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A 40 años de la explosión del Challenger: 7 tripulantes, 73 segundos y la peor tragedia del programa espacial

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Una fiesta con muchos niños invitados se convirtió en una tragedia televisada. Una maestra, astronautas, un Premio Nobel, el poder político, la NASA. Todos los ingredientes para una buena historia que tuvo también manipulaciones, intereses solapados, presiones, una búsqueda pertinaz de ocultar la verdad, de no llegar al fondo de la cuestión.

Era el 28 de enero de 1986. El Challenger, el transbordador espacial, tendría un nuevo lanzamiento. El décimo. Había curiosos, cámaras de televisión, muchos niños. Por primera vez viajaría una maestra al espacio y desde allí daría un par de clases televisadas: clases espaciales. Un buen gancho para volver a llamar la atención sobre las actividades de la NASA que de a poco habían dejado de ser seguidas con interés; habían ingresado en una zona de intrascendencia mediática.

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Leé también: Un viaje histórico a la Luna y un satélite argentino a bordo: así será Artemis II, la nueva misión de la NASA

La atención de todos, finalmente, estuvo sobre el Challenger pero por los motivos equivocados: el desastre convoca.

73 segundos después del lanzamiento, un cisne gris e ígneo se formó en el cielo. Parecía dibujado con copos grises de humo, gases y fuego. Pirotecnia macabra. Esos segundos hubo un increíble crisol de sensaciones: asombro, alegría, ilusión, desconcierto, incredulidad, pánico, dolor. La nave espacial se desintegró en el aire apenas iniciada la misión. En el zigzagueo desaforado de las estelas de la destrucción que se tatuaron en el cielo, hubo más que una misión fallida, o el retraso de la carrera espacial. El drama de la muerte. Siete vidas, siete familias destruidas en 73 segundos.

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Unas pocas horas después, gran parte de la población del mundo había visto las imágenes del desastre. Todavía los canales de noticias no estaban consolidados; a pesar de eso, CNN fue la única cadena que transmitió la explosión en vivo. Pero quienes no estaban frente a la televisión en ese preciso momento, vieron el video del momento fatal que se repitió con persistencia en todos los canales televisivos del mundo. Al día siguiente, la foto ocupó las portadas de todos los diarios del mundo.

La tripulación del Challenger. Adelante: los astronauts Mike Smith, Dick Scobee, Ron McNair. Parados: Ellison Onizuka, la maestra Christa McAuliffe, Greg Jarvis, and Judith Resnik. (Foto: NASA / AFP)

La imagen más conocida de la tripulación es una de los siete integrantes con sus trajes celestes, los cascos en la mano y las sonrisas nítidas. La publicaron en todos los medios. Es como la foto que les sacan a los equipos de fútbol antes de los partidos. Es una toma que se hace siempre, pero que solo se utiliza si algo salió realmente mal o para una efeméride. La ventaja es que están todos juntos y uniformados. Es una foto promocional que en este caso (y también en los otros vuelos espaciales) no se saca el día del lanzamiento. Por eso los gestos de los tripulantes son tranquilos. Todavía no hay tensión ni ansiedad en ellos. Todavía es la víspera. Era uno más de los movimientos promocionales que la NASA encaraba para difundir la misión. Porque no solo hay que explorar el espacio, sino parecerlo. Para seguir asegurando que el Congreso alimentaría sus cuentas, para que el presupuesto no decayera, la NASA estaba obligada a darle mayor visibilidad a su programa. Eso exigían los congresistas para que la canilla de dinero siguiera abierta. El público se acostumbra a todo. Incluso a lo excepcional, a lo que es difícil hasta de imaginar.

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Fue por eso que el interés por las incursiones espaciales de los transbordadores ya no acaparaba la atención de la gente. La demostración fáctica la daban los diarios: cada lanzamiento o vicisitud de las misiones había pasado de ser el título central en la primera plana a ocupar un recuadro en una página perdida del interior. Los noticieros de televisión muchas veces no le dedicaban ni siquiera un segmento mínimo.

