patadas en los entrenamientos para justificar lesiones y refugiarse en la enfermería, lejos del terreno de juego.
Su carisma lo llevó hasta el Puebla de México, donde su don de gentes le evitó escrutinios. «Tengo facilidad para hacer amistades. A muchos periodistas de mi época les caía bien porque nunca traté mal a nadie«, explicaba. Ese encanto también le valió avales favorables en la prensa y entre colegas. Después «vistió» los colores de los extintos El Paso Patriots, en Estados Unidos, manteniendo su farsa transfronteriza durante seis meses.
La persistencia de la mentira
El episodio más cerca de exponerlo ocurrió de regreso en Brasil, en Bangu. «Me tocó ir al banco. Coritiba se puso 2-0 y a los pocos minutos de juego suena el radio del DT; me dijo que tenía que entrar, que era un pedido del presidente. Comencé a calentar y vi que algunos hinchas insultaban al equipo detrás del alambrado: salté el cerco y fui a pelearme con ellos. Me expulsaron antes de entrar y nunca jugué«.
Su momento cumbre llegó en 1990, cuando tuvo un efímero paso por el Ajaccio francés, una vez más beneficiado por contactos e historias inventadas. De vuelta en Brasil, pasó por América, Vasco da Gama, Fluminense y Guaraní, antes de retirarse a los 38 años.
Según la FIFA, estuvo en 11 equipos durante 16 años, entrando unas 14 veces al campo jugando apenas pocos minutos.
«Me siento culpable de no haber cumplido con las expectativas de la gente. Mucha gente buena creó expectativas a mi alrededor y nunca obtuvo resultados. No me arrepiento de nada. Los clubes engañan mucho a los futbolistas. Alguien tenía que vengarse de ellos«, confesó Raposo, el delantero que pasó por más de diez clubes y jamás anotó un solo gol.
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DEPORTE
Sorpresa en la Premier League: el Chelsea de Enzo Fernández anunció la salida del entrenador

Las tensiones entre Enzo Maresca y la directiva del Chelsea habían salido a la luz durante el cierre del 2025 y el tema terminó de estallar en las primeras horas del nuevo año: el entrenador dejó su cargo este 1 de enero.
“El Chelsea Football Club y el entrenador Enzo Maresca han decidido separarse. Durante su etapa en el club, Enzo llevó al equipo al éxito en la UEFA Conference League y la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Esos logros seguirán siendo una parte importante de la historia reciente del club, y le agradecemos sus contribuciones al mismo”, informó en un comunicado la entidad de la Premier League.
“Con objetivos clave aún por alcanzar en cuatro competiciones, incluida la clasificación para la Champions League, Enzo y el club creen que un cambio ofrece al equipo la mejor oportunidad de volver a encarrilar la temporada. Le deseamos lo mejor a Enzo en el futuro”, detallaron.
El diario británico The Guardian aseguró que el DT italiano de 45 años, que había firmado contrato por cinco temporadas en junio del 2024 para cubrir la vacante del argentino Mauricio Pochettino, tuvo un problema con la dirigencia: “La relación de Maresca con la directiva del club se ha roto y la ruptura ha llevado a una separación de caminos”.
El periódico The Sun ya había adelantado durante el 31 de diciembre que el vínculo entre el técnico y las principales caras de la entidad estaba deteriorado, especialmente con el copropietario Behdad Eghbali y los codirectores deportivos Paul Winstanley y Laurence Stewart, se ha deteriorado significativamente en los últimos meses.
Los Blues se ubican actualmente en la quinta ubicación de la Premier League con 30 puntos y a 15 del líder Arsenal. En ese contexto, estaría clasificando a la Europa League. Maresca había dirigido al equipo el pasado martes 30 de diciembre en el empate 2-2 ante Bournemouth en Stamford Bridge por la 19ª jornada del campeonato, en un partido que tuvo una gran actuación del capitán Enzo Fernández.
Pero también afrontarán las últimas dos fechas de la fase inicial de la actual Champions League con el objetivo de avanzar a la siguiente fase. Chelsea se ubica 13° con 10 unidades en el máximo torneo continental producto de tres triunfos (Benfica, Ajax y Barcelona), un empate (Qarabag) y dos derrotas (Bayern Múnich y Atalanta). El miércoles 21 de enero próximo recibirá al Pafos de Chipre y la semana siguiente visitará al Napoli de Italia con el objetivo de ubicarse entre los primeros ocho equipos de la tabla que avanzarán de manera directa a octavos de final (del 9° al 24° jugarán playoffs para acceder a esa instancia).
Los de Londres jugarán este domingo 4 de enero contra Manchester City como visitantes por la 20ª fecha de la Premier League, pero también tendrán en enero el estreno en la FA Cup contra Charlton Athletic y la semifinal de la Copa de la Liga de Inglaterra contra Arsenal.
Noticia en desarrollo…
El Chelsea Football Club y el entrenador Enzo Maresca han decidido separarse.
Durante su etapa en el club, Enzo llevó al equipo al éxito en la UEFA Conference League y la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Esos logros seguirán siendo una parte importante de la historia reciente del club, y le agradecemos sus contribuciones al mismo.
Con objetivos clave aún por alcanzar en cuatro competiciones, incluida la clasificación para la Liga de Campeones, Enzo y el club creen que un cambio ofrece al equipo la mejor oportunidad de volver a encarrilar la temporada.
Le deseamos lo mejor a Enzo en el futuro.
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DEPORTE
Con presencia argentina, los cuatro partidos que ofrece la Premier League para el 1 de enero

