DEPORTE
Video: el gol de cabeza de Mac Allister al Real Madrid por la Champions

04/11/2025 18:42hs.
Parecía que el arco no se abría, pero apareció él. Después de una hora de partido en la que el Liverpool se cansó de probar al arco defendido por Thibaut Courtois, fue Alexis Mac Allister quien rompió el cero frente al Real Madrid por la cuarta fecha de la fase de grupos de la Champions League. Un tiro libre ejecutado por Szoboszlai encontró al campeón del mundo, que conectó de cabeza y la mandó al fondo del arco del equipo español. 1-0 para el Liverpool.
El gol tuvo un significado especial, no solo por haber sido ante el Real Madrid en la Champions, sino por el contexto: el ex jugador de Boca se lo dedicó a su hija Alaia nacida en septiembre producto de su relación con Ailén Cova.
Ambas estuvieron en la tribuna. Y la pareja de Alexis escribió en Instagram: «Primer partido, te amamos papá. El amuleto».
Video: el gol de Mac Allister vs. Real Madrid
Champions League –
Alexis Mac Allister para el 1-0 de Liverpool vs. Real Madrid
Courtois, intratable en el arco del Real Madrid
Si ya de por sí es difícil llegar al arco del Real Madrid, lo es aún más cuando bajo los tres palos está un arquero como Courtois. Si Mac Allister fue el único en convertir para el equipo de Arne Slot, gran parte de la culpa la tuvo el arquero de la selección belga.
En el primer tiempo, el ex Atlético Madrid y Chelsea se convirtió en el principal enemigo de Szoboszlai -autor de la asistencia a Mac Allister en su gol-. El austríaco lo intentó desde el comienzo, pero el belga le tapó un mano a mano a los 29 minutos y luego contuvo otros dos remates. Además, tras el regreso del descanso, fue clave al evitar un cabezazo de Van Dijk que pudo haber sido el primero. Y tras el tanto de Alexis, tuvo otras intervenciones. En solitario contra todo el equipo inglés.
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DEPORTE
La insólita decisión de Ramón Díaz con Braian Aguirre y derrota por goleada del Inter

28/11/2025 21:16hs.
Ramón Díaz había tomado una determinación contundente en el Inter de Porto Alegre: mandó al banco a Rafael Santos Borré, por su bajo nivel, en el partido ante Vasco da Gama en Sao Januario, clave para mantener la categoría. Pero el entrenador argentino resultó a ser más contundente durante el primer tiempo. En algo insólito, de lo cual resulta difícil encontrar antecedentes. Encima, su equipo sufrió una goleada, por 5 a 1.
El equipo arrancó muy mal contra los cariocas. Al minuto, gol de Andrés Gómez, quien le quitó la pelota a Braian Aguirre, ex lateral de Lanús. Café los siguió, pero no pudo detener al colombiano. A los ocho minutos, el 2 a 0: Rayan, con un zurdazo de fuera del área, con mala respuesta del arquero uruguayo Rochet.
Entonces, cuando iban 14 minutos, el Pelado sorprendió a todos: sacó a Aguirre y le dio ingreso al delantero Ricardo Mathias. Esto, a los 14 minutos del primer tiempo. El argentino se puso a llorar por la decisión del riojano, y se sentó en el banco a la derecha de Borré.
Mirá el 1 a 0 de Vasco da Gama
brasileirao –
El 1 a 0 de Vasco da Gama a Inter tras un error de Aguirre
El lateral argentino falló en la marca y Andrés Gómez marcó la ventaja del local contra el Colorado.
Precisamente, Ricardo Mathias marcó el gol del descuento del Colorado, a poco del final de la etapa inicial, al desviar un centro de la derecha. Pero fue una ilusión que no se sostuvo en la cancha.
Después, se largó una fuerte tormenta y el partido se paró. Las autoridades resolvieron esperar y, tras 70 minutos de entretiempo, se reanudó. Enseguida, Rayan marcó el 3 a 1 para el local. Luego, Barros convirtió el cuarto. Después, el equipo de Fernando Dinez se puso 5 a 1 por Nuno Moreira (otra falla de Rochet).
Los argentinos Gabriel Mercado y Alexandro Bernabei fueron titulares en el equipo gaúcho. En tanto, Pablo Vegetti ingresó en la segunda etapa para Vasco, que ingresó en zona de Copa Sudamericana.
Al perder, Inter corre riesgo de caer en zona de descenso. Necesita que Vitória, de local, no le gane este sábado a Mirassol, ya clasificado a la Copa Libertadores. También, rezará para que el Fortaleza de Palermo no sume puntos ante Atlético Mineiro, el próximo domingo. Muy complicado para el Pelado. Si ganan, los del Titán quedarán a un punto del Inter con dos fechas por jugar.
El próximo match es ante el San Pablo de Hernán Crespo, en el Morumbí. ¿Estará Ramón? Se anunció la posible salida y el ingreso de D’Alessandro en su lugar.