La foto difundida por la NASA muestra la explosión del Challenger, que mató a siete personas en 75 segundos. (Photo by NASA / AFP)

La foto difundida por la NASA muestra la explosión del Challenger, que mató a siete personas en 75 segundos. (Photo by NASA / AFP)

El mecanismo que se les ocurrió fue subvertir un principio que tuvo la agencia espacial desde un comienzo. Pondrían en el espacio a una persona no preparada espacialmente, a alguien que no fuera astronauta. Desde el Proyecto Mercury quienes se convertían en astronautas eran personas altamente calificadas. Tenían lo que Tom Wolfe llamó The Right Stuff. Tenían lo correcto, eran los elegidos. En este viaje la NASA cumpliría el sueño de todos los niños del mundo. Convertiría a alguien común en astronauta. En un viaje anterior había integrado la tripulación un senador: un modo de devolver gentilezas a quienes facilitaban el presupuesto.

Apenas se supo de esa posibilidad, fueron cientos los famosos que se postularon para ocupar ese asiento en el Challenger. Desde cómicos a presentadores de TV, de deportistas hasta actrices y políticos. Todos querían viajar por el espacio y muchas celebridades creyeron que ellos eran los indicados. El entonces presidente Ronald Reagan desarticuló las ilusiones de casi todos los gremios -para celebridad dedicada a otro rubro estaba él. Reagan anunció que el séptimo tripulante sería un maestro. Elegido entre los voluntarios de todo el país que se presentasen.

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Se postularon 11 docentes para el programa Maestros en el Espacio. Luego de una ardua elección quedaron diez finalistas. Fueron entrenados en un centro espacial, sometidos a pruebas de todo tipo durante varias semanas hasta que se eligió al ganador.

Fue una mujer. Christa McAuliffe, una profesora de secundaria de New Hampshire. La mujer de 37 años, rulos negros y de sonrisa brillante, estaba casada y tenía dos hijos chicos. Debía dar dos clases de 15 minutos desde el espacio que serían retransmitidas a todo el mundo. Serían, qué duda cabe, las clases con mayor alumnado de la historia. Esas lecciones difundirían entre los niños y jóvenes las matemáticas y las ciencias.

El efecto que buscaban la NASA y el gobierno norteamericano se obtuvo. Ese vuelo del Challenger atrajo la atención que el programa espacial había perdido. Las historias de la profesora, sus futuras clases, su familia y su entrenamiento ocuparon las portadas de los medios de todo el país. Una persona normal en el espacio. De nuevo, las misiones espaciales acaparaban el interés público.

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Para que eso se consolidara, la NASA dispuso que la tripulación fuera lo más diversa posible. La integraban mujeres, afroamericanos y asiáticos. Era el equipo más variado desde el inicio del programa. Estarían en el espacio durante casi una semana. Además de las clases de Christa, realizarían experimentos y desplegarían un satélite.

Lo que no calcularon fue que, si bien habían logrado instalarse de nuevo en la conversación pública, también sumaban un factor de presión sobre el programa. No podía haber dilaciones; todo debía suceder según lo planeado.

(Foto: BOB PEARSON / AFP)

(Foto: BOB PEARSON / AFP)

La misión tenía pautado el lanzamiento para el 22 de enero, pero fue suspendido por inconvenientes técnicos. La fecha se corrió al 28 de enero de 1986. El programa de lanzamientos de ese año era ambicioso. Debía cumplirse con las misiones en fecha. Había otro ingrediente muy relevante para que el poder político presionara para que la segunda fecha no se pospusiera: esa noche Ronald Reagan brindaría su tradicional Discurso a la Nación y en el medio de su alocución se conectaría con el Challenger y mantendría un diálogo con los tripulantes y en especial con Christa, la maestra. Debido al desastre, el Discurso se suspendió por primera vez en la historia. El presidente sólo grabó un mensaje de pesar y homenajeó a los astronautas muertos.

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La noche anterior al lanzamiento hizo mucho frío en Florida. Varios ingenieros sugirieron que se volviera a suspender el lanzamiento, que se esperara a condiciones naturales más benignas. Que el congelamiento durante la noche de algunas partes de los cohetes propulsores podían significar un peligro. Ahora se sabe que hubo reuniones y discusiones hasta bien entrada la noche del 27 de enero. Pero se impuso la voluntad política de cumplir con el cronograma pautado. Se asumieron riesgos para satisfacer intereses políticos.

Fue la peor tragedia del programa espacial (en el 2003 con el colapso del Columbus también murieron 7 tripulantes). La conmoción fue enorme. Si bien no eran muchos los que veían el lanzamiento en directo, no hubo quien dejó de verlo horas después. Además, entre los que sí lo seguían en tiempo real, había miles de niños convocados por la presencia de Christa McAuliffe.