Tras un 2025 a puro fútbol de alto vuelo, la Premier League retornará en 2026 a partir del 1° de enero. Este jueves, la competencia británica finalizará la fecha 19, la cual comenzó el pasado marte, y terminará la vibrante primera ronda con un claro líder: el Arsenal. El cuadro de Mikel Arteta lidera la tabla con 45 puntos, aunque lo siguen bien de cerca el Manchester City (40 puntos) y un club de un crack argentino: el Aston Villa del Dibu Martínez (39 unidades).
Por su parte, el Liverpool de Alexis Mac Allister marcha 4º con 32 unidades y buscará seguir sumando cuando los Reds enfrenten al Leeds. A su vez, el volante no será el único futbolista albiceleste en jugar durante el principio del año mundialista. Otro compatriota regresará a las canchas luego de cumplir una suspensión por tarjeta roja y otro estará en el banco de su equipo.
Crystal Palace vs. Fulham: Benítez al banco
Luego de romperla en el Niza y en el PSV, Walter Benítez dio un salto en su carrera después de llegar en el último mercado europeo al Crystal Palace. No obstante, desde julio, el arquero sólo disputó cinco partidos y el 1 de enero irá una vez más al banco en el duelo contra el Fulham; el cual se jugará a las 14.30 horas.
De momento, las Águilas militan en el 11º lugar con 26 puntos y una victoria los acercaría al Sunderland; que está 7º con 28. Pero, para el combinado de Benítez no será sencillo: su rival se halla posicionado un puesto debajo y también cuenta con 26 unidades cosechadas.
Liverpool vs. Leeds: Mac Allister quiere seguir sumando
Después de sufrir una mala racha que tuvo como consecuencia una crisis pública entre Mohamed Salah y Arne Slot, el Liverpool empezó recuperarse al derrotar 2-0 al Brighton en la jornada 16 y hoy lleva tres victorias consecutivas.
El conjunto de Mac Allister, que está posicionado 4º, chocará a partir de las 14.30 horas con el Leeds, que anda 16º con 20 porotos y mira de reojo, con miedo, la zona de descenso. Por su lado, los Reds pretenden seguir en los puestos de privilegio y de mínima, el objetivo es entran en la Champions League. Además, el último enfrentamiento entre ambos conjuntos, jugado el 6 de diciembre, terminó 3-3. Todo apunta a que será un partidazo para ver en año nuevo.
Brentford vs. Tottenham: el regreso del Cuti
Tras ver la roja contra el Liverpool, y casi ser sancionado por la FA debido a una supuesta «conducta agresiva», Cristian Romero regresará a las canchas en el cruce entre su club (Tottenham) y el Brentford, el cual arrancará a las 17 hs. Sumergido en la mitad de la tabla con 25 puntos, los Spurs confiarán en su capitán para derrotar a las Abejas; quienes se hallan ubicadas en el 9º puesto y forman parte de ese largo pelotón de combinados que suman 26 unidades.
Sunderland vs. Manchester City: Guardiola quiere acercarse a la punta
Por último, también desde las 17 horas, el Sunderland y el Manchester City se verán las caras para cerrar la fecha 19. Con el Arsenal entre ceja y ceja, y con una racha de siete victorias seguidas, los de Pep Guardiola buscarán seguir su buen momento para recortarle la diferencia al cuadro de Arteta. En cambio, los Gatos Negros irán por la épica, para mantenerse en la zona de competencias europeas.

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