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Las cláusulas más locas de la historia del fútbol: de comer testículos por obligación a poder vivir a 1600 kilómetros del equipo

40.000 euros al mes. Eso es lo que le cuesta al Corinthians, según Globo Esporte, la lujosa suite en la que vive Memphis Depay en un reconocido hotel del centro de São Paulo. Claro está, sin contar el elevado salario que firmó. El neerlandés, que también disfruta de incontables servicios como servicio de habitaciones, limpieza diaria, lavandería, mayordomo, chef, agente de seguridad personal y un coche blindado con chófer disponible las 24 horas, incluyó todo lo mencionado en su contrato.
Ahora, aunque el club le pidió que renuncie a ello por sus grandes problemas económicos, está en su derecho de mantenerlos. No obstante, en la historia del fútbol ha habido cláusulas y condiciones en contratos mucho más sorprendentes que las del ex del Barça o Atlético de Madrid. Las repasamos a continuación.
Neil Ruddock: la báscula no miente
El duro central inglés era conocido en la Premier League por algunos problemas de sobrepeso, por lo que Harry Redknapp, entrenador del Crystal Palace en aquel entonces, decidió ponerle una condición para fichar por los ‘Eagles’: si superaba los 98 kilos, tenía que pagar una multa del diez por ciento de su salario. Según el medio británico ‘The Sun’, la incumplió varias veces.
Dennis Bergkamp: prohibido volar
No son pocos los partidos que el atacante neerlandés se perdió con el Arsenal en Champions League por su miedo a volar. Si no se podía llegar por tierra o aire, Bergkamp, por contrato, no jugaba ese partido con el equipo gunner. Como alternativa, muchas veces viajaba en coche, con el desgaste añadido que eso supone. Una vez hizo 1.600 kilómetros para jugar contra el Leverkusen.
Dennis Bergkamp, jugador del Arsenal / Arsenal FC
Su miedo a volar venía de un incidente que sufrió cuando la selección de Holanda iba a disputar el Mundial de 1994 en Estados Unidos. «En las negociaciones con el Arsenal, si yo decía un millón, ellos automáticamente quitaban 100.000 ‘porque usted no vuela’. Y acepté«, relató el futbolista en su biografía.
Stefan Scharwz: futbolista, no astronauta
Cuando un club ficha a un jugador trata de informarse de todo. Incluso de su entorno. Eso es lo que hizo el Sunderland a principios de los 2000, cuando fichó a Stefan Schwarz procedente del Valencia. El club inglés sabía que un consejero suyo había comprado un billete para un vuelo espacial programado para 2002 y, con las dudas de si se iba a llevar al sueco, decidió prohibirle viajar al espacio por contrato. El vuelo nunca se dio, pero la anécdota ya es historia de la Premier League.
Neymar: la amabilidad se paga
Una de las más sonadas fue la cláusula que se incluyó en el contrato de Neymar con el PSG. El brasileño iba a recibir medio millón de euros por temporada por cosas tan básicas como ser puntual, agradable y simpático con los aficionados.
Neymar, durante un partido con el PSG / Agencias
Spencer Prior: a comer testículos
Orgulloso de su Líbano natal, Sam Hammam, propietario del Cardiff City en 2001, decidió imponer una curiosa cláusula en el contrato de Spencer Prior, que fichaba aquel año por el club galés. El defensa central estaba obligado a comer un plato típico del Líbano que combinaba testículos de cordero con limón y perejil. Una buena muestra de las excentricidades del empresario libanés.
Ronaldinho: que la fiesta no pare
El astro brasileño, uno de los futbolistas más talentosos de la historia, se aseguró de que los directivos del Flamengo respetaran su deseo de salir a bailar por las noches. Según ‘beIN Sports’, en 2011 solicitó en su contrato una «cláusula de discoteca» que le permitiría asistir a fiestas dos veces por semana, como mínimo. Flamengo, que pagó 3 millones de euros por él, dijo que sí.