Las imágenes de alumnos de escuela primaria y de los familiares observando la catástrofe siguen siendo desoladoras. En los gestos de los meros espectadores hay dolor y tristeza. Pero en la de los familiares se ve sorpresa y desconcierto. Un reflejo natural de negación por un lado; y por el otro, la confianza ciega en la organización (la NASA) y en esas 7 personas que tenían The Right Stuff, que eran los elegidos. Como si su preparación, sus habilidades y sus conocimientos (todos muy por encima de la media) les otorgaran súper poderes.

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La esposa del piloto contó, tiempo después, que a ella le pasó eso. Shockeada, siguió las indicaciones de la NASA durante los primeros minutos, pero en su interior residía la esperanza. Buscaba y encontraba argumentos para creer que su esposo había sobrevivido. Para sus familiares eran invencibles.

Aunque en las imágenes pareciera que las gradas para los espectadores estaban cerca del transbordador, la distancia era de quince kilómetros. Los familiares fueron llevados en micro hasta la base. En ese viaje de apenas unos minutos, ella comprendió lo que había sucedido: “Vi gente, al costado del camino, llorando desconsolada, tirada sobre el capot del auto. Recién ahí me di cuenta de todo”.

En la escuela de Christa, los alumnos quedaron petrificados ante un aparato de televisión de tubo de 27 pulgadas. El espanto se instaló en sus caras. Algunos ni siquiera podían llorar.

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Al tiempo, y ante la presión pública, se creó una comisión de notables para que investigara los hechos. La presidió William Rogers, exsecretario de Estado, que recibió una orden presidencial de proteger a la NASA. La integraban hombres y mujeres de gran prestigio. Ingenieros, matemáticos, físicos, ex autoridades de la NASA, Premios Nobel y Neil Armstrong, el arquetipo del hombre en el espacio.

Mientras la investigación avanzaba y los testimonios se acumulaban, se instalaba la certeza de que varios avisos graves no habían sido escuchados.

El golpe de gracia lo dio Richard Feynmann, un físico de enorme prestigio. Premio Nobel, considerado uno de los 10 físicos más importantes del Siglo XX, ejercía también como un preciso y simpático divulgador cultural. Comunicaba certeramente y nunca aburría. Además, era escasamente dócil a las presiones políticas.

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Fue llamado a integrar la Comisión Rogers. Por un lado, era una elección casi obvia. No encontrarían dentro de las ciencias alguien con mayor reputación y curiosidad. Por el otro, resultó un obstáculo para los planes oficiales. Feynman no estaba dispuesto a oficiar de claque de nadie ni a legitimar con su presencia un informe que no buscara la verdad ni se sumergiera en la profundidad del problema.

Richard Feynman descubrió el motivo de la explosión del transbordador Challenger.

Richard Feynman descubrió el motivo de la explosión del transbordador Challenger.

Sigiloso y amable, hasta gracioso, Feynmann esperó su oportunidad para hacerse notar. Estudió en silencio la cuestión, escuchó testimonios y habló con decenas de ingenieros y especialistas. Hacía centenares de preguntas e iba armando el rompecabezas. Su gran inteligencia le permitió percibir que no bastaba solo con trabajo y un enfoque poco complaciente y novedoso; para asegurarse de que los intereses políticos no taparían lo que él y sus compañeros iban hallando, urdió un golpe de efecto.

En medio de una audiencia televisada, pidió la palabra. Saludó y comenzó a hacer varias preguntas al director de uno de los programas de la NASA. Mientras tanto, Feynman miraba con insistencia a la puerta. Esperaba, casi con desesperación, un vaso de agua helada que había pedido mucho antes. Cuando llegó, suspiró aliviado. Todos los miembros de la comisión fueron servidos y dieron un sorbo a sus vasos. Solo Feynman no tomó. No se estaba muriendo de sed. Antes de hacer una nueva pregunta, con cierta lentitud, con un deliberado manejo del suspenso, agarró un círculo de goma, que parecía una especie de gomita para el pelo, y lo sumergió en su vaso de agua con hielo. Al rato, el Premio Nobel interrumpió al testigo, metió dos dedos en el vaso y sacó el círculo de goma. El frío la había puesto rígida, había perdido su flexibilidad. Tardó bastante en recuperarla. De esa manera, con ese simple experimento, Feynman convenció a millones de personas de que el problema estaba en las juntas tóricas, unas piezas de goma que debían sellar compartimentos pero que con el frío se ponían rígidas y que permitieron que por ahí se fugaran gases que produjeron la explosión.

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Al fallar ese sellamiento, el escape de oxígeno y de hidrógeno provocó fuego, el contacto de éste con el tanque de combustible, la alteración de las fuerzas aerodinámicas: la destrucción de la nave espacial en su décima misión.

El compartimento de la tripulación cayó al mar tres minutos después. Se cree que los siete miembros murieron en el acto por la despresurización de la cabina. Otros creen que pueden haber sobrevivido y que lo que los mató fue el impacto contra el agua a una gran velocidad. Unos días después, se extrajo de las profundidades y los siete recibieron un funeral con todos los honores.

La preocupación del gobierno era que el resultado de la investigación dañara la reputación de la NASA y el Congreso dejara de enviar fondos. La NASA tardó dos años y medio en retomar los vuelos espaciales.

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Richard Feynman y sus compañeros no solo encontraron el problema técnico, específico que provocó la explosión. Demostraron que había graves fallas en el proceso de toma de decisiones, que existían diferencias notables entre los especialistas y sus jefes. Y que las resoluciones no siempre se tomaban con la rigurosidad que el procedimiento exigía ni con las evidencias necesarias. Descubrieron que los científicos e ingenieros habían descubierto algunos problemas a los que no les encontraban la solución y que sus jefes subestimaron sus informes técnicos y objeciones. Un ejemplo: en la sesión en la que se trató el tema de la temperatura baja de la noche anterior, Feynman le preguntó al jefe de la misión qué opinaban los técnicos específicos del módulo que tenía las juntas que provocaron el desastre. El hombre respondió que las opiniones habían estado divididas, que algunos decían que había que abortar el lanzamiento y otros que había que proseguir sin problemas. Cuando Feynman preguntó quiénes eran los mayores especialistas en la cuestión, el jefe dio dos nombres. La siguiente pregunta del Premio Nobel fue la de qué habían dicho ellos dos: ambos se habían opuesto a que se continuara y pidieron por el aplazamiento.

La tripulación del Challenger camina hacia el transbordador en el centro espacial Kennedy, de Florida. (Photo by Bob PEARSON / AFP)

La tripulación del Challenger camina hacia el transbordador en el centro espacial Kennedy, de Florida. (Photo by Bob PEARSON / AFP)

Antes del lanzamiento se estimó oficialmente que había una posibilidad en 100.000 de que algo saliera mal. Al fin y al cabo, era la misión más monitoreada de la historia. La tecnología avanzaba y se contaba con mediciones de parámetros inimaginables 15 años antes. Sin embargo, la investigación de la Comisión Rogers demostró que ese cálculo había sido demasiado optimista. El error en la estimación había sido grosero. Y peligrosísimo. Las posibilidades de fatalidad se fijaron, después de las investigaciones, en 1 en 200.

En el informe final de la Comisión Rogers, Richard Feynman obligó a que se incorporara una frase bajo amenaza de no suscribirlo: “Para una tecnología exitosa, la realidad debe prevalecer por sobre las relaciones públicas; la naturaleza no puede ser engañada”.

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Si esa cita fuera el credo del manejo de cualquier cuestión pública, todo funcionaría mejor, de un modo más sensato.

Challenger, astronautas, NASA, Ronald Reagan, Sumario

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Why keeping lawmakers in DC during shutdown may have caused more harm than good

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«I can’t believe they just left!»

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«Why didn’t they just stay until they fixed it?»

«Why didn’t they make them stay?»

I must have fielded forty questions last week from colleagues, friends and acquaintances. Even reporters and editorial staff from other news organizations. And that’s to say nothing of a few Congressional aides.

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Everyone had the same question. They were in disbelief that lawmakers just abandoned the Capitol a week ago Thursday and left the Department of Homeland Security without funding on Saturday at 12:00:01 am et.

COAST GUARD CAUGHT AS ‘COLLATERAL DAMAGE’ IN DEMOCRATS’ DHS SHUTDOWN AS CHINA, RUSSIA PRESS US WATERS

Senate Democrats blocked a short-term funding bill, stalling efforts to keep DHS and its agencies operating. (Photo by Heather Diehl/Getty Images)

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The Senate tried twice to avert the partial government shutdown on Thursday. The Senate failed to break a filibuster on a placeholder, undetermined funding bill. And then Sen. Chris Murphy, D-Conn., objected to a request by Sen. Katie Britt, R-Ala., to approve a stopgap, two-week funding bill. Passage of the bill would require agreement of all 100 senators. But all it took was one objection. And Murphy, speaking for many Democrats on both sides of the Capitol, interceded to sidetrack Britt’s effort.