Ronaldinho, celebrando un gol con Flamengo / ‘X’
Giuseppe Reina: el ‘timo’ de la casa Lego
El delantero alemán entendió cuando jugó en el Arminia Bielefeld la importancia de dejar todo bien detallado y por escrito. Cuando firmó con el equipo alemán en 1996, pidió una casa por cada año cumplido de contrato. Sin embargo, como no especificó cómo tenían que ser las mismas, el club le dio casas hechas de Lego.
Samuel Eto’o: tú en Majachkalá; yo en Moscú
El delantero camerunés fue uno de esos grandes futbolistas que decidió poner rumbo al multimillonario Anzhi ruso. En su caso, a razón de 20 millones de euros por temporada y con un contrato de tres campañas… y varias cláusulas curiosas.
Samuel Eto¡o jugó en el Anzhi / ‘X’
El billonario Suleiman Kerimov, dueño de este equipo de la República de Daguestán, accedió a sus peticiones sin dudarlo y una de ellas llamó muchísimo la atención: el jugador pidió un jet privado para moverse de Moscú (ciudad en la que iba a vivir y a entrenar) a Majachkalá, capital de la República de Daguestán y donde jugaba el Anzhi, los días de partido. Unos 1.600 kilómetros en total.
Mario Balotelli: el futbolista incontrolable
Reconocido por su fuerte carácter y excentricidades dentro y fuera de los terrenos de juego, el Liverpool incluyó una cláusula en el contrato del delantero italiano para incentivarlo a comportarse como es debido. Según publicó ‘Football Leaks’, estaba estipulado en su contrato que, si «el jugador no es expulsado en tres o más ocasiones por conducta violenta, escupir a un rival o cualquier otra persona, usar un lenguaje ofensivo, insultar o emplear un lenguaje abusivo y/o gestos y/o disidencia con palabras o actos», recibiría un millón de libras por temporada adicionales.
Tiempo después, el AC Milan, conocedor de lo que es capaz ‘Súper Mario’, decidió dar un paso más allá y detalló en su contrato una serie de prohibiciones, muchas relacionadas con la vida nocturna: no podía salir de fiesta, fumar, sobrepasarse con el alcohol, llevar peinados o ropa llamativa y publicar cosas en redes sociales que dañasen la imagen del club lombardo.
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El silbato de la discordia: la mano que Nimo no vio e Independiente campeón pese al árbitro

El torneo Nacional de 1968 llegó a su fin de manera inesperada, con la última jornada en forma de un triangular épico. Racing, River Plate y Vélez Sarsfield, tres gigantes, tres colosos del fútbol argentino, se enfrentaban en un campo neutral con todo por decidir. Racing había caído ante River 2-0 en el primer partido, lo que dejó al conjunto de Núñez con un solo objetivo en mente: ganar para consagrarse campeón luego de 10 años de sequía de títulos.
El segundo encuentro enfrentaba a Vélez Sarsfield contra River Plate en el mítico Gasómetro. Para el Millonario era el partido definitivo. La batalla final que definiría a los campeones de una temporada que había sido dura, llena de pasión y sacrificio. La tensión se podía cortar con un cuchillo. La multitud rugía enloquecida, el aire estaba cargado de promesas y miedos, de sueños por alcanzar y de historias por escribir. Pero cuando el balón comenzó a rodar, la historia de gloria dio paso a una polémica acción que quedaría grabada para siempre en la memoria colectiva.
A los 11 minutos, Vélez golpeó primero con un gol de Luna. El silencio de los hinchas de River fue sepulcral, el sudor se evaporaba en la frente de los jugadores de la Banda. Pero el alma de River se encendió con la respuesta, y a los 32, Daniel Onega empató el partido con una jugada que elevó a los hinchas al éxtasis. El sueño del campeonato seguía vivo, pero Vélez no se rendía y apostaba por un juego especulativo, esperando el mínimo error de los riverplatenses.
Así llegaron al minuto 37 del segundo tiempo, el minuto que marcaría la historia para siempre. Un centro preciso de Cubilla, un toque maestro de Onega que peinó el balón hacia el punto de penal, descolocando a los defensores de Vélez y al arquero Marín. Pero entonces, apareció la figura de Recio, el cinco de River, quien con su cabezazo enérgico parecía haber mandado al equipo de Núñez a la gloria. La pelota viajaba hacia la red, cuando, como si el destino quisiera jugar con el sufrimiento, el defensor Gallo desvió el balón con la mano izquierda, salvando el gol como si fuera un arquero. La multitud quedó helada, sin poder creer lo que veía.