«I’m over it!» shouted an exasperated Britt on the Senate floor, as Congress pitched at least part of the federal government into its third shutdown since October 1.

Democrats are refusing to fund the Department of Homeland Security until there’s a specific agreement to reform U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE). And – few Democrats will say this out loud – but their base insists on Democrats shuttering DHS over ICE tactics after the killings of Renee Good and Alex Pretti in Minneapolis.

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This is somewhat ironic. Republicans funded ICE through 2029 via last year’s One, Big, Beautiful Bill. So thanks to Democrats, TSA, the Coast Guard and FEMA – all under the DHS aegis – are without money right now. That means tens of thousands of employees are technically working without paychecks as they scan passengers at airports, patrol the seas and respond to natural disasters.

This brings us back to the basic question: Why didn’t they just stay until they figured it out?

As a reporter, I have covered dozens of shutdowns, partial shutdowns, near shutdowns, flirtations with shutdowns. That’s to say nothing of various permutations of interim spending bills – long and short – known as Continuing Resolutions or CRs. Those bills keep the funding flowing at the old spending level – until lawmakers all agree on something new. Sometimes one CR begets another CR. And even another one after that until everything’s resolved. The exercise can go on for months.

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HOW ICE WENT FROM POST-9/11 COUNTERTERROR AGENCY TO CENTER OF THE IMMIGRATION FIGHT

Photo of Sen. Katie Britt.

Sen. Katie Britt vented frustration on the Senate floor after her stopgap bill was blocked. (Photo by Anna Moneymaker/Getty Images)

But as it pertains to DHS, lawmakers weren’t going to solve the issues surrounding ICE right away. So both the House and Senate got out of Dodge last Thursday as the deadline loomed. Lawmakers were everywhere from the Middle East to Munich when the bell tolled midnight Saturday and DHS lumbered into a slow-speed funding crash.

Failure to fund the Department of Homeland Security may seem unreasonable from a policy standpoint – regardless of what you think of ICE. But it’s not unreasonable if you understand the politics and Congressional procedure to fund ICE.

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Let’s say they were on the precipice of an agreement to fund DHS. That may involve some last-minute trading of paper between Senate and House leaders. Maybe a call or two from the President to reluctant Republicans. If lawmakers believed a deal was within range, it’s doubtful that leaders would have cut Members loose. They would have stayed if there was a viable path to nail something down last Friday, have the Senate expedite the process and vote on either Saturday or Sunday (albeit after the deadline) and then have the House vote on Monday. That’s all under the premise of a deal being close.

They were nowhere near that stage when lawmakers called it last Thursday. Democrats didn’t send over their offer for days after a brief shutdown of 78 percent of the government more than two weeks ago. Democrats then criticized Republicans and the White House for slowly volleying a counteroffer. Democrats then rejected the GOP plan – only sending back another plan late Monday.

Getting a deal which can pass both the House and Senate – and overcome a Senate filibuster – takes time. And there simply wasn’t a deal to be had yet.

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This is where things get really interesting. With no agreement in sight, you simply don’t anchor lawmakers in Washington with nothing to do. There’s nothing to vote on. There are no committee meetings scheduled. All tethering lawmakers to DC does is stir up trouble.

There’s a line in the song «Trouble» in The Music Man by Meredith Willson: «The idle brain is the devil’s playground.» Who knows what kinds of mischief you would have, just making very cranky lawmakers hang around Washington for days – without anything to vote on. Keeping everyone here does not contribute to securing a deal. Yes, all 532 House and Senate Members (there are two House vacancies) must eventually be dialed-in to vote on a bill to fund DHS. But we aren’t there yet. A handful of Members in the House, Senate and people at the White House will be the ones to negotiate an agreement. Rank-and-file Members marooned in Washington with nothing to do but post outrageous things on social media and appear on cable TV is counterproductive.

Now, let’s look at the other scenario of being close to an agreement. House and Senate leaders may believe they are still a little short of votes. But if something is viable, leaders know they can nail down the votes with some arm-twisting, legislative and ego massaging and a few forceful phone calls. Yes, that process may require elbow grease. But in that instance, keeping everyone in Washington for a few extra days and blowing up a long-awaited Congressional recess actually helps the process.

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DHS SHUTDOWN LEAVES LOCAL EMERGENCY RESPONDERS ON THEIR OWN AMID EXTREME WEATHER, EXPERT WARNS

Street view of the Homeland Security sign.

TSA officers, Coast Guard members and FEMA staff are working without pay as the DHS funding lapse drags on. (Photo by Heather Diehl/Getty Images)

Why?

Think of the Stockholm Syndrome. You demand that everyone stay in Washington for an extra day or two and the «hostages» will start to come around to the viewpoints of their captors. Yes, everyone is frustrated and mad. But they feel the bill is something they can support and finally end this triumvirate of government shutdowns. In this case, the fustigation builds – but just a little. Everyone is happy to vote yes and rush off of Capitol Hill.

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If they were close to nailing down an agreement on DHS funding, then Congressional leaders would have deployed a version of the Stockholm Syndrome to wrap up everything.

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But with no deal, leaders were more afraid of the mayhem they may trigger by keeping everyone in Washington. The devil would romp freely through the playground of idle brains.

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So how will you know when there’s a deal?

When everyone’s present and accounted for.

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Turkey’s growing reach in Africa seen complicating US strategy, analysts warn

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Turkey’s massive military, trade, Islamic diplomacy and education expansion into Africa is, some analysts say, undermining U.S. goals, as Ankara capitalizes on wars and conflicts on the continent.

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Experts claim Turkey’s military sales appear to be based on maximizing profit, without worrying about what the arms sold do to the balance of power, particularly in Jihadist areas such as the Sahel.

Recently, multiple reports claimed Turkish companies have sold military drones to both sides in the three-year-long conflict in Sudan.

TURKEY SAYS SYRIA USING FORCE IS AN OPTION AGAINST US-BACKED FIGHTERS WHO HELPED DEFEAT ISIS

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Turkish President Recep Tayyip Erdogan and Nigerian President Bola Ahmed Tinubu shake hands after a joint press conference in Ankara on Jan. 27, 2026. (Ercin Erturk/Anadolu via Getty Images)

«Turkey is really capitalizing on all these conflicts in Sudan, in Ethiopia, in Somalia, to strengthen its military presence, its diplomatic and economic engagements,» Turkey analyst Gönül Tol, told an American Enterprise Institute seminar in Washington last week. Tol, founding director of the Middle East Institute’s Turkey program, added that the country is «one of the top, top weapons providers to Africa. So if there is more chaos, that will only help Erdogan strengthen his hands.»

President Recep Tayyip Erdogan stated in October that overall trade volume with the African continent has shot up from $5.4 billion in 2003, to $41 billion in 2024. He told a business and economic forum in Istanbul that the state-backed carrier Turkish Airlines is literally leading the way into African countries for Turkish companies, now flying to 64 African destinations.

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Erdogan told the forum that over the past two decades, «we have advanced our relations hand in hand, shoulder to shoulder, and most importantly, heart-to-heart, to a level that could not even be imagined.»

Turkish President Recep Tayyip Erdogan in Africa

Somalis celebrate the victory of Turkish President Recep Tayyip Erdogan after he won the presidential runoff election, in Mogadishu, on May 29, 2023. (Hassan Ali Elmi AFP via Getty images)

Drone sales to Sudan’s warring partners would only prolong the war, conduct which is directly against U.S. policy. Just last month, a State Department spokesperson told Fox News Digital that «the U.S. is working with allies and others to bring an end to external military support to the parties, which is fueling the violence.»

RISING ISIS THREATS TO US HOMELAND DRIVE AFRICOM AIRSTRIKES AGAINST TERRORISTS IN SOMALIA

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«Turkish drones, marketed as cost-effective and politically low-friction alternatives to U.S. or European systems, have proliferated across African conflict zones,» Mariam Wahba, research analyst at the Foundation for Defense of Democracies, told Fox News Digital.

«Reporting that Turkish firms supplied drones to both the Sudanese (government) Armed Forces and the Rapid Support Forces (the opposing militia in the conflict) underscores Ankara’s transactional approach: access and influence take precedence over stability, civilian protection or alignment with Western policy objectives,» she said.

Turkey, drones, Kurds

Bayraktar Akinci unmanned aerial vehicles at Flight Training and Test Center in Istanbul, Turkey, on July 5, 2022. (Baykar/Handout/Anadolu Agency via Getty Images))

In a 2025 FDD report, Sinan Siddi, senior fellow and director of the organization’s Turkey program, wrote, «The deal between Baykar and SAF is worth $120 million, resulting in the sale of six TB2 drones, three ground control stations, and 600 warheads.»  Siddi claimed the deal took place after the U.S. placed sanctions on such sales.