El estadio entero estalló en una ola de gritos. ¡Era penal! Era una falta tan evidente que ni siquiera el aire podía negarlo. Pero lo más increíble estaba por llegar: el árbitro, Guillermo Nimo, lo vio. Y a pesar de la claridad de la jugada, a pesar del rugido de los hinchas, el juicio del árbitro fue otro. El juez de línea corrió hacia él, señaló la mano, pero Nimo, como si estuviera ciego o sordo a la injusticia que estaba presenciando, decidió ignorar todo y permitió que la jugada continuara. A continuación, sancionó una infracción menor de Rodríguez sobre Marín, y de manera aún más increíble, dio por terminado el partido a los 42 minutos del segundo tiempo.
El asombro invadió a todos. Nadie entendía qué estaba pasando. El sueño de River Plate se había esfumado en un abrir y cerrar de ojos, bajo la sombra de una decisión que no solo fue errónea, sino que rozaba la burla más cruel. La incredulidad se transformó en ira, y la ira, en una impotencia desgarradora. En un acto final de indiferencia, Nimo recogió el balón y salió del campo de juego, tomando el túnel hacia el vestuario como si nada hubiera pasado, como si el destino no le hubiera fallado a toda una hinchada, a toda una nación.
La semana siguiente, Vélez Sarsfield se coronó campeón al vencer 4-2 a Racing, pero el campeonato tenía un sabor amargo, un sabor envenenado por la injusticia. El sueño de River Plate había sido despojado ante los ojos del fútbol argentino. El Colegio de Árbitros suspendió a Nimo por 30 días, pero ya era demasiado tarde. Su carrera había quedado marcada por una mancha que no se borraría nunca. El escandaloso y descarado error de no sancionar el manotazo más claro de la historia del fútbol argentino, una falta que alteró el curso del campeonato y que dejó una herida abierta en el corazón de River, fue el punto de no retorno para su carrera. Nimo, considerado en su momento uno de los árbitros más respetados, nunca volvió a dirigir en partidos de gran magnitud.

Era una noche mítica en Córdoba, la cancha de Talleres se vestía de gala para recibir el partido decisivo del Torneo Nacional de 1977. En el aire flotaba la tensión, el desafío, el destino pendiente de una jugada más, de un respiro más. Independiente, con la ventaja mínima de 1-0, estaba a un empate de consagrarse campeón. El resultado parecía asegurado, el título al alcance de la mano, pero el fútbol, ese juego impredecible, tenía otros planes.
En un giro inesperado, la balanza se inclinó hacia el otro lado con una decisión controvertida. Una mano de Pagani, sin intención, en el área de Independiente, fue sancionada como penal a favor de Talleres. El estadio se sacudió, y Cherini, con calma, transformó la pena máxima en gol. El empate reavivó las esperanzas de los cordobeses, pero la historia estaba lejos de resolverse.
Apenas unos minutos después, otra jugada cambiaría el curso de los acontecimientos. Un tiro libre para Talleres. El balón se elevó al cielo cordobés, y Luque, con precisión, mandó el centro al área. Bocanelli, quien saltó con la fuerza de un hombre dispuesto a hacer historia, conectó el balón de cabeza. Pero no fue un cabezazo. No. La pelota fue empujada con el puño, con la fuerza de un jugador de voleibol, desafiando las reglas con una violencia que solo el fútbol sabe crear. Pero allí, en medio de la locura, el árbitro Barreiro, increíblemente, no advirtió la infracción. El gol fue validado, desatando una oleada de furia y confusión.
La indignación se apoderó de los jugadores de Independiente, pero el árbitro parecía sordo ante sus reclamos. La tensión creció de forma explosiva, y el control del partido se desmoronó. Tres expulsiones se sucedieron en un abrir y cerrar de ojos. Trossero, Larrosa y Galván, víctimas de una frágil paciencia, abandonaron el campo por exceso verbal. Tres hombres menos, el título escapando, y el reloj avanzando sin piedad.

En ese momento, el entrenador de Independiente, Pastoriza, no titubeó. Con valentía, apostó por un cambio ofensivo. Entraron Biondi y Bertoni, dos hombres con alma de gladiadores, dispuestos a rescribir la historia. La batalla parecía perdida, con once jugadores de Talleres frente a ocho de Independiente, pero el fútbol tiene la rara virtud de premiar a los valientes.
Fue entonces cuando el genio, el talento, la magia del fútbol se alzó por encima de la injusticia. En una jugada memorable, Independiente orquestó un ataque fulminante. La pelota recorrió el campo con velocidad, con precisión, hasta que llegó a los pies de Bochini, el ídolo de los rojos. Con su serenidad y su toque exquisito, Bochini ejecutó un remate que puso el 2-2 en el marcador y consagró a Independiente como campeón.
La noche del 1977 fue la noche en que la justicia, aunque tardía, se hizo presente. La justicia del talento, de la pasión, de la lucha inquebrantable. Fue una noche en que la injusticia se vio desbordada por el alma de un equipo que nunca dejó de creer, que nunca se rindió. Un equipo que, a pesar de los obstáculos, demostró que el fútbol no solo se gana con reglas, sino con corazón.
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