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Although Turkish drones are also claimed to have been sold to Sudan’s RSF militia, the company said to have been involved is reported to have publicly denied making the sale. The company did not respond to Fox News Digital’s request for comment.

A State Department spokesperson, when asked by Fox News Digital about the allegations said, «We refer you to the Government of Turkey for comment on reports related to any Turkish firms operating in Sudan.»

Fox News Digital reached out to the Turkish government but received no response.

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TRUMP OVERHAULS US ARMS SALES TO FAVOR KEY ALLIES, PROTECT AMERICAN WEAPONS PRODUCTION

Turkish Airlines

A Turkish Airlines flight arrives in Mogadishu in Oct. 2022. (Sally Hayden/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

The TB2 drone reportedly sold to the Sudanese government is made by a company said to be owned by Erdogan’s son-in-law. Experts say the TB2 is one-sixth the cost of a U.S. Reaper drone. Fox News Digital reached out to the company, but received no response.

The U.S. Africa Command’s Africa Defense Forum recently reported it «typically costs between $2 million and $5 million per aircraft, though total system packages — including ground control stations, communication systems, and training — often cost significantly more, sometimes reaching $5–$15 million per system depending on the contract. The TB2 is recognized for its high cost-efficiency, with operational costs estimated at only a few hundred dollars per hour.»

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Particularly in Africa’s Sahel region, the FDD’s Wahba claimed Turkey is trying to return to the principles of its Ottoman Empire, which ruled for centuries and promoted the culture of imposing caliphates – areas where Islamic law is strictly enforced.

Wahba said, «On the whole, this is a worrying development that risks undermining U.S. interests. In addition to backing Islamist movements such as Hamas and the Muslim Brotherhood, which does not bode well for its ideological orientation, Ankara is pursuing a neo-Ottoman foreign policy that is already taking concrete shape across parts of Africa.» 

«Turkey’s arms sales across Africa are best understood», the FDD’s Siddi told Fox News Digital, «not as ad hoc commercial transactions, but as a deliberate strategy to expand Ankara’s political, military and economic footprint on a continent increasingly contested by global and middle powers.»

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Erdogan visiting the Gambia.

Gambia’s President Adama Barrow welcomes Turkey’s President Recep Tayyip Erdogan in Banjul, Gambia, Jan. 27, 2020. (Turkish Presidency via AP, Pool)

He said, «By exporting drones, small arms and security services to fragile states such as Sudan… the Erdogan government positions Turkey as a low-cost, low-conditionality alternative to Western partners, while simultaneously opening new markets for its rapidly growing defense industry. These weapons transfers are designed to buy diplomatic leverage, secure access to ports, bases and contracts and cultivate client relationships with regimes and militias that can advance Turkey’s regional ambitions.»

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The number of embassies Turkey operates in Africa has rocketed from 12 in 2002, to 44 today. Wahba said the 64 African destinations Turkish Airlines flies to is a useful indicator. «As a state-backed carrier, its rapid expansion of direct routes into African capitals mirrors Turkey’s diplomatic and security priorities. The airline functions as a soft-power and access enabler for Ankara’s broader agenda.»

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Wahba claimed this all should matter for Washington, «because Ankara’s model increasingly competes with, and in many cases directly undercuts, U.S. priorities on conflict mitigation and stability.»



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El egiptólogo más famoso del mundo tiene su documental y se defiende: “Los fracasados intentarán detenerte”

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La reciente producción dirigida por Jeffrey Roth enfatiza los logros y la perspectiva personal del egiptólogo Zahi Hawass

A los 78 años, Zahi Hawass encarna la transformación de la egiptología moderna y el resurgimiento del patrimonio nacional egipcio. Su imagen está ligada de forma indeleble a proyectos colosales como el Gran Museo Egipcio (GEM), cuya construcción alcanzó un coste de USD 1.000 millones y se convirtió en símbolo de la centralidad de las antigüedades en la identidad nacional.

En el documental autobiográfico The Man With the Hat, dirigido por Jeffrey Roth, Hawass revisita los puntos culminantes de su ascenso, mientras aparta discretamente las controversias asociadas a su carrera.

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La película indaga en su infancia en una aldea del norte de Egipto, sus recuerdos familiares y su tardía vocación por la arqueología. Inicialmente, consideró otras trayectorias como el fútbol, la diplomacia o el derecho, pero fue la limpieza accidental de una estatua de Afrodita la que marcó el inicio de su fascinación. “Lo que estudié lo olvidé y por eso tuve que empezar de nuevo”, afirmó. Posteriormente, Hawass obtuvo una beca Fulbright que lo condujo a la Universidad de Pensilvania para realizar su doctorado.

Hawass en la ceremonia de apuertura del Cairo International Film Festival (REUTERS/Mohamed Abd El Ghany)

Su papel mediático y su dominio del relato público han convertido a Hawass no solo en un funcionario, sino en el “único funcionario egipcio en lograr fama”, como subrayó en la videollamada con Artnet News: “Nunca pasó antes porque cuando alguien empieza a destacar, lo destruyen”. Aseguró que muchos de sus detractores son “demonios” que ocupan su tiempo en redes sociales.

Estas reacciones no han opacado sus logros más visibles. La inauguración del GEM fue acompañada por un ceremonial que reafirmó el vínculo entre la población y sus tesoros históricos, y justificó la reivindicación internacional de piezas como el busto de Nefertiti en el Neues Museum de Berlín, la piedra Rosetta en el British Museum y el zodiaco de Dendera en el Louvre.

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Uno de los hallazgos más difundidos bajo su gestión fue la denominada ciudad dorada perdida de Luxor, un yacimiento de tres mil años con viviendas, talleres, panaderías y una fábrica de ladrillos, que ha sido comparada con “la Pompeya egipcia”.

Arqueólogos del Ministerio de Turismo
Arqueólogos del Ministerio de Turismo y Antigüedades desentierran piezas junto con el personal de la misión arqueológica y patrimonial de Zahi Hawass, en la orilla oeste del Nilo en Luxor, Egipto, el 8 de enero de 2025 (REUTERS/Sayed Sheashaa)

La cámara del documental recorre sus piezas más valiosas, como cerámica azul elaborada por artesanos locales. Según Hawass, este descubrimiento fue un “accidente” durante la búsqueda del templo funerario de Tutankhamon, e insistió que “solo el 30% de los monumentos antiguos egipcios han sido hallados”. El mayor misterio pendiente es la tumba de la reina Nefertiti, que según sus hipótesis permanece intacta, comparable en relevancia al hallazgo en 1922 de la tumba de su hijo, el rey Tutankhamon, por Howard Carter.

En cuanto al legado de la investigación, Hawass reivindicó como su principal contribución el “hacer que la egiptología sea accesible para los egipcios”. Así, formó nuevas generaciones de arqueólogos en excavaciones en Giza, Saqqara y el Valle de los Reyes, espacios tradicionalmente dominados por expertos occidentales.

Sin embargo, el brillo de estas conquistas convive con el peso de las críticas. Varios colegas lo acusan de restringir el acceso a yacimientos y de monopolizar la cobertura mediática de hallazgos relevantes. Su firme oposición a la perspectiva afrocéntrica sobre la historia egipcia quedó patente al denunciar lo que llamó “hechos engañosos” promovidos en la serie de Netflix African Queens, donde una actriz negra interpreta a Cleopatra.

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Zahi Hawass, arqueólogo y exministro
Zahi Hawass, arqueólogo y exministro de Antigüedades de Egipto (EFE/Emilio Naranjo/Archivo)

Durante la Primavera árabe de 2011, el rechazo a sus vínculos con el expresidente Hosni Mubarak precipitó el fin de su mandato como primer ministro de antigüedades. Manifestantes llegaron a calificarlo como “el Mubarak de las antigüedades” y, al dejar el cargo, algunos analistas en The Guardian celebraron la caída de una figura “egocéntrica, rodeada de acusaciones sobre sus negocios privados”, incluidas alegaciones de complicidad en la sustracción de artefactos por parte de investigadores alemanes y de mala gestión de fondos públicos.

El documental The Man With the Hat apenas aborda estos temas, pues el único relato es el del propio Hawass. Cuando se defiende enérgicamente de las imputaciones, sus palabras carecen del contexto necesario para que el espectador aprecie la complejidad de cada episodio. Su argumento puede resumirse en la afirmación de que “los fracasados intentarán detenerte”.

El magnetismo y la teatralidad de Hawass, reconocidas en sus frecuentes apariciones televisivas y hasta en programas como el de Joe Rogan, donde rehusó debatir teorías sobre alienígenas y las pirámides, han sido decisivos para situar la egiptología en el centro de la conversación cultural y política, dotándola de una visibilidad inédita, aunque al coste de convertirse en una figura profundamente polarizadora.

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